LA ESCLAVA DEL PLACER
                                                   Por Roc�o Sainz
No se sabe que �poca transcurr�a, tal vez antes o despu�s de lo que la gente cre�a.
Ella se encontraba a solas, en la oscuridad de una noche estrellada al borde de una peque�a escollera, a la orilla del mar, sentada, absorta en sus pensamientos. Dej�ndose llevar por el r�tmico sonido de las olas al chocar contra aquellas rocas. Con los ojos cerrados escuchaba el crescendo y el decrescendo de aquel sonido tan relajante. Hac�a un poco de calor, solo una ligera brisa h�meda de diminutas gotas de agua salada impactaban levemente contra su cuerpo bronceado haci�ndole en algunas ocasiones que su piel tersa y suave fuera recorrida por un ligero escalofr�o. Pero no le importaba, era una sensaci�n placentera. Disfrutaba de aquellos momentos de soledad en aquel lugar al que casi nadie iba. Pero no sent�a miedo alguno, su seguridad era tal, que incluso a veces dej�ndose llevar por aquel estado relajado hab�a llegado incluso a desnudarse y sentir aquella suave brisa acarici�ndole su cuerpo.
En la lejan�a pod�a escucharse el sonido del mundo, pero aquello tampoco le importaba, durante aquellos instantes a la orilla de la escollera sentada en una roca, el mundo parec�a adquirir otra dimensi�n, era su mundo y era ella la que gobernaba.
Mientras ella segu�a as� en aquel estado hipn�tico, a lo lejos se vio brillar una luz. �Tal vez alguien m�s sent�a la necesidad de ir hasta aquel lugar para disfrutar de aquella soledad?
Poco a poco fue acerc�ndose, lentamente, con un suave balanceo. �De qui�n se tratar�a?
Ella, de espaldas al camino no se dio cuenta, ensimismada, observando en estos momentos la danza del agua al chocar contra las rocas. Sinti� calor y se despoj� de sus ropas, ajena a que quiz�s alguien pudiera verla. No le import�. �Qui�n iba a ir all� a esas horas de la noche? Las deposit� a su lado y estir� los brazos para desentumecerlos un poco. Gir� su cabeza y sonri�. No hab�a nadie en las cercan�as, y volvi� a sus menesteres.
�Qu� hab�a ocurrido con aquella luz?
La respuesta era simple, para llegar a aquel lugar hab�a que atravesar un pasillo entre las rocas de la monta�a que custodiaba la playa, un recodo del camino la hab�a tapado en el momento justo en que ella hab�a mirado. Pero nuevamente se vio, acerc�ndose, lentamente, sin prisa alguna.
�Pero, de qui�n se trataba? La luz nos dio la respuesta. Era un hombre, joven pero con la experiencia necesaria. Las sombras de la antorcha que portaba dibujaba extra�as sombras en su rostro. Un rostro con una expresi�n un tanto triste y cansada.
�Qu� hac�a all�?
A �l tambi�n le fascinaba el mar, aquellas olas que al llegar a la orilla la barr�an, aquella brisa que le hac�a sonre�r. Le gustaba sentirla en su cabello, jugueteando como una amante traviesa. Pero aquello hab�a sido hac�a mucho tiempo y aunque segu�a record�ndola... el dolor que hab�a sentido al saber que hab�a desaparecido para siempre de su vida hab�a ido menguando con los a�os. Sab�a que el amor que hab�a sentido por ella no lo volver�a a sentir con otra, pero... la vida aunque corta deb�a seguir. En aquello hab�a cambiado, antes hubiera muerto antes de amar a otra, pero ahora la vida le hab�a ense�ado una lecci�n y sab�a que no deb�a desaprovechar aquella segunda oportunidad. Tal vez por eso baj� hasta la playa... para que el mar fuera su consejero y quiz� el agua barriera de �l todos aquellos malos pensamientos que le hab�an atenazado desde aquel d�a.  Tal vez las heridas curaran en aquel mar salado.
Mir� al suelo y levemente sonri�. S� hac�a calor... tal vez era buena idea ba�arse en el agua tibia y despojarse de todas sus dudas absurdas.
