Capítulo 9 : Muerte
Y su muerte marcó el principio del fin.
Su cuerpo moribundo se desvaneció como si ella jamás hubiera existido, tan solo quedó una hermosa luz, plateada y brillante, luz de luna. Pero esta luz que antaño había sido fruto de esperanza y salvación se había convertido en portadora de la destrucción.
La esfera de cristal que Shira había traído consigo se elevó por sí misma y quedó suspendida en el aire. En ese momento, comenzó a emitir un resplandor oscuro que poco a poco fue apocando la aureola plateada, al mismo tiempo, que un fuerte viento comenzaba a soplar adquiriendo cada vez más fuerza, como si quisiera vengar la muerte de su señora, la dama del viento. Pero esto solo fue el principio porque a cada segundo que pasaba el extraño poder que portaba la esfera parecía aumentar un poco más alimentándose de la vida del planeta Neutrón, que se estaba muriendo poco a poco.
Amy contemplaba todo lo que estaba ocurriendo en silencio, se sentía como en aquellas ocasiones en las que té despiertas de un largo sueño pero tienes la sensación de que aún sigues en él porque todo lo que ocurre a tu alrededor te parece algo ajeno a ti aunque sabes que formas parte de esa realidad y que no podrás escapar de ella.
Lentamente, la chica giró la cabeza y contempló a sus compañeras. Rei se mantenía erguida, desafiante, tenía los puños cerrados y su mirada ardía en cólera. Pero esta actitud sólo duró unos minutos, bastó que su mirada se posará durante unos segundos ene el lugar en donde Bunny había estado hace poco para que toda su furia se tornara en dolor. Acababa de perder a su mejor amiga.
Patricia parecía sentirse igual pero su cólera iba algo más lejos. Intentó lanzarse contra Shira pero Carola la detuvo antes de que cometiera una locura. La miró con ojos suplicantes y después ambas comenzaron a llorar. Rei las contempló porque tal vez eso era lo que ella también deseaba hacer pero no lo hizo, creó que no quería darle a su enemigo el gusto de verla derrotada.
Las miradas de Raquel y Andrea eran frías. Al mirarlas daba la sensación de que no les importaba nada de lo que allí estaba ocurriendo pero Amy las conocía demasiado bien como para saber que eso no era cierto. Andrea acababa de perder a su mejor amiga y en muchos sentidos a sus padres y Raquel había visto morir parte de su futuro sin haber podido hacer nada por impedirlo. La guerrero no sabía si Plutón era consciente de que esto pasaría pero lo fuera o no, el dolor permanecería, ya sea por no haber podido impedirlo o por no haber sido capaz de verlo, intuirlo.
Incluso Sailor Ice sufría. No la conocía pero podía verlo y sentirlo. Sin embargo ella, Sailor Mercurio, ya no sentía nada, parecía que su corazón se había vuelto frío como el hielo. Había sufrido, se había sentido culpable, había tenido miedo y, tal vez, hubiera experimentado todo tipo de emociones durante el tiempo que había durado su pesadilla, pero aunque esta continuaba, a ella ya no le quedaba nada, ver morir a su princesa había acabado de destruir su alma.
Entonces, sin previo aviso, Sailor Ice se lanzó contra Shira dispuesta a enfrentarse a ella y a destruirla. Se paró a medio camino y junto las manos invocando su poder. Una potente esfera de energía salió de ella en dirección a la hechicera congelando todo a su paso. Shira miró a su contrincante durante unos segundos como sopesando el alcance de ese poder. Sonrió y desapareció en una nube de polvo provocada por el choque de la energía. Al cabo de unos segundos reapareció intacta.
- Ice, Ice parece mentira que no sepas que ahora no puedes hacer nada en contra mía. Sé que tienes pruebas para acusarme ante el consejo pero ahora ni tu ni ellos sois rivales para mí. El poder de la esfera me pertenece.-sonrió con malicia.
- No debí esperar a tener pruebas, debí haber acabado contigo desde el principio, desde que me di cuenta que lo del circo solo era una tapadera que utilizabas para encontrarlas y conseguir que la profecía se cumpliera.-había amargura en su voz.
