Capítulo 17 : La cita ( segunda parte
)
- ¡ Bienvenida a la feria anual de
Ariano!.- exclamó Endymión con los brazos abiertos abarcando toda la
ciudad.
- ¿Vas a llevarme a una feria?.- preguntó
Serena con estrellitas en los ojos.- ¡Me encantan las ferias!.-tomando al
príncipe de la mano y arrastrándolo hacia la ciudad.- Vamos, que cuanto antes
lleguemos antes podremos divertirnos.
Los dos jóvenes atravesaron la ciudad a la carrera hasta llegar a la
plaza principal en donde los puestos comerciales que se solían montar todos los
días habían sido sustituidos por atracciones y tenderetes con todo tipo de
objetos inservibles para regalo, curiosidades, comida,
juegos…
- ¿Esta es la feria?.- inquirió la joven
con desconcierto.- Es muy extraña.
- Es muy grande, ¿verdad?.- asintió el
príncipe.- Como Ariano es la ciudad principal de la Tierra esta feria es la más
importante de todo el planeta.- explicó.- ¿Qué te gustaría hacer
primero?
- Pues… .- titubeó la princesa que no tenía
ni idea de cómo eran las ferias terrícolas.- no sé, lo que tu
quieras.
- ¿Y si nos damos una
vuelta?
- Por mi está bien.- asintió al mismo
tiempo que lo tomaba del brazo ( Endymión sonrió satisfecho de sus avances )
para no perderse entre la multitud.
Mientras Endymión le hablaba de los orígenes de la feria de Ariano Serena
miraba de un lado a otro maravillada. A izquierda y derecha los mercaderes ofrecían sus
productos que iban desde vino hasta valiosas joyas pasando por sombreros y
escudos, los feriantes aclamaban atención para sus espectáculos y vendían
entradas para sus atracciones, se celebraban competiciones de esgrima y lanza y
se comía y bailaba.
Al pasar junto a un puesto en donde un mercader le estaba enseñado un
sombrero de plumas a una chica regordeta Serena se soltó del príncipe y corrió
hacía allí. Una hermosa pulsera de finos eslabones de plata con rubí incrustados
había llamado su atención.
El mercader, al verla interesada, dejó a su otra clienta y se acercó a
ella.
- ¿Os gusta la pulsera mi señora? Os la
puedo dejar a un precio razonable.
- ¿En serio?.- se entusiasmó Serena.-
¿Cuánto cuesta?.- preguntó mientras calculaba mentalmente cuánto dinero podría
traerse de la Luna para venir luego a comprarla.
- Dos monedas de oro.
- ……- se quedó petrificada.- ¿Dos monedas
de oro?.- a qué demonios se refería con dos monedas de oro, ella quería saber
cuántos selenios costaba.
- Tengo otras pulseras con un precio más
asequible.- ofreció el mercader al ver la expresión de su rostro.- puedo
enseñároslas si…
- Se quedará con esa.- hizo acto de
presencia Endymión.
- ¡Ah!.- se le iluminó el rostro al
hombre.- En ese caso…
- Esperad un momento.- lo detuvo la
princesa.- No necesito que me la compres.- le dijo a Endymión.- puedo hacerlo
yo.
“En cuanto sepa a qué se refiere con
monedas de oro”
- Pero si no llevas
dinero.
- No importa, volveré luego con
él.
- Después puede que no
esté.
- ¿Cómo lo sabes?.-se volvió hacia el
mercader que se encogió de hombros y fue a atender a otro cliente.- Oh, vaya.-
se entristeció.
- No pongas esa cara.- le sonrió.- te la
compraré ahora mismo.
- No.
- ¿No? Por qué no.
- Porque no quiero más regalos tuyos.- se
encabezonó. Los otros obsequios los dejaría en la Tierra cuando volviera a casa
pero la pulsera sí que la quería y no deseaba tener nada que le recordara al
príncipe de la Tierra.
- Será un préstamo.- habló Endymión con
gran seriedad.- Te la compraré y después me devolverás el dinero.. así no será
un regalo.
Serena lo miró a él y luego miró la pulsera y, tras unos segundos de duda,
aceptó.
El príncipe llamó al mercader, compró la pulsera y se la dio a la joven
que, feliz, se la puso enseguida mientras Endymión suspiraba porque sin saber la
razón había vuelto a retroceder. Siguieron su camino, pero en esta ocasión la
princesa no lo tomó del brazo.
