Capítulo 3: La pelea

Domingo

            Los rayos del sol que penetraban por la ventana despertaron a la joven que dormía apaciblemente. Perezosamente, la chica se dio media vuelta en la cama y se tapó hasta arriba con la colcha. Estaba muy cansada, la noche anterior no había podido dormir nada  y ahora sentía que necesitaba recuperar las horas pérdidas como fuera, lo demás le parecía un sueño demasiado lejano como para que pudiera afectarla de alguna forma.

            Recordó que aunque fuera domingo Maika, la doncella de su casa, habría puesto el despertador para que se levantara temprano, a su padre no le gustaba que la gente durmiera hasta bien entrada la mañana, lo consideraba un gesto de pereza imperdonable. Pero como a ella lo que dijera su padre le traía sin cuidado... alargó la mano sin destaparse para apagar el despertador y se encontró con que en la mesita en donde debería estar no había nada, ni siquiera la lámpara que había heredado de su madre. A regañadientes, salió de la cama para averiguar en donde había puesto Maika sus cosas ( mira que le había dicho que no las tocará pero a la joven parecía traerle sin cuidado lo que ella dijera, era su padre quien pagaba y él no tenía ninguna pega ) y ....

- ¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!.- gritó muy asustada al darse cuenta de que no estaba en su habitación sino en  un cuarto más pequeño y bastante soso.

            Le llevó unos minutos recordar que ya no vivía con su padre sino con su marido, que apenas hacía unas horas se había casado y que nada volvería a ser nunca más como antes. Deprimida se sentó sobre la cama a meditar sobre que podría hacer ahora y tras unos minutos decidió que no merecía la pena amargarse por lo que había pasado. Lo hecho, hecho estaba.

“Lo mejor que puedo hacer es aceptar la situación y adaptarme lo mejor que pueda. Le dejaré bien claro a Darien que no quiero saber nada de él y que aunque vivamos juntos cada uno irá por su lado. Sí, eso haré” pensó muy satisfecha.

            Decidida, se levantó de la cama, se vistió y echo un vistazo a la casa aprovechando que su marido no estaba. Darien no había mentido, era demasiado pequeña para dos personas, la única habitación que se veía un poco más grande que las otras era el estudio y... entonces se le ocurrió la idea.

            Entusiasmada marcó el número de la casa de Mina y espero a que esta le respondiera.

- ¿Diga?.-preguntaron al otro lado de la línea telefónica.

- Mina, soy yo Serena.

- ¡Serena!Vaya qué sorpresa. ¿Cómo te fue la luna de miel?

- Ja, ja, ja... qué graciosa, anda ya y déjate de tonterías. Necesito que tu y Amy me echéis una mano.

- ¡Una mano! Espero que no quieras que te ayudemos a cometer un crimen.

- Casi.

- ¡¡Serena!!

- Dije casi. Tu solo llama a Amy y dile que esté a las doce en la cafetería de siempre, allí os contaré. ¡Ah! Qué no se os olvide llevaros dinero, ¿vale?

- Bueno...  solo espero que no terminemos en prisión, ¡aún soy muy joven para eso!.

- Pues entonces, nos vemos.

- Nos vemos.

            Y colgaron. Serena buscó el dinero que Darien le había dejado para el taxi y salió de la casa con una extraña expresión en el rostro.

Oficinas de la empresa “New York”

- Rosa, necesito que me traigas el balance de este último año.- solicitó Darien asomándose al despacho de su secretaria ( que estaba, obviamente, al lado del suyo ).

            Rosa fue a buscarlo inmediatamente cruzándose en el camino con una joven de cabello verde-agua que entraba en ese momento al despacho de su jefe.

- ¿No me digas que también trabajas los domingos?.- preguntó la joven con una sonrisa.

- ¿Michiru?.- la miró el joven.- ¡¡¡Michiru!!! No me puedo creer que seas tu, ¿qué te trae por aquí?.- la abrazó con fuerza.- pensaba que andabas de gira por Europa.

- De hecho acabo de llegar.- se sentó en la silla que Darien le ofreció.- Y no he venido sola, he venido con una amiga pero ya tendrás tiempo de conocerla. Ella también es de Tokio, ¿sabes?

- ¿Con qué una amiga?.- rió con malicia.- ¿Y cómo se llama?

- Haruka Tenou, es corredora profesional de la Fórmula 1.

