Capítulo 40: La aventura de Hiperión
- ¿Estás segura de que se quedó en la sala de baile cuando fuiste al tocador, Mina?.- inquirió Amy.- ¿No notaste nada raro en él?
- Por supuesto que
estoy segura.- se cruzó de brazos.-Y no, no actuó raro, estuvimos toda la noche
bailando y riendo.
- ¿Toda la noche?.- preguntó Rei con ironía.
- Bueno.- rió Mina.- Cambiamos un par de veces de pareja pero nada más.
- No me refiero a eso.- aclaró.- Uno de tus amigos me dijo que os vio salir de la sala de baile.
- Asuntos personales.- rió con frenesí.
A todas les salió una gota de sudor en la cabeza.
- Y después fuimos a la sala de aterrizaje para ver las naves de los invitados.
- ¡¡Qué!!.- exclamaron todas las chicas a la vez.
- Sabía que tramaba algo.- suspiró Endymión.
- ¿Se puede saber por qué lo llevaste allí?.- gruñó Rei.
- Bueno.- se disculpó.- Es que estuvo haciéndome muchas preguntas sobre la Luna y sobre como habían llegado a Venus los invitados que no podían teletransportarse así que decidí enseñarle las naves.
- Mina... .-rugió Rei con la vena de la frente hinchada.
- A eso es a lo que se le llama actitud sospechosa.- recalcó Lita moviendo de un lado a otro la cabeza.
- Crees que haya ido a... .- miró Serena preocupada a su chico.- ... mi madre. Dijiste que andaba muy raro.
- Si no fuera por eso, diría que ha subido a una nave para ir a conocer la Luna.- con gesto resignado.- Hiperión es capaz de una locura así. Pero en estas circunstancias...
- ¿Qué quieres decir?.- exigió saber Rei.
Endymión la puso al tanto.
- ¡Oh dios!.- se asustó Amy.- ¿Y si ha ido a vengarse de la reina?
- No, mi primo no es vengativo.- la tranquilizó Endymión.- Debe ser otra cosa.
- Eso no lo sabes.- atacó Rei hablando en nombre de todas.- Será mejor que regresemos a palacio y vigilemos a la reina hasta que aparezca Hiperión. En cuanto a ti.- lo miró ceñuda.- te llevaré de vuelta a la Tierra ahora mismo.
- De acuerdo.- respondió hoscamente el pelinegro.- Pero te aseguro que tu preocupación es innecesaria, Hiperión no es un asesino.- afirmó.- En ese sentido pondría la mano en el fuego por él.
- Pues ten cuidado.- le rebatió.- No vayas a quemarte.
- ¡Basta ya!.- intervino Serena al ver las miradas de desafío que el príncipe y Rei se dirigían.- Endymión tiene razón.- lo cogió de la mano y le sonrió.- Hiperión sería incapaz de hacer daño a una mosca, debe haber otra razón para que haya ido a la Luna.
- Y eso si está allí.- intervino Lita.- A lo mejor salió de palacio y se perdió. ¿Es posible eso?.- se dirigió a Endymión.
- Con mi primo.- se encogió de hombros más relajado.- todo es posible.
- ¡¡Pues a mí me da igual!!.- estalló de pronto Mina que hasta entonces se había mantenido al margen.- ¡¡Cuando lo encuentre me va a oír!!¡Nadie me utiliza para sus propios fines!¡Sean los que sean!
- Pues tú lo haces bastante a menudo.- señaló Lita aún algo resentida con la rubia por lo de Alex.
Mina le dirigió una mirada asesina y agarró a Endymión del brazo.
- Te llevaré a casa.- le dijo.- En cuanto le cante las cuarenta a tu primo, lo llevaré a él también.
Al pelinegro apenas le dio tiempo a despedirse de Serena con un breve beso en la mejilla. En cuanto Endymión y Mina hubieron desaparecido, Rei y Serena acordaron ir a la Luna a buscar a Hiperión mientras Lita y Amy se quedaban en Venus por si aparecía.
Y mientras tanto, ¿qué había sido del desaparecido Hiperión?
En cuanto Mina lo dejó solo, el chico se dirigió apresuradamente a la sala de aterrizaje y despegue y se coló en la nave que tenía entendido llevaba de regreso a casa a los invitados de la fiesta que vivían en la Luna. Como la mayor parte de ellos lo habían visto bailar con la princesa de Venus, todos dieron por hecho que se trataba de un nuevo pretendiente de la joven que había pasado desapercibido en el viaje de ida por ser nuevo en su círculo social, por lo que nadie lo molestó ni sospechó de él.
Desafortunadamente, el carácter mujeriego de Hiperión no tardó mucho en meterlo en líos.
