CAPÍTULO 4
: MICHIRU Y HARUKA
Habían pasado cuatro años desde la muerte del rey Helios,
cuatro años en los que la vida había seguido su curso natural sin incidente
alguno. La Tierra y la Luna no habían vuelto a mantener relaciones desde lo
ocurrido en la fiesta de celebración del nacimiento del príncipe Endymión
y la reina Serenity había tenido una preciosa niña de ojos azules y cabello
dorado que se había convertido en el mayor tesoro de la reina. Su pequeño
ángel ( como ella la llamaba ) había llenado el vacío que quedó en su corazón
tras la muerte de su amado esposo.
Este pequeño ángel se llamaba Serenity, aunque todo el mundo
la llamaba Serena para distinguirla de su madre, y
pese a su tres cortos años de edad era todo un torbellino: juguetona,
traviesa y curiosa. Por esta razón Luna, que se había convertido oficialmente
en la niñera de la princesa, temía aquellos días en los que la reina debía
ausentarse por cualquier asunto y le tocaba a ella cuidar de la pequeña. No
es que no la quisiera porque Serena era un encanto, sino que simplemente no
podía con ella ya que cuidarla le robaba hasta la última chispa de su energía.
Y hoy precisamente sería uno de esos días.
*****************
Apenas serían las siete de la mañana cuando sonó el despertador
de la habitación que compartían Michiru y Haruka en el palacio de la Luna.
Haruka, tan sutil como siempre, se limitó a darle un porrazo
para apagarlo y a darse media vuelta en su blandita cama para seguir durmiendo.
Michiru por su parte creyó oír algo desde las profundidades de su placentero
sueño, pero como el sonido apenas duró unos segundos, se dio también media
vuelta y siguió durmiendo... hasta
que entre las imágenes que poblaban su sueño se intercaló la de una mujer
alta, de largo cabello rubio, aspecto enfadado... y entonces lo recordó.
-
¡¡¡Haruka!!!!.- gritó con todas sus fuerzas mientras se levantaba de su cama.-
¡¡¡¡Despierta que se nos ha hecho tarde!!!!
-
¿Qué? ¿Cómo?.- preguntó Haruka algo adormilada al mismo tiempo que se restregaba
los ojos.
-
¡¡¡Qué son casi las ocho de la mañana!!! ¡¡¡Y para empeorar las cosas hoy
tenemos clase con Sailor Urano!!!!
-
¡¡¡¡Qué!!!!.- gritó Haruka espantada.- ¡¡¡Michiru se puedes saber por qué
no me has despertado antes!!!.- volvió a gritar enfadada mientras rebuscaba
entre su armario algo que ponerse.
-
Te hubiera podido despertar antes si hubiera oído el despertador pero mira
por donde el despertador está en el suelo hecho pedazos.- la miró con gesto
reprobador.
-
Y a mí qué.-la retó mientras adoptaba pose de chica dura.
-
Te recuerdo con quien hablas.- le respondió Michiru mientras le aventaba una
zapatilla en plena cara.
-
¡Auch!.- se quejó Haruka.- ¡Qué bruta eres!
-
No más que tú.
Y así, entre riñas, zapatillas voladoras y relojes triturados
Haruka y Michiru se vistieron a toda velocidad rezando por llegar a tiempo
a la clase de artes marciales pero, como era costumbre, todos sus esfuerzos
fueron en vano y volvieron a llegar tarde.
Urano, con una cara de los mil demonios, las estaba esperando
en la entrada del gimnasio. Cuando las vio llegar les indico que se reunieran
con Setsuna y Hotaru que habían llegado hacía ya
un buen rato, no sin antes echarle una mirada de pies a cabeza a Haruka quien
deseó que la Tierra se la tragara.
-
Bueno, ahora que Haruka y Michiru se han dignado a aparecer por aquí... .-
clavó su mirada en la de las dos acusadas que la bajaron avergonzadas.- podemos
empezar con la clase. Hoy os enseñaré algunas técnicas de defensa. ¡¡Haruka!!
-
Sí profesora.
-
Tu me ayudaras.
Haruka tragó salida y se acercó a Urano totalmente asustada más por la mirada que le había echado cuando la había llamado que por el peligro en sí. Pero claro, Haruka tenía su orgullo y por nada del mundo dejaría que esa profesora de tres al cuarto se diera cuenta de ello.
Urano se colocó de espaldas contra la pared del gimnasio y le indicó
a la pequeña que la golpeara con todas sus fuerzas. Esta ni corta ni perezosa(
y por qué no, emocionada ante la idea de poder golpear a su peor pesadilla
) intentó asestarle un directo derecho con todas sus fuerzas pero la profesora
lo evadió girando ligeramente el cuerpo para salir de la trayectoria del golpe
al mismo tiempo que hacía un bloqueo medio izquierdo y la golpeaba en el abdomen.
