Capítulo 16 : La cita ( primera parte
)
Palacio real, habitación de
Endymión
- ¿La ves?.- preguntó Endymión a su primo
que estaba asomado por la ventana.
- Sí, está sentada en el borde de la
fuente.- amplió su sonrisa.- Parece que tiene muchas ganas de librarse de ti,
hasta ha llegado media hora antes.
Endymión frunció el ceño.
- Lo siento, se me escapó.- se disculpó
haciéndose el apenado.- Es la costumbre.
- Si ya, la costumbre. ¿Y Diocles? Lo ves
desde ahí.
- No… .- se asomó un poco más.- … no
parece… ¡espera! Sí, creo que sí, ¿no es el que está apoyado en ese árbol?.- se
apartó un poco para hacerle sitio a Endymión.- justo en donde terminan los
rosales.
- ¡Lo sabía! Mi madre lo ha enviado para
vigilar a Serena.
- Pues a esa distancia no parece que pueda
hacer gran cosa.- tomando un catalejo que había traído consigo.- incluso juraría
que tiene los ojos cerrados.
- Seguramente esté concentrado en sentir la
energía que desprende Serena, es un método de espionaje mucho más eficaz.- se
alejó de la ventana pensativo.- Esto lo hará más difícil, en cuanto me acerque a
Serena Diocles notará mi presencia y no tardará ni dos segundos en contárselo a
mi madre.- mirando a su primo.- ¿Seguro que sabes lo que debes
hacer?
- ¡Pero serás pesado!.- exclamó
exasperado.- Llevas preguntándome lo mismo desde que trazamos el
plan.
- ¡Solo quiero asegurarme de que todo sale
bien!.- se defendió.- Es muy importante
para mí y posiblemente no tenga más oportunidades una vez que le haya
devuelto el anillo.
- Interceptar a Diocles antes de que te
encuentres con Serena, decidle que la reina lo llama y asegurarme de que va a
buscarla.- recitó con cara de aburrido.- Soportar con coraje y valor su sermón
de hora y media y mantenedlo entretenido todo lo que sea posible para impedir
que vaya en su busca y, en caso extremo, dejarlo inconsciente.- se cruzó de
brazos.- ¿Qué? Satisfecho, hasta un niño recordaría un plan tan
simple.
- Pues a todo eso añádele mantenedle a una
distancia prudencial para que no sienta mi energía.- añadió Endymión con una sonrisa.- Y ahora, pongámonos en
marcha.
- ¡Un momento!.- lo detuvo Hiperión.- No
pensarás ir así, ¿no?
- Así, ¿cómo?.- inquirió Endymión mientras
echaba un vistazo a su atuendo.
Llevaba puesto un pantalón y una camiseta de color azul oscuro, unas
botas altas negras, un chaleco corto negro con líneas en blanco y una capa larga
en rojo y negro. En contraste, Hiperión lucía unos simples pantalones negros y
una camisa blanca desabrochada.
- Pues así de… de serio, solo te falta
colocarte esas horribles hombreras de metal y el cinto con la espada y estarías
a un paso de parecer que vas con armadura.
- Mmm… creo que tienes razón.-reflexionó.-
me pondré las hombreras y el cinto así la impresionaré
más.
- ¡Es que no me has oído! A las chicas no
les gusta tanta ostentación.
- Eso díselo a Beryl, Madison… ellas no
parecían compartir tu opinión.- dio por zanjada la discusión dirigiéndose a la puerta.
- Serena me dijo que le parecías un
arrogante.
Endymión se detuvo a medio camino.
- ¡¿Qué?!.- exclamó sin poder creer lo que
había oído.- Yo, un arrogante.
- Es tu forma de actuar, Endy. Utilizas tu
título de realeza para impresionar a las chicas y no a todas les gusta que lo
hagas. Serena por ejemplo lo detesta, pero no te preocupes.- le dio unas
palmadas en la espalda.- que aquí estoy yo para
aconsejarte.
- ¿Pero qué tiene que ver eso con mi forma
de vestir?.- inquirió saliendo de su estado de estupor.
Hiperión, concentrado en la ardua tarea de registrar su armario, ignoró
la pregunta.
Al mismo tiempo, en el palacio de
Urano
- ¿Has hecho lo que te pedí?.- preguntó con
expresión fría Atlante, rey de Urano.
