Capítulo
8 : Erusión
-
Mi reina, ¿la princesa se ha dormido ya?.- preguntó Luna.
-
Sí, estaba muy cansada después de haber manifestado semejante poder.- respondió
Serenity con el semblante pálido.- Lo sentiste Luna, era el poder de una sailor
scout pero eso no puede ser posible... Serena no había mostrado antes de ahora
ninguna habilidad mágica.
-
Lo sé.
-
Además, los puestos de las outers fueron ocupados hace ya ocho años y las
niñas que serán entrenadas como inner fueron
escogidas la semana pasada.
-
Cierto, y es una verdadera casualidad que al igual que ocurrió con las outers,
las elegidas hayan sido precisamente las princesas de Mercurio, Marte, Venus
y Júpiter. Nunca se había dado un caso como este.
-
Luna... estoy muy preocupada.- reconoció la reina mientras se dejaba caer
sobre su cama.- no entiendo que fue lo que pasó en la sala del trono, la pluma
de saturno destruida, la aparición de aquel hombre... te das cuenta de que
con un solo gesto de su mano nos dejó paralizados a todos.
-
Solo durante unos minutos, mi reina.
-
Sí, pero fueron los suficientes como para darle el tiempo necesario para atacar
a Hotaru... sino hubiera sido por ese joven Dan, Din... ¿Cómo fue que lo llamó?
-
Dain, y ahora mismo esta siendo atendido por los médicos de palacio, en cuanto
esté recuperado será sometido a un interrogatorio.- Luna tomó aire.- Mi reina,
sé que estáis preocupada pero no tenéis por qué, al final todo acabó bien,
la pluma de saturno puede ser creada otra vez, pronto sabremos quien era ese
hombre y la princesa... si la princesa es una sailor scout solo tenemos que
entrenarla para que aprenda a utilizar su poder.
-
Empiezas a hablar igual que Helios.-sonrió Serenity con nostalgia.- Pero creo
que tienes razón, si aquel hombre no nos hubiera pillado desprevenidos no
hubiera podido hacer nada. Lo que debemos hacer es averiguar quien era y doblar
la vigilancia de palacio para que esta situación no vuelva a repetirse y,
en cuanto a mi hija, será entrenada como una sailor a partir del año que viene,
cuando cumpla los ocho años.
-
Siempre pensé que considerabais el ser una sailor scout un gran honor.- comentó
Luna con una sonrisa.
-
Y lo sigo pensando, es solo que me tomó por sorpresa. Estoy segura de que
a Helios no le hubiera hecho ninguna gracia.
-
Majestad, no creo que sea prudente que...
-
Shhh... Luna, sé lo que piensas pero al contrario de lo que crees su recuerdo
me alegra, me da fuerzas para seguir adelante.- respondió la reina. Su semblante
había recuperado su color y ahora parecía más animado que al principio.- Lo que me hace pensar... ¿en qué sailor crees
que se convertirá mi hija?
-
Supongo que en sailor moon, al fin y al cabo, nació en la Luna.
-
La Luna nunca había tenido antes de ahora una guardiana.
-
Siempre hay una primera vez.- sonrió Luna con calidez gesto que fue correspondido
por Serenity con igual afecto.
Después de todo, siempre habían sido algo más que reina
y consejera, habían sido... amigas.
En la entrada a la enfermería
de palacio
-
Princesa Hotaru, no puedo dejaros pasar, está prohibida la entrada a cualquiera
que no sea la reina.- intentaba razonar con la joven scout uno de los guardias
que custodiaban la habitación en donde yacía Dain.
-
Solo será un momento, nada más, por favor.- suplicó Hotaru.
-
Está bien, pero si en diez minutos no habéis salido, entraré a buscaros.
-
¡¡¡Muchas gracias!!!
El guardia abrió la puerta y dejó pasar a Hotaru dejándola
a solas con el joven que permanecía en una de las camas del lugar con los
ojos cerrados. Él era el único enfermo que se encontraba ingresado.
-
Sé que estas despierto, así que no finjas conmigo.- habló la princesa mientras
se sentaba en el borde la cama.
-
Parece que a ti no puedo engañarte, Hotaru.- comentó el chico mientras se
incorporaba y la miraba a los ojos.
-
Recuerdas mi nombre... .- susurró la princesa sonrojada.
No hubo respuesta.
-
¿Por qué... por qué me salvaste?.- se atrevió por fin a preguntar.- Pensé
que después de lo que paso en el lago no querrías volver a verme.
-
En el lago no pasó nada.- bajó la mirada.
