Capítulo
4: La fiesta I
Los primeros rayos del sol que anuncian el amanecer inundaban la habitación acompañados de un viento gélido que calaba hasta los huesos. Darien se revolvió en la cama incómodo, la sensación de frío que había comenzado a experimentar hace ya bastante tiempo empezaba a volverse insoportable. Medio dormido, tanteo en busca de su manta para taparse con ella pero lo único que encontró fue algo cálido y blando: se apegó a él lo más que pudo y volvió a sumergirse en un profundo sueño.
Al cabo de cierto tiempo, algo en su mente lo hizo revolverse insatisfecho, llevaba dormido demasiado tiempo, el despertador no sonaba y él tenía que acudir a una reunión muy importante a primera hora de la mañana. Poco a poco fue escapando de los brazos de Morfeo y lo primero que vio al abrir los ojos fue algo dorado y abundante que enmarcaba un hermoso rostro decorado con una nariz pequeña, unas pestañas largas y unos labios rojos y finos. Sin saber aún muy bien si esa visión era un sueño o era realidad se incorporó levemente y observó a la joven detenidamente mientras recordaba quien era y que hacía allí, al momento se dio cuenta de que aquello a lo que había abrazado durante la noche en busca de calor había sido el frágil cuerpo de Serena y completamente sonrojado apartó rápidamente sus manos de la cintura de la chica y se levantó muy confundido.
Recordó el aliento de la joven sobre su rostro, el tacto de su piel al acercarse a ella en busca de calor, la suavidad de su cabello, la fragancia que la rodeaba... cosas que él había identificado como parte de su sueño y que ahora sabía de donde procedían en verdad... su cuerpo se estremeció ante el pensamiento y, completamente irritado por ello, salió del cuarto y se dispuso a darse una buena ducha fría.
“Al menos no se ha dado cuenta, no quiero ni pensar lo que me hubiera hecho de lo contrario” pensó mientras el agua fría caía sobre su piel desnuda y recordaba el enfrentamiento que había tenido en el pasado con ella.
Cuando terminó de ducharse su mente estaba despejada y la sensación que había experimentado al despertar había desaparecido por completo. Tarareando una canción fue a su habitación y sacó como pudo del armario un pantalón y un jersey de cuello alto, ambas prendas negras. Después, se dirigió a la cocina para prepararse el desayuno y marcharse después a la reunión, ya arreglaría el piso más tarde, cuando esta hubiera concluido.
Mientras se tomaba la leche caliente y ponía dos rebanadas de pan en la tostadora cayó en la cuenta de que posiblemente Serena tampoco se habría preparado en toda su vida el desayuno ( por simple que resultara el hacerlo ) y como ella había tenido la amabilidad de dejarle dormir con ella ( pese a que había sido ella misma la que había destrozado su cuarto ) se sintió en el deber de devolverle el favor.
Al mismo tiempo que colocaba más pan en la tostadora y ponía de nuevo el cazo con leche en la hornilla miró el reloj de la cocina, marcaba las ocho de la mañana y, al verlo, su rostro se contrajo en una mueca. Tenía que estar en la oficina antes de las nueve y seguramente Serena tendría clase a las ocho y media, ¿por qué no se habría levantado aún?
Con un suspiro dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a su antiguo despacho. Ahora que Darien no compartía la cama con ella, Serena se había extendido todo lo que podía y la abarcaba completamente en una postura un tanto cómica que hizo reír al recién casado.
- Serena.- la llamó mientras la zarandeaba con suavidad.- Vas a llegar tarde a clase, levántate ya.
Serena se hizo un ovillo y se envolvió aún más en la manta, Darien suspiró, levantarla no sería tarea fácil.
- No seas perezosa.- le habló con dulzura.- es por tu bien.- y de un estirón arrojó la manta lejos de ella.
La chica se estiró como si la hubieran librado de un peso adicional y tras tumbarse de costado siguió durmiendo tan tranquila, Darien la miró con el ceño fruncido.