- Sí.- asintió Haruka evitando mirar a los
ojos a su padre.- En estos momentos el capitán Arthur está encerrado en la
prisión junto con el otro y Zeus se está encargando de sailor Júpiter y del tal
John.
- Lo has hecho muy bien, hija mía.- se
acercó a ella con orgullo.- sabía que no nos defraudarías, ni a tu madre ni a
mi… pero aún necesito que hagas algo más por nosotros.
- ¿Algo más?.- clavó su mirada en la de su
padre temiendo lo peor.- ¿El qué?
- Necesito que elimines a un estorbo más.-
le volvió la espalda.- Quiero que mates a la princesa
Serenity.
- ¡¿Qué?!.- retrocedió conmocionada.- no
puedes pedirme eso, ella no.
- ¡Claro que puedo! Soy el rey de Urano y
tu padre y todo lo que hago es por tu bien y el del reino. Necesito golpear a la
reina en donde más le duela antes de iniciar el ataque definitivo y tu vas a
ayudarme.
Haruka bajó la mirada.
- No lo haré.- apretó los puños.- dale la
misión a otro.
- Imposible.- negó el rey.- Sabes tan bien
como yo que ninguno de mis hombres podría enfrentarse a una sailor scout.
Además, ella confía en ti, no hay nadie mejor para llevar a cabo la misión.-
sonrió.
- ¡He dicho que no!.-se rebeló con todas
sus fuerzas.- Nada de lo que hagas podrá hacer que cambie de opinión, ella es
alguien muy especial para mi y jamás le haré daño.-dando media vuelta y
dirigiéndose a la salida.- no diré nada de tus planes pero tan poco colaboraré
con ellos.
- ¿Más especial que Michiru?.- preguntó
tajante. Haruka se detuvo en seco con el corazón en un puño.- Ahora mismo está
en la Tierra, no me preguntes como lo sé, solo, obedéceme.
Haruka no dijo nada y salió de la habitación.
- ¿Estás seguro de que lo hará?.- preguntó
una figura escondida entre las sombras.- No parecía muy
dispuesta.
- ¡Por supuesto que sí!.- exclamó
indignado.- Es mi hija y con el tiempo entenderá que lo que hago es lo mejor
para ella.
-No es necesario que la princesa muera.-
comentó la sombra.- No es lo suficientemente poderosa como para ser un
impedimento y, a estas alturas, ni siquiera el cristal de plata podrá
oponérsenos.
- Eso ya lo sé.- respondió.- Solo lo hago
para que se deje de tonterías y me apoye que es lo que debe
hacer.
- ¿Manteniendo como rehén a su amante?.- se
burló la figura.
- Mis métodos no son asunto tuyo, tu
procura que la información que me diste sea cierta, no me gustaría que mi hija
hiciera un viaje en vano a la Tierra.
- ¡Oh!.- rió.-mis fuentes son muy fiables,
no tienes nada de lo que preocuparte.
- ¿Qué crees que haga la princesa en ese
planeta?.-cambió de tema.- Pensaba que tenía prohibido ir
allí.
- Averigua.- se encogió de hombros.- Es
joven y ya sabes como actúan a veces los jóvenes. Sin embargo, es una
coincidencia que vaya a morir en el mismo lugar en donde falleció su padre, me
encantará ver la cara de la reina cuando lo sepa.- y comenzó a reír a
carcajadas.- La vida está llena de ironías.
Cuatro de la tarde, en la fuente del jardín
de las rosas
Serena llevaba media hora esperando a Endymión. Para ser sinceros no es
que deseara verle cuanto antes mejor sino que había pensado que a lo mejor él
llegaba antes (ya que estaba ansioso por conseguir esa cita) y no quería que tuviera ningún
motivo para negarle después el anillo. Se había propuesto ser lo más agradable
posible hasta cierto punto, claro, ni que pensara que iba a hacer con ella lo
que quisiera, ¡faltaría más!. Sin embargo, empezaba a pensar que no había sido
tan buena idea después de todo, Endymión no se había adelantado a la hora y de
seguro ahora pensaría que era ella la ansiosa por tener esa cita. Ocupada en tal
pensamiento no notó acercarse al príncipe de la Tierra hasta que este estuvo a
un paso de ella.
