Capítulo 31: Marte

 

La barrera mágica que rodeaba y protegía al palacio real de Marte y a la ciudad que se levantaba a sus pies fluctuó ligeramente al recibir el impacto de los restos del puente que había sido la única vía de comunicación entre el valle Marineris y la meseta que se erguía desafiante en su interior.

 

El Titán de Júpiter, que se había materializado de la nada en los límites de la ciudad, era el responsable. De un solo golpe dado con sus poderosos puños había logrado hacer volar por los aires el puente, alarmando a los marcianos y a sus aliados mucho más de lo que lo había hecho la aparición del ejército de Zeus a su alrededor, acorralándolos contra el precipicio.

 

         Además, antes de que pudieran reorganizarse o tan siquiera recuperarse de la sorpresa se abrió una brecha en las filas enemigas por la que apareció Zeus para colocarse al frente de su ejército.

 

         La mirada del soberano de Júpiter recorrió con rapidez al ejército de Marte en busca de un único rostro: el de su adorada hija. Cuando la divisó a lo lejos, justo al lado del chico pelirrojo al que había encerrado en prisión con el capitán de la unidad militar de la Luna días atrás, se sintió desfallecer. Había tenido la loca esperanza de que ella no participaría en esta batalla. Aunque bien visto era lo mejor porque así podría protegerla, algo que seguramente le hubiera resultado imposible si Lita se hubiera encontrado en vez de en Marte en alguno de los otros dos planetas que Atlante y Hades estarían atacando en ese momento.

 

Por supuesto, no es que se arrepintiera de lo que estaba haciendo pues su objetivo, la independencia de Júpiter, era lo bastante honorable como para que se sintiera orgulloso de sí mismo, de lo que empezaba a arrepentirse era de haberse aliado con dos asesinos como los reyes de Urano y Saturno. Desafortunadamente y tal y como Hades se había preocupado en recordarle ya era demasiado tarde para echarse atrás.

 

         Apretó los puños con fuerza para darse ánimos a sí mismo y le hizo una señal a su nuevo capitán para que fuera propagando entre sus hombres las órdenes con respecto a su hija. Avanzó dos pasos y depositó su mirada sobre el capitán de la unidad de Marte.

 

- ¡Capitán Horacio!.-gritó con voz potente para hacerse oír entre la multitud.- Vos y vuestro ejército estáis acorralados, no podéis correr a refugiaros en el palacio y tampoco podéis esperar recibir refuerzos, sé muy bien que todos vuestros hombres están aquí.- con seguridad.- ¡Habéis perdido!¡Rendios ahora y evitad muertes innecesarias!

 

- Já.- se burló de él Alex hablando cuando no le correspondía.- Si tanto miedo te da que le reventemos la cabeza a alguno de tus soldados de juguete mejor será que recojas a tu muñeco gigante y vayas a refugiarte bajo las faldas de papaíto Hades.

 

         El capitán Horacio sonrió discretamente aprobando en su fuero interno tales palabras mientras Sailor Júpiter le dirigía una mirada asesina.

 

- ¿Qué?- se defendió Alex.- Me limitaba a darle un buen consejo.

 

- Mejor guárdatelos para ti mismo.- replicó la sailor en voz baja muy molesta por el hiriente comentario.- Los necesitarás.

 

- ¡Pasaré por alto las palabras de su segundo al mando, capitán!.- exclamó Zeus esforzándose por mantener la calma.- Está claro que son fruto de la ignorancia y de una falta total de respecto a sus superiores.

 

- ¿Superior?.- replicó el pelirrojo.- ¡Pero si no veo ninguno!

 

         Esta vez Lita le propinó un fuerte golpe en el abdomen que el chico resintió bastante.

 

- Al menos en algo tiene razón.- contestó Horacio.- Por difícil que se nos presente la contienda no nos rendiremos ante un traidor.

 

- ¡Pero es que no tenéis elección!.- estalló Zeus.- ¡Es eso o la muerte!

 

- No estéis tan seguro.- replicó el capitán.

 

- Está bien.-concedió Zeus tras un rato de silencio.- Está claro que no entrareis en razón sin una demostración.

 

         Como si sus palabras fueran la señal esperada, el Titán se situó frente a la barrera mágica, colocó ambas manos sobre la misma y empujó tratando de atravesarla. Al mismo tiempo, sus ojos se tornaron plateados y una potente y continua corriente eléctrica comenzó a recorrerle todo el cuerpo desplazándose hacia sus manos y de éstas hacia la barrera. Segundos después la principal defensa de la ciudad contra el Titán desaparecía del planeta.

 

- ¿Lo entendéis ahora?.- cuestionó Zeus con un deje de arrogancia.- El Titán no solo tiene la fuerza bruta de un billón de jupiterianos sino que posee el ataque propio de mi estirpe, Centellas Humeantes, con una potencia proporcional a su tamaño.- elevando la voz.- Una orden mía y correréis la misma suerte que vuestra legendaria barrera mágica.

