Ronda la Tuna


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1. España

Diccionario

1. ESPANA.
FÉLIX Mª MARTÍN MARTINEZ y JOSÉ Mª OVIES ALONSO
Grupo musical de estudiantes varones en la universidad española, que se dedican en los ratos de ocio a las rondas o serenatas y a los pasacalles, haciéndose acompañar por instrumentos de cuerda pulsada principalmente. El término procede de tune, tonada, tonar o atinar o de tuono o tono. La tuna nace con la creación de la universidad española a principios del s. XIII. cuando una parte de los estudiantes universitarios, heredando viejas

maneras de los clérigos vagantes o goliardos, de los juglares, forman “Yuntamiento que es fecho d’escolares, trovadores por aver mantenencia, andar las tierras e servir las dueñas dellas con cortesía. Ansí mesmo, es la Tuna escuela de vida, palestra de ingenios, urdidora de ensueños, crisol de amigos nuevos e probanza de los antiguos, fontana de alegrías y honra de las Españas..." (Libro del buen tunar, de Emilio de la Cruz y Aguilar).

El puente de comunicación entre la música de la iglesia medieval y el arte popular fue establecido por los clérigos vagantes o estudiantes en órdenes menores que, de un modo itinerante, irrumpieron por todo el occidente europeo, alrededor, primero, de los cuatro famosos centros de estudio. Salerno, Bolonia, París y Oxford, y más tarde, Palencia, Salamanca, Santiago de Compostela, Valladolid, Lleida y otros centros urbanos. Pero los primeros estudiantes de universidad, no conformes con el ya de por sí estamento privilegiado que le atribuía el fuero estudiantil, se aprovecharon también de la música como instrumento de expansión y de sus inquietudes de juventud, de desenfreno y de burla, de irreverencia y de escándalo a veces. Los comportamientos de los primeros estudiantes universitarios, parte de los cuales son seña del contenido de su música, dieron lugar a continuas advertencias por parte del poder establecido, la Iglesia principalmente, y la propia universidad. Así, la misma Universidad de Salamanca recoge en varias de las filacterias del claustro alto alusiones a las enfermedades y peligros que pueden producirse cuando se lleva una vida desordenada. Tanto así, que hasta el Concilio de Valladolid de 1228 establecía, no ya consejos, sino prohibiciones de que los estudiantes “no sean en compañas do están joglares et trashechadores, el que escusen de entrar en las tabiernas”. Ramón Menéndez Pidal considera la dificultad inherente en la definición de la palabra juglar, y para ello cita a Menéndez y Pelayo, que afirma que la ‘juglaría era el modo de mendicidad más alegre y socorrido, y aquí se refugiaban tanto infelices lisiados, como truhanes y chocarreros, estudiantes noctámbulos, clérigos vagabundos y tabernarios de los que llaman en otras partes goliardos”; finalmente, se reafirma en su definición: “El último tipo afín al juglar es el de los clérigos o escolares vagabundos". El poeta y crítico español Luis Antonio de Villena llega a la conclusión, tal y como pone de manifiesto Miguel Abascal en el Primer Congreso Mundial de Juglaresca celebrado en Madrid en agosto de 1978, de que “actualmente en el ámbito de las universidades españolas, podemos considerar a los grupos de estudiantes conocidos por tunas como los sucesores, con ligeras variantes, de aquellos estudiantes, monjes, universitarios y profesores del siglo XII, que empezaron llenando abadías y monasterios para irse dispersando poco a poco por ciudades y universidades en un continuo movimiento pleno de vida, que une la lengua literaria a la terminología popular, e invade las literaturas románicas y la cultura de la Europa medieval”.

