Capítulo
9 : Arthur
Una joven rubia, con el cabello largo y recogido en dos moños se encontraba
en su habitación revolviendo el armario. Sobre la cama había todo tipo de
vestidos de fiesta: estampados, lisos, de falda estrecha, de falda acampanada,
de tirantes, de manga...
Tras muchas vueltas seleccionó dos de ellos. Un vestido
blanco largo y entallado, con una raja sobre la pierna derecha, descubierto
en la espalda, sin escote y que se abrochaba detrás del cuello y un vestido
en tono malva, ajustado de cintura para arriba, con la falda de vuelo, dos
pequeñas flores en la cintura, tirantes a los hombros, todo el escote decorado
con las mismas flores que llevaba en la cintura y un hermoso lazo de raso
blanco en la espalda ( para que os hagáis una idea es el vestido que lleva
cuando en el primer tomo del manga se transforma en princesa para ir a una
fiesta en la embajada, en el anime aparece un capítulo con este episodio del
manga ).
Cuando Minako y Rei entraron a buscarla aún no se había
decidido por ninguno de los dos.
-
¡¡¡Serena!!!.- gritó Rei exasperada.- ¿Aún no te has vestido? No pensarás
que vamos a esperarte todo el día.
-
Bueno, es mi fiesta de cumpleaños.- respondió la rubia con un guiño.- hasta
que no llegué no empezará. Además, no sé que ponerme, me gustan los dos.-
se quejó mientras les mostraba a sus amigas las dos prendas.
-
Ponte el blanco.- sugirió Mina.- Te queda muy bien.
-
¡¡¡Verdad que sí!!! .- se entusiasmó la princesa.
-
Como salgas con ese vestido Luna mandará tu real trasero de vuelta a las estrellas.-
advirtió Rei con una mueca.
-
¡Vaya! No había pensado en eso... pues entonces está decidido, ¡me pondré
el malva!.- exclamó la joven mientras tiraba el vestido blanco y corría al
espejo a contemplarse con el malva.- Voy a vestirme, esperadme fuera, ¿vale?
Minako y Rei intercambiaron una mirada.
-
Serena... .-habló Mina en tono meloso.- ¿Es cierto el rumor que corre por
palacio?
-
¿Qué rumor?.- preguntó Serena soltando el vestido y girándose hacia su amiga.
-
Dicen que el capitán Arthur y tu estáis prometidos.
-
¡Ah eso!.- le restó importancia al asunto.- No
es cierto, lo que ocurre es que como ya tengo dieciséis años y, además, la
semana que viene nos nombran sailor scouts, mama piensa que ya va siendo hora
de que busque a alguien con quien casarme y Luna y ella se han dedicado a
buscarme candidatos. Arthur es uno de ellos, el primero para ser exactos.
-
¡¿Quieres decir que van a escoger por ti?!.- se escandalizó Rei que amaba
por encima de todo su independencia y jamás había consentido que nadie decidiera
por ella.
-
¡Claro que no! Mi madre jamás me obligaría a hacer algo que yo no quisiera
y en caso de que lo intentara me fugaría de casa y me marcharía a un lugar
en donde nadie me encontraría jamás.- respondió adoptando pose melodramática.
-
Entonces.- insistió la princesa de Marte.
-
Pues se supone que tengo que hablar con ellos e intentar conocerlos a ver
que tal, que me gusta alguno ¡¡wala!! que no, pues siguen buscando.
-
¡Ah, vaya! Pues a mí me habían dicho que el capitán Arthur iba a venir a tu
fiesta de cumpleaños y eso es muy raro porque nunca va a ninguna.- comentó
Minako como quien no quiere la cosa.
-
Mama lo ha invitado para que nos conozcamos. Creo que está encantada con él,
se ha pasado toda la semana hablándome de sus hazañas, de lo buena persona
que es, lo buen rey que cree que sería y de lo segura que está de que seremos
muy felices juntos.
Las chicas se miraron a los ojos.
-
¡¡Típico!!.- exclamaron a la vez para luego estallar en carcajadas.
-
¿Y qué piensas hacer?.- inquirió Rei.
-
Hablaré con él para contentar a mama y luego lo despacharé amablemente, igual
que pienso hacer con los otros hasta que Luna y mama se cansen
y dejen la elección al destino.
