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NÚMERO
(IX)

PRIMEROS ECOS Y REPERCUSIONES
DE UN AMPLIO DEBATE DOCTRINARIO
SOBRE LA HIPÓTESIS DE UNA
INTERPRETACIÓN TRADICIONAL
DEL VATICANO II
Como es sabido, en el nº VIII (abril-junio 1979) de "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", el Consejo de Redacción de esta publicación ha dado a conocer unas breves consideraciones doctrinarias sobre la hipótesis de una "interpretación tradicional del Vaticano II". La conclusión de dicho estudio era la siguiente: "una interpretación tradicional del Vaticano II resulta imposible pues los textos de este Concilio expresan una doctrina sobre la esencia y naturaleza de la Iglesia que jamás puede admitir alguien que profese la Fe Católica y Apostólica".
Ahora bien; el Consejo de Redacción de "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA" remitió ejemplares del mencionado estudio a los principales dirigentes y personalidades representativas de lo que genéricamente se ha dado en llamar "tradicionalismo" en la Argentina y en el mundo, junto con una nota solicitándole a cada uno tuviera a bien hacernos conocer por escrito su opinión fundada sobre el tema. Nadie fue excluido. Con ello se procuró la apertura de un amplio debate doctrinario que servirá, con el tiempo, para el esclarecimiento de la Fe en estas épocas de tanta oscuridad intelectual.
Una gran cantidad de correspondencia ha llegado a nuestra Dirección, y aún sigue llegando al momento en que cerramos la edición del presente número. Hacemos conocer, entonces, las opiniones más importantes que nos han llegado, sin perjuicio de continuar en próximas publicaciones con la correspondencia que se nos siga remitiendo.
Las cartas, notas y documentos que reproducimos se transcriben
en idioma castellano. Las que nos han sido escritas en idioma extranjero las
traducimos literalmente, hallándose en nuestra redacción copias de los
originales para quienes deseen verificarlos. En algunos casos hemos suprimido
mediante el empleo de puntos suspensivos [. .. ] los párrafos referidos a
cuestiones de índole particular o a temas ajenos a la cuestión en debate.
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De Mons. Antonio de Castro Mayer (Obispo de Campos, Brasil)
A los señores Alvaro Ramírez Arandigoyen y Atilio Carlos Neira:
Cumplimentándose cordialmente, D. Antonio de Castro Mayer, obispo de Campos agradece el opúsculo "Fidelidad a la Santa Iglesia" que leyó con placer.
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Del Rvdo. Padre Harvé Le Lay
(Director de "La Tradición")
5186 Alta Gracia, 20-5-79 Queridos amigos:
He recibido el n° 8 de "Fidelidad" y sus cartas del 10 de mayo. Muchas gracias. .. No hay nada que hacer con ese Concilio-Latrocinio. Hay que olvidarlo, condenarlo... Los J. P. I y II no son Papas, son intrusos, modernistas (los peores enemigos de la Iglesia: S. Pío X dixit)... El que perseverare hasta el fin, se salvará,
unión de oraciones.
Hervé Le Lay
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Del Prof. Alfred Denoyelle (Director de "Mysterium Fidei", periódico de
información, de estudios y de documentación religiosas. Bruselas)
30 junio 1979.
A:
Fidelidad a la Santa Iglesia
Casilla de
Correo 4224 Correo Central
1000 BUENOS
AIRES - Rep. Argentina
¡Señores!
En el nº
VIII —abril/junio 1979— el Consejo de Redacción de "Fidelidad a la Santa
Iglesia" invita a participar de un amplio debate doctrinario sobre la hipótesis
de una interpretación tradicional del Vaticano II.
Nuestra
respuesta fundada es junta, por escrito, en el nº 33 de "Mysterium Fidei" y en
carta de VI pág,, spec. nuestra opinión fundada sobre las declaraciones NUEVAS
(!!!) de Mgr. Marcel Lefebvrc, publicadas en la revista "Itinéraires", n°
233, "dossier" de mai 1979.