Una buena parte de la literatura picaresca española contiene descripciones de tunos. La pícara Justina habla de un grupo de estos estudiantes a los que llama “Los de la bigornia”, en referencia al sombrero bicornio característico de la vestimenta del tuno. Igualmente hay alusiones a personajes atunantados en obras de Vicente Espinel, y especialmente de Diego de Torres Villarroel, quienes, en opinión de Emilio de la Cruz, reúnen todos los caracteres de un juglar escolar, tañedor de guitarra y escritor, que finalmente acabó como catedrático en la Universidad de Salamanca. Desde la época moderna, la tuna o estudiantina está presente en casi la totalidad de las universidades españolas, ya sea representando a una facultad o escuela universitaria, o al conjunto del distrito de esa universidad. Su composición suele abarcar a una veintena de estudiantes varones que, compaginando sus estudios universitarios, mantienen vivo un legado de cultura medieval, a base de música y canciones que entroncan directamente con el espíritu de alegría juvenil que inspiró a los primeros clérigos vagantes.

Rondas y serenatas

Dado que, en principio, a las tunas no se incorporaban las mujeres, dice la copla popular: “Que en la luna no entren damas /cáusanos tamaña pena, /que nada tan placentero/que una bien plantada nena”. Las principales actividades de la tuna son la ronda o serenata, el pasacalles, así como todo tipo de actuaciones en cualquier acontecimiento social dentro o fuera de la propia universidad, bodas, fiestas, conciertos y demás actividades sociales. Afortunadamente, es cada vez más frecuente la presencia de las tunas en todos y cuantos acontecimientos culturales tienen lugar en su lugar natural: la universidad. Las rondas o serenatas son, sin duda. el aspecto más romántico de las estudiantinas; en este caso, a partir de medianoche y por sorpresa generalmente, o previo saludo escrito, la tuna interpreta debajo del balcón de la mujer a quien se ronda y ante la cual suelen hacerse toda clase de demostraciones de virtuosismo amoroso y musical, canciones generalmente de carácter romántico, o con el nombre incluso de la mujer elegida para la serenata. La ronda suele acabar con una canción de despedida, en un pasacalles donde la tuna realiza diferentes movimientos de varias tilas, en zig­zag, caracoleos, y otras más de gran vistosidad, recalcadas por el colorismo de su indumentaria, así como por las cabriolas del tañedor o tañedores de pandereta, y del portador de la bandera o estandarte de la tuna. En la bandera suele ir la mscripcion o lema que define a cada tuna. Sin embargo, y pese al carácter absolutamente romántico de la ronda, esta actividad ha tenido que sortear siempre el afán prohibitivo de quienes han querido suprimirlas. Así, por ejemplo, ya en las Constituciones de la Universidad de Lleida, establecidas por Jaime II de Aragón el 2 de septiembre del año 1300, se hace referencia a los “escolares que andan nochérniegos”. con la Intención de prohibir las rondas nocturnas: "Si vero de nocte...fuerint ... cum musicis instrumentis reperti ... perdant imstrumenta...”. Igualmente, los colegios universitarios también intentaron prohibir las músicas nocturnas; las Constituciones de San Bartolomé, de Salamanca (1414-16), o las complutenses de 1513, recogen siempre el espíritu del Título XXXI de la Partida Segunda, que dice: “Defenderles que non anden de noche más que finguen en sus posadas, e que punen de estudiar, e de aprender, e de fazer vida honesta, e buena. Ca los Estudios para esto fueron establecidos, e non para andar de noche”. De cualquier forma, es de suponer que siendo la noche y las serenatas uno de los quehaceres preferidos desde siempre por los estudiantes de universidad, éstos habrían tomado buena nota de la advertencia que el rey Sabio, Alfonso X, había dictado en la misma Segunda Partida: “De buen ayre el de fermosas salidas debe ser la villa do quisieren establecer el Estudio, porque los maestros que muestren los saberes, e los escolares que los aprenden, vivan sanos en él, e pue­dan folgar, e rescibir placer en la tarde cuando se levantaren cansados del estudio; el otrosí debe ser abondada de pan, e de vino, e de buenas posadas en que puedan morar e pasar su tiempo sin grant costa”.

