Capítulo 25: El rescate de Serena ( segunda parte )

 

Júpiter

 

         Después de teletransportar a Arthur a una zona del bosque terrestre próxima al palacio para que nadie los viera aparecer de la nada, Rei había vuelto a hacer uso de la teletransportación para aparecer en la pequeña habitación de una posada situada en la misma ciudad en donde se levantaba el palacio real de Júpiter.

 

Al igual que en Marte tenían el refugio del volcán Olympus para sus reuniones privadas, en Júpiter tenían esa posada. Esta había pertenecido a la madre de Lita, Hera, y a su muerte hacia ya dos años había pasado a manos de su hija quien había decidido mantenerla abierta en su honor. El puesto de posadero se lo ofreció a la mujer que había sido su nana durante su niñez y a su marido quienes aceptaron encantados la oferta. Lo único que la princesa les pidió a cambio del empleo fue que reservaran una de las habitaciones para sus amigas y ella y que lo mantuvieran en secreto. Lita planeaba convertir esa habitación en su lugar secreto de reunión, un lugar en el que poder estar en paz con sus amigas, una especie de secreto entre ellas del que nadie debía saber nada, ni siquiera sus padres ( incluido claro está Zeus ).

 

         Fue durante una de las primeras reuniones que tuvieron allí cuando Serena, en una discusión que mantuvo con Mina acerca de su vestido ( según la princesa de Venus estaba pasado de moda ), tropezó con una trampilla que había debajo de la cama, descubriendo así un pasadizo secreto que llevaba desde la posada al palacio real de Júpiter.

 

         Rei recordaba que en ese momento Lita había dicho que cuando su madre era joven, antes de conocer a Zeus y convertirse en su esposa ( la madre de Lita era de familia humilde ), esa había sido su habitación y que sin duda sus padres habrían construido el túnel para poder verse en secreto.

 

         En aquel momento todas rieron por la ocurrencia de la joven sin imaginar lo útil que ese túnel les resultaría en el futuro.

 

         Rezando porque Zeus se hubiera olvidado del túnel y que no estuviera vigilado, la princesa de Marte se adentro en él y lo recorrió hasta llegar a las despensas del palacio real. Con mucho cuidado salió de allí y se dirigió al cuarto de Lita, suponiendo que su padre la tendría retenida allí.

 

         Sus suposiciones resultaron ser ciertas. Zeus, después de la pequeña traición de su hija, la había encerrado en su habitación aunque no había dejado ningún guardia vigilando la puerta. No obstante, Marte podía sentir una extraña energía oscura rondando el lugar. Con precaución, entró en el cuarto y vio a Lita sentada en la cama con gesto ausente.

 

Iba a acercarse a ella para averiguar que le pasaba cuando empezó a sentirse invadida por un extraño sentimiento de melancolía al mismo tiempo que su mente era bombardeada por recuerdos de su niñez, recuerdos amargos que no le apetecía recordar. Y mientras todo esto sucedía, su transformación comenzaba a desvanecerse.

 

La dureza de uno de esos recuerdos, uno en el que había decidido que jamás se casaría después de escuchar una violenta discusión entre su madre y su padre por una nueva infidelidad de Ares, hizo que perdiera el equilibrio y tropezara con una maceta que se rompió en mil pedazos y le hizo un pequeño corte en la pierna.

 

El sonido de la cerámica al romperse unido a la sensación de la sangre corriendo por su pierna hizo que Rei consiguiera recuperar el dominio de si misma durante unos segundos, dándole el tiempo suficiente para expandir su energía mágica tratando de expulsar la energía de la presencia maligna.

 

Notó como esta trataba de inundarla con más recuerdos para ponerla de nuevo a su merced pero la joven recurrió a toda la fuerza de su espíritu para mantener en su mente su recuerdo más feliz, el día de su  nombramiento como sailor cuando su madre la había mirado orgullosa y había sonreído feliz como hacía años que no hacía. Finalmente, sintió que la presencia se rendía y la energía comenzaba a concentrarse en un solo punto, dando forma física a su dueño.

 

         Se trataba de un demonio con aspecto de lombriz, solo que esta lombriz era de la altura de la sailor y tenía una boca gigantesca con colmillos afilados como cuchillos. El ente se abalanzó sobre ella para atacarla pero antes de que pudiera lograr su objetivo la sailor le lanzó un ataque que lo destruyó por completo.