Nuestro
punto de vista es, como vosotros, que una interpretación tradicional del
Vaticano II es una UTOPÍA PERICULOSA y una CONTRADICTIO IN TERMINIS.
In Christo Rege
Prof. Alfred Denoyelle
Nota de la Redacción. Las personas que deseen información sobre la
documentación que cita esta carta, que por su gran extensión no podemos
transcribir, pueden dirigirse a la dirección de "Mysterium Fidei": 21 rué du
Sonnet, 1080 Bruxelles.
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Del Prof. Julio Garrido (De la Real Academia de
Ciencias de Madrid)
Sr. don Alvaro Daniel Ramírez Arandigoyen Distinguido amigo:
He
recibido un nº de su excelente publicación FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA (nº VIII)...
Es muy
importante el recalcar la idea de la imposibilidad de una interpretación
tradicional del Vaticano II. Ningún Concilio necesitó estudios especiales para
su interpretación que era evidente para todos. En este Concilio todo es tan
confuso y difuso que Roma misma ha creado una comisión para la interpretación
del Concilio. Pero hasta ahora no ha hecho nada y se teme que si hace algo
tendría necesidad de crearse una "Comisión para la interpretación de las
conclusiones de la Comisión para la interpretación del Concilio". Y así
sucesivamente...
Un recuerdo
IN XTO.
J. Garrido
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El Consejo de Redacción de FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA no abre juicio sobre el alcance y los fundamentos de las opiniones que se transcriben en este número. Nos limitamos, por el momento, a su publicación, a fin de dar libre curso al amplio debate doctrinario que ya se ha abierto en los medios tradicionalistas sobre la hipótesis de una interpretación tradicional del Vaticano II.
Cada uno dice lo que piensa debe decir, y los que piensan que
deben callar, han callado.
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OBSERVACIONES SOBRE LA HIPÓTESIS
DE UNA INTERPRETACIÓN TRADICIONAL
DEL VATICANO II
No creo que sean demasiado numerosos los católicos que se han dado cuenta cabal de las terribles consecuencias que lleva consigo la ambigüedad doctrinal que ha invadido la Iglesia después y como consecuencia del Concilio Vaticano II. Por esto me parece que el estudio "Sobre la hipótesis de una interpretación tradicional del Vaticano II" es una contribución importante para aclarar las ideas de tantos católicos desorientados y desconcertados.
Es evidente que la Iglesia romana se encuentra actualmente abocada a un callejón sin salida si quiere hacer concordar, no sólo los textos conciliares, sino también la mentalidad de la jerarquía posconciliar con el catolicismo tradicional.
Se trata, como dice muy bien el estudio "Sobre la Hipótesis..." de dos religiones diferentes e irreconciliables: una basada en la estabilidad doctrinal, en el rigor y en la intransigencia frente al error y el pecado y la otra abierta al mundo moderno y que se presenta como una vía placentera de progreso para llegar a una fraternidad universal bajo el signo del hedonismo.
Por esto, Pablo VI dijo muy acertadamente que el Concilio Vaticano II era tan importante y en algunos aspectos más importante que el de Nicea, pues es evidente que es más importante fundar una nueva religión que el precisar dogmas y condenar herejías.
Desgraciadamente, evitar el choque y el enfrentamiento de estas dos religiones es imposible y es ilusorio el llegar a un compromiso pues siempre éste llevará necesariamente a la nueva religión que es más amable y más fácil. Una vez que se abre la puerta al relativismo doctrinal se pierde la ortodoxia y se abandona la firmeza de la fe.
La única solución es, a nuestro juicio, la condena pura y simple de la totalidad del Concilio Vaticano II por ambiguo doctrinalmente y por haber sido desastrosas sus consecuencias pastorales. Esto es evidentemente muy difícil, humanamente imposible. Si esta ruptura con el Concilio es una iniciativa de grupos tradicionalistas más o menos numerosos lo probable es que estos grupos sean aplastados por la apisonadora del modernismo posconciliar. Sólo podrán subsistir aquellos grupos que se reclamen de la fe ortodoxa invariable y tengan la valentía de declararse fuera de la acción de esta apisonadora como ajena a su fe, sin caer por esto en manos de sectas más o menos carismáticas.
