BIBLIOTECA ARCAICA



Como si fueran a�os y a�os de trabajo nos demoramos en encontrar la respuesta. Cavando, sospech�bamos que un antiguo habit�culo nos delatar�a el hallazgo arqueol�gico que ansiosos busc�bamos.

Encontramos a la mujer incrustada en los libros cuando descubr� tras una pared gruesa pero muy fr�gil y de barro, el secreto que escond�a la biblioteca arcaica. �Quinientos vol�menes!; una maravilla.

Teosof�a, filosof�a, herbolaria, sexolog�a, magia... y alquimia de un tal Alkimius.

A primera vista se trataba de un tesoro mental: cientos de miles de palabras escondiendo conocimientos, mapas, conjuros, blasfemias, cuerpos pintados y frases heridas de vejez por las p�ginas rotas de los libros.

Con finura de unos dedos cuidadosos y enguantados, extrajimos del nivel m�s bajo el primer gran libro que mor�a sin luz y sin mirada. Observamos la portada todos juntos con cautela, entre un c�rculo encerrando las intrigas y las luces. La portada no ten�a nombre, no ten�a color, no ten�a papel, no ten�a portada al deshacerse entre mis dedos. Una de las bocas grit� "�Maldici�n!" y el libro termin� de desmoronarse en los aires por los gritos de la histeria.

- �C�mo ser�s idiota!
- �Acabamos de perder un libro de miles de a�os de antig�edad!
- T� fuiste quien lo sac� de su habit�culo�

Un barullo se escuch�, ni siquiera el sonido del viento correr por el t�nel de entrada se escuchaba a tantos gritos de discusiones infinitas. Alguien call� a todos con un grito mayor: ese libro del librero superior hab�a ca�do como protesta por la profanaci�n del secreto.

- �Imb�ciles, ya son dos libros destruidos y apenas acabamos de descubrir la biblioteca!. Si seguimos discutiendo nos vamos a acabar todo el hallazgo en cinco min...
- �Espera!, �espera!, �qu� dice aquella hoja que cay�...?

Clav� los ojos entre mis pies mientras el resto del libro se segu�a diluyendo en polvo por el resto del recinto, s�lo una de las p�ginas se hab�a mantenido intacta ante mis ojos.

Al instante nuestros globos oculares circundaron en torno a las escasas y extra�as letras, que tambi�n tiritaban amenazando con desintegrarse. Hab�a ah� una sentencia en alfabeto semejante al C�nico, una sentencia que indicaba una especie de clave. Ninguno de nosotros daba cr�dito entre empujones de curiosidad, pugnando por saber qu� dec�a lo �ltimo y lo �nico de un libro que acababa de morir. Mientras mis hombros se hartaban del desorden, se abri� pujante mi mand�bula acalorada: "�Basta!, s�lo es un m�sero escrito; ustedes pueden investigar los dem�s libros mientras yo lo examino con cautela".

Por fin mis amigos se alejaron de mis �reas de respiro.

Y ah� estaba. �Qu� carajos ser�an aquellos cinco signos con dos l�neas paralelas al final?... Trat� de agacharme para buscar m�s trozos en el suelo, pero como hab�amos visto, toda p�gina ya era polvo que se respiraba por los poros de mi asma, y tal vez circulaba ya rumbo a la sangre. De aquel libro s�lo quedaba lo que ten�a en mis manos, y nada m�s.

Al momento baj� de mi cabeza una lente y pronto dispar� un rayo para asegurarme de no perder el mensaje por alg�n ataque del tiempo. Despu�s del rayo saqu� la lente de mi ojo y la imagen  estaba ya en mi mente. Entonces me sent�. Ah� pasaron los minutos mientras yo intentaba dar con la respuesta, los dem�s espiaban sin tocar y sin los ojos en la cara porque estaban bien metidos en las p�ginas y los t�tulos de los libros, mascullando entre dientes las intrigas que cada revisi�n brindaba. Uno revisaba un libro de filosof�a, otro ve�a im�genes de extra�as especies, otro informaci�n de una parte desconocida del universo.