 

- No ha sido tan difícil.- sonrió orgullosa de su trabajo mientras se giraba hacia Lita y la sacudía ligeramente para que reaccionara.

 

         Al cabo de unos minutos, la expresión de ausencia de su rostro se borró y la princesa de Júpiter miró a su amiga sorprendida.

 

La Tierra

 

En cuanto la puerta se hubo cerrado Endymión echó un vistazo a la habitación en busca de Serena. La localizó tumbada sobre la cama y profundamente dormida, se acercó hasta ella y la contempló en silencio.

 

Se veía tan frágil, tan inocente, tan hermosa… qué importaba que fuera de la Luna o no, que su madre la odiara a muerte, que posiblemente la familia de ella lo odiara a él, que estuviera prometida… nada de eso importaba porque él se había enamorado de ella, de su belleza, de su forma de ser, de su fuerza de espíritu y sentía que ese amor jamás desaparecería, que lo acompañaría para toda la eternidad y que ninguna otra mujer podría jamás ocupar el vacío que dejaría en su alma y en su corazón cuando regresara a su verdadero hogar.

 

         Esta idea, que había intentado olvidar desde que decidiera rescatarla de las garras de su madre, lo entristeció. Jamás volvería a verla pero antes de dejarla marchar para siempre quería sentirla una vez más, tal y como la había sentido en el bosque cuando finalmente había conseguido robarle un beso. Sí, al menos se merecía eso, un último beso, no por nada iba a enfrentarse a su madre por ella y se iba a convertir en el hazmerreír de todos cuando se supiera de qué se había disfrazado.

 

Decidido, se sentó a su lado en la cama, le apartó con infinita ternura un mechón de cabello rubio de su frente, se inclinó hacia ella mientras le acariciaba con suavidad el rostro y unió sus labios a los suyos, besándola con todo el amor que sentía en su interior. El mágico momento se tornó en un auténtico sueño cuando Endymión sintió como Serena, aún dormida, le rodeaba el cuello con sus brazos y le respondía con igual amor.

 

El beso se prolongó unos minutos más hasta que Endymión recordó la razón de su presencia allí y, muy a pesar suyo, rompió el ansiado beso sabiendo que el tiempo jugaba en su contra. Su corazón latió a mil por hora cuando al separarse de ella, Serena susurró entre sueños su nombre varias veces antes de abrir los ojos y girarse hacia él aún medio dormida.

 

Endymión la miró sonriente, Serena sacudió la cabeza tratando de despejarse, Endymión amplió su sonrisa, Serena se fijó en él, Endymión fue a tomarla de la mano, Serena gritó, Endymión se apresuró a taparle la boca.

 

- ¡¿Por qué gritas?!.- preguntó alarmado por su reacción.- ¡Van a oírte los guardias!

 

         Serena abrió los ojos de par en par al reconocer al dueño de esa voz y ver en su lugar a una mujer rubia. Endymión recordó entonces que no se había deshecho del disfraz antes de acercarse a ella y asintió con un movimiento de cabeza a su muda pregunta mientras la soltaba y se quitaba la peluca y el pañuelo.

 

         En cuanto lo hubo hecho y Serena pudo observar con más detalle su rostro maquillado, parpadeó varias veces y después se echó a reír a carcajadas.

 

- Ya se han reído bastante a mi costa.- dijo molesto.- No hace falta que lo hagas tu también.

 

- Si no quieres que me ría.- comentó con burla.- entonces para que te vistes así.- colocándose un dedo sobre la barbilla mientras hacia como qué reflexionaba sobre el asunto.- Oh, ya veo… te has cansado de que te rechacen las chicas y has decidido probar suerte en el otro bando, ¿no?. - preguntó con fingida camarería.

 

- En ese caso, en vez de reírte deberías suplicarme que recapacitara, ¿no crees?.-  contraatacó Endymión desafiándola con la mirada.- No querrás no poder volver a probar mis labios,¿no?

 

- ¿Yo?. Ya te dije que lo de ayer fue una equivocación.- dijo muy nerviosa.- No sé en que estaba pensando.

 

- Claro.- sonrió con ironía.- Y el beso de hace un momento también ha sido una equivocación, ¿no?

