Tras cinco horas de larga escalada Arthur, Alex y su nueva compañera llegaron por fin a las cuevas de Encore cuya entrada era una pequeña grieta que apenas permitía el paso de una persona y que se adentraba en las profundidades de la montaña ensanchándose conforme lo hacia. En realidad no era la única cueva que existía, de ahí que a los jupiterianos les resultara difícil tenerlas vigiladas a todas.
- Es un poco estrecho, ¿no?.- advirtió Alex.- ¿Seguro que es aquí?
- Sí.
- Entremos entonces.- puso un pie dentro de la grieta.- Estoy agotado y la verdad no me apetece montar un campamento afuera para que a Dania le dé por encender otro fuego y avisar de nuestra posición.
- ¿Me llamabas?.- se apresuró Dania a acercarse.
Alex le dirigió una mirada de resentimiento y entró en la cueva. Después de que la joven se hubiera pasado todo el camino pegada a Arthur diciendo medias verdades y dando brincos cada vez que se encontraban con una patrulla jupiteriana, la idea de traerla con ellos le parecía cada vez más una locura. Desafortunadamente, Arthur no era de la misma opinión.
Una vez que hubieron entrado los tres, Arthur prendió fuego mágico a su espada y avanzaron en fila india hacia dentro, Alex en la retaguardia y Dania agarrada del cuello del capitán para no caerse.
Después de caminar durante un cuarto de hora se encontraron con que el túnel se dividía en tres amplios corredores.
- ¿Cuál cogemos?.- preguntó el pelirrojo.
- No lo sé.- respondió Arthur preocupado.- Me parece que era el de la izquierda.
- Probemos entonces por ese, sino llegamos a ningún sitio daremos media vuelta.
Ambos emprendieron el camino en esa dirección pero Dania, que no parecía estar muy de acuerdo con la decisión tomada, agarró al capitán del brazo y estiró de él hacia el túnel de la derecha.
- Por ahí no.- intentó detenerlo.- Es por el otro lado.
- ¿Cómo lo sabes?.- la interrogó.- ¿Has estado antes aquí?
- Mmmm, no me acuerdo pero el de la izquierda no me gusta, es mejor ir por el otro.
- Los tres son iguales.- insistió.- Tendrás que darme una respuesta más consistente si quieres que te sigamos.
- ¡Claro!.- sonrió.- El túnel correcto es el de en medio.
- ¿El de en medio?.- hizo una mueca.- ¿No decías que era el de la derecha?
- No, es el de la izquierda.
- Estamos perdiendo el tiempo.- se entrometió Alex fastidiado.- Nos pudriremos aquí antes de que consigas que te dé una respuesta coherente.
- Tienes razón.- suspiró Arthur.- Vamos por el de la izquierda.
- ¿El de la izquierda?.- repitió Dania con cara de estar meditándolo.- El de la izquierda, mmm... interesante decisión.- dirigió la mirada hacia el túnel de la derecha.- ¡Es él!¡Es el capitán!
- Déjalo ya niña, no ves que nadie te hace caso.- dijo Alex con rin tintín pero entonces miró hacia el túnel y se paró en seco llamando la atención de su compañero.
- ¿Ocurre algo?
- Míralo tu mismo.- señaló hacia el túnel.
Allí, sosteniendo con fuerza una espada, había un hombre harapiento con aspecto de no haberse aseado ni haber comido en días pero con una mirada fiera y una gran determinación en su rostro. Era el capitán John.
Arthur, emocionado en su interior por el encuentro, dio dos pasos en su dirección con la clara intención de abrazar a ese hombre que había sido en muchos aspectos como un padre para él. Pero antes de que pudiera hacerlo Alex lo detuvo y, cuando iba a exigirle una explicación por tan brusco movimiento, John habló y su voz sonó de todo menos amigable.
- ¿Qué hacéis aquí?.- dijo con rudeza.- ¿Os ha enviado Zeus?