- Te estás comportando como una cría.- la acusó molesto.- Vas a llegar tarde y a mi no me sobra precisamente tiempo para hacerme cargo de ti.
Serena se giró hacia el otro lado, quedando de espaldas a Darien a quien le pareció que durante un fugaz segundo la chica lo miraba con burla.
- Es la última vez que te lo repito.- esta vez su voz sonó enojada.- O te levantas o no me quedará más remedio que avisar a tu familia para que se ocupen de ti.
Serena se giró de nuevo pero en esta ocasión alzó su brazo derecho que al seguir la trayectoria del cuerpo se estrelló estrepitosamente contra el rostro de Darien.
- ¡¡¡Pero serás....!!!.- exclamó el joven muy enfadado mientras se restregaba la cara para calmar el dolor.
Entre sueños, Serena sonrió, Darien la miró furioso y sin decir nada más salió de la habitación echo una furia. Al rato volvió con un gran cubo de agua fría que vertió sin miramientos sobre la adormilada muchacha.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ESTÁ FRÍO!!!!!!!!!!!!!!.- se incorporó de un salto.
- ¿No me digas?.- dijo con sarcasmo.
- ¡Pero serás cretino!.- le gritó mientras lo enfrentaba cara a cara.- ¿Con qué derecho te crees para echarme agua helada encima?¡Podría coger una pulmonía!
- No creo que te vayas a resfriar por un poquito de agua.
- ¡¿Y tu que sabes?! ¡Ni que fueras médico!
- Da la casualidad de que lo soy.- respondió Darien con orgullo.- Además de tener una diplomatura en ciencias empresariales soy licenciado en medicina.
- ¡Lo que me faltaba!.- cruzó los brazos desafiante.- Qué además de un idiota seas un empollón sabelotodo y arrogante.
- Mira niña, el que tu seas una ignorante y carezcas de una sola pizca de responsabilidad no implica que los demás seamos iguales.- respondió herido en su amor propio, después de todo, no todos los días uno se saca dos carreras universitarias antes de cumplir los 22 años.- Solo intentaba que no llegarás tarde a clase porque pensaba que anoche hicimos las paces pero esta claro que en tu cabeza de niñita mimada ese concepto no encaja.
-¿Niñita mimada?.- repitió indignada pasando por alto las buenas intenciones de Darien.- ¡Yo no soy ninguna niña mimada! ¡Y para que lo sepas no voy tarde a clase! Aún falta una hora para las ocho y media.- exclamó enfadada mientras echaba una rápida ojeada al reloj de su mesita que marcaba las siete y media.
Darien siguió su mirada y le sonrió con burla.
- Lo que tu digas, solo procura estar preparada a las siete para la fiesta de esta tarde.
- ¿Fiesta?¿Qué fiesta?.- lo miró de reojo haciéndose la despistada.
- Lo
sabes perfectamente, niña.- respondió para después marcharse a la cocina
a terminar de desayunar dejando a una iracunda Serena que agarró su ropa y
se metió en el cuarto de baño no sin antes comentar algo respecto a mastodontes
sin cerebro.
Quince minutos después Darien había terminado de desayunar y cogía las llaves de su coche para marcharse a trabajar sin preocuparse para nada de Serena cuando un fuerte grito que hizo resonar toda la casa acompañado de un huracán rubio que pasó a su lado dejándolo medio sordo y tirándole al suelo salió de la casa dando un portazo y maldiciendo su mala suerte.
“Ni siquiera probó el desayuno” bufó el joven antes de salir del apartamento dando él también un fuerte portazo.
Biblioteca del instituto, 12 de
la mañana
- Pero Serena...¡¡hace un día precioso!! No puedes quedarte encerrada aquí sola por una vez que se suspenden las clases por huelga, ¡hasta Amy está de acuerdo conmigo!.- insistía Minako mientras intentaba sacar a Serena de la biblioteca.- Además, aún no nos has contado como te fue con tu plan.- Serena la miró de mala manera.- Venga ya, fuimos tus cómplices, tenemos derecho a saber como terminó la cosa.
