Capítulo 15 : ¡Llegan los refuerzos!

 

         Endymión deambulada por el bosque de Ashen sumido en sus propios pensamientos, ni siquiera había notado en que momento se había adentrado en el bosque dejando atrás el palacio y desobedeciendo así la prohibición de su madre. En lo único en que podía pensar era en la conversación mantenida la noche anterior con ella.

 

Recuerdos     

                                                                               

- Aléjate de esa chica.

 

- ¿Alejarme?¿Por qué?.- se extrañó el príncipe.-Pensaba que te alegrarías de que por fin me hubiera  fijado en  alguien.

 

- Y me hubiera alegrado sino hubieras puesto tus ojos en una farsante.- respondió la reina con tono firme.

 

- ¿Una farsante?.- la miró incrédulo.- No  entiendo lo que queréis decir, madre.

 

- Lo que has oído.- se cruzó de brazos.- Usagi es una mentirosa, ni tiene amnesia ni está comprometida con tu primo, ni siquiera creo que su verdadero nombre sea el que nos ha dicho.

 

         El príncipe la miró con los ojos completamente abiertos, sin creer nada de lo que le decía pero, aún así, no pudo evitar el pensar en la insistencia de la chica en recuperar el anillo que tenía inscripto el nombre de otra persona: Serena.

 

- Pero...

 

- Nada de peros Endymión.- lo miró con fijeza.- No quiero volver a verte cerca de esa chica, es demasiado peligrosa.

 

- ¡Pero madre! ¡No puedes pedirme eso! Yo... yo... ¡yo la amo!.-exclamó con una convicción que le sorprendió incluso a él mismo.

 

         La reina entrecerró los ojos.

 

- ¿Me estás diciendo que amas a alguien qué te ha mentido, que te desprecia, a quien no conoces y cuyos planes para actuar como lo ha hecho desconoces completamente?

 

- ¡Eso no es cierto!.- protestó.

 

- Claro que lo es y, en el fondo de tu ser, lo sabes tan bien como yo solo que no quieres reconocerlo porque crees haberte enamorado.

 

- Yo no creo nada pero estoy seguro de lo que siento.- elevó la cabeza con decisión.

 

- Miéntete a ti mismo si es lo que quieres Endymión pero no intentes hacerlo conmigo, recuerda que soy tu madre.- habló la reina con suavidad dejando de lado su habitual agresividad.- Tal vez creas que lo que sientes es amor pero no lo es, solo es encandilamiento, la joven es hermosa y agradable, eso no lo pongo en duda pero esos atributos también constituyen una trampa mortal para quien es  joven como tu, para alguien que apenas ha empezado a caminar por la vida.

 

Fin de los recuerdos

 

         ¿Y si su madre tenía razón?¿Y si en realidad solo creía estar enamorado de ella? Después de todo apenas la conocía, cierto que estaba aquella sensación tan hermosa que había experimentado en el bosque cuando la había visto por vez primera pero desde entonces no había vuelto a tenerla lo único que había sentido era la frustración y la ira de quien se esfuerza en una carrera por llegar el primero a la meta y, cuando lo hace, se da cuenta de que otro se le ha adelantado. ¿Sería posible eso?¿Qué lo que él había creído que era amor fueran tan solo celos? Celos porque su primo había sido capaz de conquistar lo que a él se le había negado.

 

         No, se dijo a sí mismo después de pensarlo un poco mejor. No sería la primera vez que su primo y él competían por una chica y él terminaba perdiendo y en ninguna de esas ocasiones se había sentido como ahora, totalmente destrozado. Tal vez no estuviera enamorado pero de lo que estaba seguro era de que Usagi le gustaba mucho, cuando estaba con ella ( pese a sus continuos desprecios ) se olvidaba de todo lo demás, solo podía pensar en lo profundo de sus ojos, en su sonrisa, en su mueca cuando estaba enfadada, en sus palabras, que eran como veneno pero que a la vez dejaban entrever una dulzura y un amor hacia lo demás que todo su ser anhelaba conseguir para si mismo.

 

         Sin embargo, no podía olvidar la acusación de su madre que jamás se había equivocado en ninguna de sus suposiciones aunque aceptar la posibilidad de que todo lo que rodeaba a ese ángel fuera una mentira era demasiado duro, demasiado difícil de asumir pese a lo del anillo de lo que no había dicho nada a la reina. Además, aunque fuera cierto que Usagi mentía tal vez tuviera una razón que la justificará y cuando le había sugerido esa posibilidad a su madre esta la había desechado por completo como si supiera algo que no quisiera compartir con él.

