CAPÍTULO 1 : VISITA A LA LUNA
Era hermosa. Este fue el primer pensamiento que pasó por la mente del rey de la Tierra cuando la
nave en la que viajaba se acercó a
la Luna. Durante las noches despejadas había observado aquel satélite pensando
en como era posible que aquella pequeña perla blanca fuera el eje alrededor del cual giraba el gran imperio del
Milenio de Plata. Decían que era debido a que poseía el Cristal de Plata,
fuente de un gran poder, rodeado de misterio. Todos conocían su existencia
pero nadie sabía de donde provenía y tan solo unos pocos lo habían visto.
Le hubiera gustado ser una de esas pocas personas pero comprendía que eso
no podía ser porque la Tierra no formaba parte del Milenio de Plata y, aunque
consiguiera entrar en la alianza durante la reunión a la que acudía, pasarían
décadas antes de que se le otorgara tal privilegio a un habitante del planeta
azul, como era conocida la Tierra en todo el sistema solar.
-
Mi rey, vamos a aterrizar.- interrumpió un sirviente el rumbo de sus pensamientos.
-
Bien.
El rey se acomodó en su asiento mientras esperaba impaciente
a que la nave aterrizara. Era un hombre atractivo, alto y musculoso, de ojos
verdes y cabello negro, sin embargo, era una persona de carácter débil por
lo que casi siempre acudía a las reuniones importantes acompañado por su esposa
Calice, su apoyo y sostén. No obstante, en esta ocasión iba solo a pesar de
encontrarse, tal vez, en uno de los momentos más trascendentales para la historia
de la Tierra; Calice estaba embarazada y su estado era delicado.
Una vez que la nave hubo aterrizado, el rey y su escolta
fueron recibidos por el soberano de la Luna, el rey Helios, y su esposa la
reina Serenity.
-
Bienvenido al reino de la Luna, rey Etlio.- saludó con su habitual jovialidad
el rey de la Luna.- Habéis llegado antes de lo previsto, los miembros del
consejo aún no han llegado.
-
Lo lamento majestad, pensé que sería mejor llegar un poco antes.-
respondió Etlio algo apenado.
-
¡No, no os preocupéis! No era mi intención incomodaros. En realidad ha sido
una buena idea así podréis conocer un poco el lugar. Y por favor, no me llaméis
majestad, llamadme Helios, nunca me han gustado las formalidades aunque...
mi esposa las considera imprescindibles.- esto último lo dijo mirando de reojo
a la reina mientras se pasaba alegremente la mano por su sedoso cabello rubio.
-
No discutiré nuevamente contigo sobre ese tema.- respondió Serenity con una
extraña expresión en su rostro que bien podría ser de enojo o de alegría.-
pero en algo tienes razón, no nos gustaría que se sintiera incómodo durante
su breve instancia por lo que una visita al palacio y sus alrededores me parece
conveniente, además, estoy segura que mi esposo estará encantado de ser vuestro
guía, ¿verdad?.-preguntó mientras le guiñaba
un ojo.
- Bueno... este... yo .- balbuceó algo sorprendido de la reacción de la reina.- Supongo que estará bien.
¿ Qué me decís Etlio?.- inquirió con alegría.
-
Sería todo un honor.
-
Entonces está decidido.- sonrió Serenity satisfecha.- Mi marido será vuestro
guía, mientras tanto, os rogaría que me disculparais, he de atender otros
asuntos.
La reina hizo una ligera reverencia y se retiró siendo observada
por el rey de la Tierra muy seriamente.
-
No os preocupéis, no está molesta.- comentó Helios.
-
¿Qué?
-
Que no está molesta es solo que hoy tiene lugar la prueba que decidirá que
cuatro chicas serán las futuras outer scouts y está algo
nerviosa. Las sailors son muy importantes para nuestro reino y por
ello la prueba lo es también.
-
Entiendo.
-
¿Os gustaría presenciarla?
-
¿Es eso posible?.-preguntó emocionado, seguramente era algo que no se veía
todos los días.
-
Seguidme.- fue la simple respuesta del soberano de la Luna.
