Capítulo 14 :
Sospechas
La pequeña cabaña en la que Áyax y Beryl convivían con su abuela se encontraba lo suficientemente cerca de la ciudad de Ariano como para evitar la incomunicación y, a la vez, lo suficientemente lejos como para que sus inquilinos no fueran molestados. Esta era la principal razón por la que Beryl había decidido quedarse allí a estudiar el viejo libro que le había regalado su abuela, a permanecer en palacio a la vista de cualquiera lo suficientemente atrevido como para meterse en sus asuntos. Por lo general, no le estaba permitido abandonar el palacio debido a su condición de dama de compañía de la reina pero en esta ocasión se había hecho una excepción dado que tras regresar de su paseo con Endymión la reina le había informado de que se marcharía de viaje y que no necesitaría sus servicios durante ese tiempo.
El libro que estaba revisando sentada cómodamente frente a la chimenea de
su hogar era extremadamente grueso, estaba forrado con una piel que desconocía y
escrito con una tinta negra que tenía el olor de la sangre. Además, empleaba una
variedad muy antigua de su propia lengua que requería un esfuerzo extra por su
parte y abreviaba continuamente las palabras como si a la persona que lo hubiera
escrito le apremiara terminarlo cuanto antes mejor.
Pero a la joven nada de eso le importaba, era ambiciosa, deseaba el poder
que su abuela había manifestado para ellos en incontables ocasiones y aquel
libro constituía el primer paso para conseguirlo.
- Te veo muy entretenida.- la interrumpió
su hermano que, como siempre, se había acercado a ella sin que lo notara y eso
la irritaba profundamente, la hacía sentir que no controlaba la
situación.
- Estoy ocupada.- respondió con sequedad.-
¿No tienes otra cosa mejor que hacer que molestarme?
- Hoy no.- tomó asiento a su lado.- ¿Y la
abuela?
- No lo sé.
- Ha vuelto a desaparecer, ¿eh? Me pregunto
a donde irá cuando lo hace... ¿lo sabes tú?
Beryl no respondió, no lo sabía... al menos por
ahora.
- Amadeus me ha dicho que el rey y la reina
ya han vuelto de su viaje... solo tres días y así pretenden conservar su
reino... aunque claro, eso a mí me conviene, me facilita las cosas. Por cierto.-
cambió de tema como quien no quiere la cosa.- ¿Y Endymión?
- ¿Qué hay con él?.- inquirió la pelirroja
con desconfianza.
- Vamos, vamos, hermanita.- se inclinó
hacia ella.- no hace falta que finjas conmigo, sé que Endymión te gusta y que si
pudieras no dudarías ni un solo instante en compartir la cama con
él.
- Te equivocas hermanito, solo lo
utilizo para mis propios fines.
- Entonces... .- se recostó en el sofá
mientras cruzaba los brazos tras el cuello.- no te molestará saber que tu
querido príncipe Endymión anda cortejando a una chica, y esta vez parece que va
en serio, hasta se ha peleado con Hiperión.
- Eso no es posible.- contestó temblando de ira.- Yo me
encargué...
- ¿De eliminar a la competencia? Pues
parece que alguien se te escapó y no cualquiera, por cierto. Si te interesa mi
opinión, la chica es hermosa y educada... y atrevida, no me extraña que haya
llamado la atención de Endymión... ¿A donde vas?.- preguntó al verla recoger sus
cosas.
- Has dicho que la reina ha vuelto, ¿no?
Pues entonces será mejor que vuelva palacio, podría llamarme en cualquier
momento.- respondió intentando esconder su irritación.
- Como digas.- se burló de ella.- Pero si
te encuentras con la chica ten mucho cuidado.
- Gracias por tu preocupación, pero sé muy
bien como tratar a los estorbos.- dijo sarcástica.
- No me refería a
eso.
- A qué entonces.
- Olvídalo.
- No sé ni para que me molesto en
escucharte, solo dices estupideces.- le recriminó Beryl mientras salía de la
casa dando un portazo.
- Un día de estos el
estrés acabará con ella.- sonrió.- En fin, yo ya la avisé si luego tiene
problemas no quiero saber nada, tengo la sensación de que esta vez no lo será
tan fácil librarse del estorbo.
Tomó la daga que siempre llevaba
en la bota y se contempló en ella meditabundo mientras la imagen de la chica
invocando algún tipo de hechizo cruzaba por su mente.
-Eres diferente a las demás.- susurró.-
¿Por qué?
