Capítulo 33: La Luna (segunda
parte)
- ¡¡Burbujas de mercurio, estallen!!
La niebla rodeó al
Titán permitiéndole a Sailor Venus atacarlo de nuevo para llamar su atención y
alejarlo de la ciudad. Como respuesta, el coloso le envió un rayo que la chica
esquivó con premura mientras Sailor Mercurio aprovecha para atacarlo ella
también.
La situación se
repitió una y otra vez con el Titán cada vez más furioso, las chicas tratando
de dar siempre en el mismo punto y con Mercurio convocando su ataque de niebla cada
vez que ésta amenazaba con desaparecer.
Finalmente y pese al
cansancio, las dos sailors lograron hacerle una herida en el pecho lo
suficientemente importante como para que no pudiera sanarla al instante.
- ¡¡Es ahora o nunca!!.- exclamó Venus.- ¡¡Ataquémoslo las dos a
la vez!!
- Estoy contigo.- la apoyó Mercurio.
- ¡Besos de amor y belleza!
- ¡Rapsodia acuática de mercurio!
Los dos ataques se
fundieron nuevamente en uno solo que fue directo al Titán. El sonido del
impacto amortiguó los gritos de los selenitas a los que los soldados saturninos
habían encontrado y estaban aniquilando.
Cuando la niebla de
Mercurio terminó de disiparse, el Titán seguía en pie, dentro de su escudo y
con las heridas totalmente curadas.
- Es inútil.- se lamentó Mercurio totalmente desanimada.- Nosotras
dos solas jamás podremos vencerlo.
Venus no supo que
decir.
***************
La reina subió las
escaleras que conducían a las habitaciones reales y al cristal de plata sin
percatarse de que Hades la estaba siguiendo a una distancia prudencial. Estaba
a punto de subir él también las escaleras saboreando de antemano su triunfo
cuando una voz bastante familiar llamó su atención. Se detuvo y se giró hacia
ella con una sonrisa.
- ¡Qué sorpresa Tritón! Pensaba que estarías con las sailors
intentando inútilmente herir a mi
Titán.- se burló.
El rey no le
respondió, solo se quedó ahí, parado, en silencio, con el rostro inexpresivo y
los ojos enrojecidos. Tenía la camisa y las manos manchadas de sangre fresca.
Hades se percató de este detalle y enarcó una ceja curioso.
- ¿No me digas que tan poco han durado los demás? Pensaba
divertirme un rato más con ellos.
- Nep... Neptuno... .- habló por fin.- ... mi hija... Urano...
muertos... todos muertos.
Tritón bajó la
mirada y contempló la sangre de sus manos, recordando lo que Sailor Urano le
había contado, como el Titán había explotado destruyéndolo todo al morir
Atlante. Después, la chica había fallecido. Estaba como ido.
- ¿Así que todos muertos?.- le brillaron los ojos a Hades.- Una
gran noticia.
- ¡¿Una gran noticia?!.- despertó bruscamente de su ensoñación.
Sintió como la ira
hacía que su sangre hirviera opacando la angustia, el dolor de haber perdido
todo lo que amaba. Dos lágrimas surcaron su rostro, solo que esta vez eran
lágrimas de coraje. En su mente solo había sitio para una idea: matar a Hades.
Un aura verdosa lo
rodeó al mismo tiempo que un tridente se materializaba en sus manos.
- ¡Te mataré!.- aulló.
Hades se limitó a
contemplarlo divertido.
- ¿De verdad crees que puedes vencerme?.- cuestionó.
Por toda respuesta,
Tritón elevó su tridente y dejó que de cada una de las puntas de éste saliera
un torbellino de agua en dirección a su rival. Hades se quedó donde estaba
cruzado de brazos dejando que su escudo energético lo protegiera del ataque.
- Ya ves.- se burló.- lo efectivo que resultan tus ataques.
Tritón apretó su
arma y se lanzó contra Hades tratando de envestirle con ésta mientras su
enemigo se limitaba a esquivarlo sin abandonar en ningún momento su siniestra
sonrisa.
- Mi turno.- dijo mientras elevaba la mano derecha y enviaba un
rayo directo a la pierna de su adversario.
Tritón cayó de
rodillas sujetándose la zona herida al mismo tiempo que trataba de controlar el
dolor. Hades se acercó hasta él y se inclinó ligeramente estudiando el avance
de la descomposición.