- Capitán.- se acercó Arthur con cautela ocultando su sorpresa por la pregunta e indicándole al pelirrojo que no volviera a intervenir.- Soy yo, ¿no me reconoces?
- Debería.- lo examinó con ojo crítico.
- Soy Arthur.- se irguió para que pudiera observarlo mejor.- el capitán Arthur, de la unidad de defensa de la Luna.
- Sí.- se acercó precavido.- Pero eso no responde a mi pregunta, ¿qué venís a buscar aquí?
Arthur y Alex intercambiaron una mirada de incredulidad.
- Tu deberías saberlo.- respondió muy serio.- Recibí una carta tuya pidiéndome ayuda.
- ¿Una carta dices?.- estalló en carcajadas.- ¡Esta si que es buena! Acorralado aquí, sin poder avisar a nadie de lo que se está tramando en Júpiter y sin apenas víveres y pretendes hacerme creer que estás aquí solo para ayudarme. ¡Y nada menos que a través de una carta que yo te he enviado!.- dejó de reír y se acercó a ellos blandiendo la espada.- ¡Largaos de aquí y decidle a Zeus que no conseguirá ocultar la verdad!¡No, mientras me quede un solo ápice de vida!
- ¡Capitán!.- exclamó asombrado de su actitud.- No sé por qué nos tratas como si fuéramos tus enemigos pero juro por mi honor que nadie nos ha enviado.
- ¿Honor?.- lo interrogó con burla.- Últimamente todo el mundo utiliza esa palabra muy a la ligera... no me extraña que haya perdido su valor.
- Si no crees en mi palabra.- habló despacio.- cree al menos en la de un amigo.
- No veo la diferencia.- frunció el ceño.- La traición pude venir de quien menos te esperas. Si Zeus no os hubiera enviado jamás me hubierais encontrado, solo él sabe que me escondo en las montañas.
- Escucha John.- intentó razonar con él.- no tiene ningún sentido que...
Pero antes de que pudiera terminar de hablar, aquel hombre, aquel desconocido en que se había convertido su antaño amigo se abalanzó sobre él dispuesto a acabar con su vida, sin embargo, las penurias que había pasado en los últimos años habían dejado su huella y el chico rubio apenas necesito un movimiento para despojarlo de su espada y arrinconarlo contra la pared.
- ¿Qué te ocurre John?.- inquirió preocupado.- Ya ni siquiera confías en un viejo amigo.
- Hace tiempo que deje de hacerlo.- respondió en un último intento de desafío que no duró demasiado.
La llama que durante mucho tiempo lo había alimentado dándole fuerzas para continuar estaba casi extinguida. Apartó la mirada de Arthur y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo.
- ¿Vas a matarme?.- inquirió con indiferencia.
- Sabes que no, si estoy aquí es por ti.
- Ya te he dicho que yo no te envié ninguna carta.
- Ya no hemos dado cuenta.- intervino Alex aproximándose y arrastrando consigo a Dania.- Lo que nos lleva a preguntarnos quien lo hizo entonces. ¿Algún enemigo?
- No se me ocurre quien ni con que propósito. Aunque la situación con la que nos hemos encontrado aquí no deja de ser demasiado extraña, tal vez...
- Crees que Zeus se haya aliado con la Tierra.
- No, no lo creo, la gente de la Tierra nos detesta casi tanto como nosotros a ellos.- pensativo.- Además, que razón podría tener Zeus para actuar así, las cosas van bien, no...
- Ja, ja, ja, ja... .- empezó a reír John.
- ¿Qué es tan gracioso?.- preguntó el pelirrojo.
- Una razón, Zeus tiene la más poderosa de las razones.- abrió los ojos.- quiere la independencia.
- ¿La independencia? ¡Eso es absurdo! Por qué iba a quererla, fue el mismísimo tatarabuelo de Zeus quien pidió entrar en la alianza.
- Solo para poder acabar con la guerra civil que existía entonces a causa de la mano dura con la que los antiguos reyes gobernaron Júpiter.
