UN CUENTO DE BELTANE Por Sandra Rom�n . ----------------------------------------------------------- La mente no hace m�s que crear abismos Que s�lo el coraz�n puede cruzar. (Eliseo Subiela: �No te mueras sin decirme d�nde vas�) ------------------------------------------------------------ Le molest� que no respetara el horario convenido. Apenas me salud� cuando golpe� con mis dedos t�midos la puerta entreabierta. Sali� poni�ndose un buzo verde, serio, dici�ndome que estaba ocupado pero que igual me atender�a. Yo quise hacerme invisible, tratar de recordar la t�cnica que seguramente habr�a empleado en aquella vida en la que fui una de las hechiceras hijas de esta tierra que amo, Avalon... Pero estamos exactamente en el a�o 2000 y mi memoria y mis artes de brujer�a suelen ser bastante ineficaces. Durante noches y noches de insomnio, en vano intento recordar los conjuros, mixturando diferentes clases de incienso con hojas de lavanda, p�talos de rosa, mirra, maderas de s�ndalo y todo cuanto yuyo cae en mis manos de hada extraviada en una �poca en la que no debi� haber nacido. Si hubiera aprendido a tiempo... Si hubiera aprendido... Estar�a en el aut�ntico Avalon, cantando con las ninfas, jugando a robarle la espada a Arturo, que duerme su siesta interminable custodiado por las 9 reinas de las hadas... Pero son tan bellas las colinas que antes formaban la isla m�gica... Es tan hermosa esta primavera llena de peque�as florcitas amarillas salpicadas en todo el verde de las campi�as, los manzanos en flor, las min�sculas flores azules y las blancas como puntillas, y los blackbirds cantando desde los tejados y el zumbido de las abejas... El Otro Mundo, el Para�so Celta sin dudas est� aqu�, en este mismo mundo. En esta dimensi�n terrena, llena de una magia imperceptible a menos que se haya nacido aqu� incontables veces. Es tan hermosa esta primavera aunque el viento sople inclemente entre los dos y aunque el cielo insista en permanecer nublado. Es hermoso este lugar donde alguna vez, dichosa vez, tal vez estuvimos juntos. �Por qu� tengo que so�ar tanto? �Hasta cu�ndo la mujer seguir� sin aprender c�mo contener a la escritora? Debo dejar estas fantas�as para mi horas febriles frente a la pantalla de mi computadora, no cuando estoy frente al hombre que me hace perder el sue�o desde que me vendi� este auto brit�nico, con volante a la derecha y cambios a la izquierda, al que le dio la bendita �casualidad� de llamarse �Maestro�. Y no precisamente porque en �l aprenda a dar vuelta mi cerebro cuando lo manejo (porque mi espejo roto y mis paseos sobre los cordones pueden atestiguar que no soy una buena alumna). Sino porque guardo la esperanza de que con su ayuda, pueda por fin recordar cu�l es la lecci�n que vengo reprobando desde todas mis anteriores vidas y que tanto me resisto a enfrentar. Me atormento en estas tontas conjeturas mientras �l corre desde el taller hasta mi auto con el cap� levantado. Mira horrorizado el �xido de los conductos de agua que se rompieron, fabrica en 10 minutos una pieza nueva y la coloca en su lugar, prueba una y otra vez, va, viene, cambia las herramientas. Me mira a los ojos, me sonr�e, con una mirada y una sonrisa que no pueden ser producto de mi fantas�a. Es franco. Casi inocente. Sin embargo es un hombre mirando a una mujer. Es un hombre sonriendo a una mujer. Y la mujer siente unas horribles ganas de salir corriendo, en lugar de quedarse y permitir que el amor, simplemente, le suceda. Yo tambi�n le sonr�o pero evito mirarlo a los ojos. No quiero que se d� cuenta que mi cuerpo est� temblando y no de fr�o... Imagino que ella, est� tal vez mir�ndonos desde alguna ventana. Esa mujer a la que nunca vi y a la que tanto envidio. El olor de la comida que est� preparando llega hasta nosotros tra�da por el viento que sopla cada vez m�s p�rfido, burl�ndose de m�. El viento, amigo de las brujas, que esta bruja no puede controlar porque ni siquiera ha aprendido a silbar y, por lo tanto, me castiga... �Por qu� me resulta tan dif�cil recuperar mi magia? Contin�a en p�gina siguiente (entrar) |
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