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Orión - ezine de Divulgación Literaria Cuentos Escogidos de la Literatura Universal www.geocities.com/roland557/ficcion/index.htm | |
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TRADICIONES PERUANAS 2: El insigne escritor peruano, Ricardo Palma, escribió cerca de 400 tradiciones abordando diversos temas, como: personajes de la iglesia, políticos y militares. No tocó temas de actualidad sino que se fue hasta la época virreynal, llegando hasta mediados del siglo XIX. Fue su desición evitar temas de su propia época por temor a no ser exacto en describir a personajes y situaciones en las narraciones. ORGULLO DE CACIQUE(1574)El lugar donde nuestro ilustre tradicionista naufragó se llama Lomas. Hasta
Entre los caciques de Acarí y de Atiquipa, que nacieron cuando ya la conquista española había echado raíces en el Perú, reinaba en 1574 la más encarnizada discordia, a punto tal, que sus vasallos se rompían la crisma, azuzados, se entiende, por los curacas rivales. Era el caso que el de Atiquipa no se conformaba con que las fértiles lomas estuviesen bajo su señorío, y pretendía tener derecho a ciertos terrenos en el llano. El de Acarí contestaba que desde tiempo inmemorial su jurisdicción se extendía hasta la falda de los cerros, y acusaba al vecino de ambicioso y usurpador. La autoridad española, que no podía consentir en que el desorden aumentara en proporciones, se resolvió a tomar cartas en la querella, amén de que el poderío de los caciques más era nominal que efectivo, pues a la política de los conquistadores convenía aún dejar subsistentes los cacicazgos y demás títulos colorados, rezagos del gobierno incásico. El corregidor de Nazca mandó comparecer ante él a los dos caciques, oyó pacientemente sus cargos y descargos y los obligó a prestar juramento de someterse al fallo que él pronunciara. Dos o tres días después sentenció en favor del cacique de Acarí y dispuso que en prueba de concordia se celebrase un banquete, al que debían concurrir los indios principales de ambos bandos. El de Atiquipa disimuló el enojo que le causara la pérdida del pleito, y el día designado para el banquete de reconciliación estuvo puntual, con sus amigos y deudos, en la plaza de Acarí. Había en ella dos grandes mesas en las que se veían enormes fuentes con la obligada pachamanca de carnero, y no pocas tinajas barrigudas conteniendo la saludable chicha de jora, mil veces preferible, en el gusto y efectos sobre el organismo, a la amrga y abotagadora cerveza alemana. Ocupó una de las mesas el vencedor con sus amigos, y en la fronteriza tomaron asiento el de Atiquipa y los suyos. Terminada la masticación, humedecida, por supuesto, con frecuentes libaciones, llegó el momento solemne de los brindis. Levantóse el de Atiquipa, y tomando dos mates llenos de chicha, avanzó hacia el de Acarí y le dijo: Hermano, sellemos el pacto brindando porque sólo la muerte sea poderosa a romper nuestra alianza. Y entregó a su antiguo rival el mate que traía en la derecha. No sabré decir si fue por aviso cierto o por sospecha de una felonía por lo que poniéndose en pie el de Acarí, contestó, mirando con altivez a su vencido adversario: —Hermano, si me hablas con el corazón, dame el mate de la izquierda, que es mano que al corazón se avecina. El de Atiquipa palideció, y su rostro se contrajo ligeramente: más, fuese orgullo o despecho al ver abortada su venganza repúsose en el instante, y con pulso sereno pasó el mate que el de Acarí le reclamara. Ambos apuraron el confortativo licor, mas el de Atiquipa, al separar sus labios del mate, cayó como herido por un rayo. Entre el suicidio y el ridículo de verse nuevamente humillado por su contrario, optó sin vacilar por el suicidio, apurando el tósigo que traía preparado para sacrificar al de Acarí. |
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