Hiperión estaba duchándose en el cuarto de baño de su habitación ahora
que el entrenamiento del día había finalizado. La verdad es que estaba
tremendamente agotado, durante los tres días que sus tíos habían estado fuera se
habían suspendido todas las clases, tanto las teóricas como las físicas, y se
había dedicado junto a su primo a cortejar a Usagi y a divertirse en otros
menesteres aunque se suponía que ambos debían estudiar y entrenar por su cuenta.
Como sabiendo que esto
sucedería Diocles los había forzado más allá de sus posibilidades para recuperar
los días perdidos. Y, por si fuera poco, el castigo solo había sido para su
primo y para él porque Euclides no había aparecido ( llevaba perdido desde que
regresaron del bosque con Usagi ) y Amadeus se había marchado al finalizar las
clases de matemáticas, historia y filosofía de las que se encargaban otros
profesores mucho más benévolos que Diocles quien se ocupaba de lo que era la
espada, el combate cuerpo a cuerpo, las técnicas de lucha, facultades mágicas y
similares.
Las clases teóricas se
daban durante las primeras horas de la mañana y eran todos los días las mismas,
en cambio, de las que se ocupaba Diocles ( que se daban durante el resto de la
mañana ) variaban con los días. Hoy, por ejemplo, habían pasado dos horas
practicando con sus habilidades mágicas razón por la cual Amadeus no había
asistido. El chico no poseía ninguna.
- Pero en fin.- salió el príncipe de la
ducha con su habitual expresión risueña.- la mañana ha terminado y aún me queda
el resto del día para pasarlo con Usagi.
Y, tremendamente feliz y sin
recordar que la última vez que vio a la joven esta se enfadó con él, terminó de
vestirse y salió de su habitación para buscarla. No obstante, fue abrir la
puerta de la habitación y encontrarse con la princesa quien le dedicó un
energético hola y lo empujó de nuevo hacia dentro cerrando la puerta tras
ella.
- Necesito que me ayudéis.- dijo la chica
sin darle tiempo a reaccionar.- Pero tenéis que prometerme que lo haréis sea lo
que sea y que no me haréis preguntas.
- Pero... pasa... hacéis... qué... .-
tartamudeó el príncipe de la sorpresa.
- Por favor, es importante para mí, no os
lo pediría sino lo fuera y aunque parezca increíble sois la única persona de por
aquí en quien confío.
- Qué hacéis en mi habitación.- logró
articular finalmente.
- Por favor.- suplicó la joven con ojitos
de cordero degollado.
- ¡Pero si no sé de qué estáis hablando!.-
protestó una vez recuperado de la sorpresa inicial.
- ¡Es que esa es la idea! Solo tenéis que
decir que sí.
- Pero como os voy a ayudar sin saber para
qué, además, qué pasa si me pedís que aniquile a alguien por vos.- se quejó el
chico.
- Por favor.- suplicó juntando ambas manos
y acentuando la intensidad de su mirada.- Os necesito.
- Pero si... oh bueno, está bien.- aceptó
al no poder soportar por más tiempo esa mirada desamparada.- Haber, que tengo
que hacer.
- ¡¡Gracias Hiperión!! Sois mi
salvador.
Y muy contenta Usagi abrazó al chico con todas sus fuerzas quien por
primera vez en su vida se puso colorado como un tomate.
- De nada, de nada.- la separó de
él.
- ¿Recordáis el anillo que tiene
Endymión?
- Endymión tiene muchos
anillos.
- Lo supongo pero al que yo me refiero
tiene una pequeña inscripción que dice “Serenity, mi
Serena”.
- ¡Ah, ese anillo!.- lo recordó.- ¿Qué pasa
con él?
- Necesito que me ayudéis a
recuperarlo.
- ¿Y eso?
- Prometisteis que no haríais preguntas.-
le recordó la joven con su mirada de niña buena.
- Tenía que intentarlo.- sonrió el
príncipe.- Pero decidme, no sería más sencillo pedírselo a Endymión, seguro que
os lo regala encantado.
- Ya lo hice, pero no me lo quiere
dar.
- En ese caso... supongo que acabo de
convertirme en cómplice de un robo.- suspiró.
- No era mi intención robarlo.- se
entristeció la chica.- pero él no me lo dará nunca y aunque no os lo pueda
explicar tengo buenas razones para quererlo.
- Usagi... .- se acercó a ella mientras la
tomaba de la cintura.- ... ya sabéis que jamás os negaría
nada.
Y, aprovechando el momento, se acercó a ella para besarla pero Usagi se
lo impidió colocando un dedo sobre sus labios.