 

- ¿Beso?¡Qué beso!.- exclamó alarmada.- Estaba durmiendo, ¿cómo iba a besarte?

 

- No lo sé.- respondió el pelinegro mientras apoyaba las manos en la cama y se inclinaba hacia delante acercándose a Serena poco a poco.- Tal vez en tus sueños.- la miró seductoramente.- mientras repetías mi nombre una y otra vez y recordabas lo atractivo, interesante y sensual que soy.

 

- ¿De… de qué estás hablando?.- tartamudeó Serena mientras trataba de alejarse de Endymión y de ignorar los fuertes latidos de su corazón.

 

- Lo sabes muy bien.- le sonrió con complicidad.

 

- ¡Basta ya!.- se bajó de la cama y exclamó mientras Endymión la miraba disfrutando de la situación.- No sé a qué crees que estás jugando pero que te quede claro de una vez que ni sueño contigo, ni deseo besarte ni quiero saber nada de ti.

 

- Yo solo sé.- respondió Endymión tumbado sobre la cama, con los brazos detrás del cuello y con una sonrisa de pura satisfacción que a Serena le resultó odiosa.- Que cuando te besé me respondiste y que repetiste mi nombre varias veces. Reconócelo princesa, estás loca por mí.

 

- Qué has dicho.- exigió con una peligrosa calma en su voz y con los ojos hirviendo de coraje.

 

- ¿Qué estás loca por mí?.- replicó con fingida inocencia.

 

- No, eso no.- se acercó a la cama.- Lo otro.

 

- ¡Ah!.- se incorporó hasta quedar sentado.- Te refieres al espléndido beso que te regalé para despertarte de tu sueño.

 

- ¡Maldito!.- cerró los ojos y apretó los sueños.- ¡¿Cómo te has atrevido a aprovecharte de una chica dormida?!.- abriéndolos y centrando su enfurecida mirada en Endymión.- ¡¡¡¡¡Te mataré!!!!!.- exclamó furiosa al mismo tiempo que se abalanzaba sobre él con la clara intención de dejar a la Tierra sin heredero.

 

         Aunque en otra situación Serena hubiera sido muy capaz de darle una buena paliza al engreído príncipe terrícola, en esta ocasión, la furia que sentía por dentro le impidió razonar y atacarle debidamente de forma que a Endymión le bastó un solo  movimiento para hacerse a un lado, que Serena cayera sobre la cama y que él pudiera sujetarla rápidamente de las muñecas e inmovilizarla.

 

- ¿Te apetece otro, mi amor?.- preguntó seductoramente.

 

- ¡Ni se te ocurra!

 

- ¿Estás segura?.- acercó su rostro al de ella reduciendo al máximo las distancias.- Podría cansarme de ti y ser yo quien te rechazara la próxima vez.

 

- Vaya.- dijo la princesa conteniéndose las ganas de recurrir a su magia allí mismo.- para ser alguien que hace apenas un día suplicaba por una cita ahora te las das de gran conquistador, ¿puedo saber a qué se debe el cambio?

 

- Ayer no estaba seguro de tus sentimientos hacia mí.- respondió muy serio mientras apoyaba su frente en la de ella.- Ahora... .- rozó levemente sus labios en un sensual movimiento.-...sí.

 

         Suficiente, demasiado atrevimiento para la princesa quien haciendo uso de su poder interior obtuvo la fuerza suficiente como para soltarse y lanzar a Endymión lejos de ella. Sorprendido por el movimiento, el chico ni siquiera se percató del aura plateada que envolvió a su amada durante apenas una fracción de segundo.

 

- ¡Tu no sabes nada de mis sentimientos!.-le gritó Serena mientras se levantaba con auténticas ganas de matarlo.- ¡Y tampoco tienes ningún derecho a hacer lo que has hecho!

 

- De acuerdo.- se levantó Endymión del suelo un poco ( más bien poquísimo) arrepentido por su actitud  .- Me he pasado y me lo merezco.-avanzando con las manos abiertas en señal de paz.- Prometo no volver a hacerlo, ¿me perdonas?.

 

- .....- se cruzó de brazos.

 

- ¡Oh, vamos!.- insistió tratando de que su voz sonara un poco más apenada de lo que en realidad estaba.-Ya te he pedido perdón, además, estas no son formas de tratar a alguien que se está arriesgando tanto para poder rescatarte.

