Introducción
Los
precedentes de la actividad protectora
Nuevo plan de protección
Los
criterios para la definición de un ámbito de protección
Una
concepción integrada del patrimonio arqueológico. La definición
de un modelo interpretativo
El
plan de protección de Madinat Al-Zahra, una aplicación del
modelo territorial
La génesis
de las parcelaciones
Hacía
una nueva estrategia de la protección patrimonial.
IntroducciónInicio
La protección del Patrimonio
Histórico arranca a mediados del siglo XIX. De esta forma, los elementos
artísticos se agrupan en colecciones, mediante un sistema analítico.
Frente a este sistema analítico, se impone desde la segunda mitad
del siglo XX unos sistemas complejos que impregnan todas las formas culturales.
Esta tendencia se traduce
al ámbito patrimonial en el progresivo protagonismo que van adquiriendo
el entorno, es decir, en los programas legislativos estatales y autonómicos.
En el caso de Medinat
al-Zahra, es un ejemplo de intento de integración con el entorno,
pues desde sus orígenes, esa ciudad palatina fue un intento de integración
de un conjunto urbano con el paisaje, intentando la unidad de la arquitectura
con dicho paisaje, jardines etc. Lugar que gozaba de una abundante vegetación
en las que se disponían los recursos hidráulicos. Esas infraestructuras
hidráulicas, eran de origen romano, y las calzadas actuaban como
canales de penetración en el territorio y de conexión con
la ciudad de Córdoba.
Aún arruinada esta
ciudad las infraestructuras son utilizadas a lo largo de la historia e
incluso se construyen nuevas edificaciones en sus alrededores. Dentro de
esta perspectiva histórica, destaca un momento culminante en el
que este paisaje se convierte en lo que podemos considerar como centro
del mundo occidental.
Los precedentes de la actividad protectora.
En la segunda década
del siglo XX, Velázquez Bosco inicia las campañas de excavaciones,
y nos recuerda en los informes sobre las excavaciones que lo encontrado
no se puede trasladar a los museos sino que debe quedarse en el lugar en
que se encuentra. Como consecuencia de esta política de protección,
se llega en 1923 a la declaración de Monumento Histórico-artístico
de Madinat al-Zahra y años después los de Alamirillo y Valdepuentes.
Después de
Velázquez Bosco, Félix Hernández, trabajará
hacia los valores patrimoniales arqueológicos que se articulará
en la Carta de Atenas en 1931. Félix Hernández, mantiene
la tradición de interés por el entorno.
En los años
del periodo de la transición democrática, se produce una
polémica en los procesos de reconstrucción ya iniciados en
la etapa anterior, pero ahora dirigidos hacia los planos de investigación
y conservación.
A partir de 1985, se
vuelve a la actividad sobre el yacimiento por parte de la Junta de Andalucía,
replanteándose la política de conservación y protección.
Es un periodo en el que se producen cambios en los aspectos culturales
y políticos. En el aspecto cultural, se vuelca más en el
conocimiento científico, con la participación de diversas
disciplina como puede ser la medioambiental, frente al predominio de las
obras de restauración arquitectónicas. En el aspecto político,
las medidas de protección salen de una supuesta neutralidad técnico-administrativa,
dando lugar a un nuevo marco legislativo, la Ley del Patrimonio Histórico
de 1985, que pronto será secundada por la correspondiente ley autonómica.
Para ordenar el yacimiento,
tiene que llevarse a cabo la recopilación de información
y reflexión para reiniciar las labores de conservación, y
plantearse un nuevo plan de proyección iniciada en 1992 y aprobada
en 1998.
Estos estudios se
inician con un examen presidido por el emplazamiento de Madinat, que se
extendía de Este a Oeste desde el continuo edificado cordobés
hasta el límite municipal, y de Norte a Sur entre el río
Guadalquivir y la línea visual de cornisa de la sierra, sobre el
valle. A partir de aquí, se irá acotando el territorio más
directamente relacionándolo con la ciudad califal que debía
ser objeto de medidas protectoras.
Los Criterios para la definición de un ámbito de protección.
Una primera fuente
de investigación para definir el entorno relacionado con Madinat
al-Zahra, partía de los relatos recogidos en las crónicas
de época califal relativas a la fundación y época
de florecimiento de la ciudad. De ellas, se desprendían la importancia
de las relaciones visuales del conjunto urbano con las laderas da la sierra
y las llanuras circundantes, comunicadas por las calzadas.
Otro punto importante,
son las infraestructuras hidráulicas destinadas al abastecimiento
de huertas y jardines.