Al levantarse para saludarlo se fijó en la ropa que llevaba puesta, un
pantalón negro que le quedaba demasiado ajustado y una camisa blanca abrochada
de arriba abajo. El joven parecía una copia exacta de Hiperión pero a la
inversa, porque lo que este llevaba con gracia Endymión lo llevaba como pez
fuera del agua. Por educación, la princesa trató de no reírse con tan mala
suerte que hasta el tipo más distraído del mundo hubiera notado que estaba
fingiendo. Endymión, rojo como la grana, maldijo a su primo y se maldijo a si
mismo por hacerle caso.
Hiperión, vestido con la ropa de su primo
mientras seguía a una distancia prudencial a Diocles que iba en busca de la
reina, estornudó en ese preciso momento.
Aparentando no haberse dado cuenta de nada,
el príncipe se inclinó para saludar a la joven.
- Es un placer conoceros, Serena. Mi nombre
es Endymión.
- ¿Eh?
- Quedamos en que empezaríamos desde el
principio, ¿no?.- le guiñó un ojo.
- ¡Ah, sí! Es cierto, pues… el placer es
mío príncipe Endymión.
- No os he dicho que sea príncipe.- la
corrigió con amabilidad.- Seremos solo Endymión y Serena, ¿de
acuerdo?
- Me da lo mismo.- contestó con
indiferencia.
- Y de paso podríamos tutearnos.- probó
suerte.
- ¿No sois un poco atrevido para acabar de
conocernos?.- inquirió con el ceño fruncido pero después recordó su intención de
ser agradable y rectificó.- Está bien.- suspiró.-nos tutearemos. Por cierto, ¿a
dónde vamos a ir?
- Había pensado que podíamos ir al lago que
está en el bosque, es un lugar muy bonito, ¿lo conocéis?
- No.
- ¡Decidido entonces! Iremos al lago.-
exclamó muy feliz mientras le ofrecía a Serena el brazo que esta rechazó con un
movimiento de cabeza.
- Hiperión me dijo que estabais
castigados.- habló la princesa mientras caminaban.- ¿No es arriesgado que os
vean fuera de palacio?
- No más del que me vean contigo.-
murmuró.
- ¿Perdón?.- entrecerró los
ojos.
- ¿Qué? ¡Ah no! Quería decir que no te
preocupes de nada, Hiperión se está encargando de todo.
- ¿Qué quieres decir con que Hiperión se
está encargando de todo?
- Pues eso, que me debía un favor y me lo
está devolviendo, ¿te extraña que lo haga?
- No, no me extraña ni de ti ni de
él.
- ¿Qué es lo que no te extraña de
mi?.-preguntó con curiosidad.
- El chantaje, parece ser que se te da muy
bien.- respondió con rin tintín.
- ¿El chantaje?.- repitió incrédulo.- ¡Esto
es increíble! Otra vez lo estás haciendo, me juzgas sin conocerme… que si soy un
chantajista, un arrogante, un pervertido… .- enunció mientras movía los brazos
irritado.- Pareciera que de todo los habitantes de la Tierra yo fuera el único
que te cayera mal.
- Qué consté que yo no he dicho nada.-
señaló Serena.
- Si claro, tu nunca dices nada pero
siempre lo dejas todo muy claro, ni siquiera tienes en cuenta que posiblemente
sea el único que cree en ti pese a que hayas mentido y te niegues a explicar tu
presencia aquí.
- Ya te dije que vine a buscar mi anillo.-
se defendió.
- Tu anillo… si, seguro que es eso.-
comentó con sarcasmo.- Le tienes tanto aprecio a ese anillo que prefieres pasar
más de tres días en palacio en compañía de mi primo y mía antes que explicarle a
tu prometido lo ocurrido y estar en estos momentos a su lado feliz y contenta.
Cualquiera diría que huyes de él.
- ¡¡Y tú que sabes!!.- le gritó enfadada.-
Yo lo amo… mucho… profundamente…
- ¿Y cómo estás tan segura de
eso?
- Porque eso se sabe, no es algo que se
pueda explicar.- se apresuró a responder.
- No será que has confundido amistad con
amor, a veces ocurre, sobre todo cuando hay dudas.
- ¿ Y quien te ha dicho que tengo… .-
recordó su conversación con Rei antes de perder el anillo.-
…dudas?
Endymión enarcó una ceja al ver la expresión de confusión de
Serena.
