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El meteorito
Anselmo pone la sartén en el fuego; rompe un
huevo y mira cómo cae sobre el aceite hirviendo y se expande sobre su
superficie en una densa oleada. Antes ha llamado a Elvira para
despedirse, la voz de la mujer salía entrecortada del auricular. - No
puedo creerlo... no nos vamos a ver nunca más - dice ella en un
sollozo. - Así es la vida... Después ha intentado hablar con sus
padres, pero las líneas están colapsadas. La televisión continúa con las
noticias, la voz del locutor, que habla muy deprisa, sirve de fondo a sus
pensamientos mientras cubre el huevo con aceite. Le encantan los huevos
fritos y ha considerado que este es un momento muy oportuno para darse una
satisfacción. El cielo comienza a oscurecerse y Anselmo deja de silbar
"Espace Oddity" cuando nota una ligera presión en sus pulmones. La
televisión ha dejado de pronto de emitir. Conecta la radio para ver si
hay más suerte con la señal; efectivamente, entre el chisporroteo de las
ondas oye una voz desconocida que con palabras atropelladas da cuenta de
los últimos sucesos. Se sirve el huevo en un plato y moja pan en la
yema, mientras contempla por la ventana cómo el cielo va enrojeciendo. Un
bello crepúsculo a las tres de la tarde. Ya no piensa en nada. Solo
mira por la ventana al tiempo que termina su comida; la temperatura sube
por momentos y la atmósfera se hace cada vez más pesada, le cuesta trabajo
respirar. Un crujido en el techo le anuncia el fin inminente. Un
instante después Anselmo esta muerto, oculto bajo toneladas de
escombros. Ya no puede oír la multitud de sirenas que suenan
enloquecidas en la calle, ni los gritos, ni las explosiones apocalípticas
que se suceden a su alrededor. No puede oír la radio, que en algún lugar
entre las ruinas continúa relatando los pormenores de la catástrofe, los
países desaparecidos, los millones de muertes. El meteorito ha cumplido
con su objetivo.
19/02/2029 ¿Fin del mundo?
Paco
Espada
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