Capítulo 32: La Luna (primera parte)
La
inesperada fuga de Hades de la sala de reuniones del palacio real de la Luna
sorprendió de tal manera a los presentes que durante los primeros segundos
nadie fue capaz de decir nada. Solo la reina, sobreponiéndose a la situación,
reaccionó a tiempo.
-
Mercurio.- ordenó.- ponte inmediatamente en contacto con el capitán Arthur y
dile que traslade a sus hombres a la ciudad lo más rápido posible.
La joven asintió y utilizó su visor
para establecer la comunicación.
-
¿Qué... qué ha pasado?.- tartamudeo Adonis.- ¿Cómo ha podido escapar?
-
Es bastante obvio.- respondió Tritón malhumorado.
-
La cuestión es cómo ha podido teletransportarse.- intervino Hermes.- Ahora
podría estar en cualquier parte.
-
Está claro que esa supuesta entidad maligna con la que está aliado le ha
proporcionado esa facultad.- gruñó Ares.- ¡Maldita sea! Ahora debe ser mucho
más poderoso que antes.
-
¿Solo él?.- cuestionó Adonis nervioso.
-
Por favor, tranquilizaos.- intervino la reina.- Nada de lo que ha sucedido
cambia las cosas puesto que ya sospechábamos que algo como esto podía estar
ocurriendo.- recorrió con su serena mirada a todos los presentes para captar
totalmente su atención.- Además, si las cosas empeoraran siempre podría
utilizar el cristal de plata.
-
Sí, para salvar a la Luna, pero qué pasa con nuestra gente.
-
¡Tritón!.- es escandalizó Adonis.- ¿Cómo podéis pensar en algo así?
-
¡Porque es la verdad!.- exclamó impaciente.
-
¡Eso no es cierto!.- gritó de pronto Sailor Moon atrayendo la atención de
todos. La joven se ruborizó un poco pero no se dejó amedrentar.- A mi madre le
preocupa la seguridad de todos los planetas, nunca le daría prioridad a la
Luna.- centrando su intensa mirada en Tritón.- Lo sabéis.
Tritón guardó silencio avergonzado
mientras la reina miraba con ternura a su hija.
-
Claro que lo saben, mi ángel.- posó su mano sobre el hombro de la sailor.-Pero
están preocupados por sus pueblos.
-
Lamento mis palabras, majestad.- se disculpó el rey de Neptuno.- No pretendía
ofenderos.
-
Y no lo habéis hecho.- respondió comprensiva.- Ahora que sabemos todo lo que
necesitábamos saber creo que lo mejor será que todos volváis a vuestros
planetas. Las naves ya están preparadas.
-
Majestad.- la llamó de repente Mercurio. Parecía algo preocupada.- No puedo
ponerme en contacto con nadie de la unidad militar.
-
¿Qué?.- se preocuparon todos.
-
Las comunicaciones no están cortadas pero...
-
¡¡Reina Serenity!!.- entró corriendo Artemis en la habitación.- ¡Nos están
atacando!
-
¿Tan pronto?.- se sorprendió.
-
¡Imposible!.- exclamó Ares.- Si las naves de Hades se hubieran acercado lo más
mínimo los rádares las hubieran detectado hace horas.
-
No... no hay naves.- respondió Artemis tratando de recuperar el aliento.
-
Consejero.-se adelantó Tritón impaciente.- Explíquese mejor.
-
Aparecieron de la nada, el ejército y el Titán, y ahora ese gigante con el
rostro del rey de Saturno está tratando de romper el escudo que rodea la
ciudad.- mirando a la reina.- Si continúa así terminará lográndolo.
-
¿Y Hades?.- cuestionó Tritón.- ¿Está con su ejército?
Artemis negó con la cabeza.
-
No lo hemos visto.
-
No podemos permitir que el Titán logre su objetivo.- intervino la reina.- Los
refuerzos tardarán en llegar (omitió su temor de que tal vez el capitán y sus
hombres tuvieran sus propios problemas) y no contamos con suficientes soldados
como para proteger a la ciudad y a sus habitantes.
-
Iremos nosotras.- se ofreció Sailor Venus.- Estoy segura de que entre las tres
podremos con el Titán.