- El motivo no importa.- insistió.- Desde entonces han tenido bastante tiempo para darse cuenta de las ventajas de pertenecer a la alianza, las condiciones de vida, por ejemplo, han mejorado notablemente gracias a los acuerdos comerciales de la alianza.
- Exacto jovencito.
- ¿Entonces?
- A los jupiterianos no les gusta recibir órdenes de nadie.- intervino Arthur.- ¿Es esa la razón?
- Parece que el tiempo no te ha hecho perder la intuición.- sonrió John por vez primera.- Cuando oí que habías sido nombrado capitán no me sorprendió en absoluto, siempre supe que llegarías muy lejos.- se entristeció.- me hubiera gustado poder asistir a tu nombramiento.
- Y a mí que estuvieras allí.- lo miró con cariño para inmediatamente después endurecer su expresión.- John.- dijo exigente.- por qué se te acuso de traidor.
El excapitán lo contempló con tristeza y suspiró.
- Así que esa es la verdadera razón que te ha traído hasta aquí, quieres una respuesta.
- Quiero la verdad.
- Siento mucho tener que interrumpiros.- se entrometió Alex.- pero aún tenemos que tratar el asunto de la carta y la independencia jupiteriana.
- Eso ya está claro.- respondió Arthur.- Zeus no soporta que su ejército y él tengan que obedecer a la Luna pero no puede romper la alianza porque a estas alturas depende demasiado de sus acuerdos comerciales. La única solución es derrocar a la reina Serenity y ocupar su lugar en la alianza.
- ¿Y cómo piensa hacer eso?.- se burló.- Júpiter jamás contará con el poder suficiente para destruir a la Luna, no, mientras tenga en su poder el cristal de plata.
Arthur y Alex clavaron sus miradas en John.
- Supongo que no me queda más remedio que contaros la historia.- habló abatido.- Ya no me quedan fuerzas para seguir resistiendo, solo puedo confiar en ti.- miró a Arthur.- pero no sabes el trabajo que cuesta después de haber sido traicionado tantas veces... sentaros, es una historia larga.
Los dos chicos y Dania ( esta última más por inercia que por voluntad propia ) obedecieron y tomaron un lugar al lado del anciano.
- Bien, como Arthur ya sabe....
He
pasado la mayor parte de mi vida sirviendo en la unidad militar de Júpiter,
una de las más fuertes de la alianza, cosa de la que todos los jupiterianos
nos sentimos tremendamente orgullosos. Desde siempre he estado consagrado
al trabajo y no he tenido más deseo para el futuro que el del servir a mi
reino. El día más memorable de mi vida fue sin duda aquel en que el mismísimo
rey Zeus en persona me nombró capitán de las fuerzas de defensa de Júpiter
tras la muerte del anterior capitán. Desde entonces me he esforzado al máximo
en ser digno de tal cargo y demostrarle al rey que no había hecho mal en depositar
su confianza en mi. Y, hasta aquel funesto día, creí haberlo conseguido.
Después del trágico suceso de la muerte
del rey Helios todo el sistema solar se sumió en un profundo silencio, el
tipo de silencio que impera segundos antes de que estalle una guerra, sin
embargo, gracias a la oportuna intervención de la reina Serenity, no llegó a suceder. Después de todo, si ella, la más
afectada por la muerte del rey a quien todo el mundo sabía que adoraba ( sobre
todo después de lo sucedido con el hermano de Hades ), era capaz de afrontar
el hecho con diplomacia y justicia, los demás no podían ser menos. Así que
todo el mundo acató las órdenes de la reina sin rechistar y guardó dentro
de su corazón el dolor de perder a un gran rey. O al menos eso pensaba hasta
que comenzaron las deserciones.
Al principio eran escasas y de soldados
que llevaban poco tiempo en la unidad pero con el paso del tiempo su número
fue aumentado e incluso comenzaron a extenderse a altos cargos militares.