- No hagáis algo de lo que luego podáis
arrepentiros, ni vos estáis realmente enamorado de mí ni yo lo estoy de vos.- le
habló con dulzura.
- ¿A no?.- la soltó el joven un poco
confundido.- ¿Entonces por qué en estos días no os habéis separado de
mí?.
- Pues está claro, porque sois el único
amigo que tengo aquí.- respondió la joven con su habitual despreocupación dando
por zanjada la confusión.- Mirad, para quitarle el anillo a Endymión
había pensado que primero averiguáis en donde lo tiene y después lo distraéis
para que yo pueda quitárselo sin que se dé cuenta. ¿A qué es un plan perfecto?.-
inquirió orgullosa de sí misma.
- Esto... bueno... .- titubeo Hiperión que
no se había enterado de nada.- ¿Qué decíais del plan?
- ¡¡¡No me habéis
escuchado!!!.-lloriqueo.
- Es que estaba distraído.- se
defendió.
- Bueno... .- se calmó.- decía que primero
averiguáis en donde tiene escondido el anillo y después lo distraéis para que
pueda quitárselo sin que se dé cuenta.
- ¿Ese es TODO el plan?.- le salió una gran
gota de sudor.
- Por supuesto... ¿a qué es
genial?
- En base está bien, pero cómo lo distraigo
si lleva el anillo encima.
- ....
- Y qué pasa si se da cuenta que alguien se
lo ha robado, nos meteremos en problemas y dado que sois la única que lo quiere
sabrá que habéis sido vos, no creo que os envíe a prisión dadas las
circunstancias pero averigua que se le pasa por la cabeza.
- ....
- Y luego está el hecho de que me quiera
decir en donde está el anillo considerando que me tiene por su rival en el
amor.
- .....
- Y eso sin tener en
cuenta....
- ¡Ya!.- lo cortó Usagi.- Os he entendido
perfectamente.- se dejó caer en la cama con gesto abatido.- Adiós a mi fabuloso
plan, ¿y ahora qué hago?
Hiperión se sentó a su lado a pensar en qué podrían hacer para recuperar
el anillo o, al menos, esa fue su intención inicial porque al final terminó
pensando en qué podría hacer para que Usagi se enamorara de él, ser amigos era
un buen paso pero... y entonces se le ocurrió.
- ¡Ya sé lo que podíamos hacer para que
recuperéis el anillo!.- la tomó de las manos.
- ¡En serio!.- se
entusiasmó la princesa.
- Sí mirad, aunque no me lo hayáis dicho
supongo que Endymión no os quiere devolver el anillo precisamente porque sabe
que lo queréis y lo está utilizando para intentar manteneros cerca de él y
conseguir que lo améis.
- ¡Es verdad!.- corroboró.- Pero cómo lo
sabéis.
- Uno que es listo pero en fin, lo
importante es que se me ha ocurrido que la mejor forma de que os lo devuelva es
que se convenza al cien por cien de que no lo amáis ni lo amareis nunca. En el
fondo Endymión es buena gente( no por nada es mi primo ) y en cuanto se vea sin
oportunidades os lo dará.
- ¡Pero es que no consigo que se enteré de
eso!.- protestó la chica.
- Porque no basta con decírselo, tenéis que
demostrárselo.
- ¿Cómo?.- preguntó
curiosa.
- Tenéis que fingir que sois mi
novia.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Qué!!!!!!!!!!!.- gritó la chica
dejando sordo a Hiperión.- ¡De eso ni hablar!
- ¿Por qué no? Es una idea brillante y será
solo hasta que tengáis el anillo, después hacemos como que rompemos y ya
está.
- Pero es que... tendríamos que... .- bajo
la mirada sonrojada.- ¿besarnos?
- Pero sería un beso de mentira, después de
todo solo somos amigos, ¿no? Qué podría pasar.
- Por pasar no pasaría nada pero es que...
.- lo traspasó con la mirada.- un beso es algo especial, es algo mágico, algo
que solo debes compartir con la persona a la que verdaderamente amas porque esa
magia, ese sentimiento de profunda unión, solo se produce cuando nace de dos
corazones hermanos, de dos almas gemelas... yo, no
podría...
- No te preocupes.- la interrumpió, sus
palabras lo hacían sentirse mal, la verdad, él nunca había sentido eso de lo que
hablaba.- Si no queréis no hace falta que nos besemos con que digamos que
estamos enamorados y nos abracemos de vez en cuando creo que será más que
suficiente.
