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El abanderado
J. Fco. Espada
Aquel día abanderaba a mi Señor;
mi orgullo me llevaría hacia la gloria.
Portaba su estandarte con honor,
y con honor lo llevaría hacia la muerte,
si no supiera que mi Señor era inmortal y, por tanto, yo también
lo era.
No era extraño que aquellos bárbaros
se asustaran ante la primera acometida.
Lo que si era extraño era que se asustaran tanto.
No había visto nunca gente tan cobarde como aquella;
frente a nuestros caballos el centro de sus fuerzas se hundió como
la grasa ante la llama de una vela.
Nos lanzamos como el halcón sobre la indefensa alondra...
Y la indefensa alondra cantó...
Del primer grito de los indefensos surgió una lluvia de flechas
que cegó nuestro primer ímpetu;
del segundo canto rugió un fuego que arrasó nuestra retaguardia
y nuestras subsistencias;
del tercero nació una lluvia de piedras jamás conocida hasta
entonces...
Hoy me encuentro prisionero de estos salvajes.
No me han tratado mal.
Han sido ciertamente cuidadosos conmigo,
aunque realmente le serviría de poco a mi señor como espía...
Mi señor ya descansa en la paz de las sombras.
Yo sin embargo soy una sombra en vida.
Chanson du porte-drapeau, Canto I. (fragmento)
Canto I
No se parecen en nada a nosotros, aunque en
la noche del ataque me parecieran monstruosos, con la llegada de la luz
del día (o de nuevos días ) me parecen más normales.
Solo que ¡son tan blancos! Sus armas de bronce son iguales que las
nuestras, pero...
A ellos no les importa si somos poderosos, nos vencerán; lo saben,
lo único que quieren es saber si no les molestaremos demasiado.
Si seremos sumisos a sus designios.
Un día estaba merodeando cerca de la tienda del que debía
de ser su capitán cuando fui detenido por su guardia. Fui llevado
a su presencia como su presunto asesino. Pensaban que había ido
allí para matarle en venganza por la muerte de los míos.
Se rió..
En una situación extrema nadie se hubiera reído. Pero él
se rió, tiene sangre fría; yo acompañaré a
quien tenga esa sangre fría. Sobre todo si no me considera su enemigo.
Me preguntó:
-¿ Me querías matar? no lo creo, estás muerto de
miedo. -esta última frase no me la dirigía a mí ,
la sobrepensaba , la aplicaba a sus hambrientos cocodrilos , a sus hambrientos
y viejos cocodrilos que le habían seguido hasta el fin del mundo-
yo no me como a nadie.
¿Que podría decir yo ante el hombre más poderoso
de la Tierra al cual le había caído en gracia?.
-No, no te quiero matar...¿porqué? "por mucho que luches
-pensaba- nunca llegarás más allá que tu maestro...si
yo te mostrara el futuro te parecería aún más absurdo
de lo que tu te lo has planteado".
-Sin embargo,-dijo- tu rey prometió una "unión de corazones"
que nos uniría como hombres y como pueblos ¿y qué
paso? no era sino otro loco que se creyó el rey del mundo. Al final
todos creyeron en la "famosa Homonoía del legendario Alejandro";
todos creen que fue kristos (carne sacrificada a un Dios sin nombre) nuestro
introductor a un mundo unificado y feliz...¡Que miedo me dan los
que piensan en mundos felices! Yo me conformaría con un poco más
de paz.
"Tú te ríes y proyectas mundos
en paz, pero ya veo que esos despojos putrescentes del campo de batalla
son los primeros cimientos que has colocado para la edificación
de tu mundo maravilloso donde reinará la Paz y la justicia. Sin
embargo, no es a Paz y justicia a lo que huelen esos muertos, mas tristes
si cabe porque son muertos derrotados; ellos se ríen de tí,
ellos que probaron las primicias de tu sueño apostrofan irónicamente
tus pensamientos desde sus imposibles contorsiones de muñecas rotas".
Levantamos el campo, yo sigo a mi nuevo señor. Desvío la
mirada turbia de lágrimas y rezo encomendando a mis amigos muertos
en la batalla a los viejos dioses tutelares de mi raza.
La sangre ha cubierto las colinas de un tono ocre; el aire huele a matadero
y a lo lejos veo alzarse las llamas de los túmulos donde se realizan
los ritos funerarios. ¡como pesa el aire! respirar se torna una
dura tarea, como si el éter se hubiera convertido en un fluido
telúrico que agarrotase las entrañas.
continúa
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