Su siguiente destino fue una atracción llamada “el carruaje de la
muerte”. A Serena no le llamó demasiado la atención pero como su acompañante
insistió en subir al final tuvo que aceptar a
regañadientes.
Endymión compró un par de boletos y entraron en un amplio túnel iluminado
por candelabros colgados, a cuyo inicio había parado una especie de tren formado
por pequeños vagones de dos asientos cada uno, unidos entre ellos por un hierro
soldado. El primer vagón, que se asemejaba más al asiento destinado a los
cocheros en los carruajes, estaba enganchado a un par de
caballos.
Un hombre entrado en años recogió sus entradas, los guió hasta sus
asientos y les pidió que esperasen hasta que todos los vagones fueran
ocupados.
Lo primero que Serena advirtió fue que los vagones eran demasiado
pequeños, tanto, que tenía a su derecha el cuerpo de Endymión pegado contra el
suyo y podía sentir su respiración anhelante sobre su cuello provocándole un
cosquilleo placentero que la irritaba. No necesitaba girar la cabeza para saber
que la estaba mirando fijamente como tampoco necesitaba pensar demasiado para
darse cuenta de que él conocía
desde el principio la situación tan comprometedora en la que se encontrarían si
subían a la atracción.
Como era posible que cada vez que empezaba a sentirse a gusto a su lado,
él hiciera algo que la irritara hasta el extremo de desear su
muerte.
- Pareces incómoda.- le susurró al
oído.
- ¿Solo te lo parece?.- respondió
sarcásticamente mientras torcía la cabeza hacia la izquierda con desagrado.- No
te acerques tanto a mi, no me gusta.
- Es que no tengo más remedio.- se encogió
de hombros con cara de tonto.- No hay más espacio.
- Y ahora me dirás que no lo sabías.-
refunfuñó.
- Pues no, Hiperión me dijo que la
atracción estaba muy bien pero no me dijo nada respecto al tamaño.¡No es culpa
mía!
- ¡Pero si nunca lo es!.- lo miró.- Tu
siempre…¡ah!¿Qué pasa?.- se asustó.
- Nos movemos.- dijo Endymión.-
Agárrate.
- Pero… pero… ¡va sobre ruedas!.- exclamó
Serena sin poder creérselo.- ¿Por qué no vuela?¿Es qué está
estropeado?
- ¿Y cómo quieres que vuele? ¿Con magia?
Eso es imposible, ni siquiera yo podría hacerlo.- le dirigió una mirada
analizadora.- ¿En verdad creías que volaría? De donde has sacado esa
idea.
- Y sino vuela… .-ignoró la pregunta.- … en
donde está la diversión.
- Acaso no viste el letrero de la entrada,
estamos en el carruaje de la muerte.
- Lo vi, pero pensaba que se trataba de un
carruaje volador que daba vueltas de muerte (literalmente hablando)… qué…
qué hace
entonces.
Endymión le dirigió una mirada de sospecha mas decidió no insistir, era
su cita y no iba a estropearla aún más, ya indagaría más tarde en ese
aspecto.
- Ahora entraremos en ese túnel, la luz irá
disminuyendo poco a poco hasta que solo podamos vernos las caras
y…
- Y… .- junto las manos en
súplica.
- Y aparecerán los monstruos y
fantasmas.
- ¿Fantasmas?.- se quedó paralizada.- Fan…
tasmas ¡¡¡¡ahhhhhhhh!!!!.- gritó con todas sus fuerzas.- ¡Quiero bajar ahora
mismo!¡Parad este trasto!.- empezó a llorar.- Odio…¡odio a los fantasmas!
¡Bua!
- Se… Serena.- se asustó Endymión por su
reacción.- Son de mentira no tienes porque tenerles tanto
miedo.
- No me gustan los fantasmas… haz que pare
por favor.- Endymión la tomó de las manos solícito.
- No puedo hacerlo Serena pero no tienes
nada de lo que preocuparte, si te asustas.- se pavoneó.- yo estaré aquí para
protegerte.
- Tu… .-dejó de llorar.- ¡¡¡Pero si todo
esto es por tu culpa!!! Yo no quería subir y tu me convenciste… ¡te…
¡¡¡ahhhhhhhhhhhhhhh!!!.-gritó y abrazó de improviso al príncipe al sentir que
algo le tocaba el hombro.- ¿Qué… qué ha sido eso?
- Solo un fantasma.- rió divertido sin
poder evitarlo.
Serena se fijó entonces en el supuesto fantasma que estaba colgado del
techo y se soltó al instante de Endymión.
