Capítulo 7 : El nombramiento de las outers scout

            Hotaru contempló una vez más su reflejo sobre la superficie del lago, su cabello negro le llegaba hasta los hombros y el color violeta de sus ojos contrastaba enormemente con el fino vestido de seda azul que llevaba puesto. A sus dieciséis años Hotaru se había convertido en una preciosa joven cuya mirada siempre triste y apagada le confería cierto halo de misterio que la hacía ver aún más hermosa.

            Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz. Hoy sería su gran día, el día en que juraría proteger con su vida al Milenario de Plata y se convertiría oficialmente en Sailor Saturno. De alguna forma esperaba que con aquel nombramiento comenzaría una nueva época de su vida en donde podría ser feliz porque consagraría todo su ser a la protección de los demás y de esa forma, tal vez, podría escapar de la maldición que suponía el ser portadora de un poder como el suyo: el poder de la destrucción.

            Sumida en sus propios pensamientos  Hotaru no había notado la figura que, oculta entre las sombras, la observaba con total atención tal y como había hecho durante los últimos cuatro años. La sombra hecho un último vistazo a la joven y, con gran sigilo, retrocedió unos pasos y desapareció a través de una pequeña abertura dimensional que creó apretando un extraño artilugio que llevaba en la muñeca.

            Minutos después apareció en una amplia habitación rectangular en cuyo centro había una mesa alrededor de la cual se encontraban sentados dos hombres de edad avanzada.

- ¿Alguna novedad?.- preguntó el más anciano.

- He averiguado el por qué no lo han revivido aún.- respondió el recién llegado.

- ¿Y bien?

- Necesitan más poder del que tienen para hacerlo.

- ¿Más poder? ¿Y qué hay de la chica? Su poder sería suficiente para  traerlo de vuelta.

- El poder de Hotar... quiero decir de la portadora... es diferente al que necesitan.

- Explícate.- intervino el otro anciano.

- Para poder revivir a nuestro enemigo necesitan una gran cantidad de energía positiva que solo les puede proporcionar un cristal. Ese cristal esta en manos de la reina del Milenio de Plata y les resulta inaccesible, no obstante, existe otro cristal que aunque no es tan poderoso como el otro les puede servir combinando su energía con la de la portadora. Es lo que han estado buscando durante estos ocho años.

- Entiendo.- se acarició la barba uno de los ancianos.- eso quiere decir que en cuanto encuentren el cristal todo habrá acabado.

- No necesariamente... .- susurró el otro hombre.-  si nos adelantamos y destruimos a la chica antes de que encuentren el cristal no podrán traerlo de vuelta.

- ¡No!.- exclamó el muchacho atrayendo la atención de los dos ancianos.

-¿No?.- inquirió molesto por la intromisión el hombre de la barba.- Que quieres decir con eso. Nuestra misión es velar por el bienestar de nuestro mundo a cualquier precio. Ya deberías saberlo Dain.

- Y lo sé.- bajó la mirada avergonzado.- es solo que preferiría hacerlo sin tener que sacrificar la vida de nadie. La chica es un instrumento, no es la culpable del destino que se le marcó desde antes de nacer y me parece injusto que la sacrifiquemos sin antes haber intentado algo más.

- Dain.- habló con dulzura el hombre.- Entiendo como te sientes pero debes comprender que no siempre se puede salvar a todo el mundo.

- ¡Pero se puede intentar!.-protestó el chico.

- Es lo que hemos estado haciendo todo este tiempo, desde que descubriste hace cuatro años quien era la portadora.

- Lo sé... por eso os pido más tiempo. Durante estos cuatro años creo que la he llegado a conocer lo suficiente como para afirmar que si le damos una oportunidad luchará con todas sus fuerzas contra su destino. Ella no lo pidió.- comentó tristemente.- Igual que yo no pedí el mío.

- Dain....- lo miró con tristeza el anciano.-  Solo las has observado, ¿cómo puedes pensar que la conoces tanto como para asegurar lo que acabas de decir si solo hablaste con ella una vez y durante apenas diez minutos?

- Porque nos parecemos.- susurró el joven cerrando los ojos.

            Ante esta respuesta los dos hombres intercambiaron una mirada y asintieron con la cabeza en señal de acuerdo.