- Vaya.- comentó analíticamente.- Parece que cuanto más fuerte es
el sujeto más lento avanzan los efectos del Rayo destructor.
- ¡Torbellinos de agua!.- exclamó el rey de Neptuno alzando
ligeramente su tridente.
La energía del
ataque impactó de lleno en su objetivo lanzándole varios metros hacia atrás, la
satisfacción de haber logrado herir a aquel monstruo hizo que Tritón sonriera
gustoso olvidando por un momento su sufrimiento. Sin embargo, poco le duró la
alegría cuando vio como Hades se ponía de pie y las heridas que le había hecho
se cerraban poco a poco pese a su gravedad.
- Buen intento.- lo alabó.- Lástima que no haya servido de nada.
Se quedó parado,
observando con placer como el rey de Neptuno trataba de luchar inútilmente con
la energía que lo estaba devorando poco a poco. Se había extendido ya por toda
su pierna y brazo izquierdos y empezaba a fluir hacia el lado derecho.
- Sabes.- se acercó hacia su víctima.- espero que tu hija haya
sufrido tanto como tu.- quejándose.- Acabo con uno de mis titanes.
Lo que ocurrió a
continuación no lo hubiera esperado nadie. La mención a la muerte de Michiru y
la absoluta frialdad con la que habló hicieron que el aura de Tritón creciera
enormemente y que recuperara su fuerza. Sin pensárselo dos veces se lanzó sobre
Hades y lo tiró al suelo cayendo encima de él, al mismo tiempo que lo golpeaba
frenéticamente con puños y tridente.
- ¡¡Maldito asesino!!.- gritaba.
Hades, sorprendido
por el repentino ataque y por su ferocidad, no tuvo tiempo de reaccionar y pese
a que intentaba por todos los medios librarse de su encolerizado enemigo no
conseguía que lo soltara.
- ¡Voy a destrozarte vivo!.- le rompió la nariz.- ¡Te borraré para
siempre esa horripilante sonrisa!¡Te...
De pronto, empezó a
sentirse mal, se llevó las manos al pecho y apretó fuertemente sobre la zona
del corazón. Sentía que le iba a estallar, le energía oscura había llegado
hasta allí.
- ¡Al fin!.- exclamó Hades mientras lo apartaba de él de un
empujón y se ponía de pie.
Al instante, todas
sus heridas sanaron, todas menos una, la raja que le había hecho con el
tridente en el rostro.
- Pensaba limitarme a contemplar como sufrías en vida.- habló
fríamente.- Pero esto que me has hecho... .- se tocó la herida.- ...vas a
pagarlo durante toda la eternidad.
Extendió el brazo e
invocó una espada negra, obsequio de Pharaon 90. Se acercó a Tritón que estaba
agonizando y se la clavó sin miramientos en el pecho provocando su muerte
instantánea. La sacó del cadáver y un aura blanca procedente del rey se fundió
con ella.
- Tu alma es mía.- sonrió siniestramente.- Tu tortura no ha hecho
más que empezar.
************
Mercurio observó
impotente como el Titán rompía el hielo que lo aprisionaba y trataba de golpear
fuertemente a su amiga.
- ¡Venus, a tu izquierda!.- intentó avisarla.
No fue necesario,
antes de que Venus se diera siquiera cuenta de lo que estaba pasando apareció
Adonis, que sujetándola de un brazo, la apartó de la trayectoria del golpe. El
Titán siguió su camino hacia el interior de la ciudad.
- ¡¡Papa!!.- exclamó sorprendida.- ¿Qué haces aquí?
- Venimos a ayudar.- respondió Hermes detrás de Mercurio.
- ¡¡Papa!!.- se sorprendió esta vez la peliazul.
- ¿Cómo que a ayudar?.- protestó la rubia.- No necesitamos que nos
ayuden.
- Eso está claro.- contestó Ares sarcástico.
- Solo no está llevando más tiempo de la cuenta.- respondió
ofendida.- Si queréis ayudar a alguien, ayudad a la gente de la ciudad.
- Tiene razón.- dijo Mercurio.- Los soldados los están matando y
no podemos hacer nada por el momento.
- Escuchad, tenemos un plan.- las ignoró Ares.- Hermes, exponlo.
- No te preocupes por la gente.- sonrió el rey de Mercurio a su
hija para tranquilizarla.- Cuando veníamos hacia aquí recibimos un mensaje por
el comunicador de nuestro transporte. El capitán Arthur y sus hombres estarán
aquí en cuestión de segundos.