- Solo quieres confundirme.- dijo en voz
baja mientras aceleraba la marcha.- Pero no lo
conseguirás.
- ¡Eh!¡Espérame!.- gritó Endymión al ver
que se adelantaba demasiado.- No conoces el camino.
****************
- ¿ Este es el lago?.- inquirió Serena con
los ojos muy abiertos.- ¡Es precioso!
- ¿Verdad que sí?.- sonrió Endymión.- Mi
primo y yo solíamos venir a nadar cuando éramos pequeños, después, dejamos de
venir.
- ¿Por qué?
- Áyax, su casa está muy cerca de aquí.-
señaló hacia el norte.- Es el chico rubio que nos atacó cuando nos
conocimos.
- ¡Ah! El de la presencia maligna.-
recordó.
- ¿Presencia maligna?.- la miró
extrañado.
- Sí, su energía se parece mucho a la tuya
pero es totalmente distinta, la suya es perversa.
- ¿Puedes sentir la energía que desprenden
los demás?.- se asombró.- Vaya, no conozco a mucha gente que pueda
hacerlo.
- Esto…je, pues sí.-tragó saliva.- qué
casualidad, ¿no?... ¿nos subimos a una barca?.- añadió
apresuradamente.
- ¡Claro!.- se entusiasmó olvidando todo lo
demás.
Serena y Endymión se dirigieron al pequeño embarcadero que había en el
lago y tomaron una de las barcas amarradas al mismo. Primero subió el príncipe
quien ofreció la mano a la princesa para ayudarla a subir aunque sabía de
antemano que lo rechazaría como otras tantas veces. Sin embargo, Serena (que
parecía temerosa del agua) aceptó su ayuda. Endymión, emocionado por ello,
apretó la mano de la joven con fuerza y estiró de ella con demasiado ahínco,
provocando que la joven trastabillara y terminara en sus
brazos.
- ¡¿Se puede saber qué haces?!.- sus ojos
azul cielo lo miraban echando chispas.
- Te sujeto.- respondió hipnotizado por la
fuerza de su mirada.- Tropezaste, ¿lo recuerdas?
- Sí, como no.- lo apartó de un empujón y
se sentó.-¿Por qué mejor no haces algo productivo y remas?
- Por supuesto.- asintió comenzando a
remar.
- ¿Has venido alguna vez a esta lugar con
una chica?.- preguntó por curiosidad.
Endymión la miró sonriente.
- Con todas las que conozco, ¿te
molesta?
- ¿ Y por qué crees que iba a hacerlo?.-
respondió sarcásticamente.- Ni estoy enamorada de ti ni somos amigos, por mi,
puedes traer hasta a la bruja pelirroja esa… si luego te envenena y se queda con
tu trono es cosa tuya.- puntualizó indiferente.
- ¿Hablas de Beryl?.- se asombró.- ¿La
conoces?
- Sí, creo que así me dijo que se llamaba y
no, no la conocía hasta que el otro día vino a ponerme las cosas claras.-
explicó mientras le daba un escalofrío, esa mujer le ponía los pelos de
punta.
- ¿Y qué fue lo que te dijo para que tengas
tan mal concepto de ella?.- preguntó curioso. Beryl era algo pesada pero de ahí
a ser una bruja…
- Pues verás…
Recuerdos
-
¿Tu eres Usagi?.- irrumpió de repente una joven pelirroja en su
habitación.
-
¿Qué?¿Quien?¿Yo? Sí.- sorprendió a la rubia que había estado a punto de iniciar
una comunicación con Rei.- ¿Quién eres tu?
-
Antes responde a mi pregunta.- dijo en tono amenazante.- ¿Eres o no eres
Usagi?
-
Bueno sí.- contestó algo desconcertada por la actitud de la otra.- ¿Es qué
ocurre algo?
-
Ocurre que no me gusta que me pisen el terreno.- le hincó un dedo en el pecho.-
Y tu, extranjera, ya lo has hecho demasiado. Lo mejor es que dejes de fingir y
te vuelvas a tu casa antes de que pierda la paciencia y tome cartas en el
asunto.
-
No sé de que me hablas.- respondió Usagi sudando, ¿sería posible que supiera de
su relación con la Luna?.- Yo soy terrícola.
