CAPÍTULO 2 : EL NACIMIENTO DE UNA CONSPIRACIÓN

 

            Etlio se paseaba de un lado a otro de la pequeña habitación a la espera de noticias. Tenía el rostro blanco y su mirada parecía perdida en la nada. Ya ni siquiera recordaba el tiempo que llevaba allí con esa sensación de impotencia creciendo en su corazón.

            ¿Media hora, una hora, dos horas...? Quién sabe. Se había pasado todo el camino de vuelta a la Tierra pensando en como comunicaría a sus  súbditos y sobre todo a su esposa que había fracasado, que la Tierra no entraría a formar parte del Milenio de Plata, que todos sus esfuerzos habían sido en vano pero, cuando aterrizó, se encontró con la sorpresa de que Calice estaba dando a luz y que el parto tenía complicaciones. Inmediatamente todas las preocupaciones anteriores desaparecieron y lo único que le importó a partir de entonces fue su mujer.

            Una de las comadronas que había estado atendiendo a su esposa salió de la alcoba real y se le acercó con una amplia sonrisa en el rostro.

- Enhorabuena mi rey, ha tenido usted un precioso varón.- dijo mientras le acercaba a un bebe de pelo oscuro envuelto en una manta.

            El rey contempló durante unos segundos al pequeño mientras los latidos de su corazón se aceleraban. Su rostro reflejaba una inmensa felicidad.

- ¿Y la reina?.- preguntó en un susurro mientras tomaba al bebe entre sus brazos.

- Está descansando mi rey. El parto ha sido duro y está agotada.

- ¿Puedo verla? Aunque solo sea un instante.

- Por supuesto mi rey, os está esperando.

            El rey le entregó a la comadrona a su hijo para después dirigirse a la alcoba real. Cuando entró las mujeres que habían atendido a Calice se inclinaron levemente y se retiraron cerrando tras de sí la puerta. Etlio se acercó a la cama y se sentó a un lado de su esposa al mismo tiempo que le tomaba la mano. Al hacerlo, Calice se giró y lo miró muy fijamente durante un instante para después lanzarse a sus brazos con los ojos llenos de lágrimas.

- ¿Te ocurre algo? .- inquirió el rey muy preocupado al verla llorando.- Hemos tenido un hermoso hijo, deberías estar feliz.

- Y lo estoy.- respondió  la joven entre sollozos.- es solo que..

- ¿Qué?

- Yo.... nuestro hijo... él....

- Él, ¿qué?.- insistió con suavidad.

- Él... .- suspiró.- Olvídalo, no es nada, solo estoy cansada. Dime ¿ cómo te fue la negociación en la Luna?.-cambió de tema.

- Calice ahora no es el momento de hablar de eso.- respondió el rey algo nervioso.- Acabas de dar a luz y no te encuentras bien.

- Fue un fracaso, ¿verdad?.- preguntó mientras se separaba de su marido, quien bajo la mirada avergonzado.- ¿Qué ocurrió?

- El soberano de Plutón se negó a que la Tierra entrara a formar parte del Milenio de Plata lo cual es extraño porque  fue el único que se mantuvo en silencio y que no presentó ningún argumento en contra.

- ¿Y el rey Helios?

- Creo que en el  fondo era el único que deseaba de corazón que se aceptara mi petición.

- ¿Y el resto?

- La mayoría tenía muchos prejuicios, no entienden porque la Tierra quiere entrar a formar parte de la alianza justo ahora, cuando siempre se ha mantenido al margen.

- Entiendo, supongo que saben lo de la profecía.

- ¡¡Sí, la maldita profecía, una estúpida leyenda que solo nos causa problemas!!.- exclamó exasperado mientras se levantaba de la cama.

- No es solo una leyenda.- murmuró la reina en un tono de voz tan baja que el rey no la oyó.- Tal vez... ¡Etlio! Ya sé lo que podemos hacer para mostrarle al consejo nuestras buenas intenciones. Debemos invitarlos a conocer la Tierra.

- No querrán venir.

- No... pero vendrán si les invitamos a la fiesta de celebración del nacimiento de nuestro hijo. No podrán negarse.

- Es cierto... ¡Es una maravillosa idea!.- exclamó mientras abrazaba a su esposa.

- Lo sé.-sonrió con expresión triste.- solo espero que el destino no esté en nuestra contra.