Con todo, la serenata se halla descrita en numerosas ocasiones en diferentes obras de la literatura clásica española; por ejemplo, en La tía fingida: “Llegóse en esto la noche, y en la hora acomodada para la solemne fiesta, juntáronse nueve matantes de La Mancha y cuatro músicos de voz y guitarra, un salterio, un arpa, una bandurria, doce cencerros y una gaita zamorana, treinta broqueles y otras tantas cotas; todo repartido entre una tropa de paniaguadores...”. Lope de Vega también hace referencia a ciertos estudiantes que se procuran el buen comer y mejor beber por medio de la música, pero no sin ciertos riesgos: “Salen de camarada y vestidos de noche Alejandro, Mauricio, Riselo, Velardo y Gomecio, con rodelas, espadas y guitarras”. En un momen­to de la obra, Gomecio advierte a sus camaradas tunantes: “Toma aquesta guitarra, y si por suerte el tabernero llega hacia nosotros, perezca el insensato a espaldarazos”. Las pendencias que los estudiantes tenían que mantener con los alguaciles para salir airosos en las rondas daban a veces lugar a la necesidad de agudizar el ingenio. Muchas veces. la Justicia detenía a los alborotadores, quitándoles los instrumentos. Así lo refleja el famoso Entremés del estudiante, anónimo del s. XVI y editado por Emilio Cotarelo y Mori (tomo 1, Madrid, 1911):  “Andaba yo en la rúa enamorado,/de una platera como un ángel bella,/tan necia que había dado en ser doncella/Dio el alguacil de escuelas en quitarme,/una guitarra allí todas las noches/A tres que me quitó pido a un amigo/un galgo que tenía, y de la cola/atele la guitarra por los trastes/Y apenas comencé la seguidilla,/cuando el tal alguacil llega a pedilla./Doy una coz al galgo y al instante,/le dejó la guitarra, y él sintiendo/el son que por las piedras iba haciendo,/aullaba de manera que espantados,/huyeron vara y pluma. Y los criados/contaban que habían visto, esotro día,/un diablo que cantaba y que tañía”. Otras veces, y para burlarse de la justicia, los rondadores o tunantes encordelaban una calle, fingían gritos o pendencias, y cuando acudía el alguacil, éste caía de narices ante las risas de los estudiantes. De todas las formas, los más peligrosos conflictos tenían lugar entre los estudiantes y la justicia del corregidor. En ese mismo instante entraba en juego la defensa del fuero universitario. Los delitos cometidos por los estudiantes, cuando se limitaban al ámbito universitario, caían bajo la jurisdicción del maestrescuela o canónigo encargado de mantener el orden en la universidad. Los estudiantes tenían su propia cárcel, y unas grandes cadenas de hierro señalaban la frontera que la justicia del rey no podía franquear. Pues bien, al fuero estudiantil propiamente, los componentes de la tuna añadían el de su condición de tunantes, lo que les confería, si cabe, mayores ventajas. El fuero estaba muy arraigado entre los estudiantes, y así lo demuestra también la obra que Emilio de la Cruz sitúa entre finales del s. XVII y principios del s. XVIII, Arte tunantesca, y en la que un tuno veterano aconseja a otro novato sobre lo que ha de hacer en el caso de ser detenido por la justicia.

Ante la posibilidad de tantos conflictos nocturnos, no es de extrañar que la universidad hubiese intervenido en la reglamentación de las hospederías para los estudiantes. El rector era la máxima autoridad en cuestión de alojamieitos, tanto en lo que se refiere a los alojados como a los alojadores. Desde finales del s. XVI, la Universidad de Valladolid tomó medidas sobre el comportamiento que los estudiantes debían adoptar en las hospederías. En 1783, una real cédula prohibía la vagancia y, posteriormente, estableció una especie de pasaporte que, con el permiso del rector, servía para la circulación de los estudiantes. Hasta hace muy poco, y con el inicio del curso académico en la universidad, cada tuna solicitaba al gobierno civil de su provincia un permiso oficial para hacer rondas nocturnas y pasacalles, si bien en rarísimas ocasiones era requerido por la autoridad.