- ¿Corredora?.- se extrañó el chico.- No sabía que frecuentaras ese ambiente, ¿cómo os conocisteis?

- En realidad fue por la pintura. Aproveché unos días que tenía libres entre el concierto de violín de Paris y el que tenía en Londres para dedicarme a pintar. Mi intención era la de plasmar la entrega y voluntad de un atleta así que me puse en contacto con una amiga para que me recomendara a alguno que quisiera ser mi modelo. Me habló de Haruka y en cuanto la vi supe que tenía que retratarla. ¡No puedes ni imaginarte el trabajo que me costó convencerla!.- recordó la violinista.

- ¿Y eso? Que yo recuerde nunca has tenido ningún problema para salirte con la tuya.- se burló Darien.

- Sí, sí, tu búrlate de mi pero si la conocieras no dirías eso. Es tremendamente tozuda, cuando me acerqué a ella me dijo que no tenía tiempo que perder en tonterías, que no le gustaba la pintura y que yo le gustaba menos aún.

- Oh, un poco desagradable, ¿no?

- Sí, pero no me rendí ahí y al final logré que accediera aunque solo lo hizo para que la dejara en paz. El hecho es que durante las sesiones conseguí que se abriera a mí y terminé descubriendo que en el fondo es una gran persona y también una excelente corredora, ¡¡deberías haberla visto, Darien!! Parece que llevé el viento en la sangre.- se emocionó.- Pero dejemos de hablar de mí, dime ¿es cierto que te has casado?

- Directa al grano, como siempre, ¿no?

- Es una de mis cualidades.- le guiñó un ojo.

- Pues supongo que puede decirse que sí.- respondió un poco ido.

- ¿Y has tenido la desfachatez de no invitarme?.- le recriminó la joven.

- ¡Oh vamos Michiru! No irás a decirme que mi padre no te ha contado aún de que va el asunto. Y no me digas que aún no lo has visto porque te conozco demasiado bien.

- Me has pillado.- reconoció.- Llegué ayer por la tarde a Tokio y fue directa a  vuestra casa. Como no estabais decidí esperaros y cuando regresó tu padre ( bastante tarde, por cierto. Suerte que soy una chica de dormir poco ) me lo contó todo. Está muy preocupado.

- Y te ha enviado a ti de señuelo, ¿eh?

- Más o menos. Pero dime, ¿cómo te fue tu primera noche?

- Fue un auténtico desastre. Serena estaba muy enfadada con su padre y conmigo porque me considera su cómplice.

- ¿Y no lo eres?.- lo acusó.

- ¡¡Claro que no!!.- protestó. Michiru lo miró con cara de pocos amigos.- Bueno tal vez un poquito... ¡¡¡pero te aseguro que no va a tener motivo de queja!!! En cuanto pueda iremos a buscar una casa que le guste, la consultaré para todo lo que haga falta y por supuesto tendrá todo lo que quiera. No puedo hacer nada más.

- Bueno, al menos habéis salvado la empresa.

- Eso sí.

- ¿Y tú? Cómo estás tu.

- Bien, la verdad es que esta mañana salí muy temprano y apenas tuve tiempo de pararme. Ella aún estaba durmiendo.

- Entiendo... por cierto, mañana por la tarde voy a dar una fiesta en mi casa, Haruka estará allí y me haría mucha ilusión que fueras para conocerla. Puedes traer a Serena, tal vez pueda echarte una mano para que las cosas vayan más o menos bien. ¿Te parece?

- Lo de la fiesta es una idea genial. Hace mucho tiempo que no nos vemos y me apetece muchísimo pasar un rato con mi mejor amiga.- le revolvió el pelo a la joven, gesto que bien no le molesto si la despeinó.- En cuanto a Serena, no creo que vaya a tener ningún problema con ella. Ambos somos adultos y estoy seguro de que podremos convivir en paz, pero si insistes te prometo que allí estará.

- Pues entonces decidido.- se levantó Michiru con una gran sonrisa.- Nos vemos mañana y más te vale que no faltes sino quieres tener serios problemas.

            Darien asintió y acompaño a la joven hasta la puerta, allí se despidió de ella y volvió al despacho a seguir con su trabajo. Al rato Rosa entró con el balance.

- Gracias Rosa.-tomó el documento.

- Señor Chiba, necesito hablar con usted de algo importante.

