Capítulo
39: El baile
Venus
Había pasado una semana desde que Serena despertara de su
letargo y ésta junto con sus cuatro e inseparables amigas se encontraba en la
habitación de Mina esperando a que pasara un tiempo aceptable para hacer acto
de presencia en el baile que la rubia había organizado y que por supuesto hacía
un rato ya que había comenzado.
Aprovechando que se trataba de una fiesta de disfraces
informal, en el sentido de que al haberla organizado Mina solo había invitado a
amigos suyos (que eran bastantes, por cierto, sobre todo chicos) y entre ellos
prescindían de los protocolos, cada una de ellas había escogido el disfraz que
más le gustaba en vez de llevar el típico vestido de gala y antifaz.
Mina, por ejemplo, se había disfrazado de estrella de la
música. Llevaba puesta una minifalda de doble capa, la de abajo en blanco
sobresaliendo unos centímetros por encima de la de arriba que era dorada y unas
botas altas blancas de cordones. En la parte de arriba llevaba puesto un top
anudado al cuello, dorado también, abotonado por delante con un único botón
blanco en forma de estrella. En cuanto al pelo, se lo había recogido en una
cola de caballo.
Rei se había recogido el cabello con un moño adornado con
pequeños rubís y dejado algunos mechones de pelo sueltos. Llevaba un corpiño
rojo y una falda de vuelo roja con bordados de llamas en tonos anaranjados y
rojizos en la parte baja. Además, se había maquillado en cada brazo una
espectacular llama roja. Iba disfrazada de fuego.
Amy, en cambio, llevaba un sencillo vestido de gasa de
color azul con reflejos blancos, de tirantes y con la falda haciendo graciosos
pliegues. De la cintura salía una larga cola decorada con pequeños brillantes
que, en su conjunto, lograban que en la distancia la cola del vestido emulara
el resplandor de la cola de una estrella fugaz, que era de lo que iba
disfrazada.
Lita se había dejado el pelo suelto, recogido tan solo
con una diadema de flores secas. Llevaba un vestido de gasa verde oscuro,
corto, con la falda haciendo picos, los tirantes anudados mediante un lazo y
con bordados de hojas secas. Como complemento llevaba un brazalete marrón con
esmeraldas en forma de hoja. Representaba a la naturaleza.
En cuanto a Serena, se había disfrazado de hada. Llevaba
puesto un vestido blanco de gasa que le llegaba un poco más abajo que su traje
de sailor. Era de manga larga terminada en un pequeño volante y el escote era
bajo y en forma de V. Como complemento llevaba puestas unas alas blancas con
hebras de oro y unas sandalias blancas con tiras hasta un poco más abajo de las
rodillas. En cuanto al pelo, lo llevaba suelto y ondulado. Por supuesto,
llevaba puesta también la pulsera que, erróneamente, creía que era un regalo de
Endymión.
Sin embargo y pese a lo mucho que se había esmerado en
arreglarse, poco había faltado para que Serena volviera a la Luna, y es que al
hecho de que Endymión no fuera a acudir a la fiesta, se le unía el que la joven
acabara de enterarse accidentalmente y por boca del padre de Mina de la muerte
de Haruka, lo cual la había deprimido bastante.
- Tienes que animarte,
Serena.- dijo Mina.- Si sigues con esa cara ningún chico se te acercará esta
noche.- bromeó.
- El único chico al que
necesito en estos momentos es a Endymión.- se abrazó a sí misma al borde del
llanto.- y no quiere venir.
- Eso no es cierto, Serena.-
la abrazó.- Hiperión me dijo que la reina Calice le hizo un montón de preguntas
respecto a qué había ido a hacer al bosque y que teme que si desaparece de
palacio una noche entera cambie de opinión y no lo deje venir a la Luna.
- ¿Cómo conseguiste ponerte
en contacto con Hiperión?.- preguntó Amy con curiosidad.- Cuando Serena nos
pidió que trajéramos a Endymión no funcionó tu hechizo.
- Si que lo hizo.- contestó
sonriente.- Pero su tía lo había castigado por no sé qué y su instructor lo
pilló justo cuando se dirigía al bosque.
- Será mejor que bajemos al
salón de baile.- intervino Rei.- Ya hemos esperado lo suficiente.