- Dain.- habló el otro.- aunque no lo creas a nosotros tampoco nos agrada la idea de matarla pero no podemos esperar más tiempo. La chica aún no ha desarrollado todo su poder y por eso aún esta a nuestro alcance el acabar con ella. Si esperamos más tiempo perderemos una gran oportunidad.

- Pero... .- intentó hablar el chico pero las palabras se le atoraron en la boca.

- Sin embargo.- continuó el otro.- entendemos lo que sientes. Es muy duro sobrellevar la carga de un destino que se nos es impuesto desde pequeños... como es tu caso...  por eso, vamos a darte una última oportunidad.

            Dain los miró esperanzado.

- Encuentra ese cristal antes que nuestros enemigos y salvarás su vida. Tienes tres semanas.

Tres semanas después, en el palacio real de la Luna

- Princesa, por favor, os lo suplico, poneros el vestido.

- No me gusta.- respondió una niña de cabello dorado y ojos azules que se dedicaba a saltar con alegría sobre su enorme cama blanca sin importarle aparentemente los esfuerzos de su doncella por conseguir que se vistiera.

- Pero la reina ha mandado que os lo pongáis.- intentó convencerla la joven.

- No ha sido mama.- dejó de brincar la pequeña.- ha sido Luna.

- La consejera Luna eligió el vestido pero fue la reina quien ordenó que se os preparara para la ceremonia.

- ¿A sí?.- preguntó dudosa la princesa.- ¿Mama quiere que vaya?

- ¡Claro!.- exclamó esperanzada la doncella.- Para ella es muy importante que vayáis es por eso que debéis poneros el vestido.

- ¡Está bien!.- gritó Serena llena de alegría mientras bajaba de la cama y corría a abrir su armario.- ¡Pero me pondré este que es mucho más bonito!.

            La doncella palideció cuando vio como la princesa sacaba del armario un vestido largo de tirantes, de color rosa y con conejitos.

- Pe... pe... pero... pero princesa.- tartamudeó la pobre muchacha.- ese vestido no es apropiado para la ocasión.

- ¡Pero es el más bonito!.-contestó la pequeña mientras se quitaba su camisón de conejitos y se ponía el vestido.- ¡Seguro que a mama le encanta!

- ¡Lo que a vuestra madre le dará será un ataque de nervios si os ve aparecer vestida de esa forma!.- gritó muy enfadada una joven de ojos  azules y larga cabellera negra que acababa de entrar a la habitación de la princesa.

            Serena palideció al ver quien era.

- Giselle puedes retirarte, yo me encargo de la princesa.

- Como mandéis, consejera Luna.- se inclinó la doncella mientras suspiraba aliviada y se apresuraba a salir de allí.

- Esto... hola Luna.- saludó la pequeña mientras retrocedía unos pasos al ver lo enfadada que estaba su nana.

- Se puede saber por qué aún no te has puesto el vestido blanco.- preguntó cruzada de brazos.

- Es que no me gusta.- respondió Serena temerosa.

- Nadie dijo que tuviera que gustarte.

- Pero... pero... ¡tengo muchos más! ¿Por qué tengo que ponerme el blanco? ¡Es horrible!.- lloriqueó la pequeña.

- Te lo he explicado un montón de veces.- suspiró Luna.- Es el vestido que debes llevar para las ceremonias. ¡Es una tradición!

- ¡Pues no lo quiero!

- ¡Pero te lo pondrás!

- ¡No me lo pondré!

- ¡Princesa! Si seguís así tendré que castigaros.

- Me da igual.- respondió encabezonada.

- ¿Qué os da igual?.- inquirió Luna que a estas alturas comenzaba a parecer una olla a presión de lo roja que estaba.- Acaso queréis que me enfade de verdad y le cuente a la reina lo mal que os estáis portando.

- No... eso no.- gimió Serena abandonando su postura rebelde.- No quiero que mama se enfade conmigo.

- ¿Te lo pondrás entonces?.- preguntó la consejera aliviada. Nunca le había gustado tener que reñir a la princesa y menos aún tener que amenazarla con avisar a su madre pero a veces era la única forma de conseguir que obedeciera.

- Sí.- respondió sumisa la pequeña mientras se quitaba el vestido rosa de conejitos y se ponía el blanco.- Me lo pondré.

- Muy bien princesa. Y ahora que te lo has puesto ven aquí a que te peine.- ordenó Luna.