Ambos hombres se dirigieron al lugar en donde tendría lugar la prueba. Se trataba de
un pequeño claro en el bosque que estaba al norte de palacio. El rey Helios
se adelantó unos cuantos pasos y le
dijo algo a la reina que ya se encontraba allí junto con cuatro mujeres más.
Después volvió al lado de su invitado.
-
¿Hay algún problema?.-preguntó algo temeroso.
-
Oh no, es solo que normalmente no se permite que nadie ajeno a la Luna asista
a la elección así que tendremos que
quedarnos aquí, no podemos acercarnos más.
Etlio asintió y después concentró su atención en el espectáculo.
Una de las mujeres que acompañaba a la reina hizo una señal
y, a continuación, tres jóvenes se acercaron y se inclinaron para saludar. Una de ellas, de cabello azul,
ojos verdes y algo bajita se adelantó unos pasos y entró en un círculo que
había sido trazado con unas pequeñas piedras de color verde que parecían esmeraldas.
La chica, que lucía muy feliz, se sentó en el suelo y cerró los ojos.
-
¿Qué es lo que ocurre?.- susurró el rey de la Tierra a su anfitrión.
-
Se va a elegir de entre esas tres chicas a la futura Sailor Neptuno.
-
Parecen muy jóvenes, ¿no?. No creo que ninguna tenga más de diez años.
-
En realidad tienen ocho. Las elegidas comienzan a entrenar a esa edad. Las
tres han sido escogidas por la actual Sailor Neptuno, la mujer que dio la
señal de entrada.
Etlio observó durante unos instantes a las mujeres que acompañaban a la reina. Sailor Neptuno tenía el cabello de un intenso color azulado, le llegaba por debajo de la cintura y lo traía recogido en una trenza. A su lado había una chica rubia algo más alta que su compañera.
“Sailor Urano”.- le susurró Helios al ver que la observaba.
Las otras dos estaban ocultas por las sombras( pues estaba anocheciendo ) y no distinguía bien sus rostros.
- Las tres chicas han sido escogidas como candidatas porque poseen ciertas cualidades mágicas que las hace aptas para el puesto.- continuó explicando el soberano de la Luna al apreciar el interés de su invitado.- Una de ellas es la princesa de Neptuno, bastante extraño.- comentó en un susurro.
-
¿Extraño? ¿Por qué?
- Porque hace más de cinco milenios que no se daba la posibilidad de que alguien de la realeza de Neptuno pudiera llegar a ocupar el puesto de Sailor. Sus padres no están muy contentos.- sonrió discretamente.- aunque los entiendo, a mí tampoco me gustaría que una hija mía naciera para ser una sailor, sin embargo, mi esposa difiere en ese tema, ella lo considera un honor.- suspiró algo triste.-Hay tantas cosas en las que no estamos de acuerdo.- una gran sonrisa apareció de pronto en su rostro.- Aún así nos queremos mucho.
Etlio miró a su anfitrión algo perplejo. Era un hombre muy raro pero le simpatizaba y, eso, que acababa de conocerlo.
- Cada una de esas chicas será sometida a la misma prueba, que en el caso de Neptuno consiste en ser capaz de averiguar cual de las esmeraldas que forman el círculo es en realidad el místico espejo de Neptuno. Después se le harán algunas preguntas. Puede que alguna de ellas sea la persona que buscamos o puede que no.
- ¿ Por qué puede que no se elija a ninguna? Se supone que la mejor es la que se escoge.
-
No, no es así.-sonríe.- Puede que no me haya explicado bien. No buscamos a
una persona que pueda convertirse en sailor buscamos a la sailor en sí.
-
No entiendo.- el rey se veía aún más confundido que al principio.
-
No se preocupe, no es algo fácil de comprender.- se mostró
comprensivo.- Digamos que la persona que en el futuro debe convertirse
en sailor es elegida por los dioses aún antes de su nacimiento. Estas poseen
habilidades y conocimientos que solo despiertan cuando es el momento oportuno.
