CAP�TULO XI


La calma y el silencio, �nicamente roto por el sonido de dos respiraciones sosegadas, reinaban en aquella habitaci�n medio a oscuras.
Russell se encontraba sentado en un c�modo sill�n reclinable durmiendo pl�cidamente. Sobre su pecho y agarrado con una de sus manos descansaba el gui�n de su pr�xima pel�cula que hab�a estado leyendo hasta que el sue�o y el cansancio lo hab�an derrotado. La otra reposaba sobre una mano de Roc�o, que se hallaba acostada en una cama de hospital. Uno de sus brazos estaba conectado a un gotero que le suministraba el alimento y la medicaci�n necesaria para subsistir en aquel estado de coma en el que se hab�a sumido desde el accidente en el aparcamiento.
Hab�a pasado ya �un mes� Hab�a logrado sobrevivir a las primeras setenta y dos horas, las m�s cr�ticas. Pero su mente no encontraba la salida de aquel rinc�n oscuro en el que se hallaba inmersa. Era cuesti�n de tiempo... pero �cu�nto? Los m�dicos no se lo pod�an explicar. Su cuerpo hab�a reaccionado bien a la operaci�n a la que le hab�an sometido. La peque�a hemorragia interna hab�a sido atajada con �xito al igual que la presi�n que dominaba su cerebro. Las constantes irregulares se hab�an equilibrado... tan solo su fuerza de querer vivir la hab�a salvado. No entend�an por qu� no despertaba del coma. Y cada d�a que iba pasando mayor era el riesgo de que le quedara alguna secuela.

De pronto el sonido de una sirena lejana que se iba acercando despert� a Russell que dej� caer el gui�n al suelo. Sobresaltado se incorpor� sin dejar de aferrar la mano de Roc�o. Parpade� varias veces para enfocar su cansada vista en aquella penumbra que los rodeaba. Pas� su mano sobre su rostro sintiendo la incipiente barba, subi�ndola para retirar los mechones de pelo que ca�an sobre su frente. Sus ojos se posaron sobre Roc�o observando como su pecho se mov�a al ritmo de su tranquila respiraci�n. Hac�a ya dos semanas que le hab�an quitado el ox�geno porque ya era capaz de respirar por s� misma. �nicamente estaba conectada al monitor del seguimiento card�aco mediante una pinza en uno de sus dedos. Aquel mon�tono bip-bip hab�a sido en parte culpable de que �l se sumiera en el sue�o. Mir� la hora en su reloj... eran ya las diez de la ma�ana. Supuso que habr�a dormido por lo menos cinco horas... puesto que a�n no hab�a amanecido cuando rendido, leyendo, se hab�a adormilado.
Sent�ndose al borde del sill�n cogi� su mano entre las dos suyas. Cuanto tiempo esperando una respuesta motriz, un tic nervioso, algo... algo que le dijera que ella intu�a su presencia. Pero aquellos dedos que hab�an recorrido su piel en aquellas noches de pasi�n... permanec�an muertos... sin vida aparente, insensibles a su tacto.
Apoy�ndose sobre los codos en el colch�n bes� aquella mano lacia mientras miraba su sereno rostro. Nadie hubiera dicho que estaba en coma... parec�a dormir apaciblemente. Como en aquellas noches que hab�an ca�do rendidos tras hacer el amor. Como si ella fuera la bella durmiente en espera de un beso de su pr�ncipe azul.
Se levant� depositando con suavidad la mano sobre la cama y acerc�ndose a la ventana subi� las persianas. La luz de un nuevo d�a ilumin� la habitaci�n portando nuevas esperanzas y llev�ndose los desasosiegos de la noche. Mir� a trav�s de los cristales observando el trepidante movimiento de la ciudad, que contrastaba con la calma que all� se respiraba. Se desperez� lentamente bostezando. Volvi� junto a Roc�o y acerc� su rostro al de ella, sintiendo como su aliento le acariciaba. Dulcemente pas� su dedo �ndice por sus mejillas notando la tersura de su piel. Como le gustaba ver el rubor que ella manifestaba cuando �l la miraba con aquellos ojos llenos de deseo. Pero ahora permanec�an p�lidas, sin sombra de vida, ni de alegr�a.
Se sent� a su lado cogi�ndole de nuevo la mano.
-S� que me oyes amor m�o...