- Venga Serena.- la tomó Lita
de las manos para forzarla a levantarse de la cama.- Seguro que Haruka no
hubiera querido que te pusieras triste por su culpa.
- Lo sé.- intentó sonreír.-
Pero aun así...
- ¡Aun así nada!.- se plantó
delante de ella Rei cruzada de brazos.- No fue culpa tuya lo que pasó, ha
habido una guerra y todas hemos perdido algo en ella pero la vida continúa y no
podemos hundirnos pensando en cosas que no se pudieron evitar.- dulcificó un
poco su tono de voz al ver la mirada dolida de Serena.- ¿Entiendes? Nadie te
pide que olvides a Haruka solo que su recuerdo te sirva para hacerte más fuerte
y luchar para que tragedias como ésta no vuelvan a repetirse.- colocando una
mano sobre el hombro de la rubia en señal de apoyo.- Eso sí es lo que Haruka
hubiera querido.
- Rei... .- la abrazó
llorando.- ...gracias. Prometo que lo intentaré y que allá donde esté lograré
que Haruka se sienta orgullosa de mí.
- Así se habla.- la abrazaron
contentas Lita y Amy.
- Pues entonces a ir a esa
fiesta y a divertirse. Demuestra a Endymión que no lo necesitas para pasar un
buen rato.- le hizo un guiño Rei.
- ¡Claro!.- asintió Mina.- En
cuanto arreglemos el maquillaje de tu cara.
- ¿Eh?.- se miró Serena en un
amplio espejo.- Vaya.- rió.- parezco un payaso.
- Será porque lo eres.-
bromeó Rei ignorando la mirada asesina de la chica.- Lita, Amy y yo os
esperaremos abajo.
Mina asintió y se dispuso a arreglar la cara de Serena,
esta vez con maquillaje a prueba de lágrimas.
- Oye Serena.- le preguntó
cuando terminó con su labor.- Aún no has hablado con Arthur, ¿verdad?
- No.- suspiró.- Y no es que
no lo haya intentado pero es que cada vez que intento hablar en serio con él se
inventa una excusa para marcharse y la única vez que no se fue corriendo nos
interrumpieron.- recordó.
Recuerdos
Serena
estaba preparando su disfraz para la fiesta de Mina cuando alguien llamó a su
habitación.
- Adelante.- contestó sin siquiera voltearse.
Un chico
alto con un par de alas entró en la habitación, dejó su mercancía en el suelo y
se acercó sigilosamente a la princesa.
- ¿Quién soy?.- le susurró al oído.
Serena
sonrió y retiró las manos que le cubrían los ojos.
- Arthur.- se giró hacia él.
El chico
asintió alegremente e intentó tomarla de la cintura para besarla, sin embargo,
Serena fue más rápida y lo esquivó tomando las alas del suelo.
- ¿Son para mi disfraz?.-
preguntó.
- Sí, le pedí a Luna que
me dejara traértelas.
- Perfecto.- las dejó
sobre la cama.- Así aprovecho para decirte algo importante.- se situó enfrente
de él muy seria.
El semblante de Arthur cambió al instante.
- Tendrá que ser después
mi princesa, es que... .- abrió la puerta.- ...me...
De pronto, algo lo detuvo, un brillo verde en la muñeca
de la joven.
- Esa pulsera es...
- Muy importante para mí-
completó mientras se la enseñaba.- Por eso siempre la llevo puesta, es de eso
de lo que quería hablarte.
Arthur la miró con los ojos brillantes, que tonto había
sido pensando que su princesa ya no lo amaba.
- Dime.- se acercó a ella
tomándola de los brazos.
- Verás es que...
.-titubeó, ahora que tenía toda su atención se daba cuenta de lo difícil que le
resultaría confesarle sus verdaderos sentimientos sabiendo que le rompería el
corazón.-...es que yo...
- ¡Arthur!.- entró de
pronto alguien interrumpiéndolos.- Lamento la intromisión, princesa.- se
disculpó el recién llegado al ver el desconcierto de la joven.- Pero es que su
madre nos está esperando.
- ¿Ya ha llegado la reina,
Alex?.- preguntó Arthur.