Julio Garrido
(Madrid)
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Del Rvdo. Padre M. L. Guérard des Lauriers O.P. (Teólogo dominico)
25-7-79.
Ilmo, señor Alvaro Ramírez Arandigoyen
Casilla de Correo 4224, Correo Central
1000 Buenos Aires - República Argentina
Querido señor:
Recibo su envío fechado el 5 de junio de 1979. Yo le respondo inmediatamente.
Lo que yo pienso, concerniente a la "interpretación tradicional" del Vaticano II, lo he explicado en el primer cuaderno de "CASSICIACUM" (18 Avenue Bellevue 06100, Nice).
Yo admito todas las razones que Ud. da en su fascículo VIII abril-junio 1979.
Es imposible que haya una interpretación tradicional de un "Concilo" en el cual la inspiración fundamental está en oposición a la Tradición.
Yo voy incluso más lejos que Ud. Una interpretación tal, no solamente es imposible, ella es además un CONTRASENTIDO, UNA ABSURDIDAD.
Porque, para interpretar un documento, en particular un Concilio, es necesario que ese Concilio
exista en tanto que Concilio.
El Vaticano II, en tanto que Concilio, es NADA. El Vaticano II no puede ser un "hecho de Iglesia". Ese pseudo-concilio sancionado y promulgado por Paulo VI, ha en efecto afirmado un error que es una herejía, el 7-12-1965; estando dadas las condiciones de la promulgación (Papa y Concilio reunidos) esta afirmación
hubiera debido ser un acto infalible del Magisterio ordinario.
De esto se sigue que el Vaticano II no es Iglesia; y que, al menos a partir del 7-12-1965, el Cardenal Montini, bien que ocupando la Sede Apostólica, ha cesado de gobernar realmente la Iglesia.
He ahí, en pocas palabras lo que yo pienso sobre la pregunta que Ud. ha tenido a bien formularme. Ud. encontrará un análisis más profundo en el lugar arriba precisado.
Le agradezco, querido señor, y le ruego tenga a bien recibir favorablemente la seguridad de mi religiosa devoción y de mi consideración más distinguida.
M. L. Guérard des Lauriers O. P.
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DE UN SACERDOTE AMIGO
Olavarría, 25-VII-79.
Atilio Carlos Neira
Muy estimado en la Fe:
Sí, he
recibido normalmente los ejemplares del nº VIII de "Fidelidad a la Santa Iglesia". Y siempre muy agradecido.
Podría terminar aquí mi contestación a la suya del 23 llegada recién. Pero sé muy bien que la misma tiene otros motivos más importantes-fundamentales; que precisamente son los que me llevaron a guardar silencio sobre el contenido del último n° VIII.
¿Qué pienso sobre el particular?
En pocas líneas no puedo expresarme con la profundidad y claridad que el asunto se merece, ni tampoco la salud me acompaña. Tendría que escribir un libro que en resumidas cuentas diría: "No es posible una interpretación tradicional del maléfico y diabólico Vaticano II. Sería entrar en un juego prohibido por la decencia y la fidelidad a Jesucristo". "Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces, sabiendo que quien es de esta ralea, está pervertido y
es delincuente. (El pueblo de Dios en marcha.) Se condena por su propia
conciencia", Tito 3, 10-11.
Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios. El que persevera en ella, ése tiene al Padre y al Hijo (¿Parece que el Hijo no ha venido?). Si viene alguno a vosotros (aunque fuese el Papa, digo yo) y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis. Por que quien le saluda comunica con sus acciones perversas (Juan 1, 8-11). Y en otro lugar: "ni toquéis sus vestiduras". Etc., etc., etc.
