El asteroide
(Basado en hechos reales)
Ciudadanos del mundo:
Vuestro presidente, es decir, el presidente de los EE.JJ. (Estados Juntitos)
os va a dirigir unas palabras. Al loro que es importante.
"Amigos, ciudadanos... Es para mí muy difícil dirigirme
a vosotros en estos momentos, ya que conozco la situación por la
que estáis pasando.
El problema energético y alimentario es muy grave, tenemos que
reconocerlo todos; a esta situación nos ha llevado el exceso de
consumo. Ya, nosotros somos los primeros en reconocerlo, pero también
las otras potencias son responsables de esta situación.
Es de obligada razón reconocer que no consumen en igual medida
un europeo, un norteamericano, o un japonés que un chino o un egipcio.
También hay que comprender que un ruandés o un haitiano
consumen menos que el resto. Esto se debe a que la mala gestión
de sus economías, que no han sabido atraer inversiones del exterior.
Pero este no es el problema real: Bien es cierto que ya todos nos hemos
igualado, al menos cualitativamente, en niveles de consumo. Un ruandés
y un ciudadano norteamericano pueden consumir los mismos productos, poco
es, aunque nuestros expertos están buscando soluciones, y confío
en que pronto las obtendrán.
Sin embargo, es un buen momento para reflexionar. Aunque queda poco sobre
la Tierra, todos debemos compartirlo. Es en esta idea en la que se basa
nuestro sistema igualitario, que los Estados Juntitos hemos llevado a
todos los rincones del mundo.
Dios nos ha asignado una pesada carga, que debemos tomar como una bendición:
llevar la antorcha del progreso; somos los elegidos, y solo nosotros podemos
salvar a la humanidad.
Se nos ha acusado de avaricia y no es cierto: el mundo está construido
sobre el negocio, y aquellos que se quedan relegados forman los primeros
peldaños de la escalera sobre la que se alzan los líderes.
Se nos ha acusado de soberbia, pues bien, es una acusación injusta:
en primer lugar porque entre determinadas naciones la humildad resultaría
simplemente ridícula; este es el caso de nuestra nación.
En segundo lugar, siempre hemos buscado el bien de todos los pueblos,
siempre que este no amenace nuestra supervivencia, que es al fin y al
cabo, la supervivencia de toda la humanidad.
Y así se nos ha calumniado culpándosenos de todos los pecados
capitales posibles. A nosotros, que siempre hemos puesto a Dios por testigo.
A nosotros que, dentro de nuestras posibilidades hemos sido la voz de
Dios en el mundo.
Pero esto ahora no viene al caso. Me dirijo a vosotros para daros dos
informaciones de máxima importancia para la humanidad. Primero
la mala: Un asteroide del tamaño de Arkansas viene hacia la tierra
a una velocidad aproximada de un millón de Kilómetros por
hora, el posible impacto se produciría aproximadamente dentro de
dos horas y treinta y nueve minutos. Y digo "posible impacto"
porque (y esta es la buena noticia) ya hemos enviado hacia el meteorito
a un grupo de hombres perfectamente entrenados para esta contingencia,
en nuestra nave espacial de tecnología más avanzada. Estos
hombres abnegados tienen la misión de instalar el explosivo nuclear
más potente que hemos fabricado nunca, el cual, al detonar partirá
el asteroide en varios pedazos, con lo que el peligro de impacto sobre
la superficie terrestre quedará soslayado.
Solo me queda por decir: ¡Dios bendiga a la tierra! ¡Dios
bendiga a América!"
Media hora después, en un refugio atómico a tres mil metros
bajo la superficie del planeta, el presidente, acompañado de los
hombres más poderosos de la tierra y sus familias, conversa con
un experto.
Presidente: ¿Cuánto les queda de vida?
Experto: Apenas dos horas.
Presidente: ¿Piensas que se lo habrán creído?
Experto: No lo sé, pero ya da lo mismo; además, la miseria
no fomenta precisamente el espíritu crítico.
19/02/2019
¿Fin del Mundo?
Paco Espada
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