Tenedor y cuchara

Los conciertos o actuaciones son otra de las principales actividades de las estudiantinas, ya sea con carácter benéfico o como fuente de ganancias con que financiar sus propias vestimentas, instrumentos musicales, estudios, viajes y otras actividades. Así ha tenido lugar desde siempre, es decir, desde que los primeros tunos universitarios se vieron en la necesidad de tunar de mesón en hospedería, ofreciendo sus servicios musicales a cambio de viandas o alojamiento. No faltaban en su manteo una gran cuchara y tenedor de madera, como utensilio de comida.

Con el tiempo, una cuchara y un tenedor en posición cruzada se han convertido, precisamente, en el emblema de la tuna. El 4 de marzo de 1878, las estudiantinas recorrieron las calles de Madrid, recaudando cerca de mil duros para los náufragos del norte. Pocos años después, en febrero de 1885, una tuna de treinta miembros recorrió varias ciudades castellanas para recaudar dinero con destino a las víctimas de Andalucía. Existe un testimonio gráfico de 1895 de la tuna de la Universidad de Barcelona en París. Son frecuentes las actuaciones en todo tipo de centros asistenciales, benéficos, tales como residencias de ancianos, hospitales para niños, siendo muy tradicional sobre todo en la tarde-noche del 24 de diciembre, como forma musical de felicitación navideña de los estudiantes. Igualmente, cada tuna se ve en la necesidad de obtener fondos para su propio mantenimiento, por lo que son muy frecuentes durante los fines de semana las actuaciones en fiestas y bodas principalmente; es el llamado “parche”, en referencia a la tripa de animal que cubre el cuerpo de la pandereta que uno de los tunos utiliza para recoger el dinero con que los comensales obsequian a la tuna. Es ésta una tradición anterior incluso a la creación de la propia universidad española y que los primeros estudiantes universitarios se han encargado de mantener y transmitir.

Vestuario

La vestimenta es otro de los aspectos más singulares del tuno. En un principio, el traje se limitaba a una sotana y manteo negro. El bicornio o sombrero recogido en dos alas era el otro elemento característico de los primeros tunos, y en no pocas ocasiones servía para depositar el dinero que se recaudaba. Pero fue a partir del s. XVI cuando el traje de tuno adquirió la vistosidad y colorido que presenta desde entonces. Es lo más parecido al traje con el que se autorretrató el pintor español Velázquez en el cuadro de Las Meninas, es decir, pantalón bombacho, generalmente por debajo de la rodilla, aunque a veces llega hasta la mitad del muslo, medias negras y zapatos con hebilla plateada. La casaca está adornada con unos faroles que van desde el hombro hasta el codo, y cuyos colores representan a las distintas facultades o centros universitarios. Así, por ejemplo, y a semejanza de las togas y birretes de los docentes universitarios, el color rojo representa los estudios de derecho, el azul celeste los de filosofía, el anaranjado las ciencias de la economía, el azul oscuro las ciencias y el amarillo la medicina. Al tiempo, la misma casaca lleva una beca o banda de fieltro cruzada por delante del pecho y que llega por la espalda hasta la cintura, con el mismo color de referencia del centro universitario al que se representa. Algunas tunas, como la de la Facultad de Medicina de Valladolid, aún conservan en el extremo posterior de la beca el formato de una especie de rosquilla que utilizaban los antiguos estudiantes para transportar los libros en su cabeza, y que les servía como forma de amortiguación. Algunas tunas significativas, como las de distrito de Granada o Santiago de Compostela, están eximidas del uso de la beca, al haber sido retirada ésta por orden real (Carlos III en el caso de Granada), sustituyéndola por una cruz de alguna orden de caballería. Finalmente, y como elemento más significativo y vistoso, la capa. que va adornada siempre con un montón de cintas de colores prendidas en varios rosetones a la altura dc la parte superior. Las cintas constituyen el elemento más preciado por el tuno, en tanto que son todo un testimonio de frases, poesías o declaraciones de amor, y que diferentes damas les regalan a lo largo de las noches de ronda o serenatas. Normalmente, las cintas suelen ir bordadas con todo un alarde de artesanía colorista que desgraciadamente se ha ido perdiendo, a cambio de una escritura más ordinaria, que no implica la necesidad del vistoso bordado. Igualmente se da la paulatina pérdida, como elemento de la vestimenta del tuno, del bicornio y de la hebilla en los zapatos, lo que no deja de ser un modo de traicionar un poco a la tradición; de igual manera, la antigua gola que rodeaba el cuello ha desaparecido en favor de una solapa de color blanco que termina en una puntilla a juego con las puñetas del mismo color. Cabe señalar la inclusión, desde hace no muchos años, de los escudos que los tunos cosen a su capa. como elemento de ostentación de los lugares o países que han visitado. En ocasiones hacen que la capa, la prenda más vistosa del traje de tuno, se convierta en todo un mosaico de andanzas geográficas.
Repertorio