-
Tardarán bastante tiempo.- comentó Rei con ironía.- A veces parece que nuestros
padres estuvieran deseando deshacerse de nosotras. Nada más la semana pasada
mi padre intentó emparejarme con un tal Eduard, un tipo al parecer muy rico
e influyente en Marte. Le dejé bien claro a mi padre que no quería saber nada
de él y va y lo envía a tu fiesta como su sustituto. Como se acerque a mí
lo achicharro vivo.
-
¡¡Qué mala eres, Rei!!.- exclamó Mina.- Con un no me interesas es suficiente,
además, que tiene de malo conocer chicos, ¡creo que es genial!. Es más, estoy
pensando que si a Serena no le interesa Arthur podría presentármelo
esta tarde. ¡¡Está buenísimo!!
-
¡¡Minako!!
-
Lo sé, lo sé... .- sonrió la princesa de Venus mientras se colocaba una mano
tras la cabeza.- Pero aún así...
-
No te preocupes, te lo presentaré.- accedió Serena.- ¡Ahora dejadme, que tengo
que vestirme!.- rió mientras echaba a sus amigas de la habitación.
Minako y Rei no dijeron nada y se marcharon en busca de Lita y Amy que las esperaban en la sala de fiestas.
**************
La sala en donde se celebraría la fiesta era muy amplia.
Una gran escalinata de mármol blanco llevaba desde las habitaciones reales
hasta ella y, como casi todas las habitaciones de palacio, tenía grandes ventanales
que daban al jardín ( que por lo que se habrá podido deducir rodeaba al
palacio entero ), el suelo era de mármol negro y las paredes, también
del mismo material pero en blanco, tenían talladas figuras en oro y plata
de unicornios, estrellas y los signos representativos de cada uno de los planetas del sistema solar ( a excepción de la Tierra
). Además, la instancia había sido decorada con guirnaldas y flores, convenientemente
alumbrada y ambientada para la ocasión y multitud de camareros se movían entre
los invitados ofreciéndoles bebida y comida.
Serena se asomó a lo alto de la escalinata sin que nadie
la viera para ver como había quedado todo y para ver quien había venido. En
un rincón observó a Rei, Lita y Amy conversando animadamente, Mina estaba
bailando con un joven pelirrojo y, a lo lejos, vio a Haruka y a Michiru bailando
juntas ( lo cual les había dado por hacer muy a menudo últimamente, a Serena
casi le parecía que eran pareja pero eso no podía ser, Haruka le habría contado,
solo eran buenas amigas), también divisó a su madre a un lado de la escalinata
hablando con un joven alto y rubio, Arthur sin duda. Al resto de los invitados
o no los conocía o solo eran conocidos.
Setsuna no estaba, casi nunca salía de la puerta del tiempo
y el espacio y Hotaru no había venido, desde lo ocurrido durante su nombramiento
se había entregado por completo a su misión de sailor y rara vez se la veía
en público.
Serena contuvo la respiración durante unos segundos para tranquilizarse y se dirigió hacia el centro de la escalinata en donde dos guardias la esperaban. Al notar su presencia, los dos hombres se inclinaron levemente y después golpearon el suelo con los estandartes que llevaban atrayendo la atención de la multitud que guardó silencio al instante.
“Su
majestad, la princesa Serenity de la Luna” anunciaron con voz ronca.
La princesa bajó lentamente las escaleras y se dirigió hacia
donde estaba su madre. La saludo como era debido y juntas marcharon hacia
uno de los extremos de la habitación en donde habían colocado dos elegantes
sillas de terciopelo.
Durante casi dos horas Serena estuvo recibiendo regalos
y felicitaciones de cada uno de los presentes. Cierto que este tipo de celebraciones
repletas de protocolo la aburrían enormemente pero las soportaba por la gran
cantidad de regalos que recibía ( bueno... y también porque sino luego Luna
la castigaba). Además, después podía ir libremente y por tanto divertirse
con sus amigas.
Una vez que la parte oficial concluyó la chica fue corriendo
a buscar a las demás.
-
¡Ey chicas!.-llamó su atención.
-
Serena.- saludaron Lita y Amy.
-
¿Dónde están Rei y Mina?
-
Mina está bailando con su décima conquista de la noche y Rei está tratando
de dar esquinazo a un tal Eduard.