El pelirrojo asintió.
- Lo siento entonces,
Serena.- la besó.- Tendremos que hablar en otra ocasión.
Fin de los recuerdos
- Y al final no pude decirle
nada.
- ¡Entonces te alegrará saber
que podrás hacerlo esta noche!.- exclamó Mina.
- ¿Qué?.- inquirió confusa.
- Aja.- sonrió feliz por su
brillante idea.- Le he invitado a la fiesta para que rompas con él.
- ¡¡¡Qué!!!.- gritó
incrédula.- ¡¡¿Pero cómo se te ocurre?!!.- se dejó caer sobre la cama
alicaída.- Lo de Haruka y ahora esto, alguien debe haberme echado un mal de
ojo.
- ¿No es buena idea?
- No.- la asesinó con la
mirada.
- Je, je, je.- rió Mina
histéricamente.- Pues espera entonces a que Lita se entere de que también he
invitado a Alex.
- ¿A Alex?¿Para qué?
- Para que consolara a Arthur
después de que le rompieras el corazón.- rió aún más fuerte.
Serena la miró con resignación, Mina nunca tendría
remedio.
La Tierra
- Este es el lugar.- indicó
Hiperión a su primo en cuanto llegaron al lado de un pequeño riachuelo en mitad
del bosque.- Minako me dijo que la esperara aquí.
- ¿Y los disfraces?
- Aquí está el tuyo.- sacó un
sombrero de copa, un antifaz, una capa y un traje de chaqueta negro del saco
que había traído consigo.
- ¿Y de qué se supone que voy
disfrazado?
- Ni idea.- se encogió
Hiperión de brazos.- Fue lo único que encontré.
- ¿Y tú de que vas a ir?.-
inquirió el pelinegro mientras miraba con desagrado el sombrero.
- De estrella de la música.-
sonrió.- Minako me consiguió el disfraz para ir a juego con ella.
- Pues estás ridículo.-
comentó el chico cuando Hiperión terminó de vestirse.
Llevaba un pantalón negro, una camisa blanca, un pendiente
de pega en la oreja y lo peor de todo, una peluca larga y negra con mechones
morados.
- Será la moda en Venus.-
ignoró a su primo.- Tu podrías haber tenido un auténtico disfraz si hubieras
dicho desde el principio que querías ir al baile.- mirándolo de reojo mientras
escondía su vestimenta de a diario.- ¿Por qué has cambiado de opinión?
Endymión decidió prescindir del incómodo sombrero.
- ¿Qué estás tramando?.- le
devolvió la pregunta mientras metía el sombrero en el saco de Hiperión.
- ¿Yo?.- se hizo el
despistado.- No sé de que me estás hablando.
- Hablo de tu extraño
comportamiento de la última semana.- aclaró.- Desde que mi madre habló con
nosotros andas en las nubes, además, ¿con cuántas chicas has salido
últimamente? Con ninguna.- Hiperión bajó la mirada.- No estarás... bueno, ya
sabes... lo de tu padre.- dijo algo preocupado.
- Para nada.- contestó
alegremente.- Ni siquiera lo conocí y en cuanto a las chicas.- añadió.- Mina es
la única para mí, ya deberías saberlo.
- Sigo pensando que tramas
algo.- lo analizó.- Y quiero saber qué.
- Yo pregunté antes.- se
recargó contra el tronco de un árbol.
Endymión lo miró con desconfianza, cuando su primo
tramaba algo casi siempre terminaba en catástrofe y lo peor de todo, siempre lo
arrastraba a él.
- Fue porque de pronto sentí
que Serena me necesitaba.- respondió al final.- Sé que es raro... .- se encogió
de hombros.-... pero cosas más raras nos han pasado últimamente. Tu turno.- le
recordó.
Hiperión sonrió, levantó la mano en señal de saludo y fue
en busca de Mina que acababa de hacer su aparición.
- Lo siento.- se disculpó con
Endymión.- Tendrá que ser después.
Endymión suspiró resignado mientras Hiperión se dedicaba
a alabar el disfraz de su amada. Aún tardarían un tiempo en teletransportarse a
Venus.