Como si sus palabras
fueran una señal, aparecieron en el horizonte centenas de vehículos de combate
con los soldados selenitas que se apresuraron en ir en busca de los saturninos
para acabar definitivamente con ellos.
Mercurio y Venus se
miraron esperanzadas, por fin un golpe de suerte.
- ¿Y bien?.- preguntó Venus impaciente.-¿Cuál es el plan?
- Hermes a descubierto que para mantener activo el escudo, el
Titán necesita consumir una gran cantidad de energía.- explicó Adonis.
- Efectivamente.- asintió el padre de Mercurio.- Y eso aunado al
hecho de que ha gastado una gran cantidad de energía durante su combate con
vosotras nos da una oportunidad perfecta para derrotarlo. Solo tenemos que
atacarlo todos juntos desde...
- Dentro del escudo.- finalizó Mercurio algo avergonzada por no
haber pensado antes en algo tan obvio.
- ¡¿Cómo que dentro del escudo?!.-protestó Venus.- ¡Es imposible!
- No del todo.- la contradijo Ares impaciente.- Sé como hacerlo.
El monarca de Marte
expuso su plan con brevedad y todos asintieron en acuerdo, bueno no todos. A
Adonis no le gustó demasiado su parte en el mismo pero no tuvo más
remedio que conformarse en beneficio de la humanidad.
Se colocó delante
del coloso y empezó a mover frenéticamente ambos brazos tratando de llamar su
atención. Al ver que así no conseguiría nada, colocó una mano detrás de su
espalda y empezó a generar un montón de burbujas doradas que lanzó al Titán. Se
suponía que tenían que provocarle terribles alucinaciones que lo condujeran al
suicido, lo único que logró fue que el Titán se detuviera en seco y que le
apuntara con la mano para matarlo con su Rayo destructor.
Los demás
aprovecharon el momento para acercarse al gigante por la espalda y colocarse al
lado de sus pies. Adonis corrió a refugiarse en un edificio cercano mientras
Mercurio cubría los alrededores con niebla para cegar al gigante y Venus lo
golpeaba en la mano con su cadena de amor.
Obviamente el ataque
no lo dañó apenas pero sirvió para que reconociera a quien pertenecía la
energía y que, al no ver a sus atacantes, levantara el escudo para protegerse
de posibles ataques. Era el momento.
- Recordad.- advirtió Mercurio.- No dejéis de atacarlo hasta que
sus heridas dejen de sanar.
Todos asintieron,
Venus y Mercurio saltaron hacia arriba y dirigieron sus ataques al corazón del
Titán, desde abajo Ares y Hermes trataban de hacer lo mismo (con muy poco
éxito, dicho sea de paso). Continuaron repitiendo el ataque mientras el Titán
no dejaba de mirar hacia todos lados intentando localizar a sus atacantes (la
niebla aún persistía) pero sin bajar su escudo (no era un ser inteligente, la
única forma que conocía para protegerse de los golpes era mantener la barrera).
Finalmente, sus
reservas de energía empezaron a escasear y el escudo fue perdiendo fuerza hasta
desaparecer por completo, incluso su poder de regeneración parecía estar
bastante debilitado. Aun así Mercurio y Venus siguieron golpeándolo sin
descanso hasta que consiguieron que cayera de rodillas.
- ¡Ya es nuestro!.- corrió a reunirse con ellos Adonis.
- Todavía está vivo.- señaló Ares.
- No debemos darle la oportunidad de recuperarse.- añadió Hermes
mirando a su hija.
Las dos sailors
estaban al límite de sus fuerzas y ellos no se encontraban en mejores
condiciones.
- El último esfuerzo.- le guiñó Venus un ojo a su compañera.-
antes de la victoria.
Mercurio sonrió y
cerró los ojos imitando a su amiga. Recurrirían a todo su poder para acabar de
una vez por todas con el Titán. Unas poderosas auras las rodearon y empezaron a
crecer descomunalmente. Ares, Hermes y Adonis tuvieron que alejarse de ellas y
del coloso para protegerse del frío y el calor que inundó el ambiente. Los
labios de Mercurio estaban helados, los de Venus ardían, estaban listas.
Abrieron los ojos de golpe y gritaron con fuerza.
- ¡¡¡Rapsodia acuática de mercurio!!!.- exclamó la sailor de la
sabiduría.