            Sin rechistar, Serena cogió el cepillo y los lazos, se los dio a Luna y se sentó en su regazo. La joven sonrió y comenzó a tararear una canción mientras peinaba a la niña para que se le pasara el enfado. Justo cuando estaba terminando de peinarle la última coleta se oyó la voz de una chica que acababa de entrar a la habitación.

- ¿Aún no estas lista gatita? ¡No me digas que no piensas venir a mi fiesta!.- exclamó alegremente una alta rubia de pelo corto.

- ¡¡¡Haruka!!!.- exclamó la princesa muy feliz mientras se separaba de Luna y se lanzaba a los brazos de la recién llegada.

- ¿Tu fiesta?.- preguntó una chica de cabello verde agua fingiendo estar enfadada.-¿Desde cuando es tu fiesta?

- Esto... pues creo que desde que no lo apostamos en una carrera y  te hice morder el polvo.- se burló Haruka.

- ¿Qué me hiciste morder polvo? Y yo que creía que fuiste tu la que se estrelló contra aquel camión de estiércol por las prisas.- respondió la chica juguetonamente.

- Esto... pues...  esto... puede ser.- se sonrojó la rubia.

- Y tu, pequeña princesa, ¿no piensas saludarme?

- ¡¡¡Michiru!!!.- exclamó Serena muy contenta mientras soltaba a Haruka y corría a los brazos de Michiru. Sin embargo, una señal de esta la hizo detenerse a medio a camino.

- ¿Princesa?

- ¡Ah! ¡Es verdad!.- respondió la niña sonrojada.- Estoy encantada de volver a veros princesa Michiru.- saludó mientras hacía una ligera reverencia.

- ¡Así me gusta, pequeña princesa!.- la felicitó Michiru con un beso.- Tenéis que cuidar vuestros modales porque sino terminareis siendo una marimacho como Haruka.

- ¡Eh!.- protestó la aludida ante las carcajadas de sus dos amigas.

- Cof, cof, cof.- tosió Luna para hacer notar su presencia.- Es un placer teneros de vuelta   pero la princesa aún no está lista.

- Falta mucho Luna.- preguntó Michiru.

- Tan solo que termine de peinarla.

- ¡Ah bueno! Eso no es problema, Michiru la peinará y, después, yo la llevaré al salón del trono con la reina antes de que empiece la ceremonia.- propuso Haruka ignorando la amenazante mirada de la aludida.

- No sé si será una buena idea.

- ¡Por favor!.- suplicó Serena con ojitos de cordero degollado.- ¡Por favor!

- .............

- ¡Por favor!

- Está bien.- suspiró al fin Luna.- Pero no tardéis y no dejéis que os convenza para ponerse el vestido rosa. ¿De acuerdo?

- ¡Sí!.- afirmaron ambas compañeras.

- Entonces nos vemos luego.- se despidió la consejera.

            Y en cuanto Luna hubo salido de la habitación Serena corrió en busca de su vestido rosa y se lo dio a Haruka para que se lo pusiera.

- Gatita, no te lo puedo poner, Luna ha dicho que no.

- Entonces... .- torció la boca en un puchero.- ... ¡ponme este otro!.- pidió mostrándole a Haruka un vestido blanco con pequeñas rosas rojas.

- Gatita... .- le riñó la princesa de Urano.

- Luna ha dicho que no podía ponerme el rosa pero no ha dicho nada de este.- argumentó la pequeña con una sonrisa.

- Es una chica lista.- comentó Michiru.

- ¿Eso crees?.- le guiñó un ojo la rubia.-Vamos a ver gatita, no puedo dejarte que te pongas otro vestido porque cuando una es tan pequeña como tu tiene que ponerse la ropa que le digan.

- ¿Y cuando podré elegirla yo?

- Pues... cuando crezcas unos cuantos centímetros más, mas o menos hasta esta altura.- le sonrió Haruka colocando una mano tres cabezas por encima de Serena.- Y ahora qué.. ¿no tienes nada que objetar?.- se dirigió a Michiru con mirada retadora.

- Mmmmm... esta vez los hechos hablan por si solos.- respondió la princesa de Neptuno al mismo tiempo que cogía con suavidad la barbilla de Haruka y le giraba el rostro hacía donde ANTES había una enorme silla.