 

- Lo combatiremos.- respondió el capitán tratando de no perder el ánimo.

 

- No podréis acercaros.- señaló Zeus.- Y ni penséis en enviar a las sailors, el Titán está preparado para detectar la energía mágica que desprende el uso de la teletransportación y combatirla.- evitando la mirada de decepción de su hija.- Morirán antes de llegar a su objetivo.

 

         Zeus guardó silencio a la espera de una respuesta, el rostro blanquecino del capitán Horacio era suficiente prueba de lo mucho que su Titán les había impactado, aunque trataran inútilmente de disimularlo.

 

         La sonrisa que empezaba a formarse en su rostro se tornó bruscamente en una desagradable mueca cuando vio como el segundo al mando, Alex, se acercaba al capitán y le susurraba apresuradamente unas palabras al oído. No era un secreto que nunca había sido un hombre paciente pero ese insolente muchacho le había dado ya suficientes razones como para desear borrarlo del sistema.

 

- ¡¡Estoy esperando una respuesta!!.- exclamó irritado.

 

- ¿Cuáles son las condiciones?.- inquirió Horacio con desagrado.

 

- ¿Las condiciones de qué?.- cuestionó con sospecha Zeus mientras observaba como el chico pelirrojo se perdía entre las filas enemigas.

 

- Las condiciones de nuestra rendición.- respondió.

 

         Zeus lo miró boquiabierto, no había esperado una respuesta tan rápida.

 

         Mientras Zeus respondía a la cuestión planteada con la esperanza de haber logrado su propósito pero no por ello menos alerta a cualquier trampa por parte del enemigo, Sailor Marte echaba chispas por los ojos. No podía creer lo que acababa de oír, cómo se atrevía ese estúpido capitán de tercera a plantearse siquiera la posibilidad de una rendición.

 

Como princesa de Marte no podía tolerar tal comportamiento más aún sabiendo que si su padre estuviera presente la apoyaría totalmente. Sin pensárselo apenas abandonó su posición  junto a los selenitas, dos filas por detrás de la primera, y fue en busca de Horacio. Un fuerte apretón en el brazo la detuvo.

 

- ¿Qué demonios crees que estás haciendo?.- se giró colérica sin fijarse siquiera en la persona que la había detenido.

 

- ¡Eh, tranquila!.- la soltó Alex.- Escucha, tenemos un plan.

 

- ¿Qué?.- inquirió la sailor confusa.

 

- En el campamento que montamos al borde del precipicio, dentro de mi tienda, hay cuerda mágica. Reúne a los selenitas, cogedla y utilizadla para llegar a la entrada del túnel del fondo del valle que conduce al interior del castillo.

 

- Imposible.- no tardó en comprender la situación y en adaptarse a ella. Estaba entrenada para ello.- Ese túnel aún no está terminado, faltan por excavar al menos cien metros de roca y eso en sentido vertical.

 

- Pues termínalo tú.- respondió cortante, no tenía tiempo para discusiones inútiles.- Pero daros prisa, el capitán distraerá a Zeus todo lo que pueda, en cuanto estéis en posición avisa a Júpiter para que podamos iniciar el ataque sin tener que preocuparnos del Titán.

 

- Me parece... .- iba a protestar pero se detuvo al darse cuenta de que Alex ya se había dado media vuelta y no le prestaba atención.- Empiezo a compartir la opinión de Júpiter.- murmuró molesta mientras iba en busca de los selenitas.

 

         Al igual que le había ocurrido a su amiga, Sailor Júpiter recelaba del brusco cambio de actitud del capitán. Por muy impresionante que hubiera sido la demostración de su padre no estaban en tan malas condiciones como para rendirse. Y estaba segura de que su padre pensaba igual que ella pues notaba perfectamente y pese a la distancia su nerviosismo. De cualquier forma lo mejor que podía hacer era esperar a ver como se desarrollaban los acontecimientos.

 

- Tranquila, niña hércules.- le susurró una irritante voz a su espalda.- Yo no estaría aquí si pensara que no tenemos la más mínima posibilidad de vencer.

 

- ¡Deja de llamarme así, imbécil!.- exigió muy molesta mientras encaraba al pelirrojo.- Me llamo Lita.

 

- Y yo Alex.- se limitó a responder mientras se acercaba al capitán Horacio y le hacia una señal con la mano.

        

         Desafortunadamente, Zeus también la vio e intuyó al instante que algo no iba bien.

 

- ¡Basta de largas!.- gritó enojado.- ¡Rendios ahora o os aniquilaré!

 

         Horacio miró de reojo a Alex, necesitaban más tiempo. El pelirrojo señaló con discreción a Zeus y después asimismo, el capitán asintió y Sailor Júpiter lo miró extrañada.

 

- ¿Se puede saber qué estás tramando?.- exigió saber.

 

- Calla y espera.- la cortó.

 

         La joven iba a replicar cuando la voz de Horacio la distrajo. Le dirigió una mirada asesina a Alex y centró su atención en el campo de batalla, ya tendría tiempo después de saldar cuentas con ese tipajo.

