EL SAMOVAR DE RASPUTÍN

 

Ubicado a la vuelta de Caminito, en el corazón del barrio de La Boca, El Samovar de Rasputín atrae a vecinos, turistas y personajes del Blues del mundo entero. Abierto de Martes a Domingos desde las 10 a.m. al cierre, con capacidad para 80 cubiertos. En el verano porteño saca mesas a la calle. Adentro, una pantalla proyecta todo el tiempo videos con la mejor música de Blues, que acompaña un Menú a la Carta donde las especialidades son las pastas (imperdibles los Straccinatti) con diferentes salsas (Bolognesa, pesto, tuco, crema, Rosa) y con mariscos, las rabas crocantes, los platos de parrilla (no deje de probar la Provoleta Asesina -con huevo, jamón, morrón y fritas-, la Picada Rasputín y el Antipasto Rasputín.... Una selecta Carta de Vinos y postres caseros acompaña la propuesta. Además, sándwiches, ensaladas varias y minutas para el turista apurado...

 

 

"Pajarito" Zaguri se asoma detrás de la pizarra del Samovar...

 

 

 

 

 

 

Detrás de la Barra, "Napo", creador y alma mater del Samovar

 

"Napo" (Jorge Napoleone), desciende de una familia italiana y se crió entre cocinas de conventillo y de fondas de La Boca. "Autor responsable" de El Samovar de Rasputín, se precia de ser un experto en pastas y frutos de mar y muchas de las especialidades de la casa son creación suya. Napo alterna sus incursiones en la cocina con la atención personal de los clientes y su mundo de Blues...

 

 

 

 

 

 

 

 

 MATE BAR

 

 EN EL PRINCIPIO FUE EL MATE

 

 

 

 

Ciertos ritos se asocian indiscutiblemente a una comunidad determinada. El mate diferencia a los argentinos del resto de los mortales. Si uno se interna en la literatura rusa, en los melancólicos personajes de Chejov, o cuando el cine recrea esos magníficos escenarios decimonónicos, se intuye nitídamente el olor y el sabor del té que sale de una tetera humeante depositada sobre un curioso y, a veces, enorme aparato: El Samovar".

 

 

Mate, chocolate, café y té, oriundas de América las primeras, importadas por los europeos las dos últimas, son bebidas que remiten a encuentros urbanos, a reuniones sociales, a tardes acompañadas. El mate nos trae a la mente los hábitos de una América recién colonizada en la que ricos y pobres compartían el rito frugal, cuando a curas y monjas se les advertía no abusar de la tentación ofrecida por un tazón de chocolate espeso, que paulatinamente pasó a ser bebida exclusiva de las clases altas. Después llegó el té, herencia anglosajona, y el café. El mate (como toda costumbre que se precie), tiene una liturgia que debe ser observada cuidadosamente y una cantidad de signos visibles que, de no cumplirse, pueden llegar hasta hasta la ofensa. El primero es el mate como extensión de la mano amiga: es algo que se ofrece y que se acepta, rechazarlo en una reunión de amigos sería casi impensable.

 

 

 

Milonga

Extraño la Cruz del Sur cuando la sed me hace alzar la cabeza para beber tu vino negro medianoche.

Y extraño las esquinas con almacenes dormilones donde el perfume de la yerba tiembla en la piel del aire.

Comprender que eso está siempre allá como un bolsillo donde a cada rato la mano busca una moneda el cortapluma el peine la mano infatigable de una oscura memoria que recuenta sus muertos.

La Cruz del Sur el mate amargo. Y las voces de amigos usándose con otros.

Julio Cortázar

El Tata Cedrón cantó esta milonga con música de Eduardo Cantón

Que se pueda "tomar mate en El Samovar" es sólo una más de las posibilidades insólitas que ofrece este lugar... donde se puede desayunar, almorzar, tomar un trago (whisky, ginebra, anís turco, clericó, cañas del país, vodka), escuchar Blues y... tomar mate! Si está en Buenos Aires y todavía no lo probó, no deje de pasar por El Samovar antes de irse, a tomarse "el del estribo"... es una de las costumbres más argentinas...

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