 

         Y lo que más le había molestado de todo había sido su respuesta al mencionarle a Hiperión.

 

Recuerdos

 

- ¿Y qué pasa con Hiperión? Acaso la prohibición es solo para mí.- preguntó enfadado.

 

- Tu primo no me preocupa, hijo.- respondió la reina con calma.- Siempre se está enamorando y desenamorando, lo que sí es cierto es que no me ha gustado para nada que haya participado con Usagi en esa farsa del compromiso, a saber qué le habrá contado ella para convencerlo.

 

- A lo mejor la idea ha sido de él.- comentó Endymión.

 

- No lo creo, pero de todos modos tendré una charla muy seria con él cuando desenmascaremos a la chica, ya está bien de tomarse la vida con tan poca responsabilidad.

 

Fin de los recuerdos

 

         Solo le quedaba una opción, averiguar la verdad acerca de Usagi por si mismo y, de paso, comprobar lo que verdaderamente sentía por ella aunque en el proceso pudiera hacerse demasiado daño. Y, justo en el momento en que tomaba su decisión, escuchaba los pasos de alguien que se acercaba apresuradamente. Temeroso de que lo descubrieran ( sobre todo ahora que había despejado sus ideas y había recordado que tenía prohibido salir de palacio) se escondió tras unos matorrales.

 

         Al cabo de unos segundos los causantes de su sobresalto se detuvieron delante de él; se trataba de Hiperión y de Usagi.     

 

- ¿Estáis seguro de qué tomó esta dirección?.- preguntó la chica a su acompañante.-Ya deberíamos haberle encontrado.

 

- Estoy seguro.- se sentó sobre una piedra aburrido.- Oye Usagi, ¿por qué mejor no nos olvidamos de él y volvemos a palacio? Podríamos ir...

 

- Porque no.- le cortó la rubia con una mueca.- Necesitamos que nos vea juntos para que nuestro plan funcione.

 

- No tenéis por qué preocuparos de eso, está castigado ( como yo por si no lo recuerdas ) y tarde o temprano tendrá que volver a palacio antes de que lo echen en falta, además, estoy cansado de dar vueltas por el bosque.- se quejó.

 

- ¡Pero es que necesito recuperar el anillo cuanto antes mejor!.- protestó la chica con pena.- ¡Y me prometisteis que me ayudaríais!

 

- Ya lo sé.-suspiró.

 

- ¿Entonces?.- se le llenaron los ojos de lágrimas.- ¿Os habéis arrepentido?¿Ya no queréis ayudarme?

 

- ¡No, no es eso!.- se levantó y se acercó a ella tomándola de las manos.- ¡Es que estoy aburrido! Pero eso no quiere decir que ya no desee ayudaros... vamos Usagi, no lloréis que no me gusta veros triste.

 

         En ese instante a Usagi le cambió la cara y una amplia sonrisa se extendió por todo su rostro.

 

- ¡Oh Hiperión! Muchísimas gracias.- lo besó en la mejilla.- Entonces, ¿qué hacemos ahora?

 

- Volver.

 

- ¿Volver?

 

- Sí.- afirmó el chico.- Dentro de quince minutos empieza la clase de historia así que lo más seguro es que ya haya vuelto a palacio de lo contrario nos lo habríamos encontrado por el camino.

 

- Supongo que tenéis razón.- bajó la cabeza pensativa.

 

- En ese caso... .- Hiperión dio media vuelta y tomó rumbo a palacio, sin embargo, se detuvo al ver que Usagi no lo seguía.- Usagi.

 

- Yo no voy.

 

- ¿Qué?

 

- Es que no tengo ganas de volver, me quedaré aquí un rato y después volveré a palacio, nos veremos después de las clases.

 

- Pero Usagi, es peligroso que os quedéis aquí sola, podría pasaros algo malo.

 

- No os preocupéis por eso.- le sonrió.- Aunque no lo creáis soy una chica fuerte, más de lo que pueda parecer.

 

         Hiperión se encogió de hombros al darse cuenta de que no podría convencerla y, tras despedirse de ella, se dirigió a palacio. Usagi lo vio alejarse y, después, se sentó sobre la hierba con las piernas cruzadas. Endymión aprovechó el momento para acercarse a ella.