 

- ¿Los civiles serán puestos en libertad?.- inquirió el capitán.

 

- Sí.

 

- De acuerdo entonces.- aceptó tras un largo suspiro.- Nos rendimos.

 

         Las voces de desacuerdo de los soldados más próximos no se hicieron esperar.

 

- ¿Preferís acaso que ese gigante destruya el palacio y a sus habitantes?.- se giró con brusquedad hacia ellos.- No tenemos la más mínima oportunidad de detenerlo, ni siquiera podemos llegar hasta él.- haciendo uso de su autoridad.- No os lo estoy pidiendo, es una orden.

 

         Las palabras de Horacio fueron transmitiéndose de soldado a soldado y pronto los murmullos de protesta cesaron. Horacio se dio media vuelta y sostuvo con altivez la mirada de Zeus. Sailor Júpiter no daba crédito a lo que veían sus ojos y más aún a que Sailor Marte no hubiera aparecido todavía para revocar las órdenes de Horacio. ¿Significaba eso que estaba de acuerdo?¡Imposible!

 

- Bien, parece que el mensaje ha llegado a la mayor parte de nuestros hombres.- comentó Alex con satisfacción. Mirando a Júpiter con seriedad.- En cuanto Marte se comunique contigo, avisa al capitán. Con discreción.

 

- ¿¿¿???

 

         Se dio media vuelta y avanzó con las manos alzadas hacia delante deteniéndose justo en medio de los dos ejércitos. Zeus lo miró con desagrado y se dirigió a Horacio.

 

- Os he dado una gran oportunidad, capitán. No permitáis que la actitud irreverente e insensata de un solo hombre lo eche todo a perder.

 

- Tranquilo, majestad.- inclinó Alex ligeramente la cabeza.- No es una trampa por mi parte, si es eso lo que teméis.

 

- ¿Temer?.- se burló Zeus.- No veo razón alguna para ello. Un solo movimiento en falso y sabréis lo que es morir electrocutado.- durante un segundo sus ojos se tornaron amenazadoramente plateados.

 

- Tal vez.- aceptó.- Pero si lo hicierais pondríais en peligro la paz que tan desesperadamente parecéis buscar.

 

         Un potente rayo partió por la mitad una piedra cercana al pelirrojo.

 

- ¡Os aseguro, subcapitán, que puedo arriesgarme perfectamente!.- exclamó furioso.- No serán mis hombres ni yo quienes paguen las consecuencias.

 

         Alex contempló la piedra con preocupación, tal vez se hacía excedido un poco, y no tenía ninguna intención de perder la vida en esa batalla. Aún le quedaban muchas medallas que recoger y partidas de póquer que jugar.

 

- Me doy por aludido.- contestó haciéndose el indiferente y cambiando de táctica.- Es solo que no entiendo como es posible que el ejército al que vine a apoyar se rinda tan fácilmente. Ahora.- miró hacia atrás. La tensión era palpable, todos estaban esperando esa maldita llamada que no llegaba y él ya no podía conseguirles más tiempo.- si ellos no hacen nada no seré yo quien pierda la vida por su causa. ¡Maldita sea!.- rió con histeria.- ¡No lo haría por nadie!

 

         Avanzó hacia delante todo lo despacio que podía ir sin levantar sospechas y se introdujo en las filas enemigas. Inmediatamente un soldado lo despojó de su espada, le ató las manos a la espalda con una cuerda mágica y lo condujo hasta el final de las filas enemigas en donde una cincuentena de soldados jupiterianos preparaban un área lo suficientemente grande como para recoger a todo el ejército rival, cercada por un halo multicolor de la misma naturaleza que la cuerda que mantenía cautivo a Alex. Cualquiera que intentara atravesarlo sería consumido por las llamas. Y eso sin contar con los arqueros que vigilaban la zona.

 

         Cuando Marte diera la señal (algo que sucedería tarde o temprano) y el ataque se iniciara, cualquiera que estuviera en su situación actual tendría muy pocas posibilidades de sobrevivir.

 

         Sonrió discretamente mientras el soldado que lo había acompañado cortaba la cuerda de sus muñecas y lo metía dentro del cerco. La antaño vacía mano derecha del pelirrojo se cerró sobre un objeto alargado, por supuesto, él ya tenía un plan de emergencia.

 

********************

 

         Tal y como Alex le había indicado, Marte había encontrado en su tienda de campaña una cuerda mágica capaz de soportar el fuego de sus flechas. Utilizando éstas como anclaje de la cuerda (una al borde del valle, otra sobre la boca del túnel) habían improvisado una especie de puente. Colocando un trozo de tela sobre la cuerda y sujetándolo con ambas manos se habían deslizado de uno en uno hasta el fondo del valle en donde se encontraba la entrada al pasadizo en construcción.