-
Por supuesto.- asintió Moon.- Todo saldrá bien.
La reina dio su consentimiento y las
tres sailors se teletransportaron a la periferia de la ciudad, junto a la
barrera.
-
Sigue preocupándome Hades.- comentó Tritón cuando se fueron.- Sino está con sus
hombres, ¿dónde está?¿Qué es lo que quiere?
-
Eso ahora no importa.- respondió la reina.- Será mejor que os deis prisa en
subir a las naves.
-
Cof, cof.- tosió Artemis para llamar la atención de los presentes.- Mucho me
temo que eso no es posible, majestad.
-
¿Por qué?
-
Porque cuando venía hacia aquí, me comunicaron que la sala de aterrizaje junto
con todas las naves había explotado.
-
¡¿Qué?!.- exclamó Adonis.
-
Ese maldito de Hades.- gruñó Ares.- Ahora sabemos donde ha estado.
-
Sí.- dijo Tritón.- Pero, ¿y ahora?
Nadie supo que responder.
****************
Hades se permitió una sonrisa de
satisfacción mientras se alejaba de la sala de reuniones y subía las escaleras
hasta la tercera planta del castillo, en dirección a la habitación del cristal
de plata. Después de destruir la única vía de salida del planeta de la reina y
de sus aliados había vuelto a palacio para asegurarse de que todo iba tal y
como él deseaba. Y así era.
No solo las sailors se habían marchado para
enfrentarse al Titán (que acabaría con ellas) imposibilitando que algún rey
pudiera solicitar su ayuda para huir sino que además éstos empezaban a
desesperarse. Sin embargo, no era suficiente. Quería atemorizarlos, que el
miedo los paralizara hasta tal punto que no vieran más salida que la muerte,
algo que él les ofrecería gustoso. Solo la reina tendría un final distinto,
algo muy especial que había preparado en su honor.
Empezó a reír, primero despacio, luego
más fuerte, una risa histérica, siniestra.
Un sirviente que salía de la habitación
de la reina, situada a la izquierda de la del cristal de plata, lo vio y dejó
caer las sábanas que llevaba en las manos. Trató de correr para dar la señal de
alerta pero Hades lo alcanzó con su Rayo destructor antes de que pudiera
dar dos pasos.
Observó fascinado como el rayo, ahora
más poderoso que antes gracias a Pharaon 90, lo consumía poco a poco. Primero
la piel, luego el cabello, los músculos, finalmente el esqueleto. Casi nadie
llegaba al final del proceso vivo, el dolor acababa con ellos antes.
Esperó que los gritos de su víctima
atrajeran a algún otro incauto. No vino nadie así que continúo su camino y
entró en la habitación.
En el centro de la sala, sobre un
pedestal, se encontraba el arma más poderosa del Milenario de Plata. Excitado
por la idea de poder hacerse con ella, alzó ambas manos y trató de atravesar la
barrera que la protegía. No duró ni un segundo, la energía mágica lo lanzó
contra la pared en medio de un destello cegador.
Hades se incorporó, dirigió una última
mirada al pedestal y desapareció.
Sino podía hacerse con el cristal por
sus propios medios esperaría a que la reina desactivara la barrera para
utilizarlo. Estaba seguro de que si le llevaba el cristal a Pharaon 90
recibiría una gran recompensa. Pero mientras esperaba a que se presentara su
oportunidad, disfrutaría de la masacre que su imponente creación debía estar
causando en el exterior.
************
Los quinientos kilómetros que separaban
la unidad militar del palacio y de la ciudad lunar estaban formados en su
mayoría por terrenos rocosos, escarpados y difíciles de transitar a excepción
de un amplio camino que había sido construido para facilitar la comunicación
entre ambos asentamientos y que ahora era ocupado por casi la mitad del
ejército de Saturno. El resto, junto con el Titán, se encontraba delante de la
barrera que rodeaba la ciudad.
