Capítulo 2: La boda
En el dormitorio
de Serena
-
Aún no me puedo creer que te vayas a casar.- comentó una sonriente Minako
mientras ayudaba a Serena a vestirse para la ceremonia.- Siempre pensé que
yo sería la primera.
-
Pues ya ves, la vida da muchas vueltas.- respondió Serena cabizbaja. Estaba
muy triste y tenía unas ojeras enormes por no haber dormido en toda la noche.
-
Estás segura de que no hay otra solución. Tu padre no puede obligarte a hacer
algo que no quieres.- insistió por décima vez Amy.
-
No me queda otro remedio. No puedo permitir que haga daño a Hotaru y a su
padre y no conozco a nadie que me pueda ayudar.
-
Pero puedes hacer trampa.- continuó la peli azul.- Puedes casarte, esperar
a qué tenga las acciones y divorciarte, al fin y al cabo, solo os vais a casar
por lo civil y no creo que a tu padre le importe lo que hagas o dejes de hacer
una vez que tenga lo que quiere.
-
No es tan fácil Amy. El contrato que firme para dar mi consentimiento decía
que en caso de divorcio las acciones volverían al señor Chiba. Eso quiere
decir que solo podré divorciarme cuando mi padre muera y aún le quedan unos
cuantos años.- respondió Serena sin aparente remordimientos por haber sugerido
la muerte de su padre.
-
¡¡¡Serena!!! Aunque sea un malvado sigue siendo tu padre.- se escandalizó
Mina.- No puedes estar pensando en asesinarle o algo parecido.
-
¿De verdad piensas que sería capaz de hacer algo así?.- rió a carcajadas Serena.
-
Bueno...
-
No seas tonta Minako, yo jamás mataría a nadie y menos aún a mi padre, como
bien has dicho sigue siendo mi padre, solo exponía la cruda realidad.
-
Bueno.- sonrió Amy.- por lo menos te hemos hecho reír, aunque solo haya sido
durante unos segundos.
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Cierto, cierto.-se apresuró a añadir Minako antes de que su amiga volviera
a entristecerse.- La verdad es que eso de casarse por lo civil tiene sus pro
y sus contra.
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¿Por qué?.- inquirió la rubia con curiosidad.
-
Porque puedes divorciarte cuando quieras pero tienes que llevar una ropa horrible.
Caramba, ¡¡mírate al espejo!!
-
Tienes razón.- volvió a reír la novia mirándose al espejo.
Serena llevaba puesta una falda blanca hasta las rodillas
de color blanco y una chaqueta del mismo tono, abotonada, con el cuello en
v y de mangas francesas. Para ser sinceros la ropa no estaba mal del todo,
tal vez era demasiado formal para una jovencita de apenas dieciocho años.
Aún así, con el cabello suelto y recogido a un lado con una orquilla en forma
de mariposa Serena se veía hermosa.
-
Bueno y ya has conocido a tu futuro marido.- preguntó Mina.
-
La verdad es que no.
-
Pero al menos habrás visto alguna foto suya para ver de que color tiene los
ojos, si es feo, es guapo, está gordo o es un chico atlético o yo qué sé.-se
exasperó la joven.
-
Pues no, mi padre me ofreció una foto suya pero la rechacé, lo único que sé
de él es que se llama Darien Chiba y que es un idiota.
-
¿Un idiota? ¿Y eso por qué?.- se metió Amy en la conversación.
-
Pues porque ayer llamé a su casa para ver si podía hacer algo para no tener
que casarme con él. Pensé que a lo mejor a él también lo había obligado su
padre y que entre los dos podríamos encontrar una solución. ¿Pero sabéis lo
que me respondió?.- dijo Serena irritada.
-
No tenemos ni idea.
-
Pues que él ya era muy mayorcito para saber si quería casarse o no. Que su
padre no lo había obligado y que si yo no quería casarme con él que no lo
hiciera, que él no me había puesto una pistola o algo parecido para obligarme.
Yo le respondí qué si que me había obligado al no querer venderle esas acciones
a mi padre y entonces el muy idiota me dijo que ese no era problema suyo.
Lo llamé desgraciado y le colgué el teléfono.- terminó de contar algo enfadada.
-
Esto... .-comentó Amy con una gran gota de sudor en la cabeza.- Esa no es
la mejor manera de empezar una relación, ¿no crees?
-
Y a mí que me importa.- respondió la chica con la vena de la frente hinchada
de rabia. Si hubiera tenido en ese preciso momento a Darien delante de ella
lo hubiera ahorcado ahí mismo.
