Capítulo 40: La aventura de Hiperión

 - Lo hemos buscado por todas partes y no lo hemos encontrado.- informó Lita.

 - ¿Estás segura de que se quedó en la sala de baile cuando fuiste al tocador, Mina?.- inquirió Amy.- ¿No notaste nada raro en él?

 - Por supuesto que estoy segura.- se cruzó de brazos.-Y no, no actuó raro, estuvimos toda la noche bailando y riendo.

 - ¿Toda la noche?.- preguntó Rei con ironía.

 - Bueno.- rió Mina.- Cambiamos un par de veces de pareja pero nada más.

 - No me refiero a eso.- aclaró.- Uno de tus amigos me dijo que os vio salir de la sala de baile.

 - Asuntos personales.- rió con frenesí.

             A todas les salió una gota de sudor en la cabeza.

 - Y después fuimos a la sala de aterrizaje para ver las naves de los invitados.

 - ¡¡Qué!!.- exclamaron todas las chicas a la vez.

 - Sabía que tramaba algo.- suspiró Endymión.

 - ¿Se puede saber por qué lo llevaste allí?.- gruñó Rei.

 - Bueno.- se disculpó.- Es que estuvo haciéndome muchas preguntas sobre la Luna y sobre como habían llegado a Venus los invitados que no podían teletransportarse así que decidí enseñarle las naves.

 - Mina... .-rugió Rei con la vena de la frente hinchada.

 - A eso es a lo que se le llama actitud sospechosa.- recalcó Lita moviendo de un lado a otro la cabeza.

 - Crees que haya ido a... .- miró Serena preocupada a su chico.- ... mi madre. Dijiste que andaba muy raro.

 - Si no fuera por eso, diría que ha subido a una nave para ir a conocer la Luna.- con gesto resignado.- Hiperión es capaz de una locura así. Pero en estas circunstancias...

 - ¿Qué quieres decir?.- exigió saber Rei.

             Endymión la puso al tanto.

 - ¡Oh dios!.- se asustó Amy.- ¿Y si ha ido a vengarse de la reina?

 - No, mi primo no es vengativo.- la tranquilizó Endymión.- Debe ser otra cosa.

 - Eso no lo sabes.- atacó Rei hablando en nombre de todas.- Será mejor que regresemos a palacio y vigilemos a la reina hasta que aparezca Hiperión. En cuanto a ti.- lo miró ceñuda.- te llevaré de vuelta a la Tierra ahora mismo.

 - De acuerdo.- respondió hoscamente el pelinegro.- Pero te aseguro que tu preocupación es innecesaria, Hiperión no es un asesino.- afirmó.- En ese sentido pondría la mano en el fuego por él.

 - Pues ten cuidado.- le rebatió.- No vayas a quemarte.

 - ¡Basta ya!.- intervino Serena al ver las miradas de desafío que el príncipe y Rei se dirigían.- Endymión tiene razón.- lo cogió de la mano y le sonrió.- Hiperión sería incapaz de hacer daño a una mosca, debe haber otra razón para que haya ido a la Luna.

 - Y eso si está allí.- intervino Lita.- A lo mejor salió de palacio y se perdió. ¿Es posible eso?.- se dirigió a Endymión.

 - Con mi primo.- se encogió de hombros más relajado.- todo es posible.

 - ¡¡Pues a mí me da igual!!.- estalló de pronto Mina que hasta entonces se había mantenido al margen.- ¡¡Cuando lo encuentre me va a oír!!¡Nadie me utiliza para sus propios fines!¡Sean los que sean!

 - Pues tú lo haces bastante a menudo.- señaló Lita aún algo resentida con la rubia por lo de Alex.

             Mina le dirigió una mirada asesina y agarró a Endymión del brazo.

 - Te llevaré a casa.- le dijo.- En cuanto le cante las cuarenta a tu primo, lo llevaré a él también.

             Al pelinegro apenas le dio tiempo a despedirse de Serena con un breve beso en la mejilla. En cuanto Endymión y Mina hubieron desaparecido, Rei y Serena acordaron ir a la Luna a buscar a Hiperión mientras Lita y Amy se quedaban en Venus por si aparecía.

             Y mientras tanto, ¿qué había sido del desaparecido Hiperión?