Los intentos
de interpretación de los restos arqueológicos, se toparon
con el desarrollo urbanístico reciente, como pueden ser las carreteras,
autovías, ferrocarriles, industrias etc. Haciendo parecer a estos
restos arqueológicos descontextualizados. De esta forma, el límite
meridional quedaba claramente configurado por la cañada en el frente
de Córdoba la vieja y por el canal del Guadalmellato en el resto
del área.
Por el costado occidental,
Madinat al-Zahra está asociada a otro yacimiento califal, a unos
dos kilómetros al oeste de la muralla de la ciudad, es la almunia
almanzoreña de Alamirilla que posteriormente se identificaría
con la de al-Rummaniyya. Entre la almunia y la muralla de la ciudad encontramos
otro yacimiento romano e islámico, que no ha podido identificarse
históricamente. Todo este conjunto constituye un ámbito de
protección incuestionable.
Más polémica
resultó la delimitación del ámbito oriental, en dirección
a la ciudad de Córdoba, donde la proximidad a esta generaba mayores
expectativas urbanísticas. En el lugar conocido por Turruñuelos,
los estudios nos rebelan la existencia de una imponente almunia califal,
pero sin clara identificación en las fuentes históricas.
Más al norte de esta implantación, se encuentra las canteras
originales de donde se extrajeron los sillares de las construcciones califales.
En ese lugar, el proceso de extracción de los sillares había
conformado unos espacios abovedados iluminados por un óculo central.
Todo este conjunto
se encuentra alejado unos tres kilómetros de Madinat al-Zahra, separado
por un espacio de llanura agrícola. Aun cuando se desconocía
la identidad de la almunia, su ligazón con la ciudad califal quedaba
atestiguada por la comunicación que establece entre ambos yacimientos
un potente eje infraestructural conformado por una calzada califal, de
la que permanecen restos como el puente de Los Nogales. La calzada discurre
en paralelo con un acueducto subterráneo romano, reutilizado en
época islámica. A los márgenes de este eje infraestructural
aparecen albercas, y ramificaciones de viejas calzadas, convertidas en
vereda mesteñas.
Este ámbito
serrano, nos conducían a paisajes excepcionales como puede ser el
paraje cuyo nombre es Huertas de “Valle-hermoso” u otro caso significativo
es el monasterio de Valparaíso, otro paraje es el protagonizado
por el tronco principal del antiguo acueducto de origen romano que aprovisionaba
de agua a la medina.
Simultáneamente
a este proceso de delimitación del Plan Especial, se estaba procediendo
por parte de la dirección del Conjunto Arqueológico a la
definición de un nuevo ámbito de protección de Madinat
al-Zahra incluyendo yacimientos y elementos que contaban con una previa
declaración, como Alamirilla y Valdepuentes, e incorporación
incorporando otros nuevos que quedaran incluidos en esa delimitación.
De este modo el límite del Plan debía englobar esos entornos
menores de los yacimientos relacionados directamente con la ciudad califal,
cuya declaración como B.I.C. se produjo mediante Decreto 46/1996
de 30 de enero de la Consejería de Cultura (BOJA nº 69 de 18-06-1996).
Una concepción integrada del patrimonio arqueológico. La definición de un modelo interpretativo.
En paralelo con las
labores específicas del Plan, labores que hemos expuesto en anteriores
epígrafes, el mismo equipo redactor había realizado otros
trabajos de evaluación patrimonial del territorio que permitieron
establecer una estructura teórica que proporcionara ese necesaria
urdimbre, apareciendo el caso del Plan de Madinat al-Zahra.
En principio se partía
de considerar el patrimonio histórico territorial como expresión
de una gran obra de arte colectiva creada por las sucesivas generaciones
que se habían sucedido en el espacio, objeto de estudio.
De acuerdo con esa
aproximación, la ocupación de un territorio implica su ordenación
a través de tres operaciones básicas: jerarquización,
integración y delimitación.
La jerarquización
se refiere a la elección del lugar de asentamiento. La integración,
la comunicación que se genera entre ese lugar con su espacio dependiente.
Y la delimitación, que es importante cuando el grupo ocupante de
un lugar entra en conflicto con otro grupo. Otros puntos especialmente
destacados son los limites y caminos, que son aquellos en los que se producen
intersecciones, como ejemplo tenemos el trivium latino.
Una vez organizado
el territorio de tiende a la construcción, de elementos encaminadas
a la consolidación de este grupo, una de estas construcciones son
las fortificaciones, o la parcelación que da lugar a la colonización.
En el plano semántico
tenemos la sacralización de sus elementos, con lo que se convierte
a la divinidad en guardián de su mantenimiento y castigador de su
transgresión.
