Capítulo 6 : La fiesta III

 

- ¿Estoy bien?.- preguntó Serena una vez que hubo arreglado el problema de la pintura mojada.

 

- Claro que sí.- respondió Darien sin darle verdadera importancia al asunto.- Aún eres demasiado joven como para necesitar maquillaje.- la tomó del brazo.- Volvamos a la fiesta.

 

- De acuerdo, pero nada de abrazos.- se soltó.- recuérdalo.

 

- Como para no hacerlo.- murmuró.

 

- ¿Decías algo?

 

- ¿Yo?.- puso cara de incrédulo.- Para nada.

 

- Ah.- le lanzó una mirada de advertencia, estaban en tregua, nada más.

 

            Caminaron juntos hacia la sala de fiesta y nada más llegar se les acercó una pareja de más o menos la edad del padre de Darien.

 

- ¡¿Pero mira a quien tenemos aquí?!.- saludó un hombre bajito y de aspecto bonachón.- ¡A Darien Chiba, el nuevo crack de las finanzas!

 

- ¡¡Ricardo!!.- lo abrazó el chico efusivamente.- ¡Tan directo como siempre!

 

- Je, je, je, tu padre me lo contó todo, me dijo que habías tomado el control de la empresa y que habías logrado sacarla de la bancarrota. Es todo un logro teniendo en cuenta el estado en que se encontraba y que hace apenas tres semanas que terminaste la carrera, ¿verdad Lara?.- se dirigió a su esposa, una mujer corpulenta  pero de facciones bellas.

 

- Totalmente de acuerdo.- analizó al chico con mirada crítica.- Solo hay que ver cuanto has crecido, ya eres todo un hombre. Y pensar que apenas ayer eras un niño travieso e irresponsable que me destrozaba las macetas cada vez que tu padre y tu veníais de visita.- Darien se sonrojó ante la acusación.- Pero supongo que eso ya quedó muy atrás... .- suspiró.- ¿Y esta muchachita?.- miró a Serena.- Debe ser tu esposa, ¿no?

 

- Sí, se llama Serena Tsukino, nos casamos hace tres días.

 

- Eso nos dijo tu padre.- comentó Ricardo.- Es una pena que fuera una boda tan precipitada, nos hubiera encantado ir.

 

- Es que teníamos muchas ganas de casarnos para poder pasar más tiempo juntos.- mintió Darien de forma bastante convincente.- Nuestras ocupaciones nos impedían vernos con la frecuencia que deseábamos y decidimos aprovechar el primer hueco que encontramos para formalizar nuestra relación.

 

- Entiendo...¿y a qué te dedicas Serena?

 

- Estudio en la escuela Juban.

 

- ¿En la escuela?¡Darien!¿No te habrás casado con una menor?.- se escandalizó Ricardo.

 

- No... .- intentó hablar el pelinegro.

 

- ¡Dios Santo!

 

- Ricardo...

 

- ¡Esto no me lo esperaba de ti Darien!

 

- Pero si...

 

- ¿Cómo lo ha permitido tu padre?

 

- No es una...

 

- ¡¡¡Darien!!!¿No ves el lío en que te has metido?

 

- Cariño, creo que...

 

- ¡¡¡Podrías ir a prisión!!!¿Qué digo podrías?¡¡¡Irás a prisión!!!.- se estiró muy preocupado de la barba.- Jonathan debería haber caído en ello.

 

- Ricardo, creo que te estás precipitando.- lo agarró Lara de un brazo.- Serena no es una menor, ¿verdad querida?

 

            Serena movió la cabeza negativamente pero Ricardo no le prestó la más mínima atención.

 

- ¡¡Pero si va a la escuela!!

 

- ¡Pero cumplió los 18 hace tres días!.- exclamó Darien.

 

- ¡Eso no tiene nada que ver! Cuando te casaste con ella aún era una menor y eso es un delito, te meterán en la cárcel y echaras a perder toda tu vida. No podrás ejercer nunca de doctor y tu padre se morirá de pena... pero no te preocupes Darien, haré todo lo posible para evitarlo. Hace tiempo que me jubilé del cuerpo de policía pero aún mantengo algunos contactos y creo que bla, bla, bla.... continuó mientras Darien y Lara esperaban pacientes a que callara y pudieran hacerlo entrar en razón.