Arthur, consciente del peligro que
corría el sistema de defensa del palacio real y de sus alrededores al verse
privado de su ejército no perdió el tiempo. Si quería acudir en su ayuda (y en
especial en auxilio de su princesa por quien no podía dejar de preocuparse pese
a conocer su gran poder) tenía que derrotar a sus enemigos en el menor tiempo
posible. El problema era que éstos parecían superarles en una proporción de
diez a uno por lo que cualquier intento de enfrentarse a ellos en terreno
abierto sería un fracaso. Tendrían que atraerlos hasta la base en donde la
presencia de los edificios anularía su número.
Lo extraño era que pese a la fama
sanguinaria de la que gozaban los saturninos éstos no se movían de su posición
mientras el capitán no dejaba de recibir mensajes de la ciudad solicitando su
ayuda.
Estaba claro que el ejército rival no
caería en la trampa tan fácilmente confiado en que la desesperada situación de
los habitantes de la ciudad terminaría obligando a los selenitas a salir de sus
escondites.
Afortunadamente, Arthur ya tenía un
plan.
***************
Pese al optimismo de Hades y la
preocupación de Arthur, lo cierto era que las sailors no estaban teniendo
ningún problema para hacer frente al Titán de Saturno, o mejor dicho, Sailor
Moon no los estaba teniendo.
Cuando las tres chicas habían aparecido
en los límites de la barrera, justo en el extremo en donde se encontraba el
ejército, el Titán estaba a punto de golpear la defensa mágica de la ciudad lo
cual, dado su estado de deterioro, hubiera supuesto su destrucción.
En un intento por detenerlo, Sailor
Venus lo había sujetado con su cadena de amor y estirado de él tratando de
alejarlo de la ciudad pero lo único que había conseguido con semejante acción
era atraer la atención de los saturninos que fueron a por ellas. Su lema era
que si la primera horda de guerreros no acababa con ellas, la segunda lo haría
(o la tercera, la cuarta, etc. lo mismo daba mientras hubiera sangre).
Concentradas en repeler sus salvajes
ataques, ni Sailor Mercurio ni Sailor Venus notaron como Sailor Moon, en un
acto reflejo e inconsciente producto del temor que se había apoderado de ella
al ver la primera rotura en la barrera, ejecutaba uno de sus múltiples ataques
y lo dirigía en contra del coloso.
Resultado, el Titán fue lanzado dos
metros hacia atrás cayendo sobre varios de sus aliados que murieron al
instante. En el punto de impacto, justo en el pecho, una profunda herida
sangraba copiosamente.
Las dos sailors se giraron, miraron a
su amiga sorprendidas y sonrieron.
-
¡¡Adjudicado!!.-exclamaron las dos al mismo tiempo.
-
¡¿Qué?!.- gritó la chica rubia.- ¡¡No podéis dejármelo a mi sola!!
-
¿Por qué no?.- inquirió burlona Sailor Venus mientras repelía el ataque de
cuatro soldados.- Eres la única que está libre.
-
No es... .- intentó replicar la princesa pero no le quedó más remedio que
guardar silencio ante la aplastante realidad.
Alrededor de sus dos amigas más de cien
soldados atacándolas, alrededor suya ni uno solo (-.-).
-
¡Oh!¡Está bien!.- aceptó a regañadientes.- Pero que conste que esto no me gusta
nada.
Se giró y encaró al Titán que acababa
de incorporarse y había logrado regenerar el tejido dañado de su pecho
parcialmente. Sailor Moon repitió su ataque previo y esperó, esta vez el
gigante invocó una barrera negra a su alrededor que lo protegió del impacto. La
princesa sonrió, parecía que esta vez iba a ser su turno de destruir una
protección mágica.
**************
Hades observaba desde el aire como se
estaban desarrollando los acontecimientos y la verdad sea dicha, no estaba nada
contento con los resultados.
No solo su ejército estaba siendo
literalmente aplastado por las sailors de Mercurio y Venus sino que su réplica,
que además de contar con el ataque Rayo destructor poseía también la
facultad de regeneración y un escudo protector estaba siendo derrotado por
Sailor Moon.
El escudo que éste había creado a su
alrededor para protegerse de los ataques de la chica estaba a punto de romperse
y si esto sucedía Hades no tenía muy claro quien se proclamaría vencedor al
final.
-
Maldita cría.- murmuró con veneno en la voz.- No debí subestimarla.