- Sí, pero no lo hiciste, obedeciste al consejo. Y ahora es demasiado tarde. La esfera continuará absorbiendo la vida de este planeta aumentado con ello mi poder y cuando esté preparada comenzaré la conquista de la galaxia. Pero antes creo que me libraré de unos cuantos estorbos.
Y tan pronto como lo dijo actúo. Con un gesto de su mano envolvió a cada una de las guerreros con una luz oscura y cuando esta desapareció las sailor lo hicieron también. Shira sonrió y después se acercó a Epsilon que había permanecido en silencio junto al altar.
- Ocúpate de nuestros prisioneros, ya no nos sirven para nada.
- Sí señora.- Y desapareció.
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Marte
El bosque en el que se encontraba era profundo y espeso, y, para alguien que no lo conociera, le resultaría muy difícil salir de él y más aún si le perseguían. Ellos debían saberlo. Aquellas criaturas de aspecto fuerte y abominable la habían rodeado, no tenía escapatoria. Invocando su poder trató de destruirlas pero eran demasiadas para ella sola pues por cada ser que eliminaba con su fuego aparecían cinco más. Se enfrentó a ellas con valentía más su coraje no fue suficiente para detener los golpes que acabaron con su vida.
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Mercurio
Hacia frío, mucho frío, pero ilógicamente se sentía bien. Muy despacio, se incorporó y miró a su alrededor, no sabía dónde estaba, lo último que recordaba era una luz blanca, cálida... Durante un segundo pensó que era Bunny pero eso era imposible y volvió a entristecerse. Estaba rodeada de hielo, no había más que hielo en aquel lugar o ¿no?. Un brillo anaranjado llamó su atención. Se dirigió hacía allí y vio una puerta de hielo que poco a poco comenzó a abrirse. El chirriar de los goznes la atraía, debía atravesarla, apoyó una mano en la puerta para abrirla más rápido y...
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Júpiter
La habitación en donde se encontraba estaba vacía. Además todo era dorado, todo a su alrededor lo era. Por alguna extraña razón contemplar aquel lugar la hacía sentirse mal así que cerró los ojos y al hacerlo comenzó a escuchar una dulce melodía, extraña y pegadiza. Abrió los ojos, la habitación estaba llena de luces de colores que cambiaban de posición continuamente al igual que en una discoteca, pero no se veía ningún foco.
Comenzó a marearse y perdió el equilibrio. Se sentó en el suelo y cerró los ojos tratando de olvidar aquel color y aquellas luces pero las imágenes no salían de su cabeza y... estaba aquella música. Cada vez se encontraba peor, de estar mareada pasó a dolerle todo el cuerpo, del dolor pasó a sentirse angustiada, luego todas estas sensaciones la golpearon a la vez. Le faltaba el aire, casi no podía respirar. Se fijó entonces en que aquel lugar no estaba ventilado y el oxigeno se estaba acabando. ¡Dios mio!.-pensó. Murió cinco minutos después.
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Saturno
Cuando la luz oscura la envolvió se sintió en paz. Era maligna, sí, pero ella era la guerrero de la destrucción y el poder que Shira poseía ahora era idéntico al suyo.
Una sola cosa las diferenciaba: el corazón. El de Saturno era dulce, lleno de calor y amor, el de la hechicera era frío, lleno de odio.
- ¿Seguro?.-pronunció alguien en mitad de la oscuridad.
Saturno se puso en guardia.
- Tranquila no vengo a hacerte daño solo quiero hablar.
- ¿Hablar?.
- Sí, me preguntaba si te gustaría unirte a nosotros, al fin y al cabo, como tu muy bien sabes somos iguales.
- Lo dudo.-respondió fríamente.
- Y se te digiera que juntos podríamos hacer volver a tus amigos.
Los ojos de Saturno se abrieron de par en par.
- No te creo.-replicó sin dejar que su voz trasluciera su inquietud.
-¿Ah no?.Acaso no recuerdas que hubo una vez en que fuiste llamada la sailor de la vida y la muerte.
Saturno permaneció en silencio.
