Capítulo 5 :La fiesta II

 

- Ya hemos llegado.- anunció Darien mientras aparcaba el coche.

 

- ¿No estás aparcando un poco lejos?

 

- Lo suficiente como para qué no nos vean hasta que estemos delante de la casa.

 

- ¿…?

 

- Supongo que habrás pensado en que vamos a esa fiesta en calidad de marido y mujer.- dijo sin mirarla.

 

- Sí, ¿y qué?.- lo miró con suspicacia. El chico tramaba algo y presentía que ese algo no le gustaría en nada.

 

- Pues que todos esperan ver a un matrimonio feliz.

 

- No tienes por qué preocuparte.- fingió sonreír.- puedo pasar unas cuantas horas sin recordarte lo que has hecho.

 

- No me refiero a eso.

 

- ¿A no?.- se extrañó.

 

- Lo que quiero decir es que además de no gritarme tendrás que ser algo más cariñosa.

 

- ¿Cariñosa? ¡¡¡Cariñosa!!!.- exclamó indignada al comprender lo que Darien trataba de decirle.- ¿No esperarás que encima te haga mimos y que te abrace y que… ¡qué te bese!¡puaf!¡Ni loca!

 

- Ni que fuera un monstruo.- masculló ofendido.- De todas formas no pretendo que llegues tan lejos, en caso contrario, ya habríamos consumado nuestro matrimonio para mayor credibilidad.- comentó intentando aparentar frialdad aunque no pudo evitar sonrojarse al pensar en lo que había dicho, todo lo contrario a su esposa que echaba chispas por los ojos.

 

- Inténtalo y me convertiré en viuda.

 

- Salgamos del coche y te mostraré lo que quiero decir.- ignoró el último comentario.

 

- No.- se negó en rotundo mientras cruzaba los brazos y Darien suspiraba pidiendo paciencia.

 

- Yo cumplí mi parte del trato, ahora te toca a ti.- argumentó.

 

            Serena lo miró de reojo.

 

- ¿Acaso te he preguntado qué has estado haciendo durante todo el día?¿Por qué no has venido a comer? No, no lo he hecho y lo único que te he pedido a cambio es que me ayudes a fingir que este matrimonio va en serio.

 

- Es que no entiendo por qué tienes tanto interés en mantener esta farsa.- replicó la joven.

 

- No te he pedido que lo entiendas, solo que me ayudes, ¿de acuerdo?

 

            Serena lo miró durante unos segundos, suspiró y salió del coche seguida de un feliz Darien.

 

- ¿Qué quieres que haga?

 

- No tienes que hacer nada, solo procurar no hablar de mí a no ser que te pregunten y no gritarme ni saltar si me acercó a ti en plan cariñoso.

 

- Mmmmm… ¿algo más?

 

- Sería conveniente que entráramos agarrados, llevamos dos días casados no treinta años.

 

- Supongo que eso puedo pasarlo.- murmuró Serena mientras tomaba a Darien de la mano.

 

- No, eso no es suficiente.- replicó el pelinegro al mismo tiempo que le pasaba el brazo por el hombro y la atraía hacia él.- Así está mucho mejor.

 

- ¡¿Cómo que está mejor?!.- lo separó de ella de un empujón.- He dicho que voy a ayudarte no a permitir que me manosees ( 0o0 qué exagerada ), con la mano estará bien.

 

- ¡Eso es demasiado simple!.- protestó.- Nadie se lo tragará.

 

- ¿Y tu qué sabes? Seguro que no has tenido una novia en toda tu vida.- se burló de él.

 

- ¡No es asunto tuyo!.- exclamó molesto.

 

- Ves, lo sabía.- rió.- Y no me extraña nada.

 

- Y seguro que tu has tenido muchos, ¿no?.- respondió con sarcasmo.

 

- No, pero en mi caso ha sido porque aún no he encontrado al hombre ideal, pretendientes no me han faltado.- alardeó.

 

- Seguro.- la miró de reojo.- No vas a dar tu brazo a torcer, ¿no?

 

- Tienes dos opciones, o ir a esa fiesta conmigo bajo mis condiciones o ir solo, tu decides.- se cruzó de brazos clavando su penetrante mirada en la del chico quien se la sostuvo con firmeza.

 

            Estuvieron así un par de minutos hasta que finalmente Darien se cansó y refunfuñando la cogió de la mano y la arrastró hacia la puerta. Empezaba a darse cuenta que discutir con ella era perder el tiempo.

 

            Al llegar a la entrada un mayordomo los recibió, tomó sus abrigos y los condujo a la sala de fiestas que estaba a rebosar. En cuanto los vio, Michiru fue a su encuentro.