- Mal.- se limitó a decir la joven mientras volvía a concentrar su atención en el libro de historia.- Y si Amy no se queda a estudiar conmigo es porque quiere ir a la manifestación.
- ¿Pero qué dices? ¿Por qué iba Amy querer ir a una manifestación en contra del plan de enseñanza actual? ¡A ella le parece perfecto!
- ¿Porque Taiki estará allí?.- respondió Serena en tono sarcástico mientras Amy se ponía roja como un tomate.
- ¡¡¡Qué!!!.-exclamó Mina a pleno pulmón.- ¡¡¡Eso quiere decir que Yaten también estará allí!!!
- Shhhhhhhh.
- Je, je, je, lo siento.-se disculpó con las dos o tres personas que estaban estudiando en la biblioteca.- Me emocioné.- rió bajito mientras se ganaba un par de miradas asesinas por parte de los ocupantes del lugar.- Bueno, qué dices entonces, si Taiki y Yaten van a estar allí posiblemente también lo esté Seiya.
- ¿Y?.- enarcó una ceja la aludida.
- ¿Cómo que qué? Tengo que ser más gráfica.-le echó una mirada picaresca a Serena.
- ¡Minako! Es que no me oíste cuando te dije que Seiya no me interesa.
- Sí, ya...
- Mina.- intervino por vez primera Amy al ver que la gente empezaba a mirarlas otra vez con mala cara.- Creo que será mejor que nos vayamos ya, si Serena quiere quedarse a estudiar no podemos obligarla a venir, además, estudiar no es tan malo.
- Supongo... .- comentó no muy convencida.- Pero es que no es normal que Serena estudie tanto, tres días antes de los exámenes sí, pero ahora, cuando queda más de un mes para que lleguen.
- Serena... .- inquirió Amy con dulzura.
- ¿Qué?.- preguntó con tono cansino al mismo tiempo que sus amigas le dirigían una de esas miradas de o confiesas o confiesas.- No... ¡bueno está bien! Pero después os marcháis, ¿de acuerdo?
Amy y Minako asintieron.
- Bien, lo que ocurre es que a partir de ahora voy a estudiar todos los días, ¡y lo digo en serio!.-añadió al ver los rostros de incredulidad de las otras dos.- Quiero obtener una beca para poder irme a estudiar a la universidad... a cualquiera... con tal que no esté en esta ciudad.
- Todo eso está muy bien.- asintió Amy orgullosa del cambio de la rubia.- Pero por qué tiene que ser en otra ciudad, si te vas no podremos vernos muy a menudo.
- Pues porque así no tendré que vivir ni con mi padre ni con el idiota de Darien.- partió un lápiz por la mitad.
A sus amigas les salió una gran gota de sudor en la cabeza( esa no era la solución a sus problemas ) pero como iban tarde a la manifestación y estaban deseando ver a sus estrellas favoritas optaron por guardar silencio y dejarla estudiar. Serena podría esperar un día más para recibir una buena reprimenda.
En cuanto se hubieron marchado la recién casada pudo concentrarse en la ardua tarea de estudiar historia y, aunque a cualquiera que la conociera pudiera parecerle mentira que Serena Tsukino fuera capaz de no apartar la vista ni un segundo del libro y estar al mismo tiempo estudiando lo que venía en él en vez de pensar en las musarañas, así era. La ducha fría de la mañana le había sentado muy mal y en su defensa había que decir que no había golpeado a Darien a cosa hecha, simplemente era peligroso acercarse a ella cuando estaba durmiendo ( o sino decídselo a la pobre Haruka que una vez cometió el grave error de acercarse demasiado a ella cuando estaba en pleno sueño ).
Al cabo de una hora, cuando empezaba a dar señales de estar cansada de tanto libro, Seiya apareció por uno de los extremos de la biblioteca cargado con un montón de libros, la saludó y fue a sentarse a su lado.
- ¡Hola bombón! Qué casualidad encontrarte aquí, ¿vienes muy a menudo?