 

         Sigilosamente se situó a un lado suyo, se agachó y le sopló en el oído. Al sentir el aliento del joven la princesa reaccionó instintivamente incorporándose de un salto al mismo tiempo que agarraba al merodeador del brazo y le aplicaba una llave que lo hacía caer dolorosamente de espaldas contra el suelo.

 

- Dios.- gimió Endymión.- creo que no podré volver a levantarme por mí mismo en una buena temporada.

 

- ¡Oh, lo siento!.- se disculpó muy apenada mientras lo ayudaba a levantarse.- No fue mi intención haceros daño... ¡pero me asustasteis!

 

- ¡Vaya!.- aceptó su ayuda.- Es la primera vez que os preocupáis por mí, ¿será que vamos progresando en nuestra relación?.- Usagi lo soltó.- ¡Ay!¡Tened más cuidado!.- terminó de incorporarse.

 

- La próxima vez no os acerquéis como si fuerais un criminal.- dijo muy seria.- Podría haceros aún más daño.

 

- ¿Tanto os preocupa mi bienestar?.- se situó frente a ella.- Es extraño porque tenía entendido que no os importaba nada.

 

- ¿Y quién ha dicho qué ahora si? Es solo cuestión de principios, algo de lo que vos carecéis sin duda. Además, si lo tenéis tan claro por qué no me dejáis en paz de una buena vez y me devolvéis el anillo.

 

- Ya sabéis porque.- la tomó de la mano con mirada suplicante.

 

         Usagi se soltó muy incómoda.

 

- ¿Acaso no os habéis enterado?

 

- ¿Enterarme de qué?

 

- Pues de que va a ser, de mi compromiso con Hiperión.

 

- ¡Ah, eso!.- le restó importancia al asunto.- Algo he oído al respecto.

 

- ¿Entonces?.- preguntó esperanzada.

 

- Entonces qué.- respondió haciéndose el tonto.

 

- ¿Cómo que qué? El anillo, ¿me lo devolveréis?

 

- Sois muy caprichosa, ¿no?.- se burló de ella.- ¿Tanto os gusta el anillo como para soportarme durante todo el día o es que acaso escondéis algo más?

 

- ¿Yo?.- se sonrojó.-¿Qué iba a esconderos?

 

- ¡Ah! Entonces es porque sois una caprichosa.- sonrió el príncipe.

 

- ¡Claro que no?.- exclamó indignada.

 

- Mentís muy mal Usagi.

 

- ¿Qué queréis decir con eso?.- frunció el ceño.

 

- .....

 

- ¡Queréis dejar de jugar conmigo?

 

- ¿En verdad lo amáis?.- inquirió de pronto Endymión con un ligero temblor al hablar.- ¿Lo amáis de corazón?

 

- Claro que sí.- se apresuró a responder.- Hiperión es atractivo, valiente, inteligente y cariñoso, cualquier chica podría enamorarse de él.

 

- Pero acaso lo amáis hasta el punto de sentir que haríais cualquier sacrificio por tal de conseguir una sola mirada de amor, una sola sonrisa de complicidad, una sola caricia suya... hasta el punto de dejarlo ir si él dejara de amaros.- cuestionó el príncipe con una mano sobre el corazón.- Porque... porque eso es lo que yo siento por vos.

 

         Endymión clavó su mirada azul media noche en la de Usagi a la espera de una respuesta al mismo tiempo que una sensación de inmensa felicidad comenzada a invadirlo, felicidad porque acababa de descubrir lo que sentía por su ángel de cabellos dorados. La amaba sí, y la amaba aún por encima de cualquier cosa que pudiera ocultar aunque eso no borraba el deseo de conocer la verdad.

 

- ¿No vais a responderme?.- insistió tras unos segundos sin recibir respuesta.- Es una pregunta muy sencilla, o sí o no.

 

- ¿En verdad sentís eso por mí?.-susurró sonrojada, nadie le había dicho antes nada igual, ni siquiera Arthur.

 

- Sí.- la miró ceñudo.- Pero si vais a decidme que por qué no os dejo marchar entonces sabed que no lo haré hasta que no quede completamente convencido de que no tengo ninguna posibilidad.

 

- ¡Pero acaso no me habéis oído!.- exclamó exasperada por su terquedad. El tono arrogante usado por Endymión había roto cualquier sentimiento de calidez que pudiera haber nacido en su corazón.- ¡Yo no os amo a vos, amo a otro!¿Cuándo lo entenderéis?