Todas estas
operaciones adquieren modalidades específicas con cada civilización,
pudiendo ser destruidas por civilizaciones diferentes que se asientan en
un mismo lugar pero en épocas distintas o por la adaptación
de éstas. Podemos decir que el territorio se convierte en un complejo
sistema de signos que debemos saber interpretar.
El Plan de protección de Madinat al-Zahra, una aplicación del modelo territorial.
Volviendo
a nuestro territorio de estudios, nos encontramos con los restos de una
organización romana fuertemente estructurada. A partir del centro
urbano cordobés irradia una densa red de calzadas y acueductos que
integraban la infraestructura de la ciudad. También es importante
la llanura agrícola limitada por el contorno forestal de la sierra,
de donde se obtienen los recursos hidráulicos.
Sobre esta base
se asientan los árabes, los cuales respetan las infraestructuras
produciéndose una transformación e incluso reconstrucción
de las mismas. La elección de Córdoba como centro del Estado,
trajo consigo la expansión urbana.
La proclamación
del califato, y la edificación de una capital planificada ex novo,
supuso una radical innovación en la organización territorial
de la zona. Y su caída dio lugar a una devastación también
radical.
Dos siglos más
tarde con la llegada de los cristianos y la expulsión de los moriscos
en el año 1263, el nuevo Estado va a basar la ocupación del
espacio rural en la actividad ganadera a diferencia de la anterior que
había sido la agricultura. El nuevo sistema basado en la gran propiedad
va a suponer la aparición de cortijos, ocupando las viejas calzadas
romanas e islámicas.
Lo bueno de ejercer la ganadería
es que el suelo aparece inalterado pues no sufre las agresiones del arado,
pero en contra posición tenemos que utilizaron los sillares califales
para las nuevas construcciones.
La génesis de las parcelaciones.
La Mesta, al
constituir el espinazo de la economía del reino castellano bajomedieval
y moderno, hubo de sufrir los embates de la profunda crisis del siglo XVII.
En el siguiente siglo, van a ocuparse del problema social que genera el
sistema de grandes propiedades y especialización ganadera, un sistema
al que achacan que la causa del empobrecimiento y despoblación del
país. La solución, basándose en las propuestas de
los campesinos que fue la de realizar la parcelación de las grandes
posesiones, con especial énfasis en las propiedades comunales.
A partir del segundo
tercio del siglo XIX, la política desamortizadora del liberalismo,
que supuso la privatización de las ruinas del entorno a al-Zahra,
vino a agravar el proceso de acumulación de propiedad. Desde las
colonizaciones de Carlos III, habrá que esperar a finales del siglo
XIX, para que se vuelva a la colonización.
Al final de la Segunda
República, el proceso de acercamiento a la parcelación adquiere
un carácter revolucionario y expansivo. Tras la Guerra Civil, el
nueva Régimen continua con la planificación de colonizaciones
basadas en planes de regadío que se extienden hasta los años
60, periodos donde se comienzan los procesos de urbanización e industrialización,
que va a cambiar el paradigma social, con la emigración masiva alas
ciudades.
La primera oleada de emigración
rural en Córdoba, da lugar a una demanda masiva de suelo y viviendas
que los poderes locales son incapaces de solucionar, apareciendo así
las agrupaciones marginales de viviendas, en las que se acude al tradicional
expediente de parcelación de fincas y ocupación de suelos
comunales.
Un segundo fenómeno
es la difusión de viviendas y la aparición de viviendas unifamiliares
alejadas del centro urbano
El cambio democrático
que a partir de 1978 proporciona una legitimación popular a los
ayuntamientos y condujo a la consolidación del Estado de las Autonomías,
se instaura en el momento de la crisis económica que atenúa
la consolidación del suelo. Una vez superada la crisis, el fenómeno
parcelario ilegal reverdece con nuevo ímpetu.
La génesis
del proceso parcelario supone uno de los mayores problemas con los que
se enfrenta la política de protección en el caso que nos
ocupa.
Hacia una nueva estrategia de la protección patrimonial.
Los objetivos de protección del nuevo planteamiento, requerían
para su aceptación en un contexto democrático para su aceptación
de la existencia de un consenso sobre sus pertinencias entre las distintas
administraciones implicadas.
Una vez aprobado definitivamente
el Plan, con una validez legal y una normativa, se seguía observando
una pasividad por parte de las distintas administraciones responsables,
en la ejecución de las vulneraciones de esas normativas.
Profundizando en los
motivos de esa pasividad, es preciso señalar que el cambio de una
política de protección de tipo museo e inventario a otra
de ámbito territorial supone un cambio en el papel de la cultura
y el entorno social y político, que requiere un correspondiente
cambio de actitud en todos los agentes concernidos.