Capítulo 30: Neptuno
El
ataque a Neptuno fue rápido y mortal. La repentina aparición del ejército
uraniano en la burbuja-capital del planeta desmanteló por completo su
estrategia defensiva, más aún, cuando se suponía que solo las sailors scouts
poseían el poder de la teletransportación. Además, las tropas de Atlante no
aparecieron en un punto fijo sino dispersas y mezcladas con los soldados
neptunianos que custodiaban la ciudad y el palacio real.
Sailor Urano y Neptuno apenas tuvieron
tiempo de reaccionar cuando una cincuentena de soldados armados con los escudos
y espadas uranianas se abalanzaron sobre ellas.
Urano, nada afectada por tener que
enfrentarse a sus compatriotas, echó una mirada de reojo a Neptuno antes de
sonreír y lanzarse en pos de sus contrincantes. Una potente lluvia de patadas y
puñetazos rematada con un poderoso temblor de tierra fue suficiente para mandar
al otro mundo a todos los uranianos que osaron intentar siquiera ponerle una
mano encima admitiendo con tal gesto su traición ante la reina y la princesa.
Neptuno, por su parte, imitó a su
compañera ejecutando con elegancia su principal ataque el cual logró liberarla
durante un instante de sus atacantes.
-
¡Están atacando el palacio!.- señaló espalda contra espalda con Urano.- La población
civil está refugiada allí, tenemos que ayudarles a resistir hasta que lleguen
los refuerzos.
-
Tu misma.- contestó al mismo tiempo que saltaba ejecutando nuevamente su ataque
y abriendo una brecha hacia la entrada de palacio.- Aunque tardaremos un poco
en llegar, casi podría jurar que todo el ejército de Urano está aquí.
-
Venga, no tenemos tiempo que perder.
Las dos sailors corrieron en dirección
a palacio a través de la brecha abierta por Urano, la cual no tardó demasiado
tiempo en cerrarse obligando a ambas chicas a detenerse continuamente para
abrirse paso. De hecho, el número de uranianos que iba en su búsqueda no hacía
más que aumentar constantemente al igual que el número de neptunianos caídos en
combate hasta que finalmente les fue imposible seguir avanzando. Cada hombre
con el que acababan era sustituido inmediatamente por diez más.
-
¡Maldita sea!.- exclamó Urano.- A este paso para cuando lleguemos al palacio no
quedará nadie con vida.
Una treintena de hombres se abalanzaron
sobre ella cubriéndola por completo. Neptuno dio un gran salto hacia arriba
justo en el momento en el que una gran explosión dorada destrozaba sus cuerpos
y el de los uranianos más cercanos y, cuando la nube de humo levantada por el
ataque se hubo disipado, lo primero que vio el resto del ejército de Urano fue
a su princesa, de pie, con el puño derecho apretado, los ojos cerrados y una
gran aura dorada envolviéndola.
-
No tenéis ni idea del lío en que os habéis metido, escoria traidora.- sonrió
con frialdad, su voz llena de repulsión.
Se inclinó ligeramente con el brazo derecho
extendido hacia adelante mientras toda el aura que la rodeaba segundos antes se
concentraba en su puño formando una gigantesca bola de energía, a su lado,
Neptuno sostenía entre sus manos una esfera del mismo tamaño pero en tonos
azulados. Era la señal.
-
¡Temblor de Tierra!
-
¡Mares y océanos!
El ataque conjunto no solo acabó con
más de la mitad del ejército de Urano sino que dejó paralizado al resto. Jamás
estarían a la altura de su princesa.
-
Creo que los asustaste.- bromeó Neptuno.
-
Eso parece.- se sacudió las manos.- De hecho, estoy pensando que ya no hace
falta que vayamos a palacio a esperar los refuerzos, mejor terminamos nosotras
mismas el trabajo y evitamos que sigan asesinando a gente inocente.- sonrió con
malicia mientras se ponía en posición para ejecutar de nuevo su ataque.
Al instante, todos los uranianos levantaron
sus escudos en un intento por protegerse. Urano les dirigió una breve mirada de
decepción y borró la sonrisa de sus labios, abandonando su posición de ataque.