Venus, en la sala de baile del palacio real
Cuando Serena bajó a la sala de baile, las piernas le
temblaban, no le apetecía para nada hablar en ese momento con Arthur así que
pensó que lo mejor sería pegarse toda la noche a sus amigas para evitar entrar
en temas personales y poder esquivar las continuas muestras de afecto de su
prometido. Desafortunadamente para ella, Mina se había ido en busca de Hiperión
y Rei, Lita e incluso la tímida Amy estaban bailando.
Lo bueno es que no veía a Arthur por ningún lado, a lo
mejor no había venido pero por si acaso decidió que lo mejor sería esconderse
en uno de los balcones de la sala mientras esperaba a que alguna de sus
amigas quedara libre.
Sin embargo, antes de que pudiera dar dos pasos hacia el
balcón alguien la tomó de la cintura y la estrechó entre sus brazos.
- Esta noche estáis
deslumbrante, princesa.- le susurraron al oído.
Serena no pudo evitarlo, nada más sentir el aliento del
chico sobre su cuello sintió repulsión y se echó hacia adelante tratando de
separarse de él.
Arthur la soltó al instante, dolido. Serena se giró
lentamente al darse cuenta de lo que acababa de hacer e hizo lo primero que se
le pasó por la cabeza para arreglar la situación: mentir.
- ¡¡Arthur!!.- se hizo la
sorprendida.- ¿Qué haces aquí?
- Mina me invitó.- sonrió.-
¿No te lo dijo?
- No.- mintió.- Pero me
alegro que estés aquí.- añadió.
Arthur le extendió la mano con dulzura invitándola a
bailar. A Serena no lo quedó más remedio que aceptar.
******************
Alex se tomaba su segunda copa mientras observaba a lo
lejos a su mejor amigo bailando con la princesa Serena y él se preguntaba por
qué demonios se había dejado convencer por esa rubia alocada.
Las fiestas de ese estilo nunca le habían gustado, bailar
le aburría enormemente y ese parecía ser el único objetivo de todos los
presentes.
Estaba por disculparse con Arthur y volver a la Luna
cuando alguien llamó su atención: una chica alta vestida de verde que bailaba
con un tipo de lo más normal. Llevaba el pelo suelto, sujeto únicamente con una
diadema y un brazalete verde en el brazo, la verdad es que estaba preciosa con
ese disfraz aunque el pelirrojo no tenía muy claro de qué iba. Sonrió, se
divertiría un rato con ella antes de volver a la base.
Se acercó al tipo con el que estaba bailando sin que él
ni su pareja se percatasen y lo golpeó con fuerza en el hombro.
- Mi turno.- se limitó a
decir mientras apartaba al sorprendido galán y ocupaba su puesto antes de que
Lita o él supieran lo que estaba pasando.
Una mirada del pelirrojo fue suficiente aliciente como
para que aquel tipo se fuera a buscar a otra chica con la que coquetear.
Al principio y muda de la sorpresa, Lita no supo
reaccionar pero en cuanto Alex la tomó de la cintura e hizo el intento de
bailar con ella puso la peor cara de su repertorio y lo separó de ella de un
empujón.
- ¡¿Qué haces aquí?!.- le
gritó enojada.- ¡¿Qué es lo que pretendes?!
- No prefieres bailar.-
contestó con una sonrisa burlona.- Nos están mirando.
Lita echó un vistazo a su alrededor sintiendo que se le
subían los colores. Dirigió una mirada asesina a Alex y lo cogió de la mano
arrastrándolo fuera de la sala.
- ¿Y bien?.- se cruzó de
brazos.
- Tu amiga Mina me invitó.
- ¡¿Qué Mina hizo qué?!.-
gritó aún más fuerte que antes.
“Esta Mina”, apretó los
puños, “siempre metiéndose donde nadie la llama”.
- Arthur también ha venido.-
añadió el pelirrojo.
- ¿Arthur?.- se extrañó.- Oh
no, Serena...
- ¿Acaso no es una buena
noticia para ella?.- la interrogó.
- Claro que sí.- se apresuró
a mentir para después volver a su anterior postura hostil.- Aún no me has dicho
qué pretendías espantando a Luis.
- Nada en particular.- se
encogió de hombros indiferente.- Simplemente me aburría.
Lo siguiente que sintió fue la mano de Lita en su
mejilla.