Se teletransportó a escasos pasos del
lugar en donde se encontraba el Titán y le ordenó que se detuviera. Al
instante, el coloso desactivó su quebradizo escudo y se quedó inmóvil.
-
Os felicito, princesa.- se inclinó ligeramente ante ella.
La joven parcialmente sorprendida ante
su repentina aparición y el cortés saludo, no supo como reaccionar.
-
¿Por qué?.- solo atinó a decir.
-
Porque sois más poderosa de lo que pensaba.- sonrió con falsedad.- Supongo que
debí poner más interés en acabar con vos cuando estuvisteis de excursión en
la Tierra. Bueno... .-suspiró con fastidio.- un pequeño despiste que aún puedo
solucionar.
-
¡No os tengo miedo!.- respondió con valentía aunque por dentro era un amasijo
de nervios.- ¡Puedo enfrentarme perfectamente a vos!
-
Tal vez.- concedió con clemencia.- Lamentablemente no os tengo en tal alta
estima, de hecho, ni siquiera os consideraba una amenaza hasta hace poco,
pero....-dio leves puntapiés a la cabeza de un saturnino muerto.- ... está
claro que no basta con acabar con la enfermedad hay que hacerlo también con todas
sus mutaciones.- reventó la cabeza del soldado, la sangre le salpicó las
vestiduras pero a él pareció no importarle.- El despreciable rey Helios ya está
muerto, ahora.- le dedicó una extraña sonrisa.- solo falta su bello y dulce
retoño.
La joven sintió un escalofrío
recorrerle toda la espina dorsal pero aun así adoptó posición de combate, lista
para enfrentarse a Hades.
-
Parece que tenéis muchas ganas de pelear, Sailor Moon.- comentó con frialdad.-
Bien, que así sea. ¡Saturno!.- gritó
al cielo.- Acaba con ella.
-
¡¿Qué?!.- se sorprendió la sailor.- ¿Saturno?
-
Mi propio retoño.- comentó orgulloso de su arma favorita.- Por cierto,
te advierto que gracias a mi señor ahora es mucho más poderosa que antes.
Saltó sobre el hombro del coloso y lo
tocó con la mano dejando fluir su poder de regeneración desde él hasta su
creación. Segundos más tarde, el Titán estaba completamente recuperado de las
heridas que la princesa de la Luna le había infligido.
-
Ahora ve y acaba con tu trabajo.- le ordenó Hades antes de desaparecer y volver
a su punto de observación en el aire. Esta vez, una amplia sonrisa de
satisfacción enmarcaba su rostro.
-
¡¡No!!.- exclamó asustada Sailor Moon al ver como el Titán se dirigía de nuevo
hacia el escudo de la ciudad lunar.- ¡Tengo que detenerlo!
Un fuerte ataque procedente de la
sailor de la destrucción le impidió acudir en ayuda de su pueblo. La antaño
reservada pero dulce Hotaru se había convertido en un mortífero demonio que no
la dejaría marchar tan fácilmente y, menos aún, hacerlo con vida. El
enfrentamiento era inevitable.
************
-
¡Cascada de Venus!.- exclamó Sailor Venus.
Al instante, decenas de rayos de
energía salieron de sus manos e impactaron en los soldados enemigos.
-
¡¡Un hurra por mí!!.- hizo el signo de la victoria.- Ya son veinte menos.
-
¡¡Venus!!¡¡A tu izquierda!!.- la alertó Mercurio.- ¡¡El Titán!!
La sailor giró apresuradamente hacia la
dirección indicada y apenas tuvo tiempo de saltar hacia un lado y evitar que el
coloso la aplastara.
-
¿Estás bien?.- se preocupó Mercurio mientras la ayudaba a incorporarse.
-
Sí, pero... .- buscó a la princesa con la mirada.- ...¿no se suponía que Sailor
Moon se encargaría del Titán?
-
Creo que tiene serios problemas.- contestó la peliazul.- Saturno la está atacando.
Venus guardó silencio durante unos
segundos reflexionando sobre la situación.
-
Tendremos que encargarnos nosotras de él.- dijo finalmente.