             En cuanto Mina lo dejó solo, el chico se dirigió apresuradamente a la sala de aterrizaje y despegue y se coló en la nave que tenía entendido llevaba de regreso a casa a los invitados de la fiesta que vivían en la Luna. Como la mayor parte de ellos lo habían visto bailar con la princesa de Venus, todos dieron por hecho que se trataba de un nuevo pretendiente de la joven que había pasado desapercibido en el viaje de ida por ser nuevo en su círculo social, por lo que nadie lo molestó ni sospechó de él.

             Desafortunadamente, el carácter mujeriego de Hiperión no tardó mucho en meterlo en líos.

             Aunque al principio trató de pasar desapercibido deleitándose con la belleza del vasto espacio para evitar cualquier problema que pudiera causarle el andar de polizón en la nave, al final, presa del aburrimiento, optó por buscar a alguien con quien entablar una conversación.

             Por supuesto, la afortunada fue una linda joven pelirroja de ojos verdes que reía sin parar a causa de las bromas de su acompañante. Esto, desde luego, no fue ningún impedimento para el intrépido Hiperión, acostumbrado como estaba a salirse siempre con la suya en el terreno femenino (a excepción de Serena, claro y solo para seguir conservando a su primo). Su lema era muy simple, si la dama en cuestión accedía es que su relación con el otro estaba destinada al fracaso.

             Lo que Hiperión jamás esperó fue encontrarse con alguien de su misma condición y encima con mal carácter. La joven pelirroja fue sometida a tal cantidad abrumadora de halagos y piropos que terminó por agobiarse y por huir de ambos chicos. El otro se giró hacia Hiperión furioso.

 - ¡¡¿Sabes cuántos días llevó detrás de ella, cretino?!!

             Hiperión se encogió de hombros indiferente.

 - ¡¡¡Una semana entera!!!.- le gritó.- ¡¡Y tú lo has arruinado todo!!

 - ¿Una semana entera?.- abrió los ojos de par en par.- ¡Increíble! Yo la hubiera conseguido en una hora.

             El derechazo fue rápido y certero. En un principio Hiperión trató de detener la pelea a pesar del dolor del labio partido pero el otro quería más y al final ambos terminaron enzarzados en una auténtica lucha de puñetazos que llamó la atención de la tripulación de la nave.

 - ¡Eh!¡Vosotros dos!.- les gritó un hombre entrado en años de pelo negro.- ¡No quiero peleas en esta nave!

 - Lo lamento, Jim.- se disculpó el otro después de soltar el cuello de la camisa de Hiperión de mala gana.- Pero este tipo me provocó y...

 - ¿Cómo la última vez, Richard?

             El aludido se puso rojo.

 - Te lo advierto por última vez, una pelea más y no volverás a pisar esta nave, ¿entendido?

             Richard asintió y tomó asiento no sin antes mirar con rencor a Hiperión.

 - En cuanto a ti...

 - Hiperión.

 - ...va lo mismo, Hiperión, ¿entendido?

             El chico asintió y ocupó un asiento a una distancia prudencial del de Richard. Otro oficial entró en la sala y anunció que iban a aterrizar, después se acercó a Jim e intercambiaron unas cuantas palabras, echaron un vistazo a Hiperión y salieron de la habitación.

             En cuanto aterrizaron, Hiperión siguió al resto de los viajeros hasta la salida. Estaba muy nervioso, saber que su novia era de Venus había sido asombroso, visitar Venus emocionante pero ser consciente de que dentro de unos segundos pisaría el suelo del misterioso mundo que había plagado durante años sus más profundas fantasías era indescriptible.

             Cuando la puerta de salida empezó a moverse y las brillantes luces de la ciudad comenzaron a vislumbrarse, Hiperión se quedó paralizado con las manos juntas sobre su pecho y con la misma expresión que tiene un niño pequeño cuando ve por vez primera el árbol de Navidad plagado de regalos. Cuando por fin la puerta se abrió por completo, el chico solo fue capaz de pronunciar una sola palabra.

 - ¡¡Alucinante!!.- exclamó con los ojos brillantes.

             Ante él se extendía una espléndida ciudad, de edificios de no más de tres plantas, repleta de luces y de hermosas fuentes. Pero lo más maravilloso de aquel panorama era sin duda el imponente palacio que se observaba en la lejanía, con sus altas y magnificas torres de mármol blanco talladas con impresionantes esculturas de criaturas extrañas a los ojos de Hiperión y con ese arcoiris de luces a su alrededor.

             No por nada la Luna era el corazón del reino más grande y poderoso jamás conocido.

 - Y ese es mi destino.- murmuró Hiperión con la mirada fija en el palacio y a punto de poner el pie por vez primera en suelo lunar.