 

         Hasta ahí todo había sido fácil e incluso divertido, de hecho, Sailor Marte había pensado seriamente en traer allí, en un futuro cercano, a sus amigas para que lo probaran. No obstante, tras recorrer unos cuantos metros del túnel todos habían comprendido que su buena racha había terminado. No solo el camino era más largo de lo que habían imaginado sino que continuamente se encontraban con obstáculos, en su mayoría desprendimientos de tierra provocados sin duda por el poder ejercido por el Titán.

 

         Tras una larga caminata finalmente decidieron que no podían perder más tiempo, no disponían de él. Tendrían que abrirse paso desde el punto en donde se encontraban en ese momento.

 

         Marte se colocó en posición mientras sus compañeros se alejaban prudentemente de ella. Cerró los ojos para concentrarse en elevar su poder al máximo, el golpe tenía que ser potente y lo suficientemente preciso como para no hundir el túnel.

 

         La temperatura comenzó a subir bruscamente conforme la ardiente aura roja que rodeaba a la joven crecía, los selenitas tuvieron que alejarse un poco más para poder respirar, sus rostros empezaron a empaparse en sudor y cuando creían que tendrían que salir corriendo de allí para evitar morir asfixiados, la sailor alzó sus manos entrelazadas y abrió los ojos. Todo el poder acumulado se concentró en sus manos cuando gritó las palabras que lo invocaban.

 

- ¡Fuego sagrado de Marte!.- exclamó.

 

         Inmediatamente un centenar de signos de fuego salieron de sus manos y se estrellaron contra el techo del túnel pulverizando la roca que encontraban en su camino hacia la superficie. Cuando el poderoso ataque terminó, Marte elevó la mirada esperanzada, al instante, su rostro se ensombreció. A pesar de haber logrado abrir una brecha bastante grande, no había conseguido que ésta llegara hasta la superficie.

 

- ¿Qué tal ha ido?.- oyó que uno de sus compañeros le preguntaba.

 

         La joven bajó la mirada y se giró hacia él.

 

- Hay que volver a in... ¡arg!.- exclamó de pronto al sentir como algo la golpeaba fuertemente en el hombro izquierdo.

 

         Se dio media vuelta furiosa y se quedó sin aliento. El último tramo de piedra que faltaba se había desprendido dejando a la vista los rostros curiosos de algunos marcianos que en cuanto la reconocieron gritaron de alegría y fueron a buscar algo para ayudarlos a subir. Lo habían conseguido.

 

*********************

 

- ¡Estas son las instrucciones, capitán!.- exclamó Zeus con satisfacción. Después de todo era posible que todo saliera como deseaba.- Ordene a sus hombres que se acerquen en grupos de seis, mis soldados los desarmarán y los conducirán a una zona vigilada a la espera de que decida que hacer con ellos. Usted y mi hija serán los últimos en entregarse, ¿de acuerdo?

 

         Horacio asintió.

 

- Bien, envíe al primer grupo.

 

         Asintió de nuevo y se giró con lentitud. Gracias a Alex que se había encargado de avisar a los oficiales de mayor rango del plan que se estaba ejecutando para que éstos avisaran a su vez a sus subordinados, todos comprendían el riesgo que conllevaba formar parte de cualquiera de esos grupos de la muerte, incluso Júpiter (gracias a un amable soldado mercuriano que se había tomado la molestia de explicarle lo que estaba sucediendo).

 

         Afortunadamente para él no faltaron los voluntarios. El problema era que el tiempo transcurría y Sailor Marte continuaba sin dar señales de vida.

 

*********************

 

         Marte contenía la respiración mientras veía como los quince selenitas a los que había acompañado hasta el palacio, salían afuera y se aproximaban con precaución al Titán. Desde que destruyera la barrera mágica, el coloso no se había movido ni un centímetro de su posición en donde solo había unos cuantos puestos de vigilancia desiertos que los marcianos utilizaban para controlar la entrada y salida al palacio real.

 

         Aprovechando el aparente estado inactivo del gigante que permanecía con los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre el pecho, los selenitas fueron colocándose a su alrededor procurando guardar siempre cierta distancia, la suficiente para poder tener al menos una oportunidad de escapatoria si al coloso le daba por intentar aplastarlos como a cucarachas en vez de emplear su mortífero ataque.

 

         En cuanto estuvieron en posición, Marte envió la señal de aviso a Sailor Júpiter.

 

********************

 

- Majestad.- se acercó corriendo un soldado a Zeus, quien se encontraba supervisando la captura del décimo grupo de marcianos.- El rey de Saturno desea hablar con usted.

 

- ¡¿Qué?!.- se giró con brusquedad desconcertado.

 

- El rey de Saturno, majestad.- le entregó un comunicador y regresó a su puesto.

 

         Zeus lo cogió dudoso e hizo una señal a su capitán para que no perdiera de vista al enemigo. Se adentró en sus filas e inmediatamente los hombres de su alrededor se alejaron con discreción para que su rey tuviera cierta privacidad.