- Tú dirás Rosa.

- Voy a despedirme.

- ¿Qué?.- se sorprendió.- ¿Pero por qué? Si lo que necesitas es que te suba el sueldo no tienes más que decírmelo, te lo merecías desde hacía ya mucho tiempo, sino te lo hemos dado antes ha sido a causa de nuestra situación económica pero eso ha cambiado.

- No es eso.

- ¿Entonces?. Rosa, llevas trabajando aquí mucho tiempo, eres casi como de la familia, ¿a qué viene este cambio?.- intentaba convencerla el joven pues la apreciaba mucho y no deseaba tener otra secretaría.

- Es por mi hijo. Verá, el se casó hace un año con una chica norteamericana y se fueron a vivir a Estados Unidos, no le he visto desde entonces y lo echo de menos. La semana pasada lo llamé y él me propuso que me fuera a vivir con ellos a América. He aceptado.

- Ya veo.- se entristeció Darien.- Si es por eso supongo que no habrá nada que te haga cambiar de opinión.

- Gracias por su compresión... por supuesto esperaré hasta que me encuentren una sustituta, yo misma puedo entrevistar a las candidatas.

- No te preocupes.- le agradeció.- tu solo dedícate a preparar las maletas, yo me encargaré de todo.

- Como guste.- asintió la secretaría mientras se disponía a salir del lugar.

- Rosa... .- la llamó el chico.- que seas muy feliz.

            Rosa le sonrió y se marchó. En cuanto lo hubo hecho Darien cogió el teléfono y marcó el número de una agencia de trabajo.

- Sí, necesito una secretaría competente... no, la edad no importa mientras tenga experiencia... cuanto antes mejor... estupendo, entonces la entrevistaré el miércoles... con Darien Chiba, de empresas New York... bien, lo apunto... Rei Hino, veintidós años... muchas gracias.

*********************

            Serena estaba en su nueva habitación leyendo él último tomo que había salido a la venta de su manga favorito: Sailor moon. En este número, la protagonista conocía a dos chicas que resultaban ser al final  guerrero Neptuno y guerrero Urano. La chica no pudo dejar de reír al apreciar las similitudes que existían entre el carácter de su amiga Haruka y en el de personaje de Urano cuando estaba en su forma civil. La verdad es que a esta hora debería haber estado estudiando pero estaba tan cansada después del ajetreo del día que terminó haciendo de todo menos lo que debía hacer.

            Al principio Amy y Mina se habían negado a ayudarla cuando conocieron su plan pero unos cuantos pucheros habían logrado finalmente su objetivo y, dándoles mucha prisa para terminar antes de las cinco de la tarde ( no sabía a que hora regresaría Darien),  había conseguido que a las cuatro todo estuviera listo. Después habían ido a comer por ahí y luego habían ido a casa de su padre a recoger su ropa que era lo que le faltaba por trasladar.

            Aprovechando que su padre no estaba, Serena le había dejado una nota diciéndole que no se preocupara por ella, que no pensaba volver nunca más, y que a parte de sus cosas se llevaba las tarjetas de crédito y el coche azul ( como regalo de bodas, añadió al final ). Por supuesto, de las tres tarjetas de crédito que se había llevado había utilizado una para añadir a su ya extenso guardarropa toda una nueva colección de invierno que iba desde la minifalda a cuadros, las medias, zapatos y jersey de cuello alto que llevaba puestos hasta un nuevo abrigo valorado en 100.000 pts. ( Estaba segura de que su padre anularía el crédito de las tarjetas en cuanto leyera la nota, mientras tanto a aprovecharse)

            Cuando terminó de leer el manga empezó a sentir hambre así que tras guardarlo en un cajón para que no se estropeara, se dirigió a la cocina a preparar algo para cenar.

            Gran error, Serena no había entrado en una cocina en toda su corta vida mas decidida a demostrarse a sí misma que era capaz de hacer todo cuanto se propusiera  se puso manos a la obra. Dado que sería la primera vez que cocinaba algo escogió un plato sencillo: una tortilla de jamón, algo ligero y que le encantaba.

