Capítulo 7 : ¿Me estaré enamorando?

 

Martes

 

- Mmmm, mi cabeza.- se quejó Serena mientras se la sostenía con ambas manos y echaba un vistazo a su alrededor algo desconcertada.

 

“Estoy en mi habitación pero... ¿no estaba en una fiesta en casa de Michiru? Recuerdo que Darien me la presentó, que luego nos peleamos, hicimos las paces, conocí a mucha gente, a Diamante, a Ricardo y a Lara, a Elisa, a Andrew y Lita... me estuvieron haciendo preguntas sobre Darien y entonces yo...” palideció “ ¡Dios! Creo que lo besé, ¡no!, no es que lo crea, ¡es que lo besé!

 

- ¿Cómo pude hacerlo?.- murmuró muy arrepentida.- Debió ser un arranque de locura transitoria.

 

- ¿Estás despierta?.- se oyó de pronto una voz desde la puerta.

 

            Serena levantó la cabeza con rapidez provocando que el dolor de cabeza volviera. Darien se dio cuenta y se acercó a ella preocupado.

 

- Será mejor que no te muevas.- la obligó con dulzura a tumbarse de nuevo sobre la cama.- Toma, te he traído una taza de café.

 

- No me gusta el café.- protestó sin mucho convencimiento, el dolor de cabeza no paraba de aumentarle y se sentía como en un sueño, como si estuviera observando todo lo que ocurría a su alrededor desde otro plano desde el cual no podía intervenir.

 

- Ayuda a que no duela tanto.- insistió.

 

- En ese caso... .- se incorporó y cogió la taza.- ... no creo que pueda hacer que me sienta peor.- se lo tomó de un solo trago.- ¡Uf! Está asqueroso, ¡ni siquiera le has echado azúcar!

 

- Yo lo tomo solo.- se encogió de brazos.- no se me ocurrió echarle azúcar, lo siento.

 

- ¿Qué ha pasado?.- preguntó mientras le devolvía la taza vacía.- Lo último que recuerdo es que estaba hablando con Lita, a partir de ahí todo es muy confuso.

 

- Digamos que no solo te limitaste a hablar.- respondió Darien mientras colocaba la taza en el escritorio y se sentaba al borde la cama de su esposa.- Lita nos contó que te tomaste unas cuantas copas de champán. ¿Es la primera vez que bebes?

 

- Sí... .- lo miró suplicante.- ¿Hasta cuando me dolerá la cabeza?

 

- Unas cuantas horas más.

 

- No... .- gimió desconsolada.- ... hoy tengo clase.

 

- No creo que eso importe ya,  son las doce y media de la mañana.

 

- ¡¡¡Qué!!!¡¡¡¿ Pero por qué no me has despertado antes?!!!

 

- ¿Tal vez porque el otro día tuve que echarte un cubo de agua encima para que te levantaras?.- frunció el ceño molesto por el comentario.

 

- ¡¡¡Voy tardísimo!!!.- lo ignoró.- ¿Dónde está mi ropa?.- se levantó de un salto.

 

            Al instante le vino un mareo y estuvo a punto de caer al suelo sino llega a ser porque Darien corrió a sujetarla.

 

- ¡Quieres dejar de moverte!.- le gritó Darien.- ¡Así nunca te pondrás bien!.- la metió en la cama.

 

- Lo siento.- lloriqueó Serena cobijándose bajo las mantas.- Pero no me grites más, haces que me aumente el dolor de cabeza.

 

- De acuerdo.- suspiró Darien tratando de ser paciente.- Solo estate quieta.

 

- Darien...

 

- ¿Sí?

 

- ¿No tendrías que estar trabajando a estas horas?.- el chico la miró con curiosidad.

 

- ¿A qué viene esa pregunta?

 

- Quiero saber porque estás aquí.

 

- No pasa nada porque falte un día al trabajo, mi padre puede hacerse cargo de la empresa y tu necesitabas que te cuidarán.

 

- Si te has quedado por mí ya puedes irte.- respondió con altivez procurando no moverse demasiado.- puedo cuidarme perfectamente yo sola.