-
Claro que sí, viste lo que era y huiste de mí.
-
No huí de ti... .- volvió a clavar su mirada en la de Hotaru.- ... huí de
mi destino... al igual que haces tú.
-
No, no te entiendo.- respondió la joven palideciendo.
-
Claro que sí, Hotaru. Sabes quien eres, sabes cual es tu destino, y durante
toda tu vida has luchado contra él intentando adaptarte, intentado crear uno
nuevo pero, desde el fondo de tu corazón, siempre has sabido que eso no es
posible, al igual que lo sé yo.
Se miraron a los ojos durante unos segundos, profundizando
cada uno de ellos en el alma del otro y así fue como Hotaru supo que no podría
ocultarle nada a aquel joven de ojos negros, de la misma forma que él lo supo
hacía ya cuatro largos años.
-
Si conoces mi destino, por qué me salvaste.- se entristeció la joven bajando
la mirada.
-
Porque no eres culpable de él y porque sé que aún tienes la esperanza de que
no se cumpla.
-
Tu mismo lo has dicho, no se puede luchar en contra del destino de uno mismo.
Lo mejor hubiera sido que dejaras que aquel hombre me matara.
-
No digas eso.
-
Es la verdad y estoy segura de que si intentó acabar con mi vida es porque
él también lo conocía.
-
Él no creía en ti.
-
¿Y tu si?
-
Desde siempre.
Volvieron a mirarse a los ojos.
-
¿Por qué?.- preguntó Hotaru.
-
Porque te he visto luchar contra él y pesé a lo que dije antes estoy seguro
de que alguien con esperanza puede cambiar su destino. Y tu la tienes, sigues
conservando la esperanza que yo perdí hace ya mucho tiempo, el día en que
acepté mi destino y ya no hubo marcha atrás. Lo que trato de decirte es que
no debes rendirte nunca, que no debes dejar de luchar jamás y así, cuando
llegué el momento, tendrás la suficientemente fuerza como para decir no.
-
¿Qué te hace pensar que tengo esperanza?
-
Alguien sin esperanza no va todos los días a un lago solitario esperando volver
a ver a alguien con quien solo habló apenas diez minutos.- respondió el joven
con dulzura.
-
¿Cómo... cómo sabes eso?.- se sobresaltó Hotaru.
Dain bajó la mirada.
-
¿Estabas allí?.-comprendió al fin.- Pero entonces, ¿por qué no me dijiste
nada? ¿por qué te limitabas a mirarme solamente?
-
......
-
No me respondes... hubiera sido mejor que no viniera.- comentó tristemente
la joven mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta.
-
Hotaru... .- la llamó el chico.- Por favor, no olvides lo que te he dicho.
-
Adiós Dain.- fue lo único que dijo la chica antes de marcharse y dejarle solo.
Dain la contempló marcharse en silencio. Sabía que le había
hecho daño al no ser sincero con ella pero aún así confiaba en que haría caso
de su petición. Era lo único que importaba ahora que sabía que el enemigo
jamás conseguiría el cristal dorado.
Los rayos del sol que penetraban por la ventana de la habitación lo
despertaron. Con un poco de pereza abrió los ojos y contempló el paisaje que
se extendía ante sus ojos. Sonrió, la Tierra era sin duda un hermoso planeta
y sería una verdadera pena que toda la vida que existía en ella desapareciera.
Este pensamiento lo entristeció. Ya llevaba casi tres semanas intentando dar con la entrada al reino de Erusión
en donde, según sus investigaciones, se encontraba el cristal dorado, pero
todos sus intentos habían sido en vano. Por lo visto aquel reino permanecía
oculto en algún lugar de la Tierra protegido por la magia y la única forma
de entrar era dando con la puerta que unía ambos reinos o que conociera a
algún amable habitante de Erusión que le hiciera el favor de enseñarle su
hogar ( lo cual era poco probable dado que pretendía robarles su cristal para
destruirlo ).
En su búsqueda había dado con algunos de los demonios que también buscaban
el cristal. En un principio los había destruido pero a la vista de que le
resultaba casi imposible encontrar la entrada por si solo decidió que en vez
de matarlos los seguiría. Fracaso rotundo. Los demonios llevaban más tiempo
buscando que él y estaban aún más perdidos.
En realidad, el que el enemigo no fuera capaz de encontrar Erusión
sería una buena noticia sino fuera porque los ancianos pensaban matar a Hotaru
sino no encontraba el cristal en menos de
tres semanas.