 

**********************

            Haruka corría por las devastadas llanuras de Urano, una especie de Sahara gélido, en donde las tormentas de arena llegaban a alcanzar velocidades impresionantes. Sin embargo, a ella le gustaban, cuando el viento soplaba se sentía feliz, se sentía en casa todo lo contrario a la pequeña Michiru que la seguía con evidente fastidio. La arena se le estaba metiendo entre la ropa y comenzaba a picarle demasiado.

- ¡¡Haruka!!.- gritó con todas sus fuerzas mientras se detenía en seco.- ¡Para ya, estoy cansada de estar aquí!

            Haruka se detuvo y se acercó a su compañera con expresión burlona.

- ¿No decías que querías conocer Urano antes de que llegaran las demás?

- Tu lo has dicho.- respondió al mismo tiempo que se quitaba un poco de arena del pelo.- Conocer Urano, no pasarme media hora corriendo detrás de ti por un desierto frío y vacío.

            Haruka la miró durante un instante sin que su rostro mostrara expresión alguna y, después, sonrió y se sentó en la arena con las piernas cruzadas.

- Si yo te pidiera que me enseñaras Neptuno en apenas una hora, ¿qué harías?

- Pues... .- meditó unos segundos.- Te llevaría al mar y te mostraría su belleza. Sus peces, sus arrecifes, el movimiento de las olas...

- Pues eso he hecho yo.

- ¿Tú? .- inquirió enojada.- ¡Pero si lo único que me has enseñado ha sido un desierto lleno de arena incordiante!

- ¡Eso no es cierto!.- gritó Haruka enfadada.- Tu querías conocer Urano y yo te lo he mostrado.

- ¿Quieres decir que no hay nada más que ver?.- preguntó con decepción.

- Exacto.

- Pero... pero... ¡cómo puedes vivir en un lugar tan horrible!

- ¡No es horrible!.- protestó Haruka mientras se levantaba.

- Bien, pues entonces... demuéstramelo.- la retó Michiru tranquilamente.

- ¡Cómo quieras! Pero tendrás que hacer lo que te diga.

- De acuerdo.

- Siéntate en la arena con las piernas cruzadas, coge mis manos y, después, cierra los ojos.

- ¿Sentarme? ¿Para qué?

- ¡Solo hazlo!

- Vuelve a gritarme y no volveré a ayudarte a escapar de esas aburridas clases de protocolo.- amenazó mientras se sentaba con altivez.

- Como si a ti te gustasen.- bufó Haruka pero Michiru la ignoró.

- ¿Y ahora?

- Solo escucha y siente.

- Uff... está bien.

            “Vamos a ver, quiere que escuche y sienta. ¿Sienta? Sienta el qué...” Se preguntó internamente Michiru. “¿Mi cuerpo congelado por el frío? ¿La molesta arena en mi ropa? ¿El aullido del viento?”

            Las manos de Haruka comenzaron a brillar levemente.

            “El aullido del viento. Lo cierto es que transmite fuerza, poder, magnanimidad, es como el mensajero de que lo que se avecina después, una fuerza invisible, inquebrantable, capaz de destruir todo a su paso...”

            Una luz amarillenta cubría completamente a Haruka y comenzaba a extenderse hacia Michiru.

            “Pero también capaz de hacerte sentir viva, hacer bailar tu cabello al son de una música especial, de acariciar tu mejilla con suavidad haciéndote estremecer. El viento puede ser tu peor enemigo o tu amante, es algo único y hermoso... como el mar, que siempre baila a su son haciéndole compañía.”

            Michiru abrió los ojos lentamente sintiendo palpitar su corazón al haber comprendido las palabras de Haruka cuyas manos soltó ante su expectante mirada.

- ¿Y bien?

- Bien, ¿qué?.- preguntó con calma.

- ¡¿Cómo que qué?! Pues si sigues pensando que Urano es horrible.- los ojos azules de Haruka brillaban de emoción esperando una respuesta.

            Michiru guardó silencio crispando los nervios de su amiga.

- ¡¡¡Michiru!!!.- gritó con todas sus fuerzas.

- Me gustan tus ojos.

- ¿Qué? .- preguntó desconcertada.

- Que me gustan tus ojos.- volvió a repetir mientras se incorporaba y echaba un vistazo al horizonte.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Nada, tan solo que me gustan. Mira, por ahí vienen Hotaru y Setsuna, vamos con ellas.