- ¿Vos creéis?.-
dudó.
- Sin lugar a dudas.- respondió recobrando
su habitual actitud risueña.- Es más, creo que deberíamos empezar a ensayar, qué
tal un abracito...
- ¡Hiperión!.- rió la joven mientras se
dirigía a la puerta.
- Sí, ya sé, desde luego entre Endymión y
vos me vais a desgastar el nombre. Bueno, nos vamos a comer, tía Calice y tío
Etlio deben estar esperándonos.
Usagi asintió y juntos se dirigieron a la amplia sala que hacía las veces
de comedor.
- Ya deberían estar aquí.- comentó la reina
Calice a su marido mientras se apoyaba en su hombro.
- ¿Te encuentras bien?.- se preocupó
Etlio.- No tienes muy buena cara.
- Por supuesto que lo estoy.- se apartó de
él.- Pero no me gusta la impuntualidad.
- Solo son cinco minutos, además... ah!
Mira, por ahí vienen Hiperión y la joven, aunque.... ¿y
Endymión?
- ¡Ey!.- los interrumpió Hiperión
sonriente.- ¡Ya estamos aquí! Esta vez no te quejarás, eh tía, he llegado
puntual.
Calice lo fulminó con la mirada.
- Esto... quiero decir... buenas tardes tío
Etlio... .- saludó al rey.- ... tía Calice... .- hizo una
reverencia.
- Así está mejor Hiperión.- le sonrió la
reina.- Y ahora, nos presentaras a tu invitada.
- Por supuesto.- asintió mientras tomaba a
Usagi de la mano y la acercaba al
pequeño grupo.- Tía Calice, tío Etlio os presento a Usagi.
El rey y la reina la saludaron con un gesto de cabeza mientras la
princesa sonreía y hacía una ligera reverencia tal y como enseñaba el protocolo.
- Es un placer conoceros
majestades.
- El placer es nuestro Usagi.- respondió la
reina.- Pero ahora será mejor que entremos al salón, ya es la hora y adentro
podremos charlar más relajadamente.
- Tía Calice.- la llamó Hiperión.- ¿No
vamos a esperar a Endymión?
- No.- contestó la reina muy secamente
mientras entraba al salón seguida por el rey.- Tu primo conoce perfectamente las
normas de palacio.
Hiperión se encogió de hombros y le hizo un gesto a Usagi para que lo
siguiera hacia dentro de la habitación la cual pese a su reducido tamaño( en el
ala opuesta había otro comedor mucho más amplio reservado para las celebraciones
u otro tipo de actos ) carecía del llamado toque hogareño. En el centro de la
misma había una mesa de madera de roble rodeada de seis sillas, cuatro en los
laterales y una en cada extremo. Las paredes de piedra lucían hermosos tapices
con escenas de cacería y candelabros de plata que iluminaban la sala pues la luz
que penetraba por la única ventana que había era algo
escasa.
La reina se sentó en uno de los extremos de la mesa y el rey en el otro
mientras que Hiperión tomó asiento a la izquierda del rey y Usagi a la derecha
de la reina. En cuanto se hubieron sentado, los camareros entraron por una
pequeña puerta situada al fondo y trajeron el primer plato( sopa de zanahorias )
para posteriormente retirase discretamente a una esquina a la espera de servir
el resto del almuerzo y atender cualquier necesidad de los
comensales.
Cuando Usagi vio cual era el primer plato sintió que el estómago se le
revolvía, odiaba las zanahorias, era el único alimento que no podía probar sin
que le entraran ganas de vomitar pero por educación no dijo nada y tomó una
cucharada, y luego otra, intentando contener el gesto de repulsión pero con tan
mala suerte que todo el mundo se dio cuenta que la comida no le
gustaba.
- Usagi, no hace falta que os toméis la
sopa si no os gusta.- sonrió el rey comprensivo.- nadie lo
hace.
La princesa se puso roja como amapola al verse
descubierta.
- No tenéis porque preocuparos, peor es lo
que hace mi sobrino.- intentó tranquilizarla la reina mientras dirigía una
mirada furibunda a su sobrino que estaba volviendo a echar la sopa en la fuente
de sopa que los sirvientes habían dejado sobre la mesa. El aludido ni se
inmutó.
- Solo no quise ser descortés.- se disculpó
Usagi ya recuperada del bochorno.
- No lo habéis sido. Por cierto, hay algo
de que lo quería hablar con vos.
- Usted dirá alteza.- contestó
curiosa.