 

- Cuando vea reflejada en vuestra mirada lo que tanto predican vuestras palabras.

 

- Sois, sois....ñññññññ..... ¡Un incordio arrogante y sabelotodo!.- le gritó colérica mientras emprendía la marcha de vuelta a palacio.

 

- ¡Eh!.- la siguió el príncipe.- ¿No vais a esperadme?

 

- ¡No!

 

- Vamos Usagi, ni siquiera me habéis dado la oportunidad de ser vuestro amigo.

 

- ¡No necesito por amigo a un idiota!

 

- ¡Pero si no me conocéis!

 

- Os conozco lo suficiente.

 

- ¡Usagi!.- la llamó desesperado.- ¿Queréis esperadme?¿O acaso vinisteis a buscarme con Hiperión solo para burlaros de mí?

 

         Al escuchar sus palabras la princesa se detuvo en seco y se giró precipitadamente provocando que Endymión chocara con ella y que ambos terminaran en el suelo, el uno sobre el otro. Incapaz de resistir el tenerla tan cerca y, antes de que reaccionara, el príncipe de la Tierra unió sus labios a los de Usagi en apenas un roce que envió descargas eléctricas a ambos jóvenes y que  hizo sentir a Endymión que alcanzaba el séptimo cielo. Usagi furiosa con el príncipe y consigo misma por la sensación experimentada lo apartó de ella de un empujón y se incorporó con el rostro congestionado de la ira.

 

- ¡Pero seréis desalmado!¡Cómo os atrevéis a besarme sin mi permiso!

 

- Lo siento.- se disculpó sin mucho sentimiento.

 

- ¡¿Qué lo sentís?!Sí, seguro que lo sentís mucho, pues lo que yo siento en verdad es haberos conocido, además de egocéntrico sois un pervertido... ¡Dios!.- elevó las manos al cielo.- ¿ A donde he venido a parar?

 

- ¿No estáis exagerando un poco?.- la miró con una gran sonrisa.- No os he hecho nada malo y, además, deberíais ser vos quien se disculpara.

 

- ¿Disculparme?¿Yo?¿Y por qué?.- lo miró de reojo intentando contener las ganas de echarle un hechizo... uno de urticaria con efectos prolongados.

 

- Pues porque si he tropezado con vos ha sido porque os habéis parado en seco cuando os he mencionado lo de Hiperión.- dijo como si tal cosa.

 

La cara de Usagi pasó del rojo de la ira al azul del pánico.

 

- Será mejor que no me mintáis.- prosiguió Endymión.- escuché toda vuestra conversación y sé perfectamente que lo del compromiso es un fraude.

 

- ¿Un fraude?.- tembló de los nervios.- No... no sabéis lo que decís, Hiperión y yo no hablamos en ningún momento de nuestro compromiso.

 

- Eso es cierto, pero me bastó lo que oí junto con ciertos rumores que corren por palacio para deducirlo.- la miró con dulzura.- Ya os dije que no sois una buena mentirosa.

 

- Está bien.- bajó la cabeza.- es cierto, lo del compromiso es falso pero, ¿y qué? Solo lo inventamos para convenceros de que no os amo y que me dejareis en paz, eso no tiene nada de malo.

 

- Las mentiras nunca son buenas Serena.

 

- Yo... lo sé... pero no se nos ocurrió otra idea mejor.

 

- ¿Así que lo de vuestro nombre y vuestra amnesia también es una mentira?

 

- ¿Qué?.- levantó la vista.- ¿Por qué iba a serlo?

 

- Os he llamado Serena y me habéis respondido.

 

- Qué... no... me habré confundido... he entendido Usagi.- intentó disculparse pero una ojeada a Endymión le hizo ver que nada de lo que dijera serviría ya, la había descubierto.

 

- ¿Vais a contarme la verdad?.-inquirió el príncipe.

 

- ¿Y por qué debería hacerlo?.- lo miró con desconfianza.- Mi vida no es asunto vuestro, lo único que quiero es el anillo, dádmelo y no volveréis a verme nunca más.

 

- ¿El anillo es vuestro, no? Siempre lo fue.- sacó de entre sus ropas una cadena que llevaba colgada al cuello con el anillo y tras tomar aire se atrevió a hacer la tan temida pregunta.- ¿Os lo regalo... vuestro prometido? El verdadero.- puntualizó.

 

         Usagi no dijo nada pero su mirada fue suficiente para el príncipe.