- ¡Bah! No merece la pena que nos ensuciemos
más las manos con ellos.- se dio media vuelta en dirección a palacio.- Las
tropas neptunianas de la unidad del norte de palacio deben estar a punto de
llegar, ¿no?
-
Más les vale.- la siguió Neptuno.- El ataque de antes debe haberse visto a
kilómetros de distancia.
-
Ocupémonos entonces de los heridos.- mirando con desprecio a su antiguo
ejército.- Estos no nos molestarán más.
-
No esperaba menos de ti, hija.
El sonido de la voz de Atlante llegó
alto y claro a los oídos de las dos sailors así como a los de los soldados
uranianos que, haciendo una reverencia a su soberano, se hicieron a un lado
para que este pudiera avanzar desde las últimas filas hasta el lugar en donde
se encontraba su hija.
La joven, con expresión dura y
desafiante, se giró hacia su padre.
-
Atlante.- siseó con desprecio.
- Tu padre.- se
plantó delante de ella con los brazos cruzados.- Y tu rey, no lo olvides nunca.
-
¿Olvidar?.- cuestionó con ironía.- Dudo mucho que algún día pueda olvidar al
repugnante traidor en que te has convertido.
-
¡No te atrevas a hablarme en ese tono!.- reclamó el rey.- Si hay aquí alguna
traidora esa eres únicamente tú. Tu deber y tu lealtad deberían ser siempre
para tu pueblo y tu familia, enfrentándote a mí solo mancillas el nombre de tus
antepasados y el mío propio y demuestras lo poco que valoras el bienestar de
nuestro pueblo.
-
¿El bienestar de nuestro pueblo?.-rió la chica con desdén.- Lo único que a ti
te importa es el poder. Tu deber es proteger a tu pueblo y lo envías a
una guerra sin retorno. Juraste fidelidad eterna a la reina y la has
traicionado... solo eres un maldito hipócrita.- gritándole con furia.- ¡Me
avergüenza ser hija tuya!
Un fuerte viento sopló en ese instante
provocando que las piedras (algunas del tamaño de un puño) más próximas a
Atlante se elevaran del suelo e impactaran contra el cuerpo de Haruka. La
sailor se mantuvo impasible mirando a su padre directamente a los ojos incluso
cuando una de ellas pasó rozando su mejilla causándole un pequeño corte. Se
limitó a limpiarse la sangre de la herida con la mano izquierda.
-¡Es
tu última oportunidad, Haruka!.- gruñó Atlante furioso.- Vuelve conmigo o
olvidaré que alguna vez tuve una hija.
Sailor Urano escupió a sus pies en
respuesta.
-
Haruka... esto... esto no lo olvidaré fácilmente.- el rey tenía la cara roja de
ira.- Haré que te arrepientas durante el resto de tu vida de haberte vuelto en
mi contra.
La sailor adoptó posición de combate,
el rey de Urano la imitó. La hora del enfrentamiento había llegado.
-
¡Detente!.- intervino Neptuno apoyando una mano sobre el brazo de su
compañera.- Esto es ridículo.- dirigiéndose a Atlante.- Habéis perdido, vuestro
ejército se ha reducido a la mitad, las tropas neptunianas de la unidad militar
deben estar a punto de llegar y seguramente que ya hayan avisado a los
sumergibles para que vengan como apoyo. Vuestro ridículo intento de invasión ha
fracasado.
-
¿Fracasado?.- cuestionó Atlante con burla girándose hacia Neptuno.- No podías
estar más lejos de la verdad.
-
Demuéstralo.- lo desafió.
-
Como quieras.- se giró hacia el norte y elevó ambos brazos.- ¡Adelante, Titán
de Urano!
La figura de una enorme mole que hasta
entonces había pasado desapercibida por todos, empezó a divisarse en la
lejanía. La extraña bruma que la cubría fue desapareciendo gradualmente hasta
que pudo verse con claridad el rostro de la criatura, un rostro idéntico al de
Atlante pero carente de expresión alguna. El Titán debía medir entre nueve y
diez metros de altura puesto que a pesar de lo lejos que se encontraba de las
dos sailors y del rey era perfectamente visible.