-
¿Eh?.- frunció el ceño.- No te hagas la tonta, sabes perfectamente de lo que te
estoy hablando. Reconozco que el truco de la amnesia fue muy bueno.- sonrió con
desdén.- pero Endymión es mío y no dejaré que nadie me lo
arrebate.
-¡Endymión!.- abrió los ojos como platos.-
¿Te refieres a Endymión? Uf….-descansó.- pensaba que hablabas de otra
cosa.
-
¿Qué quieres decir?.- la miró con desconfianza.- ¿Acaso no inventaste lo de tu
amnesia para acercarte a él?
-
¡Oh, no! A mi Endymión no me interesa para nada.- rió histérica.- En lo que a mi
respecta puedes quedártelo para ti solita.
Beryl la examinó de arriba abajo como analizando si mentía. Después, su
boca se abrió en una amplia sonrisa que la expresión desquiciada de sus ojos
desmentía, se acercó a Usagi hasta casi rozarla y le habló con su venenosa
voz.
-
Será mejor que no me mientas, he trabajado muy duro para llegar hasta él y te
aseguro que estoy dispuesta a cualquier cosa por tal de no perderlo… lo he hecho
otras veces.- se dio media vuelta.- Mi nombre es Beryl… no lo
olvides.
Fin de los
recuerdos
- Creo que si en ese momento le hubiera
dicho que éramos pareja.-tembló al pensarlo.- ahora mismo mi cabeza descansaría
sobre un pedestal…¿se puede saber de qué te ríes?.- miró a Endymión de mala
manera.
- No pensarás que voy a creerme todo eso.-
dijo sin dejar de reír.- ¡Es ridículo!
- ¿Te parece ridículo que una completa
desconocida me amenazara por tu culpa?.- entrecerró los ojos.- Menos mal que
decías que eras el único que creía en mi.
- No te lo tomes a mal, Serena.- intentó
parar de reír.- Yo no digo que te lo hayas inventado sino que exageras un poco.
Beryl puede ser todo lo pesada e incordiante que quieras pero no es malvada…
creo que sacaste conclusiones precipitadas. Además, y eso de decir que eres
terrícola, ¿de donde vas a ser sino? ¿De la Luna? La Tierra es el único planeta
con vida.
- ¡Ni que hubieras estado allí para
saberlo!.- exclamó indignada.
- No me digas que mi primo te ha convencido
hasta de eso.- dijo incrédulo.- ¡No me lo puedo creer!
- ¡Esto ya es demasiado! No solo no me
crees sino que además te burlas de mis ideas y luego dices que confías en mí y
que me amas.- se puso en pie con los puños apretados.- ¡Eres el ser más
despreciable que he conocido nunca!
- Espera un momento.- intentó
tranquilizarla mientras la forzaba a sentarse de nuevo.- Mis sentimientos hacia
ti son verdaderos pero no pretenderás que por eso te de la razón cuando no la
tienes, ¡es absurdo!
- Yo no digo… .- unas imágenes en las que
Arthur le daba siempre la razón aun cuando pensara distinto a ella cruzaron por
su mente y no pudo evitar pensar que prefería la actitud de Endymión a la de su
prometido. Todavía más irritada por ello volvió a ponerse en pie.- ¡Quiero
volver a tierra!.- exigió.- Tenías razón, es preferible explicarle la verdad a
Arthur a pasar más tiempo a tu lado.
La barca comenzó a balancearse peligrosamente.
- Serena siéntate, vas a
caerte.
- No hasta que me lleves a tierra.- se
cruzó de brazos.
- Serena por favor.- se incorporó un poco
para intentar sentarla.- Es arriesgado que permanezcas en
pie.
Sin embargo, Serena hizo oídos sordos a su petición y, al intentar
Endymión que recapacitara, la barca se meció con más violencia hasta que en un
descuido ambos ocupantes perdieron el equilibrio y cayeron al lago. El príncipe
nadó con maestría hasta la superficie y se sujetó a la barca volcada mientras
intentaba localizar a su acompañante. Su corazón se paralizó cuando se dio
cuenta de que no estaba. Asustado ante la idea de que algo malo le pasara volvió
a sumergirse en el agua para buscarla. Tras un rato buceando desesperadamente la
localizó en el fondo con los ojos cerrados y una expresión de autentico pánico
en su rostro, la sujetó de la cintura y nadó hacia la orilla estirando de ella
con todas sus fuerzas.