-
Oh, vaya... ¡Visteis todo lo que me regalaron!.- exclamó emocionada.- ¿A qué
es fantástico?
-
Bueno, yo aún estoy tratando de deducir qué era aquella caja de terciopelo
gigante con cara de reptil.-rió Amy.
-
Esto... creo que era una papelera... no es que la vaya a utilizar... pero...
.- balbuceó la rubia.
-
Te comprendo muy bien.- la apoyó Lita.- Para mi cumpleaños unos amigos de
mis padres me regalaron un set completo de equitación que terminó quedándose
mi madre. No sé ya ni las veces que habré dicho que no me gusta cabalgar.
-
Al menos lo intentan.- la consoló Amy.
“Serena”
interrumpió una voz de repente al trío.
-
Sí madre.- respondió la aludida.
-
Ven, quiero presentarte a alguien.
Y antes de que Serena pudiera replicar la reina la arrastró
hasta uno de los balcones de la sala en donde esperaba Arthur y, todo, ante
las disimuladas burlas ( amistosas) de Amy y Lita que habían sido puestas
al tanto de la situación por Rei y Mina.
-
Serena, te presentó a Arthur, es el capitán de la unidad de defensa de la
Luna, una de las mejores que hemos tenido.- contó la reina muy orgullosa del
chico.- Arthur, mi hija la princesa Serena.
-
Capitán Arthur.- saludó Serena.
-
Princesa.- respondió el joven al saludo.- Es un honor conocerla, la reina
me ha hablado mucho de vos.
-
Bueno, ahora que os conocéis.- se entrometió Serenity.- mi ángel, ¿Por qué
no le muestras los alrededores? Arthur no conoce a nadie y yo tengo que hablar
con Atlante.
-
Claro madre.
-
Entonces os dejo. Que os divirtáis.
Y la reina se marchó dejándolos completamente solos pues
ya se había encargado ella de antemano de informar a todos sus invitados de
que no debían importunar a su hija cuando estuviera en compañía de Arthur,
de ahí el rumor que corría por palacio.
Mientras tanto Serena se dedicó a contemplar el suelo como
si fuera lo más interesante del mundo. Aunque había meditado durante un día
entero lo que le diría a aquel hombre cuando su madre se lo presentara ahora
se veía incapaz de decir una sola palabra. No quería estar allí, no quería
conocerlo y no sabía como decirle que la dejara en paz sin ofenderlo. Para
su sorpresa, fue él quien dio el primer
paso.
-
Supongo que esta situación os incomoda. A mí me ocurre lo mismo pero no encontré
una manera apropiada de negarme.
La princesa clavó sus ojos azules en él y lo miró sorprendida
por sus palabras. Parecía sincero.
-
Vaya... .- atinó a decir la joven.- No pensé que vos... bueno... que os sintierais
igual que yo.
-
No me malinterpretéis princesa, no es que no deseara conoceros, como soldado
siempre me habéis intrigado, sois la primera sailor que ha tenido la Luna
y, además, muy poderosa, se rumorea que incluso más que el resto de scout
juntas. Y como hombre, no creo que a nadie le pase desapercibida vuestra belleza.-
Serena se sonrojó.- Es solo que no es así como quería hacerlo.
-
¿Cómo?.
-
Pues como un oportunista que aprovecha su situación en el reino para intentar
escalar unos peldaños más y conseguir la mano de la princesa.- rió el chico
con sinceridad.
-
Yo... esto... nadie piensa así.- logró articular Serena bajando la mirada.
-
Vos sí.- se puso serio.- Y eso es suficiente para mí.
-
Pues entonces... ¡qué es lo que buscáis!. ¡Acabáis de decirme que os intereso
pero no queréis que piense que sois un oportunista cuando eso es lo que vuestra
presencia aquí atestigua!.- reclamó muy enfadada. Nada estaba saliendo como
había planeado pero lo que más la enfurecía era la forma en la que aquel hombre
la estaba culpando de todo, ¡ella era la víctima no la culpable!
-
No os molestéis conmigo, princesa.-susurró el capitán tomándola de la mano.-
Lo que quiero decir es que no deseo casarme con vos solo conoceros como
persona.
-
No os creo.- se apartó de él aún más enfadada que al principio.
-
Os propongo un trato.