-
¡Toda una obra de arte!.- exclamó Atlante orgulloso de sí mismo.- Compartimos
no solo aspecto sino también ataques, aunque claro, los suyos son mil veces más
potentes.
-
¡Bah!.- movió la mano sailor Urano en gesto despectivo, intentando restarle
importancia a la aparición del Titán.- Ese títere no cambia nada las cosas.
Atlante, que conocía lo suficiente a su
hija como para saber que su aparente indiferencia solo era una máscara que
utilizaba para relajarse y ocultar su preocupación, se permitió una ligera
sonrisa.
-
Creo que necesitáis una pequeña prueba para daros cuenta de la gravedad de la
situación.- centró su atención en el coloso.
En el breve intervalo de tiempo
transcurrido el Titán había avanzado un poco más de la mitad del tramo que lo
separaba de su creador a pesar de la enorme distancia. No obstante, algo debía
haber llamado su atención pues se había parado en seco y tenía la vista fija en
algún punto del suelo. Casi al mismo tiempo empezaron a estallar a su alrededor
pequeñas luces azuladas que parecían causar en el gigante el mismo efecto que
provocaría un molesto mosquito.
El Titán se restregó dos o tres veces el
brazo izquierdo que era en donde la concentración de iluminación azulada era
más intensa y dio un paso al frente. Al instante, las explosiones cesaron
aunque volvieron a reanudarse dos minutos después. El Titán elevó la vista y la
dirigió hacia el punto en donde se encontraba Atlante.
-
Parece que las tropas neptunianas que tan... .-sonrió el rey.- ...tan
desesperadamente estabais esperando se han topado con mi gemelo.
Perfecto.
-
¿Qué... .-iba a decir Urano pero cerró la boca al ver como su padre movía la
cabeza en señal de asentimiento y el Titán adoptaba una posición de combate que
le era muy familiar.
Empezó a girar sobre sí mismo generando
una corriente de aire a su alrededor que se hacía más y más fuerte conforme
aumentaba la velocidad del giro hasta que finalmente elevó ambos brazos y se
detuvo en seco.
-
¡Huracán de Urano!.- exclamó.
Su atronadora voz retumbó amenazadora
en los oídos de las dos sailors que observaban impresionadas (aunque
exteriormente no lo demostraran) como el huracán que se había generado
alrededor del coloso se expandía en un estallido y arrasaba todo lo que se
encontraba a su paso en un radio de casi cien metros, provocando una lluvia de
objetos y cuerpos destrozados de los que los soldados uranianos más cercanos a
la zona de la explosión se apresuraron a protegerse cubriendo sus cabezas con
sus escudos.
Neptuno no pudo evitar una exclamación
de asco cuando el brazo del que seguramente había sido un buen soldado
neptuniano aterrizó cerca de ella. Retrocedió unos pasos y se agarró del brazo
de Urano que miraba a su padre con furia mal contenida.
- ¿Seguís pensando que la victoria es
vuestra?.- inquirió Atlante con altivez.
-
Demasiado lejos... has llegado demasiado lejos.- murmuró Urano separándose de
su compañera y apretando los puños.- ¡¡¿Es qué acaso no te das cuenta hasta
donde te ha llevado tu ansia de poder?!! ¡¡¡Te has convertido en un asesino!!!
-
Esto es una guerra.- respondió Atlante serio.- Son ellos o nosotros.
-Te
lo impediré, maldito.
-
¡Urano!.- exclamó Neptuno en ese momento.- ¡El Titán!¡Se está moviendo!
-
¡¿Qué?!.- inquirió la chica buscando con la mirada al gigante.
Tal y como su amiga había advertido, el
Titán había reanudado su marcha y no solo él, porque los soldados de Urano se
estaban marchando de allí con una rapidez asombrosa. Pero, ¿por qué?¿Acaso su
padre había decidido de antemano que sería su creación la que se encargaría
ella y por eso los soldados huían o es...?
Con un mal presentimiento Urano se dio
media vuelta y contempló con temor el palacio de Neptuno. La población civil se
encontraba refugiada allí y ese era sin duda el objetivo del Titán. ¡¡Sería una
masacre!!