Por supuesto, la afortunada fue una linda joven pelirroja de ojos verdes que reía sin parar a causa de las bromas de su acompañante. Esto, desde luego, no fue ningún impedimento para el intrépido Hiperión, acostumbrado como estaba a salirse siempre con la suya en el terreno femenino (a excepción de Serena, claro y solo para seguir conservando a su primo). Su lema era muy simple, si la dama en cuestión accedía es que su relación con el otro estaba destinada al fracaso.
Lo que Hiperión jamás esperó fue encontrarse con alguien de su misma condición y encima con mal carácter. La joven pelirroja fue sometida a tal cantidad abrumadora de halagos y piropos que terminó por agobiarse y por huir de ambos chicos. El otro se giró hacia Hiperión furioso.
- ¡¡¿Sabes cuántos días llevó detrás de ella, cretino?!!
Hiperión se encogió de hombros indiferente.
- ¡¡¡Una semana entera!!!.- le gritó.- ¡¡Y tú lo has arruinado todo!!
- ¿Una semana entera?.- abrió los ojos de par en par.- ¡Increíble! Yo la hubiera conseguido en una hora.
El derechazo fue rápido y certero. En un principio Hiperión trató de detener la pelea a pesar del dolor del labio partido pero el otro quería más y al final ambos terminaron enzarzados en una auténtica lucha de puñetazos que llamó la atención de la tripulación de la nave.
- ¡Eh!¡Vosotros dos!.- les gritó un hombre entrado en años de pelo negro.- ¡No quiero peleas en esta nave!
- Lo lamento, Jim.- se disculpó el otro después de soltar el cuello de la camisa de Hiperión de mala gana.- Pero este tipo me provocó y...
- ¿Cómo la última vez, Richard?
El aludido se puso rojo.
- Te lo advierto por última vez, una pelea más y no volverás a pisar esta nave, ¿entendido?
Richard asintió y tomó asiento no sin antes mirar con rencor a Hiperión.
- En cuanto a ti...
- Hiperión.
- ...va lo mismo, Hiperión, ¿entendido?
El chico asintió y ocupó un asiento a una distancia prudencial del de Richard. Otro oficial entró en la sala y anunció que iban a aterrizar, después se acercó a Jim e intercambiaron unas cuantas palabras, echaron un vistazo a Hiperión y salieron de la habitación.
En cuanto aterrizaron, Hiperión siguió al resto de los viajeros hasta la salida. Estaba muy nervioso, saber que su novia era de Venus había sido asombroso, visitar Venus emocionante pero ser consciente de que dentro de unos segundos pisaría el suelo del misterioso mundo que había plagado durante años sus más profundas fantasías era indescriptible.
Cuando la puerta de salida empezó a moverse y las brillantes luces de la ciudad comenzaron a vislumbrarse, Hiperión se quedó paralizado con las manos juntas sobre su pecho y con la misma expresión que tiene un niño pequeño cuando ve por vez primera el árbol de Navidad plagado de regalos. Cuando por fin la puerta se abrió por completo, el chico solo fue capaz de pronunciar una sola palabra.
- ¡¡Alucinante!!.- exclamó con los ojos brillantes.
Ante él se extendía una espléndida ciudad, de edificios de no más de tres plantas, repleta de luces y de hermosas fuentes. Pero lo más maravilloso de aquel panorama era sin duda el imponente palacio que se observaba en la lejanía, con sus altas y magnificas torres de mármol blanco talladas con impresionantes esculturas de criaturas extrañas a los ojos de Hiperión y con ese arcoiris de luces a su alrededor.
No por nada la Luna era el corazón del reino más grande y poderoso jamás conocido.
- No tan rápido, jovencito.- lo interrumpió Jim colocando una mano sobre su hombro y acompañado de varios oficiales.
- ¿Cómo dijiste que te llamabas?
Hiperión se puso en alerta de inmediato. Algo no iba bien.
- Hiperión.- contestó.- ¿Algún problema?
Jim esperó a que uno de los hombres que lo acompañaban examinara una libreta que llevaba en la mano y moviera la cabeza en señal negativa.
- No estás en la lista.
- ¡Ah, eso!.- rió nervioso.- Verás es que...
Salió corriendo como alma que lleva el diablo pero ante su sorpresa Jim proyectó una extraña luz sobre su cuerpo y en menos de un segundo se interpuso entre Hiperión y su camino hacia la libertad moviéndose a la velocidad de la luz.
- ¿Adónde crees que vas?.- se cruzó de brazos.
- No estoy para bromas, chico.
- Llevémoslo a prisión lo antes posible para que podamos regresar a casa.- se acercó un hombre por detrás.
