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La Caperucita Roja(en español)Erase una vez, en una aldea pequeña en el bosque, vivió la caperucita roja. "¡Va a la casa de tu abuela y dale tu abuela este flan!" dicho la madre de la caperucita roja. La caperucita roja obedeció y tomó el flan y salió. Mientras ella andaba, se le olvidó la manera a la casa de su abuela porque ella era rubia. Vio a Godofredo, el vendedor de las chinchillas, al otro lado de la calle y ella se paró pedir las direcciones. Un lobo se llamaba Pepe oyó por casualidad. Pepe quiso el flan. Pepe necesitó el flan. Por lo tanto él tramó una esquema... Entretanto, el vendedor fue al borde de la locura y sus chinchillas atacaba a la caperucita roja. Después de quitar las chinchillas, ella salió para la casa de su abuela otra vez. Pepe el lobo tocó a la puerta de la casa de la abuela, y cuando ella respondió, él la ató y la puso en el armario. Cuando la caperucita roja llegó, Pepe se puso la ropa de la abuela. "¡Hola Abuelita! Le traje algún flan," dicho la caperucita roja. "¿Flan? Tú eres muy dulce. ¡Tráelo aquí!" dicho Pepe. "Pero Abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes!" exclamó ella. "¡Sí, para verte mejor!" dicho el malvado Pepe. "Y Abuelita, ¡qué dientes tan grandes tienes!" exclamó ella. "¡Para comerte mejor!" sonrió el lobo. "Y Abuelita, ¡qué pies tan grandes tienes!" exclamó ella. "Para—¡¿qué dicho?!" balbuceó Pepe. "Tus pies son muy grandes," declaró ella. "¡Cállase y dame el flan!" gritó el lobo. Pepe saltó a la caperucita rojo y agarró en su cesta que contuvo el flan. Empero, el malicioso Pepe no sabía que la abuela era una espía internacional se llamaba Consuela. Ella se reventó a través de la puerta del armario y dio coces en la cara a Pepe. Un leñador se llamaba Carlos vino dos horas más tarde. Él tomó a Pepe a su casa para sus hijas vestir en las ropas hermosa. La moraleja de la historia: ¡No lleva nunca la ropa para mujeres para el flan! |
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