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NÚMERO
(III)

EDITORIAL
Con el mayor aprecio agradecemos la gran cantidad de adhesiones que
hemos recibido con motivo de nuestro anterior número II
"FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA". Muy especialmente
agradecemos las adhesiones llegadas de sacerdotes cuyos nombres
omitimos, a fin de evitarles mayores persecuciones por parte del
aparato modernista que domina la jerarquía eclesiástica.
Nuestra vida religiosa actual se parece a la de las catacumbas. El
gran San Atanasio decía de los herejes arrianos: "Ellos
tienen los templos, nosotros tenemos la Fe". Cosa muy
similar podríamos decir hoy con respecto a los herejes modernistas.
¿Por qué estamos reducidos a esta especie de catacumba?
La respuesta es simple y terrible: porque no transamos, porque no
cedemos en la Fe, la Fe Católica, la Fe absoluta (católica
significa absoluta, no sólo universal como dicen).
Sin la Fe Católica íntegra, no hay salvación posible. No podemos
negociar la salvación. Algunos quisieran que cediésemos aunque más
no fuera en algo... No podemos, nos están pidiendo que entreguemos
el alma. No podemos, no debemos y además no queremos.
Este número
III "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", lo colocamos bajo la
especial protección de la Santísima Virgen María, Madre Reina
y Señora nuestra queridísima, cuya Inmaculada Concepción
celebramos el 8 de diciembre. A ella le suplicamos que abrevie estos
tiempos de oscuridad para la Santa Iglesia.
Recordamos
también que este mes la Cristiandad festeja la Navidad de Nuestro
Señor Jesucristo. Y al Niño Dios nos atrevemos a pedirle el
milagro que parece imposible: que mueva con su gracia el corazón
endurecido de los herejes modernistas que dominan la Iglesia
visible, para que cesen de hacer daño y retornen a la verdadera Fe
y a la Caridad de la Iglesia.
Alvaro
D. Ramírez Arandigoyen
Diciembre
de 1977.
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Muchas provincias os dejo aumentadas al
patrimonio de mis padres; pero de una sola
alhaja mía
os quisiera singularmente heredero. ¿Deseáis
saber cuál es? No es otra sino el
odio a los enemigos de la Fe.
Del
testamento de San Fernando, Rey de Castilla.
Consejos póstumos a su primogénito el Príncipe
Alfonso.
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LA
DIALÉCTICA MODERNISTA EN PLENITUD
EL SÍNODO DE
OBISPOS
La reunión del último Sínodo de Obispos, recientemente celebrado
en Roma, nos mueve a algunas reflexiones importantes.
Ante todo, recordemos que estos "sínodos" que se vienen
reuniendo periódicamente desde hace unos años, constituyen algo así
como la aplicación práctica de la dudosa doctrina del Vaticano II
sobre la colegialidad (dudosa, es lo menos que se puede decir).
Pero lo novedoso de este último sínodo lo constituye el hecho de
que, aparte del fárrago de palabras huecas a que estamos ya
acostumbrados, esta vez, por medio de los grandes diarios, y sin que
nadie lo desmintiera o lo aclarara, nos enteramos que a partir de
este último sínodo la Iglesia ha dado "un paso al
centro".
Según esta curiosa visión de las cosas, antes del Vaticano II la
Iglesia estaba en la "derecha", con el Vaticano II giró
hacia la "izquierda", y ahora da un paso al
"centro". ¡A partir de este momento, pues, comenzaría el
equilibrio!
Ahora bien; esto es dialéctica pura. Esto es la más hipócrita e
infame de las confusiones. La Fe Católica, de la cual reniega por
supuesto el modernismo, no admite esta dialéctica bajo ninguna
circunstancia. La Fe Católica impone una concepción jerárquica,
vertical, del universo todo. Las opciones no son horizontales. Las
opciones son entre el bien y el mal, entre la verdad y el error,
entre el amor de Dios o la negación de Dios. No hay otras opciones;
no las hay en religión, pero tampoco en filosofía, ni en política,
ni siquiera en economía.
Las
nociones de "izquierda", "centro" y
"derecha", acuñadas a partir de la nefasta Revolución
Francesa corresponden a una visión igualitaria, atea, horizontal
del universo. Estamos mal acostumbrados a emplearlas en política y
con frecuencia nos conducen a laberintos dialécticos
enloquecedores. Pero la pretensión de aplicarlas ahora a la teología
y a la vida de la Iglesia puede llevar a aberraciones ya
intolerables que jamás debemos admitir.