            El primer reto de la noche consistió en encontrar los utensilios e ingredientes que necesitaría. Tras abrir cajones y armarios y ponerlo todo patas arriba encontró una sartén y una cuchara de madera pero ni rastro del batidor por lo que tuvo que conformarse con un tenedor. En cuanto a los ingredientes, los huevos y la sal fueron fáciles de localizar pero el jamón y el aceite no hubo forma de encontrarlos. Dándose por vencida, decidió que en vez de aceite utilizaría vinagre ( había visto a la cocinera echarlo en algunos platos así que no debía ir muy desencaminada ) y que en vez de jamón echaría carne troceada ( después de todo, el jamón también era carne ).

            Cogió un plato, echó dos huevos y empezó a batirlos. Fue solo cuestión de tiempo que toda la cara y alrededores se llenaran de salpicones.

“Bueno, al menos están batidos” pensó.

            Después mezcló la carne con los huevos recién batidos, puso la sartén al fuego y lo echó todo dentro, incluidos el vinagre y la sal y esperó.

            Al cabo de unos segundos un olor a quemado llamó su atención. Fijó la mirada en la sartén y se dio cuenta de que había dejado demasiado tiempo la tortilla al fuego. Con rapidez, cogió la sartén e intentó desincrustar la masa negruzca que se había quedado pegada en esta.

“Pero por qué se ha pegado si he echado suficiente vinagre... tal vez...  debí echarlo antes que los huevos”

            Finalmente, logró poner la tortilla en el plato y con cara de asco se sentó a probar su creación. Pinchó un trozo con el tenedor ( tras tirarse cinco minutos cortándolo con el cuchillo ), cerró los ojos y se lo metió en la boca....

-¡¡¡¡¡GRRRRAGRRRE!!!!!!.- vomitó.- ¡Está asqueroso! Sabe... sabe como a azúcar y a carne podrida...

            Desilusionada, decidió que a partir de mañana se apuntaría a un curso de cocina y que, por esta vez, llamaría a telepizza.

            Después de la cena ( y sin molestarse en arreglar nada ) se fue a la cama. Mañana tenía clase.

            Serían aproximadamente las once de la noche cuando Darien llegó a casa. Estaba muy cansado y no había tenido tiempo de cenar fuera. Para ser sinceros se alegró de no encontrar a Serena, seguramente ya se habría acostado y él estaba demasiado agotado como para enfrentarse a ella en ese momento. Hambriento, se dirigió a la cocina para prepararse una sopa y unas croquetas.

            Decir que la quijada le llegó al suelo cuando vio el espectáculo sería quedarse corto. Su cocina, su preciosa cocina, a la que él mantenía siempre limpia porque consideraba la pulcritud una cualidad imprescindible en todo ser humano parecía el escenario de la segunda guerra mundial. En aquel momento le entraron ganas de ir a buscar a Serena y sacarla a patadas de su casa.

“Darien, contente, recuerda que tu tienes parte de culpa en todo esto. Tienes que tener paciencia, ella aprenderá las normas de esta casa poco a poco, así que paciencia... mucha paciencia... nada de crímenes” habló su parte racional.

            Con la cara contorsionada por la furia ( y sin apetito a estas alturas ) optó por irse directamente a la cama. Salió de la cocina, cruzó el salón- comedor ( que afortunadamente estaba en orden y eso lo relajó ), tomó el pomo de la puerta de su habitación, lo giró y entró...

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!.- gritó con todas sus fuerzas mientras retrocedía hacía el salón con la expresión de aquel que se vuelve loco después de presenciar un atroz crimen.

            Su habitación, ya no era su habitación, en donde antes había orden y espacio ya no quedaba nada. Los muebles de su estudio se amontonaban y mezclaban con los de su dormitorio, su ropa yacía esparcida por toda la habitación, la lámpara se había descolgado del techo, sus preciados libros y  cuadernos rellanaban todos los huecos de la estancia y mecidos por el aire que entraba por la ventaba revoleteaban algunas hojas sueltas.

            Furioso como nunca antes lo había estado buscó a Serena por toda la casa hasta que la encontró en su antiguo estudio que ahora se había convertido en el dormitorio de una niña malcriada y pija. Incapaz de contenerse por más tiempo, olvidó que todo aquello era por su culpa, olvidó sus planes de convivencia, su idea de recompensarla con todo lo que ella quisiera y, colérico, entró en el cuarto, se acercó a su cama y, tomándola de los brazos, la levantó bruscamente.

            Serena se despertó al instante.

- ¡¡¡Se puedes saber qué demonios has hecho con mi casa!!!.- le gritó tratando de no matarla allí mismo.