            Y Michiru se fue en busca de sus nuevas compañeras dejando a una Haruka desconcertada y malhumorada porque se habían salido con la suya y ella se había quedado sin su respuesta.

Una hora después....

            Las cuatro futuras outer scouts se encontraban recorriendo el palacio de Urano que Haruka se había ofrecido a mostrarles amablemente ( no sin antes tener que soportar quince minutos de la más severa, cruel  y avergonzante regañina sufrida en toda su corta vida - y eso que el promedio era de tres al día - por parte de una indignada Michiru ) mientras esperaban a que estuviera lista la nave que las llevaría de regreso a la Luna para comenzar su entrenamiento como Sailors.

            La tradición era que las candidatas a ser sailors scouts fueran a la Luna a la edad de  ocho años para pasar las pruebas que determinarían si había alguna adecuada para tal puesto. Después, se quedaban allí para comenzar el entrenamiento. Sin embargo, en esta ocasión las sucesoras al puesto habían resultado ser las respectivas herederas a los tronos de Saturno, Urano, Neptuno y Plutón por lo que se había hecho una excepción y se les había permitido regresar a su planeta natal durante una semana para despedirse de sus familiares.

            En realidad, la decisión de que esto se permitiera había sido tomada por la reina Serenity ante la presión ejercida por Tritón que era muy reacio a que su única hija fuera entrenada como sailor todo lo contrario al resto de los reyes. En el caso de Cronos y Hades era porque desde siempre las únicas personas con las dotes necesarias para ser Sailor Saturno y Sailor Plutón habían sido las princesas de sus planetas y en cuanto a Atlante, simplemente le encantó la idea de que su pequeña y rebelde Haruka fuera a ser la futura Sailor Urano.

            La semana había pasado y ahora las cuatro pequeñas se encontraban en la zona de seguridad del área de aterrizaje de las naves de transporte a la espera del vehículo que las trasladaría a  la Luna (este era él único lugar que le faltaba a Haruka por mostrar del palacio).

- Estoy deseando llegar a la Luna para comenzar el entrenamiento.- comentó Haruka.- Cuando sea una gran sailor nadie nunca jamás podrá volver a reñirme porque sino...

- Si no qué.- la interrumpió Michiru.- Te recuerdo que yo también lo seré.

- No me lo recuerdes.- bufó consternada.- Como sino tuviera suficiente con verte cada vez que mi padre me obliga a ir con él a Neptuno ahora tendré que hacerlo todos los días de mi miserable y sufrida vida.

- Quejica...

- ¿Siempre os estáis peleando? .- interrumpió Setsuna de repente.

- No nos estamos pelando solo discutimos.- respondió Michiru.

- ¿Y acaso no es lo mismo?

-Claro que no. Haruka y yo siempre hemos sido amigas, además, si hubieras visto la pelea que tuvimos el primer día de conocernos no dirías eso.

- ¿Qué paso?

- En realidad nada importante. Haruka me rompió mi muñeca favorita, me enfadé y le grité que ahora ella tendría que ser mi juguete y como se negó terminamos a golpes.

- ¿Y quien ganó?

- Yo... pero para lo que me sirvió... .- murmuró Haruka con cara de pocos amigos.

- Si, ella ganó una batalla pero yo gané la guerra.- afirmó Michiru muy contenta.- Haruka es ahora mi juguete  favorito.

- Qué ilusión.- contestó la rubia sarcásticamente.- ¿Y vosotras dos? ¿Os conocíais de antes? .- preguntó refiriéndose a Hotaru y Setsuna.

- Solo la conozco desde hace un mes.

- No es muy habladora, ¿no?.- inquirió Michiru.

- No, la verdad es que no.

            Ajena a todo lo que pasaba a su alrededor, Hotaru estaba en un rincón apartada de las demás. Su mirada estaba concentrada en una figura encapuchada que había bajado de una pequeña nave que había aterrizado hacia apenas unos minutos y que desapareció por una pequeña puerta oculta detrás de una pila de cajas. Por alguna extraña razón esa figura le resultó familiar.

            La figura que había despertado las sospechas de la pequeña Hotaru continuó su camino a través de un estrecho túnel hasta llegar a una habitación pequeña que era alumbrada únicamente por un candelabro de ocho brazos. Tras esperar unos minutos, llegó una segunda figura cuyo rostro no se podía distinguir con claridad a causa de la oscuridad reinante.

