Capítulo 38: Te amo
Luna sonrió al ver como su pequeña princesa estiraba los
brazos y las piernas abarcando toda la cama con el rostro iluminado por una
amplia sonrisa. Tal vez algo andaba mal con su magia pero le reconfortaba ver
que la joven tenía sueños agradables.
Unos
golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.
- Adelante.- dijo.
Se trataba del capitán Arthur.
- Consejera Luna.- dijo el
joven.- La reina desea hablar con vos.
- ¿Conmigo?¿Sabéis ya que es
lo que le ocurre a la magia de la princesa?
- El consejero Artemis piensa
que es posible que se trate de un sello mágico y que Serena no pueda volver a
ser sailor Moon hasta que encontremos la forma de romperlo.- mirando a la
princesa con amor.- Estará bien siempre y cuando no intente usar su magia.
- Menos mal.- suspiró Luna
algo aliviada.- De todas formas no creo que sea conveniente que se quede sola
aún.
- Sus amigas vienen hacia
aquí.- la tranquilizó el capitán.- Yo me quedaré con ella mientras tanto.
Luna asintió conforme y abandonó la habitación dejando a
la princesa a solas con su prometido.
Hacia un poco de calor así que el capitán abrió uno de
los ventanales de la estancia para dejar pasar al aire de fuera. Serena tuvo un
escalofrío y se giró hacia un lado de la cama haciéndose un ovillo, Arthur se
acercó a ella y la arropó con cuidado para después suspirar y dejarse caer en
la silla que segundos antes ocupara Luna.
No conseguía librarse de ese mal presentimiento que lo
atenazaba, algo andaba mal con su princesa, sentía que la estaba perdiendo y no
sabía por que, y si la perdía... apretó los puños... no, mejor no pensar en
ello.
Se levantó de la silla y se sentó en la cama. Se inclinó
sobre ella y depositó un suave beso en sus labios.
- Te amo tanto, mi princesa
.- le susurró.- No voy a perderte.- sacó una fina pulsera de su bolsillo y se
la puso a su bella durmiente.- Ningún otro me alejará de ti.
Su voz tembló ligeramente al pronunciar en voz alta su
verdadero temor, sintió que algo oprimía su pecho ahogándolo y no pudo evitar
volver a besar a su princesa, esta vez casi con furia, en un intento
desesperado por sentirla a su lado y huir de los malos presentimientos.
Un quejido se escapó de la joven cuando Arthur, en su
desesperación, le mordió el labio con demasiada fuerza haciéndolo sangrar.
Arrepentido, sobre todo al ver la expresión de angustia de Serena en sueños, le
limpió la sangre con un suave beso y le acarició la mejilla esperando que se le
iluminara de nuevo el rostro.
En ese instante entraron Rei, Lita, Amy y Mina. Con un
gesto de la mano el capitán salió de la habitación no si antes pedirles que
avisaran a Serena de que volvería después.
En cuanto se quedaron a solas, Mina no perdió el tiempo
en zarandear a su amiga para despertarla y abrazarla con todas sus fuerzas. La
princesa, que estaba ya medio despierta a causa de Arthur, no tardó demasiado
en incorporarse y en responder al eufórico saludo de su amiga. Por supuesto,
Rei, Lita y Amy no tardaron en unírseles.
- ¡Pero contadme!.- exigió en
cuanto los abrazos terminaron.- ¿Qué habéis hecho mientas estuve dormida... .-
trató de recordar las palabras de su madre.- ...estos tres meses?
- Supongo que tu madre ya te
habrá dicho que la guerra terminó.- dijo Amy.- así que...
Y entre las cuatro la pusieron al tanto de todo lo
ocurrido en su ausencia aunque omitieron lo referente a la muerte de Haruka y
Michiru pues ninguna se atrevía a decírselo conociendo la profunda amistad que
Serena había mantenido con la scout de Urano.
Por supuesto, Serena se apenó muchísimo por todas las
bajas que había habido pero también le emocionó enormemente el saber que Lita
había recuperado a su padre y no dudó ni un solo instante en apoyar las
sospechas de Mina de que entre Alex y Lita estaba surgiendo algo, cosa que le
valió un sonoro coscorrón de parte de su alta amiga.