-
¿Un trato?.- el enfado dio paso a la curiosidad.
-
Olvidémonos de todo este asunto. Supongo que teníais pensado decirle a vuestra
madre que habíais hablado conmigo y que no os había gustado. Pues bien, decídselo,
al fin y al cabo es cierto.
-
¿Ese es vuestro trato? Que haga lo que pensaba hacer de todas formas.- inquirió
incrédula.
-
No exactamente.- sonrió el chico.- Lo que os pido es que después de hablar
con la reina nos veamos otro día para conocernos sin presiones de ningún tipo.
-
Claro, y después nos enamoramos y nos casamos, ¿no?.- comentó con sarcasmo
y evidente fastidio.
-
Creo que eso se lo dejaré al destino.
-
¿Al destino?
-
Sí, al destino.- se giró y se apoyó en el balcón mientras contemplaba
las estrellas.- Siempre me ha gustado pensar que cuando un ser humano
nace lo hace acompañado de su alma gemela y que es el destino el encargado
de unirlos. Si se fuerzan las cosas, algo puede salir mal.
-
Acaso no es lo que estáis haciendo ahora.
-
No.- la miró a los ojos.- Lo que hago es darle una ayudita.
Silencio.
-
¿Y bien?.- preguntó Arthur.
-
Está bien.- le sonrió por vez primera.- Nos veremos mañana al atardecer en
la fuente del jardín.
-
De acuerdo.-contestó el joven con una sonrisa para después guiñar un ojo.-
¿Sabeis? Estaba firmemente convencido de que no aceptaríais.
-
¿Qué?.- se extraño Serena.- ¿Entonces por qué lo preguntasteis?
-
Ya os lo dije, a veces el destino necesita que le echen una mano.- y volvió
a centrar su mirada en las estrellas del firmamento.
*************
A pesar de ser las seis de la mañana, en la base de defensa
de la Luna, un edificio bastante austero y sin apenas decoración situado a 500 Km del palacio real, la mayoría
del personal hacía ya un buen rato que se había levantado, todos, a excepción
de Alex que aún estaba durmiendo en su habitación, un cubículo idéntico al
resto de los del edificio y cuyo único mobiliario consistía en un armario,
una cama y una mesita sobre la que descansaban varias barajas de cartas.
Alex era pelirrojo, tenía el cabello corto y rizado y la
cara llena de pecas. Era una persona práctica por encima de todo pero tenía
un gran problema, era un dormilón y
solo existía una manera de despertarlo. Y Arthur la conocía.
Cuando el agua fría le cayó encima, Alex se levantó de un
brinco dispuesto a darle una buena lección al sujeto que se había atrevido
a despertarlo. Al ver que se trataba de su capitán se limito a lanzar un bufido
y a coger una toalla para secarse.
-
No tienes otra forma más agradable de despertarme.- gruñó el pelirrojo por
lo bajo.
-
Como sueles decir, amigo mío, lo mejor es siempre lo más práctico.- se burló
Arthur.
-
Muy gracioso. Por cierto, ¿qué te trae por aquí? A estas horas ya deberías
estar en la sala de mando supervisando el entrenamiento de la unidad.
-
Necesito un favor.
-
¿Un favor? Vaya, suena raro viniendo de ti. ¿Qué es lo que quieres?
-
Necesito que me sustituyas toda la tarde.
-
¿Y eso?.-preguntó mientras terminaba de calzarse las botas.
-
Tengo una cita con la princesa.- respondió el capitán como si eso fuera lo
más natural del mundo.
-
A sí que lo conseguiste, ¡eh campeón!.- le felicitó el chico.- ¿Y cómo lo
lograste? Tenía entendido que todo fue cosa de la reina y que la princesa
no tenía ningún interés en casarse aún.
-
Y no lo tiene, tuve que arriesgarme y seguirle el juego. En realidad, oficialmente
estoy descartado como candidato.
-
Entonces, ¿cómo piensas casarte con ella?
-
La convencí para quedar otro día y así poder conocernos mejor sin ningún tipo
de compromiso. Hubo un momento en que pensé que no aceptaría pero debí decir
algo que la hizo cambiar de opinión porque me dijo que sí.
-
Bueno, desde luego es un buen partido, casándote con ella te convertirías
directamente en dirigente de todas las unidades de defensa del sistema solar
que es lo que querías.- comentó Alex mientras terminaba de colocarse los complementos
de su atuendo.