-
Cof, cof, cof... .- trató de llamar la atención Minako.- Esta bien, ha quedado
claro lo que sabes o dejas de saber de él, lo cual nos lleva a la tremenda
conclusión de cómo demonios vas a reconocerle cuando bajes allá abajo sino
tienes ni idea de cómo es físicamente. Ir por ahí preguntándole a la gente
si se considera una estúpida no me parece un buen plan.
-
Uh, eso es cierto.- hizo una mueca de consternación Serena.- Creo que tendré
que esperar a estar delante del juez... ¡eh! Por qué demonios os reís.
-
Porque eso suena condenadamente gracioso.- respondió Minako entre carcajadas.
-
Pues yo no le veo la gracia.- comentó la rubia con cara de mártir pero al
final terminó riendo junto a sus amigas.
- Bueno, hoy es el gran día.-
comentó un hombre de aparentemente cincuenta años, alto y delgado.
-
Sí.- se limitó a contestar su acompañante.
-
Vamos hijo, alegra esa cara, como tu mismo dijiste no es fin del mundo. Además,
si has cambiado de idea y ya no quieres casarte no
tienes más que decírmelo, ya me encargaré yo de arreglarlo todo con
Kenji.
-
No es eso padre.- suspiró Darien.
-
¿Entonces?
-
La chica me llamó ayer por teléfono.
-
¿Te refieres a Serena?.- comentó Jonathan sorprendido.
-
Sí, por lo visto ella no quiere casarse, su padre la ha obligado.
-
¡Pero eso es imposible!.- exclamó el señor Chiba consternado.- Creo que quedó
muy claro que el trato solo se aceptaría si la chica aceptaba por propia voluntad.
-
¡Por Dios padre! Parece mentira que no sepas aún de que calaña está echo ese
hombre.- respondió el joven exasperado.- Haría cualquier cosa por salirse
con la suya.
-
Es cierto.- resopló.- ¿Y tu que le dijiste?
-
Que ese era su problema.- contestó Darien con absoluta frialdad.
-
Pero hijo, cómo pudiste decirle eso.- se sorprendió Jonathan.- Esa actitud
no es propia de ti.
-
¿Y qué querías que le dijera? .- se enfadó.-Qué estaba de acuerdo con ella
y que no nos casaríamos. ¡Eso es imposible! Necesitamos el dinero.
-
Sabes que si hay otra solución.- comentó el padre de Darien cabizbajo.- Podemos
venderle las acciones sin ninguna condición.
-
No, eso no, lo siento mucho por ella pero no voy a permitir que pierdas esas
acciones por nada del mundo. Conservarlas fue el último deseo de mama. Ya
la compensaré de alguna otra forma.
-
No creo que exista ninguna forma para compensar lo que vamos a hacer.
-
Claro que sí. Le daré todo lo que quiera.
-
¿Crees que eso será suficiente?
-
Tendrá que serlo padre... tendrá que serlo.- murmuró melancólico.
-
¡¡Serena!! Vamos ya, tienes que bajar, todo el mundo te está esperando. Hasta
tu novio está ya en el altar.- apresuró Minako a su amiga que era muy reacia
a bajar las escaleras.
-
¡No lo entiendes Minako! ¡No puedo hacerlo! Pensé que sí pero no puedo.
-
Vamos Serena, ya no puedes echarte atrás, si lo haces te meterás en muchos
problemas.
-
Lo sé, pero es que... .-bajó la mirada.- ... es tan difícil casarte con alguien
a que no conoces.
-
Tu espera a verle y después hablamos.- le dijo su amiga con sonrisa pícara.
-
¿Qué quieres decir?.- picó la curiosidad a la rubia.
-
Ji, ji, ji... .- rió con expresión diabólica.- ¡Ven conmigo!
Y antes de que la pobre Serena pudiera replicar algo, Mina
la agarró del brazo y la arrastró escaleras abajo hacía la puerta del jardín,
desde donde podían observar todo el decorado sin ser vistas. En los laterales
se habían colocado gran cantidad de sillas blancas decoradas con flores y,
en la parte más lejana, una gran mesa de jardín (también oportunamente decorada)
en donde esperaban el juez ( sentado ), su padre y su novio, claro que Serena
no sabía quien era este último.
-
¿Y bien?.- preguntó Serena.
-
¿Cómo que qué? Fíjate bien.
-
¿En qué?.- contestó la chica con ironía.- En la farsa que ha organizado mi
padre. Pero mira nada más, lo ha decorado todo como si se tratase de una auténtica
boda cuando solo es un estúpido contrato. ¡¡Hasta ha organizado un banquete
para sus amigos!! Porque si té fijas bien tu y Amy sois las únicas a las que
he podido invitar.