 - No tan rápido, jovencito.- lo interrumpió Jim colocando una mano sobre su hombro y acompañado de varios oficiales.

 - ¿Eh?.- se giró Hiperión aún soñando.

 - ¿Cómo dijiste que te llamabas?

             Hiperión se puso en alerta de inmediato. Algo no iba bien.

 - Hiperión.- contestó.- ¿Algún problema?

             Jim esperó a que uno de los hombres que lo acompañaban examinara una libreta que llevaba en la mano y moviera la cabeza en señal negativa.

 - No estás en la lista.

 - ¡Ah, eso!.- rió nervioso.- Verás es que...

             Salió corriendo como alma que lleva el diablo pero ante su sorpresa Jim proyectó una extraña luz sobre su cuerpo y en menos de un segundo se interpuso entre Hiperión y su camino hacia la libertad moviéndose a la velocidad de la luz.

 - ¿Adónde crees que vas?.- se cruzó de brazos.

 - ¡Vaya!.- exclamó el chico maravillado olvidándose por un momento de su situación.- ¿Cómo lo hiciste?

 - No estoy para bromas, chico.

 - Llevémoslo a prisión lo antes posible para que podamos regresar a casa.- se acercó un hombre por detrás.

 - ¡A prisión!.- se sobresaltó Hiperión.- Lo siento pero tengo algo muy importante que hacer antes como para detenerme a visitar la cárcel lunar.

             Invocó su magia interior y le lanzó una bola de energía al tal Jim lo suficientemente fuerte como para dejarlo inconsciente, no obstante, todo salió mal porque la débil magia de Hiperión no tuvo el efecto deseado. Jim solo recibió un pequeño arañazo en la frente mientras que el terrícola cayó al suelo inconsciente y con varios cortes en el pecho.

 - No le he dado tan fuerte.- se disculpó Jim ante la mirada de reproche de su amigo.

 Cinco horas después

 - Vaya, hasta que al fin despiertas.- fue lo primero que Hiperión oyó cuando abrió los ojos.

            Se encontraba en una especie de enfermería, tenía vendados el abdomen y los brazos y había perdido la peluca de su disfraz. A su lado, un chico bastante alto, de pelo rizado y rojo y ojos marrones.

 - ¿Dónde estoy?

 - En la enfermería de la prisión de la unidad militar de la Luna.

 - ¿Eres el enfermero?

 - No exactamente.- rió.- Estoy aquí por un pequeño favor a Jim, estaba preocupado por las heridas que te hizo y no quería problemas. En cuanto nos aseguremos que estás bien podrás irte.

 - Pensé que estaba detenido.

 - Los oficiales de la nave no presentarán cargos siempre y cuando tu no lo hagas por el estado en que te dejaron.- mirándolo con curiosidad.- Aún no me puedo creer que un simple hechizo te dejara en tal mal estado, sino fuera porque conozco a Jim desde hace mucho diría que mintió.

             Hiperión se encogió de hombros, la verdad es que él también estaba sorprendido.

 - Puedo irme entonces.

 - Claro.

            Hiperión no se hizo de rogar, se levantó de la camilla y se dirigió a la salida.

 - No tanta prisa.- le detuvo el otro a medio camino.- ¿No pensarás ir andando hasta la ciudad, no?

 - No voy a la ciudad, voy a palacio, ¿está muy lejos?

 - ¿Al palacio?.- preguntó alerta.

 - Sí.- asintió Hiperión con cuidado dándose cuenta del error que había cometido. Ese chico era un soldado (o al menos tenía pinta) y si como Mina le había contado acababan de salir de una guerra no vería con buenos ojos que un extraño conflictivo le dijera que iba al palacio.- Tengo una amiga allí que prometió conseguirme un empleo.- mintió.

 - Conque una amiga, ¿eh?.- inquirió con burla.- Jim me contó lo de tu pequeña pelea.- comentó pensando que más que una amiga sería una amante.- Bien.- se levantó de su silla.- te llevaré hasta allí.

             Hiperión estuvo a punto de negarse pero se lo pensó mejor al darse cuenta de que una negativa podría avivar las sospechas del pelirrojo quien sin duda querría conocer a su supuesta amiga. Y eso sin tener en cuenta que no tenía ni idea de en donde estaba.

 - De acuerdo.- lo siguió hacia la puerta.- Jim debe ser muy buen amigo tuyo como para que te tomes tantas molestias.