Con el ánimo por el suelo, se vistió y bajó al mostrador de la posada
a tomar algo antes de iniciar su búsqueda. Ya había rastreado las partes norte,
sur y este del bosque real en donde había más actividad de demonios ( razón
por la que dedujo que la entrada debía estar en ese bosque y no en otro, al
fin y al cabo, el que los sirvientes fueran unos incompetentes no quería decir
que el amo lo fuera también ) y solo le quedaba por investigar la zona oeste,
la que estaba más próxima al palacio real y por la que, por tanto, debía ir
con más cuidado.
En esta ocasión la búsqueda también hubiera terminado en
desastre sino hubiera sido porque,
justo cuando se disponía a volver a la posada, la sombra de un hombre llamó
su atención. En un principio pensó que se trataba de algún juerguista que
volvía a casa a hurtadillas para que su familia no se enterara de sus aficiones
nocturnas ( no era la primera vez que se encontraba con alguno ), sin embargo,
algo en la forma de andar de aquel hombre y en el aura que desprendía ( demasiado
poderosa para tratarse de un habitante de la Tierra ) lo puso en alerta.
Era bastante preocupante el hecho de que durante todo el tiempo que
llevaba allí solo se hubiera topado con demonios por lo que sí aquel extraño
resultaba formar parte del enemigo quería decir que habían encontrado la entrada
y que enviaban a alguien más competente que un demonio para hacerse con el
cristal. No importaba, aunque hubieran encontrado la forma de llegar a Erusión
él se encargaría de que no lograran su objetivo.
Después de seguir a la sombra durante un buen rato procurando que no
lo descubrieran, esta se detuvo en un pequeño claro del bosque en donde había
un gran lago alumbrado por la luz de la luna.
De entre sus ropajes sacó una especie de espejo con marco de oro que
soltó sobre el lago. Instantáneamente, el espejo flotó sobre la superficie
del agua y comenzó a emitir una luz
dorada que poco a poco fue creando una especie de apertura dimensional que
aquel hombre atravesó sin pérdida de tiempo. Al ver aquello, Dain salió de
su escondite y atravesó la puerta antes de que esta se cerrara.
La visión con la que se encontró al llegar a aquel extraño mundo lo
dejó sin palabras. Decir que era extraordinariamente bello sería decir poco.
El lugar era una copia exacta del bosque de la Tierra pero a la vez poseía
cierta magia que lo hacía increíblemente diferente. Las ramas de los árboles
parecían mecerse al ritmo de la dulce melodía que cubría el lugar, el aire
estaba impregnado de pequeñas luces de colores que caían del cielo como si
de lluvia se tratase, la luna no se
veía por ningún lado pero aún así el lago brillaba como si mil lunas lo estuvieran
bañando con sus rayos permitiendo, de esta forma, contemplar su fondo repleto
de peces desconocidos para Dain. Además, allí por donde mirases encontrabas
a algún animal, ya fuera halcón, ardilla, o caballo que corría libre y feliz
por el lugar, ajeno a todo, sin preocupaciones.
Cuando por fin se recobró de la impresión, la persona a la que había
venido siguiendo había desaparecido. Maldiciéndose a sí mimo por su descuido,
echó un vistazo a su alrededor tratando de descubrir alguna pista de hacía
donde se había dirigido. El dulce murmullo de una voz llamó su atención y,
sin saber porqué, lo siguió.
Caminó durante horas hasta que llegó un momento en que perdió la noción
del tiempo. El día sustituyó a la noche, la noche sustituyó al día y de esta
forma fue pasando el tiempo sin que Dain se detuviera, sin que sintiera cansancio
o hambre. Era como si se hubiera impregnado de la magia de aquel lugar, entrando
a formar parte de Erusión. ¿Y cómo no hacerlo? Aquel lugar era como un sueño,
un hermoso sueño en donde todo el mundo era feliz y
de donde Dain no deseaba salir jamás. Pero nada es eterno.
Finalmente, llegó a su destino. Delante de él se levantaba un palacio
de oro, rodeado por todas partes de centenares, miles, millones de rosas rojas.
Guiado por el mismo impulso que lo había traído hasta allí subió las escalinatas
del castillo hasta llegar a una enorme puerta decorada en plata con unicornios
y hadas. La tocó con la mano y esta se abrió. Al atravesar el umbral se encontró
con dos jóvenes de largos cabellos plateados recogidos en dos moños, ataviadas
con túnicas blancas. Las dos chicas eran idénticas.
-
¿Quiénes sois?.- preguntó el joven en un susurro.
-
Somos las ménades, las sacerdotisas de este lugar.- respondió una de ellas.