- ¿Eso era el fantasma?.- dijo con
desdén.-¡Pero si se nota que es un muñeco!
- Pues tu te has asustado bastante.- volvió
a reír Endymión pero al ver el ceño contraído de la joven rectificó de
inmediato.- Esto… quería decir que cualquiera se hubiera asustado ( aunque no
tanto ) sino lo hubiera visto antes.
- Ya.- dijo con cara de pocos
amigos.
- Vamos Serena, lo siento de verdad.- se
disculpó muy abatido.- Pero qué esperabas encontrar, ¿fantasmas
auténticos?
- Solo un poco más reales.- respondió para
no volver a dirigirle la palabra durante el resto del
trayecto.
- Serena.- susurró Endymión muy
triste.
******************
“Separarnos para buscar a Serena no ha sido
una buena idea” pensaba
Amy mientras tecleaba en su minisupercomputadora los datos que había reunido, “aunque contemos con los intercomunicadores
por si surge algún imprevisto no es una buena táctica dividirse en terreno
enemigo”.
El ordenador terminó de procesar los datos y mostró un mapa de la zona en
donde se indicaba con exactitud la posición del palacio real de la Tierra.
Orgullosa de su trabajo, Amy comenzó a caminar en la dirección
adecuada.
No llevaría demasiado rato andando cuando escuchó unas voces que se
dirigían hacia ella.
“¡¡Viene alguien!!... ¡Terrícolas!... ¿Y
ahora qué hago? No estoy preparada para entablar contacto con ninguno, no sé
como suelen comportarse, como está visto que una chica ande sola por el bosque,
qué normas de educación tienen… ¡no sé nada de ellos! ( ni que fueran unos
especimenes raros )… tendré que esconderme de ellos… no me dará tiempo, no sé a
donde se dirigen y ya están muy cerca… utilizaré la magia… ¡no!, que no sé si
pueden detectarla… ¡ya sé! pediré auxilio a las chicas… ¡ni hablar! pensarán que
no sé hacer nada por mi cuenta…” tras un árbol apareció la capa azulada de
un caballero “Dios mío ¡ya están aquí!
¿Qué hago entonces?... ¡Ya sé! ^-^ ¡Me desmayaré!
Y justo en el momento en que ponía en práctica su elaborado plan se hacían visibles las
figuras de Áyax, Amadeus y Argón.
- ¡¡Maldito Hiperión!!.-apretó los puños
Amadeus.- por su culpa hemos perdido el rastro de
Endymión.
- No debe de andar muy lejos.- comentó
Áyax.- si seguimos buscando terminaremos dando con la chica y con
él.
- Sí, pero qué haremos
si…
- ¡Hermano!.-llamó Argón su atención.- Allí
hay alguien.
Áyax y Amadeus se giraron hacia la dirección indicada y vieron a Amy
vestida de campesina y tirada en el suelo cuan larga era.
- Pobrecita, parece que se ha desmayado.-
dijo Argón con compasión.- ¿Y si la ayudamos?
- No tenemos tiempo de ocuparnos de ella.-
respondió Áyax con gelidez.- Olvídala.
- Pero… .-miró a su hermano que contemplaba
a la chica con expresión dura.- Tienes razón.- endureció la mirada tratando de
imitar a su hermano.- Hay otras prioridades, Endy…
- Dividámonos.- dijo Amadeus de repente.-
Yo buscaré a Hiperión y me encargaré de él y vosotros dos os ocupareis de
Endymión y de la chica.
- ¿Y ese cambio?.- lo miró sonriente Áyax.-
No querías a Endymión para ti.
- Por esta vez te lo cederé.- le devolvió
la sonrisa.- Creo que en esta ocasión es Hiperión quien merece toda mi
atención.
- Como quieras.- concedió Áyax
alejándose.
- Argón ve con él.
- ¡No! Yo quiero quedarme
contigo.
- No voy a discutir Argón, solo
obedéceme.
- Pero….
- ¡Obedece!
Argón le dirigió una última mirada a su hermano y fue tras Áyax. Cuando
ambos se hubieron alejado lo suficiente, Amadeus se acercó a Amy, la tomó en
brazos y se marchó con ella.
*************
- Quiero irme ya.- exigió la princesa una
vez que hubieron salido del carruaje de la muerte.- Es muy tarde y estoy harta
de esta cita.
- No es tan tarde, aún podemos ir a otros
sitios.- casi le suplicó Endymión que no deseaba separarse de
ella.