 - En realidad no.- se encogió de hombros.- Pero me consigue buenos jugadores de póquer. Por cierto.- le extendió la mano.- Mi nombre es Alex.

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             Hiperión se encontraba en el asiento trasero de un vehículo militar rumbo al palacio lunar acompañado de Alex y de un amigo suyo rubio, Arthur. Dado que el paisaje por esa zona era bastante deprimente (solo roca) optó por prestar atención a la conversación de esos dos, la cual no tardó demasiado en captar toda su atención: mujeres.

             Al parecer, una joven le había roto recientemente el corazón al tal Arthur, había deducido Hiperión de tres o cuatro palabras dichas en tono confidencial y de la triste mirada del rubio.

 - No deberías dejar que una chica te deje en este estado.- intervino sonriente.- El mundo está lleno de ellas.

             Arthur no respondió pero le dirigió una mirada que daba a entender que ese no era asunto suyo.

 - Estoy totalmente de acuerdo.- intervino Alex.

 - Guárdate tus comentarios, ¿quieres?.- respondió Arthur.

 - Verás.- se dirigió a Hiperión.- es que...

 - ¡Alex!.- lo interrumpió el otro.

 - Necesitas la opinión de un experto.- lo encaró el pelirrojo.- Y tienes que reconocer que en el terreno femenino no somos precisamente unos ases.

 - ¿Y él sí?.-enarcó la ceja sarcástico.

 - Por lo que he oído Hiperión es todo un don Juan.

             Hiperión se irguió orgulloso.

 - Tú lo has dicho.- contestó.- un mujeriego que no sabe lo que es el amor.

 - ¡¡Por supuesto que sé lo que es el amor!!.-exclamó Hiperión indignado.- Mi mundo gira en torno a él.

 - Lo ves.- sonrió Alex.- Y además ni siquiera te ha reconocido.

 - ¿Reconocer?

             Arthur no contestó, reacio a hablar de un tema tan reciente y doloroso para él pero le dio a entender a Alex que hiciera lo que se le antojara, que era lo que terminaba haciendo siempre de todas formas.

 - Verás Hiperión, esta es la historia.- empezó.- Mi amigo lleva años enamorado de una chica a la que solo conocía de vista.

 - Ya te he dicho que si...

 - Hace unos meses.- lo ignoró.- consiguió que se la presentaran y que ella aceptara casarse con él pero ayer, como quien no quiere la cosa, lo dejó plantado por otro.

 - ¿Otro?¿Quién?

 - No tiene ni idea.

 - ¿Y cuál es el problema?.- preguntó Hiperión después de meditarlo.- Búscate a otra chica.

             Arthur dio un largo suspiro, tan triste que casi pareció tétrico.

 - Imposible.- respondió Alex por él.- Pese a mis consejos de que las mujeres solo traen problemas, que aprovechara la posición social de la chica para escalar peldaños y de que no puede estar verdaderamente enamorado de alguien a quien apenas conoce, él asegura que no hay nadie como ella y que nunca podrá amar a ninguna otra mujer ni la milésima parte de lo que la ama a ella.

             Hiperión se rascó la cabeza pensativo, por alguna razón esas palabras le habían hecho rememorar el estado en que se encontraba su primo el día que Serena regresó a la Luna.

 - ¿Cómo es ella?

             Arthur lo pensó un momento, suspiró de nuevo y respondió a la pregunta.

 -Ayer me dejé llevar por el dolor.- se entristeció al recordarlo.- y le dije cosas horribles pero lo cierto es que ella es... es preciosa.- sonrió.- Parece una niña chiquita, muy caprichosa e infantil pero eso solo en la superficie, muy en su interior es una joven fuerte y valerosa, capaz de dar su vida por los demás. Lo cierto.- murmuró abatido.- es que me hubiera encantado verla florecer.

 - ¡Qué cruz!.- exclamó Alex.- ¿Ves? No sé que voy a hacer con él, estoy seguro de que sino fuera por la responsabilidad que tiene con la unidad ya hubiera hecho alguna locura.

             Hiperión lo miró con compasión.

 - En ese caso.- dijo.- reconquístala.

 - ¿Reconquistarla?.- rió con ironía.- ¿Cómo? Después de como la traté dudo que quiera tan siquiera verme. Estoy avergonzado.- se desahogó.- de mi comportamiento.

 -Escúchame Arthur.- insistió Hiperión.- si tiene tan gran corazón como dices estoy seguro de que lo entenderá. Lo único que tienes que hacer es disculparte y volver a ser su amigo, mientras no se case siempre hay esperanza.