Estoy convencido que ya nos encontramos en la apostasía universal oficializada, ése es el trasfondo de mi posición. "Lo que le detiene ahora" y "el que le detiene ahora, deténgalo..." es la sana doctrina —la de siempre— la única exclusiva y excluyente. "... poner su asiento en el templo de Dios mostrándose como si fuese Dios" (El Papa, cualquiera) —no es Jesucristo— es su vicario —y no puede cambiar la Verdad— que ni el mismo Jesucristo puede cambiar siendo Dios como es, igual al Padre e igual al Espíritu Santo. No puede Dios avalar la verdad mezclada con el error. Jamás arar "con burro y buey" (II
Tesalonicenses 2, 3-17).
Y se pretende hacer caer a la "Santa Tradición" en el juego prohibido. No tenemos nada que analizar el Vaticano II con el ojo de la "Santa Tradición". Ya está analizando desde el primer día. Se busca hacer perder tiempo y dividirnos. Comisiones que aportarán problemas, entonces se convoca para cada problema subcomisiones, y mientras tanto la nueva iglesia inventada con motivo del Vaticano II continuará impertérrita sin prisa y sin pausa.
En Jesucristo nuestro Dueño, en el corazón de la Santísima Virgen siempre Virgen.
Miguel Ángel Castellá, Pbro.
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DE "SI SI - NO NO"
27 de julio de 1979.
Ilimo, señor:
La adhesión de "Si Si - No No" a la propuesta formulada en su carta del 16-5-79 es tan completa que en el número de septiembre de nuestra revista vendrá ofrecida a nuestros lectores la traducción en lengua italiana del artículo publicado en el número VIII de
"FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA".
Al agradecerle con todo sentimiento por la distinción que nos ha sido hecha, formulo los mejores augurios.
Francesco Putti
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De "El Enano del Tapanco" (Órgano
católico de doctrina e informarción) (México, julio 1979, n° 84, pág, 5/7: "Nuestra respuesta al Concilio Vaticano II", por Didimo).
La prestigiada revista argentina "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", a cargo del talentoso escritor católico tradicionalista Sr. Alvaro D. Ramírez Arandigoyen, nos ha enviado una atenta carta pidiendo nuestra opinión sobre la posibilidad de lograrse una interpretación tradicional del Vaticano II.
Al dar contestación a tan fina petición, queremos que nuestros lectores, conozcan también lo que nosotros pensamos en relación con este extraño Concilio...
Los hechos anteriores nos llevan a las siguientes conclusiones:
Primera.
Que la convocación del Concilio Vaticano II fue del todo innecesaria, porque no existía ninguna causa suficientemente válida para llevar a cabo ese Concilio.
Segunda.
Que dadas las circunstancias en que se convocó dicho Concilio, pasando por alto, las vías legales, manteniendo el Papa Juan el secreto hasta el último momento, que tomó por sorpresa a los Cardenales y a la Curia Romana, es de suponerse que dicho Concilio, no fue inspirado por el Espíritu Santo, sino por los jerarcas marranos que ya formaban legión dentro del Vaticano, y quienes comprometieron al Papa Roncalli a convocar ese funesto Concilio, que ha servido para destruir la Santa Iglesia.
Así pues, hemos visto que ese Concilio nació del sigilo, del dolo y del engaño, y siendo sus raíces venenosas, sus frutos han sido también dañinos, como lo estamos palpando desde hace quince años. Por tanto, juzgamos que
no es posible una interpretación tradicional del Vaticano II.
Un Concilio que ha prohijado las ambigüedades, los equívocos y las herejías tiene que desembocar en otra iglesia que no es la nuestra.
Recordemos las palabras del famoso Dignatario Conciliar, Cardenal Suenens, cuando no pudo frenar su exclamación: "El Vaticano II es una revolución en la Iglesia, peor que la Revolución Francesa".
Nota de la Redacción.
Este artículo contiene una extensa crónica sobre los detalles de la convocatoria del Vaticano II que hemos suprimido por razones de diagramación y espacio. No obstante las personas que lo deseen pueden requerir un ejemplar del mismo a la dirección de nuestra publicación, o directamente a "El Enano del Tapanco", Ap. Postal
nº 47-164, México D.F.