- Eso mismo quisiera saber yo.- respondió la aludida con una sonrisa.- Pensaba que estarías en la manifestación con tus hermanos.
- Y estaba pero me aburría y decidí que sería más provechoso dejarlos allí y venirme a estudiar, ya son mayorcitos para cuidarse ello solos.
- Vaya y yo que pensaba que el estudioso era Taiki.-se sorprendió la chica.- o al menos eso dicen las revistas aunque claro seguro que más de la mitad de las cosas que dicen son inventadas.
- Por lo general pero en esta ocasión llevan razón, la verdad no me gusta demasiado estudiar y cómo me basta con prepararme los exámenes unos días antes pues...
- ¿Y entonces qué haces aquí?.- le picó la curiosidad.
- ¿Quieres saberlo?.- acercó Seiya su silla a la de ella.
- Sí.- puso atención.
- Me dijeron que había una chica muy linda estudiando en la biblioteca y vine a invitarla a un helado.-le susurró al oído. Serena se sonrojo a más no poder.
- Je, ¡qué gracioso! Seguro que le dices eso a todas las chicas que conoces.-comentó nerviosa.
- Bueno sí.- la miró extrañado.- Pero no irás a decirme que tu nunca has invitado a tus amigos a un helado, es algo de lo más normal.
- ……-se quedó petrificada.
“Y yo que creía que estaba ligando
conmigo”
- Entonces aceptas o no, ¿o es que no te gustan los helados? Porque en ese caso conozco una pastelería que..
- ¡No! Esto… quiero decir que sí, que me encantan los helados… .- con estrellitas en los ojos.- … sobre todo las copas con una bola de cada sabor, recubiertas totalmente de nata y sirope de fresa y con cerezas.
- ¡Pues entonces a qué esperamos!¡Vámonos ya!.-se levantó de su asiento al mismo tiempo que tomaba a Serena de la mano y la instaba a hacer lo mismo.- La heladería nos está esperando.
- ¿Pero qué pasa con mis libros? Tengo que estudiar…
- No te preocupes por eso, no creo que nadie vaya a robártelos y puedes estudiar después.
- Mmmmm… tienes razón.-lo apoyó cambiando de actitud.- Además, la vida es demasiado corta para desperdiciarla estudiando (-_- Y esta es la chica que quería ir a la universidad con una beca ).
- Pero antes… .-intervino Seiya con la misma jovialidad que se acompañante.- … haremos un alto por el gimnasio.
- ¿Qué?
- Solo sígueme.-dijo arrastrándola fuera de la biblioteca.- no hay tiempo que perder.
En
el vestuario de los chicos( gimnasio )
- ¿Se puede saber qué hacemos aquí?.- inquirió Serena desconcertada.- Como alguien nos vea va a pensar mal de nosotros.
- No exageres tanto bombón.- respondió Seiya mientras tomaba de su taquilla una gabardina gris, un sombrero y unas gafas de sol y se las ponía.- ¡Tachan!¿Qué tal me veo?
- No irás a salir a la calle con eso, ¿no?
- ¿Quieres tomarte un helado o ser perseguida por los periodistas?
- … La gabardina estará bien.
- Eso mismo pensaba yo.
Con una gran sonrisa de complicidad Serena fue a abrir la puerta que daba al gimnasio y, al hacerlo, se dio de bruces con una cabeza pelirroja que le era desagradablemente familiar. De un portazo volvió a cerrar la puerta y echó el cerrojo ignorando el ay que sonó al otro lado.
- Estamos en apuros.
- ¿Qué quieres dec…
- ¡Abre la puerta ahora mismo rubia desteñida! ¡Te he visto perfectamente!.-gritaban desde el otro lado.- ¡No sé con quien estás ahí pero voy a averiguarlo y voy a hacer que te arrepientas hasta de haber nacido!
- Es la pelirroja del otro día.-explicó Serena con chispas en los ojos.- Mejor abro la puerta y le digo unas cuantas verdades.