Invocó su magia interior y le lanzó una bola de energía al tal Jim lo suficientemente fuerte como para dejarlo inconsciente, no obstante, todo salió mal porque la débil magia de Hiperión no tuvo el efecto deseado. Jim solo recibió un pequeño arañazo en la frente mientras que el terrícola cayó al suelo inconsciente y con varios cortes en el pecho.
- No le he dado tan fuerte.- se disculpó Jim ante la mirada de reproche de su amigo.
Cinco horas después
Hiperión no se hizo de rogar, se levantó de la camilla y se dirigió a la salida.
Al parecer, una joven le había roto recientemente el corazón al tal Arthur, había deducido Hiperión de tres o cuatro palabras dichas en tono confidencial y de la triste mirada del rubio.
- No deberías dejar que una chica te deje en este estado.- intervino sonriente.- El mundo está lleno de ellas.
Arthur no respondió pero le dirigió una mirada que daba a entender que ese no era asunto suyo.
- Estoy totalmente de acuerdo.- intervino Alex.
- Guárdate tus comentarios, ¿quieres?.- respondió Arthur.
- Verás.- se dirigió a Hiperión.- es que...
- ¡Alex!.- lo interrumpió el otro.
- Necesitas la opinión de un experto.- lo encaró el pelirrojo.- Y tienes que reconocer que en el terreno femenino no somos precisamente unos ases.
- Por lo que he oído Hiperión es todo un don Juan.
Hiperión se irguió orgulloso.
- Tú lo has dicho.- contestó.- un mujeriego que no sabe lo que es el amor.
- ¡¡Por supuesto que sé lo que es el amor!!.-exclamó Hiperión indignado.- Mi mundo gira en torno a él.
- Lo ves.- sonrió Alex.- Y además ni siquiera te ha reconocido.
- ¿Reconocer?
Arthur no contestó, reacio a hablar de un tema tan reciente y doloroso para él pero le dio a entender a Alex que hiciera lo que se le antojara, que era lo que terminaba haciendo siempre de todas formas.
- Verás Hiperión, esta es la historia.- empezó.- Mi amigo lleva años enamorado de una chica a la que solo conocía de vista.
- Hace unos meses.- lo ignoró.- consiguió que se la presentaran y que ella aceptara casarse con él pero ayer, como quien no quiere la cosa, lo dejó plantado por otro.
- ¿Otro?¿Quién?
- No tiene ni idea.
- ¿Y cuál es el problema?.- preguntó Hiperión después de meditarlo.- Búscate a otra chica.
Arthur dio un largo suspiro, tan triste que casi pareció tétrico.
- Imposible.- respondió Alex por él.- Pese a mis consejos de que las mujeres solo traen problemas, que aprovechara la posición social de la chica para escalar peldaños y de que no puede estar verdaderamente enamorado de alguien a quien apenas conoce, él asegura que no hay nadie como ella y que nunca podrá amar a ninguna otra mujer ni la milésima parte de lo que la ama a ella.
Hiperión se rascó la cabeza pensativo, por alguna razón esas palabras le habían hecho rememorar el estado en que se encontraba su primo el día que Serena regresó a la Luna.
- ¿Cómo es ella?
Arthur lo pensó un momento, suspiró de nuevo y respondió a la pregunta.
-Ayer me dejé llevar por el dolor.- se entristeció al recordarlo.- y le dije cosas horribles pero lo cierto es que ella es... es preciosa.- sonrió.- Parece una niña chiquita, muy caprichosa e infantil pero eso solo en la superficie, muy en su interior es una joven fuerte y valerosa, capaz de dar su vida por los demás. Lo cierto.- murmuró abatido.- es que me hubiera encantado verla florecer.
- ¡Qué cruz!.- exclamó Alex.- ¿Ves? No sé que voy a hacer con él, estoy seguro de que sino fuera por la responsabilidad que tiene con la unidad ya hubiera hecho alguna locura.
Hiperión lo miró con compasión.
- En ese caso.- dijo.- reconquístala.
- ¿Reconquistarla?.- rió con ironía.- ¿Cómo? Después de como la traté dudo que quiera tan siquiera verme. Estoy avergonzado.- se desahogó.- de mi comportamiento.
-Escúchame Arthur.- insistió Hiperión.- si tiene tan gran corazón como dices estoy seguro de que lo entenderá. Lo único que tienes que hacer es disculparte y volver a ser su amigo, mientras no se case siempre hay esperanza.
- ¿Tu crees?.- preguntó.
Arthur asintió.
- Entonces, ¿ya no hablarás con la reina?
- Claro que lo haré, hasta que no recupere a Serena lo mejor será anular nuestro compromiso.
- Creo que es mejor que no lo hagas.
- ¿Por qué?