 - ¿Tu crees?.- preguntó.

  Claro.- asintió con ánimo.- Solo tienes que recuperar su amistad y estar a su lado siempre que lo necesite, lo apreciará, creéme.

 - Pues eso no es uno de sus puntos fuertes.- comentó Alex.- En cuanto surgía algún problema la dejaba plantada.

 - Así no me extraña que otro te la haya robado.- masculló Hiperión.

 - ¡La unidad es mi responsabilidad!.- se defendió Arthur.

 - Y ella el amor de tu vida.- enfatizó Alex.- Tu eliges.

             Arthur guardó silencio pensativo.

 - En cualquier caso, lo mejor es que averigües quien es el otro y que estudies sus virtudes y defectos.- explicó Hiperión como buen conocedor de la materia era.- resalta lo segundo y recuerda que en el amor y en la guerra todo vale.

 - Eso ha sonado muy mal.- recalcó Arthur.- No esperarás que calumnie a nadie, ¿no?

 - Todo sea por el amor de la princesa Serena.- le recordó el pelirrojo.

             A Hiperión casi le da un infarto al oír ese nombre.

 - ¿La princesa Serena?.- inquirió titubeando.

 - Será nuestro secreto.- le guiñó un ojo Alex.- Bien, ya hemos llegado.

             “Perfecto, Endy va a matarme cuando se entere de lo que he hecho”, fue lo único en lo que el chico pudo pensar cuando bajó del automóvil. La voz de Alex lo sacó de su ensoñación.

 - ¿Y tu amiga?¿No vas a presentárnosla?

 - ¡¡Mi amiga!!.- no entendió al principio.- Sí, mi amiga, voy a buscarla ahora mismo.- rió.

 - ¿Cómo se llama?

 - ...Hilda.- contestó nervioso para después salir corriendo en dirección a la pequeña ciudad que había a la izquierda de palacio, sin duda, donde vivían los sirvientes.

 - En cuanto comprobemos su historia, volvemos a la base.- anunció Alex.

 - No entiendo a que ha venido hablarle de mi vida privada sino confías del todo en él.- protestó.

 - Necesitabas una tercera opinión.- se encogió de hombros.- Ayer, cuando interrumpiste mi conversación con Lita para volver a casa, te creía capaz de hacer una locura.

 - Eso fue ayer.- se disculpó con pesar.- No estaba bien.

 - ¿Y ahora?.- se preocupó.

 - Ahora... ahora mismo me parece que pasas demasiado tiempo con la princesa de Júpiter.- dijo con burla.

 - ¡¡Qué insinúas!!.- exclamó ofendido.- Las mujeres son y siempre serán un quebradero de cabeza.

 - ¿Y como llamas a las continuas peleas que mantienes con ella?

 - Diversión.- respondió con aire teatral.- Mi vida es muy aburrida.

             En ese instante, llegó Hiperión acompañado de una chica morena.

 - ¡¡Capitán Arthur!!.- exclamó la joven sorprendida.

 - El mismo.- dijo Alex.- Tu debes ser Hilda, ¿no?

 - Eso mismo.- asintió la aludida sonriente mientras se agarraba del brazo de Hiperión.

 - ¿Lo conoces desde hace mucho?.- inquirió Arthur.

 - El tiempo suficiente.

 - En ese caso nos vamos.

 - Que tengas suerte.- se despidió Alex.

             Hiperión los vio alejarse aliviado.

 - Por cierto Hiperión.- se volvió Arthur en el último momento.- Tal vez siga tu consejo, gracias por todo.

             Sus palabras, más que tranquilizar a Hiperión lo deprimieron aún más. Si Endymión se enteraba que había andado de cupido con el ex de su amada...

             Un dulce beso en su mejilla fue suficiente para animarlo de nuevo.

 - ¿Lo he hecho bien?

 - Has estado espléndida, Eli.- la tomó de las manos Hiperión.- Serás una gran artista.

 - ¿Y vendrás a verme?.- preguntó con estrellitas en los ojos.

 - Mi vida será una agonía hasta que ese día llegue, mi dulce Eli.- contestó con auténtico pesar.

             Tras unas cuantas carantoñas más, Hiperión se despidió de la chica y se dirigió a palacio. Más orgulloso de sí mismo no podía estar.

 **************

 - ¿Lo decías en serio?.- preguntó Alex a su amigo.- Lo de reconquistarla.