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LA
PUBLICACIÓN DE UN LIBRO SORPRENDENTEMENTE GRATO
CRISTIANISMO O
REVOLUCIÓN
Del Ing. M. ROBERTO
GOROSTIAGA
Sorprendentemente grato resulta para quien vive un estilo católico
de vida, la lectura de "Cristianismo o Revolución", del
ingeniero M. Roberto Gorostiaga.
Y señalo que
es sorprendente en cuanto al hecho de la publicación de un libro de
tal fuste doctrinal, y no respecto a la personalidad de su autor
vastamente reconocida en los ambientes católicos tradicionalistas.
Es una voluminosa obra que combina magistralmente una extraordinaria
profundidad temática, a través de un estilo claro, llano y
sencillo que es el resultado lógico de quien habla y dice la
verdad. Porque si hay un término para calificar globalmente el
libro es ese: la verdad y solamente la verdad. Todo lo expresado a
través de sus cuatro secciones es cristalinamente cierto. Tiene el
signo de la irrefutabilidad.
Se
agrega a esto una versasión impresionante en los temas tratados,
fruto evidente de un conocimiento vastísimo de la Doctrina Social
de la Iglesia. Pero lo importante es la interpretación diáfana que
de ellos extrae, no apartándose jamás de lo que los Pontífices
enseñaron, y marcando a fuego los terribles ataques que la Iglesia
sufrió a través de los tiempos hasta llegar a las deplorables
desviaciones, ya no condenadas ni tan sólo soportadas sino
directamente sostenidas hoy día por el propio Pablo VI.
Como el subtítulo del libro lo indica el objetivo es una
restauración cristiana de la Patria, es decir, realizar lo que
la jerarquía de la Iglesia oficial parece haber desechado como algo
decrépito e impracticable en los tiempos actuales de
"conciliación y diálogo" con todos los errores
inimaginables: plasmar en concreto la Realeza Social de Nuestro Señor
Jesucristo; lograr que Cristo reine en las costumbres, en las
instituciones, en las leyes, en las naciones, en el mundo entero.
"Onmia instaurare in Christo", como decía San Pío X. El
reina, dice la Encíclica "Quas
Primas", "sobre todas y cada una de las
realidades sociales y políticas del hombre", y agrega el
autor que "si Cristo no reinara sobre todo, no sería Rey,
ni sería Dios, ni nos habría ganado sobre la Cruz". Por
negar la Realeza Social de Cristo comenzó la Revolución
Anticristiana. "Se ha ensayado todo. ¿Por qué no ensayar
la verdad?" ha dicho el Cardenal Pie.
Expresa Gorostiaga que no habrá restauración cristiana de la
Patria sin restauración de la Misa; y esto es de una fundamentalísima
importancia. Dice León XIII que "el destino del Estado
depende del culto que se da a Dios". Y el centro del culto
es la Santa Misa.
El "Novus Ordo Missae" lo ha desfigurado todo. La Misa ya
no es más el Santo Sacrificio, es una asamblea democrática de
sentido ambiguo y con neto sabor luterano. Y Lutero dijo: "El día
que sea destruida la misa católica, la Iglesia Romana será
vencida". No sin razón Monseñor Lefebvre señaló: "Si
hubiese dicho la nueva misa antes del concilio, habría sido
excomulgado".
Muy bien señala
Gorostiaga que la Iglesia no progresa por cambios dialécticos.
"Esto es marxismo de raíz hegeliana. Sepamos reconocer que la
cuestión central de la Iglesia y del mundo hoy día es la cuestión
de la Misa".
Finalmente, el ilustre autor se pregunta: ¿Qué hacer? Y contesta
que Fátima es la clave de la historia. Nuestra Señora dijo: "Quiero
que recéis el Rosario todos los días. Jesús quiere establecer en
el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si no, Rusia
esparcirá sus errores por el mundo. Finalmente Mi Inmaculado
Corazón triunfará".
En definitiva, M. Roberto Gorostiaga ha demostrado a través de toda
su actuación —y este libro lo confirma— cómo se han encarnado
en él dos máximas que interpone en la introducción:
"Mostrar, como dice Dom Chautard, que es estéril toda acción
que no se nutra de la oración", y "obrar como si todo
dependiera de nosotros, y confiar en Dios pensando que todo depende
de El", como enseña San Ignacio de Loyola.