- ¡¡¡Besos de amor y belleza!!!.- exclamó la sailor del amor.
Los dos poderosos
ataques se fundieron en uno solo que fue directo al corazón del Titán. Esta vez
el coloso no tuvo escapatoria, cayó al suelo cuan largo era, muerto. A escasos
metros de él, las dos sailors caían de rodillas exhaustas. Los reyes corrieron
a prestarles auxilio, habían ganado.
************
Hades interceptó a
la reina justo a la entrada de palacio, la excitación de arrebatarle el cristal
que llevaba entre sus manos hizo que incluso olvidara su disgusto con Zeus
(Pharaon 90 le había avisado a través del lazo de unión que compartían lo que
el rey de Júpiter estaba haciendo).
- Majestad.- se acercó a ella por la espalda caminando con
lentitud.- Parece que tenéis mucha prisa, ¿a dónde vais?
- ¡Hades!.- se giró hacia él rápidamente.
- Yo mismo.- le hizo una reverencia.- Vaya.- se hizo el
sorprendido.- ¿Ese no es el cristal de plata?
- Lo es.- afirmó con decisión.
- ¿Acaso pensáis utilizarlo en mi contra?.- rió.- ¿Tanto me
teméis?
- No a vos.- respondió la reina con firmeza.- Sino a las
consecuencias de vuestros actos, al daño que causan.
- Lo cierto es que lo disfruto.
- Supongo que no hay ninguna posibilidad de que os arrepintáis de
vuestros crímenes y os entreguéis.- ignoró su último comentario.
- Me conocéis bien.
- Me obligáis a emplear el cristal en vuestra contra.
- A intentarlo.- rectificó.
La reina no quería
hacerlo pero la figura del Titán se veía desde ahí y temía por su pueblo y por
su hija. No era seguro que todo acabara con Hades pero tenía muy claro que éste
quería algo de ella y que no se libraría tan fácilmente de su presencia. Aun
así hizo un último intento.
- Pensaba que ibais a dejarme para el final.
Hades la miró
perplejo durante un instante y después rió burlonamente.
- Cierto. ¿Pero desde cuando un villano cumple con sus promesas?
La reina frunció el
ceño y agarró con fuerza el cristal, un pequeño empuje sería suficiente para
purificar al rey de Saturno privándole de sus poderes. Así ya no sería una
amenaza.
- Siento curiosidad.- avanzó dos pasos más hacia ella.- ¿Me odiáis
por haber asesinado a sangre fría a vuestro patético esposo?.- su tono de voz
era casual pero sus ojos brillaban disfrutando de antemano la reacción de
Serenity.
La reina se quedó
paralizada ante la pregunta. Helios. Desde que todo había comenzado no había
tenido tiempo de pensar en él y ahora que Hades había tenido la amabilidad de
recordárselo sintió que el dolor de su corazón volvía de nuevo. Bajó la mirada,
deseaba poder decir que no, que no lo odiaba pero eso no era cierto. Él le
había arrebatado a uno de sus seres más queridos y ahora intentaba acabar con
el otro, con su preciosa hija.
- Me parece que sí.- susurraron en su oído.- Me alegro.
Hades aprovechó el
momento de debilidad de la reina para agarrarla de las muñecas con fuerza y
obligarla a soltar el preciado cristal. La reina trató de oponerse pero el
hombre se deshizo de ella lanzándola contra una columna.
- Veamos que tan poderoso es.- lo sostuvo con delicadeza, ansioso
de poder.
Miró a la reina que
estaba levantándose del suelo y se concentró en destruirla. Espero
pacientemente pero no ocurrió nada.
- ¿Por qué no funciona?.- inquirió venenosamente.
- Solo me obedece a mí y a mi familia.- respondió Serenity.
Hades sabía que no
mentía.
- Veamos si sigue así cuando se lo entregue a Pharaon 90.- se lo
guardó en un bolsillo de su pantalón aún molesto por el contratiempo. Y ahora,
majestad.- recuperó su aire siniestro.- es hora de despedirse.
- ¿Vais a matarme?.- retrocedió con precaución tratando de
mantener la calma.
- Desde luego que no, mi reina.- la miró a los ojos.- Ya cometí
ese error con Helios, solo pude disfrutar de su agonía una vez.- sonrió
mientras estiraba el brazo y hacía aparecer la espada.- Con vos será distinto.