-
¡No lo hagas!.- le gritó a su padre.- ¡Allí no hay soldados!
-
Es la guerra, hija mía.- se limitó a responder el rey.- Y tú has elegido el
bando equivocado. Mis tropas han ido a reunirse con el resto y, mientras el
Titán se encarga de arrasar a cualquier ser vivo que se encuentre en su camino,
mis soldados matarán a los tripulantes de los sumergibles neptunianos que se
acerquen para ayudar.- se cruzó de brazos.- Habéis perdido.
-
¡Eso jamás!.- exclamó la sailor desafiante.- ¡Neptuno, detengamos al Titán
antes de que llegue a su destino!
-
Vayamos mejor a detener a los soldados uranianos.- la contradijo la joven.- Los
selenitas se encargarán del Titán.
-
¡No, no lo harán!.- mirando con recelo a su padre que las contemplaba
divertido.- Ya están muertos.
A Neptuno le bastó una sola mirada al
rey de Urano para comprender que su amiga tenía razón. Le hizo un gesto de
asentimiento tragándose su angustia y corrió junto a ella en pos del Titán. No
obstante, antes de que dieran tres pasos Atlante dio un gran salto en el aire y se situó delante de
su hija amenazándola con su espada.
-
No tan deprisa, Haruka.- le recriminó.- Aún tenemos una pelea pendiente y
aunque hayas manchado el nombre de tu familia esperó que aún te quede el
suficiente orgullo como para no huir de un desafío.
-
¡No soy una cobarde!.- escupió Urano.- Pero tendrá que ser después, ahora no
puedo perder el tiempo contigo.
Esquivó a su padre y siguió su camino.
Sin embargo, Atlante volvió a interceptarla. Estaba claro que no la dejaría
marchar tan fácilmente y, mientras, el Titán se acercaba más y más a su
objetivo. Le lanzó una mirada inquisitoria a Neptuno y ésta le respondió con un
gesto de asentimiento.
-
No tardes demasiado.- le guiñó un ojo para después ir en busca del Titán.
-
Solos tú y yo.- dijo Urano mientras se colocaba frente a su padre e invocaba su
talismán: la espada de Urano.
******************
Sailor Neptuno logró alcanzar al Titán
antes de que éste se acercara lo suficiente al palacio real como para que su Huracán
de Urano pudiera afectarle.
Además, el coloso parecía no haber
advertido su presencia (o la consideraba tan insignificante que ni la tenía en
cuenta) ya que continuaba aproximándose a su objetivo. Perfecto. A Neptuno no
se le presentaría mejor oportunidad que ésta para tratar de golpearlo en un
punto vital antes de que se diera cuenta de la amenaza e intentara deshacerse
de ella haciendo uso de su ataque. La chica no estaba segura de ser capaz de
sobrevivir a semejante explosión. El problema era localizar ese punto débil.
Viendo el resultado obtenido por su
ejército (en este punto tuvo que reprimirse las ganas de vomitar al recordar lo
sucedido) estaba segura de que golpease donde golpease al Titán no conseguiría
matarlo, herirlo de gravedad tal vez, pero no acabar con su vida y tenía claro
que mientras le quedara un solo hálito de vida, éste se defendería a diestro y
siniestro. No, tendría que ser un poco más retorcida sino quería desaprovechar
la oportunidad.
Elevó la cabeza para analizar a su oponente
(de seguro que tendría tortícolis durante uno o dos días) y se fijó en el
pendiente que llevaba en la oreja derecha. Haruka tenía uno idéntico o al menos
lo había tenido. El pendiente hacia las veces de sello real y la chica se había
deshecho de él tras ser traicionada por su propio padre y aunque el recuerdo
estaba fuera de lugar, le había dado una idea. ¡Ya sabía como derrotar al Titán
de un solo golpe!
Decidida, adelantó al coloso, elevó
ambos brazos y comenzó a concentrar su energía en las palmas de las manos.
El Titán continuó con su marcha.
Neptuno terminó de reunir la energía
suficiente y esperó el momento oportuno.