Después, la agarró del brazo y la golpeó en la sien para posteriormente agarrarla
del hombro y empujarla contra la pared. No obstante, no satisfecha con esto
le dio un codazo derecho en la cara y un rodillazo en el estómago.
Este último golpe dejó a Haruka muy dolorida quien cayó
al suelo ante las miradas de preocupación de sus compañeras. Michiru, muy
asustada, no tardó en ir en su busca para
ayudarla a levantarse.
-
¿Te encuentras bien Haruka?
-
Esto... creo que sí... .- respondió mientras se tocaba el cuerpo para cerciorarse
de que aún estaba completo.- parece que no tengo nada roto.
-
En ese caso continuaremos con la clase. Haruka vuelve a colocarte en posición.-
ordenó la profesora.
Haruka estaba a punto de obedecer cuando Michiru la tomó
de un brazo y la detuvo.
-
¡Haruka no puede continuar!.- exclamó Michiru.
- ¿No?.- inquirió Urano.- Y eso por qué.
-
Porque si continua así terminara matándola.
-
Eso crees.- pregunto la profesora sin expresión alguna en el rostro.
-
No lo creo, lo afirmó.- le contestó la princesa de Neptuno muy segura de sí
misma.- A usted no le importa en lo más mínimo el que podamos hacernos daño,
nos trata como si fuéramos sus peleles y encima ahora la ha tomado
con Haruka.
-
¿Tu también piensas igual Haruka?
Haruka no respondió pero la mirada de odio que le brindó
fue suficiente respuesta para Sailor Urano.
-
Esto ya es el colmo.- gritó esta vez muy enfadada.- No solo llegáis tarde
a clase todos los días sino que encima ahora os atrevéis a poner en duda mi
manera de enseñar. Muy bien, esto ya ha ido demasiado lejos, a partir de ahora...
Pero no pudo continuar porque la presencia de la reina Serenity
que acababa de entrar al gimnasio la interrumpió.
-
¿Ocurre algo Urano?.- le preguntó amablemente.
-
Lo de siempre mi reina.
-
Entiendo. Se trata del pequeño problema que me comentaste hace unos días.
-
Sí.
-
Entonces creo que será mejor que lo dejes en mis manos.
-
Pero majestad.- trató de protestar Urano pero una mirada de reproche de la
reina la hizo callar.- Esta bien, como vos deseéis.
-
Muchas gracias Urano, después hablaré contigo. Haruka, Michiru, seguidme.
Haruka y Michiru obedecieron y siguieron a la reina hasta palacio intrigadas por lo que esta
podría querer de ellas. Su curiosidad fue en aumento cuando Serenity se detuvo
delante de la puerta de la habitación de la princesa en donde Luna batallaba
con la pequeña intentando conseguir que se tomara su desayuno. Cuando Serena
se dio cuenta de la presencia de su madre corrió a esconderse detrás de su
vestido para que Luna no la atrapara. La reina se agachó y tomó a su ángel
en brazos mientras le besaba con ternura la frente.
-
¿Otra vez dándole problemas a la pobre Luna?.- su tono de voz fue tan dulce
que bien podría haberse confundido con el canto de un ruiseñor.
-
Majestad.- habló Luna.- ¿no deberíais estar de camino a Venus?
-
En realidad sí, pero decidí darme una vuelta por el gimnasio para ver como
iba la clase de Urano y me encontré con un pequeño problema.
-
¿Un problema?.- preguntó Luna preocupada.- ¿Qué clase de problema?
-
Oh, ninguno verdaderamente importante. Tan solo que Haruka y Michiru cometieron
una falta y deben ser castigadas.- respondió la reina mientras miraba de reojo
a las aludidas y dejaba a su pequeña en el suelo.- Y he decidido que como
castigo cuidarán durante un día de mi hija.
-
¡¡¡¡¡¡Qué!!!!!.- exclamaron a dúo las dos pequeñas mientras sus rostros adquirían
un débil tono blanquecino y Luna suspiraba de alivio.
-
Lo que habéis oído. Luna os indicará lo que tenéis que hacer y la cuidareis
hasta que regresé de mi viaje a Venus. Pero os recuerdo que si le llega a
pasar algo lo pagareis muy caro.- dijo con tono amenazador mientras las dos
futuras scouts tragaban saliva.- Ya tenéis doce años, va siendo hora de que
adquiráis un poco de responsabilidad. Luna, ven un momento.