Al llegar a tierra la depositó con cuidado en el suelo y comprobó su
respiración que era nula, colocó sus manos en el pecho y presionó varias veces
para después abrirle la boca e insuflarle aire, repitió varias veces esta
operación hasta que por fin logró que la joven volviera en si tras expulsar una
bocanada de agua.
- ¡Por Dios Serena!¿Estás bien?.- preguntó
muy preocupado sin parar de abrazarla y palparla para asegurarse de que estaba
bien.- Me diste un susto de muerte.
- Yo… no sé… creó que sí.- empezó a
sollozar.- … trataba de no hundirme y no podía.- abrazó a Endymión temblando.-
Jamás había pasado tanto miedo.
- Shhhhh, tranquila.- le acarició el
cabello.- No ha pasado nada, ahora estás a salvo.
- Sí… .- murmuró conteniendo sus sollozos.-
… tu me salvaste... .- se separó de él y lo miró a los ojos.- … gracias…. .-
susurró y volvió a abrazarlo.
Endymión, que había esperado que ella se separase de él una vez que se
hubiera recuperado, aceptó el abrazo gustoso meciéndola de un lado a otro para
reconfortarla. En su corazón, anhelaba que ese instante durase para
siempre.
Por otro lado, Serena nunca se había sentido más atemorizada.
Acostumbrada al hielo, pues a excepción de Neptuno en donde no había estado
nunca ningún otro planeta del Milenario de Plata tenía mares o lagos, nadie se
había molestado en enseñarle a nadar. Además, desde pequeña había sido
sobreprotegida por su madre y Luna y más tarde por Haruka y Arthur y todo eso
unido al hecho de ser una sailor scout había provocado que no le temiera a nada.
Por primera vez en su vida se había sentido… sola.
Pero la dulzura de la voz de Endymión que le hablaba con amor junto con
la calidez de su abrazo la reconfortaba más allá de lo que nunca había creído
posible. Se sentía mejor que al lado de Arthur, su alma lo sabía, su corazón
luchaba y su mente lo negaba. Estaba confundida pero demasiado cansada como para
enfrentar esa confusión. Por eso, no lo rechazó.
Rato después Endymión la tomó de los hombros y la separó de él, lo justo
como para poder mirarla a los ojos.
- ¿Qué tal si nos vamos a palacio?.- le
propuso.- Cogeremos un buen constipado si nos quedamos
aquí.
Serena no respondió.
- O también podríamos ir al pueblo que hay
cerca de aquí.- sugirió.- Compraremos ropa nueva.
- Te hace bastante falta.- rió Serena tras
echarle una significativa mirada a su atuendo.
- Sí.- asintió Endymión ceñudo.- Hiperión y
sus ideas.
***************
Minako estaba sentada en el suelo del bosque con una cara de los mil
demonios que habría espantado a cualquiera. Su idea de separarse para encontrar
antes a Serena le había parecido genial hasta que se había visto andando sin
rumbo fijo, sin parar y sin encontrarse con nadie a quien preguntar. Y para
colmo de males no se había topado con ningún chico guapo con el que flirtear
para pasar el rato. Estaba a punto de llamar por el intercomunicador a Rei y a
Amy para replantearles la idea de la dichosa separación, cuando un chico
guapísimo de ojos verdes y cabello plateado que venía hacia ella gesticulando
como si estuviera hablando consigo mismo, llamó su atención. Arreglándose el
pelo y la ropa, se levantó y se dirigió hacia él con una amplia
sonrisa.
**************
Hiperión lucía cansado y abatido, y no porque hubiera tenido que recurrir
al extremo de dejar inconsciente a Diocles y encerrarlo en su habitación, ni
porque casi se jugara el pellejo para evitar que sus peores pesadillas Áyax y
Amadeus( que quien sabe como se habían enterado de la cita de su primo )
siguieran a Endymión al bosque, sino porque en su labor de amigo y príncipe y
conquistador de rubias con amnesia había olvidado que aprovechando la feria
anual de Ariano había quedado con anterioridad con Medea, Perséfone, Circe y
Penélope para llevarlas, se las había encontrado por el camino y cada una de
ellas le había dado un buen bofetón por el plantón. Y ahora tenía el problema de
con quien quedar para mañana, ¡las reconciliaciones no eran nada
fáciles!