- Mi hijo me ha hablado de las
circunstancias que lo llevaron a traeros a palacio en nuestra ausencia, según él
sufrís de amnesia y no recordáis casi nada de vuestra vida excepto vuestro
nombre y alguna que otra cosa, sin embargo, también me ha dicho que en el tiempo
que lleváis aquí no habéis querido visitar a ningún
médico.
- Es que no veo en que me podrían ayudar y
la memoria seguro que la recupero con el tiempo.- respondió algo
nerviosa.
- Sí, en realidad yo también pienso igual.-
Usagi suspiró de alivio.- por eso he pensado que lo mejor sería iniciar la
búsqueda de vuestra familia.- Usagi se atragantó con el
agua.
- Cof, cof, cof.- tosió mientras Hiperión
le daba golpecitos en la espalda para que se le pasara.- Ya Hiperión, estoy
bien, solo me atraganté.
- Tened más cuidado, me asustasteis.- la
miró realmente preocupado pero para entonces Usagi había vuelto a centrar su
atención en la reina.
- Majestad, eso quiere decir que habéis
dado ordenes de buscar a mi familia.- preguntó temerosa.
- ¿Seguro que estáis bien?.- inquirió la
reina al ver su expresión de angustia.
- Sí, es que no me lo esperaba.-
susurró.
- No, en realidad aún no, pensaba hacerlo
después de hablar con vos... no parecéis muy feliz.
- ¡No, no es eso!.- se apresuró a añadir.-
Es que... .- titubeo sin saber que decir para salir del atolladero,
afortunadamente para ella el rey acudió en su auxilio.
- Calice, creo que no deberías agobiarla
tanto, va a terminar pensando que no nos agrada tenerla en
palacio.
La reina miró a su marido y después a Usagi quien avergonzada de todas
las mentiras que había dicho( su madre y Haruka siempre le decían que no estaba
bien mentir ) bajó la cabeza.
- Lo siento Usagi, no fue esa mi intención
en ningún momento, solo intentaba ayudar.- se disculpó la reina muy seria.
- Claro que sí Usagi.- se entrometió
Hiperión acercando su silla a la de ella y pasándole un brazo alrededor ante la
mirada de sorpresa de todos ( incluida Usagi ).- Lo que pasa es que tía Calice
tiene más ganas que yo de conocer a mis futuros suegros, ¿a qué sí
tía?
- ¡¿Qué?!.- gritaron de la impresión al
mismo tiempo la reina, el rey y Usagi.
- Pues eso, que Usagi y yo estamos
comprometidos desde esta mañana, le he pedido que sea mi esposa y ella ha
aceptado encantada.
- Es eso... cierto.- consiguió preguntar
Calice a Usagi.
- ¡¡¡Pues claro que no!!!.- respondió Usagi
muy indignada quien a estas alturas ya había olvidado el interrogatorio previo.-
Yo no le he dicho a Hiperión que vaya a casarme con él.
- ¡¡Pero si él acaba de confirmarlo!!.-
exclamó el rey muy confundido.
- Pero no es....
- Usagi, venid un momento que tenemos que
hablar.- la cortó Hiperión muy serio mientras la tomaba del brazo y la
arrastraba en contra de su voluntad afuera de la habitación.- En un momento
volvemos y os lo explicamos todo.- se adelantó a la pregunta de su tía antes de
cerrar la puerta del comedor.
- ¡¡¡Sé puedes saber que habéis hecho!!!.-
gritó la princesa más que enfadada.- ¿Por qué le habéis dicho a los reyes que
estamos comprometidos? ¡¡¡Eso no es cierto!!!
- Shhh... dejad de gritar que os van a
oír.- le colocó un dedo en los labios.
- Pues entonces ya podéis empezar a
explicaros.- replicó en voz baja.
- Vamos a ver, no habíamos quedado en que
nos haríamos pasar por novios para que Endymión se olvidará de
vos.
- Sí, pero...
- ¡¡Ea!! Pues ahí esta, no hay mejor forma
de convencer a Endymión que convencer antes a sus padres.
- Pero es que eso es muy serio.- protestó
la chica ahora más calmada.- Cuando Endymión me dé el anillo y me marche se
enfadaran muchísimo con nosotros por haberles mentido y lo pagaran con vos por
teneros más a mano.
- Eso no importa.- la tomó de las manos.-
sois mi amiga y haría cualquier cosa por veros feliz.
- ¿En serio?.- se conmovió la
princesa.
- ¡Por supuesto!.- afirmó
Hiperión.