 

- ¡Darien!.- le dio dos besos.- Ya pensaba que no vendrías.

 

- ¿Acaso te he fallado alguna vez?.- le devolvió el saludo.

 

- Tienes toda la razón.- rió.- Aquí donde lo ves.- se dirigió a Serena con ademán burlón.- es todo un caballero.

 

- ¿Eh?.- puso cara de distraído.- ¡Ah, sí! Perdona. Serena, te presento a Michiru, mi mejor amiga desde hace años. Michiru, te presento a Serena, mi esposa.

 

- Es un placer conocerte, Serena.- le sonrió la joven.- No es que Darien me haya hablado mucho de ti pero ya se sabe que para este chico todo en la vida es trabajo, incluso aún me parece mentira que se haya casado, supongo que habrá sido un flechazo, ¿no Darien?

 

- Te lo estás pasando muy bien, ¿eh?.- la reprendió.

 

- Ummm, no sabes cuanto. Bueno Serena, ¿qué tal si te enseño la casa? Así tendremos la oportunidad de conocernos mejor y Darien podrá saludar a sus amigos.

 

- Por mi perfecto.- aceptó Serena a quien Michiru le había caído bien desde el primer momento.

 

- Te la devuelvo enseguida, Darien.- bromeó.

 

            Darien meneó la cabeza como diciendo que no tenía remedio y se fue a saludar a un amigo de su padre y suyo a quien había visto al llegar.

 

- ¡Darien Chiba!.- lo interceptó de repente un viejo conocido antes de llegar a su destino.- ¡Qué agradable sorpresa!

 

- Es una lástima que no pueda decir lo mismo, Diamante.- se volvió hacia su interlocutor en actitud defensiva.- Tenía la esperanza de no volver a verte nunca más.
¿Qué haces aquí?

 

- Ya conoces a Michiru, le gusta aprovechar las grandes ocasiones para invitar a gente influyente y siendo mi padre el director de un importante banco no podía negarse a que viniera.

 

- Es gracioso, ¿sabes? Y yo que pensaba que Michiru pensaba de forma totalmente contraria.

 

- Tranquilo Darien.- lo palmeó en la espalda.- tampoco tiene tanta importancia. Por cierto, he oído que te has casado.

 

- Mi vida personal no es de tu incumbencia.

 

- Esperaba que me invitaras.- contestó con cierto tono de reproche.

 

- Y yo esperaba que a estas alturas ya sabrías que antes invitaría a mi peor enemigo que a ti.- respondió con desprecio.

 

- Me parece amigo mío.- dijo en tono amenazante.- que olvidas con demasiada frecuencia de quien proceden los préstamos que mantienen en pie tu empresa. Podría irte muy mal.

 

- Sí, lástima que tu padre no sea de la misma calaña que tu.

 

- Una lástima.- se desafiaron con la mirada.- Y dime Darien, ¿quién es la desafortunada señora Chiba?

 

- Nadie que te importe.- desvió la mirada hacia su esposa sin darse cuenta.

 

- Ya veo.- observó a Serena que hablaba muy animadamente con Michiru.- Al menos tienes buen gusto, es una autentica preciosidad. ¿No me la presentas?.- Darien se cruzó de brazos.- Como quieras.

 

            Y antes de que le diera tiempo a replicar Diamante se encontraba saludando a la chica y a su nueva amiga.

 

- Hola Michiru.- la aludida lo miró de mala manera.- No digas nada, ya sé que te alegras de verme. Y tú.- se centró en Serena.- tu debes ser la señora Chiba.- se inclinó para besarle la mano.- es un placer conocer a una joya tan bella, mi nombre es Diamante.

 

- Yo soy Serena.- respondió sin saber muy bien que actitud tomar al respecto ( había notado el extraño comportamiento de Michiru ante la presencia del chico ).

 

- Bien, ya la has saludado.- intervino Michiru.- ahora vete, no eres bienvenido a esta casa.

 

- Pues alguien no debe compartir tu misma opinión, tengo invitación.- se la mostró.

 

- Me da lo mismo, quiero que te marches ahora.

 

- Ya has oído a la señorita.- habló Darien.- Y supongo que no te conviene involucrarte en un escándalo más, ¿cierto?

 

- Nos veremos en otra ocasión.- lo fulminó con la mirada.- Serena, espero tener otra oportunidad para conversar contigo, me gustaría mucho conocerte un poco mejor.- le guiñó un ojo mientras la tomaba de la mano y le deslizaba una tarjeta sin que Darien y Michiru lo notaran.- Hasta pronto, conejita.