 

- Sí, claro.- murmuró Darien.- Si me necesitas estaré en el salón.- se levantó y se dirigió a la puerta pero antes de abrirla se dio media vuelta y miró a Serena.- Por cierto, el vestido que llevabas ayer se manchó de champán y lo he llevado a la tintorería.

 

- ¿El vestido?.- preguntó sorprendida mientras se destapaba un poco y echaba un vistazo a su vestimenta dándose cuenta de que estaba en ropa interior.- ¿Quién me lo ha quitado?.

 

No hizo falta que Darien contestara, Serena vio la respuesta en su sonrojado rostro.

 

- ¡¿Cómo te has atrevido?!.- exclamó furiosa.

 

- Bueno... .- titubeó.- ... alguien tenía que quitarte el vestido... tu estabas dormida y no podías hacerlo...

 

- Claro, y pensaste que estaría mucho más cómoda en ropa interior, no con el vestido o con el pijama.- dijo con sarcasmo.

 

- No encontré el pijama.- contestó con cara de tonto.

 

- Cómo te hayas atrevido a ponerme una mano encima juro que cuando me sienta mejor te arrepentirás de haberme conocido.- apretó con ira la colcha imaginando que se trataba de la cabeza de Darien.

 

- ¡No te he tocado para nada!.- se apresuró a contestar el chico.

 

- Seguro...

 

- Te lo juro.- dijo con gran seriedad.- Jamás me aprovecharía de una chica dormida.

 

            Serena lo miró durante unos segundos furiosa para después suavizar la expresión de su rostro, ponerse de lado en la cama y arroparse con las mantas.

 

- Te creo.- dijo con dulzura.- Ahora, déjame descansar por favor.

 

- Claro.- respondió Darien mientras salía de la habitación y cerraba la puerta.

 

            Fue al salón-comedor, cogió un libro y se sentó a leerlo sin poder dejar de pensar en que no había sido del todo sincero con Serena.

 

Recuerdos

 

- ¿Dónde tendrá guardado el pijama?.- se preguntaba Darien mientras rebuscaba entre los cajones del armario.- Ni modo, no pienso tirarme toda la noche buscándolo.

 

            Cerró los cajones tratando de no hacer ruido ( aunque no creía que su esposa fuera a despertarse ni con un terremoto ) y se acercó a la cama. Incorporó un poco a Serena y le bajó la cremallera para poder quitarle el vestido.

 

- Bonito conjunto.- sonrió sonrojado al ver las bragitas y el sujetador de lunas y conejos que llevaba puesto.

 

            Dejó el vestido en el suelo y cubrió a la joven con las mantas para después sentarse a su lado y quedarse contemplándola admirado.

 

- Eres muy hermosa Serena.- le acarició su larga cabellera dorada.- sería un hipócrita si dijera que no me atraes pero tampoco es que esté enamorado de ti, ¿sabes? A cualquiera le pasaría lo mismo, tener a su lado a una chica tan bonita que además es su esposa y no poder tocarla porque ella te odia, porque todo se resume en una cuestión de negocios....- suspiró.- nunca debí casarme contigo, estuvo mal... ¿pero sabes una cosa?... no me arrepiento de haberlo hecho, eres tan diferente a todas las chicas que conozco, tan dulce  y tan fuerte, tan alegre y tan caprichosa como una niña pequeña, tan contradictoria y con tan gran corazón... tal vez sí, tal vez si que me haya ena... ¿por qué me besaste?.- le acarició la mejilla.- ahora solo deseo volver a sentir tus labios sobre los míos....- acercó su rostro al de ella.- tan cálidos.- su aliento se mezcló con el suyo.- tan... .- la besó con suavidad, presionando con ansiedad mientras sentía como la calidez de su esposa lo embargaba a él también.- ... tan mágicos.

 

Fin de los recuerdos

 

            Suspiró  abatido ( lo pasaba muy mal cuando mentía pero aún peor lo hubiera pasado si le hubiera contado la verdad a Serena y después de todo tampoco es que hubiera hecho nada tan malo, solo la había besado ) y se concentró en la lectura.