 

            El monologo parecía ir para largo cuando Serena comenzó a reír atrayendo la atención de todos.

 

- ¿Qué es lo que tiene tanta gracia?.- inquirió Ricardo consternado. Para él todo el asunto era algo muy serio.

 

- Usted.- respondió Serena.- Es muy divertido.- le estiró de la barba y le dio un beso en la mejilla.- No se preocupe por Darien, cuando me casé con él ya tenía 18 años, estoy en el último año del instituto.

 

- Ahhhhh......

 

- Dentro de dos meses me graduaré y podré alistarme en el ejército.

 

- ¡¡¡¿Qué?!!!.- exclamaron todos.

 

- Era una broma.- rió.

 

- Muy graciosa.- se mosqueó el pelinegro.

 

- ¡Es que no he podido evitarlo!.- juntó las manos con mirada suplicante.

 

            Ricardo y Lara la miraron incrédulos y finalmente acabaron riéndose, Darien cambió su mirada intolerante por una de ternura y la besó en la mejilla, Serena le pegó un fuerte y disimulado pisotón mientras se unía a las risas y su marido se mordía los labios conteniendo las ganas de gritar.

 

- Ahora me quedo mucho más tranquilo.- dejó de reír Ricardo.- Y dime jovencita, ¿a qué piensas dedicarte entonces?

 

- Pues me gustaría mucho ser decoradora.

 

- ¿Decoradora?.- preguntó Darien.

 

- ¡¡¡Sí!!!.- exclamó Serena con emoción.- El poder seleccionar el mobiliario, escoger las cortinas y ocuparme del color de las paredes de acuerdo a la personalidad de cada uno siempre me ha parecido fascinante. Ser decoradora es uno de mis grandes sueños.

 

- Es un bonito sueño.- dijo Darien.

 

- Deduzco de eso.- habló Lara.- que pensáis dejar el tema de los niños para un poco más tarde, ¿no?

 

- ¡Niños!¿Qué niños?.- se asustó Serena ante semejante idea.

 

- Pues los vuestros.

 

            Serena palideció

 

- ¿Es que no queréis tener ninguno?

 

            Serena y Darien se miraron ruborizados.

 

- Pues verás... es que...

 

- ¡Oh! Entiendo que estés nerviosa, querida.- la tomó del brazo.- Los hijos son una gran responsabilidad pero también una gran alegría. Ven, será mejor que hablemos un rato.- y se la llevó de allí dejando solos a Darien y a Ricardo.

 

- Espero que para las bodas de plata si tengas tiempo de invitarnos.- bromeó el anciano

 

- No creo que duremos tanto.

 

- No seas pesimista Darien, no es un buen comienzo pensar desde un principio que vais a separaros.

 

- Supongo.- suspiró. Ricardo lo observó con atención.

 

- La quieres mucho, ¿verdad?.- dijo de pronto.

 

- ¡¡Qué!!.- lo miró sorprendido, después se dio cuenta de su error.- Quiero decir que... claro que sí, por qué iba a casarme con ella si no.

 

- A veces ocurre.- se encogió de hombros.- Lara y yo nos casamos sin estar enamorados, el amor llegó con el tiempo. En tu caso se te nota en la mirada que Serena te gusta mucho. Además, parece una buena chica, hermosa y tierna pero con carácter... no la dejes escapar nunca.

 

            Lo palmeó en la espalda y fue a reunirse con su esposa mientras Darien observaba pensativo como Serena reía a lo lejos.

 

Dos horas más tarde

 

- Escúchame Haruka.- hablaba Michiru por teléfono.- lo mejor es que vengas para acá y así podremos hablar más detenidamente, con todos esos gruñidos e insultos a no sé quien no me estoy enterando de nada...  ¿la fiesta? No te preocupes por la fiesta, a mis invitados no les pasará nada si los abandono durante unos minutos... te espero entonces, no tardes.

