LA DIOSA EN P�GINA/12

Estamos felices por la aparici�n de una nota muy completa e interesante sobre la Diosa, en el Suplemento femenino LAS/12 del diario P�gina/12, de Buenos Aires.

Agradecemos mucho a Marta y a Florencia por el trabajo serio y a conciencia puesto en la redacci�n y en la investigaci�n.

Es un material de much�sima utilidad para todas aquellas mujeres que buscan a la Diosa que vive en su interior y todo a nuestro alrededor. Por eso nos permitimos transcribirlo aqu�.


Bendita Sea!
LA GRAN DIOSA
Por Marta Dillon

La Diosa, dicen sus cultoras, no es simplemente agregar una �a� al nombre de Dios. Es revalorar los ritos antiguos �de la Edad de Bronce y de Hierro-, que consideraban al �tero como dador de toda vida y a las mujeres sacerdotisas naturales de ese principio femenino, condenadas por las religiones patriarcales. Rendirle culto a la Diosa, entonces, es una pr�ctica cultural y tambi�n una manifestaci�n diversa del feminismo.


En el principio no era el verbo, dicen las sacerdotisas, era el �tero. El huevo c�smico de donde surge toda la vida. De las aguas primordiales emergi� la Diosa Origen y pari� el cielo y la tierra, la pareja sagrada, los hermanos gemelos, hombre y mujer, que tambi�n son amantes, consortes, creadores como su Madre de todo lo que cambia y lo que permanece. Los antiguos la vieron como p�jaro o como serpiente, con la vulva expuesta y abierta como una puerta al �tero sagrado de donde todo sale y a donde todo vuelve y se regenera. As� la concibieron en distintos rincones del mundo, �fue el centro religioso y cultural de los antepasados humanos durante el Paleol�tico Superior y en las culturas agr�colas del Neol�tico, del 20 mil al 3 mil antes de la era cristiana, cuando se impusieron las culturas e imperios cl�sicos de orientaci�n masculina y la difusi�n del monote�smo del Dios Padre (jud�o, cristiano o isl�mico)�, seg�n consta en el Diccionario de Ciencias Sociales y Pol�ticas de Torcuato Di Tella, Emec� editores. Estas comunidades �prehel�nicas, prec�lticas, prehind�es, etc.- que adoraban a la Diosa no eran matriarcales ni patriarcales, eran matricias, porque todos asum�an su origen en una Madre, pero ninguno estaba sobre el otro, no hab�a m�s fuertes y m�s d�biles porque las debilidades de uno eran la fortaleza de las otras. Y viceversa. Pero todo eso fue arrasado, oscurecido, violado como los hombres violan a las mujeres, como Zeus fuerza a Hera, la diosa del cielo, y a Europa, Asteria, Leda, N�mesis y a otras mujeres, diosas y ninfas que habitar�n el Olimpo bajo las reglas del todopoderoso Dios del Trueno. Lilith fue ignorada como primera esposa de Ad�n, hecha de barro igual que �l, desterrada por haber querido ponerse encima de �l durante el acto sexual. A Eva, la segunda, el Dios Padre la sac� de una costilla esperando obediencia. Y no, la malvada serpiente la tent� y la mujer fue expulsada del Ed�n, condenada a parir con dolor, heredando desde entonces a su descendencia el pecado original. La religi�n judeocristiana, tal como la conocemos, ser�a s�lo una manifestaci�n m�s del patriarcado, seg�n las sacerdotisas y adoradoras de la Diosa. Una manifestaci�n poderos�sima a la luz del modo en que se ha impregnado en el imaginario colectivo. Para ellas, la serpiente, lejos de ser malvada, es una Diosa dadora de conocimiento. Las brujas, asesinadas brutalmente durante siglos, no son m�s que chamanas, hijas de la Diosa como todas las mujeres y los hombres aunque ellas comprenden mejor de qu� se trata el ciclo de la vida, porque en su cuerpo algo renace y algo muere mes a mes. Entonces el culto a la Diosa no ser�a m�s que una vuelta al origen. Una vuelta al cuerpo, a descubrir en el cuerpo de las mujeres el secreto de lo sagrado, la generaci�n de la vida. En definitiva, seg�n los recientes descubrimientos de la genetista Rebecca Cahn, confirmados y ampliados por cient�ficos de la Universidad de Stanford, el primer humano fue mujer �s�lo ten�a cromosomas X�, habit� en Africa y antecede en 80 mil a�os a los Homo Sapiens.

