Comentario sobre un libro
inédito de mi padre.
 
 

MIS  IMPRESIONES  SOBRE  LAS

“ IMPRESIONES  DE  VIAJE ”

DE  ADOLFO  E.  RAÍCES



Por Rodio Raíces
 

    Mi padre emprendió un viaje, que duró cerca de tres meses, en el verano de 1954 - 1955. Concretaba así el sueño acariciado durante toda su vida, de convertirse en un verdadero Simbad, aquel personaje de Las mil noches y una noche cuyas andanzas leyera una y mil veces en la versión del Dr. Mardús, un médico de a bordo de la marina francesa que hablaba el idioma árabe.
    Por aquella época no se hacía normalmente el crucero en avión, ya que salía muy caro y se temía el accidente, quedando reservada esta vía para la correspondencia epistolar (que se rotulaba “AIR MAIL” o “PAR AVION”), y para los hombres de negocio, amén de los vuelos por causa de fuerza mayor (desgracias familiares o personales).
     En ese entonces se usaban los transatlánticos, y la travesía duraba algo más de quince días de ida y algo menos de vuelta. Mi padre partió en el “Salta”, vapor de bandera argentina con muy buenos camarotes y otras conodidades, partiendo de Puerto Nuevo, a la altura del viejo Hotel de Inmigrantes, donde los “vistas de Aduana” revisaban las valijas (siempre al retornar y pocas veces a la ida), siendo de rigor una coima adecuada para que “pasara” algún objeto más importante que un simple souvenir.
    La travesía del Océano era prolongada, es cierto, pero parecía más corta porque, casi a mitad de trayecto, se celebraba la Fiesta del Cruce del ecuador, cuya descripción hizo mi padre en “forma de verso” porque, según él, le resultaba más fácil escribir de esta manera. Durante el evento, el Capitán entregaba “las llaves del barco” al Rey del Mar, que encarnaba algún pasajero “de condiciones y experiencia”, que bautizaba a cada viajero gustoso con agua y otros menjunjes (según y conformare), otorgándose finalmente un diploma en que constaba el nombre de algún “bicho de mar”, impuesto  al pasajero como  súbdito de la divinidad pagana.

    Decía el certificado de mi padre:
 
 

En el momento solemne de cruzar la línea que divide al mundo, Trío, en nombre de Neptuno, bautiza al pasajero Adolfo E. Raíces con el nombre marino de “Berberecho” y lo declara protegido por las deidades del mar, para que pueda viajar con felicidad desde el Ecuador hasta los polos *  Así sea * Otorgado a bordo de la nave Salta, 
el 29 deDiciembrede 1954.

     La meta fijada era Lisboa, y Barcelona después; allí desembarcarían los pasajeros y seguirían en ómnibus a Madrid, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania occidental (Republica Federal Alemana en esos días de la “cortina de hierro”), Suiza e Italia (de norte a sur), reembarcando en este país para llegar a Grecia (El Pireo y Atenas), Líbano (Beirut y ruinas de Baalbek) y finalmente Egipto (El Cairo), con posterior retorno al “Buenos Aires querido”.
    Las escalas obligadas serían Santos (puerto de San Pablo, Brasil), Dakar (capital de Senegal) y Las Palmas (Isla de Gran Canaria, España).
   Las ciudades visitadas alcanzarían el número de unas cuarenta, entre grandes, medianas y chicas.
    El periplo era organizado por la empresa TRÍO (así se llamaba su dueño), con local comercial sobre la avenida Córdoba a nivel de la calle  Esmeralda, sirviendo de Guía cultural la profesora Lola Pita Martínez, que ya había oficiado de tal - con buen éxito - en anteriores excursiones.
    Papá, a quien las musas habían seducido desde si juventud, aprovechó esta dilatadas vacaciones para su desquite, y fue relatando el viaje, paso a paso, y verso a verso, apilando una buena cantidad de poesías, algunas de las cuales emocionaron mi espíritu al escucharlas por Radio Excélsior, semana a semana, en la voz de la actriz Norma Agüero, durante un programa que patrocinaba la nombrada agencia de viajes.
    He creído oportuno transcribir, aquí, algunas de esas poesías (las pocas que restan, ya que la mayoría se perdieron entre una y otra de mis tantas mudanzas), por tratarse de una forma de expresión peculiar, poco común, en que alternan lo descriptivo lo épico y lo lírico, y porque descubre la cara oculta, cultural, humanística, de un eminente químico argentino que dedicó su vida a satisfacer su vocación por la ciencia y los demás.
    Esta faceta del Dr. Adolfo E. Raíces,  sólo mostrada a sus amigos en las inolvidables tertulias de su departamento de Belgrano, es revelada ahora para solaz de muchos que lo conocieron y del público en general sin exclusión de nadie. Así, antes que sople el viento y se los lleve el viento a estos poemas, los evidencio acá, para que puedan llevar su mensaje al corazón del lector, cumpliendo la secreta intención de quien los escribió y - con natural modestia - los relegó olvido.=

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IMPRESIONES DE VIAJE
Por Adolfo E. Raíces




 
 
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