 

- Me pregunto quien le habrá dado la invitación.- dijo Michiru para si misma.

 

- Mantente alejada de él.-le advirtió Darien a Serena una vez que Diamante se hubo marchado.- No es un buen tipo.

 

- ¿Es una orden?.- frunció el ceño.

 

- ¡Claro que no! Solo intento avisarte.

 

- Hazle caso Serena.- habló la violinista.- Darien tiene razón.

 

- ¿....?

 

- Verás, conocimos a Diamante cuando Darien se matriculó en la carrera de empresariales, estuvo a punto de lograr que echaran a Darien de la facultad bajo la acusación de robar un examen y, además, cambió los documentos de solicitud de préstamos para que su padre no se lo concediera a Jonathan y todo porque lo rechacé y pensó que la causa había sido Darien.

 

- ¿En verdad hizo todo eso?.- se asombró Serena.- No parecía mala persona.

 

- Pero si solo hablaste con él un minuto.- señaló Michiru.

 

- Uf… supongo que tienes razón.- asintió mientras dejaba caer al suelo la tarjeta que él le diera.- ¿Y si terminas de enseñarme la casa?

 

- Mejor lo dejamos para después.- sonrió.- He pensado que mejor os dejo a Darien y a ti bailar alguna pieza, no está bien separaros mucho tiempo cuando recién empezáis vuestra vida de casados.- Serena y Darien cruzaron miradas sin saber qué decir.- Venga, venga, a bailar.- los empujó hacia la pista de baile justo cuando comenzaba a sonar una pieza lenta.

 

            Los dos jóvenes iban a echarse a un lado cuando se dieron cuenta de que las miradas de todos los presentes estaban fijas en ellos ( cortesía de Michiru Kaio ) así que Darien tomó a Serena de la mano derecha y colocó su izquierda en la fina cintura de la joven, atrayéndola lo suficiente hacia él pero sin llegar a pegar sus cuerpos. Por su parte, Serena deslizó su mano libre sobre el cuello del chico.

 

- Sonríe un poco, por favor.- le susurró Darien al oído.

 

- ¿Así?.- abrió la boca enseñando los dientes.

 

- Más o menos.- le salió una gran gota de sudor en la cabeza.- ¿Qué te ha parecido Michiru?

 

- Me gusta.- afirmó con firmeza.- Es una persona muy amable y cariñosa… por eso me parece mentira que sea tu mejor amiga, de seguro que la drogaste.

 

- Tengo amigos aunque no lo creas.- respondió tratando de no sonar antipático.- Pero sí, por esta vez tienes razón, cuando nos conocimos no nos llevábamos demasiado bien, ella era la chica refinada y moderna de clase y yo, bueno, yo era…

 

- ¿El empollón sabelotodo?

 

- No exactamente.- Serena agudizó su mirada.- Bueno sí, pero aquí lo importante es que cuando nos dimos la oportunidad llegamos a ser inseparables.

 

- ¿Intentas decirme que puedo llegar a enamorarme de ti?

 

- ¡No!

 

- ¿Entonces?

 

- Que podemos llegar a ser amigos.

 

- Mmmm… .- desvió la mirada.- …Michiru parecía un poco triste, ¿sabes qué le pasaba?

 

- Su pareja, se fue a buscar a una vieja amiga en la mañana y aún no ha vuelto.

 

- Vamos, que la ha dejado plantada.

 

- Es una forma de decirlo.- concedió el chico.

 

- ¿Ella lo sabe?

 

- ¿ A qué te refieres?

 

- Ya sabes, lo del acuerdo de matrimonio.

 

- ¡Ah eso! Pues sí, la verdad es que sí, ya te dije que era mi mejor amiga.

 

- Eso me pareció.- comentó.- ¿Sabes una cosa? Me gusta esta canción, tiene una letra muy bonita.

 

- ¿No es de Laura Pausini?

 

- Sí... .- respondió con suavidad mientras tarareaba la canción.

 

Quiero decirte sólo que

Tu sigues siendo mi alegría,

Cuando con ella estás así,

Mis celos son una agonía.

Por todo aquello que me das,

Aunque sin quererlo dar.

Esto te lo tengo que contar.

 

            Sin darse cuenta de lo que hacia Serena se fue acercando poco a poco a Darien hasta rodearle el cuello con sus brazos y apoyar la cabeza en su hombro.          

 

De cómo cuando tú no estás,

La soledad se mete en mí,

Y me doy cuenta que además

No me divierto ya sin ti.

En cambio si conmigo estás,

Este oscuro gris será

De colores con la vida que le das.

 

Darien, hipnotizado por el dulce sonido de su voz, se dejó llevar por el momento estrechándola con más fuerza entre sus brazos.