Nosotros nos adelantamos a ese momento, las buscamos y las entrenamos para
que desarrollen sus poderes antes de lo previsto. ¡Ah, mire! Parece que ya
ha escogido uno.
Efectivamente, tras meditarlo un poco, la chica se acercó a una de las gemas y colocó a su lado un pequeño broche. Después salió del círculo y fue el turno de sus compañeras que la imitaron. La tercera de ellas señaló la misma piedra que la segunda: la princesa de Neptuno.
Sailor Neptuno se acercó al círculo y cogió una de las esmeraldas, que a su contacto se transformó en el espejo sagrado. Las dos últimas chicas habían acertado, la primera quedó descalificada.
- Lo habéis hecho muy bien.- se dirigió Neptuno a ambas jóvenes con una ligera sonrisa.- Erisa, acércate.-ordenó.
La chica obedeció.
-
Sólo haré una pregunta, primero responderás tú y después será el turno de
Michiru, ¿entendido?
- Sí.- respondieron las dos.
-Bien.- guardó silencio durante unos instantes, tomó aire y habló casi en susurros.- ¿Qué sentisteis cuando tocasteis la piedra adecuada?
- Bueno... yo.- balbuceó Erisa algo dudosa.- sentí que emanaba energía extraña.
- ¿Y tú Michiru?
Michiru bajo la mirada, dejando que los bucles de su cabello
verde agua le taparan parcialmente el rostro y, después, abrió los ojos y
con seguridad dijo: “El mar, sentí como el mar me llamaba”
Sailor Neptuno la miró sorprendida, la joven princesa sería su sucesora, había respondido adecuadamente solo que jamás pensó que una niña de ocho años, pese a ser quien era, pudiera dar una respuesta tan certera sin que sus poderes de sailor hubieran despertado aún. ¿O lo habrían hecho ya? Imposible.
La reina al ver la expresión en el rostro de su sailor comprendió inmediatamente quien era la elegida así, que dirigiéndose a la pequeña Michiru, le dijo que se acercará a ella a la espera de que se eligiera al resto de las sailors. La niña, muy contenta, obedeció mientras le dirigía una suspicaz mirada a una de las jóvenes que se adelantaron a la señal de Sailor Urano. Esta era muy alta, tenía el pelo rubio ceniza y unos hermosos ojos de color azul pero parecía algo molesta con el vestido que le habían hecho ponerse.
La prueba a la que las candidatas a ser Sailor Urano debían someterse era idéntica a la anterior solo que las piedras eran topacios y lo que debían encontrar era la que correspondía a la espada sagrada.
Una a una las jóvenes fueron señalando la gema que creían
era la espada pero cuando fue el turno de Haruka, harta ya de la espera, se
acercó a una de las piedras más pequeñas( nadie la había escogido ), la agarró
y, con determinación, se dirigió hacia donde estaba la reina Serenity mientras le sonreía picaronamente
a Michiru. Sin embargo, su sonrisa duró poco al ver la expresión del rostro
de Sailor Urano. Estaba muy enfadada.
- ¡Haruka! Se puede saber que estas haciendo.
- Ir con la reina.- respondió secamente.
- Haruka.- comenzó la sailor intentando calmarse.- no puedes ir hasta que no se determine si eres o no una sailor.
- ¡Pero es que lo soy!.- protestó muy molesta.
-
No discutiré contigo, dame la piedra.
-
¡No!
Urano se enfadó mucho ante esta contestación pero antes
de que pudiera ir a darle un escarmiento a la pequeña rebelde la reina se
interpuso.
-
Espera Urano.- habló con autoridad.- Todos sabemos que cuando se trata de
las sailors no todo es como parece, ni todo ocurre como esperamos.
- Lo sé mi reina.- contestó más tranquila.-Pero Haruka es muy desobediente.
- Más tarde trataremos ese asunto.- respondió con una sonrisa.-Lo que nos ha traído hasta aquí esta noche es otra cosa. Dime pequeña, ¿por qué no le quieres dar la piedra a Urano?
- Porque es mía, es mi espada.