- Para que aprendas,
cretino.- se marchó de regreso a la sala de baile muy ofendida.
Alex sonrió, la noche prometía.
***************
Serena ya no lo soportaba más, Arthur la acercaba cada
vez más a él y su mano no paraba de deslizarse suavemente por la parte baja de
su espalda en una íntima caricia que le resultaba repulsiva. Tenía que aclarar
las cosas con él ya.
- Arthur.- susurró.- necesito
hablar contigo de algo importante.
- Claro.
- Aquí no.- dejó de bailar.-
En algún sitio donde estemos a solas.
- ¿A solas?.- preguntó con
desconfianza.- ¿Tan grave es?
- Es sobre lo que dejamos a
medias el otro día en mi habitación.- respondió.- Cuando me trajiste las alas.
- ¡Ah!¡Eso!.- se relajó.-
Ven, sé exactamente a donde podemos ir.
La cogió de la mano y la llevó al pequeño salón donde
minutos antes habían estado Lita y Alex. Era una habitación contigua a la sala
principal por lo que la música se escuchaba perfectamente aunque un poco más
baja. El capitán invitó a Serena a sentarse en un cómodo sofá rojo y tomó asiento a su lado.
- Y bien.- la miró con
dulzura.- ¿De qué querías hablarme?
Serena cerró los ojos y apretó los puños nerviosa. ¿Qué
podía decirle?
- ¿Serena?.- la cogió de la
barbilla y la forzó a mirarlo.- ¿Qué es lo que pasa?
- Yo... .- los ojos empezaron
a enmudecérsele.- ... lo siento... no sabes cuanto.
- Serena, no te entiendo.-
esa maldita sensación otra vez.
- Cuando te conocí.- bajó la
mirada.- creí que eras un oportunista.- sonrió levemente.- pero después, cuando
empezamos a vernos más a menudo, todo cambio, me gustaba tanto estar contigo
que... .- resopló varias veces para armarse de valor, fijó su mirada en la del
capitán.- ... me gustaba tanto estar contigo que pensé que me había enamorado
de ti.
El semblante de Arthur palideció, ¡no!¡ella no podía
estar diciendo que...!¡no podía!
- ¿Pensaste?.- repitió con
voz temblorosa.
- Arthur.- trató de tomarlo
de la mano pero él no se lo permitió. Suspiró triste.-... yo... te quiero mucho
pero solo como amiga. Lo siento.
Arthur bajó la cabeza, tanto, que Serena no podía verle
la cara. Un incómodo silencio se apoderó de la habitación hasta que la voz dura
y dolida del joven lo rompió.
- Dijiste que la pulsera era
importante para ti y ahora... ahora esto.
- Yo... .- se sintió
culpable.-... es que me la regaló alguien muy especial para mí.
- Esa pulsera te la regalé
yo, Serena.- aclaró.- Te la coloqué en la muñeca mientras dormías.
Arthur captó la expresión de sorpresa en el rostro de
Serena.
- Entiendo.- volvió a bajar
la mirada.- Pensaste que fue el otro.
La voz del chico sonó tan fría, tan dura y al mismo
tiempo tan triste que Serena se sintió despreciable. Era cierto que no lo amaba
pero también lo era que lo apreciaba muchísimo.
- De verdad que lo siento,
Arthur.- intentó disculparse.- Tenía que habértelo dicho antes pero no quería
hacerte daño y no sabía como hacerlo. Arthur, por favor.- se acercó a él al ver
que no contestaba.
Sin embargo, el capitán la alejó de él de un empujón y se
levantó del sofá encarándola. Serena, que no había esperado una reacción así
por su parte, lo miró incrédula.
- Pensaba .- había tanto
veneno en su voz que Serena empezó a asustarse.- pensaba que te conocía... que
eras incapaz de mentir o de dañar a alguien... ¡¡pero me equivoqué!! No eres la
persona que pensaba, no eres especial... no eres mi dulce princesa.
- ¡No!¡No!¡No!.- se levantó
del sofá suplicante.- ¡Te juro que no te mentí, Arthur! ¡De verdad que creía
amarte!