 

Y qué difícil es

El hablarte de esto a ti

Que de amor no te gusta hablar,

Ni conmigo, ni sin mí.

Tal vez porque

Tienes miedo como yo,

De una respuesta que

Pudiera abrir tu corazón.

 

Quiero decirte aquello que

No logré decir jamás,

Que he mantenido siempre oculto en mí.

Hay un amor que crece en mí,

Que no sé como esconder,

Ahora te deseo muy junto a mí.

 

- Muy junto a mí… .- terminó la canción.- A veces me pregunto si habrá vivido todas las experiencias que cuentan sus canciones.- sonrió.- espero que no, algunas son muy tristes.

 

- Ves.- dijo Darien con dulzura.- cuando sonríes y no riñes estás mucho más guapa.

 

- ¿Qué?.- dejó de bailar dándose cuenta en ese momento de que estaba abrazada a él.- ¡¿Se puede saber por qué me estás abrazando?!

 

- Pero… pero si has sido tu la que me has abrazado primero.- respondió sin poder creérselo.

 

- ¡Mentira!.- se separó de él.- Antes muerta que abrazar a un tipajo como tu.

 

- Shhh, quieres bajar el tono de voz, ¡te está oyendo todo el mundo!

 

- Me importa un…

 

- Serena.- la sujetó con fuerza de los brazos.- Haz el favor de callarte.

 

            Serena lo miró muy enfadada mientras algunas parejas que hasta entonces habían estado bailando se detenían y los miraban extrañados. Afortunadamente, Michiru acudió en su ayuda.

 

- ¡Serena!¡Darien! Ha sido maravilloso.- tomó a cada uno de un brazo.- Parecíais tan complementados.

 

- ¡Qué!.- exclamaron los dos al mismo tiempo.

 

- No seáis modestos.- sonrió.- Se nota que estáis muy enamorados… venga, venid conmigo que os quiero enseñar algo.

 

            Y sin darles tiempo a protestar los arrastró hasta una habitación vacía mientras el resto de los invitados continuaba bailando, olvidando al instante el pequeño incidente.

 

- Uf, eso ha estado cerca.- resopló Michiru.- Darien, me debes una.

 

- No te la debería si Serena no se hubiera puesto a gritar en mitad de la sala.- dijo molesto.

 

- Y yo no hubiera gritado si tu no hubieras intentado aprovecharte de mí- replicó ella aún más molesta.

 

- ¿Y se puede saber para que iba querer aprovecharme de una niña malcriada y presumida? Por si no te has dado cuenta no eres precisamente una belleza.

 

- ¡Ja! Y mira quien fue a hablar, el rey de la seducción.

 

- ¿Y qué? Al menos yo soy lo suficientemente maduro como para tomar mis propias decisiones sin dejar que otros las tomen por mí y luego enzarzarme con víctimas inocentes.- hizo referencia a los sucesos de su matrimonio.

 

            Grave error, Serena se abalanzó sobre él loca de ira.

 

- ¡Tú!¿víctima inocente?.- Michiru se apresuró a agarrarla mientras Darien la miraba impasible.- ¡Hasta los sicópatas son más inocentes que tu, repugnante simio!.- pataleó tratando de liberarse.- ¡Imbécil, idiota, sabelotodo!

 

- Menos mal que decías que ibais a llevar la situación como adultos.- bromeó Michiru haciendo un esfuerzo sobrehumano por sujetar a Serena.- No parece muy de acuerdo contigo.

 

- Suéltala que ya se le pasará la pataleta.- respondió Darien como si nada.

 

            Michiru lo miró con semblante inescrutable.

 

-  Muy bien.- y soltó a Serena que al verse libre se dirigió hacia Darien y le soltó un sonoro bofetón para después sonreír y sentarse en una butaca cercana.

 

- Ay.- suspiró.- ahora sí que me siento mucho mejor.

 

            A su lado, Darien la miraba con una mano marcada en la mejilla y unas ganas terribles de enviarla a un correccional para esposas peligrosas.

 

**************

 

- Pídele perdón.- reiteró Michiru una vez más mientras Darien permanecía sentado ignorándola.- Vamos Darien, no te comportes tu también como un niño malcriado.

 

- Que me pida ella perdón antes.- miró a su esposa que estaba sentada en el otro extremo de la habitación.- Fue ella la que me abrazó primero.

 

- Mentiroso… .- refunfuñó la aludida.

 

- ¡Ya está bien los dos!.- se quejó Michiru cansada de la situación.- Llevamos aquí media hora y aún no hemos aclarado nada.