Yo regres� a mi mente. Las dos letras finales eran una inc�gnita, eran mil veces m�s extra�as y confusas que las letras que les preced�an. Tal vez podr�an ser el indicio de una divisi�n de ideas o de im�genes. Indagu� e indagu� entre mis memorias hasta agotar la energ�a; hice fluir por mis neuronas todos mis conocimientos sobre glifos, pero fue in�til, por m�s esfuerzos que gru��a no lograba producir alg�n eureka. Saqu� entonces de mi aljaba todos los aparatos posibles y los conect� a mi conciencia; mientras la ciencia, la tecnolog�a y los hologramas me daban ayuda por fuera, la fe, el intelecto y la esperanza trabajaban por dentro.

Sin embargo, sigui� siendo imposible. No cab�a duda que ese mensaje no se encontraba al alcance de mi sapiencia. As� que volv� a levantarme y agotado camin� a la pregunta de mis compa�eros si hab�an encontrado pictogramas como estos en otros libros. Uno de esos libros, que estaba siendo hojeado por el rayo de un amigo, nos hizo saber que la primera letra coincid�a con el principio de aquel libro que estaba revisando. Entonces yo met� los ojos a la mirada de mi amigo, y ya viendo los dos lo mismo encontramos que el primer signo indicaba la primera letra de un alfabeto desconocido; de aqu� en adelante ser�a m�s f�cil si en los libros siguientes se encontraban los dem�s signos.

As� fue. Quiero decir, casi as� fue porque las dos letras paralelas del final no formaban parte del alfabeto extra�o, pero los signos restantes estaban a punto de deducirse que s� representaban una idea.

Toda esa mezcla de f�bulas hac�a yo, cuando uno de mis colegas me lanz� una pregunta excelente: "�Por qu� le das tanta importancia a una frase tan simple?" Vale la pena comenzar a descifrar los mensajes, �no crees?, contest� m�s excelente y as� seguimos trabajando.

Pasaron los tiempos. Hab�a un sudor que maltrataba el cansancio y un vapor nuestro que hac�a "llorar" a los libros al impregnarse en sus cubiertas. Entonces decidimos asegurarlos m�s para apuntalar la zona, esterilizar el aire y colocarnos los disfraces de desnudos sin nada de ropa bajo los trajes para evitar la emanaci�n de cualquier tipo de part�cula nociva.

As� hicimos, siguiendo investigando el an�lisis nos llev� por los d�as y las noches y las tardes. Las ma�anas fueron para conocer la fama en los simposios, asambleas, entrevistas a televisiones, radios, diarios, faxes, correos electr�nicos, teledimensores, revistas, conferencias y algunos otros medios m�s.

Despu�s de varios d�as y d�as llegaron los primeros frutos: Conseguimos descifrar la mitad del alfabeto. Era temprano, sobre el cachete descansaban el rostro y la cabeza de un colega que estaba descansando en una mesa; otro se ve�a dormido a fondo, formaba tambi�n bajo su boca un gran charco de baba que se derret�a hasta gotear en el suelo. Los dem�s segu�amos bostezando sin aliento frente a las pantallas que no paraban de estudiar los signos. Al tiempo, varios cientos de trillones de fotones azotaron sobre mi espalda: Sal�a el sol. Aislados, los libros ya estaban a salvo de la luz y tranquilos como siempre. Vibraba en mi oreja una  melod�a de
Enya y ca�amos agotados mientras la pantalla continuaba el estudio. Sin ventana de conciencia abierta, todos est�bamos en el sue�o.

As� de s�bito, un recordador se activ� cuando
Enya termin� de cantar: "No olvidar reuni�n con "AA"* (*Asamblea Antropol�gica), a las diez de la ma�ana" Nadie hizo caso, hubi�ramos seguido durmiendo si el computador no hubiese tirado varios pitidos a las trece de la tarde afirmando que hab�a logrado descifrar el alfabeto. Varios trozos de cr�neos azotaron contra el suelo por el susto, nos levantamos, fuimos a ver el prisma electr�nico y ah� estaba la respuesta. Entonces yo levit� de un salto de alegr�a y ca� sobre mi silla para comenzar a teclear. La sorpresa fue creer que aquella clave que en un principio rescat� de ese libro, hab�a querido decir "Ayuda".

- �Ayuda!, �Ayuda!, �ayuda...! �Quiere decir "Ayuda"!  -Repet� tan contento de haber rescatado algo de ese libro que no pude dejar de besar a mis amigos.
- �Y qu� querr� decir con eso?
- Pues quiere decir ayuda, �no?