Corrió hacia ella
para atravesarla con el arma, la reina sintió el peligro y murmuró unas
plegarias al cristal de plata. Al instante (justo cuando el Titán caía muerto),
el cristal de plata apareció de nuevo en sus manos y brilló con intensidad
atravesando a Hades y a su espada.
Cuando la luz se
hubo esfumado, Hades contempló sus manos vacías, luego miró a la reina con odio
y la apuntó con su dedo. No ocurrió nada y lo mismo cuando trató de hacer
aparecer su escudo.
- ¿Qué me habéis hecho?.- exigió saber. Por primera vez en su vida
estaba a punto de perder la clama.
- Os he arrebatado vuestros poderes.- contestó.
Hades la miró
boquiabierto incapaz de creerla, intentó establecer contacto con Pharaon 90 y
fracasó estrepitosamente. Siempre había tenido un temperamento frío y
calculador y nunca dejaba que las emociones lo controlasen pero en ese momento
no pudo evitar encolerizarse en contra de la reina. Veneraba el poder por
encima de todo, ¿qué haría sin él?
- ¡¡Con poderes o sin ellos os mataré!!!.- rugió mientras corría
hacia ella con las manos alzadas para estrangularla.
Ni siquiera se
percató de la figura que salió de palacio, corrió hacia él y lo golpeó con
fuerza en la cabeza cuando estaba a punto de tocar a Serenity. La reina miró a su salvador con
agradecimiento.
- Gracias Artemis, vuestra entrada ha sido muy oportuna.
El consejero se
ruborizó.
- Debería haber venido antes.- se disculpó.- Estabais en peligro.
- Os hubierais arriesgado en vano.
- Majestad.- apareció Luna en ese momento muy asustada.- ¡Menos
mal que estáis bien!
La reina sonrió.
- ¿Qué hacemos con él?.- señaló Artemis a Hades.- Lo llevamos a
prisión.
La reina tuvo la
tentación de mandarlo matar ahí mismo pero se contuvo sabiendo que no era lo
correcto. Estaba por responder cuando una pequeña luz blanca que surgió de la
nada llamó la atención de los tres presentes.
La luz fue creciendo
hasta adoptar la forma del rey de Neptuno. La reina lo contempló abrumada, miró
a Hades y comprendió lo ocurrido.
- Otra víctima más que añadir a su lista.- dijo entristecida.
Tritón sonrió.
- No os acongojéis, majestad.- habló.- Me habéis salvado de un
horrible destino.
La mirada de la
reina se dulcificó ante el comentario, sabía a qué se refería.
- Solo vine a advertiros.- se puso serio.- Los reyes y los titanes
están unidos, si muere el rey, el Titán explota.
- ¡Dios mío!.- se sobresaltó la reina ante tal revelación.- Si lo
hubiera matado...
-Pero no lo hicisteis.- contestó Tritón como si conociera sus
pensamientos.- Eso es lo que importa.
- Os agradezco vuestra preocupación, de corazón.
- Debo irme.- fue lo único que dijo.
La reina asintió
abatida, sabía que Tritón no sería la última víctima de esa absurda guerra.
Luna la tomó de la mano en señal de apoyo, gesto que Serenity aceptó con gusto.
- Marchaos entonces.- se despidió de Tritón.
El rey de Neptuno se
desvaneció en el aire no sin antes dirigirle unas palabras de advertencia a la soberana del Milenario
de Plata.
- Sed fuerte, majestad. Os esperan tiempos difíciles.
En un fututo no muy
lejano, Serenity recordaría esas palabras.
************
Saturno empezaba a
preocuparse, la lucha entre Sailor Moon y ella se estaba prolongando demasiado
y ninguna de las dos conseguía tomar la ventaja. Recuperaba las fuerzas cada
vez que invocaba su Lanza del silencio pero los ataques de Sailor Moon
eran mucho más poderosos que los suyos. Además, su lazo de unión interno con
Pharaon 90 se estaba debilitando y, con ello, el flujo de poder que le permitía
ejecutar su mortal ataque sin apenas consecuencias para sí misma.
Miró a lo lejos a
Sailor Moon que trataba de recuperar el aliento tras el último ataque y
estableció una comunicación mental con su señor.
“No puedo vencerla”.- se disculpó.