Lleg� al �ltimo recodo, y observ� que la playa estaba desierta, el sonido del mar ya llegaba a sus o�dos, la brisa golpe� suavemente su rostro y sinti� la humedad en sus labios. Volvi� a sonre�r. El ruido de sus pasos en la arena amortigu� el tintineo de su armadura. �Qu� inc�moda resultaba en aquel lugar� Antes de llegar a las rocas dej� la antorcha en el suelo clavada y comenz� a desnudar su atenazado cuerpo. Poco a poco dej� caer las partes que compon�an su atuendo y respir� hondo cuando qued� solamente con su t�nica. Inspir� fuertemente y sinti� como sus dudas comenzaban a disiparse. Mir� la negrura del agua a pocos metros y fue encamin�ndose hacia ella sin pensar en nada m�s.
Una peque�a ola lleg� hasta sus pies y lentamente con cuidado fue andando hasta que el agua le cubri� las rodillas. Al mojarse, la t�nica empez� a pesarle y decidi� despojarse de ella para lo cual regres� a la orilla y la tir� lo m�s lejos posible. Volvi� dentro y esta vez cuando pudo se sumergi�.
All� bajo el agua resisti� todo lo que pudo, le maravillaba el sonido que llegaba hasta sus o�dos. Era tan calmante... record� que ya hab�a escuchado aquel sonido con anterioridad... s�... en su cabeza antes y despu�s de cada batalla. Esa,  a veces tan temida, calma antes de la tempestad...
Sinti� que le faltaba el ox�geno y resurgi� resoplando como un cansado cachalote. �Qu� pensar�an sus hombres si lo vieran as�? Tal vez le hubieran perdido el gran respeto que sent�an por �l. Por eso se hab�a cerciorado de que nadie hubiera ca�do en la cuenta de que se hab�a dirigido hacia aquel lugar. S�, aquel lugar deb�a permanecer como estaba, solitario, ajeno a toda intromisi�n humana. Adem�s... los dem�s oficiales se encontraban en esos momentos relaj�ndose de la gran batalla a la cual se hab�an sometido en aquella semana.
Con sus manos retir� el agua de su rostro cuando escuch� un tenue gemido de temor. Proven�a de las rocas de la escollera. Entorn� sus ojos verdes y capt� un ligero movimiento que le sobresalt�.
- �Qui�n va?
Pregunt� un tanto asustado. En esos momentos dese� tener a su lado su fiel espada, pero la hab�a dejado en la arena junto a su armadura y la antorcha que un golpe de aire hab�a apagado. En la oscuridad de la noche y con solo la luz de las estrellas intent� atravesar el espacio que le separaba de aquella figura acurrucada que lograba distinguir a duras penas.
- �Qui�n va?
Volvi� a preguntar esta vez con m�s fuerza y sinti� que el valor recorr�a su cuerpo. Tal vez tendr�a que matar con sus propias manos. �l sab�a que pod�a hacerlo, no ser�a la primera vez.
Caminando se dirigi� con cautela a las rocas. �C�mo pod�a ocurrir esto en aquel momento? Se encontraba desnudo e indefenso, �tal vez el enemigo lo hab�a seguido hasta all� para romper la voluntad de la tropa? Tal vez si lo mataran a �l, sus hombres huir�an despavoridos. Ten�a que arriesgarse y lo hizo con suma cautela.

Ella, tan tranquila como estaba sumida en sus pensamientos, de pronto escuch� el bramido de un animal. �Un animal? �C�mo no se hab�a dado cuenta de que no estaba sola? Asustada repentinamente gimi� asustada cogiendo las ropas que llevaba y acurruc�ndose en un hueco entre las piedras intent� no moverse. Pero aquel hombre... parec�a ver en la oscuridad. Escuch� sus palabras, pero se sent�a inmovilizada por completo. Cerr� los ojos, tal vez as� no la descubriera, tal vez se tratara de una pesadilla y estaba dormida. Pero el fr�o que recorri� su cuerpo lo desminti�. �Qu� podr�a hacer? Se estaba acercando poco a poco. Y no ten�a ninguna salida.
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