- Pues yo creo que… .-
calló.
A unos cuantos pasos de donde estaban, un trío de jóvenes se había puesto
a tocar y no pasó mucho tiempo antes de que la gente se pusiera a bailar al son
de su música.
- Vamos a bailar.- se le iluminó la cara a
Serena.
- ¿A bailar?.- se puso pálido el príncipe.-
Por qué mejor no hacemos otra cosa.
-Porque no.-avanzó un
paso.
- Serena.- la detuvo cogiéndola del brazo.-
Verás….-bajó la mirada.-… es que … es que no me gusta
bailar.
- Ya lo sé.- se encogió de hombros.-
Hiperión me lo dijo, tu quédate aquí y después nos vamos.
Y muy contenta se mezcló con la gente no tardando ni un segundo en
encontrar a un chico que bailara con ella. Endymión, mientras tanto, la miraba
sin poder creérselo.
La veía sonreír y danzar y deseaba ser él quien la acompañara pero le
daba demasiada vergüenza bailar en público, y también veía a los chicos de la
ciudad disfrutar a su lado y sentía que la sangre le hervía por dentro y que su
energía aumentaba fortalecida por los celos que crecían en su
interior.
- ¡Maldición!.- apretó los puños incapaz de
contener por más tiempo las ganas de ir a darle una buena lección a todos esos
profanadores.
Sin embargo, no lo hizo sino que concentró toda esa energía en superar su
miedo y, tras resoplar varias veces, fue muy decidido a reclamar su sitio. Se
acercó al chico pelirrojo que estaba bailando en ese momento con ella y le
dirigió una mirada de advertencia que el otro entendió a la perfección,
retirándose al instante (imaginad la cara de endemoniado que tendría
).
- He cambiado de opinión mi ángel.- se
inclinó hacia ella con mirada seductora.- bailemos.
Serena lo miró durante un instante como pensando qué responder, y
finalmente dijo.
- No.
Endymión sintió que le clavaban una puñalada traicionera en el
corazón.
- ¿No?¿Por qué no?
- Porque ya no me apetece.- se dio media
vuelta.
- Entiendo.- dijo Endymión con la voz
helada.- Aún crees que planeé lo de la atracción y esta es tu forma de vengarte,
pues bien, sino quieres tener nada que ver conmigo no me arrastraré más a tus
pies, ¡soy el príncipe de la Tierra, no un vulgar pelele!
Y enfadado y dolido tomó rumbo a palacio sin pararse a esperarla. Serena, que
en ningún momento había pretendido hacerle daño sino solamente darle un
escarmiento, se sintió tremendamente culpable y salió corriendo tras de
él.
- ¡Endymión, espera!.- lo llamó.- ¡Lo
siento mucho!
- ¡Mentira!.- le gritó sin detenerse.- Ya
me has dejado más que claro que me odias.
- ¡No, eso no es cierto!¡Por favor
espérame!.-dejó de correr.- Por favor…
Al oír lo apenado de su voz, Endymión decidió detenerse y darse media
vuelta. Feliz de tener una oportunidad, Serena corrió hasta
alcanzarlo.
- Habla.- dijo el príncipe cruzándose de
brazos sin abandonar su actitud fría.- Soy todos oídos.
- Yo… lo siento mucho.- se disculpó muy
nerviosa.- Es cierto que lo hice por lo que dices.- lo miró a los ojos.-¡pero en
ningún momento pretendí herirte!, solo quería darte un escarmiento.- volvió a
bajar la mirada.- lo siento.
- ¿Entonces no me odias?.- dulcificó el
tono de su voz.
- No… .-susurró la chica.- … es solo que me
sacas de quicio… .- volvió a mirarlo.- ¿me perdonas?
- Solo te disculpas porque te sientes
culpable.- la acusó.
- Bueno sí.- se sonrojó.- ¿Pero me
perdonas?.- puso cara de niña inocente.
Endymión sonrió y la tomó de las manos.
- Lo hubiera hecho de cualquier forma mi
ángel.- acercó sus labios a los de ella.- no ves que te amo con
locura.
- Pero yo no.- se apartó de él con gran
rapidez.- ¿Volvemos a la feria?
- Si es lo que quieres.- respondió muy
triste.- Vamos para…
- Señor… .- lo agarró de repente una niña
pequeña del brazo.- … señor.
- ¿Eh?
- Necesito su ayuda, solo será una
hora.