“Pudiste
cuando se negaba a luchar, ¿por qué no aprovechaste la oportunidad?”.- Saturno
sintió en su mente toda la furia del pensamiento.- “Es muy poderosa y un peligro más para mí”.
“¿Qué
hago?”.- inquirió sumisa.
“Séllala
y después mátala”.- por un momento la conexión se rompió.-“Aprovéchate de su inocencia”
La comunicación
terminó, la mano derecha de Saturno brilló mientras se materializaba en ella
una lámina negra y redonda con el símbolo de su señor. Era la hora.
Corrió hacia Sailor
Moon quien percatándose de su proximidad ejecutó de nuevo Impacto Lunar.
Esta vez Saturno no hizo nada por protegerse del ataque y cayó de rodillas en
el suelo escupiendo sangre por la boca. Miró a la chica rubia con rencor y se
dejó caer a un lado.
La princesa al ver
esto se acercó con lentitud y precaución al cuerpo de la sailor. La observó con
detenimiento, no se movía ni respiraba.
- He vencido.- murmuró sintiéndose de repente terriblemente
miserable. Se dejó caer de rodillas con los ojos llorosos.- ¿No se suponía que
me sentiría eufórica? Al menos eso decía Haruka.- trató de sonreír.- Por qué
entonces... .-apretó los puños.- ...lo siento, lo siento tanto.- lloró.
El llanto no
conmovió a Saturno que abrió de repente los ojos y puso su mano derecha, la que
tenía el sello, sobre el pecho de Sailor Moon. Una fuerte convulsión recorrió
el cuerpo de la joven que abrió los ojos de golpe y se quedó paralizada. El
sello penetró en su cuerpo y su transformación se deshizo, cayó al suelo
inerte.
Saturno la contempló
con una cruel sonrisa y se levantó con dificultad para darle el golpe de
gracia, extendió su mano hacia ella y le lanzó una bola energética. Sin
embargo, una misteriosa fuerza la desvió en el último instante haciendo que se
perdiera en el vacío de la dimensión.
A lo lejos, un chico
de ojos negros y cabello violeta la contemplaba en silencio.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí?.- preguntó molesta por la
intromisión.
No hubo respuesta.
- ¡¡Golpe espectral!!.-exclamó la sailor, el chico era un intruso,
no necesitaba saber más.
El ataque resultó un
fracaso, el joven se acercó hasta ella permitiendo que la escasa luz que había
en el lugar lo cubriera y que Saturno pudiera estudiarlo a su antojo. No lo
reconoció pero por alguna extraña razón empezó a sentirse nerviosa, había algo
en la mirada de aquel chico que perturbaba su interior.
- Hotaru... .-susurró con tristeza.
Su voz la hizo
estremecerse como si un sentimiento hacia ya tiempo olvidado pugnara por salir
a flote pero la oscuridad de su interior no lo permitió, un ansia feroz de
acabar para siempre con el dueño de esa voz se apoderó de ella.
- ¡¡Lanza del silencio!!.- exclamó con fuerza cayendo de rodillas
exhausta.
El mortal ataque
tampoco resultó efectivo.
- No puede ser que ni siquiera esté herido.- susurró con ira
mientras esperaba a que su fuerza regresara.
- Es inútil.- terminó de salvar la distancia que lo separaba de
ella.- Pharaon 90 ha sido sellado de nuevo.
Saturno levantó la
mirada hacia él sin creérselo, intentó establecer comunicación con la entidad
maligna pero no resultó.
- Mi gente y yo lo logramos de nuevo.- el dolor cubrió su rostro.-
El precio ha sido alto, todos han muerto.
- Nadie puede vencer a Pharaon 90.- le rebatió.- Es el poder
absoluto.
- El cristal dorado que le llevaste no era auténtico, no recuperó
todo su poder, solo lo creyó.
Saturno lo miró
perpleja, el joven se arrodilló y quedó a su altura, sin duda iba a rematarla
ahora que estaba indefensa. No le importaba.
- Te estás muriendo, ¿lo sabes verdad?.- no obtuvo respuesta solo
una mirada indiferente.- ¿Tanto te preocupa que tu señor haya sido
derrotado?
La miró con dulzura,
acercó su mano a su rostro y le acarició con suavidad la mejilla. Todo el
cuerpo de la sailor tembló ante la caricia, trató de alejarse de él pero al
intentar levantarse las fuerzas le fallaron y terminó en sus brazos. Un
confortable calor la rodeó y la hizo sentirse mejor.