 

- ¿Con quien hablabas?.- se le acercó Darien con dos copas de champán.

           

- Con Haruka.- respondió la aludida mientras tomaba la copa que su amigo le ofrecía.- Me he pasado la última media hora intentando localizarla y cuando por fin lo logro solo me grita histérica diciendo no sé qué de que a su amiga del alma le han hecho algo terrible y que alguien lo va a pagar muy caro.

 

- Eso suena muy mal.

 

- Lo sé, espero que cuando llegue esté un poco más tranquila y pueda enterarme de que está pasando y hacerla razonar, la creo muy capaz de cometer cualquier locura por esa chica, la quiere como si fuera su hermana pequeña. Y a ti, ¿qué tal te va?.- preguntó con malicia.- Parece que te lo estás pasando muy bien.

 

- Eh... sí... la verdad es que sí... Serena se está portando muy bien... te agradezco mucho tu charla de antes, después de todo parece que sí la necesitábamos.

 

- Me alegro... por cierto... hablando de la reina de roma por ahí viene.

 

- ¡¡¡Michiru!!!.- se acercó Serena muy contenta.- ¿Donde te habías metido?

 

- Por ahí.- se encogió de brazos la violinista.

 

- Ah... pues no vuelvas a perderte, esta fiesta es genial, no es aburrida ni cargante como otras a las que iba con mi padre, es la gente creo, es muy agradable.

 

- Por lo general trato de que lo sean.- sonrió la joven.

 

- ¿Tocarás el violín?.- preguntó Darien.

 

- ¿El violín?.- dijo Serena.- ¡Oh, sí Michiru! Me encantaría oírte, Darien dice que lo haces muy bien y aunque no suelo tomarme en serio las cosas que cuenta.- Darien la miró mal.- tratándose de ti haré una excepción.

 

- Tendrá que ser en otra ocasión Serena, estoy esperando a una amiga que debe estar a punto de llegar.

 

- Ah sí, Darien me lo contó.

 

- ¿No me digas?.- entrecerró los ojos.

 

- Ella preguntó.- se disculpó Darien.- No me apetecía iniciar otra discusión negándome a contestar.

 

- En ese caso te perdono. Ahora si me disculpáis he de ir a esperar a esa amiga.

 

            Michiru dejó la copa en una mesa cercana y se marchó a esperar a Haruka mientras Darien tomaba a Serena de la mano e iban a por una bebida. En su camino se cruzaron con un chico rubio de más o menos la edad de Darien.

 

- ¡Ey, chaval!.- lo saludó el rubio.- ¡Cuánto tiempo sin verte!

 

- ¡Andrew!¡Qué sorpresa! Pensaba que andabas en Alemania.

 

- Y andaba pero decidí que ya iba siendo hora de regresar a Tokyo y nada más llegar me invitaron a esta fiesta. ¿Y tú? Parece que vas muy bien acompañado.

 

- Esto, sí.- se sonrojó.- Andrew te presento a Serena, mi esposa.

 

- Encantada.- saludó la chica.

 

            Andrew miró a Darien, luego a Serena, luego a Darien y al final terminó por reírse a carcajadas.

 

- Vaya Darien, esta faceta tuya de chistoso no te la conocía, ¿tan bien te ha sentado dejar por un día el trabajo?

 

- Andrew es en serio.

 

- Venga ya.- continuó.- No pretenderás que me crea que.- los miró a ambos.-cielos, es cierto.

 

- Eso parece.- se acercó una chica alta con el pelo recogido en una coleta.- Darien es todo un cajón de sorpresas.

 

- ¡Lita!.- exclamaron Andrew y Darien a la vez.- ¿Qué haces aquí?

 

- Solo vine a saludar a mis dos mejores amigos.- sonrió.- acaso está prohibido.

 

- Como crees.- la abrazó Darien feliz de verla.- Te hemos extrañado mucho.

 

- Eso espero porque yo a vosotros también.- centró su mirada en Andrew.- ¿Y tu, Andrew?