- Y hablando de Alex.- cambió
Rei de tema.- ¿Cuándo piensas decirle a Arthur que no quieres seguir con lo del
compromiso? Cuando llegamos aquí él estaba sentado a tu lado...
- ...besándote.- la
interrumpió Mina.- ¿Qué tal lo hace?
Serena se sonrojó, lo cierto es que prefería a Endymión
con creces.
- Dadle un respiro.-
interrumpió Amy el rumbo de sus pensamientos.- Acaba de salir de... .- se quedó
pensativa-. Bueno de algo.- tuvo que reconocer sonrojada que no tenía ni idea
de lo que le había pasado a su amiga.
- Un sello mágico.- dijo
Lita.
Todas, incluida Serena, la miraron sin entender.
- Oí a Artemis decir que te
hicieron un sello mágico y que por eso no puedes utilizar tu magia, si lo
intentas volverás a desmayarte.- aclaró provocando que todas se quedaran en
silencio.
Habían nacido con magia y, para ellas, era algo casi
catastrófico el no poder emplearla de un día para otro. Un sello mágico era lo
peor que le podían hacer a un habitante del Milenario de Plata, más aún si era
una scout.
- No te preocupes.- rompió Minako el silencio animada.- Encontraran la forma de romper ese sello.
- En realidad.- habló Serena
muy bajito.- no me importaría que no lo consiguieran.
Silencio total.
- ¡¡Pero qué demonios estás
diciendo, Serena tonta!!.-exclamó Rei tras unos segundos.- ¿Es que no quieres
volver a ser sailor Moon?
Serena negó con la cabeza tristemente.
- No quiero volver a tener
que matar a nadie.- explicó.- Sin mi magia no tendré que volver a hacerlo.
- Pero Serena... .- la abrazó
Lita al ver que unas cuantas lágrimas rodaban por la mejilla de su princesa.-
... no llores.
Ninguna entendía la lucha interior que Serena había
tenido que librar tan solo para decidirse a golpear a Saturno.
- ¿Y esa pulsera?.- dijo de
pronto Mina tratando de desviar el tema de la conversación.- Nunca te la había
visto y eso que he registrado unas cuantas veces tu armario.
El comentario le valió unos cuantos caponazos por parte
de las demás pero al menos sirvió para que Serena olvidara lo de su magia y
mirara con curiosidad la pulsera.
- La verdad es que no lo
sé... .- la examinó detalladamente.- ¡¡Pero es preciosa!!.- exclamó entusiasmada por el misterioso regalo.
- Déjame verla.- pidió Rei.
Se trataba de un fino cordón de plata con minúsculas
esmeraldas insertadas entre sus hebras.
- Tal vez es de Arthur.-
sugirió Lita.- A lo mejor te la puso antes de besarte.
- Eso no lo sabemos.- debatió
Amy.- Y en realidad tampoco sabemos si la besó o no.- reprendió a Mina y a
Rei.- No vimos nada.
- ¡¡Claro que sí!!.- insistió
Mina.- ¡Estaba inclinado sobre ella!
- A lo mejor fue Endymión.-
sugirió Lita.
- ¡¡Qué!!.-exclamó Serena
alterada.- ¡¡Endymión!! ¡¡Cuándo!! ¡¡Dónde!! ¡¡Cómo!!.- zarandeó a Lita
emocionada ante la posibilidad de que su príncipe azul le hubiera hecho un
regalo tan bonito.
- Oh... cuando lo trajimos
aquí...
Serena soltó de golpe a Lita que se sujetó la cabeza
mareada.
- ¿Cuando lo trajisteis?.-
inquirió confundida.- No entiendo.
Mina fue la encargada de ponerla al tanto y cuando
terminó de contar lo sucedido Serena estaba como en shock.
- Pero... .- le tembló la
voz.- ...eso quiere decir que.. que.. .-poco a poco se le fue iluminando el
rostro y sus ojos empezaron a brillar como estrellas.- que... ¡no me imaginé
nada! Los latidos de mi corazón, el olor
a rosas, su esencia viril y salvaje... ¡era él!.- casi lloró de alegría.- Era
Endymión.- susurró.
- Pues sí.- contestaron las
cuatro felices de verla tan contenta.