El repertorio de la tuna presenta varias posibilidades, tanto de forma como de contenido, según su finalidad en rondas, pasacalles o conciertos. Normalmente, las canciones de ronda suelen ser de corte lento y romántico, en forma de bolero, habanera o vals. Los pasacalles, en cambio, presentan una música viva y alegre, casi siempre en forma de marcha y pasodoble. Por último, la música puramente instrumental puede llegar a abarcar cualquier forma musical, desde un cuadro de zarzuela a un movimiento de música clásica, retomadas de instrumentaciones para rondallas; generalmente, este tipo de piezas suelen estar reservadas para los concursos. Hay que señalar, no obstante, que, si bien todo el repertorio de la tuna española ha sido asumido por las tunas hispanoamericanas, éstas han enriquecido recíprocamente el cancionero estudiantil con un riquísimo folclore de los diferentes países de habla hispana y con un variadísimo elenco de formas, ritmos e instrumentos. Los instrumentos que utiliza la tuna son la guitarra española, la bandurria, el laúd, la mandolina y la pandereta. Otros instrumentos menos utilizados son el violín, el contrabajo y el acordeón, el timple canario, así como los instrumentos hispanoamericanos cuatro (venezolano), charango (andino) y guitarrón (mexicano), utilizados en las canciones folclóricas de dichos países.
Organización interna

 La organización interna de los componentes de la tuna presenta una curiosa jerarquía perfectamente delimitada; está presidida por el jefe de la tuna o “Magister Tunae” y el subjefe o “Submagister”. Es importantísima la figura del director musical, así como la de relaciones públicas, medios de comunicación y rondas; por último, el “yepero” o encargado de la compra de las cuerdas de los instrumentos musicales. Igualmente, hay que señalar la diferencia entre tuno veterano y novato, también llamado “pardillo”. Este último suele ir desprovisto de beca y lleva las medias de color blanco, al contrario de las negras del veterano. Otra de las curiosidades que la tuna ha heredado de los trovadores es la de que todos sus componentes sean conocidos por algún mote o sobrenombre, que generalmente les es impuesto en el período de prueba por los tunos veteranos.

