Capítulo 5 : Hotaru y Setsuna
Habían transcurrido dos semanas desde aquel día en que Haruka
y Michiru tuvieron que cuidar de la princesa Serena. Desde entonces su actitud
con Urano cambió radicalmente; de un odio absoluto pasó a un profundo respecto,
y lo único que podía explicarlo era la reunión que ambas tuvieron con las
scouts de Urano y Neptuno y de la que se negaban a hablar. Sin embargo, el
tiempo había pasado y la curiosidad que sentían sus compañeras por el asunto
quedó eclipsada por la proximidad de las vacaciones.
Durante su largo entrenamiento en la Luna solo se les concedía
una semana cada cuatro meses para ir a sus planetas natales a visitar a su
familia. El día se acercaba y todas lucían felices en menor o mayor medida,
todas menos una: Hotaru.
El día de la partida se levantó de muy mal humor y aunque
nunca había sido muy habladora aquel día no abrió la boca para nada. Setsuna
que compartía habitación con ella y era, tal vez, la que más la conocía intentó
sonsacarle algo pero lo único que consiguió fue que la tratara más fríamente
que nunca.
Lo cierto es que desde que la conoció Hotaru había sido
siempre una persona extraña. Siempre estaba seria, raras veces sonreía
y la mayor parte del día lo pasaba encerrada
en su habitación leyendo o estudiando. En el entrenamiento era fría y calculadora,
nunca realizaba ningún ataque sin antes pensárselo dos veces y cuando lo hacía
lo llevaba a cabo con absoluta crueldad, sus ataques siempre habían sido los
más poderosos y destructivos de las
cuatro pero a ella no parecía afectarle el hecho de que usarlos infligiría
un gran daño.
No obstante, era curioso que pese a todo el poder destructivo
que poseía que con el paso del tiempo le había valido el apodo de la guerrera
de la destrucción poseyera otro tan hermoso como el de la curación. Hotaru
era la primera y por ahora única persona capaz de curar las heridas con un
solo toque de su mano.
Con el paso del tiempo y el roce continuo Setsuna se había
ido acercando cada vez más a ella hasta llegar a conseguir que esta le revelara
parte de su alma, aquella que le había mostrado que bajo toda aquella apariencia
de frialdad e indiferencia se ocultaba un ser humano sensible que temía su
poder y su destino. Setsuna sabía que Hotaru tenía una mente privilegiada,
una mente que le permitía ver más allá de lo cotidiano para aventurarse en
un universo cósmico que ella no lograba entender. La pequeña princesa de Plutón
había llegado a pensar que Hotaru verdaderamente había visto su futuro y que
era esa visión lo que la mantenía apartada de todo y todos.
Sin embargo y, pese a todo esto, Hotaru se había abierto
a Setsuna, tal vez, su única amiga en el mundo pero para frustración de esta
Hotaru volvía a cerrarse negándose a contarle porque no quería volver a su
casa cuando ella siempre había esperado la llegada de esos escasos días con
ilusión.
Tal vez, nunca lo sabría.
Setsuna corría por los largos corredores del palacio
de Plutón en dirección a la sala de meditación como la llamaban en
secreto su padre y ella. Se trataba de un pequeño cuarto oscuro y vacío que
sería algo tétrico sino fuera por los hologramas que lo decoraban. Representaban
todas las constelaciones hasta ahora conocidas ( que eran bastantes, por cierto
) y parecían brillar con luz propia de forma que al mirarlos daba la sensación
de que uno estaba flotando en el espacio y que con una sola mano podría alcanzar
hasta la estrella más recóndita del vasto universo.
Su padre solía ir allí cuando necesitaba reflexionar sobre
algo y a veces la llevaba con él, como si su presencia le ayudara a tomar
decisiones.
Cuando alcanzó la gran puerta de cristal negro del cuarto
se detuvo y con cuidado y algo de timidez la abrió y entró. Su padre estaba
en el centro de la habitación, sentado en el suelo y con los ojos cerrados.
En sus manos descansaba una pequeña esfera de cristal plateada que brillaba al ser atravesada por el poder que
fluía del rey Cronos. Setsuna no sabría decir el tiempo que estuvo allí parada, en silencio, contemplando
a su padre, grabando cada una de las facciones de su rostro en su mente.