- ¿Ayuda?.- se agachó hasta su altura.-
¿Para qué?
La niña sonrió y lo cogió de la mano para que la siguiera. Rato después
Endymión se encontraba en un puesto de la feria repartiendo besos ( en la
mejilla ) por cinco monedas de bronce cada uno. Serena, sentada a su lado, reía
al ver la expresión de angustia que aparecía en su rostro cada vez que echaba un
vistazo a la larga cola de clientas que esperaban sus servicios, y también, al
ver la cara de resignado que ponía cuando la niña lo contemplaba con ojitos
lastimeros.
“Qué tierno… y qué guapo” pensó Serena.
Tras dos horas sin descanso la pequeña encontró a otro chico que lo
sustituyera.
Ya en el bosque, de vuelta a palacio pues
hacia rato que había anochecido, Serena seguía sin poder dejar de
reír.
- Tanta risa terminará sentándote mal.-
dijo Endymión malhumorado.
- Es que tu no te viste.- siguió riendo.-
¡Estabas tan gracioso!
- Al menos me harás el favor de no
contárselo a nadie.- bufó resignado.
- ¡Pero si ya te ha visto todo el mundo!.-
se detuvo.
- ¡Claro que no!.- protestó parándose él
también.- A la feria solo suelen ir campesinos e Hiperión, por eso no me ha
reconocido nadie.
- ¿Y eso por qué?.- inquirió Serena sin
comprender una situación tan diferente a la que se vivía en la Luna, ella, para
escaparse a alguna, se veía obligada a disfrazarse.- Es muy
divertido.
- Pues porque siempre ha sido así.-
respondió de lo más natural.
- ¿Y nunca has ido con Hiperión por
curiosidad?
- Hiperión solo viene a la feria para
conocer chicas, es muy aburrido venir con él.- le ofreció la mano.- Vamos, es
mejor que nos demos prisa en regresar, últimamente el número de asaltantes ha
aumentado mucho.
- ¿ Y eso?
- Suponemos que es cosa de los rebeldes
pero… ¡espera!.- la arrastró hasta detrás de unos matorrales.- me ha parecido
oír algo.
- Yo también lo he oído.- asintió Serena.-
Viene de allí.- señaló hacia su izquierda.
Serena y Endymión guardaron silencio a la espera de ver de quien se
trataba. Al cabo de un rato aparecieron Áyax y Argón ( el hermano pequeño de
Amadeus ) que se detuvieron justo delante de donde ellos se
encontraban.
- Aquí no se ve a nadie Áyax.- habló Argón
muy nervioso.- Vámonos ya, hace horas que los buscamos.
- Están aquí, en alguna
parte.
Al instante, Serena sintió la energía oscura de Áyax que rastreaba en
busca de la de Endymión y la suya. Con gran rapidez, invocó un hechizo sin que
su acompañante lo notara que
extendió la energía de ambos por el bosque. La expresión de asombro del malvado
no se hizo esperar.
- Pero qué demonios…
- ¿Ocurre algo?.- preguntó Argón.- ¿Nos
vamos ya?
- Si quieres marcharte hazlo solo.- lo
fulminó con la mirada.- Yo no me moveré de aquí hasta que no los encuentre, es
la oportunidad perfecta para hacer desaparecer a Endymión sin que nadie sospeche
de nosotros porque Hiperión no se atreverá a decir nada, de lo contrario,
admitirá que desobedecieron una orden expresa de la reina.- esto último lo dijo
más para si que para su amigo por eso le sorprendió recibir
respuesta.
- ¿Desaparecer?¿Qué quieres decir con
desaparecer?
- Nada.- lo miró de forma extraña.-
Avancemos un poco más.
- Mira ya se van.- señaló Serena.-
Aprovechemos para volver.
- No.- la detuvo Endymión.- No me fío de
Áyax, estoy seguro de que sintió nuestra energía. Debe de tener escondido un as
tras la manga, o sino, ¿en donde está Amadeus?
- Pero… .- intentó protestar Serena que
sabía que eso no era posible gracias a ella.
- Nada de peros.- indicó el príncipe muy
serio.- cerca de aquí hay una cueva, esperaremos un rato hasta que Hiperión se
encargue de ellos.
- ¿Hiperión?.- se extrañó la
princesa.
- Sí.- la miró.- ¿no recuerdas lo que te
dije? Hiperión se encargará de todo, o al menos, eso espero.- esto último lo
dijo en un susurro apenas perceptible que su amada no oyó.