 

Tres de la tarde

 

- ¡Serena, despierta!.- la zarandeó Darien con fuerza.- ¡Serena!

 

            Pero Serena o bien estaba demasiado dormida como para oírlo o prefería ignorarlo, el caso es que el pobre chico ya llevaba diez minutos tratando de levantarla de la cama sin mucho éxito. Pensó en ir a buscar otro cubo de agua pero luego recordó la escenita que tuvo que aguantar después y prefirió no tentar su suerte. Además, se le acababa de ocurrir una idea mucho mejor.

 

            Fue al comedor y colocó en una bandeja el almuerzo que le había preparado a su esposa, llevó la bandeja a la habitación de la chica y escogió de su amplio repertorio el cono helado de fresa, nata y nueces que había comprado en la mañana y que sabía que le encantaba a su princesa durmiente ( había tenido que pasarse la mitad de la mañana haciendo llamadas hasta localizar a la cocinera de los Tsukino para enterarse de cuales eran los platos preferidos de la joven por culpa de la extraña necesidad de complacerla que había empezado a experimentar desde la fiesta y, más concretamente, desde el apasionado beso que lo había cautivado ).

 

            Le abrió la boca y le metió un trozo de helado. El resto fue solo cuestión de esperar.

 

- Mmmm, helado.- lo saboreó entre sueños.- de fresa y nata y... nueces... mmmm.- abrió los ojos.- ¡Quiero más!.- gimió mientras se abalanzaba sobre Darien y le arrebataba el preciado helado.

 

- Ahora ya sé como despertarte.- le sonrió Darien en son de burla.

 

- ¡No es justo!.- lo asesinó con la mirada mientras saboreaba el cono.- ¿Cómo sabes que me gusta el helado?

 

- Lo averigüé.- se encogió de hombros.- Por cierto, te he traído el almuerzo.- cogió la bandeja y se la acercó.- Carne en salsa con patatas y una coca cola, espero que te guste.

 

- ¡Es mi plato preferido! .- exclamó contenta.- Muchas gracias.

 

- ¿Cómo va tu cabeza?.- inquirió con interés.

 

- Ya no me duele.- respondió mientras se tomaba un trozo de carne.- Vaya, para ser un chico cocinas bastante bien, ¡está delicioso!

 

- Gracias.- aceptó el cumplido complacido.- Oye Serena, ¿quien es Seiya?

 

- ¿Eh?.- le sorprendió la pregunta.

 

- Seiya.- repitió.- Lita dice que cuando te emborrachaste repetiste su nombre varias veces y esta mañana un tal Seiya te ha llamado cinco veces al móvil.

 

- Seiya.- respondió nerviosa sin saber por qué.- es solo un amigo, lo conocí en la escuela y conectamos desde el principio... ¡pero solo es un amigo!¿eh?

 

            Darien se quedó mirándola en silencio, no estaba mintiendo pero tampoco estaba diciendo toda la verdad.

 

- Tampoco es que me importe mucho.- comentó intentando restarle importancia al asunto.- Solo era curiosidad.

 

            Serena siguió comiendo sin levantar la vista de su plato.

 

- Cuando termines de comer vístete, tenemos que salir.

 

- ¿A donde? .- preguntó la rubia con curiosidad.

 

- ¿No querías una casa nueva?.- le guiñó un ojo.- Vamos a comprarla.

 

Al mismo tiempo, en casa de Michiru

 

- No me estás ayudando demasiado.- le recriminó Michiru a su rubia amiga mientras dejaba de tocar el violín.

 

            Haruka la imitó abandonando el piano.

 

- No puedo concentrarme.- gruñó.

 

- Pensaba que después de espantar anoche a la mitad de mis invitados, destrozar tu cuarto, golpear sin piedad el saco de entrenamiento y mostrarme el más extenso repertorio de insultos que he oído en mi vida, ya no te quedarían fuerzas para seguir tramando planes de asesinato.- comentó la violinista mientras colocaba el violín en la posición adecuada para volver a tocarlo.- Ve a correr un rato, cuando vuelvas terminaremos de ensayar la pieza.

 

- No me apetece.- se cruzó de brazos.