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"A JESÚS POR MARÍA"
México, D.F., a
31 de julio de 1979.
Señor don
Alvaro Ramírez Arandigoyen
Casilla de Correo 4224, C.C.
1000 Buenos
Aires, Argentina
Estimado señor Ramírez Arandigoyen:
Apenado por mi tardanza doy contestación a su amable carta del 16 de mayo pasado con la cual recibí un ejemplar de su estupenda revista "VIII. FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", que contiene un somero análisis tendiente a interpretar según la tradición, el Vaticano II.
Debido a mi precaria salud, no pude profundizar debidamente el tema, por lo cual envié a dos de mis colaboradores que tienen más luces y sabiduría de Dios que este siervo suyo, un ejemplar de su revista con una copia fotostática de su carta, para que contestaran.
Como el tiempo pasaba y no recibíamos contestación de Guadalajara, aquí se hizo un pequeño artículo que contesta su carta, y la conclusión es: "que no es posible una interpretación tradicional del Vaticano II",
"El Enano del Tapanco", n° 84, de julio actual, págs. 5/7, que se anexa.
Posteriormente nos llegó una contestación de Guadalajara de nuestro colaborador y amigo Tirso A. Carim, que en su esencia y fondo llega a la misma conclusión. Pienso que el señor Magallón que me hizo el favor de escribirle, no le envió la revista donde hacen ustedes "Sus breves consideraciones doctrinarias", porque no dice nada de su Revista.
Le acompaño una copia fotostática de la referida carta para complementar nuestra contestación.
Agradecemos cumplidamente su atención, y los saluda en los dulces corazones de Jesús y de María, su amigo y servidor en Cristo.
Carlos Franco Martínez
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Estimados hermanos en Cristo Jesús:
Agradezco su atenta carta con fecha 4 de junio, misma que recibí alrededor del día 15; no obstante, por la fecha de la emisión de su carta, había iniciado como una respuesta. Espero que el contenido sea de utilidad en estos días de engaños sutiles con apariencias de bienintencionados; cosa que nos obliga a tamizar con ese filtro de la Santa Doctrina cuanto aparezca con visos de bien.
Lo reconozco, soy pequeño y de pocas fuerzas para servir a Dios como quiero; mas por su Gracia soy miembro del Cuerpo Místico de Cristo y no de cualquier cuerpo. Cosa que no perdonan aquellos que abandonan el Testamento Santo porque no amaban al Testador, a JesuCristo Ntro. Señor.
Hermanos, estad alertas, porque no nos ha puesto Dios para venganza, sino para hacernos adquirir la salud por Nuestro Señor JesuCristo, el cual murió por nosotros, a fin de que ora velando, ora durmiendo, vivamos juntamente con él (1 Tes. 5, 9-10). De Jesucristo, pues, hemos recibido el nombre, la gracia y el significado. ¿Hemos entonces de mancillar a la Gracia entregando a las tinieblas lo que por El recibimos, o caer en la "Hipótesis de una Interpretación Tradicional del Vaticano II"? Porque no otra cosa va oculta en tal propuesta vaticana, además de pretender el uncirnos al carro de su furiosa prevaricación y amancillamiento.
Porque son ellos, los conciliares, los que unen desechos, quienes ven llegar el plazo que les fue determinado para culminar el espíritu nefasto del Vaticano II,
por lo que quieren abarcar sobre nosotros un compromiso que no hemos hecho ni
haremos jamás con la ayuda de Dios.
Ellos son quienes prometieron, con veleidades propias de mujer, lo imposible y lo ajeno, ¿alguien, entonces, quiere ser reo de la justa venganza de Dios que se avecina? No queráis, pues, ser cómplices de las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien reprendedlas; porque las cosas que hacen ellos en secreto, no permite el pudor ni aun decirlas (Efe. 5, 11-12).
Por mi parte, yo no entrego mi membresía de cristiano, ni parte alguna tengo con Satanás. En cuanto a lo que por gracia he recibido, es para el honor y la gloria de mi Señor JesuCristo y Su Santísima Madre la Virgen María, Madre Nuestra también por Misericordia divina. Así lo prometo, así lo juro, así me ayude Dios.