Entonces nuestros gritos colectivos dejaron de alegrarse: "Ayuda" �Ser�a casualidad que s�lo aquella palabra hubiera quedado viva? o m�s a�n, �por qu� esa hoja, con una palabra solamente, no se hab�a desmoronado como todo el resto del libro? S�lo hasta ese momento empezaron a caer las preguntas.

Mis amigos se volvieron cuerdos -para ellos era locura estar cuerdos-, cuando se dieron cuenta de que el conocimiento de los libros estaba a la puerta de la esquina, s�lo hab�a que abrir esa puerta y dirigir all� los pasos, todo estar�a por empezar a conocerse, descubrir�amos los secretos que esa biblioteca nos guardaba.

Al tiempo me di cuenta de que las letras del final no eran sino dos signos de numeraci�n que juntos formaban el n�mero "16". Y era intrigante, volv� a indagar en mi cerebro y a mis colegas para ver si en otros libros se ve�a el mismo fen�meno, pero por desgracia las respuestas me sorprendieron con un no.

Seguimos analizando por el resto de la tarde. Mientras un pozole con lim�n y carne se introduc�a con la cuchara entre mi boca, yo segu�a plantado en la pantalla tratando de matar ese dilema. De pronto alguien me llev� el hombro a su pantalla, un colega hab�a descubierto algo nuevo: "Mira. "Ayuda 16" tambi�n est� en este libro..." �Pero, qu� hace ah� ese "Ayuda 16" en pleno libro de f�bulas perdidas? Le pregunt� al libro y despu�s al colega cuando en ese momento descubrimos que la cubierta ten�a un t�tulo extra�o: "Estoy 39". Fue ah� cuando el rechinido de los dientes postizos se escucharon en mis enc�as, est�bamos disgustados, no ser�a sencillo descifrar esos enigmas..

Tomamos calma. Una paleta de chocolate comenz� a comerse el malvavisco en mi amigo. Yo chupaba otro chocolate Azteca y los dem�s un trago de horchata, una copa de vino y una taza de cerveza fr�a frente a sus respectivas pantallas.

Ah� seguimos intrig�ndonos: �Qu� ten�an en com�n "Ayuda 16" y "Estoy 39"?... Por lo pronto -y era obvio-, ambos ten�an extra�os n�meros pegados como par�sitos a sus palabras. Ambos tambi�n eran libros de t�tulos extra�os para los temas que trataban y mientras que "Ayuda 16" contaba historias de f�bulas imposibles de conocer, "Estoy 39" era un estudio arcaico de t�cnicas de riego para el campo. Pensamos entonces en la posibilidad de una clave secreta, pero por m�s que segu�amos intentando, no ve�amos relaci�n alguna entre esos t�tulos y los libros de que trataban.

Estornud� mi boca varias veces, hab�a llegado mi resfriado. Despu�s de haber observado con detenimiento la biblioteca en su conjunto, me di cuenta de que todos los libros estaban numerados casi microsc�picamente. As�, s�lo para sospechar si acaso ese 39 ten�a relaci�n con la clave, por casualidad llev� mi brillosa mirada al libro con el no. 39 de la biblioteca arcaica. Fue entonces como de pronto se me hicieron los ojos de b�ho at�nito al quedar pasmado porque estaba descubriendo un nuevo t�tulo extra�o: "Atrapada 70". Esa era la portada del libro que estaba frente a mi nariz bajo el pa�uelo y que no ten�a absoluta relaci�n con el contenido de ese libro de temas can�nicos.

Seguimos pues estornudando contagiados a pesar de la atm�sfera est�ril. Nos fuimos al libro no. 70, y encontramos otro que se intitulaba: "Entre 12". Nos est�bamos volviendo locos -y para nosotros, la locura era regresar a la cordura-. La mayor histeria la experimentamos cuando dos colegas comenzaron a temblar de adrenalina: "Ayuda 16" ya no estaba en la pasta de su libro.

-�No puede ser!, �qu� no dec�a ah� "ayuda 16"? Se extra�� un colega.

Yo respond� que si, "Ayuda 16"."�s� era este el libro, no?..."  Hasta el colega dudaba de haberse equivocado, pero yo estaba seguro de que ese libro era el que llevaba el t�tulo de "Ayuda 16".

- �Pronto, vengan ac�! -Habl� otro amigo- "Estoy 39" ha desaparecido... 