- Piénsalo, la reina te adora.- explicó.- solo tienes que decirle que quieres dar una sorpresa a la princesa y organizar la fiesta de compromiso sin que ella se entere. Cuando la reina lo anuncie delante de tanta gente será incapaz de oponerse.
- ¡¡Eso es despreciable!!.- se reveló Arthur.- ¡¡Y además Serena no me lo perdonaría nunca!!
- Claro que sí.- insistió.- Para entonces ya sabremos quien es el otro y lo habremos dejado en ridículo sumando puntos a tu favor, solo será un pequeño empuje para afianzar vuestra relación. Con su buen corazón lo entenderá y eso, aunado al favor de la reina y del pueblo, te ayudarán a terminar de reconquistarla.
- Haré como que no te he oído.- replicó molesto.
- Como quieras, pero.- señaló al frente.- ¿no ibas a hablar con la reina?
- Está de viaje.- respondió.- No volverá hasta mañana.
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Al principio, a Hiperión todo le
pareció fabuloso: los jardines, el estanque, el palacio... todo y lo
contemplaba con los ojos impresionables de un niño pequeño. Además,
acostumbrado como estaba a fugarse de casa y a burlar a los guardias que su tía
le imponía de vez en cuando, no le resultó ningún problema colarse en el
castillo para ir en busca de la reina.
Dentro del palacio todo era aún más mágico: los amplios ventanales, los colores alegres, las figuras talladas, las alfombras... A los dormitorios trató de no entrar, en cuanto al resto de habitaciones solo hubo una que no osó profanar: estaba envuelta por una magia tan poderosa que solo de pensar en poner el pie dentro le hacia sentir como un miserable ladrón.
Retrocedió y llegó a otra sala con un círculo en el centro y siete hermosos símbolos de distintos colores tallados en el suelo: al lado de cada uno, un espléndido trono. No obstante, había un hueco vacío, el que seguramente correspondía a la Tierra e Hiperión no pudo evitar pensar que gracias a él todo cambiaría muy pronto.
- ¡¡Maldita sea!!.- se quejó.- Casi pareciera que alguien les dice donde estoy.
Al final consiguió salir del palacio y rodearlo para dirigirse al bosque que había visto desde uno de los numerosos ventanales del castillo. Desafortunadamente, los soldados lo siguieron y, no solo eso, sino que a éstos se le unieron otros que surgieron del bosque hacia donde se dirigía. El chico cambió de planes inmediatamente, sino podía esconderse en el bosque lo haría en un laberinto de abetos que se veía a lo lejos a la derecha.
Lo que nunca esperó fue que al rodear un amplio lago que había con columnas en los bordes, el agua de éste se arremolinara en el centro y formara una especie de brazo que lo atrapó y lo arrojó con fuerza contra el suelo.
Dolorido, magullado pero aún así con ánimos para continuar, Hiperión se incorporó como pudo mientras veía como los soldados estaban cada vez más cerca. Se giró dispuesto a correr como nunca (tenía una importante misión que cumplir) y se dio de bruces con el laberinto de abetos.
- ¡¡Mi salvación!!.- exclamó esperanzado.
- No puede ser.- se quejó un guardia cuando llegaron hasta el lugar.- Ha entrado en el laberinto.
- No.- contestó el primero.- Mejor al capitán, la reina está de viaje.
- ¿Y si escapa?
- Imposible.- se encogió de hombros.- La magia de palacio no lo permitirá, ya visteis lo que hizo con el agua.
Adentro, Hiperión los escuchó sin creer una sola palabra mas cuando dejó de oír las voces y se aventuró a salir de allí se encontró con que una barrera invisible le bloqueaba el paso.
Más desanimado de lo que nunca lo había estado, se dejó caer en el suelo. Ahora la Luna no le parecía un lugar tan maravilloso.
- Pero, ¿y mis heridas?.- se hizo el mártir para tratar de apaciguar a su furiosa novia.
- No veo que sean tan graves.- y sin decir una palabra más se marchó de allí.
Hiperión se encogió de hombros y retomó el camino de regreso a palacio seguro de que encontraría la forma de que Mina lo perdonara. Sin embargo, en lo que no reparó fue en que no podía desaparecer de palacio durante más de un día y no esperar que su tía estuviera furiosa, mas aún cuando no recibió ninguna explicación ni de su desaparición ni de su deplorable aspecto.
Después de gritarle durante más de dos horas seguidas y de decirle lo cansada que estaba de su irresponsabilidad, lo mandó de vuelta al destacamento militar. En castigo a su comportamiento pasaría allí dos semana enteras. Esto, más que todo lo que había pasado en las últimas horas, si que consiguió que el pobre muchacho llorara de frustración.