Luna salió afuera con la reina y regresó sola unos segundos
después con una amplia sonrisa que le llegaba de punta a punta. Sin darle
tiempo a reaccionar a las dos pequeñas que aún continuaban en estado de shock
les hizo una lista con todo lo que tenían que hacer y lo que no y después
se marchó dejándolas totalmente solas o, casi, porque la reina le había indicado
que las vigilase sin que estas se dieran cuenta.
Mientras tanto, Haruka
y Michiru permanecían aún plantadas en mitad de la habitación sin moverse
mientras Serena las miraba con curiosidad. Hubieran preferido mil veces soportar
la furia de su tutora aunque les hubiera hecho correr durante horas a través
de un desierto sin agua y comida que tener que cuidar de esa niña y, si a
eso le aunaban el hecho de que si a la princesa le ocurría algo la reina podría
llegar a desterrarlas del Milenario de Plata pues... como que la perspectiva
no era muy halagüeña que digamos.
No pasó mucho tiempo antes de que la pelea comenzara.
-
¡¡¡Todo esto es por tu culpa!!!.- gritó Haruka muy enfadada. Serena la miró.
-
¡¡¡Cómo que por mi culpa!!!.- Serena miró a Michiru.
-
Si no hubieras hecho enfadar a la profesora, no estaríamos metidas en este
lío.- Serena volvió a mirar a Haruka.
-
Si no hubiera hecho enfadar a la profesora, tu estarías tres metros bajo tierra,
¡¡¡desagradecida!!!.- Serena se puso a llorar.
-
Bua, bua, bua.- lloraba con todas sus fuerzas mientras Michiru la miraba a
los ojos. Algo en la mirada de la princesa hizo que se sintiera mal y deseara
no volver a hacerla llorar.
-
Mira lo que has hecho Haruka, hiciste que llorara.- la recriminó Michiru mientras
tomaba a la princesa en brazos.
-
¡¡¿¿Yo??!!. Pues estamos apañadas.- dijo con gesto irritado.
-
Cuidarla es lo peor que podría habernos pasado pero no nos queda más remedio
que aceptar nuestro destino y el que discutamos no nos ayudará en nada.- comentó
Michiru con gran solemnidad ante lo cual Haruka se limitó a gruñir ( que en
su jerga quería decir que se aguantaría y no pelearía más ). - Además, no
puede ser tan temible como dicen todos, solo tiene tres años.
-
Eso díselo al pobre guardia que cayó
desde lo alto de la torre de palacio.
-
Fue su culpa por no tener cuidado cuando intentaba bajarla de la ventana.
-
Nada de eso hubiera corrido si la dichosa princesita no hubiera subido a la
torre.- comentó sarcásticamente Haruka.
-
Es una niña pequeña, sentía curiosidad.- la defendió
Michiru.
-
Bah! Eres una blandengue, apenas un minuto con ella y ya le has tomado cariño.-
se burlo Haruka.- qué será lo próximo que hagas, ¿ cantarle una nana ?
-
Je, je, muy graciosa. Haz algo y lee en la lista lo que tenemos que hacer.
-
Veamos... dice que tenemos que darle el desayuno, bañarla y jugar con ella
a... ¿qué pone aquí?... a sí, a los indios, ¿cómo demonios se jugará a eso?
-
Va, jugamos a otra cosa y ya esta.
-
Cierto y como ya Luna le ha dado de comer mejor comemos nosotras que aún no
hemos desayunado.
Y fue en ese momento cuando comenzaron los problemas porque
cuando Haruka se disponía a salir de la habitación en busca de su desayuno
la princesa saltó de los brazos de Michiru y se agarró a su pierna sin pensárselo
dos veces, impidiendo que Haruka pudiera moverse.
Haruka intentó que se soltara pero cada vez que acercaba
la mano para agarrarla y quitársela de encima, la pequeña lloraba con tanta
fuerza que los oídos de su pobre victima retumbaban hasta sus cimientos. Tras
una serie de intentos fallidos Haruka puso tal cara de desesperación que Michiru
se apenó de ella y fue a buscar a Serena volviendo a tomarla en sus brazos.
Aprovechando el momento Haruka corrió a la puerta para salir de allí pero
antes de que diera tres pasos la princesa volvía a estar sujeta a su pierna.
Y esta escena se repitió una y otra vez hasta que Haruka se rindió y Serena
se puso a bailar una especie de danza de la victoria ante la mirada de enojo
de Haruka.
-
Qué graciosa.- exclamó Michiru.- De seguro que tiene hambre y por eso no quiere
que nos vayamos.