- No.- la detuvo Seiya.- Deja que grite todo lo que quiera, que no conseguirá nada haciéndolo. Quien sabe, a lo mejor hasta tenemos suerte y se queda afónica.
- Pero no vamos a quedarnos aquí encerrados todo el día. ¡Yo quiero mi helado!.- protestó la rubia.
- Por supuesto que no.- la calmó Seiya.- ¡Tengo un plan!
Y acercándose a ella le susurró al oído el plan mientras Serena reía entre dientes y afirmaba con la cabeza ante cada una de sus palabras. Después, Seiya cogió una toalla de un armario del fondo y se situó a un lado de la puerta mientras que Serena agarraba el pomo y apoyaba la oreja contra la puerta. Justo en el momento en que la chica pelirroja se disponía a dar un nuevo portazo exigiendo que le abrieran Serena hizo una señal al cantante y abrió la puerta de una vez provocando que la pelirroja trastabillara del impulso y no notara como Seiya se le acercaba por la espalda, le colocaba la toalla encima, le daba varias vueltas desorientándola y, después, tomaba a Serena de la mano y salían corriendo de allí. Cuando alcanzaron la puerta del gimnasio se apoyaron contra la pared para recuperarse.
- ¿Nos sigue?.-preguntó Serena.
- No sé.- se asomó al interior del edificio.- Sí, ¡corre!
- ¿Hacia donde?
- ¿Conoces la heladería Blouson?.- Serena asintió.- Pues hacia allí, ¡vamos!
Entre risas los dos jóvenes siguieron corriendo ignorando las miradas de desconcierto de los transeúntes hasta llegar a la heladería en donde entraron disimulando y se sentaron al fondo. Su perseguidora pasó de largo sin darse cuenta de la maniobra.
- ¡Lo logramos!.-rió Serena haciendo el signo de la victoria.- ¿Sueles hacer esto muy a menudo?
- Depende de quien me persiga.- le guiñó un ojo.- Por cierto, me dijeron que hace unos días fue tu cumpleaños, felicidades.
- Muchas gracias, te hubiera invitado pero es que no pude celebrarlo.
- Pues eso hay que solucionarlo.- la miró de forma extraña.
- ¿Eh?
- Solo confía en mi.
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- ¿En serio tienes que marcharte ya?.- preguntó Seiya con el semblante sombrío.- No es tan tarde.
- Lo sé, pero es que tengo un compromiso que no puedo evadir por mucho que me apetezca hacerlo.- respondió con tristeza.- Pero quiero que sepas que me lo he pasado genial.- le regaló una amplia sonrisa.- todo ha estado fenomenal, el helado, la pizzería, la pastelería, los recreativos… ¡Ha sido el mejor cumpleaños de mi vida!
- Te lo prometí.
- Lo sé… Y para recompensarte.- dijo altaneramente.- a partir de ahora te permitiré llamarme bombón siempre que quieras sin consecuencias.
- ¡Uf! No sabes el peso que me quitas de encima bombón.- bromeó.- esos coscorrones han estado a punto de abrirme la cabeza.
- Muy gracioso.
- Es una de mis virtudes.- rió.- ¿Nos vemos mañana en clase?
- De acuerdo.
- ¡Y haber si esta vez no llegas tarde!
- ¡Eh!.-se defendió.- ¡Ya te dije que no fue culpa mía! Alguien ( y no diré quien ) me retrasó el reloj.
- Sí, sí, tú tranquila que me lo creo.-se burló de la pobre ignorando la cara de ofendida que tenía para después despedirse con la mano y emprender el camino de vuelta a su casa.
Sin embargo, no había dado ni tres pasos cuando se giró y, al ver que Serena aún estaba allí, la llamó, se acercó a ella y la besó con dulzura en la mejilla sin que esta se lo esperase.
- Yo también me lo he pasado genial, bombón… solo quería que lo supieras.
Y tan rápido como había aparecido desapareció de la vista de la joven que, feliz, se tocó la mejilla y sonrió. Ninguno notó al fotógrafo que escondido tras una esquina lo había observado todo.