El Titán estaba a punto de pasar por
delante de ella.
Neptuno dio un gran salto en el aire de
casi cinco metros de altura e inició la ejecución de su ataque. Una gran bola
azul con la forma del planeta Neptuno salió de sus manos justo cuando el
gigante se encontraba delante de ella. Su objetivo, la oreja derecha del Titán,
la sailor tenía la intención de freír el cerebro de aquella monstruosidad.
Desafortunadamente, segundos antes de
que el mortal ataque alcanzara su objetivo, el sonido del avance de la esfera
azul llamó la atención del coloso que se detuvo de improvisto y ladeó la cabeza
hacia la joven.
La sailor comenzó el descenso hacia el
suelo justo en el instante en que su ataque impactaba en la cabeza del Titán y
éste, como reacción, levantaba ambos brazos para cubrirse el rostro y le daba
inconscientemente un fuerte manotazo a Neptuno en la espalda estrellándola
contra el suelo. Había perdido su oportunidad.
Su ataque solo había conseguido
arrancarle un trozo de oreja al coloso
y hacerle múltiples heridas en su rostro, profundas sí, pero no mortales y
ahora la creación de Atlante no solo era consciente de la presencia de un
poderoso enemigo sino que estaba furioso.
Localizó el cuerpo magullado de la
chica, levantó un pie para aplastarla como a una cucaracha y, al fallar en su
primer intento, inició toda una descarga de frenéticos manotazos y pisotones
con el único objetivo de hacerla papilla.
A pesar del golpe que Neptuno había
recibido, su condición de sailor había evitado que las consecuencias de éste no
pasaran de un molesto dolor de espalda. Podía esquivar perfectamente al Titán dando grandes y
continuos salto de un lado a otro, el problema era que si continuaba así
durante mucho tiempo terminaría agotada y se convertiría en una presa fácil.
Tenía que intentar acercarse lo máximo
posible al coloso e intentar de nuevo ejecutar su ataque. Desgraciadamente, su
enemigo debió intuir algo porque cuando trató de colocarse sobre su hombro para
asegurar el blanco, éste empezó a dar vueltas alrededor de sí mismo y a generar
un fuerte viento que se lo impidió. ¡Iba a ejecutar de nuevo el Huracán de
Urano!
-
¡Maldita sea!.- maldijo con vehemencia Neptuno mientras se limitaba a hacer lo
único posible en esa situación.
Materializó su espejo y lo utilizó para
crear una barrera a su alrededor que la protegiera de la inminente explosión y,
cuando esta se produjo, contempló abrumada como la inmensa energía desplegada
por el Titán arrojaba contra ella los restos de los edificios derribados antes
de golpear con tremenda violencia su escudo, desquebrajándolo poco a poco hasta
conseguir penetrar en él y hacerla sentir como si un millar de guerreros la
estuvieran golpeando con auténtica sarna sin darle siquiera un pequeño respiro.
Cuando la furia del huracán hubo
pasado, Neptuno, a pesar de encontrarse muy malherida (tenía rasguños por todo
el cuerpo y varias heridas de gravedad en la cabeza, el abdomen y los brazos),
intentó incorporarse, siendo este gesto sin duda el que llamó la atención del
Titán.
Su presa no estaba muerta todavía así
que la cogió con la mano y empezó a apretar poco a poco.
Neptuno aulló de dolor al sentir como
el poderoso agarre le rompía varias costillas.
-
Urano, ¡¿dónde demonios estás?!.- exclamó en su agonía mientras escupía sangre
por la boca.
****************
-
Buen golpe, hija.- la alabó Atlante cuando ésta detuvo una estocada bastante
rápida y mortífera de su padre.- Está claro que te enseñé bien.
-
No.- rectificó Urano cortante.- Aprendí en la Luna.
La sailor avanzó hacia él propinándole
una serie de estocadas altas cada vez más rápidas que Atlante detenía sin
aparente esfuerzo, sosteniendo su espada (bastante más pesada que la de su
hija) con ambas manos. En un último intento de poner fin de una vez por todas a
la contienda, Urano sostuvo su ligera espada con ambas manos para dar más
fuerza a su golpe y atacó desde arriba, siempre vigilante por si su padre
aprovechaba el momento para clavarle la suya en el estómago aún a riesgo de
resultar herido él también.