-
Seguroooooo.- replicó Haruka con sarcasmo mientras tomaba una galleta y se
la daba a la princesa quien se limitó a tirarla lejos de ella y seguir bailando
su particular danza.- Muy seguro.
-
Bueno... todo el mundo puede equivocarse.-replicó Michiru con una gran gota
de sudor en la cabeza.
Después de esta particular muestra de cabezonería, llegó
el turno del baño que fue aún peor.
Mientras Michiru iba a buscar los accesorios de baño de
la princesa Haruka se quedó con la sencilla misión de desnudar a Serena.
Primero, le quitó los zapatos y el vestido blanco que llevaba puesto y, después,
se levantó a llenar la bañera de agua( que por cierto parecía más una piscina
que una bañera ).
Pero cuando se dio media vuelta para ver que estaba haciendo
la niña se encontró con que se había vestido ella sola. Maldiciendo por lo
bajo, Haruka se sentó en el suelo y le quitó un zapato a la princesa. La princesa
lo cogió y volvió a ponérselo. Haruka volvió a quitárselo y lo lanzó lejos
para que Serena no lo pudiera coger pero esta ni corta ni perezosa salió corriendo,
lo cogió y volvió a ponérselo para regresar después al lado de Haruka con
una gran sonrisa en el rostro.
-
Con que esa tenemos, ¡eh!. Pues ni pienses que vas a salirte con
la tuya mocosa.- Serena torció el rostro en una graciosa mueca como
si hubiera entendido el comentario de Haruka quien la agarró de su pequeño
cuerpecito con fuerza y le quitó los zapatos y el vestido muy enfadada para
después colocarlos dentro de un cajón situado a medio metro por encima de
la princesa.- Y ahora qué, pequeñaja.- sonrió triunfalmente, aunque la sonrisa
le duró poco al ver como Serena saltaba a un taburete que le proporcionó la
altura suficiente para llegar al cajón, abrirlo y colocarse de nuevo su ropa.
Justo en ese momento llegó Michiru.
-
¡Haruka! se puede saber por qué no le has quitado la ropa aún.- la riñó ante
lo cual la aludida se limitó a encogerse de brazos mientras Serena se reía
a más no poder.
Un poco más tarde la princesa jugaba en la bañera con un
patito de goma mientras Haruka y Michiru hablaban muy animadamente. Serena,
al sentirse ignorada, le lanzó un poco de agua a Haruka.
-
¡¡¡Ah!!!.- gritó Haruka al sentir el agua.- ¡Maldita mocosa! ¡Esta vez te
vas a enterar!.- y cuando se disponía a darle un buen escarmiento Michiru
la detuvo.
-
¡Haruka! Deja ya de hacer el ganso. No ves que solo estaba jugando.
-
Claro... y como solo está jugando por eso solo me moja a mí, solo se ríe de
mí y solo me deja sin desayunar a mí porque tu bien que te tomaste
tu parte cuando fuiste a buscar al estúpido pato.
-
Habría que ver que le has hecho para que solo te moleste a ti.- la acusó su
amiga.
-
¿Yo?.- inquirió Haruka indignada.
-
Sí, tu.- respondió Michiru con una sonrisa burlona.- La culpa es tuya por
ser tan grosera, mandona, gruñona, maleducada, etc.
Y ante cada apelativo Michiru miraba a la princesa quien
movía la cabeza en señal de aprobación mientras reía y hacía palmas en el
agua con alegría. Esto ya fue demasiado para Haruka
quien se levantó para agarrar a la princesa pero al hacerlo resbalo
y cayó de bruces en la bañera empapándose totalmente.
Michiru guardó silencio pero Serena, recobrada ya de la
impresión inicial, se acercó a Haruka y comenzó a jugar con su pelo mientras
reía muy animada. Haruka se limitó a mirarla con cara de pocos amigos y a
bufar resignada.
Tras el incidente en el baño Michiru se había encargado
de cuidar de Serena mientras Haruka se limitaba a mirarla enfadada y a traerle
cualquier cosa que la mocosa pudiera necesitar. Serían ya casi las
ocho de la noche cuando, totalmente agotadas, Michiru y Haruka acostaron en
su cama a la princesa y se dejaron caer en el suelo espalda contra espalda.
-
Creía que nunca se dormiría.- suspiró Haruka.
-
Parece que tu nana le gustó.- se burló Michiru.- No era que jamás le cantarías
una.
-
Ante situaciones drásticas medidas drásticas.- sentenció Haruka como si eso
lo explicara todo.- Lo importante es que ya se durmió, el día se terminó y,
con suerte, no tendremos que volver a verla nunca más.