-
¡Alex!.- se molestó el joven.- No lo hago por eso, además aunque me casará
con ella nunca aceptaría ese puesto sin antes habérmelo ganado justamente.
-
Pues haya tu, yo solo te recordaba lo más práctico.- respondió al mismo tiempo
que se dirigía a la puerta, pero antes de salir se giró y miró a su amigo.-
Pero entonces, ¿por qué lo haces?
-
Porque la amo.- respondió.
-
No la conoces.
-
A una persona la define su forma de luchar, su forma de enfrentarse a las
adversidades y a los retos que la vida le plantea, he asistido a sus entrenamientos
durante los últimos tres años y te aseguro que la conozco lo suficiente como
para pensar que me he enamorado de ella.- explicó mirando a su amigo muy seriamente.
-
Arthur, a la gente se la conoce con el roce diario y aunque lo que dices fuera
cierto, ella no ha luchado, solo se ha entrenado y eso no es lo mismo... ahora,
si quieres seguir con esto haya tu, solo estás perdiendo el tiempo sino piensas
tomar el puesto de dirigente.
-
Bueno... voy a hablar con ella, ¿no?.- sonrió con complicidad.- Dentro de
poco lo sabré. Si resulta que no es lo que esperaba no volveré a verla y asunto
cerrado, al fin y al cabo, no estamos comprometidos.
Alex se limitó a encogerse de hombros y ambos salieron de
la habitación rumbo a sus respectivos puestos de trabajo.
Arthur estaba sentado en uno de los bancos que había alrededor
de la fuente esperando a que llegará la princesa. La verdad era que había
llegado bastante pronto pese a que había oído muchas veces decir a sus compañeros
que no se debía mostrar demasiada impaciencia en la primera cita pero es que
así era como él se sentía. Nunca había salido con ninguna chica pues desde
pequeño había centrado su vida en el trabajo y no tenía demasiado claro como
debía actuar.
-
¿Lleváis mucho tiempo esperando?.- lo interrumpió una voz.
-
Princesa.- se sobresaltó.- nos os había oído llegar.
-
Ya lo veo.- rió.- ¿Sabéis? He estado pensando que si vamos a ser amigos sería
mejor que nos tuteáramos, es lo que hacemos mis amigas y yo. ¿De acuerdo Arthur?
-
Me parece una buena idea, Serenity.
-
Serena.- lo corrigió ella amablemente.- Todos mis amigos me llaman Serena.
-
Ok.
-
Y bien, Arthur, dime que es lo que haces en tu vida.- preguntó mientras tomaba
asiento al lado del chico.
-
¿No lo sabes?.- le siguió el juego.
-
No es lo mismo oírlo de boca del implicado que de boca de los demás.
-
En ese caso, digamos que tengo 20 años, entré en la unidad de defensa lunar
a los 12 años y me esforcé mucho por hacerlo lo mejor posible y ¡wala! ahora
soy capitán. En cuanto a mi familia mi madre murió al nacer yo y mi padre
enfermo y murió.
-
Oh, vaya no debí preguntar.-se entristeció la princesa.
-
No te preocupes, son cosas que pasan.- respondió como quien no quiere la cosa.-
Ahora es tu turno.
-
¡Cierto!.- exclamó muy contenta.- Veamos que te puedo contar de mí... ¡ah,
ya sé! Te hablaré de mi vida oculta.
-
¿No sabía que tuvieras una vida oculta?.- rió Arthur.
-
¡Oh, claro que sí! Es todo lo que hago a escondidas para que Luna no me castigue.-
confesó en un murmullo.- ¿Te has fijado alguna vez en la estatua de mi madre
que hay en la entrada de palacio?
-
No recuerdo que hubiera ninguna estatua cuando fui a tu fiesta ayer.- torció
el rostro contrariado.
-
Claro, es porque se rompió a causa de un hechizo que me salió mal.
-
¿Y eso? ¿Acaso entrenas en la entrada de palacio?.- rió divertido.