-
¿Cómo?.- inquirió Mercurio mientras evitaba una nueva embestida saturnina.-
¡Los pocos soldados que quedan no nos dejarán acercarnos!
-
Tranquila.- le guiñó un ojo.- Ya vienen los refuerzos.- señaló a los soldados
selenitas que habían salido de la ciudad y acudían en su ayuda.
-
Son muy pocos.- objetó Mercurio.
-
Pues entonces démonos prisa en destruir al Titán.
Sailor Mercurio asintió y ambas fueron
en busca del gigante. Venus lo golpeó en la espalda con su ataque energético
más potente pero lo único que consiguió fue hacerle unos simples rasguños que
desaparecieron al instante.
-
¡Maldición!.- protestó la rubia.- ¡¿Se puede saber de qué demonios está hecho
ese monstruo?!
-
Su fuerza y resistencia son directamente proporcionales a su tamaño. Además,
posee la facultad de regenerarse.- analizó con su visor Mercurio.
-
Mmmm.- asintió Venus.- ¿Y eso qué quiere decir exactamente?
-
Que no estoy segura de que podamos vencerlo.- contestó.- Necesitaríamos un
ataque más potente.
-
¡¡Eso está hecho!!.- exclamó entusiasta.- Uniremos nuestros ataques en uno
solo.
-
¡¿Qué?! Pero si nunca antes lo hemos hecho, no sabemos si funcionará.
-
Lo sabremos en un momento.- respondió Venus mientras le hacia una señal para
que la imitara y se colocaba delante del Titán.
Mercurio, pese a no estar muy de
acuerdo con el plan, se sitúo a su lado y saltó hacia arriba al mismo tiempo
que gritaba Rapsodia acuática de Mercurio.
Los dos ataques se fundieron en uno
solo que golpeó de lleno el rostro del Titán. Esta vez las heridas infligidas
al coloso fueron lo suficientemente importantes como para que éste rugiera de
dolor y se cubriera la cara con ambas manos.
-
¡¡Te lo dije!!.- alardeó Venus.- ¡¡Somos las mejores!!
-
Aún está en pie.- trató de calmarla Mercurio.
-
Cierto.- respondió la sailor rubia con una amplia sonrisa.- Pero ciego.
-
¡¡¡Rayo... .- gritó el Titán.
Venus dejó de sonreír al instante,
todas las heridas de su enemigo estaban curadas.
-
¿Cómo...
-
¡Venus, apártate!.- le advirtió Mercurio mientras tiraba de ella.
-
...destructor!!!
El ataque del Titán fue directo hacia
las sailors que saltaron hacia los lados para esquivarlo. En su lugar, la
energía impactó en el escudo lunar que tras fluctuar un par de veces terminó
por desvanecerse por completo.
En menos de un minuto los soldados
saturninos y el Titán habían penetrado en la ciudad. De Sailor Moon y Sailor
Saturno no había ni rastro.
****************
De las manos de Saturno no dejaban de
salir poderosas bolas de energía oscura en dirección a Sailor Moon quien apenas
tenía tiempo de darse un respiro intentando esquivarlas todas. Las dos últimas
pasaron a escasos centímetros de su rostro provocando que la joven se echara
hacia atrás y cayera de culo en la dura piedra del suelo.
-
¡¡Ay!!¡¡Mi trasero!!.- se lo restregó con la palma de la mano mientras se
levantaba.- ¡¡¿Se puede saber qué pretendes?!!.- le gritó a Saturno molesta.-
Casi me das.
En respuesta, una nueva descarga
energética.
-
¡¡Saturno!!.- protestó cómicamente.- Tu padre ya no está, deja de atacarme.-
mirando con preocupación al lugar en donde sus dos amigas se estaban
enfrentando al Titán.- Tengo que ayudarlas.
Un nuevo ataque la obligó a prestar
nuevamente atención a Saturno.
-
Sirvo a Pharaon 90.- dijo con indiferencia.- Él me ordenó que ayudara a mi
padre y por eso tienes que morir.
-
¿Qué?.- se sorprendió.- No... Haruka fingía... creía que tú...
-
Debes morir.- repitió e invocó su lanza.- ¡Golpe espectral!