Susurr� como temiendo despertarla. Una ligera sonrisa se dibuj� en su rostro.
-... y cuando abras los ojos... yo estar� aqu�. Te promet� aquel d�a en el aeropuerto que estar�amos juntos de nuevo. No voy a abandonarte. He vuelto a por ti y no pienso irme sin tenerte a mi lado.
Con una mano sac� la cruz que llevaba colgando en su cuello y se la ense��.
-�Te acuerdas?
Ella permaneci� igual... sin contestar con los ojos cerrados.
-Desde aquel d�a no me la he quitado... la llevo siempre cerca de mi coraz�n.
Continu� dici�ndole besando la cruz. De pronto alguien llam� a la puerta. Despacio se abri� dejando paso a un mensajero con un gran centro de flores, impregnando la habitaci�n con un agradable aroma. A un gesto de Russell las deposit� en la mesita al lado de la cabecera de Roc�o llev�ndose las anteriores ya secas y ajadas.
-Gracias...
Le dijo mientras el joven se marchaba. Lentamente se levant� y se coloc� junto a las flores oli�ndolas. Cerr� los ojos recordando felices d�as pasados, sonriendo...
Cogi� una rosa y se sent� de nuevo junto a ella en la cama. Con suavidad recorri� su rostro con la flor, contrastando con la p�lida piel de Roc�o.
-�Hueles su perfume?
Ella no reaccion�, siguiendo en su profundo sue�o, totalmente ajena, indiferente.
-No me cansar� nunca de rodearte de flores, mi amor. Como jam�s me cansar� de decirte que... que te quiero. Ahora que te he encontrado no voy a marcharme de tu lado. No creas que ser� tan f�cil deshacerse de m�.
Respir� hondo sonriendo, peinando su cabello con los dedos, la esperanza lat�a en su coraz�n.
-S� que eres fuerte amor... despertar�s y podremos seguir juntos por el mismo camino. Nos quedan tantas cosas por vivir... por compartir... Supe desde aquel d�a en la playa, al calor de la hoguera, que nuestras vidas se hab�an cruzado para enlazarse fuertemente. Supe que te quer�a desde el mismo instante que me vi reflejado en tu brillante mirada. Desde cuando al ver el rubor de tus mejillas mi coraz�n solo deseaba tu compa��a...
Y bes� sus labios dulcemente como si en el fondo de su alma tuviera la esperanza de despertarla con aquella caricia. Como anhelaba una respuesta de aquellos labios al contacto con los suyos.
De pronto se abri� la puerta poco a poco y apareci� un m�dico.
-Buenos d�as...
Dijo t�midamente sintiendo romper aquella cari�osa escena. Russell se gir�.
-Buenos d�as doctor Godes... �viene a la rehabilitaci�n matinal?
El otro asinti� acerc�ndose, y �l se levant� no sin antes depositar un beso sobre la frente de Roc�o.
-No te preocupes amor m�o... te dejo en buenas manos.
El m�dico deposit� una mano sobre su hombro estrech�ndoselo.
-Cu�demela bien... �de acuerdo?
Le pidi� Russell mir�ndole. El otro asinti�.
-Claro... es mi paciente preferida...
Dej� escapar una sonrisa plana y sali� cerrando la puerta tras s�. Sus pasos cansados le llevaron hacia los ascensores para bajar a la cafeter�a. Necesitar�a una buena raci�n de caf� para permanecer despierto durante todo el d�a, en permanente vigilia esperando a que ella despertara de nuevo a la vida.
Entr� en el lugar devolviendo los saludos de los m�dicos que ya le conoc�an. Un mes era mucho tiempo... y pr�cticamente viv�a all� desde aquel entonces. Estaba seguro de que en el hotel se hab�an olvidado de �l. Solamente lo visitaba para cambiarse de ropa.
Busc� una mesa solitaria en alg�n rinc�n donde no ser molestado. Pidi� caf� bien cargado y se distrajo mirando el men� de aquel d�a impreso en un papel plastificado sobre la mesa. Debido a la tensi�n a la que se hallaba sometido... no solamente el estado de Roc�o si no que tambi�n se un�a la cola de proyectos que le esperaban... hab�a adelgazado. Su est�mago solo era capaz de soportar el caf� y poco m�s. Hasta incluso hab�a perdido la costumbre de tomar cerveza... su vida hab�a cambiado por completo. Sus prioridades se hab�an invertido.
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