Estaba pensando en un buen plan de reconquista ( desde Usagi las había
tenido muy abandonadas ) o de nuevas conquistas cuando vio acercarse a una rubia
despampanante de pelo largo.
“He aquí mi cita para
mañana” pensó al instante.
- Hola.- dijeron los dos al mismo
tiempo.
- ¿Os habéis / te has perdido?.- volvió a
pasar lo mismo.
- Me llamo Hiperión / Minako.- se repitió
nuevamente la escena pero esta vez con una mirada y una
sonrisa.
- ¡Es la primera vez que me ocurre algo
así!.- consiguió hablar por fin Hiperión.
- Y a mi.- asintió Mina.- Mi nombre es
Minako y creí entender que el tuyo es Hiperión.
- En efecto, y os he preguntado que si
andabais perdida porque en ese caso…
- En ese caso.- lo interrumpió con un batir
de pestañas.- un chico fuerte y caballeroso como tu podría
acompañarme.
- Pues sí.- se sorprendió Hiperión de que
le leyera el pensamiento con esa facilidad.- ¿Cómo lo
sabéis?
- Porque era lo que yo iba a preguntarte…
¿qué dices entonces? Nos hacemos compañía mutuamente.
- Será un placer, mi pequeña diosa.- se
inclinó a modo de saludo.
- El placer será mío si accedes a tutearme,
nuca me ha gustado que me hablen de usted, me hace sentir vieja.- lo tomó del
brazo.
- Sois… eres demasiado hermosa para eso.-
la halagó.- El que osara insultarte del tal forma sería castigado por la
mismísima diosa Venus, la diosa del amor y la belleza.
- No lo dudo afortunado caballero.- rió
Mina.
- ¿Por qué
afortunado?
- Porque estás conmigo.- le guiñó un
ojo.
- No podría estar más de acuerdo.-
respondió Hiperión con una sonrisa cautivadora.
Minako pensó que por fin había encontrado a su príncipe azul mientras
Hiperión la miraba embobado.
***************
- ¿Te falta mucho?.- preguntó Serena desde
el otro lado del vestidor de la tienda.- Estoy cansada de
esperar.
- Que poca paciencia tienes.- se oyó.- Ya
casi estoy.
- ¿Ya estás?.- entendió Serena.- Menos mal
porque he estado a punto de irme sin ti.- abrió la puerta del vestidor de
golpe.- ¿Qué tal… ¡¡ahhhhhhhhh!!.- cerró los ojos con fuerza.- Lo siento…
.-balbuceó.-…no sabía… sabía… desnudo…
- En ropa interior.- la corrigió el chico
mientras se ponía una camisa negra.- No sé por qué te asustas tanto… ya puedes
mirar.
- ¿Seguro?.-cuestionó mientras entreabría
los ojos.- ¡Pero si aún te falta el pantalón! Es que no te da vergüenza, te va a
ver todo el mundo.
- Cálmate.- sonrió.- Aquí solo estamos tu y
yo y por mi puedes mirar y tocar todo lo que quieras.
- Y luego dices que te juzgo mal cuando
digo que eres un pervertido.- masculló molesta mientras salía de la
tienda.
Endymión terminó de ponerse unos pantalones blancos y, tras buscar al
tendero para pagarle su ropa, el vestido blanco y la capa de viaje que había
escogido su amada, salió tras ella.
- ¿A dónde vamos ahora?.- preguntó la joven
cuando la hubo alcanzado.
- Se me ocurre una idea.- dijo
acariciándose la barbilla.- Pero creo que no te lo diré hasta que no lleguemos
allí.
- ¿Por qué no?.- se quejó Serena.- Vas a
hacer que pierda la poca estima que te tengo por haberme
salvado.
- Porque aunque prefiera que seas cariñosa
conmigo… .- sonrió como si hubiera hecho alguna travesura.- … estás preciosa
cuando te enfadas.
- ¡Imbécil!.- y se adelantó
malhumorada.
- Ay.-suspiró.- a eso me refería.- y corrió
tras ella.- Serena.- la llamó.-vamos, no es para tanto.
- ¿No decías que te gustaba enfadada? pues
ahí tienes… como me muero de ganas por complacerte.- dijo con
sarcasmo.
- Solo era una broma, mi primo las hace
continuamente.
- Mira.- se detuvo en seco encarándolo.- en
primer lugar Hiperión jamás me ha gastado bromas de tan mal gusto y en segundo
lugar… ¡eres pésimo imitándole!