 

- ¿Yo?.- se sobresaltó.- Cla… claro que sí, como olvidar tus deliciosos pasteles.- respondió muy nervioso.

 

- Ya sabes que puedes venir a mi casa a por uno siempre que quieras.- dijo colorada y con un deje de preocupación.- Seguro que en Alemania no te han alimentado bien.

 

- No como aquí.- se rascó la coronilla con risa histérica.- Pero es que nadie cocina como tu.

 

- ¿En serio?.- se le iluminó la cara.- Porque…

 

- ¿Y para mi no hay pastel?.- intervino Darien con cara de desgraciado.- Yo también echo de menos los de chocolate.

 

- Ay Darien.- rió Lita.- Para eso ya tienes a Serena. Por cierto.- se dirigió a la chica.- ¿cómo hiciste para conquistarlo? Andrew estaba tan seguro de que nunca se casaría.- Darien fulminó a su amigo con la mirada.- que hasta hicimos una apuesta.

 

- Sí y acabo de perderla.

 

- Je, je, je, ¿y a qué viene esa pregunta?.- inquirió Serena que se había quedado de piedra.

 

- Por curiosidad.- se encogió de hombros.

 

- Por curiosidad y porque hasta ahora Darien había rechazado a todas las chicas que se le acercaban.- se entrometió Andrew con risa burlona.- Y eso que no había ninguna que no fuera todo un monumento.- Lita lo miró mal.- Pero ya todos sabemos que en la vida de Darien Chiba todo es estudio y trabajo.- esto último lo dijo a coro con Lita entre risas.

 

- No exageréis.- dijo Darien con una gran gota de sudor en la cabeza.

 

- Y bien.- esperó Lita por una respuesta.

 

- Pues veréis, es que Darien es tan….- lo miró.- tan… .- volvió a mirarlo.- tan…

 

- ¿Tan…?.- insistió Lita.

 

- Tan… ¡ay! ¡Si es que lo quiero tanto!.- exclamó mientras lo agarraba del brazo.

 

            Lita y Andrew la miraron con caras raras y Darien se limitó a cubrirse el rostro con la mano ante la inminente catástrofe.

 

            Y fue en ese preciso momento cuando Serena, guiada por un impulso compasivo, se rió nerviosa, se giró hacia Darien y, haciendo un supremo esfuerzo, lo tomó del rostro con ambas manos ante la sorpresa del chico, cerró los ojos y le plantó un apasionado beso en los labios. Después, lo soltó, sonrió a Lita y a Andrew, cogió una de las copas de champán que los camareros ofrecían entre la gente y se la bebió de un solo trago.

 

- Me encanta el champán.- dijo pálida como la Luna, y volvió a tomar otra copa.

 

- Ah.- respondió Lita sin saber qué pensar.

 

- Vaya hombre.- intervino Andrew palmeando a Darien en la espalda.- Menudo beso, ahora sé porque te casaste con ella.

 

- Aja.- atinó a decir el joven alucinado.

 

- ¡Me muero de ganas de conocer los detalles!.- exclamó Lita.- Ven Serena, iremos a tomarnos algo y aprovecharemos para conversar tranquilamente. Nos vemos luego Andrew, Darien.

 

- Te estaremos esperando.- dijo Andrew.- Ahora sí Darien, cuéntame como fue la cosa aprovechando que no hay chicas delante.

 

- ...........

 

- ¿Pero qué te pasa Darien?.- le pasó una mano por delante de los ojos sin lograr reacción alguna.- Parece que hubieras visto a un fantasma.

 

- ¡¡¡Darien!!!.- lo sacudió.

 

- ¿Qué decías?.- salió del trance.

 

- Te preguntaba sobre Serena.

 

- Serena... .- murmuró pensativo.- ... besa bastante bien.

 

- De eso ya me di cuenta.- se burló de él.- Yo te preguntó por otro tipo de cosas, donde la conociste, si tiene alguna hermana gemela... ya sabes.- le guiñó un ojo.