Es por todo ello que esta obra y su autor entrarán por derecho
propio en la larga lista de clásicos tradicionalistas que componen
la riquísima literatura de la ortodoxia católica.
José
María Arandigoyen
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Releído
el Símbolo del Concilio de Nicea, decretó el
Santo Sínodo que nadie se permita enseñar,
escribir o componer otra Fe que no sea la
definida por los Santos Padres reunidos por el
Espíritu Santo en Nicea.
Acta
VI. Primer Concilio de Efeso.
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UNA
CLAVE ESENCIAL DE LA VERDADERA VIDA ESPIRITUAL
EL
CANTO GREGORIANO
La verdadera vida espiritual de los fieles católicos, aquella que
da frutos ciertos y substanciosos, está íntimamente ligada al
culto que se tributa a Dios. De allí la importancia que la liturgia
exprese sin ambigüedades la verdadera Fe, con claridad y precisión,
con profundidad. Esto explica la trascendencia que Monseñor
Lefebvre otorga a la Misa, corazón y centro del culto católico.
Ahora bien, en este culto católico existe un tesoro sin igual, cuya
inagotable riqueza permanece oculta o mal conocida para el gran público
que ha perdido el sentido cristiano que caracterizaba a los pueblos
de otros siglos. Este tesoro es el canto gregoriano.
El contra-culto modernista que hoy domina el aparato eclesiástico
en casi todas partes, ha logrado ya barrer por completo el canto
gregoriano de los templos. El empeño que pusieron en ese criminal
propósito no es casual.
El canto gregoriano, como lo definía San Pío X, "Es el
canto propio de la Iglesia Romana, el único
que ha heredado de sus mayores, el que ha custodiado celosamente
durante siglos y que
propone a los
fieles como suyo propio; el que prescribe exclusivamente para su
liturgia" (Motu proprio del 22 de noviembre de
1903).
No
existen casi autores o compositores que hayan ligado su nombre al de
los cantos gregorianos, como no los hay para las grandes catedrales
medievales. Son obras anónimas, expresiones puras de una Fe
incomparable, de una piedad hondísima.
En el canto gregoriano el texto
constituye el elemento principal, sostenido por el canto que se
alimenta en las palabras que se dicen. Las melodías, por su parte,
están concebidas para interesar la parte superior del alma, pasan
por los sentidos, pero no se dirigen a ellos. La música moderna está
toda dirigida a los sentidos o, peor aún, al sistema nervioso. El
canto gregoriano, en cambio, expresa las verdades más terribles y
los más altos senti-; mientos de un modo puro y sen-cilio, casto,
sano, sosegado. . . Por ello mereció llamarse "música de los
ángeles", por ello también el modernismo lo ha eliminado de
sus ceremonias.
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IMPORTANTÍSIMO
ARTICULO DEL "A B C" SOBRE MONS. LEFEBVRE
UN DILEMA MARTIRIZANTE
El
"ABC" de Madrid (29 de octubre de 1977) publicó un
importantísimo artículo de Leopoldo-Eulogio Palacios cuyo tono
patentiza el dramatismo con que se vive en Europa la situación de
la Iglesia. Transcribimos uno de sus párrafos principales:
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"Es explicable que los prelados que
simpatizan con las «ideas modernas», como las
llamaba Nietzsche, obedezcan a las nuevas
orientaciones posconciliares: es su inclinación
y su gusto. Pero que también hagan lo mismo los
prelados conservadores ya no es tan fácil de
explicar. En religión la obediencia a la
autoridad puede convertirse en «obediencia
indiscreta» cuando pone en peligro la
supervivencia de la fe divina tradicional de los
fieles. Ahora bien, esta fe católica
tradicional está hoy muy debilitada por la atmósfera
enervante del nuevo clima vaticano, que se
refleja en la catequesis, en los seminarios, en
la liturgia de la misa y de los sacramentos, en
la noción del sacerdocio y hasta en la
constitución de la Iglesia. Por eso se han
vuelto tantos ojos hacia Monseñor Lefebvre, el
fundador del Seminario internacional de Ecône,
que da respuesta a un gravísimo problema. «Porque
el problema de
Ecône
—afirmaba una vez Lefebvre— es el
problema de millares y millones de conciencias
cristianas destrozadas, divididas, trastornadas
por este dilema martirizante: obedecer arriesgándose
a perder la fe, o desobedecer y conservar la fe;
obedecer y colaborar a la destrucción de la
Iglesia, o desobedecer y trabajar por la
preservación de la Iglesia; aceptar la Iglesia
reformada y liberal, o mantener su pertenencia a
la Iglesia católica». Por eso, cuando el 29 de
agosto de 1976 Monseñor Lefebvre dando
testimonio de una fortaleza singular que después
le ha asistido siempre, celebró contra viento y
marea la histórica misa de Lille, se ensanchó
el corazón de millares de católicos, que
encontraban por fin un pastor que entendía sus
problemas espirituales".