- Ya pensaba que no ibais a venir.- habló el recién llegado.

- Siento curiosidad por saber qué es lo que queréis proponerme.

- Pensaba que lo sabíais.

- Lo sospecho pero no es mi estilo aceptar o rechazar proposiciones sin antes haber estudiado bien la situación.

- ¿ Y qué os parece?

- Me pedís que os ayude a destronar al rey Helios para ser vos el futuro  soberano del Milenio de Plata pero no veo que tengáis un plan bien trazado o algún tipo de apoyo. Y además, por qué se supone que debo ayudaros, no veo razón alguna para esta rebelión.

- Tenía entendido que no estabais de acuerdo con la política de expansión de Helios, sobre todo con su idea de incluir a la Tierra en la alianza.

- No soy el único, es más, hay otros que harían cualquier cosa por evitarlo, yo solo soy... .- su mirada adquirió un extraño brillo púrpura.- un espectador inocente.

- Bueno... se rumorea que lo odiáis a muerte.- el aludido enarcó las cejas.- No es esa una buena razón.

- De donde habéis sacado semejante  idea.- inquirió con curiosidad.

- Acaso no fue el causante de la muerte de vuestro único hermano.

- Eso no es asunto vuestro.- respondió con veneno en la voz.- Y si pretendéis que forme parte de esta estúpida rebelión os aconsejo que no volváis a mencionarlo.

- Como queráis.- otorgó condescendiente.

- Si aceptara.- comenzó a hablar mientras se giraba y dirigía su mirada a la oscuridad.- qué probabilidad tendríamos de vencer. El reino de la Luna siempre ha sido  muy fuerte, cuenta con el poder del cristal de plata y ni siquiera estamos seguros de que cuando todo esto comience el resto del consejo nos apoye.

- He hablado con Zeus.- el otro lo miró sorprendido.- aceptará unirse a la causa si lo hacéis vos también. Los tres juntos tendríamos suficiente  fuerza como para derrocar a Helios, sobre todo si lo golpeamos poco a poco y después le damos el golpe de gracia.

- Es una buena idea.-sonrió.- Pero si queréis el trono tendréis que hacer algo más aparte de acabar con el rey, la reina Serenity podría tomar el relevo y no olvidéis que el verdadero peligro radica en ella. Es muy querida entre sus súbditos y además es la única que sabe como utilizar el cristal de plata, creo que ni su mismo esposo sabe cómo hacerlo.

- ¿Qué proponéis?

- El cristal dorado.- dijo mirando fijamente al otro hombre.

- ¿El cristal dorado? Nunca he oído hablar de él.

- Es un cristal de la misma naturaleza que el cristal de plata, no es tan poderoso pero conozco una forma para conseguir que lo sea.- al llegar a este punto su voz adquirió cierto tono de misterio.- El problema es que está en manos de la familia real de la Tierra y si ésta entrara a formar parte de la alianza resultaría  más difícil apoderarse de él. Cualquier intento que hagamos podría ponerlos sobre aviso y si pidieran ayuda al consejo nos pondrían en peligro.

- ¿Es imprescindible que obtengamos ese cristal?

- Si queréis mi ayuda, sí.

- Esta bien pero en tal caso tendremos que evitar que la Tierra entre a formar parte del Milenio de Plata y eso no será nada fácil, sobre todo ahora que nos han invitado a la celebración del nacimiento del príncipe Endymión. No podemos negarnos a ir abiertamente y el festejo podría cambiar la opinión de algunos miembros del consejo y si Helios se siente lo suficientemente seguro incluso podría hacer uso de su poder para imponernos la incorporación de la Tierra a la alianza.

- Lo sé, pero no todo es tan complicado como parece, en realidad, esa fiesta es una excelente oportunidad para matar dos pájaros de un tiro.

- No te entiendo.

- No te preocupes.- una sonrisa de pura maldad se dibujo en su rostro.-  muy pronto... lo harás.

Mientras tanto, en la Luna

            La reina Serenity y el rey Helios se encontraban en la sala del trono en donde habían mantenido una conversación con el emisario de la Tierra confirmando su presencia en la fiesta de celebración del nacimiento del príncipe Endymión. Hacia ya un rato que este se había marchado y ahora estaban los dos solos en la amplia estancia.