- Está bien.- se rindió.- Vamos
a…
- ¡No me lo digas!.-exclamó de
repente.
- ¿Pero no querías saberlo?.- la miró
confundido.
- Ya no, prefiero las sorpresas.- sonrió
olvidando su malhumor.- ¿Hacia donde hay que ir?
Endymión la miró con una gran gota de sudor en la
cabeza.
- Por ahí.- indicó hacía el sur mientras se
ponía en camino seguido de Serena.
Tras caminar un rato en silencio pasaron cerca de una caballa que estaba
situada a pocos metros del lago en donde habían estado navegando. Un movimiento
en ella hizo que Endymión se detuviera pues le pareció ver la figura de alguien
conocido.
- ¿Por qué te paras?.- inquirió
Serena.
- Me pareció ver a Euclides pero debo
habérmelo imaginado.- prosiguieron el camino.
- Quien sabe.- comentó la chica.- A lo
mejor nos ha estado siguiendo, creo que no le gusté demasiado cuando nos
conocimos y no creo que siendo amigo tuyo le agrade vernos
juntos.
- No es que no le gustes, sino que
seguramente se dio cuenta desde el principio que lo de tu amnesia era falso.
Además, es imposible que fuera él porque la sombra que vi salía de la casa y él
nunca pisaría ese suelo.
- ¿Por qué no?
- Porque aparte de que está enfermo, en esa
caballa vive Áyax.
***************
Hacerse a un lado en el último segundo lo había salvado de que Endymión
no lo viera salir del hogar de uno de sus peores rivales, en caso contrario,
habría tenido que escoger entre su amistad y su misión de la que tenía órdenes
por parte de Diocles de no mencionar nada a nadie, ni siquiera a sus
amigos.
Aunque no hubiera tenido dudas respecto a qué elegir ( perder una amistad
era un mal pasajero, su misión como soldado, un deber irrevocable ) debería
haber sido más cuidadoso pero no esperaba encontrarse con Endymión en el bosque
ya que Diocles le había advertido que tanto él como los dos príncipes estaban
bajo arresto en palacio por órdenes de la reina y, que en su caso, se había
hecho una excepción argumentando que estaba enfermo.
De todas formas no había pasado nada y no merecía la pena desperdiciar el
tiempo pensando en lo que podría haber sido y no había
sido.
- ¡Oye, tú!.- le dijo de repente alguien a
su espalda.
Euclides se dio media vuelta con absoluta tranquilidad aunque no pudo
evitar sentirse mal por no haber notado acercarse al desconocido. Se trataba de
una campesina ( a juzgar por sus ropas ) de larga cabellera negra. “Qué querría?” se preguntó para sus
adentros aunque se mantuvo en silencio.
- ¡¿Es que no me has odio?!.-repitió la
chica con una cara de los mil demonios, llevaba horas andando porque cuando había hecho uso de sus facultades
psíquicas para hallar el palacio real se había encontrado con que la barrera
mágica que lo rodeaba se lo impedía.- Te hablo a ti.
- Lo sé.
- Vale.- resopló.- Puedes indicarme
entonces por donde queda el palacio real.
- No.
- ¿No?¡¿Y por qué no?!.-exclamó intentando
contener su malhumor.- ¿No sabes donde está?
-……
- Repito.- lo miró con cara de pocos
amigos.- ¿Sabes o no sabes donde está?
- ¿Para qué quieres
saberlo?
- ¿Qué para qué… ¡Pero eso qué demonios te
importa a ti!.- explotó finalmente.- ¡Qué te importa a ti que vaya de visita o a
hacerlo estallar por los aires!
- …..
- Uf… ¡está bien! No tengo tiempo de
discutir contigo. Me llamo Rei y busco a una amiga que se encuentra allí, su
nombre es Usagi. ¿Satisfecho?.- se cruzó de brazos.
Pero en vez de recibir respuesta Euclides sacó su espada y la dirigió
contra ella. En un rápido movimiento, Rei se colocó detrás de él e invocó un
hechizo que hizo arder la espada
obligando a Euclides a soltarla. Cuando se giró en busca de la campesina, esta
ya no estaba allí.
“Terrícola idiota… ahora entiendo mejor a
Serena” creyó oír en la
lejanía.