-
¿Vosotras me habéis conducido hasta aquí?.
-
Sigue tu camino extranjero, Erios te está esperando.- fue su respuesta.
Y antes de que pudiera decir algo más, las ménades habían
desaparecido, por lo que no lo quedó más remedio que continuar su camino.
Al llegar a una especie de altar se encontró con un niño que parecía estar
rezando. El chico se dio media vuelta y Dain pudo estudiarlo con más detenimiento.
Tenía una especie de rubí en la frente, el cabello de color blanco e iba vestido
con un pantalón y una especie de chaqueta larga de este mismo tono. Pero lo
que llamó la atención de Dain fue su mirada, estaba llena de dulzura e inocencia,
aquel chico reflejaba en su ser toda la magia de Erusión.
-
Bienvenido Dain, soy Erios sacerdote y guardián de Erusión.- se dirigió el
niño a Dain.
-
¿Cómo sabes mi nombre?.- preguntó con curiosidad. Por alguna extraña razón
era incapaz de desconfiar de aquel chico.
-
Has entrado en Erusión y yo conozco a todo el que entra en este reino sagrado.
-
Entonces, sabrás qué es lo que me ha traído hasta aquí.
-
El hombre al que buscas hace días que se marchó.
-
¡¡¡¡¿Qué?!!!! .- se asustó Dain.- ¡Entonces se ha hecho con el cristal dorado!
-
No.- fue la simple respuesta de Erios.
-
¿No?.- se extrañó.
-
Sé que viniste a detenerlo y a destruir el cristal. Pues bien, aquí lo tienes
- se apartó del altar dejando que Dain pudiera ver un cristal dorado en forma
de rombo.- es tuyo... si puedes cogerlo.
Dain no entendió las palabras de Erios pero estaba tan ansioso
de dar por finalizada su misión para asegurarse de que no fuera necesario
acabar con la vida de Hotaru que no se paró a meditar lo que iba a hacer.
Se acercó al cristal y, cuando se disponía a cogerlo, una potente fuerza lo
lanzó al otro extremo de la habitación. Pensando que el cristal estaba protegido
por algún campo de energía, concentró todo su poder para lanzarlo y destruir
por completo el cristal. Pero aún así, no consiguió nada. Fue en ese momento
cuando recordó las palabras del guardián: “es tuyo... si puedes cogerlo”
- ¡¡¡Qué demonios pasa!!!
¿Por qué no puedo tocarlo?
-
Porque solo las personas con el corazón libre de mal y con hermosos sueños
pueden tocarlo, para las demás, es imposible.
-
¿Me estás diciendo que soy malvado?.- preguntó débilmente.
-
No, no lo eres, pero tampoco tienes sueños.
Dain bajó la cabeza. Era cierto, hacía mucho tiempo que
había dejado de soñar.
-
Si sabías que no podría tocarlo porque permitiste que lo intentara.
-
Porque necesitaba que comprendieras el significado de mis palabras por ti
mismo. Tu no puedes apoderarte de él, pero el hombre que vino buscándolo tampoco
pudo y... jamás podrá.
-
¿Quieres decir que el cristal nunca caerá en malas manos?
-
Este cristal se alimenta de los sueños de la gente de este planeta. La única
forma en la que los siervos de las tinieblas podrían utilizarlo sería convirtiendo
esos sueños en pesadillas, pero eso nunca sucederá porque yo jamás lo permitiré.
Es la razón de mi instancia aquí.- Erios se detuvo durante unos segundos para
mirar a Dain con extrema dulzura.- Ahora vete tranquilo y protege a la chica,
llevas aquí tres días.
Y antes de que Dain pudiera replicar una luz dorada lo cubrió,
cegándolo. Cuando volvió a abrir los ojos estaba de nuevo en el bosque de
la Tierra, frente al lago. El espejo dorado ya no estaba allí.
Completamente seguro, gracias a Erios, de que el enemigo jamás conseguiría
el cristal dorado se marchó de allí rumbo a la Luna. Habían pasado las tres
semanas y no había podido avisar a los ancianos de su descubrimiento. Tenía
que impedir a toda costa que hicieran daño a Hotaru.
Fin
de los recuerdos
Erios le había dicho que no tenía sueños y él sabía que tenía razón,
había dejado de tenerlos el día en que acepto su destino pero, ahora, también
sabía que todavía podía recuperarlos y que Hotaru formaría parte de ellos.
Con una sonrisa, se incorporó de la cama y desapareció.
A la mañana siguiente cuando la guardia real fue en su busca para interrogarlo
no encontraron ni rastro de él.