Usagi se quedó mirándole un rato y después le dio un rápido beso en la
mejilla.
- Sois un encanto.- le sonrió con
ternura.
- ¿Eso es un sí?.- preguntó Hiperión
acercándosele sonriente.
- Mmmm.- hizo como si lo pensará.-
Nop.
- ¿No? ¿Cómo qué no?.- se
sorprendió.
- Pues que no.- lo tomó de la mano.- No me
parece buena idea, así que ahora vamos a entrar ahí y les vais a decir a
vuestros tíos que solo ha sido una broma.
- Siempre os salís con la vuestra, eh.-
suspiró Hiperión antes de entrar a la habitación.
- Ji, ji, ji... eso suele decir Haruka.- se
dijo para sí misma la princesa.
Y en ese momento llegó Endymión por una esquina y los vio entrar al
comedor tomados de la mano.
En el comedor( segundos después de que
salieran Hiperión y Usagi )
- No me lo puedo creer.- le decía el rey a
la reina.- Son muy jóvenes para comprometerse y, además, Hiperión debería
habernos dicho algo antes de pedírselo o haber esperado a conocerla un poco más
o...
- Etlio.- lo interrumpió la reina que ya se
había recuperado de la impresión, aunque para dar honor a la verdad nadie había
notado hasta que punto le había sorprendido.- ahora cuando vuelvan quiero que
les des tu consentimiento y que pase lo que pase no te muestres receloso ni
negativo a nada de lo que digan.
- Pero Calice...
- Por favor Etlio, solo hazlo, después te
lo explicaré todo.
- Calice... .- la miró a los ojos.- Bueno
está bien, haré lo que me pides.
- Muchas gracias querido,
yo...
En ese momento la puerta se abrió e hicieron su aparición los supuestos
comprometidos.
- Esperamos una explicación a vuestro
comportamiento.- exigió la reina una vez que ambos hubieron tomado asiento en
sus respectivos puestos.
- Je, je, tía, verás que esto te parece muy
gracioso... lo que pasa es que...
- Lo que pasa es que todo ha sido culpa
mía.- lo interrumpió Usagi antes de que terminara.
- ¿Qué?.- le susurró Hiperión extrañado.-
No habíamos quedado en que...
Usagi le pegó un pisotón y muy disimuladamente le indicó que mirase a la
puerta mientras ella encaraba a la reina y al rey. Endymión se encontraba allí
observando la escena tratando de pasar desapercibido.
- ¿Culpa vuestra?.- preguntó la reina
extrañada.- Fue mi sobrino quien os arrastró fuera de la habitación no
vos.
- Bueno sí... veréis alteza, es que en
realidad sí que es cierto que esta mañana Hiperión me pidió en matrimonio y yo
le dije que sí.
- Pues hace un momento parecíais igual de
sorprendida que nosotros.
- Es cierto, pero mi sorpresa se debía a
que entiendo que es demasiado pronto para comprometernos teniendo en cuenta que
apenas nos conocemos, que sufro de amnesia y que no sabéis nada de mí, además,
que no es correcto hacerlo sin el consentimiento de mis padres y el vuestro
majestad. Es por eso que le había pedido a Hiperión que guardará silencio hasta
que todo se solucionará... él no debería haber dicho nada... .- concluyó la
princesa intentando sonar convincente.
- Entiendo pero... y ese repentino
cambio.
- Hiperión... en el rato que hemos estado
hablando afuera me ha hecho entender que lo mejor era decíroslo
ya.
“¡¡¡Dios!!! Desde cuando me he vuelto una
mentirosa.... Endymión, mira lo que me obligas a
hacer”
- Estoy totalmente de acuerdo con mi
sobrino.- le sonrió la reina.- era lo mejor y también lo es el que por el
momento dejemos de hablar del tema, ya tendremos más oportunidades de comentarlo
en otra ocasión cuando todos estemos más tranquilos... .- todos respiraron
aliviados.- .... Endymión, puedes pasar, pero procura no llegar tarde la próxima
vez.- terminó de decir la reina sin dignarse a mirar a su
hijo.
- Madre.- bajó la cabeza algo avergonzado
al verse descubierto.
- ¿Por qué te has retrasado tanto, hijo?.-
preguntó el rey amablemente mientras el aludido tomaba asiento a su derecha (
justo enfrente de Hiperión ) y los camareros se acercaban para retirar los
platos y servir el segundo ante una indicación de la
reina.