Y ante la sorpresa de los presentes el signo de Urano brilló en la frente de Haruka y la piedra se transformó en la espada sagrada.
-
¿Qué ocurre?.-preguntó el rey de la Tierra.
-
No esperábamos que pudiera ocurrir algo semejante.- respondió el aludido de
forma tajante por lo que Etlio prefirió no insistir.- Será mejor que nos vayamos,
los miembros del consejo ya deben haber llegado.
Una
hora después...
El rey Etlio se encontraba en una pequeña habitación de palacio a la espera de ser convocado a la asamblea. Hacía media hora que el rey de la Luna había entrado a dialogar con el resto de los regentes del sistema solar mientras él se quedaba allí.
El cuarto era pequeño pero lujoso. Tenía un gran ventanal que daba al jardín de palacio y dos puertas dobles, una para entrar en la habitación y otra que daba al lugar en donde se celebraban las reuniones. Parecían ser de plata y tenían talladas pequeñas figuras que representaban a hermosos pegasos. En el centro había una mesa de cristal rodeada de sillones de terciopelo azul.
Aburrido de esperar se acercó al ventanal justo en el momento en que la puerta se abría y aparecía el rey Helios.
-
Seguidme, rey Etlio.- exigió con indiferencia aunque la expresión de su rostro
decía lo contrario.
Obedeciendo, el rey Etlio siguió a su anfitrión hasta la
sala en donde el resto del consejo le esperaba. En el centro de la misma había
grabada, en el suelo, una hermosa estrella de diez puntas cada una de las
cuales adoptaba la forma de un símbolo, todas menos una, aquella que representaba
a la Tierra.
Helios le indicó a su invitado que se sentara en una de
las diez sillas( en aquella que estaba justamente delante de la punta sin
signo ) que rodeaban a la estrella mientras él ocupaba la suya.
-
El asunto que nos ha traído hasta aquí.- comenzó el rey Helios.- es tratar
el tema referente a la incorporación de la Tierra al Milenio de Plata. La
petición ha sido hecha pero antes de tomar una decisión deseamos que su majestad
nos responda algunas cuestiones.
-
Por supuesto.- se apresuró a responder el aludido.
-
En ese caso... .- tomó la palabra el rey de Urano, Atlante.- podrías explicarnos
porqué desea la Tierra incorporarse a la alianza precisamente ahora.
-
Bueno, en algún momento debía ser, al fin y al cabo es el único planeta del
sistema solar que aún no forma parte de ella y una alianza siempre es beneficiosa
para ambas partes.
- No dudo que la Tierra salga beneficiada con ella.- continuó Atlante.- lo que no veo claro es que puede ofrecernos ella a nosotros.
- Nuestro apoyo, nuestra fuerza en batalla.
- No la necesitamos.- interrumpió Hades, soberano de Saturno, mientras sonreía sarcásticamente.
- Bueno... .- titubeó Etlio no sabiendo que contestar.- supongo que no es menos de lo que cualquier otro pudo ofrecer en su momento.
-
No deberíais hablar sin conocer los hechos antes.- lo acusó Hermes, rey de
Mercurio.- En su momento cada uno de nosotros aportó algo de utilidad a la
alianza, sin embargo, no creo que eso importe ahora, no somos rufianes, no
rechazaremos a nadie solo porque no tenga nada que ofrecer, lo que
de verdad nos preocupa es el hecho de que durante siglos la
Tierra nos haya ignorado, nos haya olvidado.
- Durante siglos.-prosiguió Hades levantándose de su trono.- la Tierra ha vivido aislada, sus habitantes no conocen nada acerca del Milenio de Plata y los que han oído hablar de él piensan que se trata de un mito.- a medida que hablaba el tono de su voz subía.- ni siquiera han oído hablar de las sailor scouts, el orgullo de nuestro ejército, y los que lo han hecho las consideran una farsa.- su voz sonó dura.- Y ahora, justo ahora, a pesar de que su pueblo sigue en la ignorancia, su rey viene a pedirnos ayuda y yo me preguntó, ¿por qué?.