Brindis

Muchos han sido los compositores españoles que han reflejado en sus obras la música estudiantil, fundamentalmente en la zarzuela: F. Asenjo Barbieri en Pan y toros; A. Vives en Doña Francis quita; E Alonso en La linda tapada, y otros. Pero también se da el curioso caso del compositor francés Emile Waldteufel, autor de un vals, Estudiantina. op. 191, que resulta ser una composición dedicada a los estudiantes y a la vida estudiantil. Tanto en las tradicionales canciones de ronda como de pasacalles se incluyen a veces algunas frases de carácter enfático, con el objeto de recordar a los oyentes la pertenencia de los estudiantes a un determinado centro universitario; dice la copla: “Hasta las niñas de pecho/ los prefieren de Derecho... /Trompa, útero, vagina,/;Aupa Medicina!... ¡tuna minera/borracha y dinamitera...”. Entre los elementos de carácter goliardesco que son conservados celosamente por la tuna están los “brindis” o especie de género báquico, también utilizado en ambientes rurales:

-Brindador: ¿Bebió nuestro padre Adán?
-Coro: ¡Bebió!
-Brindador: ¿Y nuestra madre Eva?
-Coro: ¡Borracha perdida era!
-Brindador: Et nos quod filias suos eamus.....
-Coro: Bebamus, bebamus, bebamus...
-Brindador: Dios que con su gran bondad siiiempre borrachos nos tiene...
-Coro: ¡Será porque nos conviene...!
-Todos: Hágase su voluntad!

También en el himno de la universidad Gaudeamus igitur es de destacar la referencia que se hace a la luna en una de sus estrofas: "...Vivant omnes frates/tuni Hispaniarum/potent dulcem vinum vitae/et percipiant primas flores/omnium puellarum... /(Vivan todos los hermanos/tunos de las Españas/beban el dulce vino de la vida/y recojan las primeras flores/de todas las doncellas...)”.
Libros, películas y audiograbaciones

En la actualidad, la transmisión del repertorio musical de la tuna se ha visto favorecida por las numerosas grabaciones discográficas o videográficas, resultantes de no pocas actuaciones en las distintas televisiones de todo el mundo. Dentro del variado repertorio de las grabaciones existentes, cabe reseñar el importante aporte del tenor Alfredo Kraus, purista en su género, que no ha dudado en prestar su voz al patrimonio cultural de la tuna. Del mismo modo, hay que señalar que muchos libros y películas han tenido como protagonistas a la tuna: La casa de la Troya de Antonio A. Pérez Lugín (novela y película), A la pálida luz de la luna, Pasa la Tuna y otros.
La persona que mejor ha sabido reflejar la vida de la tuna ha sido el tuno y catedrático de derecho de la Universidad Complutense de Madrid Emilio de la Cruz y Aguilar a través de sus libros en castellano antiguo: Chrónica de la tuna o memorial de andariegos y vagantes escolares, Chrónícas tunantescas segundas y sobre todo, el que constituye el auténtico “catecismo tunantesco”, el Libro del buen tunar o cancamusa prolixa de las glorias y andaduras de una tuna complutense.

Exámenes de ingreso

  El ingreso en la tuna tiene lugar a través de un examen que de forma pública es convocado por las distintas estudiantinas al principio de cada curso académico; tiene un carácter absolutamente jocoso y divertido, y en él se consigue la ridiculización del aspirante a través de las diferentes preguntas, pruebas musicales y demás aspectos a que se le somete. El examen está presidido por un tribunal de tunos veteranos, cuyo presidente llama en voz alta al aspirante, que previamente ha satisfecho sus “tasas de matrícula” en forma de buen vino y otras viandas. Dado el carácter “riguroso” del examen, cada tuna suele invitar a otras estudiantinas, ya sean del mismo distrito universitario o de fuera de él, así como a diferentes autoridades universitarias. La celebración del examen tiene lugar en el aula magna del centro universitario de la tuna convocante o, en su defecto, en el propio paraninfo de la universidad. La presentación pública de los miembros del tribunal, tunas invitadas, preguntas de examen, así como la propia convocatoria oficial del mismo, suele ir en castellano antiguo: “Convocatoria que es fecha para examen de ingreso en el Mester de Tunería/Sepan cuantos esta carta de convocación/vieren que el día tendrá lugar en el Paraninfo d’aquesta/Universitas Juris et Solemne e rigoroso examen de mancebos/aspirantes a tan honroso Mester/Otros sí deberán comparecer ante Nos, digoísimos e sapientisimos Yoglares,/portando sos estromentos en la mano diestra que non en la siniestra/Otrosí que sean finos e bien fechos, e como pinos derechos/Otrosí, sean de recto mirar e costumbres, que non largos/de uña e lengua/Fugan d’ella saras, hurgamaoderas, chupacirios, politicuelos, . . . /q’es la tuna noble albergue de altas tradiciones estudiantiles/do non fallarán gracia nion perdón quienes con avieso ánimo/y entender la miran. /Dada en aquesta, la Muy Noble Ciudad de Oviedo,/e a quantos melómanos sean en ella. /Magister Tunae dixit”. Una vez realizado el examen oficial de aspirantes, éstos permanecerán a prueba durante un curso académico completo, al final del cual la tuna decide por votación rigurosa de todos sus miembros la incorporación o no de los aspirantes.