 

- ¿Qué es lo que quieres, Hades?.- inquirió malhumorado.- Os recuerdo que estoy en medio de una batalla.

 

- ¿Una batalla?.- frunció el ceño. Al hacerlo, Zeus notó la herida que le cruzaba la mejilla izquierda. ¿Era posible que estuviera teniendo problemas allá en la Luna?.- Las noticias que me han llegado dicen exactamente lo contrario.

 

- ¿Noticias?.- se sorprendió.- ¿Cómo es...?

 

- Tengo entendido.- lo cortó con brusquedad y rabia.- que estás tomando prisioneros y no a unos cuantos sino a un ejército entero. ¿Es que acaso tienes serrín en esa cabezota? Ni el más estúpido de tus soldados haría semejante locura.

 

- He tomado Marte.- respondió con orgullo.- He cumplido con mi parte del trato, el cómo lo haga no es de tu incumbencia, Hades.- con la vena palpitándole en la frente.- Y será mejor que no olvides con quien estás hablando, no soy ni seré jamás uno de tus subordinados.

 

- Idiota.- siseó con desprecio.- Voy a darte una segunda oportunidad, no la desperdicies.- cortó la comunicación.

 

         Zeus trató inútilmente de reestablecerla y en un arranque de furia estrelló el comunicador contra el suelo.

 

         En ese mismo instante sonó el intercomunicador de Sailor Júpiter y los ojos del Titán empezaron a centellear. Antes de que Horacio tuviera tiempo de avisar a sus hombres para que atacaran el gigante ejecutó su poderoso ataque sobre el ejército marciano. Más de cincuenta hombres murieron al instante electrocutados.

 

******************

 

         A pesar de tener el brazo izquierdo totalmente inutilizado, parte del rostro quemado y la pierna derecha dañada, el Titán no cesaba en su empeño de dar caza a Sailor Marte.

 

         Cuando el coloso había ejecutado su ataque como respuesta a una orden interna procedente de su auténtico dueño, Hades, los selenitas habían reaccionado con prontitud uniendo sus poderes para crear una barrera reflectora alrededor del Titán de acuerdo al plan establecido.

 

         La energía eléctrica procedente del gigante se había estrellado contra el muro y rebotado hacia su creador causándole heridas de importancia. Desafortunadamente, la fuerza del ataque había sido tal que gran parte de ese poder había escapado tras hacer una grieta en la barrera.

 

         Ahora el Titán no solo no estaba muerto sino que además estaba furiso contra aquellos que lo habían dañado. De hecho y pese a las medidas de seguridad tomadas ya eran tres los selenitas que habían muerto bajo sus pies y, si éste número aún no había aumentado, era gracias a los esfuerzos que la sailor estaba haciendo para desviar su atención mientras los supervivientes trataban de recuperar las posiciones perdidas.

 

******************

 

         El ataque del Titán no solo había sorprendido a los aliados de la reina sino también a los jupiterianos que, conociendo las intenciones de su rey no habían sabido reaccionar al principio, al menos hasta que el capitán Horacio había llamado a la lucha a sus hombres y éstos se habían abalanzado sobre ellos sedientos de venganza.

 

         Por supuesto, esos escasos segundos de indecisión habían sido suficientes para que Alex se acercara a la barrera y utilizara el artefacto robado al soldado que le había cortado sus ataduras para hacer un corte que desestabilizara el cerco mágico. En cuanto lo hubo logrado llamó a sus camaradas para que pudieran escapar con él.

 

         Ni que decir tiene que en cuanto los arqueros enemigos se percataron de lo que estaba sucediendo dispararon sus flechas para intentar detenerlos. Una de ellas fue directa al pecho del pelirrojo pero se desintegró en cuanto rozó el cuerpo del joven.

 

         El soldado que la había disparado, un jupiteriano alto, robusto y con cara de haber participado en muchas batallas, comprendió al instante que el pelirrojo debía tener la facultad de crear una barrera de protección a su alrededor así que dejó a un lado su arco y blandió su hacha de guerra. Por experiencia sabía que la barrera era incapaz de detener los golpes fuertes y cercanos.

 

         Alex, que en ese momento intentaba acercarse al lugar en donde los soldados habían dejado las armas que le habían arrebatado a sus antaño prisioneros, no se dio cuenta de su presencia hasta que sintió como éste le daba un hachazo en el brazo izquierdo.

 

         Pese a que gracias a su magia aún conservaba el brazo unido al hombro y la herida no era muy profunda, el repentino ataque y el doloroso hormigueo que se le extendió por todo el miembro casi le cuesta la vida. Apenas tuvo tiempo de encarar a su agresor y de tirarse al suelo para evitar un nuevo hachazo.

 

         Rodando sobre sí mismo consiguió alejarse lo suficiente como para incorporarse y analizar a su oponente.

 

- Fuerte y armado.- murmuró crítico.- Me parece que juegas con demasiada ventaja.- sonrió con burla y se colocó ambas manos sobre los ojos.- ¡Ceguera total!.- exclamó.