- "�LOS T�TULOS SE EST�N BORRANDO, MAS VALE QUE NOS APRESUREMOS A SEGUIR LOS N�MEROS  DE LOS DEM�S T�TULOS, SI ES QUE NO QUEREMOS PERDER LA PISTA...! LUEGO VEREMOS POR QU� SE BORRAN.

"�D�nde nos quedamos?", preguntaron casi todas las bocas. Yo sab�a que nos hab�amos quedado en la palabra "En 12", as� que fui a buscar el libro no. 12, y la rara portada dec�a "Los 88". 

- Pronto, al 88, que "Atrapada 70" acaba de desaparecer.

Jadeamos a buscar el siguiente n�mero y al encontrar en �l la palabra "Libros 40", los otros t�tulos hab�an desaparecido. Mientras segu�amos encontrando t�tulos extra�os, un colega que peleaba con su respiraci�n pregunt� si alguien llevaba la cuenta de las palabras que ya no estaban:

- Si -contest� alguien-, creo que el orden es: "�Ayuda-estoy-atrapada-entre-los-libros!

Fue entonces cuando todo el tiempo se detuvo. Contra la l�gica las doce piernas nos quedamos engarrotadas mir�ndonos los unos a los otros. Nadie respiraba, nadie lat�a, las expresiones at�nitas en nuestros rostros quedaban atrapadas en nuestra cara.

- �Qu� dijiste? -Pregunt� apenas desentumiendo las cuerdas vocales.
- "Ayuda, estoy atrapada entre los libros"

Corrimos inmediatamente hacia el gran librero, comenzamos a mover los libros para ver si hab�a alguien detr�s de ellos, desesper�bamos las manos cuando un chiflido interrumpi� nuestra histeria.

- �Un momento!, �Idiotas!, �qu� estamos haciendo?, ya hubi�ramos descubierto a alguien aqu� desde el principio... �Es il�gico que haya alguien despu�s de tantos miles de a�os!

Ah� fue cuando ca� al piso, llevaba ya casi 39 grados en la piel.  Los colegas me levantaron y recostaron mi cuerpo en un pretil y yo no temblaba porque me sent�a congelado del resfriado, ca� dormido en subconciencia bajo la orden de unas pastillas contra la gripa.

De todas formas a lo lejos todav�a se o�an algunos ecos, pero los o�dos inflamados me dec�an poco: "Ssiiiiiggaaaaaammmmmooooosssss llllaaaaa ppiiiissssstttttaaa aaaaallll lliiiibbbrooooo cuuaaaaareeeeennnnnnttaaaaaaa". Muy dentro, muy distante de la realidad hac�a yo esfuerzos exhaustivos por no perder el rastro de lo que ellos dec�an, pero me fue imposible...

Al atardecer siguiente obligu� a mis ojos a abrirse, entonces mi garganta pudo decir palabra: "�Qu� pas�...?" Alguien contest� que el libro n�mero cuarenta no ten�a t�tulo extra�o, que hab�an perdido el rastro por haber corrido a buscar la estupidez de alguien que estuviera vivo. Volv� a caer dormido, confundido entre el 40 de mi temperatura y el 40 de aquel libro.

Dos d�as despu�s me volv� por fin. Los colegas me ten�an en una cama ya bajo en calor y bien servido con un tesito. Salud�, pregunt� por la biblioteca y la hab�an dejado intacta. Por la noche pude levantarme, ellos estaban dormidos, entonces enred� mis pies en el piso hasta lograr balancearme al pretil donde estaba el libro asegurado. Al t�tulo era "Herbolaria China" al principio, y en menos de tres segundos la vista me cambi� las palabras por "Hola".

- �Qu� demonios es esto? �OIGAN!, �OIGAN...! VENGAN AC�!  - Grit� cuando los hombres adormilados se levantaron lentamente, pero volaron cuando dije que el libro de nuevo hab�a cambiado de nombre frente a mi frente, mis narices y mi mism�sima mirada. No cab�a duda ya de que alguien estaba en alguna parte tratando de comunicarse.

Est�bamos todos juntos y comenzaron las intrigas: "�Qu� eres?, �d�nde estas?, �eres algo?". Entonces la palabra "Hola" agreg� al final dos signos que formaron el 99. Las manos corrieron a buscar el n�mero que estaba justo al centro de la biblioteca, lo extrajimos con cuidado y su t�tulo cambi� de nombre exactamente frente a las bocas at�nitas: "Aqu�", contest� el ser o lo que fuera.

