| ETERNALLY |
| Rocio Sainz Moreno |
| Era una noche perfecta a principios de verano. El cielo estaba claro de nubes por el intenso viento que hab�a dominado el d�a y que al caer la noche hab�a amainado hasta convertirse en una ligera brisa marina. Las estrellas brillaban palpitantes en el manto oscuro del universo. La luna llena parec�a estar posada en la l�nea del horizonte sobre el mar reflej�ndose tranquila en la sosegada superficie l�quida. Solo unas peque�as olas llegaban hasta la orilla con un susurro casi imperceptible. Una joven de unos veinticinco a�os se encontraba tumbada vestida con unos vaqueros largos y una camiseta fina de tirantes sobre una gran toalla a pocos metros del agua. Manten�a los pies semienterrados en la fresca arena, mientras ten�a las manos bajo su cabeza a modo de almohada. A su lado descansaban unos prism�ticos de largo alcance. Hacia rato que hab�a dejado de observar con ellos el infinito cielo plagado de estrellas, uno de sus pasatiempos favoritos. Ahora disfrutaba de la tranquilidad de la noche mientras ordenaba sus pensamientos con la mirada perdida en el manto estelar. Su vida lejos de la complejidad no era necesariamente sencilla. Sab�a disfrutar de los momentos de calma y aquel era uno. Totalmente relajada escuchando el suave murmullo del agua, dejaba que su mente se desconectara del mundo que la rodeaba. Por un leve instante cerr� los ojos y su pelo recogido en una coleta se movi� a merced de la brisa. Se incorpor� al sentir la fresca corriente y se puso una chaqueta de punto dada de s�. Cruz� las piernas y observ� el mar iluminado por la enorme y plateada luna que le miraba c�mplice de acontecimientos secretos. Mir� la l�nea de la costa... cu�ntas veces la hab�a recorrido con la mirada en busca de respuestas a sus preguntas sin sentido. No le molestaba la soledad, al contrario, le gustaba disponer de tiempo para ella misma, para ser como era. Una chica rom�ntica y solitaria. Actitudes de las que no siempre pod�a disfrutar en compa��a de otros. Volvi� a coger sus prism�ticos y ote� el horizonte marino... divis� un lejano barco con las luces encendidas. Su mente imagin� que se trataba de un peque�o yate cuyos ocupantes, dos enamorados, despu�s de una ligera cena hab�an dado rienda suelta a sus pasiones y se encontraban ahora haciendo el amor ajenos a todo el mundo. Su coraz�n se aceler� al imaginar ropa echada por el suelo, suaves murmullos, susurros... pieles roz�ndose... sacudi� la cabeza... su terrible imaginaci�n la hab�a dominado de nuevo. Pero no pudo negar que durante aquellos segundos se hab�a excitado, y su entrepierna palpitante se lo recordaba como aquella vez primera que vio en la tele una pel�cula clasificada como er�tica. Suspir� y sonri� cambiando de postura. Siempre le ocurr�a algo as�, y en el fondo le divert�a. Siempre fantaseando, pero nunca ning�n hombre le hab�a atra�do de la manera que ella so�aba. Eso no significaba que no los hab�a existido en su corta vida... los hab�a habido, pero simplemente por satisfacer su extensa curiosidad por descubrir los secretos que su cuerpo escond�a. Ning�n hombre hab�a logrado florecer en su coraz�n la semilla del amor que segu�a latente... esperando... esperando a escuchar la melod�a que por fin despertara toda la sensualidad que guardaba en su interior. Confiaba en el destino y las estrellas eran por el momento las confidentes de aquellos sugerentes pensamientos. Mir� su reloj digital y vio contrariada que ya era muy tarde. Las horas volaban en aquel estado ensimismado y a la ma�ana siguiente ten�a que madrugar. As� que guard� los prism�ticos, se calz� sus zapatillas deportivas y se dispon�a a doblar y sacudir la toalla cuando un movimiento en la lejan�a capt� su atenci�n. Primero por cautela se qued� quieta para saber de que se trataba y luego por curiosidad se mantuvo en la postura... de rodillas en la arena. Vio la figura de alguien a unos doscientos metros orilla abajo que caminaba hacia donde se encontraba ella. Pero indudablemente no la hab�a visto ya que de pronto par� mirando hacia el mar y comenz� a desnudarse. Atra�da por aquel hecho volvi� a sacar los prism�ticos y con precisi�n adapt� las lentes. En