 

- Y a mi no me apetece seguir escuchando tus lamentos.- respondió la joven.

 

            Haruka iba a añadir algo más pero se lo pensó mejor y guardó silencio. Fue a cambiarse de ropa y después se marchó a correr.

 

**************

 

            Michiru se encontraba en la sala de estar tomando té y galletas. Eran las siete de la tarde y Haruka aún no había vuelto aunque eso no le preocupaba demasiado pues sabía que cuando su amiga corría se olvidaba de todo, hasta del tiempo, y seguramente estaría a punto de llegar.

 

            Cuando se oyó el ruido de una puerta al cerrarse sonrió satisfecha, tomó un libro de poesía y comenzó a leer. Al cabo de un rato Haruka se plantó delante de ella.

 

- Me siento mejor.- dijo como si todo el mundo girase a su alrededor.- Podemos seguir tocando.

 

- Hace horas que me cansé del violín.- sonrió Michiru.- Mejor cuéntame lo que ha pasado ahora que estás más calmada.

 

- Ya te lo dije anoche.- se sentó a su lado.- El padre de Serena la ha obligado a casarse con un despiadado y egocéntrico empresario que merece la más horrible de las muertes.- el tono de su voz, que mostraba una frialdad absoluta, hubiera atemorizado a cualquiera que no la conociera como Michiru. Ella sabía que en el fondo Haruka solo se sentía culpable por no haber podido proteger a su amiga.

 

- Pero en todo caso la culpa sería de Kenji, no del chico. Fue su padre quien la obligó a casarse.

 

- No hubiera habido boda si ese tal Darien se hubiera negado.

 

- ¿Darien? Es así como se llama.- fingió no saber nada cuando hacia horas que había comprendido que Serena era la amiga perdida de Haruka.

 

- Es lo único que pude sacarle a ese sádico de Kenji.- contestó con un extraño brillo en los ojos.

 

- No le habrás dado una paliza, ¿no?.- la reprendió.

 

- Estuve tentada pero no, no lo hice. A pesar de ser tan mal padre Serena lo quiere mucho y jamás me habría perdonado que lo enviase directo al hospital.- sonrió con malicia.- Claro que Darien es harina de otro costal.

 

- Subestimas demasiado a Serena.- comentó con aire conocedor.- ¿Quién te dice que ella no es capaz de mantener a raya a Darien y ser feliz en su nueva situación sin tu ayuda? No conoces a Darien, tal vez sea un buen tipo y casarse con él haya sido lo mejor que ha podido pasarle a Serena.

 

- Tu no la conoces.- negó con la cabeza.- Se casó sin amor y eso es suficiente para que esté destrozada, además, Serena es demasiado inocente, es casi como una niña pequeña.

 

- Tan bien es fuerte y tiene carácter.-añadió.

 

- También pero... .- se quedó callada y miró a Michiru con sospecha.- ¿Cómo es que la conoces tan bien?

 

- Un amigo me la presentó anoche en la fiesta.- dijo como si tal cosa.

 

- No me habías dicho nada.- miró a la violinista muy seria.- ¿Por qué?

 

- Estabas demasiado alterada y temí que hicieras daño a Darien, es mi mejor amigo y lo aprecio.

 

            Haruka guardó silencio.

 

- ¿No dices nada?

 

- Llévame hasta él.

 

- Solo si me prometes que no harás nada de lo que luego puedas arrepentirte.- exigió Michiru.

 

- Lo prometo.

 

Siete y media de la tarde

 

- Esta es la última casa.- dijo Darien con expresión desesperada.- A ver si consigues no sacarle ningún defecto.

 

- ¡No es culpa mía!.- se quejó Serena ofendida.- Tienes muy mal gusto.

 

- ¿Mal gusto?.- repitió incrédulo.- Que tiene que ver el mal gusto con tus quejas.- imitándola.

 

            “No, que es muy grande”

           

            “No, que es muy pequeña”

 

            “No, que no me dan buena espina los vecinos”

 

            “Ay no, que no tiene tercera planta”

 

A este paso tardaremos años en encontrar una casa que se ajuste a sus necesidades, alteza.