- Parece que después de todo el hombre tiene sus recursos.- comentó Helios con una gran sonrisa.- Invitarnos a esa fiesta ha sido una gran idea, es una ocasión perfecta para qué la gente de la Tierra nos conozca y nosotros los conozcamos a ellos.

- Dudo mucho que haya sido idea suya.

- Bah! Eso no tiene importancia.- reclamó con gesto despreocupado.- Por cierto, ahora que me acuerdo, ¿ qué hay de nuestras pequeñas futuras sailors?

            El semblante de la reina se ensombreció.

- ¿Ocurre algo? .- preguntó preocupado.

- No... es solo que... .- la reina parecía dudosa pero solo durante un segundo.- Te seré sincera, esas niñas se comportan y actúan de forma extraña.

- ¿Y?

- Pues que si a eso le aunamos el hecho de que en contra  de lo que todos piensan, las outer hacen tiempo que perdieron sus poderes,  pues...

- ¡Eh, eh!.-exclamó el rey tratando de quitarle importancia al asunto.- No han perdido sus poderes es solo que ya no son tan fuertes como antes.

- ¡Helios! Deja de tomártelo todo a broma.- le riñó la reina.- El asunto es más grave de lo que parece. Todos sabemos que las sailors solo comienzan a mostrar síntomas de estar perdiendo su poder cuando sus sucesoras comienzan a despertarlo.

- Insinúas que es posible que esas cuatro pequeñas hayan comenzado a despertar.

- No lo insinuó lo afirmo, es más, creo que todo comenzó el día en que la puerta del espacio y el tiempo se cerró para Sailor Plutón. Ya has visto lo preocupada que se quedó porque todos sabíamos que no era tiempo aún.

- Pero aunque lo que dices sea cierto, ¿qué hay de malo en ello? Es el ciclo normal, unas pierden su poder y las otras lo adquieren. No hay nada por lo que preocuparse.

- Helios.- comenzó la reina pacientemente.- ¿Es que no lo entiendes? Lo que dices ocurre porque nosotros entrenamos a las futuras sailors para que despierten su poder antes de tiempo. En la mayoría de los casos si no hubiéramos intervenido jamás hubiera ocurrido nada. Simplemente las sailors hubieran muerto y las que debían sucederlas hubieran continuado su vida como chicas normales. Pero en esta ocasión.- al llegar a este punto bajo el tono de voz.- han sido ellas las que han despertado su poder sin intervención alguna y eso quiere decir...

- Espera un momento.- la interrumpió Helios.- Intentas decirme que piensas que todo esto se debe a que algún peligro nos acecha y que por eso las guardianas del sistema solar exterior han despertado ya.

- Sí.- respondió la reina simplemente.

            El soberano de la Luna miró muy fijamente a su esposa con cara de incredulidad y, después, comenzó a reír como nunca antes lo había hecho en su vida ante la mirada de enojo de Serenity.

- Se puede saber qué es lo que tiene tanta gracia.

- Yo... ja, ja... perdona... no pretendía que te enfadaras.- se disculpó mientras se limpiaba algunas lágrimas del rostro.- es que nunca te había visto ponerte tan seria.

- Es que la situación lo merece.- respondió indignada.

- Serenity... .- habló con dulzura mientras la tomaba de los hombros.- No tienes por que preocuparte tanto. Aunque tus sospechas sean ciertas en vez de estar tan asustada deberías estar contenta porque todo esto solo es una muestra más de que nuestro reino es fuerte y de que pase lo que pase siempre estaremos preparados.

- Pero... y si la actitud tan extraña de Cronos se debe a...

- Shhhhhh .- le colocó un dedo en los labios.- además, yo siempre cuidaré de ti.

            La reina sonrió. Su marido siempre había tenido el don de tranquilizarla.

- De todas formas, creo que me quedaré  a ver su primer entrenamiento.

- Pero eso será mañana en la tarde, ¿no?.

- Sí.

- Entonces que pasará con la Tierra, tenemos que irnos mañana temprano.

- Puedes adelantarte y yo te alcanzo después.

- Mmmmmm .- puso cara de estar reflexionando.- esta bien, pero como vas a tener la desfachatez de dejarme solo, a cambio, esta noche tendrás que hacer algo por mí.

- Algo, ¿ el qué? .- preguntó intrigada.

- Adivina.- rió el rey mientras la besaba y la tomaba entre sus brazos.

- ¡Ay!.- suspiró.- Nunca tendrás remedio.

Continuará...

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