-
¡¡Ya déjalo Serena!! Te estoy diciendo que mires al chico de pelo negro que
está con tu padre.- la sacudió Mina histérica.
-
Ya, cálmate, que la que se casa soy yo.- sonrió la futura señora Chiba mientras
trataba de tranquilizar a su amiga.- Vamos a ver, dices el chico de los ojos
azules, el que lleva un traje negro.
-
¡¡Ese mismo!!
-
La verdad es que es guapo.
-
¿Sólo guapo?.- preguntó desilusionada.- ¡¡Pero si está buenísimo!! ¡¡Y encima
es tu marido!!
-
¡¡¡Qué!!!.-se sorprendió Serena.- Ese es Darien.
-
¡¡¡Sí!!!!
-
¿Y? Aunque sea guapísimo y en cualquier otra situación me hubiera muerto por
tener una cita con él, ahora sé que solo es un idiota sin sentimientos ni
corazón.- replicó la chica echando chispas por los ojos.
-
¡¡¡Eh, chicas!!!.- las interrumpió Amy que traía un ramo de flores.- La ceremonia
va a empezar. Toma Serena, te he traído un regalo.
-
¿Flores? ¿Para qué las quiero?
-
Esto... tu padre me las dio.- contestó la genio local algo cohibida.
-
Debí imaginármelo.- comentó Serena pasando
de su estado de ira total a uno de completa melancolía.
-
Eres Serena, ¿no?.- se acercó un hombre de repente. La joven Tsukino lo reconoció
como el amigo que acompañaba a su padre el día en que le dio la amarga noticia.
-
Sí.
- Creo que tienes que acompañarme, te están esperando.
Serena no respondió, solo tomó el brazo que Jonathan le
ofrecía y dejó que la condujera hacía su destino. Amy y Mina se despidieron
de ella con la mano y corrieron a ocupar sus sitios. Cuando Darien la vio
aproximarse al altar ( la mesa de jardín ) quedó deslumbrado por su belleza,
en verdad la foto que le había dado su padre no hacía honor a la joven. Sin
embargo, todo el hechizo desapareció cuando la joven se situó a un lado suyo
y prácticamente lo asesinó con la mirada. Darien le devolvió el gesto con
un encogimiento de hombros y con una expresión fría en su rostro lo que hizo
que Serena estallara y estuviera apunto de tirarle el ramo de flores a la
cabeza sino hubiera sido porque su padre la detuvo justo a tiempo.
Serena se tranquilizó y la ceremonia dio comienzo.
-
Estamos aquí reunidos para unir en matrimonio a Darien Chiba y Serena Tsukino.-
habló el juez con voz monótona.- Darien, ¿aceptas casarte con esta joven con
todo lo que ello conlleva y por propia voluntad?
-
Acepto.- respondió Darien con firmeza.
-
Serena, ¿aceptas casarte con este hombre con todo lo que ello conlleva por
propia voluntad?
-
Más o menos.- respondió con sarcasmo.
-
¿Perdón, señorita?
-
Serena... .- le apretó su padre la mano.
-
Qué sí, que acepto.- terminó diciendo aguantándose las ganas de salir corriendo
de allí.
-
Bien, entonces solo queda que firmen los papeles del matrimonio. Darien, aquí,
Serena este otro.
Ambos firmaron.
-
Pues ya estáis casados, mis felicitaciones a la feliz pareja.- sonrió el juez.-
Creo que ahora ya puedes besar a la novia, Darien.- comentó el hombre al ver
que ambos se limitaban a mirarse a los ojos.
-
En otra ocasión.- sonrió el joven desviando la mirada.
El juez se extraño de aquella actitud pero prescindió de hacer comentario alguno, al fin y al cabo, ese tipo de bodas no solía ser raro entre la gente adinerada.
El resto de la tarde transcurrió más o menos apaciblemente.
Serena y Darien anduvieron cada uno por su lado, Darien riendo con sus amigos
y Serena contándoles a Amy y a Minako lo mucho que lo odiaba y lo irritable
que era. Cuando dieron las tres de la mañana, ya todos lo invitados se habían
marchado, solo quedaban los recién casados, el señor Kenji y el señor Chiba
( Minako y Amy ya hacía un buen rato que se habían marchado, sus padres no
les habían retirado el toque de queda ni ante una situación tan fuera de lo
normal como esta).