- Lo recuerdas. Lo sabía, entonces, ¿por qué no lo utilizas? ¿Acaso no las quieres?
- Se me prohibió hacerlo.-contestó la chica.
- Cierto, pero dime ¿te gustaría saber por qué?. ¿No? Da lo mismo te lo enseñaré igualmente.
El dueño de la voz se acercó lentamente a Saturno quien retrocedió con cautela. Poco a poco las sombras fueron mostrando las facciones del ser que le había estado hablando y al verle la chica palideció. Era Urano.
- Ahora únete a mí pequeña, ayúdame a traer a Neptuno y a Sailor Moon de vuelta... que más da como vuelvan mientras vuelvan.-dijo sonriendo y acercándole una mano.
Saturno se apartó de ella con brusquedad. Sí, el poder de la destrucción había traído de vuelta el alma de su amiga, pero, ese mismo poder, la había corrompido. Ya no era ella, esa era la razón por la que se le prohibió utilizar su otro poder.
La joven guerrera miró durante unos instantes a su compañera y tomó una decisión, no permitiría que el alma pura de Urano fuera ensuciada, ni la de ella ni la de las demás.
- ¡Revolución de la muerte!.-gritó con todas sus fuerzas para liberar su poder y poder así destruir a la falsa Urano y sellar el poder de resurrección de la esfera pues si ella moría no podría volver a emplearse. Por eso ellos querían que se uniera al enemigo.
Y Saturno murió mientras el ser que se había hecho pasar por Urano recobraba su forma original y reía como un loco.
- ¡Qué fácil fue engañarla! ¡Qué fácil fue hacerle recordar algo que nunca pasó! ¡Qué fácil fue conseguir que se autodestruyera!. Ja ja ja.
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Venus
La guerrero corría con todas sus fuerzas huyendo de aquellos alaridos siniestros y espeluznantes que la atemorizaban. El espacio en el que se encontraba era extraño. Parecía estar flotando en el aire pero ella sentía el duro suelo bajo sus pies. Todo estaba oscuro y el lugar tan solo era iluminado de vez en cuando por alguna extraña luz que adoptaba alguna forma indefinida para luego desaparecer.
Los alaridos eran cada vez más cercanos Venus corría y corría por aquel espacio infinito tratando de alejarse de aquellos seres, fueran lo que fueran. De pronto, todo quedó en silencio y la chica se detuvo expectante. Fue en ese momento cuando vio brillar a su alrededor pequeñas lucecitas rojas. ¡Maldición!, la habían rodeado. Asustada, pero tratando de mantener el control, lanzó dos de sus ataques más poderosos contra aquellos ojos acechantes pero el resplandor dorado se perdió en la lejanía ¿o no?. A su izquierda se abrió una especie de agujero del que salió una gran bola de energía que la golpeó lanzándola a varios metros del lugar en donde se encontraba. Mal herida, trató de incorporarse y al hacerlo y retroceder unos pasos comenzaron a oírse nuevamente los alaridos al mismo tiempo que caía en un profundo abismo. La muerte fue lo que le esperó al final del mismo.
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Plutón
El fuego estaba peligrosamente muy cerca de ella, tanto, que tenía que cerrar los ojos para que su resplandor no le hiriera. Haciendo un esfuerzo los entreabrió para observar con angustia como estaba completamente rodeada por las llamas que se extendían más allá del horizonte. Sólo tenía una opción, utilizar su poder como guardiana del espacio y el tiempo para abrir un portal interdimensional que le permitiera trasladarse de ese espacio a otro. Sin embargo, cuando lo intentó, no funcionó, por alguna extraña razón ese fuego neutralizaba su magia. No podría salir de allí con vida.
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Era una habitación oscura y fría, demasiado fría para que una persona normal pudiera permanecer allí más de unos minutos. Pero ellos no lo eran. Sus rostros surcados de arrugas mostraban el paso de los años, habían existido desde hace milenios y desde siempre habían protegido el planeta Neutrón. Habían sido doce, pero ya solo quedaban cinco de ellos, cinco que con el paso del tiempo, al aumentar su poder y su seguridad en sí mismos se habían creído invencibles, pero no lo eran, Shira se lo había demostrado y por primera vez desde hace siglos tenían miedo. Ellos eran el Consejo.