- Reconozco que todo lo que se ha dicho es cierto.- se defendió Etlio.- pero no soy culpable de los errores de mis antepasados que os rechazaron e hicieron lo imposible porque la gente se olvidara de vosotros. Sólo los miembros de la realeza conocían vuestra existencia, un conocimiento que se transmitía para que no olvidáramos porque no debíamos mantener contacto pero yo sé que todo fue un error y deseo enmendarlo, deseo formar parte del Milenio de Plata. En cuanto a la gente, solo es cuestión de tiempo que lo conozca y acepte.
- Bonitas palabras.- se mofó Atlante.-En realidad.-prosiguió con veneno en su voz.- yo pensaba que todo vuestro interés se debía a esa profecía que pronostica el fin de la Tierra.
-
¡Atlante!.- lo interrumpió Tritón, soberano de Neptuno.- no creo que debamos
tener en cuenta una estúpida leyenda para tomar nuestra decisión, el mundo
está lleno de ellas.
- ¿De verdad?.- respondió Atlante colocándose al lado de Hades.- Pienso que en este caso deberíamos hacerlo, sobre todo, ante una de tal magnitud que podría llevarnos a la destrucción a todos.
- Las leyendas son solo leyendas.- intervino Adonis, soberano de Venus, mientras se levantaba él también e intentaba que Hades y Atlante volvieran a sus asientos.
- ¡Ya basta!.- exclamó el rey Helios buscando un poco de calma.- Así no llegaremos a ningún lado. Os recuerdo que esta asamblea es para aprobar o no la integración de la Tierra a la alianza no para discutir sobre la verdad que puede haber encerrada en una leyenda.- al decir esto miró con dureza a los tres hombres que se habían levantado los cuales se sentaron inmediatamente.- Bueno, sino hay más preguntas le cederé el turno al rey Etlio. ¿Deseas decir algo más?
-
No... creo que no.- respondió con la moral un poco baja.
-
Bien, entonces votaremos, os recuerdo que la decisión debe ser unánime. Adonis.
- Sí.
- Ares.
- Sí.
- Zeus.
- Sí.
-
Tritón.
- Sí.
- Hermes.
- Sí.
- Atlante.
- ... Sí.
-
Hades.
Etlio palideció, si Hades votaba no todos sus esfuerzos
habrían sido en vano, sin embargo, un milagro quiso que el rey de Saturno respondiera
sí.
El soberano de la Tierra suspiró aliviado, demasiado pronto
tal vez, porque el último de ellos, Cronos, rey de Plutón, se levantó de repente
y antes de que Helios pudiera nombrarlo gritó un enérgico no y salió
de la sala ante la atenta mirada de los presentes que no esperaban
tal reacción.
Etlio agachó la cabeza tristemente, había perdido.
Dos
horas después....
-
¿Te preocupa algo?.- se acercó la
reina Serenity a su esposo que estaba en
el balcón de la alcoba real.
-
Hace un rato que el rey de la Tierra partió de regreso a su planeta.
-
Lo sé y también sé que fue lo que ocurrió en la asamblea. Cronos, ¿no?
Helios se giró y le sonrió tristemente.
-
No se te escapa ni una, ¿no?.
-
Por algo soy quien mejor te conoce.
-
Lo sé.- suspiró.- Desde el instante en que conocí a Etlio supe que la Tierra
no entraría a formar parte del Milenio de Plata. Son demasiados los perjuicios
que algunos tienen en su contra, sobre todo Hades y Atlante, y el rey no parecía
muy...
-
¿Seguro de sí mismo?
- Sí... Intenté ayudarlo, me caía bien y sentí que era un hombre de corazón puro pero...
-
Pero... .- lo alentó a proseguir la reina mientras se abrazaba
a él.
-
Pero jamás esperé que Hades y Atlante lo apoyaran después de la forma en que
lo atacaron y que fuera precisamente Cronos el
que se negara. Pensaba que opinaba igual que yo, no entiendo que ha
pasado.
-
Tal vez vio algo en el futuro que lo preocupó, recuerda quien es.
-
Lo sé... eso es lo que me asusta.