- Claro que no.- le susurró al oído. Saturno luchó inútilmente por
liberarse del abrazo.- En el fondo te alegras porque ahora la gente solo tendrá
que preocuparse de ti, un monstruo menos al que destruir.
- ¿Quién eres tu?.- lo miró asombrada por su percepción.
- Vine a salvarte.- respondió con suavidad. Acercó su rostro al de
ella y la besó con ternura.
Saturno quedó en
shock, incapaz de moverse, la sensación de haber perdido algo importante
regresó con más fuerza que antes. El joven se separó de ella, se levantó y la
invitó a hacer lo mismo. Ella lo obedeció y contempló abrumada como no solo
había recuperado toda su fuerza sino que además sus heridas y la sangre de su
cuerpo habían desaparecido.
Su primer impulso
fue darle las gracias pero entonces recordó cómo había acabado brutalmente con
la vida de los guardias del palacio de su padre antes de reconocer que era un
monstruo y que su destino estaba al lado del mal.
- No debiste hacerlo.- dijo con frialdad.- Ahora tendré que
matarte.
- El mal y el bien están dentro de todos nosotros.- hizo caso
omiso a su advertencia y siguió hablándole con cariño.- Eres tú la que debe
decidir el camino a seguir pero si escoges el incorrecto, éste terminará
apoderándose de ti.- dirigió una breve mirada al cuerpo caído de Sailor Moon.-
Si lo aceptas, lo alimentas, es lo que has hecho.- ahora la miró a ella con
cierto reproche.- Aceptaste a Pharaon 90 y tu lado oscuro creció, disfrutabas
matando.
- No existe elección alguna, el destino lo decide por ti.-
contestó tratando de mantenerse firme. Si había matado era porque no había
tenido alternativa.- Soy destrucción y estoy donde debo estar.
Un momento de
silencio, el joven trató de tomarla de la barbilla pero en esta ocasión Saturno
no le permitió acercarse.
- Yo no.- suspiró finalmente.
- ¿Qué?
- Estoy donde quiero estar no donde debo estar.- sonrió.- A tu
lado.
Por alguna extraña
razón, esas palabras le dolieron más de lo que se podía imaginar.
- Según tú he aceptado el mal y he alimentado mi corazón con él.-
habló con ira.- ¿Por qué debería tener salvación?
- Aún no es tarde para ti, lo sé.
- Solo dices tonterías.- le recriminó mientras se preparaba para
atacarlo.
- ¿Todavía no te has dado cuenta?.- inquirió con tristeza.- Tus
ataques no pueden hacerme nada, ya estoy muerto.
- ¿Muerto?.- inquirió con desconfianza.- No te creo.
- ¿Eres la sailor de la muerte y la destrucción y no eres capaz de
ver lo que hay delante de tus ojos?.- más que una pregunta fue un desafío.
- Muerto.- esta vez fue una afirmación.- ¿Vas a luchar contra
mí?
- Sabes que no.
- Entonces, apártate de mi camino.- extendió la mano para acabar
con Sailor Moon pero antes de que pudiera hacer el más mínimo movimiento
alguien la sujetó con fuerza de la muñeca.
- No lo permitiré.- le dijo el desconocido con dureza.
Saturno lo miró con
odio y frustración.
- Si lo haces.- continuó.- ya no habrá vuelta atrás para ti.
- ¿Quién dice que la haya?.- rebatió fríamente.- ¿Qué te importa a
ti que la haya?
El joven la tomó de
la otra muñeca y la apretó con fuerza obligándola a soltar la lanza.
- Mi nombre.- exigió.
Saturno lo miró sin
entender.
- ¿Cómo me llamo?
- No te conozco.- casi gritó.
- No me conoces o no quieres recordar.
Se desafiaron con la
mirada hasta que finalmente el chico desistió y la soltó.
-
Estuve a punto de rendirme.- dijo de pronto. Su rostro parecía más calmado
aunque triste.- Cuando sucumbiste a tu destino creí que te había perdido para
siempre. Odié a Pharaon 90 por ello y mi odio casi me costó la vida... mi
hermana... Dania... se sacrificó para salvarme y me devolvió la fuerza
necesaria para sellarlo.- una sonrisa.- ¿Sabes cuál fue mi último pensamiento
antes de morir?
- No me importa.- respondió con frialdad.
- Tú.
La joven lo miró
sorprendida.