De pronto, el rey abrió los ojos y se quedó mirando fijamente
a la pequeña para después hacer desaparecer la bola de cristal y sonreírle.
-
Setsuna... .- susurró mientras le indicaba a su hija que se sentara a su lado.-
Hace mucho tiempo que no nos vemos, ¿cuatro, cinco meses?.
- Ocho meses, padre.
- Oh, sí!!! Ocho meses. Siento
mucho no haber podido estar contigo en tu última visita. Mañana es tu cumpleaños,
¿no?.
-¡¡¡Sí!!!.-
exclamó muy contenta de que su padre lo recordara.- Tía Rea ha dicho que haríamos
una gran fiesta y que podría invitar a todos mis amigos y que habría muchos
pasteles y dulces y que...
-
Shhh.- la silenció Cronos colocándole con dulzura un dedo en los labios.-
Lo sé, pero yo no podré estar allí. Esta noche me marcho de viaje, he de ir
a Urano.
-
Pero... pero... ¿por qué? ¡Es mi cumpleaños!.- gimió Setsuna con lágrimas
en los ojos.
-
Trabajo mi niña, sé que algún día lo entenderás pero antes de irme quiero
enseñarte una cosa.
-
¿Mi regalo?
-
No solo eso.
Cronos se levantó y tomó de la mano a su hija. Juntos salieron
de la habitación y se dirigieron al centro del castillo, a la parte más alta,
en donde había una puerta doble de oro decorada con figuras en plata de relojes
y estrellas. Al atravesar esta puerta que no todo el mundo podía abrir se
encontraron en un amplio espacio blanco que parecía no tener dimensiones y
que estaba cubierto por una espesa niebla. Con un gesto de su mano el rey
Cronos la hizo desaparecer y en su lugar aparecieron tres puertas de hierro
sin ningún tipo de decoración.
-
Ves estas puertas Setsuna, representan el pasado, el presente y el futuro
que solo le son revelados a quienes pueden abrirlas.
-
¿Tu puedes abrirlas padre?
-
No mi niña, no puedo.- respondió con una sonrisa.- Pero estoy seguro que tú
si puedes.
-
La reina dice que no podré abrirlas hasta que no me convierta en una verdadera
sailor como tía Rea.
Cronos guardó silencio durante unos instantes como si estuviera
meditando algo y después miró a Setsuna muy serio.
-
¿ Te gustaría hacerlo Setsuna ? ¿ Te gustaría poder abrirlas para conocer
el pasado, el presente y el futuro ?
-
No lo sé.- respondió la pequeña tras pensarlo unos segundos.- La verdad es
que me encantaría poder ver el pasado para entender muchas cosas, poder acceder
al presente para ver a las personas que quiero en cualquier momento y poder
conocer el futuro para saber lo que va a pasar con antelación y poder evitarlo
si es malo pero al mismo tiempo siento que no debo hacerlo porque puede ser
peligroso pero no sé por qué.
-
Sabía que dirías eso mi niña.- le dijo el rey mientras la abrazaba con fuerza.- Lo cierto es que el hecho de poder conocer
lo que nos depara el futuro es un gran don pero a la vez es una maldición
porque ese don supone una gran responsabilidad.- tomó aire.- ¿ Lo entiendes
?
-
No mucho.- respondió la princesa con curiosidad.
-
Veamos... imagínate que un día abres la puerta del pasado para saber, por
ejemplo, como murió alguien a quien apreciabas mucho y descubres que esa persona
fue asesinada y que el asesino sigue en libertad y sin haber recibido un justo
castigo. Para hacer justicia abres la puerta del presente para espiarle y
poder encontrar una prueba que lo inculpe pero cuando lo haces descubres algo
más que en el futuro puede llegar a destruir algo importante para ti por lo
que abres también la puerta del futuro para comprobar hasta donde puede llegar
el asunto para saber si debes intervenir o no pero entonces notas que aunque
el no intervenir puede provocar la destrucción de todo lo que amas el hacerlo
puede destruir algo bueno que se derivaría de tal destrucción. ¿ Qué harías
tú en esa situación ?
-
Hubiera abierto solo la puerta del pasado y la hubiera atravesado para impedir
el asesinato así no tendría que haber abierto las puertas del presente y el
futuro y preocuparme por lo que debía o no hacer. Creo que cuanto menos abras
las puertas mejor.- respondió Setsuna muy segura de haber dado en el clavo
pero la mirada seria de su padre le hizo ver su error.