 

         Al instante, el jupiteriano soltó su hacha de guerra y empezó a frotarse los ojos con desesperación, momento que Alex aprovechó para volver a su tarea previa. Encontró su espada justo a tiempo para detener un nuevo golpe del hombretón que, con los ojos rojos a causa del picor, miraba al pelirrojo como si fuera el diablo en persona.

 

- Solo igualaba la balanza.- se encogió de hombros como disculpándose antes de correr a enfrentarse a él.

 

********************

 

         Sailor Júpiter empezaba a cansarse de la situación. Desde que Horacio diera la señal para iniciar el ataque y ella hiciera oídos sordos a la voz interior que le recordaba constantemente que estaba luchando contra su gente, no se había encontrado con un solo jupiteriano que no huyera de ella. Y claro, una cosa era acabar con la vida de un súbdito traidor y otra muy distinta asesinarlo por la espalda a traición.

 

         No era que la situación le desagradara pues tenía la agradable sospecha que todo era obra de su padre pero por otro lado su instinto de guerrera no hacía más que reprocharle el que no hiciera nada mientras más y más marcianos caían en combate. Finalmente encontró la solución a su dilema. Era evidente que algo había salido mal en el plan de los selenitas pues el Titán aún seguía en pie y seguro que una ayuda extra no les venía nada mal. Y si estaba en lo cierto...

 

         Cerró los ojos y se concentró en elevar su aura al nivel adecuado. Iba a teletransportarse.

 

*********************

 

“El corazón me dio un vuelco”

 

         Esta sería la única respuesta que Zeus sería capaz de dar si alguien le preguntaba algún día como lo había sabido, por qué le había dado la espalda a su rival aun a riesgo de su propia vida.

 

         Simplemente se había girado, confiando en que sus hombres lo protegerían mientras él contemplaba atemorizado como a lo lejos su querida hija desaparecía en medio de una gran luz verde.

 

“La teletransportación”

 

“Hades anuló mi orden de no atacar”

 

“El Titán la matará”

 

         En medio de un torbellino de siniestros pensamientos Zeus cerró los ojos en un desesperado intento de conectar nuevamente con el Titán e impedir que matara a su hija.

 

********************

 

         Los pocos selenitas que habían quedado en pie por fin habían conseguido rodear de nuevo al Titán gracias al esfuerzo de Marte que no había dejado de provocarlo lanzándole flechas de fuego que no llegaban a herirlo de gravedad, saltando de un lado a otro para evitar que le diera un manotazo y rezando porque no utilizara su ataque eléctrico antes de tiempo.

 

         Pero ahora que lo tenían en posición no lograban que atacara, estaba claro que aunque el coloso no fuera muy listo al menos era capaz de recordar el daño que se había infligido a sí mismo en el pasado.

 

         Irritada por no ser capaz de resolver la situación, Marte se propuso cabrearlo de tal forma que cualquier recuerdo del resultado de su fulminante ataque quedara relegado a un segundo plano.

 

- Prepárate ser infernal.- murmuró la sailor.-Voy a achicharrarte vivo.

 

         Se colocó lo más lejos que pudo de él, junto las manos y las alzó hacia delante cuando el fuego empezó a formarse en su interior.

 

- ¡Fuego de Marte!¡Enciéndete!.- gritó.

 

         El fuego generado por la sailor fue directo al Titán y lo rodeo por completo. El coloso ni se inmutó pero cuando las llamas empezaron a crecer, a volverse más violentas y calientes y comenzaron a quemarle demasiado, fue en busca de la chica para estrujarla entre sus manos.

 

         Los selenitas se movieron a su par para mantenerlo dentro del cerco, Marte permaneció inmóvil totalmente concentrada en el ataque, en no cesar de generarlo hasta que consiguiera freír a su enemigo. Pero éste avanzaba cada vez más deprisa, encolerizado por el dolor que estaba experimentando.

 

         No quería rendirse, no debía hacerlo pero cuando el Titán la alcanzó y levantó una pierna para pisotearla comprendió que moriría inútilmente sino lo hacía.

 

         Fue cuestión de segundos, ella a punto de retirarse, el coloso a punto de matarla y de repente unas flechas prendidas de fuego surcaron el aire hasta su enemigo y avivaron aún más las llamas.

 

- ¡Vosotros!.- exclamó la joven emocionada cuando vio como la gente de palacio, civiles en su mayoría, salían para ayudarla.

 

         El coloso, viéndose rodeado, se paró en seco y gritó de dolor y frustración. Sus ojos se tornaron plateados y empezaron a brillar. Iba a ejecutar su ataque.

 

         Sailor Marte dio por finalizada la tortura y se alejó todo lo que pudo del Titán mientras los selenitas se preparaban para levantar la barrera reflectora.

 

- ¡Centellas... .- empezó.

 

         Una luz verde brilló en la base del puente.

 

         Marte reconoció al instante la silueta que empezaba a formarse en su interior.