 

- Pues... la conocí... hermanas no tiene... en... en... la empresa de mi padre... es muy guapa... estaba pasando una mala racha... besa fenomenal...

 

- ¡Espera!.-lo interrumpió.- ¿A qué te refieres con una mala racha?

 

            Darien lo miró fijamente.

 

- ¿No te conté lo de la bancarrota de la empresa?

 

- ¿Bancarrota? ¡No! ¿No me digas que tenéis problemas? Podría ayudaros a tu padre y a ti, no es que tenga un amplio capital pero...

 

- No te preocupes Andrew.- respondió más calmado al pisar terreno firme.- Ya todo está solucionado. Verás, lo qué pasó fue...

 

Media hora después

 

- ¡Ese sinvergüenza!.- exclamó Andrew.- Debiste denunciarle.

 

- Solo me hubiera metido en más problemas, era suficiente con...

 

- ¡Darien!.- lo interrumpió Lita de repente tomándolo del brazo.- Ven, rápido.

 

- ¿Qué ocurre?.- intervino Andrew.

 

- Venid y lo veréis.

 

            Andrew y Darien intercambiaron una mirada y la siguieron hasta una mesa situada en una esquina de la habitación. Allí, Serena se tomaba su octava copa de champán y charlaba muy animada(demasiado) con la pared.

 

- ¡Serena!.- estiró Darien de ella sacándola de la estancia.- ¿Se puede saber por qué estás haciendo el payaso?

 

- ¿Quién eres... glip... tu?.- lo estudió con detenimiento para después taparse la boca con las manos.- Un... glip... monstruo.- murmuró.- ¡Seiya!... glip... un monstruo... glip... ¡auxilio!.- gritó mientras trataba de desembarazarse de Darien y correr hacia la pared.- ¡Es... glip... monstruo... glip... galletas!

 

- ¡Pero si estás borracha!.- exclamó Darien.- Lita qué ha pasado.

 

- No ha sido culpa mía.- se disculpó la aludida.- Serena me estaba hablando de ti y de vez en cuando se tomaba una copa de champán. No me di cuenta de su estado hasta que empezó a decir no sé qué de que en realidad todo era una falsa y a hablar de un tal Seiya.

 

- ¿Seiya?.- frunció el ceño mientras agarraba con más fuerza a su esposa.- ¿Quién es?

 

- Por lo visto esa pared.- bromeó Andrew. Lita le dio un coscorrón.- Lo siento.

 

- Da igual.- contestó Darien.- Lo mejor será que la llevé a casa, Lita, busca a Michiru y dile lo que ha pasado, Andrew, ayúdame a llevarla al coche.

 

            Lita y Andrew asintieron con la cabeza y mientras la primera iba en busca de la violinista, el segundo tomaba a Serena en brazos y seguía a Darien hacia su deportivo rojo. Cuando llegaron, la acomodaron en el asiento trasero ignorando sus protestas y se despidieron. Al llegar al departamento Serena ya se había dormido así que con mucho cuidado Darien la sacó del vehículo y la llevó en brazos hasta su cama. Después, se dejó caer en el suelo agotado.

 

Revista Stars

 

            El redactor de la revista Stars, una de las revistas del corazón más populares de todo Japón, estaba sentado tras su escritorio revisando unas fotos que le habían traído hace un par de horas. Les echó un último vistazo y mandó llamar a Steven, el periodista que las había hecho.

 

- ¿Qué te parecen?.- preguntó Steven entrando confiado en el despacho.

 

- Son buenas, pero tratándose de Seiya Kou necesitamos algo más fiable, no me apetece entrar en un pleito por publicar información falsa.

 

- Lo dices por lo que pasó con la revista Love.

 

- Exacto, si publicamos que Seiya y esa chica están liados y luego resulta ser mentira nos meteremos en un serio problema.

 

- ¿Qué es lo que quieres entonces?

 

- Que investigues a esa chica y consigas fotos más comprometedoras, algo que nos garantice ganar cualquier pleito que tengamos con ese cantante, ¿de acuerdo?

 

- De acuerdo.

 

Continuará...

 

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