- Tengo que verle.- dijo de
pronto levantándose de la cama y provocándole un infarto a sus amigas.- Tengo
que darle las gracias.
- ¡¡Ni hablar!!.- se
interpuso en su camino Rei.- ¡¡No volverás a la Tierra!!
- ¿A no?.- la desafió.-
Impedídmelo.- se dispuso a teletransportarse.
- No hace falta.- se cruzó de
brazos.- No tienes magia, ¿recuerdas?
La cara de Serena lo decía todo.
- Pero... pero... .- a punto
de llorar.-... tengo que verle, aunque yo no pueda teletransportarme vosotras
si podéis llevarme a la Tierra... por favor.- suplicó.
- Bueno.- cedió Mina.- un
rato.
- No.- la cortó Rei.-
recuerda lo que le prometimos a la reina.
- ¡Pero él me está
esperando!.- insistió Serena.- Vosotras mismas me lo dijisteis.
- Eso no cambia nada, Serena.
- Pero... .- cada vez más
alicaída.
- Es cierto que no podemos
llevarla a la Tierra.- intervino Amy atrayendo la atención de todas.- Pero si
podemos volver a traerle a él aquí, aunque solo sea unos minutos.
Serena las miró esperanzada.
- Ha pasado casi un día.-
insistió Rei.- No creo que siga en el mismo lugar.
- Pero podemos intentarlo.-
dijo Lita.
Al final, Rei cedió y acordaron que Mina iría a buscarlo
de nuevo, lo traería y lo dejarían a solas con Serena cinco minutos mientras
ellas vigilaban la puerta de la habitación.
No obstante, cuando Mina se teletransportó al lugar en
donde dejara a Endymión la última vez, allí no había nadie y esta vez ni su
hechizo para invocar a Hiperión funcionó. Esperó en balde cerca de veinte
minutos.
- Lo siento, Serena.- se
disculpó al regresar.- Allí no había nadie.
- No, por favor, vuelve otra
vez.- le suplicó la princesa.- Está ahí, lo sé.
- He esperado casi veinte
minutos y no ha aparecido nadie.- trató de calmarla Mina, no le gustaba ver a
su amiga en ese estado.
- ¡¡Sí que está!!.- exclamó desesperada.- Algo en mi interior me lo dice, por favor.
Mina dirigió una última mirada compasiva a su princesa y
accedió a pesar de la desaprobación de Rei.
- Está bien.- dijo.- Pero
será la última vez.
La Tierra, habitación de Endymión
- De verdad que no hace
falta, Beryl.- decía Endymión tratando de sacar a la pelirroja de su
habitación.- Puedo prepararme el baño perfectamente solo, no hace falta que te
molestes.
- No es una molestia.- volcó
un cubo de agua caliente en la bañera.- Además, la reina Calice me ordenó que
os atendiera a partir de ahora y a ella se lo preparan sus doncellas.
- Pero a mi no.- insistió el
príncipe.
La pelirroja lo miró dolida, como si su actitud le
hiciera daño.
- Solo trataba de seros de
utilidad.- bajó la cabeza compungida.
La triste mirada de Beryl consiguió su objetivo, que
Endymión se sintiera mal por tratarla tan secamente cuando ella solo trataba de
complacerlo.
- Lo siento.- se acercó a
ella.- no pretendía ser grosero pero de verdad que no es necesario que me prepares
el baño.
“Ni que estés todo el día detrás de mí”.- pensó, pero se
abstuvo de decir nada para no herir más sus sentimientos.
Beryl sonrió aceptando la disculpa y aprovechó la
cercanía del joven para lanzarse a sus brazos y besarlo. Endymión no respondió,
se mantuvo inmóvil y cuando la pelirroja se separó de él, suspiró y le retiró con delicadeza sus brazos del cuello.
- No vuelvas a hacerlo.- dijo
simplemente.
- ¿Por qué?.- volvió a
hacerse la dolida.- La otra vez, en el bosque, cuando nos besamos*, pensé que...
- Beryl.- era necesario
aclarar las cosas de una buena vez.- Lo de aquella vez fue un error, siento que
pasara pero no siento nada por ti y estoy seguro de que puedes encontrar a
alguien que te valore y ame como te mereces.- recitó de memoria lo que tantas
veces le había oído decir a su primo cuando quería deshacerse de una chica,
aunque la verdad sea dicha, lo hizo bastante mal.