            Y digo antes porque ahora la silla se encontraba a escasos centímetros de Haruka y Serena estaba subida a ella, consiguiendo así alcanzar la altura establecida por la joven.

- ¿ No fue así como te la jugó hace seis años, cuando hicimos de niñeras? ¡Eh , listilla!.- se burló Michiru de la cara de espanto de su mejor amiga.

- ............ .- respondió Haruka.

En la sala contigua a la de ceremonias

- Luna, ¿dónde está mi hija?.- preguntó la reina a su amiga mientras ambas esperaban en una habitación contigua a la del trono la llegada de los invitados.

- Veréis mi reina, cuando la estaba peinando aparecieron Michiru y Haruka y me pidieron hacerse cargo de ella. Dijeron que terminarían de arreglarla y la traerían aquí antes de que empezara la ceremonia.

- ¿En serio? No me parece...

- ¡¡¡Mama!!!.- saltó una niña rubia a los brazos de la reina.

- Hola mi ángel, ¿estás lista? ¿sabes lo que tienes que hacer?

- ¡¡Sí!! Tengo que sentarme a tu lado y estarme muy quieta y en silencio.- respondió la princesa colocando un dedo en los labios de su madre mientras reía sin parar.

- Eso es mi niña. Por cierto Luna ¿y este vestido?

- ¿Te gusta mama? ¿ A qué es muy bonito?

- No es el apropiado pero ya no tenemos tiempo de cambiarte, ¿Luna?.- volvió a preguntar la reina con severidad.

- Lo siento mi reina, no volverá a pasar.- se disculpó la joven mientras miraba de reojo a Haruka que estaba junto con Michiru en el umbral de la puerta.

- Eso espero. Vamos mi ángel tenemos que entrar.

- ¿Haruka?.- inquirió Luna muy molesta en cuanto la reina se hubo marchado.

- No es el vestido rosa de conejitos.- respondió la aludida mientras se encogía de brazos y su acompañante reía por lo bajo.

En la sala del trono ( la sala de ceremonias )

            La reina Serenity se encontraba sentada en una hermosa silla plateada de terciopelo blanco ( el trono de la reina). A su derecha se encontraba el trono del rey, que llevaba vacío desde hacía ya ocho años y, a su izquierda, había una  silla idéntica a la suya pero más pequeña. Serenity la había encargado especialmente para su hija quien se encontraba sentada en ella en silencio y mirando todo a su alrededor con gran curiosidad.

            La habitación era muy amplia y tenía unos grandes ventanales que daban a los jardines lunares.  En el centro de la sala se encontraba tallada en el suelo la misma estrella que en la sala de reuniones y en los laterales del trono había colocadas ocho sillas en donde se encontraban sentados los ochos regentes del resto de planetas de la alianza. Los invitados a la ceremonia estaban distribuidos a ambos lados de la sala procurando no pisar la estrella tallada.

            Cuando la reina consiguió acallar el tumulto general dio la señal a Luna para que abriera la puerta de la habitación. Inmediatamente, aparecieron cuatro chicas ataviadas con elegantes vestidos. Se trataba de las princesas de Urano, Neptuno, Plutón y Saturno que habían terminado su entrenamiento e iban a ser nombradas outer scouts. La primera en aproximarse fue Haruka quien se colocó sobre la punta de estrella que tenía el signo de Urano y se arrodilló ante la reina y la princesa. Les juró lealtad eterna y acto seguido la anterior scout de Urano se aproximó a ella y, muy orgullosa, le entregó su pluma de transformación. Inmediatamente, la joven invocó su poder y donde antes se encontraba una alta rubia apareció ahora la poderosa scout del viento.

            Michiru y Setsuna repitieron los movimientos de su compañera, y fue solo cuestión de tiempo que ellas se convirtieran también en scouts.

            Cuando llegó el turno de Hotaru, la joven tardó unos segundos en reaccionar. Estaba tan contenta y emocionada que no notó la sombra que la observaba desde uno de los rincones de la habitación. Hacía unos segundos no estaba allí.

            Siguiendo el protocolo, la princesa de Saturno se colocó sobre el signo de su planeta, juró fidelidad a la reina y a la princesa y espero impaciente a que la antigua sailor saturno le entregara su pluma de transformación. Sin embargo, antes de que llegara a tocarla, un poderoso rayo de energía salió disparado desde una de las esquinas de la sala y chocó contra la pluma destruyéndola completamente.