- Pensé en ti y antes de que me diera cuenta estaba a tu lado, a
punto de presenciar como cometías el mayor error de tu vida.- se acercó a ella
y la tomó de la mano, Saturno ni siquiera se dio cuenta.- Por eso sé que aún
puedes dar marcha atrás.
La sailor estaba
confusa, la fe que ese desconocido parecía tener en ella pese a lo que era y lo
que había hecho le recordaba que en el
fondo de su alma nunca había querido convertirse en lo que ahora era, le daba
esperanza.
- Ojalá pudiera hacerte comprender lo importante que eres para mí,
Hotaru.- le susurró al oído.
Hotaru se alejó de él y se quedó
mirándole sin saber que hacer ni que decir. ¿Se preocupaba por ella?¿Creía en
ella?¿Le importaba? Su corazón comenzó a latir de nuevo, más fuerte que nunca,
la lucha interna comenzó de nuevo, la cabeza empezó a darle vueltas y a
dolerle.
Las
voces que había dejado de escuchar cuando finalmente sucumbió a Pharaon 90
empezaron a torturarla de nuevo tratando de opacar la de aquel desconocido que
luchaba para que volviera a sentir. Se agarró la cabeza con ambas manos y gritó
con todas sus fuerzas exigiéndoles que parasen mientras gruesas lágrimas se
deslizaban por su rostro. El joven solo la contemplaba en silencio, esperando
una respuesta.
Finalmente las voces cesaron y
un nombre se impuso por encima de todo lo demás, un nombre que durante mucho
tiempo había sido su ilusión y su esperanza, su nombre.
Lo miró incrédula y
pronunció una sola palabra.
- Dain...
El chico asintió con
una sonrisa.
- ¿Por qué?¿Por qué has vuelto?.- preguntó con tristeza al
recordarlo todo.
- Ya te lo dije.- se acercó a ella y la abrazó gentilmente, la
joven se estremeció ante el contacto, se sentía indigna de él.- He venido a
salvarte.
Dain dirigió su
mirada hacia un punto a su derecha, Saturno lo imitó y dejó escapar un grito.
Al lado del cuerpo inerte de Sailor Moon yacía Sailor Saturno, muerta.
- No... no lo entiendo, ¿cómo es posible?
- Estás unida a Pharaon 90, cuando lo sellamos todo terminó para
ti.
- Muerta.- aceptó con pesar.- Supongo que es lo mejor para todos,
también para mi princesa.- miró a Sailor Moon arrepentida de lo que había
hecho.
- Vivirá... al menos por ahora.
Saturno no tuvo
valor para preguntarle a qué se refería.
- Escucha Hotaru.- llamó su atención.- es importante que sepas que
Pharaon 90 volverá a la vida de nuevo y que cuando lo haga irá a buscarte.- la
joven retrocedió espantada.- Pero esta vez te enfrentarás a él y lo destruirás
para siempre.
- No... no podré.- negó
atemorizada.- Nunca podré oponerme a él, mi destino...
- Tu destino lo decides tú.- la cortó Dain.- El mío era acabar con
Pharaon 90 y contigo.
- ¿Conmigo?.- inquirió abatida, por un momento había tenido
esperanza.- ¿Acaso no es eso lo que has hecho?
- No.- negó en redondo.- Lo que estoy haciendo es darte un motivo
para que luches por forjar tu propio camino.
- ¿Un motivo?.- lo miró con recelo.- ¿Cuál?
Dain no respondió,
la tomó entre sus brazos y la besó con fuerza.
- Mi amor.- separó sus labios de los de ella, no así su cuerpo.-
Te quiero Hotaru y te estaré esperando en esa otra vida que te espera pero para
que podamos estar juntos tienes que deshacerte de él, ¿lo entiendes?
Hotaru asintió, una
agradable y cálida sensación recorría todo su cuerpo y sus mejillas estaban
enrojecidas.
- Volveremos a vernos, solo ten fe.- sonrió y le acarició la
mejilla mientras su cuerpo empezaba a hacerse traslúcido al igual que el de
Saturno.
- Ahora lo sé.- añadió Hotaru mientras lo abrazaba y ambos
desaparecían de allí en medio de una gran luz blanca.
Después, la
oscuridad del lugar se desvaneció y los cuerpos de las dos sailors volvieron a
la Luna, a solo unos metros del lugar en donde Hermes, Ares y Adonis celebraban
su victoria.