             Arthur asintió.

 - Entonces, ¿ya no hablarás con la reina?

 - Claro que lo haré, hasta que no recupere a Serena lo mejor será anular nuestro compromiso.

 - Creo que es mejor que no lo hagas.

 - ¿Por qué?

 - Piénsalo, la reina te adora.- explicó.- solo tienes que decirle que quieres dar una sorpresa a la princesa y organizar la fiesta de compromiso sin que ella se entere. Cuando la reina lo anuncie delante de tanta gente será incapaz de oponerse.

 - ¡¡Eso es despreciable!!.- se reveló Arthur.- ¡¡Y además Serena no me lo perdonaría nunca!!

 - Claro que sí.- insistió.- Para entonces ya sabremos quien es el otro y lo habremos dejado en ridículo sumando puntos a tu favor, solo será un pequeño empuje para afianzar vuestra relación. Con su buen corazón lo entenderá y eso, aunado al favor de la reina y del pueblo, te ayudarán a terminar de reconquistarla.

 - Haré como que no te he oído.- replicó molesto.

 - Como quieras, pero.- señaló al frente.- ¿no ibas a hablar con la reina?

 - Está de viaje.- respondió.- No volverá hasta mañana.

 ************

             Al principio, a Hiperión todo le pareció fabuloso: los jardines, el estanque, el palacio... todo y lo contemplaba con los ojos impresionables de un niño pequeño. Además, acostumbrado como estaba a fugarse de casa y a burlar a los guardias que su tía le imponía de vez en cuando, no le resultó ningún problema colarse en el castillo para ir en busca de la reina.

             Dentro del palacio todo era aún más mágico: los amplios ventanales, los colores alegres, las figuras talladas, las alfombras... A los dormitorios trató de no entrar, en cuanto al resto de habitaciones solo hubo una que no osó profanar: estaba envuelta por una magia tan poderosa que solo de pensar en poner el pie dentro le hacia sentir como un miserable ladrón.

             Retrocedió y llegó a otra sala con un círculo en el centro y siete hermosos símbolos de distintos colores tallados en el suelo: al lado de cada uno, un espléndido trono. No obstante, había un hueco vacío, el que seguramente correspondía a la Tierra e Hiperión no pudo evitar pensar que gracias a él todo cambiaría muy pronto.

             Sin embargo, de lo que no se percató hasta el último instante fue del peligro que corría y, solo lo hizo, cuando al asomarse por el ventanal de la habitación vio a un destacamento de soldados entrar en palacio.

             Tal vez hubiera podido burlar a los guardias pero no a la magia que envolvía el palacio, nada más entrar éste se había percatado de la presencia de un extraño y había alertado a los soldados colocando una imagen del intruso en sus mentes.

             Hiperión no perdió el tiempo en salir de la habitación al percatarse de que uno de los guardias lo señalaba. Trató de esconderse en alguna otra estancia pero daba igual lo bueno que fuera su escondite porque siempre daban con él.

 - ¡¡Maldita sea!!.- se quejó.- Casi pareciera que alguien les dice donde estoy.

             Al final consiguió salir del palacio y rodearlo para dirigirse al bosque que había visto desde uno de los numerosos ventanales del castillo. Desafortunadamente, los soldados lo siguieron y, no solo eso, sino que a éstos se le unieron otros que surgieron del bosque hacia donde se dirigía. El chico cambió de planes inmediatamente, sino podía esconderse en el bosque lo haría en un laberinto de abetos que se veía a lo lejos a la derecha.

             Lo que nunca esperó fue que al rodear un amplio lago que había con columnas en los bordes, el agua de éste se arremolinara en el centro y formara una especie de brazo que lo atrapó y lo arrojó con fuerza contra el suelo.

             Dolorido, magullado pero aún así con ánimos para continuar, Hiperión se incorporó como pudo mientras veía como los soldados estaban cada vez más cerca. Se giró dispuesto a correr como nunca (tenía una importante misión que cumplir) y se dio de bruces con el laberinto de abetos.

 - ¡¡Mi salvación!!.- exclamó esperanzado.

 - No puede ser.- se quejó un guardia cuando llegaron hasta el lugar.- Ha entrado en el laberinto.

 - ¿Qué hacemos?.- preguntó otro.- ¿Avisamos a la reina?

 - No.- contestó el primero.- Mejor al capitán, la reina está de viaje.

 - ¿Y si escapa?