Beryl ni siquiera se inmutó sino que sonrió y volvió a
acercarse a él.
- Tu eres mío.- Endymión
frunció el ceño molesto por el comentario pero cuando los ojos rojos de la
chica empezaron a brillar toda su voluntad desapareció.- Sacaré de tu corazón
sea como sea a esa detestable princesita.- colocó los brazos de nuevo alrededor
del cuello de Endymión y pegó su cuerpo contra el suyo.- Bésame.- le ordenó.
Incapaz de resistirse al hechizo que Beryl le había
lanzado, Endymión la agarró de la cintura y fue acercando su rostro al de ella.
Faltaban tan solo unos centímetros cuando algo hizo que el hechizo se rompiera
y que Endymión se alejara de la pelirroja.
Confuso, se restregó la frente y miró a Beryl como si
fuera una ilusión.
- Yo... volveré más tarde.-
dijo mientras salía de habitación dando tumbos y la pelirroja lo veía marcharse
furiosa sin entender cómo era posible que su hechizo no hubiera funcionado.
Sin tener muy claro hacia donde se dirigía, Endymión
caminó sin rumbo fijo hasta terminar en el jardín de rosas. En su camino le
pareció ver a Diocles arrastrando a Hiperión de la oreja a algún lugar sin duda
desagradable. Un pensamiento fugaz cruzó por su mente, tal vez a Hiperión no le
había afectado tanto como pensaba lo de la Luna si ya se estaba metiendo en
líos, pero tan pronto como surgió desapareció.
Se sentó en un banco y esperó a que la sensación de
confusión desapareciera. Tras unos minutos volvió a sentirse bien, lo último
que recordaba era que por fin había aclarado las cosas con Beryl y dejado claro
que no sentía nada por ella y después... esa sensación, casi como si ella lo
estuviera llamando, la había sentido dentro de él.
- Serena.- suspiró mientras
dirigía su mirada hacia el lejano bosque.
Sin saber por que, se levantó del banco y comenzó a
caminar en dirección al bosque, al punto exacto en donde había conocido a la
novia de su primo.
Quince minutos después
Había cogido un caballo y cabalgado hasta allí con la
extraña sensación de que la vería de nuevo pero al llegar se encontró con que
el lugar estaba tan vacío como cuando lo dejó en el amanecer. Con un suspiro de
desaliento, hizo dar media vuelta a su caballo para volver a palacio cuando
delante de él apareció de nuevo, en medio de un destello cegado, sailor Venus.
- ¡¡Increíble!!.- exclamó la
chica sorprendida.
La Luna, habitación de Serena
Presa de los nervios, Serena estaba sentada sobre su cama
retorciendo constantemente las sábanas. Sus amigas la miraban con pena, sin
saber que hacer para animarla cuando sailor Venus regresó y, ante el asombro de
todas, traía a Endymión consigo.
En cuanto lo vio, Serena se puso de pie de golpe con el
corazón latiéndole aún más rápido que antes y, por la expresión de Endymión, a
él debía estar ocurriéndole lo mismo.
Venus se apresuró a salir de la habitación junto con las
otras para darles algo de intimidad y Rei ni se molestó en recordarle a su
princesa que solo tenía cinco minutos, no la hubiera escuchado.
En cuanto se quedaron solos, Endymión avanzó unos pasos
hacia ella pero se detuvo al ver que Serena permanecía inmóvil mirándolo.
La última vez que lo había visto, había sido en la habitación
del palacio de la Tierra en donde la mantenían cautiva y se había marchado de
allí haciéndole creer que amaba a Arthur. Aún no lo había sacado de su error y,
simplemente, no sabía como confesarle sus auténticos sentimientos.
Retorciendo nerviosa sus manos detrás de la espalda, bajó
la mirada y empezó a hablar con titubeos.
- Yo... gracias... yo
- Tu.- la apremió Endymión.
Estaba feliz de ver que ya estaba bien y si aún no la había estrechado entre
sus brazos y comido a besos era porque había algo que deseaba aún más, algo que
solo ella podía darle.
- ... las chicas me dijeron
lo que hiciste por mi... .- consiguió decir al fin.
