Martín Plascencia González
Lic. en Psicología, 2do. semestre
Parado en el cuajar del tiempo,
así la inexorable sensación del viento
que roe la realidad parecida y,
vislumbro la disolución del movimiento
que ata sempiterno el proceder.
Me sumerjo rascando lentamente
la trascendentalidad.
Parado sigo un paso atrás del infinito
percatándome de lo no percibido;
no se oye el silencio,
los poetas mueren por ello.
¡Los cangrejos tejen espátulas
en las nubes!
reconozco su cotidianeidad
y ansioso estoy por ver su conclusión.
Cerca de las más distantes lejanías proximales
intuyo la súbita aparición de una masa amorfa;
que conlleva la colisión de varios siglos,
nadie logra descifrar sus voces,
ninguno se atreve tan siquiera a levantar escuchas,
me uno al espolvoramiento que recubre
con complejidad de la simpleza de un manto errante,
el cual me permuta por la incesante eclosión de más polvo,
con irrupciones en espacios no permitidos,
veo jadeante la elevación de tres principios:
Dios, Hombre e Indefinido,
que se marchan eludiendo el ensanchamiento
de la masa;
inmensurable amorfismo que lo encadena todo,
su discreción llega hasta donde estoy parado,
quiere lamer mis pies como la abeja el néctar,
empero, sórdido de mis visiones
me retiro, me despierto y callo.
Oscilo en el imus de mis antojos
y me siento.