-
Qué mala eres Haruka, yo me lo pase muy bien, es un encanto de niña.
-
¡Mentira!.- la acusó Haruka.- Lo que a ti te divirtió fue ver todas las calamidades
que me hizo pasar. ¿Quién es ahora la mala?.- le preguntó mientras le guiñaba
un ojo.
-
Bueno, a lo mejor tienes razón.- admitió Michiru algo sonrojada.- No sé por
qué pero me encanta estar contigo. Me gustaría pasar toda la vida a tu lado.-
le confesó mientras la miraba a los ojos.
-
Bueno... eso estaría bien, ¿no?.- comentó Haruka aún más roja que Michiru.-
qué siempre seamos amigas, ¿no?. Aunque... .- su cara adoptó una expresión
burlona.- debes admitir que te metes demasiado conmigo y tratarme un poco
mejor a partir de ahora no estaría nada mal.
-
Pero si lo único que hago es jugar.- se quejó en una graciosa mueca.- Además,
yo nunca te haría algo que te lastimará de verdad porque te quiero demasiado...
como amiga.- se apresuró a añadir.
-
Y yo a ti.
-
Lo sé.-exclamó Michiru mientras abrazaba a su amiga muy contenta quien le
respondió al abrazo algo sonrojada.
-
Y me (¿y a mí?).- se escuchó de pronto una vocecita.
Michiru y Haruka se separaron y miraron a un lado en donde
la pequeña princesa se encontraba en pijama mirándolas con lagrimas en los
ojos mientras repetía una y otra vez, “Y me”. Michiru sonrió y la cogió en
brazos mientras le acariciaba el pelo.
-
Claro que sí pequeña princesa, Haruka y yo te querremos siempre, ¿verdad Haruka?
Haruka solo torció el rostro evitando responder, lo que
hizo que Serena comenzara a llorar más fuerte e intentara soltarse de Michiru
para llegar hasta Haruka. Haruka miró durante unos segundos sus profundos
ojos azules que parecían muy tristes, al hacerlo recordó por todo lo que había
pasado en ese fatigoso día pero también recordó lo bien que lo había pasado
en el fondo, así que sonrió y se acercó a ella. Serena, muy contenta, le alargó
los brazos y se sujetó bien a ella cuando Haruka la sentó sobre sus rodillas.
-
¿Ahora te cae bien?.- se burló Michiru.
-
Bueno... tal vez un poco, después de todo solo estaba jugando,
¿no?, y gracias a ella nos libramos del castigo de Urano y no la pasamos muy
bien, ¿no?. ¿A qué tu también te los pasaste bien, gatita?.- le preguntó Haruka
mientras le revolvía el pelo.
-
¡¡¡So!!! (sí).- gritó la pequeña muy contenta.
-
¿Gatita?.- inquirió Michiru con expresión divertida.
-
Sí, a partir de ahora tu serás mi sirena y Serena será mi pequeña gatita.
Al decir esto, Haruka miró a Serena quien la miró a su vez
y, de pronto, las dos estallaron a carcajadas siendo acompañadas por Michiru.
Justo en ese momento llegó la reina Serenity junto con Luna.
-
Parece que después de todo las cosas han ido bien.- sonrió la reina.
Inmediatamente Haruka y Michiru se levantaron para saludar
a su majestad.
-
Hola mi ángel, ¿te lo has pasado bien?.- le preguntó la reina a su hija mientras
la cogía en brazos.
-
¡¡¡So!!!.- gritó esta muy feliz.
-
Me alegro. ¡Haruka!¡Michiru!
-
Sí, majestad.- preguntaron las dos a la vez.
-
Os agradezco que la hayáis cuidado, ahora id a buscar a Neptuno y a Urano
que tienen que hablar con vosotras.
-
¿Con nosotras?.- inquirió Haruka pálida.
-
Sí, pero no os preocupéis, no os reñirán, solo quieren enseñaros algo.- se
mostró compresiva Serenity.- Ahora daros prisa e ir a buscarlas. Están en
el jardín.
Haruka y Michiru se dispusieron a marcharse pero cuando
Serena se dio cuenta de que sus nuevas amigas se iban se puso a llorar e intentó
soltarse de los brazos de su madre.
-
¡Aruka!¡Aruka!
Al oír que la llamaban, Haruka se dio media vuelta y se
acercó a la princesa que seguía en los brazos de su madre.
-
No te preocupes gatita.- le sonrió Haruka.- vendremos a jugar contigo de vez
en cuando, ¿verdad mi reina?.
La reina afirmó con la cabeza y Haruka se marchó de allí
muy contenta mientras Serena se despedía de ella con la mano.