No obstante, el rey se decantó por la
defensa y cuando elevó ambos brazos para detener el golpe de su hija, ésta
frenó su avance con el pie derecho, hizo fuerza con los brazos para desviar el
golpe de la espada hacia su derecha y giró sobre si misma para colocarse detrás
de Atlante y golpearlo en la espalda. Sin embargo, lo único que su mortífera
arma golpeó fue el aire, su padre había sido lo suficientemente rápido como
para agacharse y alejarse de ella antes de que pudiera dañarlo.
-
Esos trucos no sirven conmigo, Haruka.- la riñó.-Ya deberías saberlo.
-
Tenía que intentarlo.- sonrió la chica.
Sabía que su padre era todo un maestro
en el arte de la espada y que su larga vida le confería una ventaja con la que
ella no contaba. También sabía que si dejaba a un lado el duelo y lo atacaba
utilizando sus poderes de sailor, éste no tendría ninguna oportunidad, pero no
lo haría y Atlante lo sabía perfectamente. Le había hecho daño, demasiado,
necesitaba humillarlo y la mejor forma de conseguirlo era derrotarlo en su
propio campo. Por eso y solo por eso, ganaría el duelo.
***************
Neptuno yacía en el suelo inconsciente.
El Titán la había soltado para proseguir su camino cuando la joven dejó de
moverse.
Transcurridos unos minutos, Neptuno
volvió a recobrar la conciencia y abrió los ojos.
“Aún
estoy viva”.- suspiró
aliviada intentando ignorar las punzadas de dolor que le recorrían todo el
cuerpo cada vez que se movía o respiraba.
Haciendo un gran esfuerzo consiguió
ponerse en pie y arrancarse un trozo de falda de su uniforme para vendarse las
heridas del abdomen, las que más le dolían.
En el tiempo transcurrido el Titán se
había alejado bastante de ella, lo suficiente como para que el Huracán de
Urano alcanzara el palacio si volvía a ejecutarlo y, ahora que la sailor
había probado en su propia carne la violencia del ataque, sabía sin la menor
sombra de duda que si éste volvía a realizarse no quedaría nadie con vida.
¡Tenía
que impedirlo fuera como fuera, aunque le costara la vida! Y la única forma de
hacerlo seguía siendo la misma: derretirle el cerebro de un solo golpe.
-
¡Si tan solo pudiera distraerle el tiempo suficiente!.- exclamó desanimada.
Sabía perfectamente que tal vez no fuera capaz de ejecutar su ataque más de una
vez.
Invocó de nuevo su talismán (éste había
vuelto a fundirse con ella al romperse la barrera que había creado) y contempló
su deshecha imagen en su superficie.
-
Si al menos Urano estuviera aquí.- suspiró.- Seríamos dos... bueno.- esbozó una
ligera sonrisa.- siempre puedo crear una imagen suya con mí... .- no terminó la
frase. Acababa de dar con la solución.
Con una amplia sonrisa en su rostro,
utilizó su espejo para deslumbrar al coloso y atraer su atención. La estrategia
funcionó a las mil maravillas. Cuando el Titán sintió el calor de la luz que el
talismán de Neptuno proyectaba en su cabeza a pesar de la distancia, se dio
media vuelta y buscó el origen. Su rostro se contorsionó en una desagradable
mueca al darse cuenta que el ser que tanto daño le había hecho seguía vivo.
Por supuesto, existía la posibilidad de
que la respuesta del monstruo fuera la repetición de su mortífera técnica
aunque Neptuno dudaba mucho que se produjera. Y acertó.
El Titán de Urano era una criatura que
había sido creada con un solo propósito: obedecer a Atlante, razón por la que
no era demasiado inteligente y por la que sus impulsos solían ser bastante
primitivos y salvajes.
En ese momento, Sailor Neptuno solo era
para él un molesto mosquito que aún seguía vivo tras haberle cortado las alas.