La energía acumulada en la punta de la
lanza fue directa a Sailor Moon, la rodeó de arriba a abajo y se expandió en
una gran explosión a su alrededor y hacia adentro. La joven se cubrió el rostro
con ambos brazos, cerró los ojos con fuerza y recurrió a su propia energía para
protegerse del ataque. Cuando éste hubo terminado, seguía en pie sin un solo
rasguño.
-
Aún está viva.- murmuró Saturno sorprendida.
Sailor Moon abrió los ojos y retiro los
brazos de su posición defensiva con preocupación, no podía creer que esto
estuviera pasando de verdad.
-
¡¿Cómo puedas atacarme?!.- inquirió incrédula.- Somos compañeras, sailors,
defensoras de la justicia y del bien supremo, Pharaon 90 representa todo lo
contrario.- señalando a Venus y Mercurio.- Están en problemas, ¿no lo ves?
Tenemos que ayudarlas o es que acaso no te importan, ¿no te importa la gente de
la ciudad?
-
Defiéndete o muere.- fue la cortante respuesta de la sailor mientras le lanzaba
más descargas de energía negativa.
-
¡Ay!¡No!.- empezó de nuevo con sus saltos.- ¡Otra vez no!
-
¡Golpe espectral!.- exclamó Saturno repitiendo de nuevo el ataque solamente que
esta vez lo unió al de las bolas de energía.
El resultado fue el mismo, algo que no
hizo más que aumentar su curiosidad por conocer el verdadero poder de su rival.
Buscó con la mirada a Sailor Moon que
había aprovechado la momentánea distracción de Saturno para tratar de ir en
auxilio de sus amigas, se teletransportó y le cortó el paso golpeándola
fuertemente con su lanza.
-
¿Adónde crees que vas?.- preguntó
fríamente.- Tu contrincante soy yo.
-
¡¡Tengo que ayudarlas!!.- demandó.- ¿Es que no lo entiendes?¿Hasta ese punto te
han poseído?
-
¿Poseído?.- su voz sonó indiferente pero la mano que sujetaba la lanza tembló
ligeramente.- No... lo que ves es lo que soy... muerte y destrucción.- inclinó
la cabeza ligeramente con una extraña mueca en la cara.- ¿Quieres verlo?
Sin previo aviso, su aura se expandió
en una gran explosión que levantó un fuerte viento alrededor de las dos. Sailor
Moon adoptó posición de defensa y se cubrió el rostro con los brazos cerrando
los ojos. Cuando los abrió la oscuridad la rodeaba, solo podía ver la figura de
Saturno, con los ojos brillantes y una luz violácea cubriéndola.
-
¡¿Dónde estamos?!.- empezó a dar vueltas alrededor de sí misma preocupada.-
¿Dónde están todos?
-
No te molestes.- caminó hacia ella.- Estamos solas, en una dimensión del vacío.
-
¿Qué?.- preguntó sin entender nada.
-
Solo hay una forma en la que podrás salir de aquí para ayudar a tus amigas:
muerta o vencedora.- se detuvo y sonrió.- ¿Lucharas ahora?
-
¿Luchar?.- la miró perpleja.- ¡No!.- protestó echándose atrás. No la conocía
apenas pero el recuerdo de una Hotaru disfrutando feliz del baile de su fiesta
de cumpleaños hacia que el corazón le diera un vuelco de solo pensar en
golpearla. Además, ¡era una de ellas!
-
Esta vez morirás.- dijo Saturno sujetando su lanza con ambas manos y
levantándola por encima de su cabeza.- ¡Lanza... .- empezó a acumular energía.
-
¡Saturno, no!.- exclamó alarmada Sailor Moon al comprender lo que iba a hacer.-
¡Es peligroso!.- corrió hacia ella tratando de detenerla.
-
... del silencio!.- concluyó.
La energía del ataque se expandió por
toda la dimensión iluminando el amplio espacio vacío, golpeando brutalmente a
Sailor Moon mientras la elevaba en el aire. La caída, igualmente dolorosa, la
hizo rebotar varias veces antes de quedar bocabajo en el suelo.