 

- En ese caso, os lo devolveré... ¡pero!.- añadió al ver que la joven intentaba cogerlo.- Solo si me prometéis que pasareis toda la tarde en mi compañía.

 

- ¿En vuestra compañía?.- frunció el ceño, no entendía a lo que se refería pero no le había gustado para nada la sonrisa de su rostro.

 

- Solo como amigos, es decir, quiero que me deis la oportunidad de mostraros como soy en realidad, sin frases cortantes, ni malos pensamientos antes de que me deis la posibilidad de explicarme. Después, os devolveré el anillo.- la tomó de ambas manos y clavó su mirada azul en la de ella sin que en esta ocasión la princesa hiciera nada por separarse.- Os doy mi palabra.

 

         Serena guardó silencio mientras pensaba qué hacer, Endymión parecía sincero, después de todo, por muchos defectos que tuviera el de la hipocresía no parecía ser uno de ellos y, sinceramente, ella ya no sabía que hacer para recuperar su preciado tesoro sin recurrir a su magia. Así que decidió aceptar.

 

- ¿A qué hora?.- preguntó mientras se separaba de él.

 

- ¿Lo decís en serio?.- le brillaron los ojos al príncipe.

 

- Acaso tengo otra opción.- murmuró por lo bajo.

 

- Pues entonces... .- se rascó la cabeza.- ... ¿qué os parece después del almuerzo? Ahora tengo que ir a clase, ya voy demasiado retrasado como para encima faltar.

 

- Me parece bien. Os esperaré en la fuente que hay en el centro del jardín de rosas a las cuatro en punto.

 

**********************

 

- Por hoy es suficiente Amadeus, puedes marcharte a casa... en cuanto a vosotros dos.-dijo refiriéndose a Endymión y a Hiperión.- quiero os quedéis practicando media hora más.

 

- ¿Los movimientos?.-preguntó el príncipe de la Tierra a Euclides.

 

- No, luchad entre vosotros dos, os vendrá bien.- respondió mientras recogía sus cosas y se dirigía a palacio.

 

         A poca distancia Amadeus lo siguió sin apartar la vista de los dos príncipes.

 

- Qué raro, ya se va y ni siquiera son las una del mediodía.- comentó Hiperión.- ¿a donde crees que vaya?

 

- Calla y coge la espada.- le contestó Endymión con rudeza.

 

- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? Llevas con ese tonito de ofendido toda la mañana y, sinceramente, empiezo a cansarme ya.- dijo Hiperión con el ceño fruncido.

 

- No, si encima querrás que después de todo lo que has hecho sigamos como si nada hubiera pasado, ¿no?.-satirizó.

 

- ¡Pero qué dices! Yo no te he hecho nada.- protestó.

 

- Con que nada, ¿eh? Y qué me dices sobre la falsa noticia de tu compromiso con Usagi, ¿a qué vino esa mentira?

 

- ¿Falso?.-se hizo el despistado.- ¿De donde has sacado esa idea?

 

- No disimules conmigo Hiperión.- lo miró irritado.- Sé perfectamente que todo era una mentira, mi madre me lo contó y, aunque al principio no le creí, esta mañana me lo ha confirmado la misma Usagi.

 

- ¿Qué?.-se sorprendió.- Pero si fue ella la que me dijo que...

 

- No te atrevas a decir que fue idea suya porque no me lo trago.-cada vez estaba más molesto.- Usagi podrá ser muchas cosas pero no la creo capaz de tramar una idea tan descabellada digan lo que digan ( pensó en su madre ).

 

- No es eso lo que iba a decir pero sí, tienes razón en decir que fue idea mía.- le sostuvo la mirada.- Usagi quería que la ayudara a recuperar su anillo y pensé que la mejor forma de lograrlo sería fingir que estábamos prometidos para que te dieras cuenta de que no tenías ninguna posibilidad y la dejarás en paz... y de paso acercarme un poco más a ella.-suspiró.- La verdad, nunca me había resultado tan difícil conquistar a una chica y lo peor de todo es que creo que esta vez si es la definitiva.

 

         Un derechazo de Endymión se estrelló contra su rostro haciéndole caer al suelo.

 

- ¿Qué estás haciendo?.- preguntó Hiperión a su primo mientras se tocaba el labio ensangrentado.- Me has partido el labio.

 

- Levántate.- se limitó a decir Endymión.

 

- ¿Qué?