 

- Haberte limitado a darme el dinero y a no acompañarme.- le sacó la lengua y fue en busca de la vendedora que los esperaba a unos cuantos metros de distancia.

 

- Niñata.- murmuró Darien resentido.

 

            La mansión en cuestión( de dos plantas ) tenía tres dormitorios, un salón, un comedor, una cocina, un estudio y dos cuartos de baño, todos ellos de un tamaño adecuado, ni demasiados grandes ni demasiados pequeños. No estaba amueblada y en realidad era muy pequeña para ser considerada estrictamente una mansión. Lo elevado de su precio se debía al amplio jardín que tenía, el cual estaba repleto de árboles y flores de todo tipo.

 

            Durante la visita, Serena apenas le prestó atención ni a la casa ni a la vendedora aunque tampoco lo había hecho las veces anteriores salvo para poner pegas a todo cuanto veía.

 

“Supongo que estar quejándose todo el día debe resultar agotador” pensó Darien con ironía.

 

            El caso es que cuando se quedaron a solas para hablar Darien  ya se había hecho a la idea de tener que ir otro día a buscar una casa, razón por la cual la respuesta de su esposa lo dejó mudo.

 

- ¡¡Es perfecta!!.- exclamó entusiasmada.

 

- Espera un momento.- la interrumpió sorprendido.- He oído bien, has dicho que te gusta.

 

- Sí.

 

- Pero... pero... ¡si es la peor de todas cuantas nos han enseñado!¿Has visto el jardín que tiene? Necesitará demasiado atención.

 

- Lo sé.- sonrió.- Y conozco a la persona adecuada para que se ocupe de él.

 

- ¿Quien?

 

- El señor Tomoe.

 

- ¿Ese no es el jardinero de tu padre?.- preguntó sospechando.

 

- Lo era, ahora será el nuestro.

 

- ¡Estás loca!.- gritó el chico.- No puedes comprar una casa pensando en quien vas a contratar, ¡es ilógico!

 

- ¿Y qué?.- se defendió Serena.- Me dijiste que escogiera la que yo quisiera y eso es lo que he hecho. ¿Acaso vale tan poco tu palabra?

 

- Pero es que ... .- miró su rostro suplicante.- ¡Oh! ¡Está bien! Nos quedaremos con la casa.

 

- Muchas gracias Darien.- agradeció muy contenta.

 

- Me las merezco.- refunfuñó

 

- Lo sé.- sonrió Serena.

 

            Y le dio un beso en la mejilla haciendo que Darien se sonrojara hasta la médula.

 

- ¿Sabes? Tal vez si que podamos ser amigos.

 

- ¿Amigos?.- se recuperó y se acercó a ella cogiéndola de la cintura.- ¿Qué tal algo más? Después de todo eres mi esposa.- le acarició el cabello.

 

- Eso no.- se soltó de él riendo.- No me gustas nada.

 

- Entonces,  ¿ por qué me besaste en la fiesta?.- insistió el joven.

 

            Serena parpadeó sorprendida.

 

- ¿No te estarás enamorando de mí?

 

- ¿Enamorado? ¿Yo?.- se apresuró a contestar.- ¡Por supuesto que no! Solo intentaba... .- se calló pensando que decir.- ... bueno ya sabes, la credibilidad y todo eso.

 

- Sí, ya sé.- contestó enfadada.- Retiro lo que he dicho antes, nunca podría ser amiga de alguien a quien le importa más lo que piensen los demás que lo que sienten las personas que lo rodean.

 

- ¿Cómo puedes decir eso?.- se molestó.- No me conoces.

 

- Empiezo a hacerlo y para que lo sepas solo te besé porque quería agradecerte tu comprensión evitando que tus amigos notaran lo que estaba pasando. Pero no volveré a hacerlo.- se dio media vuelta y fue en busca de la vendedora a darle la buena noticia.

 

            Darien la siguió al poco tiempo repitiéndose una y otra vez que no se había enamorado de una niñata como Serena aunque fuera tan especial, solo lo atraía y eso no era amor, ¿cierto?

 

Continuará...

 

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