No obstante, no sucedían con la suficiente frecuencia como para alertar a
los otros planetas del sistema solar sobre todo teniendo en cuenta que al
día siguiente siempre había alguien que sustituía al desertor. Este hecho
comenzó a preocuparme y en mi deber de capitán solicité audiencia con el rey
de Júpiter para ponerlo al tanto de la situación.
El caso es que después de esa reunión
en la que Zeus me aseguró que no tenía nada de lo que preocuparme y que esas
deserciones eran normales teniendo en cuenta que pese a lo que en todo el
sistema solar se decía había muchos militares que no estaban de acuerdo con
la decisión de la reina, decidí investigar por mi cuenta para poder presentar
pruebas firmes a mi rey de que algo extraño estaba sucediendo. Después de
todo no era lógico que esas deserciones ocurrieran en un tiempo tan alejado
de la muerte del rey Helios, más concretamente a lo largo de los siete u ocho
años posteriores a su asesinato.
Mis investigaciones me llevaron a descubrir
que a lo largo de esos ocho años más de la mitad de los miembros que pertenecían
a la unidad desde antes de la muerte del rey Helios habían desertado y que
desde entonces nadie había vuelto a saber nada de ellos, lo cual no hubiera
sido del todo ilógico sino fuera porque en ese nadie se incluía a sus familiares
más cercanos. Sin embargo, lo más extraño de todo es que no solo Júpiter había
sufrido la enfermedad de las deserciones, sino que había otros dos planetas
más que habían sido víctimas de ella, entre ellos Urano.
Con pruebas suficientes para demostrar mis sospechas, volví a reunirme con el rey, solo que en esta ocasión Zeus no se mostró tan amable y compresivo como las otras veces. Me recordó que mi deber era obedecerle sin rechistar y que no debía entrometerme en asuntos que estaban fuera de mi jurisdicción sino quería meterme en serios problemas.
Por lealtad a mi país y a mi rey, cerré
los ojos ante lo que estaba sucediendo y durante los dos años siguientes no
volví a investigar, sin embargo, las deserciones continuaron y solo cuando
se produjo la desaparición de un compañero mío a quien tenía en gran estima
decidí continuarlas en secreto. Resultado, fui expulsado de la unidad militar
bajo cargo de alta traición, mantener relaciones con el planeta Tierra. Obviamente
esa acusación era falsa pero sin saber cómo durante el juicio se mostraron
infinidad de pruebas que me culpaban sin lugar a dudas.
Desde ese momento mi vida se convirtió
en una auténtica lucha por la supervivencia y los descubrimientos que he hecho
desde entonces no han contribuido a mejorar la situación.
- ¿Qué descubrimientos?.- preguntó Arthur sumamente interesado.
- Que la Tierra no tuvo nada que ver en el asesinato del rey Helios, fue uno de los cómplices de Zeus quien lo mató.
- ¿Tienes idea de quienes son esos cómplices?.- tragó saliva Alex.
- No tengo pruebas pero sospecho que uno de ellos es Atlante y, en cuanto al otro, me ha resultado imposible averiguarlo.- hizo una pausa.- Pero eso no es todo, he descubierto que Zeus ha estado trabajando en un arma capaz por sí sola de enfrentarse a todo un ejército y derrotarlo.
- ¿Qué tipo de arma?
- No lo sé exactamente, algo relacionado con la ingeniería genética, pero si queréis averiguarlo solo tenéis que buscarla en el palacio, ya está terminada.
- Pero eso quiere decir... .- empezó a decir Alex sorprendido.
- Sí, ya están listos para atacar.
- ¿Y qué pasa con el cristal de plata? ¿Acaso no lo han tenido en cuenta?.- debatió Alex sin poder creerse aún lo que estaba oyendo.- Por muy sofisticada que sea el arma que han creado no podrán hacer nada contra él.
- No sabría que decirte.- se encogió de hombros.- Llevan tramando el ataque desde la muerte del rey Helios, estoy seguro de que han tenido muy presente el cristal y cualquier otra cosa que pueda impedir que se salgan con la suya.