- ¡¡Creías!!.- la agarró de
los hombros.- ¡¡Creías amarme!!¿Durante cuánto tiempo?.- la zarandeó.- Uno,
dos, tal vez tres días.
- Arthur, por favor.-rogó.-
Nunca quise hacerte daño.
- ¿No querías hacerme daño?.-
intensificó la presión en los brazos de Serena.- ¿Y qué pensabas que hacías
mientras fingías disfrutar con mis caricias cuando te veías con otro?
- ¡¡Eso no es cierto!!.- se
defendió ignorando el dolor de sus brazos.- Cuando me di cuenta de que no te
amaba traté de alejarme de ti.- unas lágrimas empezaron a deslizarse por su
rostro.- Lo sabes, es por eso que siempre evitabas esta conversación.
Arthur aflojó ligeramente la presión de sus brazos, tenía
el rostro congestionado por el dolor y la ira, trataba de culparla a ella pero
en el fondo sabía que ella tenía razón, su relación cambió el día que regresó de la Tierra.
La soltó empujándola con suavidad lejos de él.
- ¿Y a él si estás segura de
amarlo, Serena? ¿Sea quién sea?.- le preguntó con amargura.- Porque aunque ya
lo odie por haberte apartado de mi no le deseo todo el dolor que tú me has
causado.
- Yo... .- no supo que decir.
- No, Serena.- su mirada ya
no era fría, en su voz ya no había ira, ni dolor, ni siquiera celos porque
fuera otro el que tuviera a su amada, tan solo amargura, la amargura de alguien
a quien le han arrebatado su vida en un solo soplo dejándolo completamente
vacío.- tal vez si seas una guerrera poderosa, una niña bella, inocente y
bondadosa pero una niña al fin y al cabo, una niña caprichosa que nunca ha
sabido lo que es el amor y que nunca lo sabrá.
- Arthur... .- lo miró
angustiada.-... lo siento, lo siento... aunque me merezca todo esto.- juntó
ambos manos en actitud suplicante.- por favor, perdóname, no quiero perder tu
amistad.
El capitán se acercó a ella y le acarició con ternura la
mejilla.
- Nunca sabrás cuanto te
quise.- la tomó de los brazos y la besó con suavidad.
Cuando se separó de ella, su rostro era de hielo.
- Adiós, princesa.- se
despidió.
Su mirada indiferente le partió el corazón a Serena.
**************
Hacía un buen rato que Endymión buscaba a su cara de
luna, Mina le había dicho que seguramente estaría hablando con Arthur para
dejar las cosas claras, por eso cuando vio salir al chico de una de las salas
contiguas a la de baile con una cara que daba pena se apresuró en ir en busca
de Serena. La sensación de que ella lo necesitaba más que nunca era abrumadora.
Cuando entró en la habitación, la vio en el suelo,
llorando con desolación. Se acercó a ella y en cuanto ésta se dio cuenta de su
presencia se abalanzó sobre sus brazos llorando aún más fuerte.
- Estás aquí... has venido...
.- murmuraba una y otra vez entre sollozos.
Endymión la abrazó con fuerza, besándola una y otra vez
en el cabello y meciéndola como si fuera una niña pequeña. Serena, con la cara
pegada a su camisa, no paraba de llorar.
Le llevó casi una hora al pelinegro lograr que se calmara
y que le contara que había sucedido. La princesa le habló de Arthur y de
Haruka, de lo culpable que se sentía por haberle roto el corazón al chico y de
lo mucho que le dolía la muerte de la que había sido casi como una hermana
mayor para ella.
Endymión la escuchó en silencio y con paciencia y cuando
los sollozos de la joven se hicieron más pausados y menos desgarradores la
condujo hacia el sofá rojo y la sentó a su lado.
- Estoy aquí, mi amor.- le
limpió con una mano las nuevas lágrimas que asomaban por sus bellos ojos
azulados.- Ya no tienes nada que temer.
Serena le sonrió, sintiéndose mucho mejor ahora que se
había desahogado y que él estaba a su lado. Dio un gran suspiro y apoyó su
cabeza en el hombro del príncipe mientras éste la rodeaba con el brazo y
jugueteaba con su rubio cabello con ternura.
- Te quiero mucho, Endy.-
dijo de pronto Serena apretujándose contra su pecho.- Lo sabes, ¿verdad?