 

-¡Qué te levantes, maldita sea!.- exclamó muy agitado y furioso.- Vamos a arreglar esto aquí y ahora.

 

-¿Arreglar? ¡Pero si no hay nada que arreglar!.- se incorporó procurando guardar las distancias, no le apetecía para nada pelear con su primo.- Te comportas como si te la hubiera arrebatado cuando nunca fue tuya.

 

- No voy a discutir contigo Hiperión.- su voz sonaba calmada pero sus palabras eran amenazantes.- Te has enamorado un millón de veces y en todas y cada una de ellas has creído que era la definitiva, en cambio, yo solo he amado una vez, ¿me oyes?, una sola vez pero eso no te ha impedido no solo no apartarte sino además hacer todo lo que ha estado en tus manos para degradarme ante sus ojos.

 

- ¡Estás sacando las cosas de quicio Endymión! Yo no he....!!!!ahhh!!!!!.- recibió un nuevo puñetazo.- Está bien, si es lo que quieres lo tendrás.- concedió con extrema seriedad.

 

         Hiperión lanzó un puñetazo que desencadenó toda una serie de golpes en cadena por parte de su primo que él respondía en igual medida. Algunos cortesanos que pasaban por allí se quedaban extrañados de ver a sus príncipes peleando y gritándose el uno al otro, sobre todo teniendo en cuenta lo inseparables que habían sido desde pequeños. No obstante, ninguno de ellos se atrevía a ir a separarlos aunque hubo más de uno que fue en busca de Euclides para avisarle de lo que estaba ocurriendo en el área de prácticas. No fue necesario, tras cinco minutos de ardua discusión ambos jóvenes cayeron en el suelo espalda contra espalda respirando entrecortadamente.

 

- Lo.. lo siento... tenías razón en decir... que no te tuve en cuenta... .-habló Hiperión en primer lugar.- Solo pensé en como conquistarla.

 

- Bueno y yo siento.. .-se detuvo a pensar.-... la verdad no siento nada.- y comenzó a reírse.

 

- Pues no le veo la gracia.-se quejó.- no creo que vaya a estar muy atractivo con el labio partido.- Endymión echó una mirada a su primo y después dejó de reír.

 

- Debí hablar antes de golpear... pero estaba tan enfadado contigo que solo me apetecía darte una buena zurra.

 

- Je, parece mentira que siempre tengamos que arreglar nuestros problemas a puñetazo limpio... qué diría tía Calice si nos viera.- miró a su primo en extremo serio para luego estallar en carcajadas acompañado por él.

 

         Estuvieron así un buen rato, sentados en el suelo espalda contra espalda en silencio o riendo sin motivo. No importaba que ambos creyesen amar a la misma mujer ni lo que pudieran haber hecho, lo único que importaba era que eran primos y, por encima de eso, los mejores amigos de todo el mundo. La dejarían elegir libremente a ella sin más interrupciones por parte del otro y el que perdiera lo aceptaría sin recriminaciones ni enfados porque a eso se le llamaba amistad verdadera.

 

- De todas formas.- comentó Hiperión.- deberías devolverle su anillo, a donde crees que se va ir cuando lo hagas, ¿a la Luna?.-rió.

 

- Supongo que tienes razón.- estuvo de acuerdo.- Sabes, esta mañana en el bosque cuando la dejaste sola estuve hablando con ella, la he convencido para quedar estar tarde en el jardín de las rosas a las cuatro de la tarde a cambio de su anillo ¡Y sí, voy a devolvérselo!.- se apresuró a añadir al ver el gesto reprobatorio de su amigo.- Pero me preocupa que algo salga mal.

 

- ¡Eh! Qué te acabo de decir que no voy a volver a confabularme en tu contra.- protestó.- Pensaba que había quedado claro.

 

- No, no es eso. Verás, es que ayer mi madre me mandó llamar para hablarme de Usagi, se dio cuenta de que lo del compromiso era mentira y lo de la amnesia también.- Hiperión enarcó una ceja pero dejo continuar a su primo.- y piensa qué es peligrosa y qué está tramando algo, ni siquiera quiso...

 

- ¡Te lo dije!.- saltó Hiperión de repente.- Tanto estrés terminaría volviéndola loca.

 

- ¿Te recuerdo qué estás hablando de mi madre?.- le recriminó.

 

- Y de mi tía pero la verdad es la verdad.