Algunas tunas, como la de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. recogen como fórmula de juramento la misma que en el s. XVIII estableció Ignacio Farinelo en su obra Arte tuntesca, y en la que el tuno veterano exige juramento al aspirante: "¿Juras así mismo /por la hermosa Dulcinea /del Toboso protectora, /de todos cuantos asientan/plaza de tunos vivir/en cualquier país o tierra,/sea de España, sea de Francia,/aunque Morería sea?”. En los últimos años se viene realizando en los distintos certámenes de tunas el bautismo público de los novatos, que tiene lugar en las distintas fuentes de la ciudad. Resulta curioso que el reconocimiento oficial de una nueva tuna no tenga lugar hasta que ésta haya sido apadrinada por otra estudiantina veterana, y tras la comprobación del seguimiento puntual de todas las tradiciones tunantescas; este curioso hermanamiento ya se daba en la época de los juglares. Dado que la presencia de la mujer en la universidad española no tiene lugar hasta principios del s. XX, no se conoce la existencia de ninguna tuna femenina hasta épocas muy recientes, si bien en número muy escaso; curiosamente estas estudiantinas femeninas han arraigado más fuera de España, como lo demuestran por ejemplo la tuna Femenil y Oro de la Universidad Autónoma de México,Tuninha o Tena Femenina de Eindhoven (Holanda), que asiste a varios certámenes internacionales que se celebran en España. En lo referente a las tunas femeninas españolas, sólo cabe hablar de esporádicas apariciones que no son muy representativas.

Antiguos tunos

 Han aparecido en España lo que se ha dado en llamar cuarentunas o asociaciones de antiguos tunos, quienes, una vez acabados sus estudios universitarios, se agrupan en una especie de confraternización tunantesca para rememorar y mantener el recuerdo de las andanzas juveniles. Entre las cuarentunas hay que destacar la de la asociación de Antiguos Tunos componentes de la tuna de Barcelona, creada en 1972, reconocida gubernativamente y apadrinada por el rector de la Universitas Barcinonensis; también la de la asociación de Antiguos Tunos Compostelanos, y sobre todo, la asociación de Antiguos Tunos de Madrid (Orquesta de Pulso y Púa), que realizan numerosos conciertos por el país y cuentan con varios trabajos discográficos de gran calidad.

Certámenes

 Las tunas celebran en las diferentes sedes universitarias numerosos certámenes que suelen tener un carácter competitivo, con una duración de tres días, en los que se premia desde una cuidada uniformidad hasta un buen desfile de pasacalles, pasando, por supuesto, por la buena interpretación vocal e instrumental. Hay que destacar en este sentido los certámenes internacionales que se celebran periódicamente en las universidades de Oporto (Portugal), Eindhoven (Holanda), Guanajuato (México) e ltaqui (Perú). En España, la sede universitaria que más certámenes convoca es la Universidad de Santiago de Compostela, en uno de cuyos encuentros se inauguró, el 15 de noviembre de 1980, el Primer Gran Monumento Escultórico a la Tuna, que se exhibe en el campus de dicha universidad.


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