- ¿Por ti?.- se acercó a ella
hasta que sus cuerpos quedaron a escasos centímetros el uno del otro.
- Sí.- levantó la cabeza para
bajarla de inmediato al verle tan cerca de ella.- Me despertaste y... yo...
.-volvió a subir la cabeza quedando esta vez atrapada por la intensidad del
brillo de sus ojos zafiro, ¡dios!, nunca se había fijado en lo atrayentes que
eran.- yo... .- titubeo.- ...gracias.
- No hace falta que me las
des, cara de luna.- le acarició la mejilla.- Sabes que haría cualquier cosa por
ti.
La respiración de Serena se aceleró ante esa caricia, sus
piernas le temblaban y se sentía incapaz de pronunciar una sola palabra más.
Endymión sonrió, sentía lo nerviosa que estaba y eso
hacía que la deseara aún más pero antes quería escuchar esas tres y simples
palabras, necesitaba oírlas de sus propios labios. Le retiró un mechón de
cabello de su rostro y le susurró unas palabras al oído, tal vez necesitaba un
pequeño empujón.
- Lo sabía, eres demasiado
niña para reconocer que no puedes vivir sin mí.- murmuró haciendo que Serena se
quedara paralizada. ¿Dónde?¿Dónde había oído antes esas palabras?
Cerró los ojos tratando de recordar, fue... fue...
¡durante su sueño!
Los abrió de golpe sorprendida y miró a Endymión con una
sonrisa, ahora sabía lo que quería su príncipe.
- Yo... .- ya no le temblaban
las piernas pero los latidos de su corazón seguían siendo igual de rápidos.
- ¿Si?.- colocó una mano
sobre su cintura y la atrajo hacia él, pegando su cuerpo contra el suyo.
- Te amo Endy.- susurró con
dulzura haciendo que la piel de Endymión se erizara y que todo su ser anhelara
más que nunca hacerla suya.
No esperó más y la besó con pasión arrancándole continuos
suspiros de placer mientras le pedía una y otra vez que le dijera que lo amaba.
Unos fuertes golpes en la puerta rompieron el mágico
momento y, muy a su pesar, ambos jóvenes tuvieron que separarse.
- Te costó reconocerlo, ¿eh
cara de luna?.- bromeó el príncipe sin soltarla.
- No hagas que me
arrepienta.- fingió enfadarse.
- Me encanta cuando te
enfadas, tus ojos brillan como nunca.
Un nuevo beso interrumpido por unos golpes en la puerta.
- Será mejor que me vaya ya.-
dijo Endymión que seguía reacio a soltar a su amada.- Tu amiga Mina no es muy
paciente que digamos.
- Le pediré que te traiga de
vuelta.- se apresuró a añadir.- Mañana, por ejemplo.
- No.- se puso serio de
pronto.
- ¿No?.- se preocupó.- ¿Puedo
ir yo si quieres?
Endymión volvió a negar.
- Pero.- se separó de él.-
¿Por qué no? Creía que te...
- No lo sabes aún, ¿verdad?.-
la obligó gentilmente a volver a su lado.- La Tierra va a entrar a formar parte
del Milenario de Plata y dentro de tres semanas podremos vernos todo lo que
queramos, mi madre va a enviarme a la Luna como representante de la Tierra.
- No puede ser verdad.
- Y no solo eso, me ha
prometido que se replanteará nuestra relación y es por eso que es mejor que no
nos veamos por ahora para...
No pudo continuar, Serena lo abrazó con todas sus fuerzas
llorando de felicidad.
- ... no darle ningún motivo
que la haga cambiar de opinión.- concluyó mientras la separaba de él y le
limpiaba sus lágrimas con dulces besos.
- El tiempo ha terminado.-
entraron las chicas interrumpiéndolos.- es hora de que te vayas.- dijo Rei.
Endymión asintió y tras despedirse de su amada con un
último beso se reunió con Minako.
- Endy.- lo llamó por última
vez Serena.- Gracias por la pulsera, es preciosa.
Endymión la miró extrañado pero antes de que pudiera
decir algo desapareció de allí junto con Venus ante la fija y reluciente mirada
de Serena.
Continuará....
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* Capítulo 11, durante el
cual Endymión comenta que Beryl lo besó durante su cita con ella.