-
No se puede cambiar el pasado, está prohibido.
-
¿Prohibido? Pero, ¿por qué? ¿Qué sentido tiene el poder acceder al pasado
si no puedes cambiarlo?
-
El cambiar el pasado supone cambiar el presente y el futuro pero como el tomar
la decisión no supone su ejecución inmediata no podrías saber de ninguna forma
como afectaría ese cambio al futuro pues lo que habría detrás de las otras
dos puertas en ese momento se correspondería con el pasado no cambiado. La
puerta del pasado existe como medio de información solamente, es la única
que nunca debe atravesarse.
-
Pero el que no se deba atravesar no significa que no se pueda hacer, ¿no?.
-
Exacto, pero ten en cuenta que el tomar la decisión de atravesarla o permitir
que la atraviesen conlleva una gran responsabilidad que no todo el mundo está
preparado para tomar, ni siquiera su guardiana. Esa es la razón por la que
se prohibió cambiar el pasado. Al fin y al cabo, una vez que el pasado ha
cambiado no se puede volver a cambiar para que todo sea como antes porque
el hacerlo podría provocar una paradoja en el tiempo que desembocaría en la
destrucción del universo. ¿ Lo entiendes ahora ?
-
Sí padre.
-
Bien, entonces ahora vuelve a responder a mi pregunta.
-
Creo que tu pregunta no sé puede responder sin tener más información. Habría
que evaluar que futuro de los dos que se derivarían de tu intervención sería
mejor o peor e incluso en ese caso no se podría estar seguro de qué hacer
porque nadie tiene derecho a decidir quien debe vivir y quien morir.- suspiró.-
Lo mejor sería que jamás se abrieran ninguna de las tres puertas.
-
Lo has entendido a la perfección.- sonrió Cronos orgulloso de su hija.- Es
por eso que tu principal misión como sailor Plutón será proteger estas puertas
para que nadie las atraviese nunca y tampoco las abra. Sin embargo, si alguna
vez te ves obligada a abrir alguna no te sientas culpable tan solo deja que
tu corazón te guié, de él proceden tus poderes de sailor, que en tu caso están
conectados con el tiempo y por ello nunca te equivocarás porque de
cierta forma el tiempo y tú sois dos mitades de un todo.
Setsuna se quedó mirando a su padre como si fuera la primera
vez que lo veía. No entendía del todo sus palabras pero su corazón ( y algo
más que había escondido en su interior y que no podía descifrar ) le decía
que estaba en lo cierto. A partir de ese día Setsuna se sintió más unida que
nunca a su padre porque por vez primera empezaba a comprender muchos de los
misterios que siempre parecían rodearle.
-
Bueno.- interrumpió Cronos el rumbo de sus pensamientos.- Ahora solo falta
tu regalo de cumpleaños.
-
¡¡¡Sí!!! .- gritó Setsuna entusiasmada.- Pero.. .- miró a su alrededor.- ¿dónde
está?
-
Lo sabrás pronto.- sonrió.- ¿Ves la puerta del presente?
-
Sí.
-
Quiero que te acerques a ella y que concentres tus pensamientos en el regalo
así la puerta se abrirá y te conducirá directamente a él.
-
Pero... .-torció el rostro en una mueca de disgusto.- Yo no puedo abrir la
puerta.
-
Setsuna.- la miró con seriedad.- Solo quiero que lo intentes, sino lo consigues
yo mismo iré a buscarlo. ¿De acuerdo?
-
¡Sí!.- respondió la princesa de Plutón mientras se acercaba a la puerta.
Colocó una mano sobre el pomo, se concentró en su regalo y empujó. Inmediatamente la puerta
se abrió mostrando la sala de meditación en donde ahora había un pequeño paquete
verde con un gran lazo rojo. Muy contenta la pequeña atravesó la puerta seguida
de su padre quien la cerró y al instante esta desapareció.
Mientras Setsuna prácticamente destrozaba el envoltorio
del paquete Cronos la miraba con una expresión que revelaba una gran felicidad
pero a la vez también una profunda tristeza.