            Instantáneamente todos los presentes se pusieron en alerta, pero al desconocido le llevó solo unos instantes conseguir, con su poder, paralizarlos a todos ( incluso a la reina y a las nuevas outer scouts )

            Con una sonrisa se acercó hacia Hotaru ( que era la única que no estaba paralizada )

- Así que tu eres la famosa Hotaru.- comentó el desconocido con algo de desprecio.- A seres como tu no se les debería permitir vivir, pero no te preocupes, estoy aquí para arreglar esa situación.

- ¿Quién? ¿Quién eres tu?.- preguntó Hotaru lista para luchar si era necesario.

- Eso no tiene importancia.- y acto seguido el desconocido invocó una gigantesca bola de energía.- No intentes enfrentarte a mí, tu escudo de energía no es todavía lo suficientemente fuerte como para resistir mi poder y si utilizas tus otras armas lo único que conseguirás será acabar con la vida de la mitad de los presentes, pero no con la mía... eso, te lo puedo asegurar.

            Hotaru apretó los dientes impotente. Sentía que el desconocido era muy poderoso y sabía que tenía razón, utilizar su máximo poder no acabaría con él, no si antes no se transformaba en saturno pero aquel hombre había destruido su pluma. La única opción que le quedaba era utilizar su escudo y rezar porque ocurriera un milagro, tal vez alguna de sus compañeras consiguiera salir del estado de parálisis, tal vez la reina pudiera hacer algo, tal vez...

            La bola de energía que se dirigió hacia ella no le dio más tiempo para divagar. Con una rapidez asombrosa invocó el escudo y fue solo cuestión de tiempo que este comenzara a resquebrajarse. En solo unos segundos, el escudo se rompió y la bola  impacto en ella ante la mirada de preocupación de todos los presentes. El hombre sonrió y se acercó a ella dispuesto a darle el golpe final, sin embargo, antes de que la alcanzara, apareció un chico, un chico que a Hotaru le resultó tremendamente familiar y que se interpuso en el camino de la energía recibiendo él, en lugar de la chica, el golpe.

- ¡Dain!.- exclamó el desconocido sorprendido.- ¡¡Qué demonios estas haciendo!!

            Hotaru palideció al escuchar el nombre.

- No lo hagas, no es necesario.- fue lo único que consiguió decir antes de caer inconsciente.

            El hombre se acercó al chico y lo cogió en brazos apartándolo de allí. Después dirigió su mirada furiosa hacia Hotaru.

- ¡Maldita seas! ¡¡Todo esto es por tu culpa!!

- De que hablas... yo no he hecho nada.

- Pero lo harás, ese es el problema.

            Y tras dejar al chico en el suelo, volvió a invocar su poder para acabar de una vez por todas con la portadora. Sin embargo, no notó que el resto de las sailor scouts, la reina y los reyes habían conseguido salir de la parálisis y antes de que supiera lo que ocurría Plutón le contraatacó con su “aullido de la muerte”. Después, mientras Urano ayudaba a Hotaru a levantarse, Neptuno se colocó a un lado del desconocido y lo atacó con su “mares y océanos”. Pero lo que la chica no notó es que aquel hombre estaba justo delante de su víctima y de Haruka por lo que cuando el ataque se dirigió hacia él, sonrió, y se desvaneció.

- ¡¡¡¡Haruka!!!!.- gritó la princesa muy angustiada al darse cuenta de lo que ocurría.- ¡¡¡Apártate!!!

            Sabiendo que no le daría tiempo a esquivar el planeta azul invocado por su compañera, Urano protegió a Hotaru con su cuerpo esperando que el impacto no la dejara muy mal herida ahora que estaba transformada en sailor scout. Pero la energía azul jamás llegó a su destino porque antes de que eso ocurriera la princesa Serena, sin que su madre pudiera hacer nada por detenerla, corrió hasta su amiga y se interpuso en la trayectoria  y, cuando  la bola de energía se encontraba a escasos milímetros de ella, el signo de la luna brillo en su frente con una luz deslumbradora que neutralizó por completo la amenaza. Después, la princesa se desplomó.

- ¡¡¡¡Serena!!!!

Continuará...

Menu

Hosted by www.Geocities.ws

1