Feminismo espiritual

En un principio hubo mujeres que quisieron pensar a la Iglesia desde una perspectiva de g�nero, o feminista, que era la palabra que se usaba en los �70. As� lo relata una de las principales te�ricas nacionales del culto a la Diosa, Ethel Morgan. �La visi�n androc�ntrica no respond�a a las necesidades espirituales de las mujeres, por eso hubo te�logas que empezaron a investigar en la historia de las religiones y lo primero que hicieron fue revalorizar a las brujas.� Muchas se apartaron entonces del cristianismo y se entregaron de lleno a los ritos paganos que no eran otra cosa que religiones sojuzgadas por el patriarcado. �Hubo que reinventar a la Diosa, reformular las �leyes naturales� que en realidad violaron a la naturaleza. As� nace la tealog�a �de tea, tia o theia, La Divina, titana solar preol�mpica, hija de la Diosa Creadora�, largamente definida por Morgan en el Diccionario de ciencias pol�ticas y sociales. �Durante el siglo XX, arque�logas e investigadoras en diferentes campos �escribe Morgan� vienen desarrollando la tealog�a, respondiendo a la necesidad de la mujer de recuperar su arquetipo sagrado como parte de la identidad femenina que colabore en la superaci�n de los estereotipos de orientaci�n patriarcal.� Jane Ellen Harrison, Marija Gimbutas, Barbara Walker, M�nica Sj��, entre muchas otras, son las que han aportado para conformar este movimiento reivindicado como feminismo espiritual, �que reconoce y celebra tanto los derechos de las mujeres como sus poderes sagrados y espirituales�. De lo que se trata es de recuperar una cosmolog�a en la que poder identificarse para reconocerse tambi�n parte activa de lo sagrado y no como mera costilla, pecadora o impura, proscripta de los estudios divinos. �Si s�lo cont�s con un arquetipo �como modelo sagrado m�s antiguo� de un Dios solo, vengativo, que niega todo lo dem�s, que modela al hombre a su imagen y semejanza pero saca a la mujer de su costilla, est�s creando tambi�n un modelo econ�mico, social y pol�tico. Y por eso tambi�n las mujeres nos sentimos una porquer�a durante tanto tiempo�, dice Anal�a Bernardo, periodista y escritora. Si la religi�n patriarcal sentencia al cuerpo de las mujeres al dolor, las feligresas de la Diosa lo recuperan como una herramienta para conectarse con lo divino. Las mujeres son hijas de la Diosa pero tambi�n son ella misma, as� lo dice Sandra Rom�n, sacerdotisa de la Diosa iniciada en Glastonbury seg�n los mitos c�lticos, de donde provienen buena parte de los rituales y la cosmolog�a de la Diosa. De hecho fue en Irlanda donde se han encontrado cientos de figuras de diosas femeninas con sus vulvas expuestas. �Las mujeres tenemos el �tero y ah� es donde se gesta la vida; los hombres tambi�n pueden participar del culto a la Diosa, s�lo que les cuesta m�s entenderlo porque no viven como nosotras el ciclo vital�, agrega. �A partir de la percepci�n de los principios biol�gicos, del propio cuerpo �completa Bernardo�, hay una conciencia que se desarrolla�. �Entonces los hombres, por carecer de �tero, por no vivir en su cuerpo el ciclo que empieza y termina cada mes, ser�an inferiores? De ninguna manera, s�lo son diferentes. �Superior e inferior �aclara Rom�n� son principios del patriarcado.�

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