Saturno se dejó caer de rodillas
totalmente agotada por el ataque pero con una sonrisa de triunfo en el rostro
que se tornó en una de auténtica incredulidad cuando vio como su enemiga se
movía y se incorporaba con dificultad. Tenía varios cortes por todo el cuerpo,
la pierna derecha y el brazo izquierdo inutilizados pero aún estaba viva.
Saturno bajó la cabeza y su cabello le cubrió el rostro.
-
¡¡Saturno!!.- gritó preocupada Sailor Moon al verla en ese estado. Se sostuvo
el brazo izquierdo con la mano derecha y se acercó a ella cojeando e ignorando
el doloroso hormigueo que le recorría todo el cuerpo.
Cuando la alcanzó se arrodilló a su
lado para ver cómo estaba. Apenas tenía fuerzas para moverse.
-
Te dije que no lo hicieras.- le habló con dulzura y preocupación.
-
Te felicito.- no había emoción en su voz solo dificultad al hablar y al tomar
el aire.- Debes ser muy fuerte para haber sobrevivido a mi ataque.
-
¿Qué?.- se apenó por ella.- Olvídate de eso, solo dime como podemos salir de
aquí para que puedan ayudarte en palacio.
-
¿Ayudarme?.- rió débilmente.
-
¡Sí!.- la tomó de los brazos intentado que la mirase.- ¡No tienes por que
morir! Si te rindes podemos...
-
Así que crees que has vencido.- la cortó bruscamente.- Ilusa.
Levantó la cabeza y clavó su mirada en
la de la princesa. Se estaba riendo.
-
Saturno... qué...
-
Prepárate.- la agarró con fuerza del brazo que tenía herido.
- ¡Ah!.- gritó
Sailor Moon.
Se
levantó totalmente recuperada y arrastró consigo a la otra sailor lanzándola a
lo lejos. El duro golpe le rompió la nariz a la joven, en su brazo un moretón
era testigo de la presión que Saturno había ejercido sobre él.
-
Soy invencible.- miró a la princesa con desprecio.- No importa las veces que
invoque la Lanza del silencio porque mi señor se encargará de devolverme
las fuerzas. Por muy fuerte que seas no podrás soportar más de dos veces el
ataque.- inclinó la cabeza fingiendo preocupación.- ¿Verdad?
Lanzó una bola energética que obligó a
Sailor Moon a levantarse con rapidez y esquivarla. La joven contempló con pena
a Saturno, no quedaba nada de la Hotaru de la que Haruka le había hablado en
algunas ocasiones, sino reaccionaba la mataría y ella no quería morir, al menos
aún no. Apretó los puños, tendría que combatir, después de todo era una
guerrera y había sido entrenada como tal pero...
-
Será mejor que guardes tu compasión para otros.- colocó su lanza nuevamente en
posición.- El Milenario de Plata y la Tierra la necesitan más que yo.
Durante un segundo, Sailor Moon se
quedó helada.
-
¿La... la Tierra?.- tartamudeo.- Saturno la miró sin entender.- Pero... pero...
¡la Tierra no podrá protegerse!.- exclamó de pronto muy alterada.- ¡No tienen
poder alguno!
-
Eso facilitará las cosas.- respondió con indiferencia.
-
No... .- gimió echándose hacia atrás. Por un momento no pudo evitar pensar en
Endymión y en la gente que había conocido allí. Su corazón empezó a latir muy
deprisa cuando se imaginó a su arrogante príncipe blandiendo su espada
en contra de Hades y oyó la cruel risa de éste mientras despedazaba sin ningún
esfuerzo al hombre del que se había enamorado.- ¡No!.- gritó esta vez con
fuerza.- ¡No lo permitiré!¡Te venceré y salvaré la Tierra!
Saturno la miró con curiosidad.
-
¿Y ese cambio?.- inquirió.
-
Lo siento mucho, lo siento en verdad.- una solitaria lágrima surcó su rostro
mezclándose con la sangre que lo enmarcaba.-¡¡No me has dejado otra
alternativa!!.- junto ambas manos sobre su pecho concentrando toda su energía
en ese punto.- ¡Impacto...
-
¡Muro del... .- invocó Saturno por precaución.