            Serena, esperando una reacción parecida ( pues en esa situación ella hubiera actuado igual ), le golpeó en sus partes con todas sus fuerzas obligándolo a soltarla.

- ¿Tienes algún problema?.- preguntó con inocencia.

- ¿Al... gún pro... problema?.- repitió la pregunta con ironía mientras se sentaba en el suelo tratando de que el dolor pasara.

            Serena se sentó en su cama y esperó pacientemente a que el chico terminara de recobrarse.

- ¿Algún problema?.- volvió a preguntar mientras se acercaba a ella ( claro que en esta ocasión procuró mantener las distancias ).

- Eso mismo.

- ¡¡Se puede saber con qué permiso has destrozada mi dormitorio y mi estudio!!.-gritó al borde de un ataque de nervios.- Y eso sin tener en cuenta la cocina, claro.

- Tu tienes la culpa de todo.- lo acusó la chica.

- Mira, si te refieres a la boda, creo que ya eres...

- No me refiero a eso.- lo cortó Serena mirándole con sus penetrantes ojos azul cielo.

- ¿Entonces?.- preguntó desconcertado y enfadado al mismo tiempo.

- Primero me traes aquí, a un piso tan pequeño que no coge ni una cucaracha, después me mandas a dormir a donde primero pillas porque al señorito no le había dado tiempo a hacerme un hueco y después te largas y me dejas aquí sola con apenas unos cuantos céntimos para que vaya a mi casa a por mis trapos.

- ¡Eh, espera!.- protestó.- Yo no te di...

- ¡Déjame terminar!.- reclamó. Su tono de voz era normal pero la fiereza de sus ojos comenzaba a asustar a Darien que nunca había visto tanta fuerza en una mirada.- Bien, pues como iba diciendo, aquí la mercancía tiene derecho a tener su propio espacio. Lo único que hice fue escoger una habitación y quedarme con ella, es lo justo. Ahora, si en el proceso estropee tus muebles allá tu. Si en vez de marcharte durante todo el día te hubieras quedado a asumir tus responsabilidades nada de esto hubiera pasado. Hubiéramos podido hablar y llegar a un acuerdo pero yo no estaba dispuesta a pasar otra noche en tu cama.

            A estas alturas, toda la furia que Darien había sentido con anterioridad se había transformado en vergüenza. ¡Dios! Esa chica lo estaba cambiando todo a su favor y lo peor es que parecía tener razón.

- ¡Ah!.- prosiguió la joven.- En cuanto a tu cocina, ¿quién demonios te ha dicho que yo sé cocinar? Hice lo que pude.

            Ahí ya la cara se le cayó de vergüenza al chico. ¡¡Cómo no había pensado en algo tan... tan... obvio!!

- Yo... lo siento... .- se disculpó apenado.

- Déjalo, me da igual que lo sientas o no. Lo que sí quiero que quede claro es que ahora que hemos solucionado el problema del espacio cada uno irá por su lado. Tu tienes tu vida y yo tengo la mía, lo único que tendremos en común será el lugar en donde vivimos y un papel.- dijo tajante pero ahí Darien no estaba dispuesto a ceder.

- Mira, te repito que lo siento y por mí puedes quedarte con esta habitación si quieres, ya arreglaré como pueda el follón que has armado. Pero que te quede claro que aunque ninguno de los dos sintamos nada el uno por el otro estamos casados y frente a la sociedad somos una pareja feliz así que eso de ir cada uno por su lado que se te vaya olvidando. Tendrás todo lo que quieras y aquí dentro y para la gente que sabe la verdad podrás actuar como desees, frente a los demás te comportarás como mi esposa.- advirtió Darien que no estaba dispuesto a ceder en ese punto.

- Ni en sueños.- le contestó Serena.

            Y agarrándolo del brazo lo arrastró fuera de su habitación y cerró la puerta con pestillo.

- ¡Di lo que quieras!.- le gritó Darien desde fuera.- Pero eso no cambiará la situación. Mañana por la tarde vendrás conmigo a una fiesta a la que nos han invitado y más te vale que estás preparada para las siete porque sino iré a buscarte yo mismo.

            Y dicho esto se dirigió a su dormitorio para irse a dormir. Entró, se lo pensó mejor y se dispuso a pasar una incómoda noche en el sofá del comedor.