 

         El Titán se giró hacia la luz dando un paso hacia ella.

 

         El inesperado movimiento pilló por sorpresa a los tres selenitas que se encontraban detrás de él. La formación se había roto.

 

- ...humeantes!.- completó el coloso ignorando la voz de Zeus que le ordenaba que parase.

 

**********************

 

         Muerta, su amada hija estaba muerta y él ni siquiera era capaz de gritar, de protestar, de maldecir a Hades. No sentía dolor, solo un inmenso vacío en su interior, como si con la muerte de Lita todo hubiera dejado de importar.

 

         Su mayor anhelo siempre había sido conseguir la independencia de Júpiter pero empezaba a pensar que el precio que iba a tener que pagar por ello era demasiado elevado.

 

         La alianza con seres infames.

        

         La traición a la reina, a su juramento.

 

         La sangre derramada.

 

         Su hija....

 

         El vacío dio paso al coraje y el coraje a la ira, puesto que ya había pagado el precio tomaría su  recompensa.

 

************************

 

         Cuando el Titán cayó desplomado al suelo, Alex supo que habían ganado. Por supuesto, los jupiterianos eran demasiado cabezotas como para rendirse pese a que la ventaja estaba de parte de los marcianos que contaban con el apoyo de las sailors y de la reina Serenity.

 

         No es que le importara que su testarudez los condujera a la muerte pero llevaba casi tres días sin pegar ojo y necesitaba echarse una buena siesta. Y puesto que la mejor forma de acabar con una batalla era derrotando a su líder, Alex decidió ir en buscar del soberano de Júpiter para enfrentarse a él.

 

         Lo que vio cuando lo localizó no es que lo acobardara pero si que le hizo replantearse la estrategia a seguir.

 

         Zeus parecía estar poseído por el diablo en persona, ya no tomaba prisioneros ni siquiera intentaba detener la masacre que lo rodeaba, él mismo estaba cubierto de la sangre de sus víctimas y no cesaba de aumentar el número de cuerpos caídos a sus pies con los violentos y mortíferos golpes de sus dos hachas de guerra. Bastaba con contemplar su rostro, lleno de ira y dolor, para darse cuenta de que enfrentarse a él era una locura, sobre todo si uno esperaba salir bien librado del combate. Para vencerlo necesitaría ayuda.

 

         Apenas tuvo tiempo de pensar en el capitán Horacio como posible aliado cuando Zeus lo divisó.

 

- ¡¡Tú!!.- gritó con cólera abalanzándose sobre el pelirrojo que logró esquivar el golpe de la primera hacha por poco, el de la segunda le cercenó los dedos de la mano izquierda.

 

         Reaccionando con rapidez pese a las circunstancias, Alex se alejó todo lo que pudo de Zeus mientras estrujaba la mano dañada contra el pecho y apretaba los dientes con fuerza tratando de no gritar por el dolor.

 

         El rey de Júpiter arremetió nuevamente contra él depositando en cada golpe toda su fuerza, algo contra lo que el joven era incapaz de luchar. Cada hachazo que conseguía detener con su espada hacía que la hoja de ésta vibrara y que su brazo temblara por el esfuerzo que le suponía el mantener alejadas las hachas de Zeus de su cuerpo. Y eso que la rabia que parecía consumir a su oponente hacia que sus movimientos fueran previsibles y lentos.

 

         Finalmente la fuerza de uno de estos golpes partió por la mitad la espada del pelirrojo dejándolo a merced del rey. Ni siquiera invocar su magia para cegarle e intentar escapar de allí antes de que lo matara funcionó. Con los ojos saltados de lágrimas a causa del picor, Zeus lanzó las dos hachas contra Alex quien al tratar de esquivarlas cayó al suelo de espaldas.

 

- Ya eres mío.- siseó el rey de Júpiter riéndose como un loco mientras recuperaba una de sus armas.

 

- ¡¡¡¡Arg!!!!.- aulló de dolor Alex cuando sintió como la afilada hoja del hacha atravesaba carne y hueso cortándole el brazo izquierdo.

 

- ¡Es tu culpa!.- le gritó Zeus mientras lo pateaba reiteradamente ignorando sus quejidos lastimeros.- ¡Es tu culpa que mi hija esté muerta!.- esta vez la patada lo elevó por el aire alejándolo unos metros de su verdugo.- ¡Tu la volviste en mi contra y por eso ahora está muerta!

 

         El castigo físico continuó incluso después de que el chico perdiera el conocimiento. Zeus lo insultaba y pateaba sin descanso, proyectando todo su dolor, toda su frustración, toda su ira en él, como si así pudiera librarse de la culpa que lo consumía.

 

         Su brutal actuación acabó llamando la atención de los hombres que luchaban a su alrededor. Sus enemigos huyeron, sus soldados trataron de detenerlo.

 

- ¡Pero si ya está muerto!.- gritó uno de ellos.

 

- ¡Majestad!.- lo tomó del hombro su capitán.- ¡Ya es suficiente!