 

- Pues no será por mi culpa.- comentó el chico.

 

- ¡Darien!.- lo regañó.- ¿Cuando vas a entender que Serena no tuvo otra opción? Si no se casaba contigo corría el riesgo de que su padre cumpliera su amenaza. Serena, lo que Darien hizo solo por conservar las acciones de su madre dentro de la familia no tiene nombre pero...

 

- ¡Eh!.- protestó Darien.

 

- ¡He dicho que no tiene nombre!

 

- Vale, vale.- se asustó de su mirada. Michiru no estaba como para más reclamos.

 

- Pues como iba diciendo, lo que hizo no tiene nombre pero si tu padre no te hubiera obligado a casarte con él lo hubiera hecho con cualquier otro y yo te puedo asegurar que Darien no es mala persona y que de verdad ha estado intentando que te sientas feliz a su lado… lo sabes.

 

            Serena le dirigió una ligera mirada de ternura a su marido.

 

- Y Darien, reconoce que no has tenido mucha paciencia con ella ( aunque digas que sí ) teniendo en cuenta lo mal que debe sentirse. Además, lo que le dijiste antes sobre madurez fue muy injusto, ella no ha tenido la misma suerte que tu con su padre.

 

            Darien cerró los ojos sintiéndose terriblemente arrepentido de su actitud infantil de antes.

 

- Lo que trato de deciros.- añadió Michiru para terminar.- es que los dos lo estáis pasando mal, cada uno a su manera, pero insultaros y gritaros echándoos la culpa el uno al otro no hará que os sintáis mejor.- abrió la puerta de la habitación.-  Os esperaré afuera.

 

            En cuanto abandonó el cuarto Darien se levantó de su asiento y fue a sentarse al lado de su esposa. Serena permaneció en silencio con la cabeza agachada.

 

- Michiru tiene razón.- empezó a hablar sin mirarla.- Me había propuesto que fueras feliz a mi lado y lo único que he hecho hasta ahora ha sido reñirte e imponerte normas absurdas, no debí forzarte a venir a esta fiesta sino querías hacerlo.- se retorció las manos nervioso.- Lo siento, si quieres te llevaré a tu casa ahora mismo.

 

- ….

 

- ¿Serena?.- la miró. Una lágrima resbaló por su mejilla y a esta no tardaron en seguirle muchas más.- Serena… no llores… lo siento, lo siento mucho.- dijo sin saber que hacer.- Tienes razón en decir que soy un idiota, por mi culpa estás en esta situación.- la joven lloró aún más fuerte.- … Serena…

 

- Lo quiero.

 

- ¿Qué?.- preguntó sin entender.

 

- A pesar de todo lo quiero, ¿por qué él a mi no?¿Por qué mi padre me odia?

 

- Yo no creo que te odie, solo que es incapaz de ver a la hija tan maravillosa que tiene.

 

- ¡No!¡Me odia! Me obligó a casarme contigo para librarse de mí, no para conseguir esas acciones.

 

- Claro que no.- fue a abrazarla en un impulso pero antes de que pudiera hacerlo Serena se levantó y se restregó las lágrimas.

 

- Yo también siento haberte gritado antes, a veces soy muy egoísta y no pienso nada más que en mi. Volvamos a la fiesta, esta vez me portaré bien.- se dirigió a la puerta mas se detuvo al darse cuenta de que Darien la miraba muy serio sin moverse de donde estaba.- Olvida lo que te he dicho.

 

- No.- se acercó a ella.- No hasta que entiendas que ningún padre odia a su hija.

 

- El mío sí.- respondió triste.- Pero acabó de decidir que no me preocuparé más por eso.- sonrió con sinceridad.- ¡Porque tarde o temprano super Serena conseguirá que la quiera!

 

- Ves como si que eres una niña.- sonrió Darien con ternura.

 

- Oye.- se enfadó la chica.- Acabamos de hacer las paces, no hagas que me lo replanteé.

 

- Una niña dulce y fuerte.- le dio su pañuelo.- Toma, ve a limpiarte la cara, te esperaré aquí.

 

- Yo… ¡gracias!.- movió la cabeza con fuerza. Michiru tenía razón, Darien y ella podrían ser buenos amigos y aunque su padre la odiara ella conseguiría que cambiase sus sentimientos, después de todo, no había nada en la vida que un Tsukino no pudiera conseguir ( recordó las palabras de su padre ). Y por si fuera poco le esperaba una gran fiesta y no debía olvidar que una fiesta era siempre una fiesta aunque en esta ocasión fuera con marido y sin poder ligar.

 

“Que se le va a hacer”.- pensó.

 

Continuará...

 

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