***************
- Creo que se me olvida algo.- susurró
Hiperión en voz baja.
A su lado, Minako lo miraba sonriente apoyada contra un
árbol.
- ¡Bah! ¿Qué más da? Si fuera importante no
lo hubiera olvidado.- y siguió besando a su recién encontrada alma
gemela.
**************
- ¿Cuánto tiempo crees que tarde Hiperión
en deshacerse de ellos?.- preguntó Serena apoyada contra la pared de la
cueva.
- Esperaremos diez minutos más y nos
iremos.- respondió Endymión asomado al exterior.
- Mmmm.
- Serena.- la llamó.
- ¿Si?
- No pensaba dártelo hasta no llegar a
palacio… .-tomó la cadena que llevaba colgada en el cuello.- toma, es
tuyo.
- El anillo… .- suspiró mientras lo
cogía.-… gracias.
- No me las des.- se acercó a ella.- no lo
hagas porque debería ser yo el que te las diera.- sus ojos azul media noche la
miraron con ternura, con amor, su mano acarició su rostro iluminado por la luz
de la luna.- gracias mi ángel.
- No… no… .-negó muy nerviosa bajando la
mirada.- en realidad yo también me lo he pasado muy bien… incluso aunque seas un
arrogante y un pervertido.- rió.
Y clavó su mirada azul cielo en la de él que permanecía fija en ella
transmitiéndole todo su amor, su deseo, su pena, hipnotizándola más allá de lo
perceptible, llegando a su corazón e incluso a su alma.
Serena cerró los ojos y, dejándose por ese sentimiento nuevo que estaba
naciendo en su interior, acercó su rostro al de él hasta que sus labios se
rozaron. Su cuerpo tembló de emoción y su boca se cerró sobre la suya buscando
anhelante una respuesta. Atrapó su labio inferior y estiró de él
mordisqueándolo, colocó sus manos sobre su cabello revolviéndoselo y acentuó la
intensidad de sus besos. Endymión, que había estado esperando que ese momento
llegase desde que la conoció, no se hizo de rogar. La tomó de la cintura y la
atrajo hacia él con fuerza, acariciándole la espalda y el cabello, sintiendo que
se volvía loco por sus caricias. Le devolvió todos y cada uno de sus besos con
salvaje pasión, introduciendo su lengua en su boca y haciéndola estallar de
emoción. Y cuando Serena pensaba que no podría alcanzar un placer mayor,
Endymión abandonó sus labios y se concentró en su cuello, lamiéndolo y
besándolo, haciendo que la joven se reditiera en sus
brazos.
Bajó la mirada al suelo sin poder dejar de suspirar y, en ese momento,
todo su mundo se vino abajo. En el duro suelo de piedra yacía el anillo que
había dejado caer y que representaba su amor por un hombre bueno y honrado que
la esperaba en la Luna, su prometido Arthur, al que había olvidado por
completo.
“Pero qué estoy haciendo, yo amo a Arthur
no a Endymión, esto no está bien, no, no está nada bien…
no…”
- No.-dijo en voz alta.- no sigas,
no.
Endymión detuvo sus caricias sin soltarla.
- ¿Qué te pasa?.- preguntó
extrañado.
- Esto no está bien.- se debatió entre sus
brazos.- Suéltame…¡suéltame!.- lo empujó lejos de ella.
- Pero que…
- Yo… lo siento… no sé que me ha pasado.-
dijo muy nerviosa.- pero esto no puede ser, yo… yo tengo a Arthur… lo
sabes.
- Cierto.- la miró muy serio.- Pero no lo
amas.
- ¡Claro que sí!.- se defendió.- Lo amo
muchísimo y esto solo ha sido un error… me confundes.
- Serena escucha.-intentó acercarse a
ella.- Entiendo que…
- ¡Tu no entiendes nada! No sé qué me ha
pasado pero yo no te amo y aunque existiera la posibilidad de llegar a hacerlo
jamás podríamos estar juntos porque tu eres el príncipe de la Tierra y yo soy la
princesa de la Luna.
- ¿Qué?.- exclamó Endymión sin entender
nada.- ¿Qué demonios quieres decir?
- ¡Suficiente!.- se escuchó de repente una
voz.- Es todo lo que necesitaba oír.
Serena miró hacia la entrada de la cueva dándose cuenta demasiado tarde
del error que había cometido. Allí, de pie, estaban la reina Calice y
Diocles.
En la Luna, los parques de magia son
sinónimos de ferias.