Por eso, en vez de acabar con ella llevando a la práctica una técnica que
seguramente lo cansaba enormemente, fue en su busca para terminar de aplastarla
de un solo pisotón.
La sailor esperó paciente a que el
coloso se acercara a ella y, antes de darle siquiera tiempo a levantar un pie,
utilizó su espejo mágico para crear decenas de copias suyas que se lanzaron al
ataque inmediatamente, dejando al Titán paralizado los primeros segundos al no
entender lo que estaba ocurriendo. Su siguiente reacción fue tratar de golpear
con las manos al molesto mosquito que se había convertido por arte de magia en
millones de ellos.
Por supuesto, cada vez que estaba a
punto de atrapar a alguno, éste desaparecía provocando que su furia creciera
cada vez más. Era solo cuestión de tiempo que se cansara del juego y decidiera
aplicar técnicas más efectivas. Y así lo entendió Neptuno, que no se había
movido de su posición inicial hasta ahora.
Sobreponiéndose al terrible dolor que
la atenazaba dio una serie de grandes saltos hasta conseguir posarse sobre el
hombro del Titán, que inmerso en la ardua tarea de eliminar a todos los dobles
de su contrincante no se percató del peligro inminente.
Cuando la sailor comenzó la ejecución
de su técnica más poderosa, el resto de sus dobles la imitaron. El Titán, que
obviamente recordaba que había sido una luz azulada la que le había hecho tanto
daño en la cabeza, reaccionó al instante.
-
¡Mares y ...!.- gritó Neptuno.
El Titán elevó ambos brazos.
-
...océanos!.- terminó de decir la sailor antes siquiera de que el coloso
pudiera abrir la boca.
El diminuto y brillante planeta azulado
se introdujo por su oído derecho y salió por el izquierdo, destrozando todo lo
que se encontró a su paso.
Al instante, el Titán se quedó
paralizado, sus ojos se tornaron rojos como la sangre y, con un gran gemido,
cayo al suelo cuan largo era, muerto.
Todas las imágenes de la sailor fueron
desapareciendo una tras otra hasta que solo quedó una, de pie, al lado del Titán.
La joven ni siquiera se digno a
mirarlo, sabía que estaba muerto y con eso le bastaba. Sujetándose la pierna
derecha, inició su penosa caminata en busca de su compañera.
****************
El pequeño terremoto que provocó la
caída del Titán no fue muy bien recibido por Atlante que no esperaba que nadie,
ni siquiera una sailor, fuera capaz de derrotar a su creación. Su hija, por el
contrario, sonreía triunfante, ahora solo tendría que preocuparse de su padre.
-
Tu amiga pagará por esto.- rugió el rey de Urano furioso.- Lo juro.
-
Olvidas un pequeño detalle, padre.- lo corrigió con sarcasmo.- Aún no me has
vencido.
-
Tanto tiempo juntos y aún no sabes de lo que soy capaz.- replicó éste.
Aún con el semblante serio, cerró los
ojos y levantó su espada con ambas manos mientras se concentraba. La enorme
espada empezó a brillar al mismo tiempo que un deslumbrante fuego la envolvía.
Cuando Atlante abrió los ojos portaba en cada mano una brillante espada rojiza,
las cuales manejaba con tanta ligereza como si se trataran de prolongaciones de
su propio cuerpo.
-
El juego ha terminado.- afirmó al mismo tiempo que avanzaba hacia su hija y se
preparaba para golpearla, o al menos, eso intentó.
Sailor Urano no solo era buena con la
espada sino también rápida, lista y ágil. Paró la estocada de la espada de la
mano derecha de su padre con la suya propia y evitó la segunda, destinada a
partirla por la mitad, agarrándole la muñeca izquierda y utilizando ambos
apoyos para propulsarse hacia abajo y dar una voltereta en el aire que le
permitiera pasar sobre la cabeza de Atlante, colocarse detrás de él y darle una
patada en la espalda que lo desequilibrara lo suficiente como para intentar
ella, a su vez, herirlo.
