(Por Ethel Morgan)
LA TRIPLE DIOSA EN EL TAROT: La Virgen

Desde tiempos demasiado remotos como para que el patriarcado los recuerde, a la Diosa se la ha venerado en su triple aspecto de Doncella, Mujer Madura y Anciana, o Virgen-Madre-Vieja Sabia. Nada en la naturaleza escapa a esta sagrada trinidad, porque como es obvio la progresi�n juventud�madurez�vejez se aplica a todas las cosas y se refleja por cierto en las tres edades del humana. Y sobre todo en las de la mujer, que es expresi�n directa de la Creadora femenina y tiene m�s marcados sus ciclos y procesos naturales.
Los Arcanos Mayores del Tarot tambi�n responden a esta imponente ley universal, tal vez porque quienes los idearon no hab�an perdido las conexiones primordiales con el universo y con la vida. El Tarot de la C�bala Herm�tica, por consiguiente, divide esos Grandes Arcanos en tres septenarios; tres hileras que pueden disponerse unas sobre otras dejando aparte al O, que en realidad se ubica (como en las matem�ticas) antes de cualquier comienzo.

0.       1,       2,       3,       4,       5,       6,       7
          8,       9,      10,     11,     12,     13,     14
        15,      16,      17,     18,     19,    2O,     21

Es casi natural, o muy satisfactorio, asignar cada una de estas l�neas a las Tres Personas de la Diosa; de modo que a la Virgen le corresponda la primera (Arcanos 1 a 7, m�s el O), a la Mujer Madura la segunda (8 a 14), y la tercera (15 a 21) a la Anciana Sabia o Crone, como se la conoce en los pa�ses de habla inglesa. No es preciso decir que a partir de esto, utilizando los significados tradicionales de las cartas, pueden extraerse conclusiones y correspondencias a�n m�s ricas que nos informen sobre las experiencias y tareas de cada una de las tres edades.
Por otra parte el feminismo cultural, y especialmente la nueva espiritualidad de las mujeres enfocada en la Diosa, puede encarar desde otra perspectiva �como ya estuvimos viendo- este viaje inici�tico que comienza en La Inocente y, en el caso de la Virgen, llega hasta La Portadora.

LA CONCIENCIA DE VIRGEN

En su notable libro "Virgen, Madre, Anciana"  {Virgin,Mother, Crone, Inner Traditions, 1994), Donna Wilshire define a la Virgen como la mujer muy joven, "que est� dejando atr�s la infancia y empezando a explorar y saborear a su Yo adulto"; condici�n que, si lo piensas, define en nuestro entorno a casi todas las mujeres de mediana edad, que se despiertan lentamente del sue�o hipn�tico de la cultura "infancia�matrimonio�maternidad�decadencia" , que no les dej� tiempo de pensar en ellas mismas antes de uncirlas a los yugos patriarcales. Llevamos un atraso de treinta a�os por lo menos en el desarrollo de nuestras conciencias femeninas, y es necesario compensarlo con saltos transformativos sumamente dr�sticos pero inevitables si se quiere progresar.
La conciencia de Virgen, por otra parte, no se arredra. "Est� en capullo, plena de potencial, no terminada, penetrando en lo ignoto en un
estado de dichosa incertidumbre", dice Wilshire (...) "llena de asombro y de transformaci�n, curiosa acerca de las posibilidades de ella misma y del mundo, abierta a los misterios y peligros que la aguardan. (...) Y experimenta a la naturaleza como algo lleno de dones y de cosas buenas, gr�vido de Posibilidad".
En este estado arquet�pico, la Virgen no se asusta ante los caminos que se le abren. Si a las adolescentes de esta cultura malsana se les mostrara estas cosas, sus yoes adultos serian ricos y variados, encaminados por senderos m�ltiples, sin los drenajes de energ�a provocados por la obsesi�n de seducir, atrapar y conservar a los varones como prueba final de que ellas mismas merecen existir. Tal vez algunas no hayan tenido sexo, pero no son v�rgenes. "Una Virgen es alguien que se posee a ella misma, alguien que se permite ser y llegar a ser completamente, sin limitarse a lo que un hombre desea de ella ni a planes y prop�sitos predeterminados por la sociedad".
Es por eso que una Mujer Virgen con may�scula podr�a encarar en la pr�ctica las instrucciones de los Arcanos 1 a 7, una vez recobrada la no-culpa esencial que le permite La Inocente.


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