Cuando la futura scout de Plutón terminó de desenvolver
su regalo se encontró con unos preciosos pendientes de cristal en forma de
rombo que tenían en su interior una especie de lucecita que no dejaba de brillar.
Setsuna se los colocó feliz y corrió a abrazar a su padre que la recibió con
los brazos abiertos.
-
¡Muchas gracias padre!
-
Pensé que te gustarían, al fin y al cabo vas a cumplir 13 años, ya eres toda
una mujercita.
-
¡Sí! Son preciosos y además...
-
Setsuna.- la interrumpió el rey.- eres consciente de que acabas de abrir la
puerta que según la reina y tu tía aún no deberías haber podido abrir.
-
No había pensado en ello.- dejó de reír la joven.
-
Escúchame Setsuna, es muy importante que no le digas a nadie nada de esto
y que no vuelvas a acercarte a las puertas hasta que la reina Serenity determine
que ese día ha llegado y cuando eso ocurra tampoco deberás mostrar entonces
que no es la primera vez que lo haces. ¿ Entiendes bien?
- Yo... creo que sí... se ha abierto porque algo malo va a ocurrir, ¿verdad?
- Sí mi niña, pero tu no tienes que preocuparte de nada, al menos, aún no.
Hacía una semana que estaba en casa y después de ese breve periodo
de tiempo que a ella le pareció eterno por fin podría volver a la Luna.
Lo extraño era que ella siempre había
adorado su hogar, era un lugar frío y solitario en el que podía ocultarse
y soñar que huía de su destino. No era que tuviera el don de ver el futuro
como sabía que Setsuna pensaba era solo que de alguna manera el que la mayoría
de sus poderes estuvieran relacionados con la destrucción le había concedido
una percepción nada envidiable de la proximidad de la muerte y ella sentía,
lo había sentido desde pequeña, que esta estaba cerca, muy cerca, que la rondaba
constantemente y que a causa de esto todo el que se le acercara correría su
misma suerte.
Sin embargo, no había podido evitar acercarse a Setsuna
porque en el fondo era lo que su corazón deseaba ardientemente y sabía que
posiblemente ella sería la única persona que no se vería afectada por su sino.
No era una corazonada, era una certeza. Pero entonces, ¿por qué no había confiado
en ella? Tal vez, porque temía la
verdad.
Hotaru se encontraba en su habitación en el palacio de Saturno.
Estaba asomada por la ventana contemplando el sombrío y triste paisaje de
su planeta natal que parecía haber sido hecho a imagen y semejanza de su alma.
Estaban
a finales de Diciembre y creía recordar que por esas fechas se celebraba en
la Tierra una fiesta especial en la que toda la familia se reunía y sus miembros
comían y reían de felicidad por estar de nuevos todos juntos, aunque claro,
tampoco era muy seguro, ella nunca había estado en la Tierra porque desde
lo que ocurrió con el rey Helios se había convertido en un lugar prohibido. Todo lo que sabía se lo había contado su padre.
“Su padre”, sonrió con ironía.
Su padre parecía que rehuía de ella, siempre que venía de visita él nunca
estaba y de las pocas veces en las que le había visto ( la mayoría antes de
comenzar su entrenamiento en la Luna ) la había tratado con indiferencia como
si su presencia fuera algo secundario. A veces deseaba que su madre no hubiera
muerto al nacer ella, hasta en eso la muerte la había acompañado. A lo mejor
su padre lo sabía y por eso no la quería, pensó con amargura.
Se alejó de la ventana y se obligó a sí misma a alejar esos
pensamientos de su cabeza. Se puso su vestido violeta y bajó a darse una vuelta.
Caminó durante bastante tiempo sin rumbo fijo y al final
terminó, como siempre, en el lago
que estaba detrás de palacio. El agua era oscura y no había vida en ella,
además, nadie solía ir a aquella zona porque corría el rumor de que en las
profundidades del lago estaba encerrado el espíritu de la primera Sailor Saturno
quien había sido poseída por el mal y, en un arrebato de destrucción, había
arrasado con gran parte del sistema solar. Su poder llegó a ser tal que tan
solo el rey Eos, primer gobernante de la Luna, había podido detenerla pero
para hacerlo había pagado con su vida al
utilizar todo el poder del sagrado cristal de plata.
Nunca había creído en esa historia pero al menos gracias
a ella el lago estaba siempre vacío. Al menos, hasta entonces.