 

         Zeus se desembarazó de él de un empujón y contempló el cuerpo caído de su enemigo. Alex estaba en posición fetal, en medio de un gran charco de sangre y con el cuerpo lleno de heridas. Pero aún respiraba. El monarca lo contempló en silencio, incapaz de reconocerse a sí mismo en aquel despiadado ataque.

 

- ¿En qué... en qué me he convertido?.- se preguntó asqueado.

 

         Avanzó unos pasos hacia Alex y se inclinó sobre él.

 

- Acabaré con tu sufrimiento.- murmuró abatido, sin estar demasiado claro si se refería a su víctima o a él.- ¡Centellas... .- empezó.

 

- ¡Papa!.- gritaron detrás suya.- ¡Detente!

 

********************

 

         Sintió la fuerza emanar de su interior y la utilizó. Su flecha de fuego dotada de un poder como nunca antes había tenido se clavó en el pecho del Titán extendiendo su fuego por todo su organismo. Segundos después el coloso caía al suelo muerto.

 

         El silencio se adueñó del lugar, nadie podía creer que la pesadilla hubiera terminado ya y solo algunos civiles imprudentes se acercaron para comprobar que verdaderamente el Titán había muerto.

 

         Sailor Marte, en cambio, corrió en busca de su amiga. La encontró en la base del puente bocabajo e inconsciente. Tenía varias quemaduras sin importancia en los brazos y en el rostro y algunas más graves en las manos pero en general parecía estar bien.

 

         La sacudió varias veces hasta que recuperó el conocimiento y la sujetó de los hombros para ayudarla a incorporarse.

 

- Pensaba que habías muerto.- dijo.- ¡No sabes cuánto me alegro de que estés bien!

 

- Mi... mi padre.- un mareo hizo que perdiera el equilibrio.- Tengo que...

 

- ¡Olvídate de él!.- le gritó Marte mientras la sujetaba.- Si le importaras algo no hubiera permitido que el Titán te atacara.

 

- Pero es que no lo hizo.- protestó.- Rei, cuando me estaba teletransportando mi padre se comunicó con el Titán y yo... .-se soltó de su amiga, su mirada había recuperado el brillo que perdiera cuando supo de la traición de su padre.- ¡Yo participé en esa comunicación sin que ellos lo supieran!

 

- ¿Qué tu qué?.- se sorprendió.

 

- No sé cómo o por qué sucedió, solo sé que mi padre intentó detenerlo.

 

- Pues no tuvo mucho éxito.- contestó sarcástica.

 

- ¡Eso es lo de menos, Rei!.- exclamó feliz.- Lo importante es que lo intentó y que por eso tengo que ir a buscarlo.

 

- ¿Cómo que ha buscarlo?.- inquirió incrédula.- ¿Acaso tengo que recordarte que tu padre sigue siendo un traidor por mucho que te aprecie?

 

- ¡Está arrepentido! Solo necesita que alguien le dé una segunda oportunidad.- poniéndose seria.- Lo sé, Serena tuvo razón durante todo este tiempo.

 

- Aunque se rinda tendrá que pagar por todo el daño que ha hecho.- insistió Marte.

 

- También lo sé.- sonrió.- Pero habrá reconocido su error y podré volver a llamarlo padre con orgullo.

 

         Tras unos segundos de indecisión, Marte le devolvió la sonrisa y asintió. Cogió a Júpiter de las manos para compartir su energía con ella y que pudiera teletransportarse, había sobrevivido al ataque pero todavía se encontraba bastante débil.

 

         Cuando aparecieron en el campo de batalla buscaron a Zeus entre los combatientes. No tardaron en localizarlo, estaba arrodillado junto a Alex a punto de matarlo.

 

         Júpiter lo vio pero también sintió su dolor, su angustia, su sentimiento de culpabilidad... y deseó más que nunca salvarlo.

 

- ¡Papa!.- corrió hacia él cojeando.- ¡Detente!

 

         Al oír su voz Zeus enmudeció, se levantó con lentitud y se giró. Cuando vio a su hija delante de él, viva, sintió que su corazón se paralizaba, que se vaciaba de cualquier emoción salvo del deseo de abrazarla para asegurase que no era un sueño. En vez de eso solo fue capaz de hacerle una pregunta.

 

- ¿Cómo...  cómo es posible? El Titán te atacó con todo su poder.

 

- Estaba muy debilitado y además.- le sonrió.- además tu voz me avisó, me dio tiempo suficiente para contraatacar (utilizó el ataque de Chispas de Plata para ser más precisos).

 

- ¿Me oíste?.- inquirió asombrado.

 

- Sí.- respondió Lita, los ojos llenos de lágrimas.- ¿Todo ha terminado?

 

         Zeus asintió y Júpiter corrió a abrazarlo. Mientras tanto, Marte se había acercado a Alex para examinarlo. Estaba bastante mal pero sobreviviría.

 

Continuará...

 

Menu

Hosted by www.Geocities.ws

1