 

- ¿Rescatarme? ¿De quién?.- le picó la curiosidad.

 

- Pues de quien va a ser.- la miró extrañado.- De mi madre, está planeando algo y seguro que no es nada bueno.         

 

         De repente, Serena recordó por qué estaba en esa habitación y todo lo que había pasado desde que tuviera su cita con Endymión. ¿Sabría él ya toda la verdad sobre ella?

 

- Exacto.- respondió como si le hubiera leído el pensamiento.- Después de que mi madre me castigara tuve una pequeña charla con ella.

 

-Ah, ya veo.....- lo miró con expresión dubitativa.- ... ¿y qué piensas sobre.... bueno sobre eso?

 

- ¿Acaso te preocupa mi opinión?.- le preguntó divertido sabiendo de antemano cual sería su reacción ante tal cuestión.

 

- ¡Claro que no!.- exclamó indignada.- Solo es... bueno... es... .- se retorció las manos nerviosa.- ... es... curiosidad... ¡eso es! ¡Solo curiosidad!.- afirmó muy convencida.

 

- Lo que tu digas, bombón.- rió una vez más ignorando la mirada asesina de Serena ante el apelativo usado.- Me encantaría seguir charlando contigo pero me temo que no nos queda mucho tiempo.- sacando de la cesta que había traído unos zapatos con plataforma, pintura y un par de esponjas cuadradas.- Toma.

 

- ¿Eh?

 

- Es parte del disfraz. Cógelo.- insistió.

 

- ¿Qué disfraz?.-preguntó sin entender.

 

         Endymión le guiñó un ojo y comenzó a quitarse la ropa y los complementos que llevaba puestos hasta quedarse en ropa interior. Cuando terminó, recogió la ropa y la peluca y el pañuelo que había arrojado al suelo antes y fue a ofrecérselos a Serena que se había colocado de espaldas y permanecía con los ojos cerrados y las mejillas sonrojadas.

 

- ¿Es qué siempre tienes que terminar haciendo eso?.- inquirió la princesa con un débil tono de voz  cuando sintió que él se acercaba.- ¿Acaso forma parte de las costumbres de este planeta o es que te gusta hacerme sonrojar?

 

- Me gusta hacerte sonrojar.- le susurró al oído haciendo que Serena brincara al sentir  su aliento.- Ahora coge la ropa y vístete, te sacaré de aquí y después Hiperión te llevará hasta donde esté...ummm... ¿tu carruaje espacial?

 

- ¿Mi carruaje espacial?.- se giró ceñuda olvidando por un momento la vestimenta de Endymión.

 

- Sí, tu carruaje espacial.- asintió.- Si vives en la Luna tuviste que utilizar algún vehículo para llegar hasta aquí... no sé como lo llamareis allí pero supongo que será algo parecido.

 

- No tengo ninguno.

 

-¿No?.- se extrañó.- ¿Y entonces como llegaste a la Tierra?

 

- No lo entenderías.- se irguió con altivez.- Y que sepas que no pienso ponerme esa ropa, no sé que estés tramando pero no necesito que nadie me rescate y menos aun tu.

 

- Me parece que esa pequeña cabeza hueca que tienes no te deja asimilar la magnitud de la situación en que te encuentras.- replicó Endymión muy molesto por el comentario. No había hecho el ridículo haciéndose pasar por una mujer para que ella le viniera ahora con esas, además, se suponía que debía arrojarse a sus brazos y reconocerlo como su príncipe salvador. ¿Qué demonios estaba saliendo mal?.

 

- ¡¡¿Cómo me has llamado, insecto?!!!.

 

- Estás sola y prisionera en el palacio de la Tierra.- siguió hablando ignorando el insulto de la joven.- vigilada por más soldados de los que nunca podrías imaginar, mi madre te odia, está planeando algo y seguro que es tu asesinato. Soy tu única vía de escape, ¡¿es qué no puedes entender algo tan simple?!

 

- Para que te enteres tu, cretino.- lo encaró con la vena de la frente hinchada.- Puedo volver a mi casa cuando quiera y sin la ayuda de nadie.

 

-¿A sí? ¿Y entonces por qué no te has marchado ya?.- le respondió enfadado por su terquedad a aceptar su ayuda.- ¿Acaso esperas que te rescate ese prometido tuyo? Porque la verdad es que está tardando un poco.

