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Introducción
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De origen montañés,
el birle o bolo-palma ha gozado en todo tiempo de gran arraigo
en el oriente de Asturias, así como en la vecina Cantabria. En el
siglo XIX, época de esplendor, lo normal era que la mocedad se trasladase
a Llanes los días festivos para divertirse en la bolera. A diferencia
de las otras modalidades, el bolo-palma comprende dos fases del
juego bien diferenciadas: tirar y birlar.
Tirar consiste en lanzar los bolos desde la zona de tiro para que éstas, por el aire, caigan donde están los bolos para derribarlos de acuerdo con determinadas reglas. Birlar consiste en lanzar de nuevo las bolas desde donde han quedado hacia la caja, para volver a tirar los bolos.
Los bolos, preferiblemente de madera de avellano o de abedul, son nueve grandes y uno más pequeño llamado emboque. Van colocados dentro de la caja en 3 filas. El emboque no tiene estaca y lo arma, a su arbitrio, en la raya -dentro de unos límites- el jugador encargado de trazarla. Tienen una altura de 45 cm. y terminan en una cabeza de 4 cm. de diámetro. La base del bolo es de 5 cm. y tendrá una anilla protectora de metal. El emboque mide 27,7 cm. de altura. Las bolas son esféricas, preferentemente de encina, y su diámetro oscila entre 12 y 18 cm.
Una vez que la primera fase del juego, tirar, ha resultado válida, se puede pasar a birlar. Si la bola quedó en la caja o muy cerca de los bolos, el jugador puede optar por la modalidad de birle llamada segar, que consiste en tirar los bolos sin necesidad de soltar la bola de la mano, dentro de los límites que señala el reglamento. El dominio del giro de la muñeca a la hora de lanzar la bola es fundamental en el bolo-palma, ya que es fundamental imprimir a la bola un efecto para que ésta gire casi en ángulo recto y pueda cortar la raya y hacer emboque. |
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