- Claro que sí, cara de
luna.- respondió extrañado.- ¿Por qué no habría de saberlo?
- Bueno.- se apretujó aún
más.- Es por lo que dijo Arthur, ¿y si en realidad tiene razón y no sé lo que
es...
Endymión colocó un dedo sobre sus labios silenciándola.
- Me amas, lo sé de la misma
forma que sabía que esta noche me necesitarías.- se colocó una mano sobre el
pecho.- algo en mi interior me lo dice de la misma forma que me dice que somos
uno solo.
Una ligera sonrisa iluminó el rostro de la princesa.
- Estás preciosa cuando
sonríes.- la contempló el pelinegro.- aunque hay algo que lo estropea todo.
- ¿Qué?.- inquirió.
Endymión no respondió, acercó su boca al rostro de la
chica y recorrió con suavidad el surco que las lágrimas habían dejado en él,
depositando en ocasiones dulces besos en la piel de la chica y soplándole en
otras. Las cosquillas que le provocó a la princesa hicieron que ésta riera como
nunca.
- ¡¡Espléndida!!.- exclamó
Endymión orgulloso de su labor.- Solo falta un pequeño detalle.
Cerró los ojos y concentró su energía en las palmas de
las manos hasta que una hermosa rosa roja apareció en ellas.
- ¡Una rosa!.- exclamó la
chica con admiración.
- Una flor para otra flor.-
le sonrió y se la colocó detrás de la oreja, sujetándole con ella el cabello.-
Ahora estás perfecta.
- ¿Es un regalo?.- preguntó con los ojos brillantes y con algo de timidez.
- Podría decirse que sí.
- Gracias.- depositó un dulce
beso en sus labios aunque Endymión tenía otros planes porque en cuanto Serena
se acercó a él, la cogió de la cintura y profundizó el beso hasta el punto de
dejarla casi sin respiración.
- ¡Vaya!.- exclamó la chica
cuando la liberó, abanicándose con la mano para recuperar el aliento.
- Si, ya sé.- se recargó en
el sofá con las manos tras la cabeza.- Soy único.
- Oye.- lo golpeó en el pecho
mientras reía sin parar.- ¡Vamos a bailar!¡Me gusta esta canción!.- se levantó de golpe.
En ese momento, el príncipe se percató de la mini falda
de la chica y se quedó embobado mirándola.
- Venga, Endy.- bromeó Serena
al ver que no se levantaba.- No me digas que no sabes bailar.
- ¿Eh?.- puso cara de bobo.
- Bailar, ¿recuerdas?.- lo
agarró de la chaqueta y lo arrastró al centro de la habitación.
- ¿No crees que tu vestido
es... no sé... un poco corto?.- le preguntó como quien no quiere la cosa
mientras bailaban.
- ¿Corto?.- se extrañó.- No.-
giró la cabeza hacia atrás y se estudió con detalle.- En realidad mi traje de
sailor es mucho más corto.
- ¿Sailor?
- Sí.- entrecerró los ojos
maquiavélicamente.- Por si aún no te has enterado soy una poderosa guerrera.
La respuesta de Endymión fue contundente: una risa aguda
que lo obligó a parar de bailar.
- ¡No tiene gracia!.- puso
Serena muecas molesta.- ¿Acaso no viste a Mina?
Las risas no cesaron.
- ¿O cuando me marché de la
Tierra con Arthur?.- enfadada ni se percató de la mención a su exprometido.-
¿Quién te crees que despistó a Áyax cuando te buscaba en el bosque?.- insistió.
Ni caso.
- Arggg.- se cruzó de brazos
furiosa.- Debí haberte lanzado ese hechizo de urticaria cuando tuve la
oportunidad.
- ¿Con qué urticaria?¿Eh?.-
le prestó atención al fin mientras tosía a causa de la risa.- ¿Tan poco aprecio
me tienes?
- No es cuestión de aprecio.-
contestó haciéndose la sabihonda.- es cuestión de darte una lección por reírte
de mí.
- Ven aquí, cara de luna.- la
apresó por la espalda.
- ¡Oye!.- exclamó indignada
tratando de soltarse.- ¡No me abraces hasta que no me pidas perdón!