- ¿Y las sailor scouts?.- preguntó Arthur de repente.- saben algo de lo que está pasando.
- De sailor Urano no sabría que decirte en cuanto a sailor Júpiter, no, no está enterada de nada.
El capitán de la Luna suspiró.
- ¿Ocurre algo?.- inquirió John.
- Yo diría que bastante.- se burló Alex olvidando por un instante el asunto.- Sailor Júpiter es una de las mejores amigas de su prometida, la princesa Serena.
- ¿Estás prometido con la princesa?.- se sorprendió el hombre.- No sabía nada.
- Aún no es oficial.- respondió el aludido sonrojado.- Pero si, cuando todo esto termine lo haremos oficial y nos casaremos.
- Me alegro mucho por ti.- lo felicitó John con sinceridad.- ¿Cómo ocurrió?
- Fue cosa de la reina, ella... .- calló de repente.- ¿qué ha sido eso? He oído algo.
- Yo también.- se levantó Alex.- Viene de allí.- señaló hacia la entrada del túnel izquierdo.- Espera un momento, ¿donde está Dania?
La joven que estaba sentada a su derecha cuando John empezó a narrar su historia había desaparecido y, el sonido que había llamado su atención se estaba intensificando, alguien se acercaba.
- Ya te dije que deberíamos habernos ocupado de ella cuando tuvimos la oportunidad.
- No es el momento de recriminaciones Alex.- se levantó Arthur.- será mejor que salgamos de aquí.
- ¿La joven no era amiga vuestra?.- inquirió John preocupado.
- Nos la encontramos por el camino y Arthur decidió llevarla a hacer un tour turístico.- bromeó Alex.- Supongo que no le gustó demasiado.
- ¿Hay alguna otra salida aparte de por donde hemos entrado?.- preguntó Arthur a John.
- Sí, siguiendo el túnel central se llega a la base de la montaña, es un camino largo pero no conozco otro.
- ¡Ni falta que te hace, traidor!
Los tres hombres se giraron rápidamente hacia el lugar de donde procedía la voz, la cual pertenecía a un jupiteriano corpulento, de cabello largo castaño y ojos negros. Vestía una armadura verde y sujetaba con una sola mano un hacha de gran tamaño. Detrás de él había cinco hombres más con idénticas armaduras pero con espada.
- Así que por fin me has encontrado, capitán David.- dijo John con desprecio tratando de aparentar fortaleza mientras daba unos pasos al frente.- Me preguntaba a cuantos más tendrías que pervertir para conseguirlo.
- No es mi culpa que aún quede en Júpiter gente patriótica.- miró a Arthur y a Alex.- Aunque por lo que veo el problema no es exclusivo de aquí, hasta en la Luna proliferan los traidores.
- Cuide sus palabras capitán.- creyó oportuno intervenir Arthur.- Podría hacer que lo expulsarán de su unidad.
- Eso me gustaría verlo.- rió con ganas.
- ¡¿Acaso no sabes con quien hablas pedazo de animal?!.- exclamó Alex.- Es el capitán Arthur, de la unidad de defensa de la Luna.
- ¿En serio?.- se burló.- Oh vaya, en ese caso la reina se entristecerá mucho cuando mi rey le informe de la traición de su capitán.- dijo apenado.- ¡Colaborando con el excapitán de Júpiter y con la Tierra en el asesinato de la princesa!
Arthur se puso pálido al oír esto.
- ¿Qué es lo que has dicho?.- preguntó amenazante.
- Eso.- lo fulminó con la mirada.- no es asunto tuyo... ¡cogedlos!
Obedeciendo las órdenes de su capitán los soldados fueron en busca de los dos selenitas mientras David centraba su atención en John y se dirigía hacia él blandiendo su hacha con gran maestría. El excapitán de Júpiter lo esperó desafiante.