- ��D�nde?! -Pregunt� yo mientras "Aqu�" no colocaba n�meros para seguir la pista- �D�nde? -Volv� a preguntar y de nuevo apareci� otro n�mero que nos llev� a los mensajes de varios libros que comenzaron a hablar. Pronto la cadena nos hizo saber que est�bamos frente al fen�meno m�s raro y mas fant�stico que la arqueolog�a pod�a tener o hab�a tenido. Alguien hablaba con nosotros sin que nosotros supi�ramos de d�nde. As� que ese alguien sigui� construyendo palabras y frases en los libros.

"Estoy incrustada en los libros.....desde hace a�os"

Yo le pregunt� si era ser humano y me dijo que s�. Me adelant� a las intrigas de los otros y le pregunt� si era mujer; ella respondi� que s�:

"Mis c�lulas, mi cuerpo est� entre cada letra y cada hoja de cada libro. Alguien me conden� hace mucho tiempo, desde entonces he vivido aqu�"

Y entonces comenzaron nuestras preguntas...

Ella ten�a nombre de flor: Alhel�. Ella cantaba m�sica antigua e intangible (los aparatos s�nicos no alcanzaron a escucharla), ella no envejec�a, ten�a miles de a�os teniendo 19; el tiempo y el espacio se hab�an detenido. Nos preguntamos si era hermosa y ella no nos quiso contestar, entonces nos dimos cuenta de que era verdaderamente hermosa.

Ella era una mujer callada, hab�a le�do todos los libros que estaban entre ella misma. A�n antes de quedar atrapada hab�a sido una mujer clandestinamente lectora, erudita, sabia.

Los colegas se fueron (para ellos fueron m�s importantes las conferencias) y yo me qued� solo a petici�n suya.Le pregunt� si hab�a manera de conocerla m�s, y entonces ella me llev� hasta un libro donde hac�a mucho tiempo hab�a logrado con esfuerzos infinitos plasmar un poema:

   "La cascada brota
     cristalina hacia mis senos,
     se desliza como roca que soy
     sobre mi cuerpo;
     y me pierdo
     como ella que se pierde,
     cuando juntas nos perdemos
     en el tiempo para siempre"

Ella era divina. Los mensajes terminaron por esa noche y yo apagu� las velas de flama el�ctrica. Me acost� sobre un pretil, fascinado, con los ojos abiertos contemplando la biblioteca toda la noche. Ella dijo que su cara estaba diluida en un libro de l�xico antiguo, lo saqu� de su lugar y comenc� a hojearlo. Ella estaba ah� aunque s�lo hubiera p�ginas y p�ginas de valiosa sabidur�a. Ella estaba ah�.

Al lado del libro hab�a otro de �lgebra. Entre algoritmos, ecuaciones y polinomios estaban sus neuronas escondidas tan lejanas... ni a�n con el microscopio m�s potente pude verlas, pero eran materiales, ellas estaban ah�.

Regres� al libro de l�xico, y en las primeras p�ginas solt� mis labios y plasm� un beso donde cre� que estaba su boca. No pude dejar de mojar la superficie con una l�grima de mi mirada.

Al despuntar el cenit yo abr� los ojos, no s� ella. Me levant� y saqu� de entre mi abrazo los libros con los que hab�a dormido toda la noche, los coloqu� en los espacios de su lugar y camin� a sentarme para vaciar el recipiente en una taza de caf�. Me sent� sobre una silla, y cuando hube levantado la mirada mis ojos no pudieron dar cr�dito al descubrir sutilmente a la silueta femenina m�s perfecta, trasluci�ndose entre los lomos de los libros, acarici�ndose. Ella estaba desnuda, acostada, no parec�a dormir, tampoco estaba despierta porque simplemente la ve�a inm�vil y atrapada.

Pas� el tiempo, el malestar ya se hab�a ido y los colegas tambi�n, yo no hab�a dejado los libros ni un s�lo momento.