-
...lunar!.-lanzó una enorme bola plateada con su mano derecha.
-
...silencio!.- completó.
El poderoso ataque desatado por Sailor
Moon rompió el escudo de Saturno y la golpeó de lleno. Cuando pudo levantarse
presentaba el mismo aspecto maltrecho que su enemiga.
-
Lucharemos.- dijo Sailor Moon.- Tu lo has querido.
*******************
-
Majestad, los soldados y el Titán han penetrado en la ciudad.- le comunicó a la
reina uno de los soldados que la custodiaban.- Y seguimos sin tener noticias
del capitán.
-
¿Y las sailors?.- inquirió preocupada.
-
Sailor Moon está ocupada con Saturno y Mercurio y Venus apenas pueden hacer
frente al Titán. La situación es desesperada.
-
¿Dónde estáis?
-
En la parte sur de la ciudad, evacuamos hacia allí a la población cuando
comenzó el ataque del Titán contra el escudo.
-
Aguantad todo lo que podáis.- contestó la reina con el semblante serio.- La
ayuda está en camino.
Cortó la comunicación y se giró hacia
los reyes.
-
No creía que la situación pudiera llegar hasta este extremo.- dijo muy seria.-
Subestimé a Hades y al poder que lo apoya.
-
Todos lo hicimos.- habló Hermes.
-
Sí.- respondió pensativa.- Y ahora solo queda una solución.
-
El cristal de plata.- susurró Adonis casi con veneración.- Hasta esto hemos
llegado.
-
Aún no.- negó Ares.- Sino disponemos de medios para volver a nuestros hogares y
luchar al lado de nuestra gente, hagámoslo aquí.- cruzándose de brazos.- Hades
podrá presumir de ser todo lo poderoso que quiera pero sino fuera por ese Titán
las cosas no le estarían yendo tan bien.
-
También cuenta con el apoyo de Sailor Saturno.- comentó Hermes.- Algo que no
debemos pasar por alto.
-
La princesa se está ocupando de ella.
-
¿Qué proponéis entonces?.- inquirió Tritón interesado.
-
Que actuemos de una buena vez y ayudemos a las sailors a destruir al Titán. El
ejército de Hades pasará a ser historia.
-
Bien dicho.- aprobó Tritón.
-
¡¡Vamos entonces para allá!!.- intervino Adonis.- El tiempo se nos acaba.
-
¿Y usted, majestad?.- preguntó Hermes.
-
Iré a por el cristal.- contestó.- No me perdonaría nunca que gente inocente
muriera por no haber utilizado a tiempo todos los recursos a mi alcance.
-
Haremos todo lo posible para que no sea necesario.- respondió Hermes pues sabía
perfectamente que un abuso del poder del cristal podría resultar fatal para
ella.- No deseamos perder a otra gran reina.
Serenity le dedicó una ligera sonrisa
de agradecimiento por su preocupación y salió de la habitación cruzándose en
ese instante con Tritón que venía en busca de Hermes.
-
Os estamos esperando.- le advirtió.
Hermes asintió y se reunió con Tritón.
-
¿Os ocurre algo?.- inquirió al ver que Tritón se había quedado parado y no
hacia más que mirar hacia la dirección que había tomado la reina.
-
Me ha parecido ver a una sombra que seguía a la reina.- guardó silencio unos
segundos.- Creo que era Hades.
-
¿Hades?.- repitió con suspicacia.- ¿No creerás que...
-
¿Qué intenta matar a la reina a traición? No, más bien creo que quiere el
cristal de plata.
-
¡¡Tenemos que avisarla!!
-
Yo la avisaré.- se ofreció.- Vosotros ir en ayuda de las sailors, destruir al
Titán a tiempo es tan importante como impedir que Hades se haga con el cristal.
-
Tened cuidado.- dijo Hermes sabiendo que tenía razón.
Tritón asintió y ambos se separaron. No
obstante, el destino quiso que cuando el rey de Neptuno se dirigía hacia la
sala del cristal de plata, una potente luz dorada procedente de la sala del
trono llamara su atención y que cuando se acercara a investigar, se
desvaneciera dejando en su lugar a Sailor Urano.