Una figura permanecía en la orilla del lago escondida entre
las sombras. Parecía un niño de la edad de Hotaru o tal vez un poco mayor.
Estaba concentrado en contemplar el agua y no notó la presencia de la princesa,
sin embargo, cuando esta retrocedió para marcharse de allí tropezó con una
piedra y el chico se giró.
Unos enormes ojos negros la miraron con curiosidad captando
toda su atención. El muchacho se acercó a ella y le tendió una mano para ayudarla
a levantarse. Al acercarse, Hotaru pudo ver que tenía el pelo de color violeta,
del mismo tono que sus propios ojos y que vestía un pantalón y una camisa
negra que lo hacían parecer mayor. La princesa alargó la mano para coger la
del muchacho y cuando lo hizo una extraña sensación de calor la invadió, haciendo
que se sintiera extraña.
-
¿Estás bien?.- preguntó el chico sacándola de su ensoñación.
-
Esto... sí... es que... bueno... lo que pasa... es... .-tartamudeó sin lograr
articular una sola palabra.
-
Invadí tu espacio.- comentó con naturalidad.
Hotaru se quedó paralizada. ¿Cómo sabía él que ese era su
rincón?
-
Te he visto venir a veces, eres la única que lo hace y siempre vienes sola.-
respondió a su muda pregunta.
¿Podía leer el pensamiento?¡¡¡Espera un momento!!! ¿La espiaba?
¡¡Pero quién demonios era ese chico!!!
-
De vez en cuando vengo por aquí y a veces estas tú, siempre trato de marcharme
sin que te des cuenta pero .- sonrió por vez primera.- parece que en esta
ocasión se invirtieron los papeles.
-
¿Có... có... cómo?¿Cómo sabes lo que estoy pensando?
-
No estoy leyendo tu pensamiento si es lo que crees, no puedo hacerlo. Lo veo
en tu mirada, es muy expresiva. Me llamo Dain, ¿ y tú?
-
Ho.. Hotaru.
-
Hotaru... es un nombre muy bonito.- le dijo mientras la miraba fijamente haciéndola
sonrojar.- ¿Te parece que demos un paseo?
-
Está bien.- respondió sin creer lo que había dicho.
Y así fue como la solitaria y fría princesa de Saturno se
encontró paseando y charlando con un completo desconocido.
-
Este lugar es muy sombrío, ¿qué es lo que buscas aquí?
-
¿Qué buscas tú?
-
Yo pregunté primero.
-
Me gusta la soledad.
-
No lo parece.- respondió con suavidad y seguridad como si pudiera ver dentro
de ella.
- Te toca responder a ti.- cambió de tema la joven.
- Supongo que busco una respuesta.-suspiró.- aunque puede que nunca la encuentre.
-
¿Qué tipo de respuesta?
- Una que me diga porque no puedo elegir mi propio destino.
Hotaru guardó silencio, sabía
que él no diría nada más pero no importaba, lo entendía, ella se sentía igual. Esta idea
la hizo sonreír, se parecían.
-
Es muy tarde.- interrumpió Dain de
repente el silencio.- Será mejor que me vaya.
-
¿Tan pronto? Acabamos de conocernos.-se apresuró a añadir Hotaru sin darse
cuenta de lo que decía.
-
Ha sido un placer conocerte Hotaru, espero que volvamos a vernos algún otro
día.
-
Por supuesto, ahora tenemos un lugar en donde encontrarnos.- le sonrió.
El joven le correspondió la sonrisa y con dulzura le tomó
la mano y se agachó para besársela pero en ese momento unas imágenes cruzaron
su mente a una velocidad vertiginosa dejándolo paralizado y cuando se incorporó su mirada estaba llena
de temor. Sin decir una sola palabra más, soltó a Hotaru y se alejó de ella
corriendo como si acabara de encontrarse con el mismo demonio.
Hotaru lloró en el silencio del lago en donde día tras día después
del accidente había acudido con la esperanza de volver a ver a Dain, pero
él no había aparecido. Al fin y al cabo, por qué iba a querer volver a verla
a ella, un ser de muerte y destrucción.
Porque esa era la verdad que no se atrevía a revelar a Setsuna
y que la fría soledad del lago se encargaba de recordarle día tras día.