 - Imposible.- se encogió de hombros.- La magia de palacio no lo permitirá, ya visteis lo que hizo con el agua.

             Adentro, Hiperión los escuchó sin creer una sola palabra mas cuando dejó de oír las voces y se aventuró a salir de allí se encontró con que una barrera invisible le bloqueaba el paso.

 - ¡¡No puede ser!!.- exclamó con la moral por los suelos.- Si esto es cierto entonces la reina...

             Más desanimado de lo que nunca lo había estado, se dejó caer en el suelo. Ahora la Luna no le parecía un lugar tan maravilloso.

 A la mañana siguiente

 - Y este jovencito es de quien estabais tan preocupados.- inquirió la reina Serenity con una dulce sonrisa mientras contemplaba con compasión al chico que dormía hecho un ovillo en el duro suelo del laberinto de abetos.

             Tenía toda la ropa desgarrada, vendajes en el abdomen y múltiples heridas en el cuerpo.

 - A mi más bien me parece un pobre chico desamparado y perdido.

 - Pero majestad.- insistió el soldado.- La magia de palacio.

 - Lo sé.- asintió con pesar.- Es así desde que finalizó la guerra y algo que habrá que arreglar, no me gusta que se enzarcen de esa manera con pobres chicos con un nivel tan pobre de magia. Podéis marcharos.- ordenó.- Luna y yo nos ocuparemos de él.

             Los soldados asintieron y la dejaron a solas con el extraño y la consejera.

             Luna se acercó hasta él y lo zarandeó para despertarlo. Hiperión abrió los ojos sin recordar nada de lo sucedido, sumergido como estaba en un hermoso sueño con su diosa del amor: Mina. Mas su adolorido cuerpo no tardó demasiado en refrescarle la memoria.

             Entonces se fijó que estaba a solas con dos hermosas damas, mayores que él, tal vez de la edad de su tía, pero damas al fin y al cabo. Sonrió, tal vez aún pudiera salir bien librado de su pequeña aventura.

             Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar palabra alguna, una de ellas se le adelantó.

 - ¿Cómo os llamáis, jovencito?.- le preguntó con su dulce voz.

             Hiperión la miró y una agradable sensación de paz y serenidad lo inundó.

 - Hiperión.- respondió un poco cohibido por la majestuosidad de aquella mujer.

 - Así que Hiperión.- sonrió.- Y que hacíais aquí, ya deberíais saber que es peligroso estar aquí sin invitación, la magia de palacio es muy dura con los extraños.

 - La verdad es que no lo sabía pero aún de saberlo.- se irguió con orgullo deseoso de impresionar a la dama.- hubiera venido. Tengo una importante misión que cumplir.

             Luna se rió discretamente y la reina lo apremió a continuar.

 - ¿Y qué misión es esa?

 - Lo siento mucho.- respondió.- Pero eso es algo de lo que solo puedo hablar con la reina Serenity.

             Luna y la reina intercambiaron miradas sorprendidas.

 - Bien.- habló al final Serenity.- En ese caso os escuchó.

             Hiperión se quedó helado de la impresión, después una inmensa sonrisa de triunfo adornó su malherido rostro.

 - ¡¡Tú eres la reina Serenity!!.- exclamó con familiaridad una vez recuperada su habitual alegría. Ya ni siquiera le dolía el cuerpo.

             Luna fue a reprimirle ante tal falta de respecto mas la reina la detuvo con un gesto de la mano. Sentía curiosidad por lo que ese chico tuviera que decirle.

 - No sé como no me he dado cuenta antes.- dijo al observarla más detenidamente.- eres igualita a Serena, bueno.- recapacitó.- a excepción del color del pelo, claro.

 - ¿Conocéis a mi hija?.- se sorprendió.- ¿Dónde la conocisteis?

 - Aquí no.- añadió Luna.- Sino la magia no lo hubiera atacado.

 - Bueno.- rió.- a decir verdad la conocí en la Ti..a..i...

             Fue interrumpido por una furiosa chica que se apresuró a taparle la boca.

 - En Venus.- completó Serena que había conseguido localizar junto con Mina a Hiperión antes de que metiera la pata.- Nos conocimos en Venus, es un amigo de Mina, ¿verdad Hiperión?

             El chico, amenazado por Mina, asintió vigorosamente.

 - ¿En Venus?

             Serena asintió.

 - Entonces.- intervino Luna.- Si es amigo vuestro por que fue atacado.