"�C�mo estas?", le pregunt�. Entonces un n�mero apareci� en el �ltimo libro que hab�amos dejado en la conversaci�n del d�a anterior. Dec�a "Bien 60", segu� sus n�meros como pasos a los libros y ella me dijo que se sent�a muy triste. Despu�s dijo "Te quiero, aunque s�lo pueda o�rte y no sepa d�nde estas". Yo le dije que le har�a cosquillas en los libros de sus pies y que la har�a feliz por el resto de mi vida. Fue en ese momento cuando ella dijo que quer�a tener un hijo, que si pod�a hacerle el amor. Yo qued� absorto y sin vapor en el respiro; le pregunt� que c�mo har�a yo eso y ella me contest� que ser�a sencillo, que como cualquier pareja que hac�a el amor sacara el libro donde se encontraba su pubis, y entre sus p�ginas derramara yo un poco de mi g�nesis para engendrarla; despu�s que lo cerrara y volviera a ponerlo en su lugar. Yo me sent�a volver loco, le pregunt� si eso ser�a posible y ella me dijo que no dudara, que ten�a deseos infinitos de tener compa��a ah� adentro. As� pues luego de un tiempo dej� la clara mancha entre las p�ginas 307 y 308 de un libro de anatom�a. Cerr� el libro y lo puse en su lugar, ella me dio las gracias y toda la tarde seguimos charlando hasta caer dormidos en cansancio.

Los d�as siguientes el lejano vientre de mi dama atrapada se vio crecer r�pidamente, seis meses fueron seis d�as, doscientos besos en todo el cuerpo le transmitieron mi alegr�a a todos los libros: Yo iba a ser padre.

Ese d�a los colegas llegaron temprano y contentos, tra�an consigo cientos de aparatos y reporteros masivos con noticias en las manos para comenzar a reportear al universo...

- "C�mo es posible -reclamaba a la nada una periodista de cr�nicas-, hemos conquistado cuatro de los diez planetas de este sistema solar, cuando a�n seguimos descubriendo maravillas en nuestra propia Tierra..."

Los dem�s humanos devoraron el recinto, el caos de vivos estaba agobiando el orden de los inertes. Un colega se subi� a un banco y baj� un libro alto de literatura hasta entonces desconocida. De s�bito, un pie pate� el soporte del nivel mas bajo y la org�a mir� c�mo el librero de tres metros se tambaleaba en vaiv�n amenazando el piso. "�DET�NGANLO...!!" Dije al empujar con mi sonido las espaldas de los hombres que ayudaron a aguantar la ca�da.

- ��Pero qu� diablos est�n haciendo?! �Este es el tesoro m�s valioso de la historia y ustedes no le dan la importancia que se merece!

- A ver, todos con orden...

El calor de una l�mpara teledimensora estaba en el suelo, bajo algunos libros que hab�an logrado caer al piso. El rojo vivo se encendi� cuando las primeras p�ginas comenzaron a incendiarse y ya nadie pudo apagarlas. No hab�a extinguidor, arroj� los tes y el caf� caliente que encontr� en mi histeria, pero las llamas ya montaban r�pido hacia la mujer que hab�a despertado pr�cticamente calcinada. Proclam� el grito m�s desesperado y me arranqu� la bata intentando cubrir las llamas, pero la tela se incendi� para acompa�ar la tragedia.

Como un �ltimo intento me lanc� contra el librero para cubrirla, pero ya nada pudo impedir que me quemara con ella.

En la pasta de un libro que estaba entre su vientre, una �ltima palabra brot� desde su alma. "AYUDA".






XI-93  A Claudia Mac�as.
AUTOR: Alfredo Ortiz Garc�a (21 a�os)





EP�LOGO

Ahora que me veo al espejo y casi no me reconozco, ahora que contemplo a mi hijito entre mis brazos, no puedo dejar de so�ar que alg�n d�a escriba la historia de mi amada, un libro que por fin descanse en el m�s grande recinto que habr� de construirse, LA NUEVA BIBLIOTECA ARC�ICA escondida, que alg�n d�a ser� descubierta por nuevos investigadores en un futuro muy lejano. Este sobreviviente de la �nica hoja viva, ser� quien la cuide para siempre.
�CURIOSIDAD POR CONOCER LO QUE FUE ENCONTRADO EN UNA GRUTA PROFUNDA? LEE ENTONCES ESTE RELATO DE MISTERIO, CONSIDERADO POR LA CR�TICA COMO LA OBRA MAESTRA  DEL AUTOR.
MAS NARRATIVA
DRUVINIA (CUENTO)
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