UN CUENTO DE BELTANE
Por Sandra Rom�n

. Y sin embargo la veo, puedo verla, mir�ndonos desde alguna ventana, mientras prepara la cena. Envidio su casa, en el medio de este paisaje infinito, que hace mucho mucho tiempo fue mi casa. Envidio su horrible perro blanco con manchitas color caramelo. Envidio su gata de ojos grises, majestuosa y t�mida. Pero sobre todo envidio sus noches, arropada junto al hombre que me mira y me sonr�e mientras arregla mi auto destartalado en apenas 15 minutos. �Habr�n hecho el amor alguna vez bajo las estrellas? �Habr�n saltado juntos la hoguera de Beltane? �Habr�n corrido desnudos sobre el pasto bajo la plata de la luna llena, dibujando sus sombras en esta gloriosa tierra?
Es lo que har�a yo si compartiera con �l este lugar bendito. Cada vez que mi cuerpo se uniera a su cuerpo ser�a un instante sagrado, un ritual hecho en nombre de la Diosa y el Rey, encarnados bajo nuestra piel.
No tengo que mirarlo a los ojos.
No debo so�ar. No quiero que mi fantas�a siga volando. Me hace infeliz. Me hace da�o... Si no puedo hacer que este hombre sea real para m�, prefiero que tampoco pueble mis sue�os. Mi imaginaci�n me hace volar cada vez m�s alto, demasiado alto, demasiado lejos... cuando caiga me desintegrar� bajo la tierra... quedar� destruida...
No puedo permitirme esta ilusi�n... No quiero so�ar con �l... No debo...
Pero mi fantas�a cabalga desbocada y me arrastra consigo. Lo miro y como insiste en mirarme y me sonr�e, bajo los ojos y noto que su mano est� sangrando. Pero cuando voy a mencion�rselo la oculta detr�s de la parrilla del auto para que yo no la vea...
Extra�a ceremonia... Hace unos minutos, antes de salir de casa, me lastim� un dedo de la mano izquierda (la misma que a �l le est� sangrando ahora) y un poco de mi sangre qued� sobre la parrilla del auto, mientras le agregaba agua al motor, para evitar que se funda en el trayecto desde mi casa a la suya...
Ha comenzado a lloviznar y el viento sopla c�lido ahora. A lo lejos, la colina sagrada de Tor, con su cima coronada por la torre de piedra, parece bendecirnos...
Extra�a ceremonia. Su sangre se une con mi sangre...
Mi cuerpo siente un extra�o calor, como si estuviera desnudo frente a una hoguera. S�, tambi�n es Beltane, el d�a de mayo, en mitad de la primavera, en que los amantes se unen y la diosa Rhiannon los bendice con su lluvia de p�jaros y de estrellas.
Hay un hombre frente a m�. Tambi�n est� desnudo y tambi�n tiembla. Me mira y me sonr�e y hace una mueca, mordi�ndose los labios como soportando un repentino dolor. Siento el fr�o del acero en uno de mis dedos. Los dos estamos sangrando y las gotas caen en el suelo. Nuestras manos se unen. Nuestras sangres se unen y tambi�n se mezclan con la tierra. Doble compromiso: entre �l y yo, y entre nosotros y este lugar m�gico, donde juramos vivir eternamente y volver a encontrarnos siempre que sea primavera. Nos damos un beso largo y profundo. Saltamos la hoguera y buscamos un lugar oscuro donde poder amarnos como si fuera la primera vez, como si fuera la �ltima...
�Es una visi�n? �Fue real alguna vez? �O es solo mi deseo?
El ruido del motor me despierta. Est� sentado al volante y me mira (esta vez su sonrisa es de triunfo) con el problema resuelto.
No quiso cobrarme.
Pero a esta hora �l debe estar cenando con ella.
Y yo estoy escribiendo esta historia para conjurar mis fantasmas, tratando de que mis ensue�os dejen de hacerme da�o, tratando que estos personajes que viven esta historia dentro m�o vean la luz y dejen ya de torturarme. 
S�, debo convencerme. Yo no soy esa mujer y �l no es ese hombre. Son solo los personajes que yo invent� para este cuento.
Hoy es 1 de mayo del a�o 2000. Y en el Beltane de este nuevo milenio los hombres no quieren sellar pactos de sangre con hadas extraviadas en una �poca en la que no debieran haber nacido, y a la que est�n condenadas por no haber aprendido su lecci�n. Prefieren a las mujeres de verdad. Los asustan los fantasmas que vuelan montados en la escoba de sus sue�os. Prefieren a las mujeres que caminan sobre la tierra.
Qui�n sabe si el secreto que deba aprender quiz�s sea continuar so�ando (en lugar de evitarlo) y volverme cada vez m�s intangible, una mujer de humo, una sombra que se disuelve en las sombras, una nada oscura... Es que algunas veces tengo esa sensaci�n de estar volvi�ndome invisible, de esfumarme como lo hizo todo mi mundo, cuando Avalon desapareci� de la faz de la tierra y yo me quede aqu�, sola, temblando de miedo, perdida a mitad de camino entre la vida real y el mundo m�gico. Condenada a no ser una mujer ni tampoco un hada ni tampoco una nada. Y a vagar tratando infructuosamente de encontrar mi casa, perdida en la niebla.
El dolor de mi herida en un dedo de la mano izquierda me trae de nuevo su mirada y el recuerdo de otro dolor, m�s profundo, m�s intenso.
Un dolor que es y no es de este mundo.
Una herida que no cierra.
Un clamor profundo, un grito ahogado, retenido, contenido desde hace... cu�nto tiempo?
Un dolor tan real como solo pueden serlo aquellos que causan los amores imaginarios a las mujeres que no existen.

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