-
Nop.... lo que ocurrió es que me apetecía conocer la ciudad y me fugué de
palacio durante una noche y cuando volví estuve a punto de tropezarme con
Luna que se dirigía a mi habitación y para que no me pillara intenté invocar
una tormenta que la obligara a salir de palacio a buscar a mama que estaba
afuera hablando con no sé quien.- se acurrucó un poco avergonzada.- pero en
vez de invocar una tormenta invoque una bola de fuego que carbonizó la estatua.
-
Deberías tener cuidado con tus hechizos si no puedes controlarlos.- la regañó
con dulzura.- podrías hacer daño a alguien.
-
Lo sé.- suspiró.- por eso no he vuelto a hacerlo.
-
¿Fugarte a la ciudad?.
-
¡No! Eso lo hago muy a menudo.
-
Je, je, je.
-
¿No me crees?.- se mosqueó la princesa.
-
No, no es eso, te creo muy capaz de hacerlo, es solo que no consigo imaginármelo.
-
Pues... ¡acompáñame!.-exclamó entusiasmada.
-
¿Qué?.- se sorprendió el chico y, porque no decirlo, también se medio asustó.
Lo suyo nunca habían sido las fiestas.
-
Está decidido, nos vamos de fiesta.- se incorporó muy decidida.- Tu espérame
aquí.
Y
en menos que canta un gallo Arthur se quedó completamente solo en el jardín
sin saber que hacer, aunque tan poco tuvo mucho tiempo para meditarlo porque
antes de que pasaran cinco minutos Serena volvió con una bolsa plateada escondida detrás del vestido.
-
¿Para qué es esa bolsa?
-
Ya lo verás.- le guiño un ojo.- Tu solo sígueme.
Guiado por la princesa, Arthur llegó a una parte del jardín
en donde había plantados una gran cantidad de abetos recortados en multitud
de formas diferentes y dispuestos de manera que formaran un laberinto bastante
complicado. Sin embargo, Serena parecía conocerlo a la perfección porque se
metió dentro y guió al capitán hasta una zona en la que el camino de abetos
terminaba abruptamente y en su lugar se levantaba un gran muro de piedra.
La princesa cerró los ojos y recitó un conjuro que hizo que parte de la roca
se deslizara como si de una puerta se tratase.
-
No sabía que tuvieras esa habilidad.- la alabó el capitán.
-
Entre otras muchas.- presumió la chica.- Toma esto.- dijo sacando de la bolsa
un pantalón y una camisa bastante viejos.
-
¿Para qué?
-
No podemos ir con esta ropa, nos descubrirían.- explicó mientras se giraba
y le señalaba que se cambiará.
Cuando lo hubo hecho, se giró él y espero a que la chica
se cambiará ella también. Serena cambió su vestido de princesa por una falda
azul que le llegaba hasta la rodilla y una camiseta de tirantes en blanco.
Además se soltó el cabello y se lo recogió con una diadema de flores.
-
¡Tachan!.- exclamó muy contenta.- ¿Qué tal?
-
Estás... diferente.- logró articular.
-
Esa es la idea.- se burló de él.
Y volvió a tomar la mano de Arthur ( tras haber dejado su otra ropa en la bolsa que escondió en un abeto cercano ) para conducirlo a la ciudad. Arthur pensaba que la joven lo llevaría a algún bar o a alguna discoteca pero cual no sería su sorpresa al terminar en un parque de magia. Nunca había estado en ninguno y para ser sinceros se lo pasó genial. Guiado por la chica prácticamente recorrieron todo el lugar en apenas una hora y media. Bromearon, rieron, tomaron terrón de ángel ( combinado de fresa y cereza ) y otras muchas cosas.
Cuando comenzó a anochecer Serena consideró oportuno regresar
al laberinto de abetos en donde volvieron a ponerse su ropa formal y de allí
volvieron a la fuente.
-
¿Y bien? Qué te ha parecido.- preguntó la princesa antes de que Arthur se
marchara.
-
La verdad es que me has sorprendido.- se sinceró.- y nadie había logrado hacerlo
antes de ahora. Eres diferente a cómo pensaba.- se acercó a ella.
-
¿Para peor?.- bromeó.
-
No. Para mejor. Serena... .- inquirió.- ¿por qué aceptaste que nos viéramos
hoy?
-
Porque yo también creo en el destino.- respondió la princesa mientras se alejaba
de él.- ¿Nos vemos otro día?
-
Por supuesto.
-
Entonces.- le sonrió.- hasta mañana.