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| Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas nos muestra la sociedad peruana de siglos 18 y 19 | ||
LAS TRES ETCETERAS DEL LIBERTADORRicardo Palma
El Libertador Simón Bolívar tenía fama de don Juan cuando llegó al Perú
A fines de mayo de 1824 recibió el gobernador de la por entonces Villa de San Ildefonso de Caraz, don Pablo Guzmán, un oficio del jefe de Estado Mayor del ejército independiente, fechada en Huaylas, en la que se le prevenía, que debiendo llegar dos días más tarde a la que desde 1868 fue elevada a la categoría de ciudad una de las divisiones, apréstese sin pérdida de tiempo cuarteles, reses para rancho de la tropa y forraje para la caballada. Item se le ordenaba que para su excelencia el libertador alistase cómodo y decente alojamiento, con buena mesa, buena cama y etc., etc., etc.
II
Si don Simón Bolívar no hubiera tenido en asunto de faldas aficiones de sultán oriental, de fijo que no figuraría en la Historia como libertador de cinco repúblicas. Las mujeres le salvaron siempre la vida, pues mi amigo Gacía Tosta, que está muy al dedillo informado en la vida privada del héroe, refiere dos trances que en 1824 eran ya conocidos en el Perú. Apuntemos el primero. Hallándose Bolívar en Jamaica en 1810, el feroz Morillo o su teniente Morales enviaron a Kingston un asesino, el cual clavó por dos veces un puñal en el pecho del comandante Amestoy, que se había acostado sobre la hamaca que acostumbraba a dormir el general. Éste, por causa de una lluvia torrencial, había pasado la noche en brazos de Luisa Crober, preciosa joven dominicana, a la que bien podía cantársele lo de: Morena del alma mía; Hablemos del segundo lance. Casi dos años después, el español Renovales penetró a media noche en el campamento patriota, se introdujo en la tienda de campaña, en la que habían dos hamacas, y mató al coronel Garrido, que ocupaba una de éstas. La de don Simón estaba vacía porque el propietario andaba de aventura amorosa en una quinta de la vecindad. Y aunque parezca fuera de oportunidad, vale la pena recordar que en la noche del 25 de septiembre, en Bogotá, fue también una mujer quien salvó la existencia del libertador, que resistía a huir de los conjurados, diciéndole: "de la mujer, el consejo", presentándose ella ante los asesinos, a los que supo detener mientras su amante escapaba por una ventana.
III
La fama de mujeriego y que había precedido a Bolívar contribuyó en mucho a que el gobernador encontrara lógica y acertada la decifración que de las tres etcéteras hicieron sus amigos, y después de pasar mentalmente revista a todas las muchachas bonitas de la villa, se decidió por tres de las que le parecieron de más sobresaliente belleza. A cada una de ellas podía, sin escrúpulo, cantársele esta copla: De las flores, la violeta; Dos horas antes de que Bolívar llegara, se dirigió el capitán de cívicos don Martín Gamero, por mandato de la autoridad, a casa de las escogidas, y sin muchos preámbulos las declaró presas, y en calidad de tales las condujo al domicilio preparado para alojamiento del Libertador en vano protestaron las madres, alegando que sus hijas no eran godas, sino patriotas hasta la pared del frente. Ya se sabe que el derecho de protesta es derecho femenino, y que las protestas se reservan para ser atendidas el día del juicio, a la hora de encender los faroles. -¿Por qué se lleva usted a mi hija ? - gritaba una madre. -¿Qué quiere usted que haga? -contestaba el pobrete capitán de cívicos-. Me las llevo de orden suprema. -Pues no cumpla usted tal orden -argumentaba otra vieja. -¿Qué no cumpla? ¿Está usted loca, comadre, parece que usted quisiera que la complazca por sus ojos bellidos, para que luego el libertador me fría por la desobediencia. No, hija, no entro en componendas. Entre tanto, el gobernador Guzmán, con los notables, salió a recibir a su excelencia a media legua de camino. Bolívar le pregunto si estaba listo el rancho para la tropa, si los cuarteles ofrecían comodidad, si el forraje era abundante, si era decente la posada en que iba a alojarse; en fin, lo abrumó a preguntas. Pero, y esto chocaba a don Pablo, ni una palabra que revelase curiosidad entre las cualidades y méritos de las etcéteras cautivas. Felizmente para las atribuladas familias, el libertador entró en San Idelfonso de Caraz a los dos de la tarde, impúsose de lo ocurrido, y ordenó que se abriese la jaula a las palomas, sin siquiera ejercer la prerrogativa de una vista de ojos. Verdad que Bolívar estaba por entonces libre de tentaciones, pues traía desde Huaylas (supongo que en el equipaje) a Manolita Madroño, que era una chica de dieciocho años, de lo más guapo que dios creara en el género femenino del departamento de Ancash. En seguida le echó don Simón al gobernadorcillo una repasada de aquellas que él sabía echar y lo destituyó del cargo.