Por Cristo y por María
Tirso A. Carim
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México, a 23 de junio de 1979.
C.c.p. el Sr. Alvaro Ramírez Arandigoyen, director de la revista "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", Buenos Aires, Argentina. Para su conocimiento y con relación a su carta de 16 de mayo ppdo.
REPRODUCCIÓN DE UN ARTICULO
Si bien la revista "Itinéraires" aún no ha querido responder a nuestra solicitud de opinión, consideramos de la mayor importancia reproducir para nuestros lectores la parte pertinente del artículo firmado por su director —Jean Madiran— publicado en el nº 63 del "Supplement-voltigeur", del 15 de diciembre de 1978, donde precisamente se sienta la posibilidad de una "interpretación tradicional del Vaticano". El artículo se titula "Para comprender lo que puede pasar", y nosotros lo consideramos importantísimo debido a la gran influencia intelectual que la revista "Itinéraires" parece tener en ciertos medios tradicionalistas europeos.
Aplicar el concilio,
Juan Pablo II lo dice como lo decían sus predecesores. Pero él habla de otro modo. A partir de su primer mensaje al mundo del 17 de octubre de 1978, ha declarado a propósito de la constitución conciliar "Lumen Gentium" (constitución sobre la Iglesia):
"La adhesión a este texto conciliar, visto a la luz de la tradición e integrando las formulaciones dogmáticas elaboradas hace ya un siglo por el primer concilio Vaticano, será para todos nosotros, pastores y fieles, el secreto de una orientación segura...".
Hemos leído bien: "visto a la luz de la tradición". Es una inversión de la perspectiva; una inversión que es una puesta en orden. Paulo VI quería imponer a Mons. Lefebvre el reconocer a las innovaciones pastorales del Vaticano II tanta autoridad y mayor importancia que las formulaciones dogmáticas del concilio de Nicea. Toda la Iglesia post-conciliar trabajó en revisar la tradición católica a la luz del Vaticano II. Si por fin se viene a restablecer el principio de que es preciso, por el contrario, interpretar el Vaticano II a la luz de la tradición católica, entonces ya no hay más oposición radical entre Mons. Lefebvre y la Santa Sede sobre el tema del concilio. No subsisten más que dificultades accidentales, pero con el medio para resolverlas: un mismo método, un mismo espíritu, una misma fe: una misma referencia a los criterios soberanos, a los verdaderos criterios que son la tradición y las fórmulas dogmáticas.
Importa recordar que nuestra oposición al concilio no era en principio una
oposición esencial y total. Ella no era ni siquiera una oposición.
Varios pasajes de sus decretos nos parecían mediocres, inciertos, equívocos, hasta aún contradictorios: susceptibles por lo tanto de diversas interpretaciones. Es por ello que, desde el fin del concilio, nosotros habíamos declarado recibir las decisiones según su interpretación justa, la cual, decíamos, está fijada por y en conformidad con los precedentes concilios y con el conjunto de la enseñanza del Magisterio. Y es por eso que al punto el episcopado francés había condenado a la revista "Iti-néraires". Porque nosotros no hemos aceptado al concilio más que "visto a la luz de la tradición", el episcopado nos acusó de ser en ello hostiles a la "primavera" conciliar, de ser rebeldes al concilio. Condenación reveladora: el espíritu del concilio era reinterpretar la tradición vista a la luz del Vaticano II.
Desde entonces, nuestra oposición devino esencial y total: oposición esencial, oposición total, no a la totalidad de los textos conciliares en sí mismos, sino a la totalidad y a la esencia del concilio tal como él era interpretado y aplicado por los que no habían hecho. Ellos lo interpretaban, ellos lo aplicaban como una revisión progresista de la tradición, de la fe, de la doctrina católica. Toda esta historia está contada en los tres primeros capítulos de nuestra obra: Reclamación al Santo Padre (Nuevas Ediciones Latinas). [...]
Jean Madiran



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