Mientras tanto, Alex se enfrentaba con dos soldados y Arthur con los otros tres. Los movimientos del joven capitán eran precisos y certeros y sus atacantes no conseguían acercarse lo suficiente como para herirlo. Además, a diferencia de los jupiterianos Arthur tenía un control excelente sobre la magia, de modo que a pesar de la experiencia en combate y fuerza de sus contrincantes el chico les iba ganando terreno poco a poco.
Enviando una bola de fuego dejó malherido a uno y aprovechando el desconcierto provocado le clavó la espada a otro. Estaba a punto de acabar con el tercero cuando un grito a su espalda lo distrajo.
Se giró a tiempo para ver como David le clavaba el hacha al hombre que más había admirado y respetado en su vida. Lo último que sintió antes de caer al suelo inconsciente fue el fuerte golpe que alguien le propinó en la cabeza.
****************
Tenía frío y estaba sediento. Empezó a moverse buscando algo de calor pero al hacerlo la cabeza comenzó a dolerle, tenía la sensación de que con cada nuevo movimiento que hacía le daban un martillazo en la sien. Se quedó inmóvil esperando que el malestar pasara, la sensación de sequedad en la garganta aumentó haciéndose insoportable. Haciendo un gran esfuerzo se movió y abrió los ojos. Se encontraba en una habitación pequeña y oscura.
- Hasta que despiertas.- oyó una voz a su espalda. Se giró y vio a Alex barajando unas cartas.- Llevas horas dormido, llegué a pensar que esos brutos te habían dado demasiado fuerte.
Arthur se dedicó una mirada escrutiñadora. Tenía todo el cuerpo lleno de moratones y el labio partido.
- ¿Qué ha pasado?
- Cuando te distrajiste uno de los soldados te golpeó con la empuñadora de la espada y caíste inconsciente, después fueron a por mí.- sonrió.- A uno le partí el brazo y al otro le quité las ganas de mirarse al espejo, después caí yo también y cuando desperté estábamos aquí. Debieron golpearnos cuando estábamos inconscientes.
Arthur observó que su compañero no estaba en mejores condiciones que el mismo.
- Cobardes.- murmuró quitándose la sangre del labio partido.
- Hace unas horas trajeron agua y comida.- señaló hacia una esquina.- No creo que esté envenenada, si quisieran matarnos ya lo habrían hecho.
- ¿Y John?.- se atrevió a preguntar, aún no estaba seguro de sí había sido un sueño o la cruda realidad.
- Se lo llevaron a otra celda.
- ¡¿Qué?!.- se sorprendió.- Yo pensaba que... que.. que ha...
- ¿Qué había muerto?.- sonrió Alex.- No, ese gigantón solo lo hirió de gravedad pero la última vez que lo vi estaba vivo, esperemos que también lo quieran con vida, al menos por el momento.
Arthur suspiró agradecido por la noticia, en verdad hubiera sido un gran golpe para él la muerte del capitán.
- ¿Cuánto tiempo crees que llevemos aquí?
- Al menos diez horas, has tardado bastante en despertar.
De pronto a Arthur se le pasó una horrible idea por la cabeza.
- Alex, recuerdas lo que David dijo sobre Serena, ¿crees que hablaba en serio?
- ¿En serio?.- rió con ganas.- A mí más bien me pareció un gigante sin sexo, una marioneta ideal a la que dar órdenes.
- Piénsalo por un momento.- insistió el chico.- Si lo que John nos contó es cierto y Zeus está a punto de atacar la Luna que mejor maniobra de distracción que matar a la princesa y culpar a la Tierra. La reina se consumiría de dolor y centraría su atención en el planeta azul olvidándose de todo lo demás. Y eso explicaría también que no nos hayan matado.- respiró profundo.-Culpándonos de traición sembrarían el pánico en la Luna, la reina ya no sabría en quien confiar.
- Demasiado lógico para Zeus.- replicó el pelirrojo.
- No olvides que no está solo en esto, la idea puede ser de otro.- guardó silencio.- Tenemos que salir de aquí como sea y avisar a la reina... si algo le pasara a Serena.- apretó los puños.- no me lo perdonaría jamás.