su boca se dibuj� una sonrisa, maliciosa y divertida a la vez. Se acost� lentamente sobre la toalla y se apoy� en los codos. Pod�a ver con perfecta claridad, la luz de la luna era todo lo que necesitaba en aquel momento y aprovech� la oportunidad que se presentaba ante sus ojos. Se trataba de un hombre que pasar�a de los treinta y cinco a�os. Con pausa se hab�a ido quitando la ropa, el calzado, los pantalones, la camiseta... lo hab�a ido dejando arreglado a la vez sobre la arena. Ella sonri�... y su boca se abri� todo lo que pod�a dar de s� cuando al levantarse descubri� que no llevaba ba�ador. Su desnuda piel brill� bajo la luna mostrando un cuerpo delicadamente cincelado sin caer en la desproporci�n de los deportistas culturistas. Ella not� como se ruborizaba, un calor se iba apoderando de su cuerpo. No pod�a creer lo que ve�a con sus ojos... un cuerpo atl�tico perfecto. Dese� poder verle la cara con m�s claridad, pero sus facciones inexplicablemente siempre se ocultaban entre las sombras. Observ� absorta como lentamente se introduc�a en el agua y se zambull�a. Por unos instantes dese� acercarse y conocerle... pero era demasiado... �qu� le iba a decir? �Oye, disculpa te he estado mirando y me apetec�a conocerte...� Todas las frases que se le ocurr�an eran absurdas como aquel instante. Sent�a que estaba vulnerando la intimidad de aquella persona. Lo mejor era marcharse y olvidarse, pero era imposible. La visi�n de aquel cuerpo la hab�a cautivado. Su coraz�n se hab�a disparado solo al ver su tersa piel desnuda. Si hubiera podido alargar la mano y tocarle... lo hubiera hecho. Aquel cuerpo ped�a a gritos ser acariciado cent�metro a cent�metro... con todo detenimiento. Su mente volvi� a excitarla y antes de que aquella situaci�n se le escapara de las manos y que sus impulsos la dominaran recogi� sus cosas con cautela y desapareci� tras una dunas, no sin antes mirar como �l nadaba en aquel mar de plata ajeno a sus observaciones. Durante toda la noche tuvo el mismo sue�o. Se ve�a a ella misma acariciando a aquel hombre sobre la arena, los dos desnudos explorando mutuamente sus cuerpos robando instantes al tiempo que les rodeaba. Sent�a como �l la llevaba a un estado que ning�n otro hab�a logrado... ve�a como hac�an el amor lentamente, suavemente, sin prisas, sin miedos... dulcemente, con sentimiento. Su cuerpo era besado por todos sus rincones despertando placeres que ni ella misma conoc�a de s�. O�a su melodiosa voz susurr�ndole al o�do tiernas frases de amor mientras se compart�an. Sent�a dentro de s� como el momento iba acerc�ndose... acerc�ndose... su respiraci�n se iba tornando entrecortada y como �l le daba el ox�geno que necesitaba en un apasionado beso... como sus lenguas entraban en combate... se iba acercando... acercando.... Despert� bruscamente al escuchar la alarma del despertador que la hizo volver de nuevo al mundo real y ese d�a antes que otros, ya que su andadura nocturna la hab�a hecho acostarse hacia las cuatro de la ma�ana y el maldito despertador marcaba las ocho. Se dio cuenta de que se hallaba h�meda y no precisamente del calor nocturno. No tard� en recordar el sue�o y no tuvo otra opci�n que sonre�r aunque la sombra de la decepci�n se pos� en su mente. S�lo hab�a sido un sue�o. �Qui�n era aquel hombre que hab�a despertado su deseo con tan solo mirarle en la distancia? Aquel d�a lleg� tarde a todos los sitios. Constantemente la mente se le iba a la noche anterior, a su visi�n, a su sue�o, y no pod�a hacer nada por concentrarse. Opt� por tomarse el resto del d�a libre y despu�s de comer en un bar c�ntrico de la ciudad fue a por su veh�culo. M�s que un coche lo que a ella le gustaban eran las motos y en especial las de la casa Harley Davison. Hab�a sido un regalo de sus padres en su veinti�n cumplea�os en un intento de sobornarla para que estudiara Derecho y entrar en el buffette de su padre. Pero ella odiaba la vida de sociedad que llevaban y hab�a elegido vivir su propia vida en la casita de playa que sus progenitores ya no quer�an ver ni en pintura desde que el turismo hab�a atra�do a mucha �gentuza� como llamaba su padre a todo aquel que no sosten�a un status parecido al suyo. |