             Luna y la reina esperaban una respuesta de la princesa pero ésta, avergonzada por mentir a su madre, bajó la cabeza sin saber que decir.

 - Es la primera vez que viene.- respondió al final con una débil voz.

 - Quería darnos una sorpresa y no pensó en las consecuencias.- intervino Mina.- No debió venir solo.- lo asesinó la chica con la mirada.

 - ¿No dijiste que tenías algo muy importante de lo que hablar con la reina?.- preguntó Luna con suspicacia.

             Hiperión empezó a sudar ante la mirada enfurecida de Mina.

 - Eh... no... bueno sí.- trató de inventarse una buena excusa.- quería... solo quería impresionaros majestad.- dijo al final un poco avergonzado.

 - Entiendo.-asintió la reina aunque Luna no parecía muy convencida.- Sonríe mi ángel.- se dirigió a Serena.- no fue tu culpa, en cuanto a vos jovencito.- sonrió.- fue un placer conoceros.

             Hiperión le devolvió el saludo y Luna y la reina volvieron a palacio. En cuanto se hubieron alejado lo suficiente, las dos chicas encararon a Hiperión muy enfadadas.

 - ¡¡¿Se puede saber qué pretendías?!!.- le gritó Mina.- Casi me metes en un grave problema.

 - Yo... .- se disculpó.- ...solo quería hablar con la reina, bueno.- miró a Serena.- y contigo.

 - ¿Por qué?.- inquirió la princesa más calmada al ver la expresión lastimera de Hiperión.

 - Yo... .- le costaba trabajo decirlo.- ... yo... supe... que mi padre... bueno... que él...

 - Endymión me lo contó.- trató de ayudarlo.- Estaba muy preocupado por ti.

 - ¿En serio? En ese caso, perdón.

             Serena lo miró sin entender.

 - Ya sabes.- continuó.- la separación entre la Tierra y la Luna por culpa de mi padre, que tu perdieras al tuyo, solo quería disculparme en su nombre.

             Serena parpadeó varias veces tratando de asimilarlo para después sonreír y abrazar a Hiperión con todas sus fuerzas.

 - Tonto.- le susurró con cariño.- No hay nada que perdonar y mi madre pensará igual cuando sepa quien eres.

 - ¿Tu crees?

 - Por supuesto.- lo reconfortó.- No hacia falta que armarás todo este jaleo por eso, casi te matas.

 - Supongo.- rió con ganas. Ahora que sentía que ya no tenía ninguna deuda que saldar y que su misión había sido completada (la palabra de Serena le valía igual que la de su madre) volvió a ser el mismo de siempre.- Aunque no me arrepiento de nada, ha sido el viaje más emocionante de mi vida .- se puso pensativo.- Lo que no entiendo es por que Endymión no tuvo tantos problemas como yo cuando estuvo aquí.

 - ¡Porque a él lo traje yo!.- gritó Mina aún muy enfadada por el lío en que la había metido, por no confiar en ella para hablarle de sus preocupaciones y por exponer de esa manera su vida.- Será mejor que te regrese a la Tierra.

 - ¿Y sus heridas?.- preguntó Serena.

 - Yo me encargo, avisa a las demás de que ya lo encontramos.

             Serena asintió y se despidió de Hiperión con la mano. En un abrir y cerrar de ojos la chica y el aventurero Hiperión estaban de regreso en la Tierra.

             Hiperión, feliz de estar de nuevo en casa, se acercó a Mina para darle un dulce beso de despedida pero en vez de los labios de la chica se dio de bruces contra el tronco de un árbol.

 - Ni lo sueñes.- le dijo.

 - Pero, ¿y mis heridas?.- se hizo el mártir para tratar de apaciguar a su furiosa novia.

 - No veo que sean tan graves.- y sin decir una palabra más se marchó de allí.

             Hiperión se encogió de hombros y retomó el camino de regreso a palacio seguro de que encontraría la forma de que Mina lo perdonara. Sin embargo, en lo que no reparó fue en que no podía desaparecer de palacio durante más de un día y no esperar que su tía estuviera furiosa, mas aún cuando no recibió ninguna explicación ni de su desaparición ni de su deplorable aspecto.

             Después de gritarle durante más de dos horas seguidas y de decirle lo cansada que estaba de su irresponsabilidad, lo mandó de vuelta al destacamento militar. En castigo a su comportamiento pasaría allí dos semana enteras. Esto, más que todo lo que había pasado en las últimas horas, si que consiguió que el pobre muchacho llorara de frustración.

 Continuará...

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