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CRISTO
DE FRAC Y GALERA
MOSCÚ, 1974
En
el teatro estatal de Moscú debía darse la primera representa ción
de una obra anunciada durante mucho tiempo: CRISTO DE FRAC Y GALERA.
Colegios, komsomoles y agrupaciones juveniles de traba jadores habían
sido alertados para que incluyeran la pieza en sus programas
culturales y la discutieran de antemano. Sin embargo fue retirada
finalmente de la lista de representaciones y no se la repuso jamás.
Para
el rol principal de Cristo se había previsto la participación del
célebre actor comunista Alexander Rostowsew. No era entonces raro
que el teatro estuviera colmado hasta el último rincón. En el
escenario se había dispuesto un "altar", colmado de
botellas de ron y cerveza, dentro de un ámbito con estilo de bar,
lleno de popes borrachos y camorreros, de monjas y monjes en
continuo movimiento. Al comienzo del acto II entró Rostowsew en
escena, con el libro de los EVANGELIOS en sus manos, en el que debía
leer los dos primeros versículos del SERMÓN DE LA MONTAÑA (San
Mateo, V). El actor representaba a Jesús. Según las indicaciones
de la regie, con sus chistes y payasadas debía provocar en el
auditorio un estallido de risas incontenibles. En efecto, todo lo
que se relacionaba con Cristo y su Fe era motivo de bromas y
carcajadas. Luego de la lectura de esos dos versículos, debía
proferir a los gritos: TRÁIGAME FRAC Y GALERA.
Rostowsew
comenzó y leyó: BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE
DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS. BIENAVENTURADOS LOS HUMILDES,
PORQUE ELLOS POSEERÁN LA TIERRA. En pocos momentos más debían
estallar las carcajadas, y el actor tenía que arrojar a un lado el
libro y el manto y pedir a gritos frac y galera. Pero nada de esto
aconteció. Rostowsew, en cambio, siguió leyendo: BIENAVENTURADOS
LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS. Y en ese momento
se calló. El público no se movía, pero advirtió enseguida que en
Rostowsew algo ocurría. Todos contenían el aliento. Luego, después
de una breve interrupción, Rostowsew siguió leyendo, pero su voz
tenía ahora otra resonancia. La potencia de la palabra divina parecía
haberlo aprisionado. En el ámbito del teatro había un silencio de
muerte.
El actor, con
los EVANGELIOS en la mano, se adelantó hasta el borde del escenario
y leyó y siguió leyendo los 8 versículos del capítulo V de San
Mateo. Ninguno lo interrumpió, todos escuchaban sus palabras, como
si estuvieran delante el mismo Jesucristo y no un hombre llamado
Rostowsew. DEBÉIS SER PERFECTOS, COMO ES PERFECTO VUESTRO PADRE
CELESTIAL, murmuró finalmente el actor, pero todos lo
entendieron y asintieron con un gesto. Rostowsew cerró el libro,
dando la impresión que con ello hacía algo definitivo para su
vida. Se persignó a la manera ortodoxa y con voz alta y nítida
pronunció las palabras del ladrón en la cruz: SEÑOR, ACUÉRDATE
DE MI, CUANDO ESTÉS EN TU REINO. Lo que había sido imaginado
como burla y desprecio, se tornó en una predicación del mismo Jesús
y en la confesión de Fe de un hombre que en la cumbre de su gloria
estaba poseído del temple de los mártires. Nadie gritó, o silbó
o protestó. Mudos abandonaron todos el teatro. Fue como en una
tormenta: había caído un rayo y los había alcanzado a todos. La
pieza no se representó jamás, y Rostowsew, después de aquella
noche, desapareció para siempre. Dios seguramente se ha acordado de
él.
(Cristo en una
escena de Moscú, traducido en la revista EINSICHT,
Munich, Alemania, de febrero de 1977, página 251, que
lo tomó de la obra de Chrysostomus Dehm O.S.B.:
Millionen in Russiand glauben an Gott.)



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