-
Bueno, creo que ya va siendo hora de que nos vayamos a dormir.- comenzó a
hablar Jonathan tratando de mitigar la tensión reinante. Comenzaba a arrepentirse
terriblemente de todo lo que había provocado.- Estoy seguro de que Serena
y Darien deben estar muy cansados.
-
La verdad es que sí.- contestó Serena ariscamente.- Si me disculpáis me voy
a dormir.
Y se dispuso a ir a su habitación pero antes de que diera
más de dos pasos su padre la detuvo.
-
Serena... .- la llamó con cierto matiz malévolo.- ¿A dónde vas?
-
Acabo de decirlo.-suspiró la joven.- Me voy a dormir.
-
Creo que aún no entiendes la situación, mi niña. Ahora estás casada, debes
ir con tu marido.
-
Kenji.- interrumpió Jonathan al ver las miradas que se echaban padre e hija.-
Todos sabemos porque ha sido esta boda, si ella quiere quedarse en su casa,
que lo haga, no tiene porque irse con Darien, ¿verdad hijo?
-
A mí me da igual.- respondió el aludido con indiferencia.
Serena lo maldijo por dentro pero se abstuvo de decir nada
al respecto.
-
Lo ves padre, todos están de acuerdo en que me quedé, al parecer son más conscientes
de la situación de lo que lo eres tu.
-
Serena, no te lo diré dos veces, márchate con tu marido o atente a las consecuencias.-la
amenazó su padre.
Serena lo miró durante unos instantes para después suspirar
y bajar la mirada.
-
Como quieras, de todas formas prefiero irme a vivir con él antes que quedarme
un segundo más en esta casa. Mañana iré a buscar mis cosas.
Y sin decir una sola palabra salió de la casa seguida de
Darien y Jonathan. La limusina dejó al anciano en su casa y después prosiguió
su camino hasta llegar a un apartamento situado en el centro de Tokio. Dejó
a la pareja y regresó a la mansión de su señor. Sin mediar palabra
alguna Serena siguió a su marido hasta su nueva casa.
-
Bueno, esta es mi casa. La verdad es que es un poco pequeña para dos personas
pero no me dio tiempo a buscar alguna más apropiada. Cuando tengas tiempo
podremos buscar una entre los dos.- empezó a hablar el chico mientras le enseñaba
a Serena el piso, consistente en una cocina, un cuarto de aseo, un estudio,
un salón-comedor y un dormitorio.
-
Como quieras.- respondió la chica sin prestarle verdadera atención.
-
¿Has traído dinero o algo de ropa?
-
No sé donde.- contestó cortante.
-
En ese caso, mañana te dejaré algo de dinero para que puedas ir a tu casa
a recoger tus cosas.- prosiguió Darien ignorando el comentario de su esposa.-
Tengo algunos asuntos que resolver en la empresa de mi padre y no estaré en
todo el día y, en cuanto a tu ropa,
puedo dejarte uno de mis pijamas.
-
Como quieras.
-
Bueno, entonces toma este, te quedará un poco grande pero es lo único que
tengo.
Serena agarró el pijama que su marido le ofrecía y entró
al cuarto de baño a cambiarse. Mientras tanto, Darien aprovechó para ponerse
el suyo y meterse en la cama. Al rato salió Serena que se quedó mirándole
con una expresión no demasiado amable.
-
¿Dónde dormiré yo?
-
Pues aquí, a mi lado.
-
¡De eso ni hablar, no pienso dormir contigo!.- le gritó indignada.
-
Pues otro dormitorio no hay, o duermes conmigo o duermes en el sofá pero te
advierto que es algo incómodo.
-
¡ Y por qué demonios no te vas tu a dormir al sofá! Después de todo, todo
esto es culpa tuya, si te hubieras negado a casarte conmigo no estaríamos
en esta situación.
-
No pienso discutir contigo.- se limitó a responder el chico sin dignarse a
mirarla.- Si no quieres dormir conmigo vete al sofá, yo no pienso moverme
de aquí.
Maldiciendo por lo bajo, Serena se metió en la cama procurando
estar lo más alejada posible de Darien, lo cual no resultaba demasiado fácil
teniendo en cuenta el tamaño de la cama.
Al cabo de media hora, la joven se había quedado profundamente
dormida. Su intención inicial había sido permanecer despierta durante toda
la noche porque no se fiaba ni un pelo de aquel hombre pero estaba tan cansada
que no pudo evitar dejarse vencer por el sueño.
Cuando Darien se dio cuenta de que se había dormido, la
contempló durante unos instantes, suspiró y se dio media vuelta para dormir
él también.