- Puede que tenga la solución.- se levantó Alex confiado.- Mientras dormías me he fijado en que llevas un reloj parecido al que tienen las inner scouts, ¿te lo dio la princesa?
- Sí, es un comunicador.- concentró su mirada en la de su amigo leyéndole el pensamiento.- No funcionará, llevó intentando localizar a Serena desde hace tres días y no ha respondido a una sola de mis llamadas.
- No me refería a ella.- dijo con astucia.- sino a sailor Júpiter.
- ¿A sailor Júpiter?.- meditó.- No, es demasiado arriesgado, pese a lo que John piense podría estar involucrada.
- Vamos ya Arthur, la princesa Lita es una de las mejores amigas de tu princesa, ¿de verdad crees que participaría en todo esto?
- Zeus es su padre.
- ¿Acaso se te ocurre alguna idea mejor?.-atacó.- Estamos desarmados y esta prisión es a prueba de magia, necesitamos ayuda para salir.
- Podríamos intentar comunicarnos con alguna otra sailor, es mejor no arriesgarse.
- ¿Y si no funciona?
- Lo intentaremos con sailor Júpiter.- se levantó.- no estoy dispuesto a perder a Serena.
Arthur se acercó a Alex e intentó contactar con las sailors, ninguna respondió.
- Tal vez esté roto.- apuntó Alex.- Prueba con las outers.
- Imposible, los comunicadores los tienen solo las inners, las outers forman un equipo de combate a parte.
- Prueba entonces con la princesa Lita.
Arthur lo intentó pero al igual que las veces anteriores nadie respondió.
- ¡Esto es frustrante!.- exclamó.- Hace cuatro días funcionaba a la perfección.
- A lo mejor es que la habitación bloquea la señal.- sugirió Alex.- Cambia la frecuencia de transmisión a ver que tal.
Arthur así lo hizo y al cabo de unos segundos apareció la imagen de Lita en la pantalla. La chica, al darse cuenta de quien la llamaba, se puso muy nerviosa.
- ¡Capitán Arthur!.- exclamó.- Qué sorpresa.
- Princesa, necesito hablar con vos urgentemente.
- ¿De qué?.- intentó sonreír.
- Estoy encerrado en una prisión de Júpiter y necesito que me ayudéis a salir de aquí.- dijo de golpe.
Lita se quedó muda de la impresión, ¿no le iba a preguntar por Serena?... ¡Qué hacía en prisión! Claro, quería llamar su atención para que avisara a Serena y averiguar de una vez por todas en donde estaba.
- Capitán... .- respondió tratando de no reír.- ... si Serena no puede responder a vuestras llamadas es porque está muy ocupada pero en cuanto pueda os buscará, no hace falta que arméis un jaleo por ello.
Ahora fue el turno de Arthur de quedarse mudo, ¿qué clase de respuesta era esa?
- ¡Escucha princesa!.- apareció Alex de repente en la pantalla.- No es ninguna broma, mi amigo y yo estamos encerrados en prisión por órdenes de tu padre que es un traidor y planea asesinar a la princesa Serena. Necesitamos tu ayuda para salir de aquí antes de que sea demasiado tarde.
- ¿Cómo?.- fue lo único que Lita pudo decir de la sorpresa.
- Princesa.- intervino Arthur.- Sé que no entiendes nada pero es muy importante que hablemos contigo, sino por nosotros por Serena, ¿es tu amiga no?
- Esto... esto no tiene sentido.
- Estamos en una habitación cuadrada, sin ventanas y a oscuras, además, la estancia anula nuestra magia.- hizo una pausa.- Por favor, venid por Serena.- cortó la comunicación.
A continuación el comunicador empezó a sonar con persistencia.
- ¿A qué viene eso?.- exigió Alex.- Cógelo, ¿no?
- No, si lo hago no vendrá y entonces no saldremos nunca de aquí.- suspiró.- La suerte está echada.