- Estuve buscando a Usagi.- fulminó a
Hiperión con la mirada quien había aprovechado para estrechar una vez más a la
princesa entre sus brazos sin que esta pareciera muy incómoda por ello.- no
sabía que ya estaba aquí con mi primo.
- Sí, la verdad es que el jardín de rosas
de nuestro palacio es el más hermoso de todo el reino.- asintió la reina ante el
comentario de Usagi.- tan solo el de la villa de las delicias* puede que
le haga sombra, o al menos, eso deduzco por las descripciones del mismo...
¿conocéis el lugar?
- No.- negó Usagi.
Hiperión y Endymión la miraron extrañados.
- Debéis de ser de un lugar muy apartado
para ni siquiera haber oído hablar de él.- comentó la
reina.
Usagi se encogió de hombros y continuó comiéndose su helado de fresa y
chocolate mientras la reina le dirigía una fulminante mirada, Hiperión le
acariciaba el rostro con cariño, Endymión miraba hacia otro lado y Etlio los
observaba a todos sin entender por qué se estaban comportando así y, todo ello,
sin que Usagi se diera cuenta de nada, ni siquiera había notado la doble
intención escondida en todas las preguntas que la reina le había hecho después
de que viniera Endymión.
Cuando terminó de comerse su
helado, la princesa dirigió una mirada de súplica al camarero quien le sonrió y
le trajo su tercer helado, esta vez más grande que los anteriores.
- ¡¡Muchísimas gracias!!.- agradeció al
camarero mientras miraba el helado con ojos brillantes.
Etlio la miró nostálgico.
- Sabéis una cosa Usagi... vuestra forma de
ser me recuerda a alguien a quien conocí hace muchísimo
tiempo.
La princesa lo contempló sin entender pero al notar su tristeza le sonrió
para reconfórtalo, sonrisa que fue devuelta por el monarca.
- ¿A quien te refieres, Etlio?.- le
preguntó la reina a su marido con curiosidad.
- Al rey Helios.
Al escuchar ese nombre, la princesa se quedó
paralizada.
- ¿El rey Helios?
¿Quién era padre?.-
preguntó con curiosidad Endymión rompiendo por vez primera el mutismo en el que
había permanecido desde que había entrado a la sala.
- Bueno, él era... .- titubeo sin saber que
responder.
- Un viejo amigo de tu padre.- respondió la
reina dirigiendo una mirada desaprobadora a su marido.
“¿Un viejo amigo? No sabía que mi padre y
el rey Etlio se conocieran”
- Pero... ¿ y el apelativo de rey?.-
intervino Hiperión.- El tío ha dicho que era un rey y nosotros jamás hemos oído
hablar de él.
- Eso es porque en realidad no lo era... .-
se apresuró a añadir la reina quien no tenía ningunas ganas de que le hicieran
preguntas sobre el rey de la Luna.-... tu tío lo llamaba rey por un juego que se
traían entre manos y del que nunca quisieron hablar a nadie, ¿verdad Etlio?.-
improvisó la reina.
- Sí, claro, por supuesto.- respondió
nervioso.
- ¿Alguna pregunta más?.- inquirió la reina
mirando a su hijo y a su sobrino.- ¿No?, entonces...
- ¿Erais muy amigos?.- preguntó de repente
Usagi.
- ¿Qué?.- se sorprendió
Etlio.
- ¿Qué si erais muy amigos?.- repitió la
princesa.
- Bueno... .- miró a su esposa en busca de
ayuda.
- ...... .- la reina lo
ignoró.
- Supongo que podría decirse que
sí.
- ¿Y cómo era él?
- No.. no lo recuerdo muy bien.-
tartamudeo.
- Pero no que erais muy buenos amigos.-
protestó la joven con gesto infantil deseando saber más.
- Sí, pero...
- Eso fue hace mucho tiempo Usagi.-
intervino por fin Calice.- Etlio no lo recuerda del todo bien, de todas formas,
¿a qué se debe vuestra curiosidad?
- A nada en particular... es solo que
parecía muy triste cuando lo mencionó y sentí curiosidad.
- No te preocupes Usagi.- le sonrió el
rey.- es solo que por un momento me recordaste a él y, al hacerlo, recordé
también su muerte en la Tierra por... .- se detuvo al darse cuenta de que
estaba a punto de cometer un grave
error.- ... en fin, son cosas que pasan, a todos nos llega nuestra hora algún
día.
- Sí... .- afirmó la princesa algo
pensativa.
“¿Murió en la Tierra? No fue eso lo que me
contó mi madre.”
- ¿No vais a comeros el helado?.-
interrumpió de repente Hiperión el rumbo de sus
pensamientos.