 

- ¡No metas a Arthur en esto! Si no me he ido aún es porque antes tengo que... espera un momento, ¡y a ti que te importa lo que haga o deje de hacer! Has venido a rescatarme, bien, muchas gracias pero no necesito tu ayuda, ¡ahora vete y déjame sola!.- se sentó en la cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

 

- ¡Yo sin ti no me voy!.- exclamó Endymión mientras imitaba a Serena y se sentaba a su lado con igual actitud.- ¡Estoy aquí para rescatarte y eso es lo que voy a hacer!

 

- ¡Pues vale!.- dijo enfadada y mirándole de manera desafiante.Por mí puedes quedarte ahí sentado hasta que te salgan raíces porque lo que es yo no me moveré de aquí!

 

         Endymión le devolvió la mirada con igual enfado y desafío, la mantuvieron así durante unos minutos y después ambos la apartaron hacia otro lado igual de molestos.

 

Quince minutos después

 

- ¿Aún no te has marchado?.- preguntó Serena.

 

- ¿Aún no te has cambiado de ropa?.- replicó Endymión.

 

- Imbécil...

 

Diez minutos después

 

- ¿Te das cuenta de que por tu necedad el tiempo se te está agotando?.- intentó disuadirla Endymión.

 

- ¿Te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo?.-contraatacó la princesa.

 

- Cabezota...

 

Cinco minutos después

 

- ¿Eres consciente de que puedes meterte en graves problemas si tu madre se entera de lo que estás haciendo?.- insistió la princesa.

 

- ¿Y tú de tu situación?.

 

Tres minutos después

 

- Podría desheredarte o algo peor.

 

- Me trae sin cuidado lo que haga.- replicó el príncipe.-Tu eres más importante para mí.- Serena bajó la mirada sonrojada y no dijo nada. La extraña sensación que sintiera en el bosque estaba volviendo con más fuerza que antes.

 

Dos minutos después

 

- ¿En serio te importo tanto?.-miró a Endymión de reojo.- Tanto como para enfrentarte a tu propia familia.

 

- ¿Acaso tú no harías lo mismo por ese prometido tuyo? Ese... .- las palabras se le atragantaron en la garganta.- ... ese Arthur.

 

- .... no… lo sé... supongo ....- susurró.

 

Un minuto después

 

- Endymión...

 

- ¿Qué?¿Ya has recapacitado?.- inquirió el chico observándola con atención.

 

         Serena movió la cabeza negativamente, de su rostro había desaparecido completamente cualquier rastro de ira, ya no estaba molesta con el príncipe.

 

- Endymión... .- lo miró.- de verdad que te agradezco que hayas venido a rescatarme, que te vayas a enfrentar a tu madre por mí... pero no es necesario que lo hagas, no mentí cuando dije que podía irme cuando quisiera.

 

         El chico frunció el ceño.

 

- Lo digo en serio.- insistió.- De todas formas….

 

         Le sonrió con cariño, justo con la sonrisa que Endymión siempre había deseado que le regalara desde que la conociera, se acercó hasta él y lo besó con suavidad en la mejilla.

 

- Gracias por todo, Endy.

 

         El príncipe de la Tierra estaba sorprendido, no solo por el gesto de afecto sino también por la forma en que le había llamado, sentía que estaba recibiendo una última oportunidad y que no debía dejarla escapar por nada del mundo.

 

- Serena… .- pronunció su nombre como si le fuera la vida en ello mientras la tomaba de la mano sin que la joven hiciera nada por impedírselo.- … yo…

 

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PUUUMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.

 

- ¡Qué ha sido eso?!.- soltó la mano de Endymión y se levantó sobresaltada.- ¿Una explosión?

 

- No lo sé.- respondió el chico malhumorado por la interrupción.- Iré a averiguarlo.

 

         No fue necesario, la puerta de la habitación se abrió en ese momento de un golpe dejando ver a los soldados que la vigilaban en el suelo y gravemente heridos. Un chico alto, de ojos verdes y cabello rubio apareció en el umbral portando una espada. Centró su mirada en la princesa  y  pronunció una sola palabra cargada de sentimiento.

 

- Serenity...

 

- ¡Arthur!

 

Continuará…

 

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