Desafortunadamente, el rey hincó la espada
derecha en el suelo para evitar la caída y empleó la izquierda para intentar
detener el mortal golpe. Por supuesto, debido a su posición el golpe carecía de
fuerza y precisión por lo que no logró del todo su propósito. El fuego de la
espada brilló con más intensidad y cegó momentáneamente a Urano provocando que
le hincase su arma en el hombro izquierdo y no en la espalda.
Atlante reprimió un grito de dolor y
aprovechó la momentánea confusión de su hija para alejarse de ella. Ahora no
podría utilizar la espada izquierda, la cual desapareció como si nunca hubiera
existido en cuanto su dueño la soltó.
Se sentía frustrado y furioso, nada
estaba saliendo como estaba planeado y, aún así, no podía dejar de sentir
cierto orgullo por su hija. ¡Ojalá hubiera podido hacerla entrar en razón!
-
Te felicito, Haruka.- la alabó con frialdad.- No pensé que fueras capaz de
herirme.
-
Y de matarte.- rugió.- ¡No lo dudes!
Corrió hacia él con renovado ímpetu,
convencida de que ahora que tenía un brazo inutilizado le sería más fácil derrotarlo.
Grave error. Cuando volvió a sujetar la espada con ambos manos y abalanzarse de
lleno contra su padre, éste detuvo su ataque e ignorando por completo el dolor
que hacerlo le producía, elevó el brazo izquierdo e invocó de nuevo su otra
espada. El calor que desprendía ésta avisó a Urano de lo que estaba ocurriendo
pero lo hizo demasiado tarde, antes de que le diera tiempo a reaccionar la
mortífera arma le había atravesado el costado y herido de gravedad.
-
Te lo advertí.- dijo Atlante sin emoción alguna mientras veía como su hija caía
arrodillada ante él e intentaba cubrirse la herida con ambas manos.- Ojalá no
me hubieras obligado a hacerlo.- se lamentó.
Blandió de nuevo su espada derecha
dejando caer la otra y se dispuso a dar el golpe de gracia. Sin embargo, cuando
estaba a punto de lograr cortarle la cabeza a Urano, una potente bola de
energía azul con la forma del planeta Neptuno impactó contra su brazo
arrancándoselo de cuajo y quemándole el lado derecho del rostro.
Loco de dolor y de furia, Atlante se
cubrió la cara ensangrentada con la única mano que le quedaba y observó a la
causante de todo: Sailor Neptuno.
A pesar de su deplorable estado, la
chica había conseguido llegar hasta allí y salvarle la vida a su compañera.
-
Urano.- murmuró feliz de haber llegado a tiempo mientras caía de rodillas. Ya
no tenía fuerzas ni para hablar.
Sonriendo, la aludida hizo un último
esfuerzo y consiguió ponerse de pie para ir en busca de su compañera. Sin
embargo, el instante de felicidad duró poco. La sonrisa de la joven se esfumó
por completo al percatarse de que Atlante volvía a esgrimir su espada, esta vez
en contra de Neptuno que ya no podía defenderse. Sabiendo que la única
oportunidad que tenía de matarlo antes de que él acabara con la vida de su
amiga era ejecutar su ataque más poderoso, elevó la mano derecha y empezó a
concentrar su energía.
-
¡Todo es por tu culpa!.- rugió Atlante hirviendo de ira. Ya ni siquiera sentía
el dolor.
-
¡Temblor de... .-la bola de energía estaba completa.
-
¡El Titán!.- la espada estaba a un centímetro de la cabeza de la chica.- ¡Mi derrota!
-
...tierra!.- se inclinó hacia delante.
-
Y lo peor de todo.- masculló con auténtico dolor deteniendo durante unos
segundos el ataque.- ¡¡La traición de mi propia hija!!
-
¡¡Destruye!!.- exclamó Urano.
-
¡¡Muere!!.- gritó Atlante.
El ataque de Urano acabó con la vida de
su padre instantes después de que su espada le cortara la cabeza a Neptuno.
La sailor del viento ni siquiera tuvo
tiempo de lamentar su pérdida pues en el preciso momento en que Atlante expiró,
los ojos del Titán se abrieron de par en par dando paso a una gigantesca
explosión que arrasó con el planeta entero, convirtiéndolo al igual que Plutón,
en un planeta muerto.