- ¿Perdón?.- le sopló en la
oreja juguetón al mismo tiempo que la estrechaba aún más fuerte.- ¿Por qué?
- Por no creer en mí.-
resopló.
- No es que no te crea, cara
de luna.- le susurró.- Es que esto es nuevo para mí.
Serena lo miró sin entender.
- Ya sabes, una magia tan
poderosa, chicas guerreas, en minifalda.- echó una sugerente mirada a las
piernas de Serena.- aunque creo que a esa parte puedo acostumbrarme.- rió.
- Pervertido.- murmuró la
rubia colorada mientras se estiraba de la falda hacia abajo.
- De cualquier forma.-
siguió.- creo que nunca me haré a la idea de que seas una guerrera: eres tan
pequeñita y linda.- la besó en el pelo.- y pareces tan frágil
- Cuando te tumbé en la
Tierra no debí parecértelo mucho*.- le recordó con altivez.
- Uf, ¡eso dolió!.- contrajo
la cara al recordarlo.- Pero sabes que.- le susurró al oído.- el beso que te
robé después fue suficiente compensación.
Las mejillas de la princesa adquirieron un leve tono
rosado al recordar ese breve pero electrificante beso.
- Estás roja, cara de luna.-
se burló.- ¿Significa que te gustó?
- Claro que no.- respondió muy bajito.- Como crees.
- De cualquier forma.-
continuó mientras la soltaba y la giraba hacia él.- ¿Por qué no me enseñas
algo? Me gustaría ver de que eres capaz.
- La verdad es que no puedo.-
confesó.- He perdido mi poder.
- ¿Y eso?
Serena se encogió de hombros.
- Entonces eso quiere decir
solo una cosa.- volvió a abrazarla fuertemente por la espalda sin que esta vez
Serena opusiera resistencia.- Que a partir de ahora seré tu príncipe salvador,
te protegeré de todo y de todos.
- Yo... .- se puso nerviosa.-
... así que de eso vas disfrazado.- bromeó.- ¿de príncipe salvador?
Endymión no le respondió sino que en vez de eso le mordió
el lóbulo de la oreja, le dio pequeños y repetidos besos en el cuello y le
lamió la base de éste antes de morderlo y succionarlo en un salvaje beso.
Cuando alejó la boca de la piel de Serena, ésta tenía
todo el vello de la piel erizado.
- ¿Bailamos?.- le preguntó
Endymión mientras la giraba hacia él.
- Sí.- susurró temblorosa
mientras escondía su rostro en el pecho de Endymión y dejaba que él la guiará
al son de la música.
Horas después
- Y así fue como supe lo de
tu padre.- concluyó Endymión.
Endymión estaba sentado en el sofá de la sala, Serena
cómodamente sentada sobre sus piernas, con la cabeza apoyada en su pecho y con
el brazo del príncipe alrededor de su cintura. El chico le había hablado de la
conversación mantenida con su madre sobre la Luna.
- Me alegro que no pienses
que mi madre quiso causarle algún mal a la Tierra.- comentó la joven.- Cuando
la conozcas te darás cuenta de que es incapaz de algo así.
- Lo sé.- sonrió.- Además,
Hiperión no fue el único afectado, tu tampoco conociste a tu padre.
- Sí.- murmuró con tristeza.-
Ojalá que pronto se solucionen todas las diferencias entre nuestros pueblos
para que podamos estar juntos.
- Lo harán.- afirmó.
Serena lo miró con duda.
- ¿Cómo puedes estar tan
seguro?
- Porque la Tierra y la Luna
estarán más unidas que nunca.- le acarició los labios con la punta de los
dedos.- cuando seas mi esposa.
- Tu esposa.- repitió bajito
sonrojada.
- Claro, ¿o es que no quieres
serlo?.- se hizo el dolido.
Serena asintió con la cabeza frenéticamente.
- ¡¡Claro que sí!!
Endymión sonrió, sus miradas se cruzaron y ambos se
quedaron inmóviles perdidos el uno en el otro. Así fue como Rei los encontró
cuando entró en la sala anunciando que el baile había terminado hacia rato y
que Hiperión había desaparecido.
Continuará...
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* Capítulo 15