            En el ex-estudio, Serena se tumbó en su cama y suspiró. Si quería llevar una vida en paz no podía permitirse el lujo de que entre ella y su marido hubiera tensiones. Se levantó y fue a buscar a Darien.

- Darien.- lo llamó.

- ¿Sï?.- preguntó malhumorado mientras se sentaba en el sillón.

- Lo he estado pensando y creo que es mejor que antes de dormir aclaremos las cosas. Mira, no me hace ninguna gracia estar en esta situación pero dado que no hay solución lo mejor es que tratemos de llevarnos lo mejor posible. Supongo que en ese punto estamos de acuerdo los dos, ¿no?

- Sí.

- Y también estás de acuerdo en lo de mi cuarto, ¿no?

- Sí.

- Bien, reconozco que aunque haya tenido razón en todo lo que te dicho antes puede que me haya pasado un poco, mañana no iré a clase y te ayudaré a organizar todo este jaleo.

- No hace falta.- se apresuró a responder el joven mucho más calmado.- El colegio es importante.

- Gracias.- dijo Serena algo sorprendida. En la imagen que ella tenía de Darien la compasión no entraba a formar  parte de la misma.- En cuanto a lo de ir cada uno por nuestro lado...

- Lo siento.- la interrumpió Darien.- Pero en ese punto no puedo ceder. Mira, sé que estás enfadada conmigo por todo lo que ha pasado y lo estás con justa razón pero ir cada uno por nuestro lado no es la solución. Sé que cada uno tiene su vida pero yendo por separado no solucionaremos nada, al final volveremos a chocar como ha pasado esta noche y volveremos a tener problemas.

Por eso es mejor que intentemos conocernos un poco mejor para aprender a tolerarnos, además, yo soy empresario, continuamente me invitan a fiestas y reuniones y dado que no se tardará mucho en saber que estoy casado no es buena idea que aparezca por ahí con otra mujer o solo. Las malas lenguas podrían hablar, yo no puedo ir explicándole a todo el mundo lo que ocurre y no puedo permitir que la gente se haga una idea equivocada de mí. Lo siento, pero va en contra de mis principios.

Siempre he pensado que la lealtad, la amistad y el amor ( bueno y el orden y la limpieza pero se abstuvo de decirlo por el momento ) son muy importantes y, haciendo lo que me pides, iría en contra de mis principios.

- Muy bonito discurso.- se burló Serena.- Pero casándote conmigo acabas de ir en contra de uno de ellos.

- Aunque no lo creas.- suspiró el joven verdaderamente abatido por el comentario.- tengo mis propios motivos. En ningún momento pretendí hacer daño a nadie.

            Serena no creyó en sus palabras y estaba a punto de replicar cuando lo miró a los ojos y se dio cuenta de que era sincero ( siempre había tenido un sexto sentido para las personas) y de que nunca quiso hacerle daño. Sin embargo, lo había hecho y no podía pretender que ella lo perdonase así como así.

- Está bien, haré lo que me pides.- terminó accediendo sin poder creer lo que había dicho.- Pero que quede claro que solo lo hago porque ante todo deseo vivir en paz.- se apresuró a añadir.

- Muchas gracias.- la tomó de las manos pero Serena se separó de él instantáneamente.- Lo siento, solo quería que supieras que si quieres alguna cosa, lo que sea, solo tienes que pedírmelo.

- Jamás podrías darme lo que quiero en verdad.- se entristeció la joven mientras se daba media vuelta y se dirigía a su habitación.

            Por su parte Darien no dijo nada ( no había nada que pudiera decir para consolarla ) y volvió a tumbarse en el sofá. Serena se detuvo a medio camino y lo miró. De nuevo de sus labios salieron palabras que no quería decir.

- He sido yo la que ha destrozado tu cuarto y ayer dijiste que el sofá era muy incómodo. Vente a dormir conmigo si quieres.- y se dio media vuelta.

- Yo... no quiero... no quisiera molestarte.- tartamudeo.

- Haz lo que quieras.- y se fue a la cama.

            Darien volvió a recostarse y tras clavarse un muelle en la espalda, se levantó y se metió en la cama con Serena procurando no rozarla.

- Darien... .- habló la chica en un susurro.- creo que si hay algo que puedes hacer por mí. Enséñame a cocinar.

            Darien asintió y, tras unos minutos, ambos se quedaron profundamente dormidos.

Continuará...

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