 

- Ay.-suspiró.- En este caso tiene razón, Usagi me confesó que no tiene amnesia, que su verdadero nombre es Serena y que el anillo es realmente suyo... un anillo de compromiso.

 

- Serena... .-meditó Hiperión.- ... me gusta.

 

- ¡Pero bueno! ¿Es qué no me has oído?.-se sulfuró Endymión por la falta de seriedad de su primo.- Te acabo de decir que está comprometida de verdad, ¡¡¡con otro!!!

 

- Sí, ¿y qué?.-se encogió de hombros.- Mientras no esté casada aún tenemos oportunidades.

 

- Ah, cierto.

 

- Pero dejando ese tema de lado, ¿por qué crees que mintió?

 

- No lo sé, se negó a darme cualquier razón pero no creo que sea peligrosa ni que esté tramando algo, debe haber alguna otra razón.

 

- Estoy de acuerdo pero aún no me queda muy claro por qué temes que se estropee tu cita, ni Amadeus ni Áyax saben nada de ella, ¿qué podría pasar?

 

- Afortunadamente.-suspiró Endymión al pensar en sus rivales.- Pero lo que temo son las medidas que haya podido tomar mi madre al respecto, cómo dijiste antes es muy sospechoso que Euclides haya dado por concluidas las clases antes de tiempo, no es normal y sé que ha sido porque la reina lo ha mandado llamar.

 

         Hiperión guardó silencio unos minutos mientras reflexionaba sobre el asunto.

 

- Lo mejor es que averigüemos por nuestra cuenta la verdad sobre Usa... quiero decir Serena.- dijo mientras se rascaba la barbilla.- Vigilaré que nadie estropee está tarde tu cita y, después, nos pondremos manos a la obra, ¿de acuerdo?

 

- De acuerdo.

 

         Y cerraron el trato con un fuerte apretón de manos. Ninguno notó el par de ojos que había estado atento a toda su conversación poco después de que dejaran de pelearse.

 

********************

 

- ¿Y estás seguro de lo que oíste?.- preguntó Áyax a Amadeus.

 

- Sí, a las cuatro de la tarde en la fuente del jardín de rosas.

 

- Pues entonces, ahí estaremos.- sonrió.

 

A las cuatro de la tarde, en Marte

 

El planeta rojo ( como era llamado Marte en el sistema solar ) era una vasta extensión desértica de amplios valles y gigantescos volcanes. En algunas zonas del mismo existían pequeñas extensiones verdes que se habían formado gracias a las escasas precipitaciones que se producían de vez en cuando. Sin embargo, pese a la existencia de estos oasis los habitantes del planeta preferían vivir en el desierto y estos eran empleados por lo general para obtener agua( un bien muy escaso en Marte ) y para los cultivos.

 

         En el centro del valle Marineris, de más de 200 metros de profundidad, se erguía desafiante una amplia meseta sobre la que se había construido el palacio real de Marte cuya única vía de entrada era un estrecho puente que iba desde el borde del valle hasta la meseta. A unos quince metros de distancia del valle se encontraba el volcán Olympus, el más alto de Marte y que en la actualidad estaba inactivo, aunque a los marcianos tampoco les hubiera importado demasiado que no lo estuviera pues una gran barrera mágica protegía al palacio y a la ciudad que se levantaba a sus pies de posibles erupciones.

 

         Junto a la base del volcán la princesa de Marte había construido un refugio al que acudía cuando se adentraba para entrenar en el río de magma del interior de Olympus o, simplemente, cuando buscaba intimidad. Y era precisamente en este lugar en donde Rei había convocado a sus amigas para una reunión de emergencia.

 

- Y esa es la situación.- terminó de exponer Rei.- Serena no piensa volver por el momento.

 

- ¡Pero no puede hacer eso!.-se asustó Amy.- Es solo un anillo y permanecer en la Tierra puede ser muy peligroso.

 

- Eso díselo a ella.

 

- A lo mejor lo del anillo es solo una excusa.-intervino Mina con una gran sonrisa.- Tal vez no quiera volver porque se ha enamorado de un terrícola.

 

- No digas tonterías Minako.- la reprendió Rei.- Serena ya tiene a Arthur y, aunque no lo tuviera, nunca se enamoraría de un terrícola, todo el mundo sabe que son unos salvajes.