De repente, el frío comenzó a ser sustituido por calor, un calor producido por la aparición en una de las esquinas de la habitación de una gran llama negra que poco a poco fue adoptando la forma de una figura humana, Shira. La mujer contempló fríamente al consejo durante unos instantes y después comenzó a reír de una forma exagerada. Su risa fue interrumpida por una voz de hielo.
- Tu presencia aquí está de más, hechicera.
- No lo creo yo así, consejero.-avanzó unos pasos hacía él.-en todo caso tal vez seáis vosotros los que sobrais.-su voz era sarcástica.-al fin y al cabo este lugar esta reservado para aquellos que gobiernan el planeta Neutrón o, lo aconsejan, como vosotros preferís decir y, claramente, ese papel ya no os corresponde.
- ¡Os atrevéis a poner en duda nuestra autoridad, hechicera!.-exclamó encolerizado el hombre.
Shira no respondió, se limitó a mirar con dureza al hombre y a lanzarle una bola de energía que lo destruyó. No quedó nada de él. Sus compañeros miraron incrédulos a la hechicera.
- Alguien más quiere desafiarme.-dijo con suavidad.-¿No respondéis? Os advierto que si estáis esperando a que vuestra querida Sailor Ice venga a ayudaros perdéis el tiempo, no puede.-se paró durante un instante como si estuviera reflexionando.- ¿Sabéis? es curioso que esa chica me odie tanto por lo que he hecho mientras que a vosotros os venera cuando solo la utilizabais.
- Jamás hemos hecho tal cosa.-respondió una mujer, la más joven del consejo.
- ¿De verdad?.-preguntó la hechicera curiosa.
- No somos como tú.
- Quieres decir que niegas que deseaseis tanto como yo el poder que prometía la profecía.
- ¡Sí!.-exclamó con altivez.
-Ja ja ja ja...No me hagas reír. No intentes engañarme vendiéndome vuestra imagen de angelitos. Yo sé que lo queríais, esa fue la única razón por la que me permitisteis seguir adelante con el circo, aunque fuera algo perverso, queríais que encontrara a las chicas para apoderaros de ellas y por eso le ordenasteis a Sailor Ice que me vigilara pero que no actuara hasta que no tuviera pruebas, porque sabíais que solo las obtendría cuando finalizara mi búsqueda. Y vuestra pobre guerrero os creyó, me permitió seguir con el circo pese a que le repugnaba solo porque creía en vosotros y en vuestra sabiduría.
- No... claro... que no.-retrocedió algo cohibida.
- ¿No?.-preguntó la hechicera que comenzaba a enfurecerse.
- ¿Y qué si es cierto?.-se escuchó de repente desde el fondo de la sala.
- Vaya un consejero que se atreve a decir la verdad.-sonrió Shira.
- Espera un momento hechicera.-prosiguió el hombre.-tal vez reconozca que lo que dices es cierto pero solo hasta cierto punto. Jamás hemos compartido tus ambiciones, si queríamos a las chicas era para asegurarnos que la profecía nunca se cumpliera.
La hechicera comenzó a reír al mismo tiempo que con un gesto de su mano disipaba la oscuridad de la habitación y dirigía su mirada hacía una de las esquinas en donde una joven permanecía inmóvil con el rostro aterrorizado mientras miraba fijamente al consejero que acababa de hablar.
- ¿Le has oído mi querida Sailor Ice?
- Ibais a matarlas vosotros mismos ¿verdad?.-inquirió la joven guerrero.
El consejero permaneció en silencio confirmando la respuesta que tanto temía la chica que bajó la cabeza abatida. Shira sonrió y antes de que Ice pudiera hacer nada acabó con el resto del consejo.
- Ahora que has aprendido la lección es tu turno.-le dijo Shira volviéndose hacia Ice.
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Mercurio
Y apareció en la sala en donde se encontraban Shira y Sailor Ice que estaban a punto de enfrentarse.