Hace ya más de un año que empezó este experimento llamado conciencia. Antes de que saliera a la luz nuestro primer número, jamás nos imaginamos lo que sucedería con el paso del tiempo: afortunadamente han sido un poco más satisfacciones que tropiezos. Ahora en nuestro quinto número, todos los involucrados en este proyecto, a la vez que nos sentimos muy contentos por haber logrado darle continuidad, estamos bastante preocupados por el porvenir que nos depara si se continua con la misma apatía mostrada por el grueso de la población estudiantil. Si bien es cierto que nos hemos conectado con un número modesto de estudiantes concientes, también se necesita que más alumnos aporten sus ideas, propuestas, inquietudes, etcétera, para que esto crezca; y no hablamos sólo de nuestro proyecto, sino de la misma universidad, y de la juventud en general.
A lo largo de este año, hemos visto que hay bastantes jóvenes que desean expresarse a través de diferentes medios (pintura, cine, música, literatura, etcétera), mas sin embargo nos hemos dado cuenta que están, o estamos, todos desperdigados entre los jardines de la misma universidad; lo que es criticable a la organización de la misma, pues creemos que la estructura, así como la organización del espacio, con la que fue creada y con la que se está desarrollando, no ha sido la propicia para fomentar la interacción con otros estudiantes: primero entre carreras afines (en este caso las humanidades), y luego saltar esa barrera del oficio, y lograr la convivencia con otros jóvenes ajenos al gremio, pero que también están preocupados por el desarrollo, tanto de la universidad, como de su comunidad.
En ocasiones es difícil, aunque no imposible, hablar con compañeros vecinos, sobre temas tan importantes como el asunto indígena, la reforma fiscal, la globalización, los beneficios y perjuicios del internet, los anacronismos de los jefes de Estado, la propia universidad, etcétera, ya que no estamos dentro del mismo canal, aunque deberíamos de estarlo, debido a que son situaciones que a todos nos atañen; es más -y lo que es un problema todavía más grave- entre los estudiantes de un mismo salón existen distanciamientos, y por lo tanto, nula comunicación.
Nosotros, como jóvenes involucrados en las ciencias sociales, buscamos adentrar a todos los que nos rodean en las cuestiones que tienen que ver con la realidad en que vivimos. No debemos ser una generación más del «dejar hacer, dejar pasar»; debemos buscar las soluciones a los conflictos que generaciones pasadas han dejado al margen y con ello realizar, poco a poco, los cambios urgentes que nuestra comunidad necesita.
Estamos
conscientes de que todavía quedan muchas conciencias por
despertar, y que posiblemente nosotros no seremos quienes
realicemos esta labor. Nuestro deber consiste ahora en trabajar
para que las ya han despertado, no vuelvan a su letargo.