- ¿Eh?¿El helado?¡¡Por supuesto que sí!!.-
se metió muy contenta una gran cucharada de helado en la boca.- Está demasiado
rico como para desperdiciarlo.
Una gran gota apareció en la frente de Hiperión mientras movía la cabeza
de un lado a otro y decía: si es que ya decía yo.
Después del almuerzo, en
el despacho del rey
- Me dirás ahora que es lo
que estás tramando.- se acercó el rey a su esposa.
- ¿Qué te ha parecido la
joven?.- se dejó abrazar.
- Tiene gestos algo infantiles y es un poco
inocente pero parece buena persona, además, que es hermosa, inteligente y
educada.
- Pues a mi no me
gusta.
- ¿No?.- se extrañó el rey.- ¿Por
qué?
- En primer lugar porque está mintiendo.-
se separó de su marido para sentarse en una butaca.- ella no sufre de
amnesia.
- Pero... ¿te das cuenta de lo que estás
diciendo? Además, para que iba a mentirnos.
- ¿Y tú para qué crees? La corona no es un
premio nada despreciable.
- ¿La corona?.- en eso Etlio recuerda el
encandilamiento de su hijo y de Hiperión por la joven.- Pero eso no explica
nada, cualquier joven de la nobleza puede ser cortejada por los príncipes
independientemente de sus motivaciones, no sería la primera que no lo hace por
amor.
- Tal vez no pertenezca a la nobleza.-
sugirió Calice.
- ¡Eso es imposible! Sus modales son
impecables.
- No tiene que pertenecer a la nobleza para
que lo sean... no sería la primera chica de la plebe a la que educan para cazar
a maridos que las saquen a ella y a su familia de la pobreza. Una vez que están
casadas ya no se puede hacer nada.
- Pero... pero... ¡no!.- se resistió el rey
mientras daba vueltas por la habitación.- Estoy seguro de que estás
equivocada, no puedo imaginarme a
Usagi como de ese tipo de mujeres, simplemente es algo impensable, seguramente
te has equivocado y no esté mintiendo.
- ¡Por supuesto que lo está haciendo!.- se
incorporó la reina una tanto molesta.- Y ya deja de defenderla y sé un poco más
objetivo.
- Tienes razón, lo siento.- se disculpó
compungido.
- De todas formas tienes razón en algo,
aunque esté mintiendo con respecto a su amnesia yo tampoco la creo capaz de
tramar un plan tan descabellado para conseguir marido.
- ¿Entonces?.- preguntó el rey que por
mucho que se esforzaba no entendía nada.
- Mira Etlio.- lo tomó de las manos.- la
razón por la que antes te pedí que le dieras la razón en todo era para
interrogarla sin que se diera cuenta y sacar mis propias conclusiones y la
verdad es que aunque al principio pensé que era una cazafortunas al final me he
convencido de que no lo es, pertenece a la nobleza, de eso no tengo ninguna
duda, y no está acostumbrada a mentir es por eso por lo que me di cuenta que lo
de la amnesia es falso y lo de su compromiso con Hiperión
también.
- ¡¿Qué?!.¿Lo del compromiso también?.- se
sorprendió.- Pero para que iba a querer una noble comportarse de esa
manera.
- Eso es lo que no entendía hasta que
mencionaste a Helios.
- ¿Helios?
- Sí, no notaste lo interesada que estaba
en el tema.
- Pero... eso no tiene nada que ver, ella
misma explicó la razón.
- Lo sé, pero no me convence del todo,
además que también tenías razón en lo de su parecido con él.- guardó silencio
durante unos instantes.- Lo que yo creo es que es familiar del rey Helios, una
hermana o una hija de la que no habíamos oído hablar y si estoy en lo cierto su
presencia en la Tierra no es casual y, por supuesto, tampoco es
legal.
- Calice.- se separó de ella.- Me estás
asustando... no querrás aprisionarla, ¿no?
- ¿Y qué? Es el justo castigo por infringir
las normas de la Tierra.- desafió al rey sin pestañear.- De todas formas antes
de tomar medidas me aseguraré de
que lo es, le pediré a Diocles que la vigile muy estrechamente y antes de que
transcurra una semana sabremos la verdad.
Valle de las delicias: Casa de alterne
conocida en todo el reino de la Tierra, ya sea porque se ha visitado o se ha
oído hablar de ella. A las jóvenes de buena cuna se les advierte desde que
tienen uso de razón de su objetivo y sus malas
artes.