IV
Cuando, corriendo los años, pues a don Pablo Guzmán se le enfrió el cielo de la boca en 1882, los amigos embromaban al ex gobernador hablándole del renuncio que como autoridad cometiera, él contestaba: -La culpa no fue mía, sino de quien en el oficio no se expresó con la claridad que Dios manda.
EL ALACRAN DE FRAY GOMEZI Lima virreynal fue ciudad de santos Este era un lego contemporáneo de don Juan de la Pirindica, el de la valiente pica, y de don Francisco Solano; el cual lego desempeñaba en Lima, en el convento de los padres seráficos las funciones de refitolero en la enfermería u hospital de los devotos de frailes. El pueblo lo llamaba fray Gómez; y fray Gómez lo llaman las crónicas conventuales, y la tradición lo conoce por fray Gómez. Creo que hasta en el expediente que para su beatificación y canonización existe en Roma no se le da otro nombre. HISTORIA DE UN CAÑONCITO(A Leopoldo Díaz, en Buenos Aires) Una de las más famosas anécdotas Si hubiera escritor de vena que se encargara de recopilar todas las agudezas que del ex presidente gran mariscal Castilla se refieren, digo que habríamos de deleitarnos con un libro sabrosísimo. Aconsejo a otro tal labor literaria, que yo me he jurado no meter mi hoz en la parte de historia que con los contemporáneos se relaciona. ¡Así estaré de escamado! ORGULLO DE CACIQUE(1574)El naufragio del vapor de guerra Rímac, el 1 de marzo de 1885, en los arrecifes de la punta San Juan, llevó al tradicionista que este libro ha escrito, después de andar tres días entre arenales pasando la pena negra, al pueblecito de Acarí. Aquel naufragio no fue al principio gran catástrofe, pues de novecientos que éramos entre tripulantes del buque, pasajeros y un batallón de infantería que, con destino a Islay, se había embarcado, no excedieron de doce los ahogados en el mar. Ricardo Palma, (Lima, Perú, 1833 - 1919), incursionó en muchos géneros literarios, pero fue con sus "Tradiciones Peruanas" que alcanzó notoriedad internacional y lo hace perdurable. Además de escritor, fue marinero, soldado: ocupó un puesto de combate cuando nuestro país fue invadido. Dirigió la Biblioteca Nacional desde 1883 hasta 1912 y se ganó el apelativo de el "bibliotecario mendigo", por la difícil tarea que se impuso de reconstruir la desbastada Biblioteca Nacional después de la guerra. COMENTARIO. Las Tradiciones Peruanas podría ser catalogado como cuento histórico, pero don Ricardo Palma tuvo cuidado en hacer conocer sus cuentos como "tradiciones" porque no son enteramente históricos sino que tienen algo de su imaginación, como lo comenta Luis Alberto Sánchez en su obra La Literatura Peruana. "Diremos con el mayor gusto a nuestros lectores que durante toda esta escena se habían mantenido firmes gringorio..."
La novela de Victor Hugo es omnisciente; el autor conoce los pensamientos de todos sus personajes y cuenta la historia con varias líneas de acción.Pero hay que reconocer que sin la intromisión de las personalísimas opiniones de don Ricardo Palma, sus tradiciones no hubieran tenido el sabor criollo del limeño avispado y tradicionalista que le da un sabor a limeño enjundioso. Con todas esas armas el tradicionista se manda a su antojo metiendo sus propias opiniones que más de las veces ayudan a dar significancia a lo intrascendente y hace grande la obra. Según L.A. Sánchez, Palma acostumbraba dar en el segundo párrafo de todas sus tradiciones, una información sobre el personaje, "en donde hace una síntesis pretendidamente histórica, sin mordacidades ni sonrisas, a fin de dar el ambiente de época que persigue e introducir al lector en el misterio de la edad remota, en que coloca a sus personajes." Esto es cierto en Las Tres Etcéteras En el primer párrafo el autor va directo al grano: el gobernador de Caraz se encuentra en una gran encrucijada para interpretar bien los requerimientos del libertador mencionados en una carta. Luego, en los párrafos segundo y tercero, encontramos, como en un paréntesis, una explicación sobre algunos detalles relacionados con las costumbres de Bolívar y que L.A. Sánchez llama "síntesis pretendidamente histórica". Esto es el antecedente, una de las causas por las que influyen en el gobernador para dudar. Pero la pseudo historia que Palma hace en este segundo y tercer párrafo por medio de una retrospección, no termina allí pues antes de volver al hilo de su historia (del primer párrafo), escribe dos párrafos más que sirven de transición para volver suavemente al asunto planteado al comienzo. Esta transición empieza con: "Lógico era, pues que para el sibarita de son Simón aprestasen en Caraz..." Rolando Sifuentes, 2006 | ||