Departamento
de Darien, seis y cuarto de la tarde
- No, aún no ha vuelto y eso que le advertí que quería que viniera conmigo a la fiesta.- hablaba Darien por teléfono.
- Entiendo… y dime, ¿qué tal van las reparaciones en tu departamento?.- se burlaron con cariño al otro lado de la línea telefónica.- ¿Ya las has terminado?
- Muy graciosa Michiru, pero sí, ya lo he organizado todo aunque he tenido que guardar la mitad de los muebles del estudio en casa de mi padre, al menos, hasta que encuentre otro lugar en donde vivir. Y tu, ¿qué tal?
- Pues no sabría que decirte.- suspiró la violinista.- Haruka salió esta mañana a buscar a una vieja amiga y aún no ha vuelto.
- No te preocupes, seguro que…
Ding Dong
- Michiru, Serena acaba de llegar, hablamos después.
Ding Dong
- No seas muy duro con ella.- rió.- todavía es muy joven.
- ¿Insinúas que yo soy un viejecito?.-se hizo el molesto.
Ding Dong
- A veces lo pareces.
- Es que nunca te cansarás…
Ding Dong Ding Dong Ding Dong Ding Dong Ding Dong
Ding Dong Ding Dong Ding
- Será mejor que vayas a abrirle o acabará fundiéndote el timbre, nos vemos dentro de unos minutos.
- De acuerdo, hasta luego Michiru.
- Hasta luego.
Tras colgar el teléfono, Darien fue a abrir la puerta de su departamento. La expresión del rostro de Serena no presagiaba nada bueno.
- ¿Qué? ¿Una conversación interesante?.- dijo la chica con sarcasmo.
- La fiesta es a las siete, ¿ no crees que llegas un poco tarde?.- contraatacó Darien.
- No, si te apartas de mi camino y me dejas ir a arreglarme.- respondió apartándolo de un empujón y dirigiéndose a su cuarto.
- ¿Quieres decir igual que esta mañana? Acaso llegaste a tiempo a clase.
Serena le dirigió una mirada asesina y cerró la puerta de un portazo.
- Sí, encima rómpeme la puerta.- se quejó Darien mientras se sentaba en un sofá a esperarla.
Ignorándole, Serena abrió su armario y cogió la ropa que llevaría para la fiesta. Había escogido un vestido largo con una raja en el lado que iba desde el tobillo hasta un poco más arriba de la rodilla. El vestido era entallado, de tirantes, con el escote en pico no excesivamente grande y con la mitad de la espalda al descubierto, de color azul marino con destellos blancos. Como complemento se puso una pulsera de plata con pequeñas lunas de distintos colores colgando ( regalo de Haruka por lo que le tenía mucho cariño ), una gargantilla con un zafiro y unos pendientes largos a juego. Se dejó el cabello suelto y se hizo unas cuantas trenzas pequeñas que le daban, a la vez, un aire inocente y seductor y, por último, se puso unos zapatos blancos de tacón bajo.
- Ya estoy lista.- dijo plantándose delante de Darien.- Podemos irnos cuando quieras.
- Son las siete menos cuarto.- refunfuñó Darien mientras dejaba a un lado el libro que había estado leyendo.- deberíamos habernos ido hace… .- miró fijamente a su esposa.- …hace horas.- terminó de decir en un susurro apenas perceptible al mismo tiempo que amplificaba la intensidad de su mirada haciendo que Serena se incomodara.
- ¿Se puede saber que tanto miras?.- preguntó irritada.
- Nada, es solo que… .- calló como pensando que decir.- Olvídalo.
Y se dio media vuelta rumbo al garaje en busca de su deportivo rojo sin notar la mirada de reojo que Serena le lanzó al salir del departamento y que casi instantáneamente se tornó en un enrojecimiento de sus mejillas. La joven sacudió la cabeza como queriendo sacar de ella alguna idea loca y salió tras su marido.