 

- ¿Y tú qué sabes?.- la retó la princesa de Venus.- ¿Acaso has estado allí? A lo mejor lo de que son unos salvajes solo es una historia que nos han contado para que no vayamos a la Tierra y volvamos a casa con un marido terrícola. Quien sabe, hasta puede que sean guapos y elegantes y unos caballeros y ...

 

- ¡Quieres pensar antes de hablar!.-la interrumpió la princesa de Marte hecha una furia.- Es imposible que eso ocurra porque aunque no fueran unos salvajes el único chico del que Serena me ha hablado es del príncipe de la Tierra y, desde luego, no ha sido precisamente para echarle flores.

 

- ¡Y qué más pruebas quieres!.- exclamó entusiasmada la rubia.- ¡Está claro que se ha enamorado de Endymión!

 

         Rei ni se digno a contestar.

 

- Chicas.- intervino Amy.- Creo que estamos olvidando lo importante, ¿qué vamos a hacer para traer de vuelta a Serena?

 

- No tengo ni idea.- reconoció Mina al mismo tiempo que se desplomaba totalmente decaída sobre un cómodo sofá de piel.- Como no la secuestremos.

 

- Y eso es exactamente lo que vamos a hacer.- dijo Rei.

 

- ¡¡¡Qué!!!.- exclamaron al unísono Amy y Mina.

 

- Lo que he dicho, vamos a ir a la Tierra todas juntas y la vamos a traer por la fuerza.

 

         Amy y Mina se quedaron calladas reflexionando sobre el asunto.

 

- Pensadlo bien.- continuo Rei.- Serena es una cabezota y no volverá por mucho que se lo pidamos por lo que la única opción que nos queda es ir a por ella... al menos que alguna esté dispuesta a hablar con la reina.- las oyentes pusieron cara de susto ante esta posibilidad.

 

- Pero... .- hablo Amy.- ... en ese caso no podríamos decirle nada a Serena y, sin su ayuda, no podríamos teletransportarnos hasta donde está sino que tendríamos que iniciar su búsqueda por nuestros propios medios a partir del lugar a donde Mina la envió por vez primera lo que implicaría que pasaríamos cierto tiempo en la Tierra( no demasiado, por supuesto ) y, por consiguiente, habría que estudiar algo de sus costumbres para pasar desapercibidas.

 

- No tenemos tiempo para eso.- la interrumpió Rei.- tendréis que conformaros con lo que me ha contado Serena y con estos vestidos que he conseguido.- se los enseñó.- Y bien, ¿qué decís?

 

- ¿Acaso tenemos otra alternativa?.-suspiró Amy a quien no le hacia ninguna gracia ir a la Tierra.- Serena nos necesita y no podemos fallarle.

 

- ¡Bien dicho Amy!.- la apoyó Minako con corazoncitos en los ojos.- Me muero de ganas por conocer a los chicos de la Tierra, ¡seguro que están buenísimos!

 

- Minako... .- la riñó Amy con dulzura.

 

- ¿Qué?.- se colocó una mano tras la cabeza.- Ya que vamos.

 

- Solo no hagas estupideces.- comentó Rei.- Por cierto, ¿alguna sabe por qué no ha venido Lita?

 

         Amy y Mina negaron con la cabeza.

 

- Entonces nos iremos sin ella.

 

- ¿No sería mejor esperarla?.- inquirió Mina.- Puede que solo se haya retrasado un poco.

 

- Ya os he dicho que no nos queda tiempo.- replicó Rei molesta por la insistencia.- Le dejaremos un mensaje en su intercomunicador y nos iremos ahora mismo.

 

-¡¿Ahora mismo?!.- se exaltó la princesa de Mercurio.

 

- Pues claro que sí, ¿para qué creéis sino que os he citado aquí? Todo el mundo sabe que no me gusta que me molesten en mi refugio y menos aún cuando tengo visita. Nos iremos ahora mismo y será mejor que para mañana a primera hora estemos de vuelta, ¿de acuerdo?

 

         Amy y Mina se dirigieron una rápida mirada y, después, asintieron con la cabeza. Rei les entregó los vestidos para que se cambiaran y, acto seguido, ( tras enviarle el mensaje a Lita ) juntaron las manos y se teletransportaron rumbo a la Tierra.

 

         En el mismo momento en que aparecieron en el bosque el comunicador de la scout de Júpiter comenzó a sonar indicando que el mensaje había llegado. Sin embargo, nadie lo oyó, aun lado del aparato la princesa de Júpiter yacía inconsciente en su forma de sailor.

 

Continuará...

 

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